30/8/11

Cosas del labrum

La lesión de cadera de Maciej Lampe, que lo mantendrá un mínimo de cinco meses de baja, complica una vez más la planificación de la próxima temporada a los rectores del Caja Laboral, algo habitual por estas fechas


A veces, sólo a veces, los profesionales del periodismo deportivo aprendemos algo mientras ejercemos nuestro trabajo. Son las menos. Pero a veces pasa. En las últimas horas algunos hemos oído por primera vez una palabra que, lamentablemente, puede determinar en gran medida el futuro inmediato de un Caja Laboral que hace mucho tiempo que no conoce la tranquilidad en las pretemporadas. Me refiero al labrum, la parte de la cadera que tiene dañada Maciej Lampe, la causa de que el polaco, una de las principales apuestas de la directiva de Josean Querejeta, vaya a tener que pasar por el quirófano y afrontar un periodo de baja que, en el mejor de los casos, le va a obligar a perderse la mayor parte de una campaña que aún no ha comenzado pero que se presenta muy complicada para el equipo vitoriano. Si la tarea de hallar un poste para cerrar definitivamente el plantel antes de que se conociera la dolencia del polaco se antojaba complicada, ahora las dificultades se multiplican. El Baskonia ya no busca un jugador interior en un mercado yermo de calidad en hombres de esas características. Ya no escudriña los listados de jugadores en busca de un cinco físico, intimidador, rocoso. Los parámetros de búsqueda han variado. Hacen falta dos pivots más. Y Las nuevas coordenadas encaminan el trabajo de la dirección deportiva hacia la caza de un hombre que cubra con garantías el puesto de cinco titular que, como mínimo durante cinco meses, ha dejado vacante Lampe. Por culpa de su labrum. No será sencillo.

Para todos aquellos que no sepan qué es el labrum, entre los que me encontraba hasta hace unas horas, antes de emprender una labor de documentación que me ha permitido descubrir aspectos de la anatomía humana que desconocía por completo, lo explico brevemente. Aunque ya digo que, en el caso del Baskonia, el término "labrum" equivale ahora mismo al concepto "condenado inconveniente que puede poner en peligro la planificación de una temporada que ya de por sí generaba algunas dudas". Que me perdonen los eruditos en la materia, pero lo expongo como lo he entendido tras releer varios artículos médicos de extrema complejidad. Sobre todo para los que no tenemos ni idea del asunto. Se trata de un cartílago que se encuentra en el interior de la articulación de la cadera, que tiene una composición similar a la de la rodilla, aunque las lesiones en estas zonas resultan mucho más infrecuentes. Lampe sufrió un desgarro mientras se entrenaba para preparar la temporada por su cuenta en Chicago. La cadera, como la rodilla, tiene una rótula, la parte superior del fémur, que se ajusta en el hueco que deja el hueso pélvico, de tal manera que el cartílago se alinea con el hueso para permitir un movimiento equilibrado y la amortiguación de una articulación fundamental para realizar cualquier movimiento del tren inferior. El polaco, según explicó el doctor Alberto Fernández, se produjo un desgarro en el cartílago. Una lesión tan dolorosa como complicada, que requiere de un paso urgente por el quirófano y que, en términos prácticos, para el baskonismo supone un nuevo revés, uno más en el ya dilatado historial de contratiempos que ha tenido que asumir durante los veranos recientes.

Mensah-Bonsu, Haislip, Herrmann, Logan...

Se ha convertido en una constante que agita las semanas previas al arranque de la competición para el equipo vitoriano. No hace falta remontarse demasiado en el tiempo para dar con el último caso. El pasado verano, sin ir más lejos, el protagonista fue Pops Mensah-Bonsu. El pívot británico, que encajaba en el perfil físico que el club buscaba para servir como complemento a Stanko Barac, se cayó también a la hora de pasar los reconocimientos médicos previos a la firma del contrato. El problema entonces fueron las rodillas. Recuerdo que alguien me ofreció una explicación muy gráfica para exponer lo que se habían encontrado los doctores al examinarle: "Las tiene como unas maracas", me dijeron. No sé hasta qué punto estarían tan mal. Lo cierto es que el club vitoriano lo cortó y el exjugador del CSKA regresó a la NBA, en concreto a los Hornets, antes de cerrar un acuerdo para concluir el curso en el Asvel Villerbaunne.

No sería, sin embargo, el único contratiempo al que debería hacer frente la directiva baskonista, que si algo ha demostrado a lo largo de los años es gozar de una excelente cintura para recomponer sobre la marcha las plantillas. Pocos meses después, otro de los jugadores interiores que comenzaron la temporada, Marcus Haislip, protagonizaría un nuevo despido anticipado. El norteamericano, también desde el principio con más dudas por su estado físico que certezas sobre sus ganas por triunfar en Vitoria, acabó forzando su despido tras realizar un viaje sin permiso a Estados Unidos. Alegó motivos familiares. Pero el club, que controlaba con mimo la recuperación de su enésima lesión en apenas unos meses, dijo basta.

Lo de las lesiones y los problemas a los que siempre debe hacer frente un equipo que ha hecho de los contratos temporales un modo de subsistencia se ha llegado a convertir en un clásico. Pero desde luego la concentración de este tipo de situaciones que se producen en los albores de la temporada resulta inquietante. No es ningún secreto que Dusko Ivanovic es tremendamente exigente con sus pupilos. Busca siempre sacar el máximo partido a las plantillas. Y esto incluye un exhaustivo trabajo de puesta a punto física durante la pretemporada que no todos los jugadores aguantan de igual manera.

Algunos lo dirán más en serio que otros, pero no son pocos los militantes de la escuadra baskonista que han deslizado sentirse afortunados por acudir con sus selecciones precisamente para ahorrarse la vuelta al cole que les espera en Vitoria. De hecho, hay quien sufre tanto este ritmo que no son pocos los que han caído lesionados en esta fase previa de preparación. Al margen del propio Haislip, el pasado año el damnificado fue Logan. Pero también Walter Herrmann, en 2009, y Pete Mickeal, dos años antes, padecieron sendas lesiones que trastocaron sobremanera los planteamientos con los que los técnicos pretendían acometer el ejercicio nonato. El argentino, de hecho, tuvo que pasar por el quirófano. No regresó hasta bien entrada la temporada. Eso sí, cuando lo hizo, aportó en pequeñas dosis lo que se esperaba de él; lo justo y necesario para ayudar al equipo azulgrana a conquistar su tercer título liguero.

La excepción de Oleson y la esperanza de Lampe

Por regla general, y espero que esta norma encuentre su excepción en Maciej Lampe (un jugador que a mi me generaba también muchas expectativas), los jugadores que han llegado con taras a Vitoria no han podido siquiera estrenarse. Pero ha habido casos en los que el club se ha manejado con la misma paciencia y comprensión que ahora da la impresión que le concede al polaco. Bien reciente está el caso de Brad Oleson. El escolta llegado del frío aterrizó en la capital alavesa con una extraña dolencia en el tobillo que le causaba mucho dolor y requirió también de cirugía. Al final, como Herrmann, Oleson pudo recuperarse a tiempo para la fase decisiva de la competición. También puso su grano de arena en aquellos inolvidables playoffs del verano pasado. Si tuviera que apostar ahora mismo, no pondría demasiado dinero a que lo de Lampe se arregla con la misma celeridad. En función de lo que se encuentren los especialistas cuando abran en quirófano, su plazo de recuperación puede dilatarse, en el peor de los casos, hasta doce meses. En cualquier caso, aunque Oleson sí pudo reponerse a tiempo, contribuyó a magnificar las dimensiones de una maldición que viene de lejos y que no siempre ha estado teñida de problemas físicos.

Ha habido otras causas que han torpedeado los planteamientos iniciales de Querejeta y sus colaboradores. Me vienen a la cabeza dos casos que me dolieron especialmente. Los dos me parecían jugadores excepcionales y estaba entusiasmado con sus fichajes. El primero fue Raja Bell, al que el club se vio obligado a cortar antes de que comenzara la competición a raíz precisamente de otro de estos episodios tan incomprensibles que se producen en las pretemporadas baskonistas. Le vi jugar en La Casilla, en septiembre de 2002. Era un partido de la Copa Euskadi ante el Bilbao Basket de Splitter, Salgado y Txus Vidorreta. Firmó una actuación bestial. No recuerdo los números, pero se salió. Me atrevería a decir que ha sido uno de los americanos, si no el mejor (sé que es decir mucho), que he visto con la camiseta de este club. Hacía lo que ha hecho siempre en la NBA, que es defender mucho y tirar muy bien, pero además se le veía dispuesto a asumir un rol de estrella que en la competición estadounidense jamás ha tenido. Se salió. De verdad, brutal. Y más en un partido en el que le tocó ejercer por momentos de director de juego porque un día antes de este encuentro del que hablo se produjo uno de los muchos sucesos encadenados y desafortunados que impidieron que siguiera en Vitoria. Fueron demasiados aquel verano. Y me duele, porque la ACB podría haber disfrutado de un jugadorazo. El caso es que un día antes el base que había sido contratado para cubrir la baja temporal de Elmer Bennett, William Avery, se desligó del entonces TAU porque, según alegó, su hija de tan sólo unos meses había contraído una enfermedad y debía viajar a Estados Unidos para estar con ella. El club se negó a conceder permiso a un jugador que había firmado un contrato de sólo un mes de duración y ante la falta de acuerdo partieron peras.

Las espantadas de Burke y Gurovic

Si hubiesen sido esos -la aparente leve lesión de Bennet y la huida de Avery- los únicos problemas que sobrevinieron aquel verano, quizá Bell habría llegado a debutar en la ACB con la elástica del Caja Laboral. Pero aún aguardaban más contratiempos. Por un lado, se constató que la lesión de Benito revestía mucha más gravedad de la inicialmente pronosticada. Por otro, Pat Burke se bajó del barco y limitó el margen de contratación. Querejeta optó por modificar la estructura de la plantilla, fichó a otros dos americanos, el base Jerome Allen y Rashard Griffith, y el escolta nacido en las Islas Vírgenes tuvo que hacer la maleta y cruzar el charco en sentido opuesto. Por todos es sabido que no le ha ido mal. Nada mal. En 2007 entró en el mejor quinteto defensivo de la NBA y al año siguiente en el segundo quinteto.

El otro jugador que me habría gustado ver en Vitoria y que por estas cosas que suceden los veranos en Vitoria (si verano y Vitoria pueden conjugarse en la misma frase) fue Milan Gurovic. El mejor Milan Gurovic. No la versión desquiciante que ofreció en los estertores de su carrera. El alero serbio, militante de la mítica selección de Yugoslavia que acabó con la indiscutible supremacía de los combinados de jugadores profesionales de la NBA en el Mundial de Indianápolis de 2002, protagonizó un fichaje fantasma por el Baskonia que acabaría en litigio. Sin apenas dar señales de vida, el controvertido jugador balcánico decidió por su cuenta y riesgo no presentarse en la capital alavesa el día estipulado por el club. Pronto comenzaron a surgir rumores sobre un posible acuerdo con la Vojvodina. No eran sólo rumores. Gurovic había acordado su contratación también con el conjunto serbio, en el que acabaría jugando tras abonar la sanción que la FIBA le impuso para poder desvincularse del compromiso adquirido previamente con el TAU.

