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1/9/13

La importancia de llamarse Gasol

ESLOVENIA SE PRESENTA COMO LA PRUEBA DE FUEGO PARA MARC, QUE DEBE ASUMIR EL LIDERAZGO ANTE LA AUSENCIA DE SU HERMANO

EN 1895 el dramaturgo irlandés Oscar Wilde escribió una de sus obras maestras, una comedia que tituló con el equívoco The importance of being Earnest y que se tradujo al castellano como La importancia de llamarse Ernesto. La pieza teatral, versionada de mil y una formas a lo largo del siglo largo que ha transcurrido desde entonces, jugaba con las confusiones derivadas de la identidad de dos caballeros ingleses que empleaban el mismo seudónimo, uno de ellos también la identidad de un hermano imaginario de la que se aprovechaba para conseguir sus fines, principalmente amorosos. La historia reciente de la selección española de baloncesto, la más gloriosa, también reposa a la sombra de la relevancia de un nombre ilustre. La importancia de llamarse Gasol no pasa desapercibida para el equipo que en la última década se ha convertido en el mejor entre los mortales -estuvo cerca pero no pudo con las renovadas versiones del Dream Team americano- y que se presenta en Eslovenia con la misión de defender su condición de campeón continental.
España, no obstante, llega huérfana a un torneo que se antoja de pronóstico más incierto que sus últimas ediciones. No estará Gasol, Pau, el líder natural de la generación dorada, pero estará su hermano, Marc, obligado a sostener las opciones de título de un equipo que envía señales contradictorias y que, pese a haber cerrado su fase de preparación invicto, acusa las importantes ausencias con las que se topó Juan Antonio Orenga a la hora de elaborar la lista.
El seleccionador que releva al ahora técnico del Laboral Kutxa Sergio Scariolo debutará en una cita de postín con menos salvavidas de los que han dispuesto sus predecesores. España sigue contando con un gran equipo, nadie puede negar que se trata de un combinado de primer nivel, pero aparece a los ojos del resto mucho más terrenal de lo que parecía en citas recientes. A la baja de Pau, faro espiritual del equipo, se unen la del otro gran referente ofensivo, Juan Carlos Navarro, y la de dos piezas muy valiosas cerca de los aros como Serge Ibaka y el incombustible Felipe Reyes. Con la vista puesta en el Mundial del próximo verano, en el que ejercerán como anfitriones, varios de los iconos del combinado estatal han preferido tomarse un verano de asueto y el equipo se resiente, especialmente en un juego interior cogido con alfileres y demasiado dependiente de un Marc Gasol que se convierte en una pieza vital para Orenga, pues no tiene sustituto.
El jugador de los Grizzlies de Memphis, nombrado mejor defensor de la pasada campaña en la NBA, marca diferencias en Europa. Salvando al serbio Nenad Krstic, el montenegrino Nikola Vucevic o la pareja polaca, con Lampe y Gortat, en Eslovenia se darán cita pocos interiores con su capacidad para dominar el juego bajo los tableros. Sin embargo, es en la pintura donde el vigente campeón, un bloque con mucho talento en otros puestos, registra las mayores carencias.
España ha acabado fuera del podio en los dos grandes torneos en los que faltó Pau Gasol
Orenga ha reubicado a Víctor Claver, otro de los NBA españoles, para que ocupara el puesto de ala-pívot titular, pero el experimento no ha cuajado. Tampoco el resto de los interiores (Xavi Rey, Pablo Aguilar o Germán Gabriel) ofrece certezas absolutas. Buenos jugadores en ACB, apenas cuentan con experiencia en citas de primer nivel, ni con la selección, ni con sus propios clubes. Y es ahí donde se concentra el principal foco de preocupaciones de una selección que no puede dejarse engañar por el balance global acumulado en sus amistosos de preparación.
La estadística es clara e irrebatible: España es la única selección que se presenta en el Eurobasket sin haber cedido una derrota en sus duelos previos. Ha sumado ocho victorias en otras tantas citas, pero sólo ha medido fuerzas con uno de los rivales a los que se encontrará en la pelea por los metales. El doble duelo ante Francia, en lo que supuso la reedición de la final del último Eurobasket, representa el mejor referente para determinar el nivel real del equipo de Orenga. Sobre todo en el encuentro que se disputó en Montpellier, en el que ambos equipos buscaron con denuedo el triunfo hasta los segundos finales, se certificó que el equipo español llega rodado y con mucho potencial a la hora de la verdad, aunque también quedó en evidencia la enorme dependencia que sufre. Marc, determinante con 26 puntos, 6 rebotes y una valoración de 32, se vio obligado a permanecer casi 35 minutos sobre el parqué para decantar la balanza ante un oponente muy físico y más equilibrado incluso dentro de sus limitaciones técnicas. Sabe el técnico que sin un Gasol en pista, el rendimiento de esta selección ha bajado escandalosamente a lo largo de los últimos años.
El Eurobasket de Eslovenia se presenta también como una reválida para Marc. Hay quien ha osado asegurar que el mediano de la saga,all-star este curso, ha llegado ya a superar a su hermano mayor, pero lo cierto es que cuando Pau ha faltado, en el Mundial de Turquía en 2010 y el Eurobasket de Serbia en 2005, España se ha quedado sin medalla. Sólo ha habido, de hecho, un torneo del que el mayor de la saga se haya ido sin un metal colgado del cuello. Fue en los Juegos Olímpicos de Atenas, en 2004, y el pívot de los Lakers acabó entonces como máximo anotador y, sin discusión, una de las grandes sensaciones del campeonato. He ahí la importancia de llamarse Gasol, pero sobre todo Pau. A Marc le toca demostrar su capacidad para ejercer de líder, una condición que deberá asumir definitivamente cuando los junior de oro se echen a un lado, algo que podría suceder tras el próximo Mundial.
AL RITMO DEL 'CHACHO' El otro Gasol no estará sin embargo solo en Eslovenia. Más allá de ese punto débil localizado en la pintura, Orenga dispone de un elenco de enormes jugadores. España tiene un plantel más sobrado de talento que de