Son cosas del verano. Cosas de la pretemporada. Lesiones, enfermedades extrañas, espantadas inexplicables. Situaciones que se dan en un club habituado a esperar lo inesperado. En cualquier caso, casi siempre los rectores baskonistas han sabido capear el temporal y armar plantillas de garantías. En función de los precedentes, y pese al derrotismo generalizado que los acontecimientos de este verano ha instalado entre un importante segmento de los aficionados, no existen motivos para pensar que esta vez será distinto. Bueno, sí, es diferente. Ninguno de nosotros habíamos oído hablar nunca antes del labrum.

25/8/11

El blues del guerrero

El retorno de Pablo Prigioni al Baskonia ha generado mucha controversia por las enemistades que se ganó entre los aficionados vitorianos tras su salida al Madrid, pero su fichaje no debe valorarse en términos emocionales. ¿Resulta una operación acertada desde el punto de vista deportivo?



He querido dejar pasar unas horas antes de poner en orden todas las sensaciones, que son muchas y encontradas, que me ha despertado la confirmación de que Pablo Prigioni regresa a Vitoria para asumir el papel de director de juego que el Baskonia ha buscado desde la marcha de Marcelinho Huertas al Barcelona. He leído, escuchado, digerido y analizado un sinfín de opiniones, que van desde la indignación hasta la convicción de que puede resultar un éxito su regreso, antes de exponer las conclusiones que me asaltan como consecuencia de un movimiento que, aunque entraba dentro de lo posible, algunos no quisimos creer hasta que se ha convertido en una realidad. El retorno de Prigioni, un guerrero que para algunos se transformó en mercenario por la manera que escogió para abandonar el barco, supone la confirmación de un hecho evidente: el club vitoriano se encontraba tan asfixiado por las apreturas económicas que ha tenido que realizar un auténtico ejercicio de malabarismo para tratar de engarzar una plantilla competitiva. Sólo el tiempo dirá si lo ha conseguido. Dudas, eso está claro, genera muchas. Casi tantas como las que plantea la elección de Prigioni como primer espada para un equipo que se ha impuesto por obligación pelear cada temporada por todos los títulos en juego.

Y es que si una cosa tengo clara es que las numerosas reacciones de disgusto que ayer percibí en Vitoria con respecto al regreso del base de Río Tercero no vienen sólo motivadas por el mayor o menor desapego que ha podido adquirir cierto sector de la grada hacia él. El divorcio existe, es evidente, pero la afición del Baskonia es madura hasta el extremo, no enjuicia a ningún jugador que se enfunde la elástica azulgrana por unas declaraciones pretéritas ni por su asumido papel de enemigo número uno del Buesa Arena. Sería un error.

Amado y odiado

La reconciliación entre Prigioni, que en su día fue uno de los niños mimados de la parroquia baskonista, llegará. Intuyo que se escenificará con una disculpa, una matización o una confesión de amor incondicional a los colores, que no tiene en absoluto por qué ser falsa, pero estoy convencido de que quedará ratificada de manera definitiva sobre la cancha. Porque Prigioni puede ser muchas cosas, pero jamás se ha revelado como un cobarde, como un jugador proclive a esconderse en los momentos en los que hay que dar la cara. Por eso se le quiso tanto. Por eso dolió tanto su marcha. Por eso se le odió (¿odia?) tanto en la capital alavesa. Pertenece a esa clase de jugadores que amas cuando visten tus colores y odias cuando visten los del enemigo. Es como Reyes, como Navarro, como Salva Díez, como Djordjevic, como Hervelle... Con este tipo de jugadores no existe término medio.

No quiero decir con esto que justifique o defienda en absoluto los modos de proceder que escogió cuando quiso forzar su salida del equipo vitoriano ni sus desprecios hacia la afición del Buesa Arena, a la que llegó a tildar de "mediocre". Es algo indefendible. Lo que quiero decir es que estoy convencido de que de aquí a unos meses, en pleno frenesí competitivo, la gran mayoría de la afición habrá olvidado aquellos episodios y lo juzgará por el nivel de implicación que exhiba para con los colores que volverá a defender. Y sobre eso no tengo dudas. Queda escrito. Pero volveremos a hablar de ello cuando la temporada comience a madurar. Las dudas que me asaltan personalmente tienen más carácter deportivo que diplomático. ¿Está capacitado Prigioni, a sus 34 años, para soportar el peso de un equipo completamente renovado, en su enésima transición, con unas inquietantes dosis de juventud y riesgo en la apuesta? No lo veo nada claro.

Las dos temporadas que ha completado en el Real Madrid, adonde se fue en busca de títulos y regresa de vacío, han sacado a relucir la faceta menos lustrosa de un jugador que ha ido perdiendo brillo hasta el punto de que ahora su fichaje se considera con excesivas reticencias entre los aficionados del Baskonia. Puede analizarse en números, que son fríos pero orientativos. A las órdenes de Ettore Messina y Lele Molin su producción estadística se ha visto reducida notablemente. Su último ejercicio con la elástica del hoy Caja Laboral resultó soberbio. Lo cerró con unas medias de 9,2 puntos, 5 asistencias y más de 12 de valoración por cita. La última campaña, en la que medió una lesión y un cúmulo de circunstancias extradeportivas que incluyeron la espantada del laureado entrenador italiano, sus registros fueron mucho más discretos: 5,9 puntos, 3,8 asistencias y 9,36 de valoración. Sin embargo, ha convivido con demasiados condicionantes en el equipo blanco como para establecer una comparación a pelo.  Eso es verdad, no puede negarse. Como tampoco que se marchó con 32 años, como un jugador muy maduro, con cierto recorrido aún, y regresa con 34, un contrato de un año y muchas incógnitas sobre su capacidad para sostener un peso tan grande como el que le aguarda sobre sus espaldas.

Trato de plasmar las dudas, los aspectos negativos y positivos de su vuelta, y me cuesta convencerme en uno u otro sentido. En definitiva, es lo que hay. La decisión está tomada. En apenas dos días Josean Querejeta ha despejado dos de las incógnitas que restaban para ponerle nombre y apellidos al proyecto con el que se pretende recobrar la competitividad que el pasado curso faltó. Lo que me queda claro es que, por un lado, el timonel argentino va a encontrar en su nuevo -que a la vez es antiguo- equipo todas las condiciones que requiere para ofrecer su mejor juego, las que no pudo encontrar en Madrid. Conoce el equipo, la ciudad, a algunos de sus compañeros y, sobre todo, a un entrenador que tiene confianza en él. Por otro lado, no puedo negarlo, me genera cierta incertidumbre el efecto que en un jugador de su edad hayan podido tener dos ejercicios tan extraños, en un equipo sumido en la convulsión y que ha sido capaz tanto de colarse en la Final Four de una Euroliga como de quedarse fuera de las dos últimas finales de la ACB, pese a su presupuesto.

Una apuesta arriesgada

El Pablo Prigioni que abandonó Vitoria en el verano de 2009 era, y entonces no había duda, el mejor base de la competición. Su inclusión en el quinteto ideal de la ACB le permitió al equipo vitoriano, en sus últimos coletazos como TAU, obtener jugosos beneficios por un tipo que tenía un excelente cartel. Ahora, lo recuerdo, llega gratis. Así que la operación, si rinde, puede considerarse como un nuevo éxito de gestión para los rectores baskonistas. Aunque en este el caso la apuesta brota de la necesidad. Prigioni no ha sido la primera opción para acompañar a Heurtel que ha manejado la dirección deportiva. Tampoco Reggie Williams, el francotirador de Virginia, lo era para el puesto de dos. Pero la crisis ha pesado mucho. Y el club de Zurbano se ha visto obligado a tratar de hacer de nuevo de la necesidad virtud. Salvo Heurtel, por el que el Baskonia ha tenido que pagar traspaso, el resto de las incorporaciones han llegado libres.

Prigioni, incombustible guerrero, pendenciero de parqué, se encuentra convocado con la selección argentina, sobrada de experiencia, para preparar el Preolímpico que se disputará en Mar de Plata. El club tiene unas semanas por delante para gestionar las reacciones, para canalizar las ansias que existían entre los aficionados por conocer la composición definitiva de la plantilla. A falta de la llegada del cuarto jugador interior y con la incógnita de Oleson, ya está todo el pescado vendido. Me deja cierta resaca triste el hecho de que el mismo día en el que se desvela la identidad del jugador que dirigirá las operaciones y el destino del futuro proyect9o baskonista se hayan escuchado tantas críticas y escenificado tantas muestras de desánimo.

Se recibe en tono de blues a un hombre en el que Ivanovic (su decisión ha pesado mucho en el fichaje) tiene depositada plena confianza. Las dudas sobre su implicación las barrerá el tiempo. Prigioni ha arrimado el hombro, durante seis años, para hacer del Baskonia un equipo grande. EL Baskonia, a su vez, ha hecho de Prigioni lo que es. No deberían surgir temores en esa dirección. Las dudas sobre su rendimiento, así como sobre el éxito del bloque que ya estáprácticamente armado resultan inevitables. En su mano y en la del resto del plantel está ahora devolver la fe a una afición que siempre ha creído en los milagros. ¿Existen, no?


24/8/11

El asesino zurdo

El escolta de Golden State Warriors Reggie Williams es el elegido, el hombre reclutado por el Baskonia para ejercer el papel de 'killer' que otros 'doses' han sido incapaces de asumir los últimos años


El Baskonia comienza a despejar las incógnitas que quedaban pendientes para saber cómo será la plantilla con la que tratará de recobrar la competitvidad que el pasado ejercicio se echó en falta en Vitoria. Pablo Prigioni, enemigo público número uno hasta hace poco, será el base tras haber fallado otras opciones. No es el perfil de jugador, más por edad y cuestiones que tienen que ver con su físico y su manera de abandonar el club, que vaya a emocionar a la afición. Pero la realidad económica de la entidad y su acreditada experiencia, clave para ayudar a un aún tierno Thomas Heurtel, jugarán en favor de un tipo al que la afición debe (y me consta que lo hará) perdonar y acoger de nuevo como un guerrero más. Seguramente uno de los que se mostrará más implicado con la causa cuando comience la acción. Pese a todo, el fichaje que sacudió los corazones del baskonismo es el de un escolta un tanto desconocido pero que debe llegar para convertirse en una de las estrellas de un equipo que aún genera más dudas que certezas.

Reggie Williams, un escolta zurdo, con una extraordinaria capacidad anotadora y fama tanto de inconstante como de poco amigo de la defensa, se ha convertido en el cuarto fichaje del equipo de Josean Querejeta en un verano en el que las salidas de hombres fundamentales habían dejado cogida con alfileres la plantilla. El jugador, un mito en el baloncesto universitario de su estado natal, Virginia, llega a Vitoria tras haberse granjeado cierto prestigio en la NBA. Sus dos temporadas en los Warriors lo han confirmado como un excelente jugador de rotación, pero en el Caja Laboral se le exigirá más. Debe asumir el rol de killer, de anotador desde el perímetro, que tanto se ha echado en falta estos dos últimos ejercicios. Víctima del lockout, se juega la posibilidad de obtener un buen contrato cuando regrese a Estados Unidos. El hambre con el que llegue por garantizarse un próspero futuro en la competición estadounidense puede jugar en favor tanto del exterior como de su nuevo equipo, donde se topará con un técnico muy exigente, un sagento de hierro que pocas veces ha hecho buenas migas con jugadores de este perfil. Williams puede convertirse en la excepción que confirma la regla.

Por exigencias del guión, me tocó escribir este tema para mi periódico. Os transcribo los dos artículos que redacté. La noticia del fichaje y un pequeño perfil que podría ser mucho más extenso. Pero ya habrá tiempo de hablar más detenidamente de este jugador, un anotador compulsivo que ha generado gran expectación en la capital alavesa y cuya llegada me recuerda en cierto modo a la que se produjo hace una década, cuando un Raja Bell que más tarde haría carrera, y brillante además, en la NBA, desembarcó en el conjunto azulgrana creando unas expectativas que una inoportuna lesión impidió que quedaran satisfechas. ¿Logrará Williams conquistar al baskonismo y ganarse el contrato que ansía?


El 'killer' del Baskonia llega de la NBA

El Baskonia ya dispone del anotador que con tanto ahínco ha estado buscando este verano. Reggie Williams, un escolta que ha militado la última temporada en los Golden State Warriors, se convirtió ayer en el cuarto refuerzo de un plantel que aún aguarda la llegada de dos piezas más para dar por cerrada la plantilla. A punto de cumplir los 25 años –lo hará el 14 de septiembre–, con una altura de 198 centímetros, capacitado para desenvolverse en las posiciones de dos y de tres y con fama de gozar de mucho más talento para atacar que para defender, el exterior nacido en Prince George (Virginia) se convirtió en miembro de la plantilla vitoriana justo un día después de que Dusko Ivanovic asegurara a los medios de comunicación que ni siquiera se planteaba la posibilidad de que llegara a Vitoria algún jugador que pudiera marcharse a los pocos meses de empezar la competición si acababa el lockout. Williams tendrá la opción de hacerlo.

El contrato de un año que han acordado ambas partes incluye una cláusula que permite al jugador salir del Baskonia en el caso de que reciba una oferta de cualquier equipo de la NBA. Pero no será gratis. Josean Querejeta, implacable negociador, ha conseguido que esa opción de salida tenga un precio de un millón de dólares, cantidad suficiente para que Williams, cuya intención pasa por hacer méritos de cara a ganar un contrato plurianual en su país, se lo piense dos veces antes de hacer las maletas.

La nueva incorporación baskonista, que el pasado ejercicio disputó 80 encuentros con la franquicia de Oakland (promedió 9,2 puntos y 2,7 rebotes por partido), figura ahora mismo en la nómina de agentes libres, por lo que no dispone de un contrato asegurado ni siquiera en el caso de que se llegue a un acuerdo sobre el convenio colectivo y se reanude la competición norteamericana. Tiene que ganárselo. Por el momento, lo que tiene es un contrato en Vitoria. Según la prensa de su país, percibirá 1,5 millones (en torno al millón de euros) si juega toda la temporada en el conjunto del Buesa Arena.

Aunque el Baskonia hizo oficial poco antes del mediodía de ayer el fichaje, fue su agente el que unas horas antes destapó la operación y las intenciones con las que Williams, que se ha confirmado como un buen jugador de rotación en los Warriors, se ha decantado por ser uno de los militantes de la NBA que comenzará el curso en una competición overseas (ultramar, como se refieren en la prensa americana a las ligas de otros continentes). Desde luego, da la impresión de que no vendrá de vacaciones. Se jugará su futuro. "Aunque el sueño de Reggie de jugar en la NBA es nuestro primer objetivo, pensamos que jugar en la ACB le permitirá colocarse en una mejor posición como agente libre cuando regrese de España", aseguraba la la noche del lunes su representante, Ron Shade, en declaraciones a Yahoosport.

El nuevo jugador del Baskonia, que se ha consolidado como un jugador de rotación con buen cartel en los Warriors, destaca ante todo por su capacidad para anotar. Es una máquina de hacer puntos. En su último equipo se encontraba con el problema de tener por delante en la rotación a dos grandes figuras de la NBA, Monta Ellis y Stephen Curry. Aun así, logró hacerse con un hueco para exhibir esa facilidad para encestar que le ha acompañado desde que inició su carrera. En su etapa colegial, con el Virginia Military Institute, anotaba en torno a los 28 puntos por partido. Ese talento lo condujo a convertirse en el máximo realizador en la historia del baloncesto de institutos de su estado natal. Lideró la NCAA en puntos dos años consecutivos (2007 y 2008).

Una fugaz experiencia europea

No debía de ser buen estudiante. Las notas no le dieron (ni se las falsearon) para acceder a la universidad. Hizo las maletas y, como otros jugadores americanos, adquirió su primera experiencia en Europa. Recaló en el Dijon de la liga francesa. Pero en su fuero interno nunca ha estado presente la opción de hacer carrera en el Viejo Continente. Quería jugar en su país, triunfar en la NBA. Y lo consiguió. Golden State Warriors sería su destino.

Reggie fue reclutado a finales de la temporada 2009/2010 de la Liga de Desarrollo, donde confirmó su voraz apetito anotador. Con los Sioux Falls Skyforce promedió 26 puntos y 5,7 rebotes por cita antes de que los Golden State Warriors le ofrecieran un contrato temporal de diez días, que se prolongó otros diez y acabó por convertirse en un acuerdo hasta el final del ejericio. Al final se quedó también el siguiente curso, el pasado, donde tras su más que aceptable aportación desde el banquillo le habían salido muchas novias antes de que se decretara el lockout. Ahora llega a Vitoria para cubrir un puesto que ni Logan, a punto de cerrar su salida al Panathinaikos, ni Oleson, con muchas opciones de salir rumbo a Valencia, pudieron cubrir. De su adaptación dependerá su éxito. El Baskonia ya tiene killer.

Libertad para anotar

El técnico de Williams en los Warriors le concedió permiso para jugarse todas las posesiones que quisiera

Aunque para la mayoría de los aficionados baskonistas el nombre de Reggie Williams resultara desconocido hasta ayer, lo cierto es que el escolta de Virginia ha conseguido estas dos temporadas ganarse cierta cuota de prestigio en la NBA. Su prolífica carrera tanto en el instituto como en la temporada que disputó en la Liga de Desarrollo le abrieron las puertas de la principal competición del baloncesto estadounidense, donde se ha asentado como un interesante jugador de rotación.

La duda que se plantea ahora estriba en saber si el escolta de Virginia, una máquina de anotar cuando goza de la confianza de sus técnicos, será capaz de recuperar ese rol de líder que desde la dirección deportiva del equipo vitoriano se le quiere conceder. Zurdo, gran tirador, con unas piernas y una capacidad de salto muy interesantes pero tachado como irregular y un tanto blando en defensa, todo apunta a que de su hambre por ganarse un buen contrato en su país y de su fuerza de voluntad para adaptarse a la espartana disciplina de Dusko Ivanovic puede depender en gran medida el éxito de su contratación.

Williams, de hecho, puede considerarse como una víctima directa del lockout. Antes de que se decretara el cierre patronal de la competición norteamericana llegó a sonar como posible refuerzo para varios equipos, aunque su condición de agente libre restringido seguramente lo habría mantenido una temporada más en los Warriors. Esa condición de suplente de garantías, aun con los altibajos que algunos le achacan, lo ha llevado a estar en la agenda de un equipo campeón como los Lakers. Los angelinos, antes de que se decretara el lockout, sondeaban incluso la posibilidad de incorporarlo a sus filas. Los Lakers, aun en estos tiempos de gloria, han echado siempre en falta la presencia de un tirador de garantías en su roster. Y Reggie Williams, como ha acreditado en su aún incipiente carrera en la NBA, lo es.

El zurdo sorprendió tanto al técnico de Golden State Keith Smart con su marca de más del 40% en triples, que llegó a concederle luz verde para lanzar a canasta. "‘No tengo ninguna duda sobre ti. Puedes hacer lo que quieras para convertirte en una de nuestras amenazas", fueron las palabras con las que el preparador del conjunto de Oakland plasmó su confianza y le otorgó una licencia para matar que, en principio, parece difícil que vaya a encontrar en el Caja Laboral de Ivanovic.

En Vitoria debe mejorar precisamente los aspectos que censuran los más críticos. Rápido de manos, porque lee bien el juego y controla las líneas de pase, sufre en el uno contra uno, sobre todo cuando se desenvuelve en el puesto de alero, que en el Baskonia estará cubierto por San Emeterio y Nemanja Bjelica.
Amante de los videojuegos, gran aficionado a la saga del Call of Duty, Williams tendrá que reducir sus limitaciones para convertirse en el referente ofensivo exterior que ha echado en falta el equipo azulgrana desde la marcha de Igor Rakocevic. Si logra ganarse el respeto y la confianza del técnico montenegrino podrá adquirir esa licencia que le han concedido otros técnicos para hacer puntos. Es lo suyo.

Os dejo los links de la web de Diario de Noticias de Álava en los que se pueden leer las dos noticias sobre el fichaje que ha empezado a ilusionar a una afición que se mostraba un poco inquieta ante la tardanza de la llegada de los refuerzos y la actividad que estaban mostrando los equipos con los que deberá competir cuando comience la próxima temporada. Ivanovic manifestó el martes que la intención del club pasaba por cerrar esta misma semana las dos operaciones que restan para completar la plantilla. Una vez resuelto el asunto del director de juego, que era la prioridad, sólo falta el hombre que completará el juego interior. Llegará en los próximos días.

22/8/11

El mensajero magnicida

La tendencia de los medios a buscar héroes y dejar en un segundo la competición ha situado al deporte, asfixiado por la falta de ingresos y lisiado por la merma de emoción, al borde del abismo.


Asistimos a un momento crucial para el futuro del deporte español. No me refiero sólo al baloncesto. Hablamos de todas las disciplinas deportivas y de la repercusión, el volumen de ingresos y el espacio mediático del que gozarán en los próximos años. Hace algún tiempo que se quebraron los principios de la supuesta imparcialidad de los medios, vehículos de la emoción y el resultado. Esa equidad desapareció. En el mismo instante en el que las eliminatorias de Copa del Rey comenzaron a dividirse en varios días de una misma semana y las radios se decantaron por emitir los de un día –normalmente coincidían con los de los equipos más poderosos– y olvidarse de los que se jugaban otro se comenzó a gestar la crisis que azota ahora mismo al deporte en este país. La Liga Endesa, por supuesto, no se mantiene ajena a esta realidad. Entretanto, los dos gigantes, amamantados por la superestructura que les concede su condición de entidades balompédicas, comienzan a gozar de unas ventajas presupuestarias que amenazan con limitar la pelea por los títulos o, como poco, incrementar el nivel de dificultad para las clases menos pudientes. Los ricos siguen siendo ricos y los pobres, como en muchos otros órdenes de la vida, más pobres.

Los medios son (o somos) lo que son (o somos). No es cuestión de entrar a valorar el proceso de putrefacción que ha experimentado el periodismo, la comunicación de masas, pero resulta indudable que, en gran medida, lo que no tiene reflejo en las televisiones, radios y periódicos no existe, o al menos existe sólo para unos pocos. A pesar de la transformación que están suponiendo para la manera de acceder a la información las redes sociales, la trascendencia de casi todo se mide en función de su presencia en los mass media. En este presupuesto puede encuadrarse en cierta medida la crisis que afecta a un elevadísimo porcentaje de los deportes. Recuerdo que hace no demasiado tiempo, incluso en un escenario en el que existían muchos menos canales de difusión, había audiencia para disciplinas ahora en el olvido. Por citar, me viene a la memoria el balonmano, condenado al ostracismo tras haber vivido una época dorada a mediados de los noventa, el ciclismo, cada vez más maltratado, o el propio baloncesto, no sé hasta que punto víctima o responsable de su propia descomposición. La tendencia devoradora de la situación actual es tal, que incluso el fútbol, no me refiero al Madrid ni al Barça, sino al resto, incluidos la inmensa mayoría de los equipos de la máxima categoría, ha dejado de resultar rentable, atractivo, o ambas cosas al mismo tiempo.

Una pescadilla que se muerde la cola

En realidad se trata de una pescadilla que se muerde la cola, pero que está resultando tener unos efectos aterradores para la emoción de las competiciones. Cuanto menos aparece un equipo o un deporte en, sobre todo, las televisiones, menos interés despierta, desciende su rentabilidad para los propios operadores, que a su vez se afanan menos en darle salida y, de esta manera, pierde popularidad. Un bucle continuo y diabólico en el que hace algunos años ha entrado el baloncesto. Cae al vacío sin remisión mientras da la impresión de que la brecha que se abre entre los poderosos y el resto sigue creciendo. El periodismo deportivo en España ha creado héroes, vive de unos pocos elegidos. El resto malvive, mendiga espacio y protagonismo. Está atrapado por una maquinaria en la que ni siquiera importan ya tanto los resultados, la competición. Se trata de la imagen, de lo que vende y lo que no. Y lo peor de todo es que la ligereza e indiferencia con las que este proceso está pasando ante nuestros ojos pueden tener unos efectos devastadores en un futuro a medio y largo plazo.

Podrían incluso establecerse equivalencias con lo que sucede en el mundo de la información política de un estado que deriva peligrosamente hacia el bipartidismo. La concepción de este nuevo universo periodístico reduce, simplifica y divide. El caso más evidente trasciende las barreras del baloncesto, pero pisotea la frontera y amenaza la mera supervivencia de un deporte aquejado de una deshidratación financiera endémica, estructural. Ya ni siquiera se respeta el fútbol. Todo queda reducido a la mínima expresión. Madrid o Barça. Cristiano o Messi. Mourinho o Guardiola. No hay más para muchos. Y así nos van las cosas. No se habla de la NBA en términos de competición, sino que apenas se reflejan los números que firman cada madrugada los jugadores españoles que han saltado el charco. A quién le importa cómo marche el torneo... El tenis es Nadal. La Fórmula Uno copa titulares y docenas de horas de información anuales porque Fernando Alonso pelea por el título mundial. Me da en la nariz que cuando desaparezca el asturiano del mapa, si los poderes fácticos y económicos que manejan esa rueda se ven incapaces de hallar un héroe que lo sustituya, caerá en el olvido, o como poco se convertirá en un reclamo para aquellos que de verdad aprecian ese deporte. Ídolos. Es lo que se busca y se explota. ¿Y la ACB? ¿Y el baloncesto español? ¿Y la Euroliga? Casi mejor ni hablar del asunto. Los grandes medios nacionales le dan la espalda hasta límites insospechados. Como vende poco, sale poco. Como sale poco, cada vez vende menos. Así que, salvando al Madrid, más presente cuando gana que cuando pierde, pero la mayor parte de las veces de un modo testimonial, la referencia se busca en los héroes de la selección, grandes iconos, abanderados de una generación irrepetible, quizá una oportunidad arruinada para devolver este deporte al primer plano.

Lo que no aparece en los medios no es atractivo

La ecuación matemática para desvelar los efectos de esta política resulta sencilla: todo lo que no aparece en los medios, en términos de inversión, resulta poco atractivo. Por lo que, más allá de privar a las nuevas generaciones de la oportunidad de paladear y conocer los deportes que nosotros descubrimos de niños, para después elegir, están (estamos) acabando con ellos. La caída en picado de las inversiones en patrocinios no es sino una consecuencia lógica de esta peligrosa manera de entender el deporte, de esta sesgada forma de venderlo. El baloncesto es víctima de este proceso para el que me pregunto si existe un punto de retorno. Es sólo una víctima más, pero los que lo amamos sangramos esta descomposición progresiva de un juego que no merece algunos desprecios que está teniendo que soportar. Cada vez sorprenden menos. ¿Es normal que una cadena que se precia de acompañar a la selección española cada verano en la lucha por medallas en los torneos internacionales decida con total impunidad emitir un compromiso preparatorio del equipo de Scariolo en diferido? La mera formulación de esta cuestión duele. Más aún si echamos mano de una duda que planteó, no sin cierta picardia, el extécnico del Baskonia, ahora en Canarias, Pedro Martínez: "¿Pero La Sexta no tiene tres canales?". Si, los tiene. Además del generalista, dispone de uno que destina a emitir todo el día telenovelas y otro para películas.

En plena resaca del primer fin de semana que los de mi generación recordamos sin fútbol a raíz de una huelga,  la crudeza de este panorama se revela cruel al atender a las cifras de deuda que arrastran casi todos los clubes del Primera y Segunda División. Pero esto no es nada nuevo para el baloncesto, donde son mayoría los equipos que ejecutan malabarismos para poder pagar al día a sus jugadores y el éxodo de patrocinadores se ha convertido en una constante desde que la llegada de la crisis redujo las cuantías que las grandes marcas (y las no tan grandes) destinaban al marketing y la inversión en publicidad. Hemos sufrido a comienzos de este verano la angustiosa situación vivida por el Lucentum de Alicante, que flirteó con la liquidación y fue rescatado in extremis, cuando muchos habían perdido la fe. En la ACB no es el único caso de asfixia financiera. Salvando los dos grandes, e incluso el Barça anunció para su sección de la canasta una reducción presupuestaria que no sé si de verdad se ha llevado en práctica, todos los clubes de la nueva Liga Endesa (identidad alquilada) han salido al mercado con el cinturón bien apretado. Es lo que toca. En un contexto de crisis global, de escasez de mecenas, nadie quiere tirar el dinero por el retrete destinándolo a manchar unas camisetas que apenas tendrán reflejo en los medios mayoritarios.

Una política informativa muy dañina

No sé si, como solía decir Andrés Montes, "video kill the radio star", pero desde luego sí estoy convencido de que la política reduccionista en cuanto a contenidos que se ha adoptado como habitual y lógica está acabando con el deporte tal y como lo conocíamos. Lo que espero encarecidamente es que no se trate de algo intencionado. Un descuido en un bosque puede tenerlo cualquiera, pero jamás entenderé a los pirómanos. El otro día bromeaba en twitter (@dpeje) sobre un hecho tan curioso como deprimente: la rotonda de Valdebebas aparece en las televisiones nacionales en una semana más tiempo del que la camiseta de equipos de Primera como el Racing, Osasuna o Zaragoza puede aparecer en un año. ¿Cuántos recuerdan los patrocinadores que lucieron la pasada campaña los jugadores de estos equipos en el pecho? Pues eso. Si no aparece, no existe.

La presencia en los medios, reservada para unos pocos, representa unos ingresos muy importantes para los clubes, casi siempre los mismos. Anima a los sponsor a apoyar, porque a la larga cualquier inversión revierte tanto directamente, en ventas, como sobre todo desde un punto de vista indirecto, de imagen. ¿Cómo una marca de coches no va a regalar uno a cada componente de la plantilla del Madrid y convertirse en patrocinador del club si cada dos por tres, y sin ningún tipo de justificación informativa, van a gozar de una enorme presencia de branding en televisión y prensa escrita? He ahí el inicio de las desigualdades, de origen ya enormes, que van aumentando con el paso del tiempo. Ya no es sólo la desquiciante desproporcionalidad con la que en este país se reparte el pastel de los derechos televisivos, o de las abismales desigualdades de masa social entre los clubes de las metrópolis y las capitales provincianas. Hablo de la publicidad directa, que supone a la larga mucho dinero para los elegidos, para esos héroes que se han convertido en los únicos sujetos de una información que incluso en los deportes de equipo conjuga demasiadas veces los titulares en singular.

Las migajas para el resto

Estoy hablando de fútbol porque el resto de los deportes, incluido el baloncesto, vive a su sombra. Todo lo que queda por repartirse son las migajas. Lo más hiriente es que, más allá de la vertiente monetaria, todo esto tiene un efecto de arrastre, una tonada de seducción que anida en el subconsciente de los más pequeños. Los niños en España, y cada vez en mayor medida, están polarizados. ¿Quién va a querer ser del Levante o del Valladolid si puede convertirse en aficionado del Madrid o del Barça, los que salen en la tele, de los que hablan todos? ¿Para que ir al San Pablo a ver un partido del Cajasol si lo que de verdad mola es esperarse a verano y animar a la ÑBA? Al margen de los ingresos cada vez más inaccesibles, los clubes pequeños están perdiendo masa social. Intuyo que sólo la labor evangelizadora de los padres, el legado familiar, mantiene el interés que desde los medios se arrebata. 

Lo que me resulta realmente inquietante es que este apagón informativo no afecta sólo a lo que hace no tanto podríamos haber considerado como equipos humildes. Como sucede en esta sociedad en la que cada vez andamos más justos, está desapareciendo la burguesía. La clase media padece las angustias de esta delirante realidad. Sin ir más lejos, el Villarreal, uno de los cuatro mejores equipos de la llamada Liga de las estrellas, un plantel que está disputando la fase previa de la Liga de Campeones, ni siquiera resulta lo suficientemente atractivo para hallar un patrocinador de postín. Por primera vez en su historia, el conjunto castellonense afronta la temporada con la camiseta limpia. Mal agüero. Pero muchos de los que se echan las manos a la cabeza deberían realizar un ejercicio de introspección para saber cómo se ha llegado hasta este punto.

El Caja Laboral, y regreso al baloncesto porque soy plenamente consciente de que da la impresión de que me he apartado un tanto del camino habitual, también lo sufre en sus carnes. Orgulloso representante de la burguesía baloncestística, club hecho a sí mismo, se encuentra en una encrucijada. Mientras vemos que Barça y Madrid se rearman para pelear por los títulos con los restos de los mastodónticos presupuestos de sus equipos de fútbol, el resto trata de subsistir a esta crisis, que no es sólo financiera. El Baskonia, incógnita pura para muchos en un verano complicado, ha servido de enlace entre la clase media y la aristocracia mientras le ha sido materialmente posible. Y con materialmente quiero decir, no hay más misterio, económicamente. El cuento de hadas en el que ha vivido sumido el baskonismo desde que el equipo vitoriano se hizo un hueco en la élite, un club de origen modesto en la alta sociedad, se agotó hace algún tiempo. La pericia en los fichajes, la habilidad en el rastreo y captación de promesas ya no basta. La Liga Endesa, como la Liga BBVA, tiende al modelo escocés, tan criticado pero a la vez tan inconscientemente (quiero creer) perseguido.

Y todo esto lo digo con el riesgo que supone hablar de favoritismos antes incluso de que la competición eche andar. La esencia del deporte se revela en ocasiones ilógicamente maravillosa. Es lo que tiene. El dinero no garantiza nada, porque debe ir acompañado de una política de trabajo sensata. Pero a nadie se le escapa que lo facilita. Sé que hace apenas dos veranos se puso de moda cuando se hablaba de a ACB el concepto de liga bipolar. Daba la impresión, como ahora, de que catalanes y madrileños iban a repartirse todo el botín y que nadie podría hacer nada para evitarlo. Al final, la película halló un epílogo bien distinto. El celebérrimo dos más uno de San Emeterio y la fiesta del baskonismo por la consecución del tercer título liguero dinamitaron unos vaticinios que parecían ajustados a una lógica aplastante. La dinámica, sin embargo, parece empeñada en provocar el más difícil todavía. Algunos empujan (empujamos) al deporte a un precipicio que acabe por completo con la igualdad y la competitividad. Creo que los profesionales de la información deberían (deberíamos) reflexionar al respecto.

20/8/11

El teorema del dos

La segura marcha de David Logan y la más que probable salida de Brad Oleson deben dejar espacio para la gran figura que el Baskonia espera reclutar para la posición de escolta



Vitoria se encuentra sumida en un cierto estado de nerviosismo ante la aparente calma con la que Josean Querejeta y sus colaboradores se están tomando la tarea de rematar la plantilla para confeccionar un equipo competitivo de cara al curso venidero. La confidencialidad con la que los rectores del Caja Laboral están llevando las negociaciones para cerrar la contratación de los dos o (seguramente) tres jugadores que faltan está generando tanta incertidumbre que en los últimos días han comenzado a surgir rumores de lo más variopinto, algunos de ellos carentes de cualquier fundamento. Todo va a cambiar a partir de este fin de semana. Las cosas van a ganar ritmo. El máximo dirigente del club vitoriano ha regresado esta misma semana de vacaciones. Y en apenas unos días está a punto de cerrar el primero de los movimientos que desenquistarán la situación: el traspaso de David Logan al Panathinaikos. Es cuestión de sólo unas horas. Y cuando salga el escolta norteamericano con pasaporte polaco, algo que debe suceder antes de que arranque oficialmente la pretemporada, este lunes, se abrirá el hueco para la llegada de la figura con la que el cuadro azulgrana pretende dar el salto de calidad que ahora mismo muchos piensan que le falta.

Querejeta no es ajeno a los comentarios de la calle. Es consciente de que ha puesto en manos de Dusko Ivanovic un esqueleto sin vísceras, un maniquí un tanto desnudo. Y es precisamente en la posición de escolta donde debe llegar el hombre que marque las diferencias. Pero antes de que se produzca el tan esperado anuncio, la directiva baskonista debe resolver una ecuación complicada, el teorema del dos. La operación exige un planteamiento previo. Pau Ribas, por su perfil, su condición de jugador de formación y su rendimiento, es fijo. Pero, ¿con cuántos escoltas pretende contar el combinado azulgrana en su plantilla cuando arranque la competición? Si nos atenemos a la tradición, siempre dando por hecho que el catalán dejará de servir como parche para la dirección y actuará en su puesto natural, lo lógico es que sólo haya dos. El Baskonia de los últimos años se ha ajustado y ha sobrevivido en todo momento con diez jugadores de primer nivel y un undécimo, el pasado ejercicio Ander García, para ayudar en los entrenamientos y en el ajuste de los cupos. Así las cosas, tanto Logan, cuya marcha se hará oficial en cuanto cierre un acuerdo con el club para su rescisión, como Oleson lo tienen complicado para continuar en la capital alavesa. Si Ribas, por méritos propios, tiene una plaza asegurada y Querejeta está empeñado en reclutar a una figura, a un anotador de garantías, el futuro del escolta de Alaska se intuye más próximo al Turia que al Zadorra.

El gran vacío de Rakocevic

La idea de la directiva del Caja Laboral pasa por hallar de una vez por todas una figura que sea capaz de cubrir el enorme boquete que quedó en el equipo tras la marcha de Igor Rakocevic al Efes Pilsen. El serbio, uno de los nombres que ha sonado una y otra vez a lo largo del verano, se ha dejado querer. Jamás ha ocultado, y menos ahora que se encuentra aún sin equipo, que le encantaría regresar a Vitoria. En su contra juega el hecho de que ha cumplido 33 años. A su favor, la constancia de que desde su salida las tentativas de sus sustitutos se han contado por fracasos. A comienzos de verano llegó a existir contacto entre las partes, pero no parece que sea el elegido. Aunque tal y como se encuentra el mercado, con la precariedad económica que asfixia al club y dada la habitual capacidad de Querejeta para sorprendernos a todos, ya no me atrevo a descartar ninguna posibilidad.

En cualquier caso, para resolver la ecuación, como es sabido, primero hay que despejar las incógnitas. Y la primera es la de la salida de Logan. No existen dudas sobre su destino. No es ningún secreto que el jugador ha alcanzado ya un acuerdo con el Panathinaikos de Zeljko Obradovic, adonde llegará con la tarea de suplir a otro exterior norteamericano que tampoco triunfó en el Buesa Arena, Drew Nicholas, uno de los muchos argumentos con los que contará el próximo curso el Armani Jeans Milano de Sergio Scariolo. El problema se presenta a la hora de definir quién paga a quién y cuánto. El club griego rechaza abonar traspaso alguno para hacerse con los servicios de un jugador que ya no cuenta para Ivanovic. Querejeta, implacable negociador, se niega a dejar marchar por las buenas a un jugador que hace tan sólo un año estampó su firma en un contrato de larga duración con el equipo azulgrana. Es más, el máximo mandatario del Caja Laboral ha llegado a asegurar recientemente que el equipo técnico ni se plantea desprenderse de él y que lo esperan el lunes para que pase las pruebas médicas y se ponga en manos del fisio Oskar Bilbao para iniciar las duras jornadas de los primeros días de pretemporada. En mitad de estas dos posturas inmovilistas se halla actualmente el escolta con pasaporte polaco, que ha dejado muy clara su intención de no regresar a Vitoria y ahora se encuentra vendido.

Vendido por el twitter

A Logan le ha perdido la boca, o más bien el twitter. Aunque en estos últimos días los ha borrado (seguramente aconsejado por sus nuevos agentes), deslizó en varios mensajes a través de su cuenta en esta red social que se encuentra deseoso de jugar en el PAO y evitar tener que verse las caras con Ivanovic o sus compañeros de vestuario. Anteayer mismo, cuestionado por un aficionado acerca de si se presentaría el lunes junto al resto de los miembros de la plantilla que no van a disputar el Eurobasket para comenzar los entrenamientos, se mostró tan claro como conciso: "Probably not" (Probablemente no). En realidad, fue sólo uno más de los tuits en los que evidenció la falta de sintonía con la que abandonó al equipo con el que aún tiene contrato para marcharse de vacaciones. Llegó a asegurar que estaba haciendo todo lo posible para que se cerrara el traspaso al conjunto griego y que no quería volver a Vitoria. Así de claro. Así de simple. Así de inconsciente. A pesar de que limita el acceso a sus mensajes, estas declaraciones llegaron a los medios. Solobasket se hizo eco de una postura que el escolta de Chicago podría haberse guardado para sus allegados. Y ahora le puede costar cara a la hora de negociar la ruptura del contrato con el Baskonia.

No es el primer berenjenal en el que se mete el jugador por una equivocada manera de entender el uso de las redes sociales. Hace unos meses la afición azulgrana asistió a un episodio un tanto inusual en el mundo del deporte cuando Logan criticó abiertamente al entrenador y el juego del equipo y su compañero Pau Ribas tuvo que salir a la palestra para darle un tirón de orejas. El club, obviamente, hizo lo propio, si bien aquel episodio no le salió tan caro como le puede resultar este último. Querejeta tiene la sartén por el mango. Por mucho que ya no entre en absoluto en los planes de Ivanovic, tiene contrato en vigor y está citado, como el resto, para iniciar la pretemporada. No vendrá, por supuesto. Tiene muchas más ganas de marcharse de las que parece mostrar el club por desprenderse de él. Y la llave que puede abrir la puerta de su salida descansa en el porcentaje de su salario que el Baskonia aún le adeuda a pesar de que debería habérselo abonado en julio. Tal y como sucedió un año atrás con Eliyahu, la condonación de esa deuda se convertirá finalmente en el peaje a pagar por un hombre que, ni de lejos, ha colmado las expectativas que la dirección deportiva y el propio Querejeta (apostó personalmente por su llegada) habían depositado en él.

No tengo muy claro si el asunto de los pagos atrasados afecta a toda la plantilla o sólo a algunos jugadores, pero lo cierto es que la otra incógnita de la ecuación, Brad Oleson, también aguarda desde julio una transferencia que no llega. Si nos atenemos a estos precedentes de los que hablo, quizá el jugador de Alaska y su agente deberían tener motivos para preocuparse. Aunque muchos aseguran que la situación de Oleson difiere notablemente de la de su compatriota, me permito dudarlo. Por un lado, ya he dicho antes que hace muchos años que el Baskonia no dispone de tres jugadores en ninguna de las posiciones de juego. Y todo el mundo espera la llegada de un killer para asumir un rol protagonista en el equipo. No creo, sinceramente, que el Caja Laboral emprenda el próximo ejercicio, en el que debe neutralizar el agridulce sabor de boca que dejó a su parroquia el pasado, con Ribas y Oleson como la pareja de escoltas. Así que blanco y en botella.

Hace algo más de un mes expresé mi sensación de que esa oferta de reducción de sueldo que le hizo la directiva me parecía una invitación directa a marcharse. Por el momento, ni el jugador ni su agente han respondido. Los 800.000 euros netos que percibe, contrato heredado del Real Madrid, no suponen a juicio de los mandatarios baskonistas un salario ajustado a los méritos contraídos sobre el parqué. ¿Tendrá un hueco en el proyecto si se aviene a aceptar la rebaja propuesta por el club? Ahí está el dilema. Le quedan tres años de contrato, más un cuarto opcional, es un exterior muy del gusto Ivanovic y, además, ocupa plaza de jugador de formación. Pero ni de lejos ha ejercido el papel de dos anotador que se le presuponía cuando llegó a Vitoria tras protagonizar un espectacular estreno en la ACB con el Fuenlabrada. Otro dato: varios clubes de primer nivel continental aseguran haber recibido llamadas en las que se les ofrecía al escolta. El Valencia Basket se encuentra a la expectativa. Paco Olmos siente debilidad por este jugador. Pero la opción del conjunto taronja también presenta problemas: los levantinos ni están dispuestos a abonar traspaso alguno ni disponen de un margen salarial demasiado amplio como para igualar sus emolumentos. Compañeros de la prensa valenciana aseguran que, como mucho, el exterior de Anchorage puede esperar una oferta que ronde los 500.000 euros anuales.

En busca de una cabeza de león

Así marcha el curso de la operación salida en una posición que Querejeta y su equipo quieren reforzar con un jugador de garantías para olvidar los fracasos de las apuestas recientes. Ni Logan ni Oleson han podido hacer olvidar a Rakocevic. Tampoco lo logró Carl English, anotador compulsivo en Canarias, brillante en el Joventut y que a buen seguro volverá a ofrecer números de primer espada en el Cajasol. En Vitoria hace falta algo más. Y el Baskonia ha caído en la cuenta de que no basta con cabezas de ratón que sean capaces de asumir el rol de colas de león. Se busca una cabeza de león. Hace falta. Aunque no es la única posición a reforzar para calmar el nerviosismo y vestir el maniquí de Ivanovic, desde que se abrió el mercado se busca un jugador de gran calidad para este puesto. Los encargados de cerrar la contratación están funcionando con un hermetismo y una discreción fuera de lo común. Y eso genera teorías, unas más plausibles que otras. Todos los días brotan nombres. Esta semana han surgido, además, algunos que resultan poco menos que sorprendentes, sobre todo porque se trata de jugadores afectados por el lockout que exigirían un elevadísimo sueldo y podrían destrozar toda la planificación de la temporada si se reiniciase finalmente la NBA.

Los últimos jugadores de los que se ha hablado en este sentido han sido Marcus Thornton, Daequan Cook y Marco Belinelli, tres escoltas más o menos contrastados, que hacen carrera en la competición estadounidense y a los que no veo en absoluto en el Baskonia. Si de algo estoy convencido es de que Querejeta no caerá en el error de comprometer su futuro proyecto contratando a alguien entre el ramillete de jugadores de la NBA que pretenden buscar más una aventura que una opción seria mientras esté bloqueado el campeonato. Sigo insistiendo en la opción de Keith Langford, el escolta del Khimki, un jugador que ha gustado siempre mucho y que, aunque ha renovado recientemente aparece como una opción en la que invertir parte del dinero recaudado con las ventas. En el Buesa Arena siempre ha gustado. En Rusia aseguraron a comienzos de verano que hubo contactos, y su hermano Kevin, recién fichado por el Grupo Iruña de Pamplona, pidió que le consiguieran un alojamiento con más espacio porque iba a recibir periódicamente visitas de un familiar que residiría en una ciudad vecina. ¿Podría ser la última incógnita de esta ecuación?

17/8/11

Prisa mata



Dicen los turistas que han cruzado el Estrecho y han destinado unos días a conocer Marruecos que existe una frase que podría sintetitzar la idiosincraia de un pueblo. "Prisa mata", suelen dirigirse al viajero. "Prisa mata, amigo", repiten cuando algún cliente alienta al empleado de un hotel o un camarero. Vitoria queda muy lejos de Rabat o Casablanca, desde luego. Pero la calma con la que los marroquíes afrontan su existencia parece haberse apoderado de los responsables de operaciones del Baskonia, que siguen sin perfilar la composición definitiva de la plantilla con la que Dusko Ivanovic encarará el próximo ejercicio.

Mientras el resto de rivales, tanto en el ámbito doméstico como los que se encontrará en su travesía por la Euroliga, hacen los deberes con puntualidad, el Caja Laboral mantiene varias incógnitas abiertas a falta de sólo unos días para el arranque oficial de la pretemporada, fijado para este próximo lunes. Con dos vacantes evidentes, una en el puesto de base y otra en la nómina de interiores, y varios asuntos pendientes en el puesto de dos, el nerviosismo ha comenzado a hacerse un hueco entre los aficionados baskonistas. ¿Será capaz Josean Querejeta de volver a armar un bloque sólido, competitivo, a pesar de las dificultades que muestra el mercado y de las operaciones de venta que ha acometido desde que acabo la temporada? Ahora mismo albergo las mismas dudas que el resto de los fieles que acuden puntualmente al Buesa Arena. Y mis miedos se acrecientan cuando echo un vistazo a los movimientos de los equipos que, se supone, se convertirán en los grandes rivales del conjunto azulgrana cuando la competición se ponga en marcha. Ahora bien, si en las oficinas del Baskonia, ahora en su exilio de Salburua, se muestran tranquilos, la historia aconseja conceder el beneficio de la duda y asumir este pausado modo de proceder. Ya se sabe, prisa mata.

Cuatro y el del tambor

Lo único claro a día de hoy es que el arranque de la pretemporada, como ya ha sucedido otros años, va a ofrecer una imagen casi cómica. A la vista de las plazas que quedan por cubrir y de los compromisos de buena parte de la plantilla con las selecciones nacionales, Ivanovic y los preparadores físicos apenas contarán con cuatro jugadores para realizar las temidas y poco gratificantes primeras jornadas de trabajo muscular y puesta a punto. Serían cinco de no ser porque Logan, que en breve debería ser confirmado como nuevo jugador del Panathinaikos, está haciendo lo imposible para evitarse estar de nuevo a las órdenes del preparador montenegrino, con quien -según sus declaraciones públicas a través del twitter- no debía de encontrarse demasiado a gusto. Es precisamente esta operación, la venta del escolta norteamericano con pasaporte polaco, la que está dilatando el resto de movimientos, que deberían ir encaminados a la contratación de un base titular, un segundo center y, tanto en el caso de que se marche Oleson (como todo apunta ahora mismo) como que se quede, un escolta anotador que desempeñe el papel que en las dos últimas campañas nadie ha sabido ejercer en el equipo vitoriano.

La habitual discreción con la que se maneja la directiva del Caja Laboral se ha visto intensificada hasta límites extremos este verano. Y eso ha propiciado que se multiplicaran los rumores en torno a la identidad de los hombres que podrían recalar en Vitoria a lo largo de las próximas semanas. En realidad, muchos de estos rumores tenían fundamento. La dirección deportiva del Baskonia tiene por costumbre tantear la situación salarial y contractual de una elevada cantidad de candidatos antes de decantarse. Y esta vez, con tantas necesidades abiertas, la actividad ha resultado frenética. En cualquier caso, impera la calma, más tensa entre los aficionados que entre los encargados de realizar los fichajes.

Ya digo que el tema de Logan puede resultar capital. Querejeta ha tasado al jugador en 200.000 euros, una cantidad que, por el momento, el PAO se niega a desembolsar. En las conversaciones han surgido varias posibilidades de canje. Los hermanos Giannakopoulos, que quieren ajustar el presupuesto, pusieron sobre la mesa a Milenko Tepic, un exterior que puede actuar como base, escolta y alero, pero que no ha podido confirmar en Grecia las excelentes maneras que apuntaba en el Partizan. Habrá que ver hasta qué punto influido por su habitual dureza negociadora o porque el jugador en cuestión no convence, el Baskonia propuso otro nombre para el intercambio: Nick Calathes, un base muy completo, con mucho futuro, pero cuyo fichaje ahora mismo plantea demasiadas trabas, seguramente insalvables. Para empezar, el jugador estadounidense, que cuenta con pasaporte griego, sólo dispone de cláusula de rescisión para la NBA. Cualquier movimiento que implicase su salida con rumbo a un equipo europeo supondría tener que negociar con el Panathinaikos. Y no saldría barato. En primer lugar porque Zeljko Obradovic cuenta con él. Además, el club heleno ha incorporado esta temporada a la plantilla a su hermano Pat, por lo que resultaría cuanto menos curioso que el propio Calathes rehuyera la opción de poder compartir vestuario y vida junto a él en Atenas.

Una puerta entreabierta y últimos recursos

A partir de ahí, siempre sin prisa pero sin pausa, han surgido más candidatos a ocupar la plaza de director de juego que ha quedado libre tras la marcha definitiva de Marcelinho al Barça. Marko Popovic ha estado siempre bien colocado en esa carrera. El agente del jugador ha mantenido conversaciones con la directiva baskonsta, pero no han llegado a concretarse y en la prensa de croacia ya se habla de la posibilidad de que se marche al Zalgiris. Popovic, libre, no ha acabado de convencer. Pero las limitaciones del mercado, sobre todo en un puesto tan específico, de escasas opciones, ha obligado a los rectores baskonistas a mantener la puerta entreabierta. Lo mismo ha sucedido con un viejo conocido de la afición azulgrana. Pablo Prigioni, tan amado durante su militancia en el antiguo TAU como odiado por sus declaraciones al abandonar Vitoria, se ha dejado querer. Desde el club se ha insistido en que jamás ha sido una alternativa considerada, pero mientras siga sin equipo, teniendo en cuenta la comunión que mantuvo con Ivanovic, hay quien insiste en que puede convertirse en un último recurso.

La búsqueda del segundo cinco parece más condicionada al resto de movimientos. Cuando se resuelva la marcha de Logan, queda pendiente también la resolución del asunto del escolta que competirá por minutos con Pau Ribas. Y aquí también impera la calma, se sabe que la prisa mata. El gran objeto de deseo era el jugador del Khimkhi Keith Langford, pero las pretensiones económicas del conjunto moscovita han complicado en demasía la operación. Así que se abre una nueva ventana a la rumorología. El último en aparecer, en una web griega, ha sido el ganador del concurso de triples de la NBA de 2009, Daquean Cook, un gran tirador que, a priori, no parece encajar con el perfil de dos anotador y completo que se busca. Lo que resulta evidente es que, salvo sorpresa, el de un dos será el tercer fichaje que realizará este verano el equipo gasteiztarra. Más aún si, como todo apunta, Brad Oleson acaba marchándose. El Valencia está muy interesado en hacerse con sus servicios para completar un perímetro de gran nivel con Rafa Martínez, De Colo y Víctor Claver, aunque el equipo de Paco Olmos no parece por la labor de querer abonar un traspaso, así que de nuevo el marrón queda en manos del jugador, que pare seguir en Vitoria debería aceptar la notable rebaja en el sueldo que Josean Querejeta trasladó a su representante y a la cual aún no ha respondido.

Ya habrá tiempo de entrar más en detalle, porque los próximos días se presentan movidos y no quiero extenderme más. Los temores del baskonismo, que estos días sigue atento a las evoluciones de las obras de adaptación de la plaza de toros que servirá de cobijo temporal al equipo hasta enero, contrastan con la paciencia que impera en el seno del club. La prisa mata, ya lo dicen en Marruecos, pero también hemos oído mil veces eso de que a quien madruga Dios le ayuda. Y el resto ha hecho ya los deberes. Veremos hasta qué punto el talento del estudiante avispado le basta para equilibrar a última hora la previsión que otros han mostrado en estas semanas de estío. En un próximo post analizaremos las plantillas de los rivales. Algunas tienen muy buena pinta.

12/8/11

A toda velocidad

Sangre caliente
cuando juega al amor
 acostumbrado a querer
pasa de largo
si se tercia la ocasión
nadie sueña como él

Vive a toda velocidad
como un ciclón
sabe que si cae otra vez
vuelta a empezar

A toda velocidad
Barricada
No sé qué hacer contigo (1987)



Esta semana, el martes en concreto, se ha confirmado la noticia que todos llevábamos semanas esperando: Marcelinho Huertas, un tipo que siempre ha apurado el presente, lo ha exprimido hasta la última gota, ha cambiado los aires gélidos que llegan desde el Gorbea por las temperaturas más suaves del Mediterráneo. El último representante de la interminable y genial nómina de directores de juego que han convertido en grande al club de una pequeña capital de provincia seguirá vistiendo de azulgrana la próxima campaña, pero en su pecho no lucirá ya el escudo del Baskonia, con quien participó en el milagro de la tercera ACB, sino el del todopoderoso Barça. Huertas, que ha vivido siempre como ha jugado, a toda velocidad, sin atender al espejo retrovisor, regresa a una ciudad de la que se enamoró durante su estancia en el Joventut, donde se dio a conocer en Europa tras haber comenzado su carrera, muy precoz, cómo no, en el campeonato de su país.

Marcelinho se marcha de Vitoria por la puerta grande, quizá demasiado pronto, como siguiendo ese impulso a correr que siempre ha guiado tanto su manera de entender el baloncesto como los giros de su carrera. A pesar de que Josean Querejeta trató de cerrar un acuerdo con él para prolongar su vinculación contractual con el Caja Laboral hasta junio de 2015, su marcha estaba cantada desde hace meses. En un mercado yermo de bases, con el club asediado por la necesidad económica, no existía otra salida. La entidad del Buesa Arena estaba obligada a desprenderse de alguno de sus estandartes para cuadrar las cuentas. El primero fue Barac, a quien siempre se esperó pero nunca acabó de llegar, y el siguiente ha acabado siendo Marcelinho, por quien también pujaron el CSKA y el Anadolu Efes. Ninguna de las dos propuestas seducía en exceso al jugador paulista. La oportunidad de poder jugar en el Barça, de volver a una ciudad que llegó a reconocer en una entrevista, hace ahora tres años, que veía como una posible residencia de futuro, colmaba sus expectativas. Y así se lo hizo saber a la directiva baskonista, necesitada de liquidez pero siempre un hueso duro en las negociaciones. Al final, Huertas ofreció un último acto de servicio a la causa baskonista con su traspaso al equipo culé. Su rescisión ha arrojado algo más de 1,8 millones de euros a las famélicas arcas del Buesa Arena. Antes de correr, de seguir mirando al horizonte, tuvo tiempo para regalar una última sonrisa a la parroquia azulgrana, que ha acogido su marcha de buen grado, sin acritud.

Una despedida poco traumática

Mientras otros jugadores se han visto obligados a escenificar ante los medios su malestar, a realizar declaraciones que más tarde les pasarían factura, el jugador brasileño se ha despedido sin mácula de una plaza que conquistó tras un paso fugaz pero fructífero. Así es él, como reza la canción, como un ciclón. Y así ha transcurrido su vida en el baloncesto. Llegó, convenció y venció. Logró que la afición vitoriana olvidara la orfandad en la que había quedado el equipo tras la huida de Prigioni al Madrid en busca de esos títulos que jamás cató con el conjunto blanco. En la capital alavesa halló un cicerone de lujo: su mejor amigo, su hermano, Tiago Splitter, cuya complicidad dentro y fuera de las canchas le permitió exhibir su mejor versión, esa electricidad, a veces caótica, siempre apasionante, con la que condujo al Baskonia al título liguero en la temporada 2009/2010. Aquella ya celebérrima eliminatoria final frente a su futuro equipo consolidó la relación amorosa de Huertas con el club gasteiztarra. Y aunque, como muchos otros, en su fuero interno deseaba cambiar de aires, librarse de la siempre exigente figura de un entrenador que lo ha exprimido, en el momento de la despedida no pudo contener las lágrimas.

La estampa del Marcelo hundido sobre el parqué del Buesa Arena tras la derrota en el tercer partido de semifinales del último play off disparó los rumores, olía a despedida, abrió las mentes a la posibilidad de que pudiera cambiar de aires este verano. La directiva, enfrascada en la búsqueda de fórmulas para equilibrar los números, encontró una salida cuando el propio jugador tocó un par de puertas y manifestó su disposición a servir como moneda de cambio. Tras la marcha de Splitter el pick and roll, recurso de la casa, se diluyó como un azucarillo. Huertas ya no corría igual, porque le seguían menos, ya no disfrutaba tanto. Caía otra vez. Vuelta a empezar.

Caídas y resurrecciones

No era el primer tropezón. Para alguien que vive al galope, es normal. El primer revés lo recibió en Badalona. Considerado por los técnicos de la Penya como un gran talento por pulir, su alocado baloncesto acabó por situarlo por detrás de otras joyas de la cantera del club verdinegro. Eran los tiempos de Aíto, técnico enamorado de los bases más cerebrales. Marcelinho, un crío, no lo era. Y aunque ha aprendido a levantarse, si bien con el tiempo ha acabado por quitarle razones al veterano preparador madrileño, tuvo que asumir que Mallet, un adolescente Ricky y su hoy amigo Pau Ribas le cerraban el sitio y buscarse las castañas en otros lares. Acabó cedido, primero en el Euro Roseto italiano y al año siguiente en el Bilbao Basket, por aquel entonces Iurbentia, un equipo en crecimiento, recién llegado a la ACB, un destino a priori menor. Pero se salió. De su mano, los bilbaínos subieron un escalón. Cayeron en la final de la Supercopa y en las semifinales de la Copa del Rey, en ambos casos frente al TAU Cerámica, y se colaron por primera vez en su historia en los play off. Además, logró la primera de sus dos inclusiones en el Quinteto Ideal de la ACB. Esta pasada campaña, pese al decepcionante rendimiento colectivo del Caja Laboral, ha vuelto a conseguirlo. Se marcha a Barcelona bautizado como el mejor base de la competición.

Más allá de esa capacidad para levantarse, de su ambición para enfrentarse a las adversidades y devorarlas, de su eterna prisa por llegar, Marcelinho se había consolidado en estas dos temporadas como uno de los mejores armadores (así se refieren a los jugadores que ocupan su puesto en Brasil) del continente. El Baskonia vuelve a saltar al vacío. Ya lo hizo antes, tras quedar huérfano por la pérdida de iconos de la talla de Pablo Laso, Bennett, Calderón o Prigioni. El problema estriba en saber hasta qué punto se hubiera producido esta salida de haber estado la situación económica de la entidad más equilibrada de lo que ha estado en los últimos meses. El Baskonia ha sido, es y será un club vendedor. De eso no hay duda. Pero a uno le queda la sensación de que el del base paulista es un caso excepcional, porque si algo se ha hecho siempre en Vitoria es sacar todo el partido a las joyas con las que se contaba antes de desprenderse de ellas.

Una deuda mutua tras un romance de dos años

Huertas se puede marchar más o menos aliviado con la oportunidad de librarse de Ivanovic. Pero lo cierto es que le debe bastante al preparador montenegrino. En realidad, le debe bastante a Vitoria. Y es consciente. Ha sido en el Buesa Arena donde ha protagonizado su último renacimiento. Tras su paso por Bilbao, recaló en un histórico del baloncesto italiano, la Fortitudo Bolonia, y se encontró sin pista para seguir corriendo. Firmó una temporada más que irregular, que además quedó tristemente rubricada con el descenso a Lega Due. A partir de ahí, la historia es bien conocida. Volvió a resucitar, volvió a empezar una vez más, y se rehizo. El mítico título de la temporada 2010 y los galardones individuales del pasado curso, donde se consolidó como uno de los pilares del cuadro baskonista, le han granjeado el cartel del que ahora goza y la ocasión de poder lucir los colores de un equipo en el que, según ha confesado, siempre soñó con jugar.

Algunos se han sorprendido por esas manifestaciones, las han tildado de demagógicas u oportunistas. Nada más lejos de la realidad. Apasionado del balompié, de la canarinha y del Corinthians, afloró en su corazón cierto sentimiento culé durante su estancia en la Ciudad Condal. Eran los tiempos de Frank Rijkaard, época de buen juego, títulos y la llegada de la segunda Copa de Europa para el cuadro catalán. Como acreditado amante de la velocidad, también le gusta la Fórmula Uno. En alguna entrevista ha confesado que su paisano Ayrton Senna, fallecido en el Gran Premio de San Marino cuando él apenas tenía once años, era uno de sus grandes ídolos. Su baloncesto, ese frenético ritmo que imprime al juego, debe de ser un homenaje al piloto paulista. Y si las leyes no fueran tan estrictas, también intentaría imitarlo por las carreteras con el cochazo que se compró hace no mucho, un espectacular Ford Mustang GT de color negro que siempre llamaba la atención en el aparcamiento del Buesa.

Un velocista presumido

Apartado del perfil de origen modesto que cualquiera pueda atribuirle a los deportistas brasileños que alcanzan la élite, es además un tipo muy familiar. Enganchado al baloncesto por la influencia de su hermano mayor, que apuntaba también maneras, se crió, con una hermana más, en un hogar próspero. Su padre, economista, y su madre, experta en arte, logran reunir a todos mucho menos de lo que a Marcelinho le gustaría. Con mucho éxito entre el sector femenino de la afición del Baskonia, sus compañeros, más en serio que en broma, le achacaban un extremo celo por su aspecto. Velocista presumido, Huertas se había convertido en uno de los elementos de peso del vestuario, donde además era uno de los que solía poner la nota de humor.

Así es Marcelo Tieppo Huertas (Sao Paulo, 25 de mayo de 1983), el último fichaje del Barça, el último gran base del Baskonia, a quien en breve Josean Querejeta y su equipo encontrarán un sustituto de garantías. Deben hacerlo. El chico que siempre tiene prisa, el conquistador, ha encontrado un nuevo destino, un nuevo reto. En Vitoria, incluso aquellos que no éramos a priori sus grandes defensores, hemos acabado rindiéndonos a la evidencia. Sólo debe quedar un poso de agradecimiento para un jugador que incluso con su marcha ha ayudado al club. Espero que siga viviendo a toda velocidad. Como un ciclón.


10/8/11

El último en salir

A tres semanas del arranque del Eurobasket la selección española, firme candidata al oro, debe realizar aún un descarte. A pesar del relativo peso que pueda tener en el equipo, se ha generado un encendido debate



Faltan aún tres semanas para que la selección española emprenda su camino hacia el oro en el Eurobasket de Lituania y, sin embargo, el debate que han generado las diversas teorías que he ido oyendo en torno a la identidad del último descarte de Sergio Scariolo para esta cita me han empujado a postergar (espero que sólo un día) el artículo que había empezado para agradecer los servicios prestados por Marcelinho Huertas al Baskonia. El preparador transalpino ha actuado con evidencia al recortar las dos primeras unidades del grupo de quince hombres con los que inició esta fase de preparación. No se la ha jugado. El rocoso Xavi Rey y Rafa Martínez, a quien otros jugadores han privado de una carrera seguramente brillante a nivel de selecciones, han sido los dos primeros en caer. Se esperaba en ambos casos. Ahora todo se centra en saber quién se convertirá en el último descarte. A pesar de que he escuchado y leído teorías de lo más variado en torno a este asunto, cinco son los nombres que suenan con más fuerza, aunque probablemente sólo tres de ellos se encuentran de verdad amenazados.

Sea quien sea el sacrificado, las opciones de éxito del combinado español serán las mismas. Y ahora mismo parecen todas. En un bloque tan consolidado, con referentes tan claros y un esquema de juego tan definido, los roles del undécimo y el duodécimo jugador serán en cierto modo residuales. Así fue en Turquía, el pasado año. Scariolo se maneja, sobre todo en los duelos cruciales, con rotaciones de diez jugadores; dos unidades completas. En determinadas situaciones, casi con nueve. Y esa estructura básica del equipo está definida. Así que, en cierto modo, se ha generado un debate estéril. ¿O no? En absoluto. La decisión que adopte Scariolo puede tener mucho más peso del que parece, siempre teniendo en cuenta que con jugadores como Navarro, Calderón y, sobre todo, Pau Gasol, todo puede resultar mucho más fácil. Y digo que tendrá peso por dos motivos: el primero táctico, ya que el perfil de los jugadores que se disputan esa última plaza es abismalmente diferente, y el segundo diplomático, puesto que tras la marcha de veteranos como Mumbrú, Berni o Garbajosa parece que el seleccionador puede hacerse con las riendas de un vestuario que ha estado regido por los galones de los pesos pesados.

Si echamos la vista atrás, puede resultar incluso ridícula la controversia que despierta la elección del último descarte. Los cinco jugadores que han aparecido en las quinielas (ya digo que no todos están en verdadero riesgo de perderse la cita báltica) son Víctor Sada, Sergio Llull, Fernando San Emeterio, Carlos Suárez y Víctor Claver. Cualquiera de ellos habría sido un fijo en España hace no demasiados años, como también el propio Rafa Martínez y algún otro que no ha entrado siquiera en la convocatoria. Pero así son las cosas ahora. La selección española, fruto de un excelente trabajo tanto de los clubes con más tradición de cantera como de la federación en categorías inferiores, disfruta de la época de mayor bonanza de su historia. Los junior de oro, la generación que abanderan Navarro, Reyes o Gasol, han abierto el camino a los que ahora les acompañan y a los que están por llegar pero que ya han empezado a coleccionar metales en torneos internacionales. Para cualquier entrenador supone un goloso problema configurar la lista con estos mimbres. Y ahora a Scariolo le toca lidiar con las opiniones de los aficionados a este deporte, que son variadas y muchas veces se encuentran contaminadas por el amor a unos colores, a un equipo determinado.

Un equipo que puede rescatar al baloncesto

El técnico lombardo ostenta un cargo complejo, en el que no basta con escoger bien a los jugadores que compondrán su equipo y exhibir dotes de dirección táctica. Se encuentra al frente de un equipo que puede (o al menos debería) devolver al primer plano en audiencias e ilusión al deprimido baloncesto de este país, un plantel obligado a obtener el oro. Cualquier otro resultado supondría para la mayoría una decepción. Ese es el nivel de exigencia que han fijado los éxitos recientes, de los que él no tomó parte. Y se la juega, después del rotundo fracaso del pasado Mundobasket, donde el demoledor triple de Teodosic representó el hachazo definitivo al gaznate de un equipo que en ningún caso contrajo méritos durante la competición para aspirar a nada. He ahí otro agumento para entender la delicadeza con la que deberá manejarse incluso para escoger al duodécimo elemento del combinado estatal.

Una vez depurada (con todo el respeto) la selección de jugadores veteranos que aportaban ya poco sobre la cancha y mandaban demasiado fuera de ella, Scariolo debe definir con la elección de sus jugadores el juego que pretende desplegar en el torneo de Lituania. Ayer, en el primer partido de preparación ante una Francia sobrada de músculo pero carente de intensidad competitiva, pudimos contemplar algunas pinceladas. Fue un partido soporífero, sin historia desde la primera mitad, y eso, pese a la euforia con la que algunos han reaccionado, no es bueno para una fase de preparación. Más bien al contrario. Impide que el equipo trabaje algunas situaciones del juego, con más tensión y dificultad en la toma de decisiones, que resultarán definitivas durante el campeonato. No debe preocupar a nadie. Se trataba sólo de un primer partido y España, al menos en lo que se refiere a su estructura principal, juega de memoria, mantiene una base que se conoce a la perfección. En cualquier caso, quedó claro que Rudy Fernández actuará como alero titular, por lo que parece que no existe esa obsesión por contar con un tres alto que algunos echaron tanto en falta hace un año.

Los cinco candidatos

Esa apuesta por el quinteto habitual, en el que parece que Pau asumirá el papel de cuatro para jugar un poco más abierto, de cara a canasta (puede hacerlo), sitúa el debate sobre el último descarte en unos parámetros muy limitados: Llull, a quien muchos consideraban de antemano el tercer escolta, tendrá una plaza segura, porque es el recambio natural de Navarro, salvo en las ocasiones en las que Scariolo opte por introducir más presencia física y sitúe a Rudy como dos junto a un alero más poderoso físicamente. Y esta opción también va a tener espacio. El jugador del Real Madrid, ciclotímico, alocado, eléctrico, imprevisible, carga en sus pecados con la penitencia. Aporta velocidad y dinamismo a un equipo que, como se vio ante los galos, dispone de quintetos que pueden hacer mucho daño en transición.

Otra de las cabezas que se encuentran temerosas de caer en la postrera guillotina es la de Víctor Sada. No voy a volver a glosar todas las virtudes de este jugador, ni a descubrir lo mucho que me gusta. Se puede defender su presencia en el equipo desde muchísimas perspectivas y con sobrados argumentos de peso, incluido el del miedo. Y me explico: después de lo que sucedió en vísperas del Eurobasket de Turquía, cuando Calderón cayó lesionado y Scariolo tuvo que recurrir de urgencia a Raúl López, me da la impresión de que España acudirá a la cita con tres unos. Hay quien arguye que Llull puede asumir esta función, la de tercer base. ¿Seguro? Si sufre una lesión Ricky o Calderón, sobre todo éste, ¿de verdad se sentirían seguros contando con el balear como segundo director de juego? Supongo que no demasiado. No es lo mismo ejercer en momentos puntuales como base que entrar en la rotación de un equipo que aspira a lograr el oro en un Europeo con esta responsabilidad. Pero no es ésta la única razón por la que considero que Sada debería (y creo que así será) acudir al torneo. Ha sido decisivo en los títulos que consiguió el Barça la temporada pasada. En la Copa acarició el MVP con la yema de los dedos y en los play off de la ACB, en toda la competición en realidad, brilló incluso por encima de su compañero Ricky Rubio. Si se queda fuera, se produciría una injusticia de brutales proporciones, y ya digo que ni siquiera estoy entrando a valorar las enormes posibilidades que ofrece, sobre todo desde el punto de vista físico, defensivo, para cambiar la dinámica de partidos complicados o sujetar a los grandes bases de los otros combinados favoritos.

Lo mire por donde lo mire, me da la impresión de que el último en salir será uno de los treses que ayer comenzaron el duelo ante Francia en el banquillo. Si Rudy va a ser titular y a asumir muchos minutos, si sobra alguien, sobra precisamente en esa posición. Fernando San Emeterio debe aún ganarse el puesto. De lo que suceda en los amistosos de preparación, aunque nos duela a algunos, puede depender su presencia en el torneo que arranca el próximo 31 de agosto. El icono beatificado del baskonismo merece una plaza en el equipo. Y apostaría a que Scariolo se la va a conceder. Está en deuda con él. El cántabro llegó en un excelente estado de forma al Mundial, tras haber concedido el título al Caja Laboral con aquel dos más uno inolvidable, y lo relegó incomprensiblemente a un tercer plano, a la sombra de un Mumbrú que casi todos veíamos varios escalones por debajo. Pesaron los galones. Los que lo sitúan como el siguiente sacrificado aducen que España necesita un alero alto para defender a rivales más corpulentos en esa posición, como Luol Deng, Turkoglu, Kirilenko o el propio Nemanja Bjelica, pero al seleccionador le resultaría difícil explicar por qué deja fuera de la lista al MVP de la fase regular de la ACB.

Los rivales de España tratarán de sacar ventajas en el poste bajo con sus aleros. Eso no lo niego. Ayer mismo fue uno de los recursos a los que Francia se aferró durante los primeros minutos del choque, cuando Rudy se emparejaba con Batum o Gelabale. No es nada nuevo. Sucede desde el Mundial de Japón de 2006, cuando Jiménez desaparecía del parqué. Es un riesgo que corre un equipo que juega la mayor parte del tiempo con dos exteriores con más talento que presencia física y que me da la impresión que Scariolo, como Pepu en su día, asume gustoso. Así que, aunque muchos entienden que este argumento concede más opciones de quedarse a Carlos Suárez, considero que no acabará siendo determinante en la elección definitiva. España debe definir más la estrategia de sus rivales que viceversa. Y aun así, el técnico italiano dispone de otro hombre capaz de asumir ese rol de alero alto, como es Víctor Claver. El capitán del Valencia Basket cuenta con otro arma que esgrimir para justificar su continuidad: es también el quinto pívot, un recurso para completar la rotación interior en caso de ausencias por lesión.

De entre estos tres últimos, a mi modo de ver, saldrá el último descarte. Ahora mismo Suárez aparece como el peor colocado, y desconozco si el entrenador tendrá en su fuero interno la decisión ya tomada. Claver, siquiera por esa condición de comodín, debería tener sitio, aunque en ningún caso contará, salvo urgencia indeseada, con demasiada presencia en las rotaciones. Llull es fijo. Así que todo apunta a que en la terna entrarán sólo el propio Suárez, el señalado, junto a Sada, cuya salida podría depender exclusivamente de factores estratégicos aunque por lo exhibido ayer ha llegado al verano con la misma excepcional forma con la que cerró el pasado curso, y San Emeterio, que debería hacerlo muy mal para perder una plaza que se ha ido ganando con el paso de los meses, de las temporadas en realidad. El principal enemigo del exterior del Caja Laboral estribará sin duda en la intermitencia con la que aparecerá en cancha. No es un microondas, un tipo eléctrico que revolucione los partidos entrando desde el banco, sino un jugador que requiere de minutos y, sobre todo, confianza para sacar a relucir sus virtudes, para aportar. Tiene en su mano esquivar la caída definitiva de la guillotina, ser el último en salir. Sea quien sea la víctima, como digo, importará poco. Scariolo cuenta con un elenco de jugadores capacitados para ganar el oro, obligados a hacerlo.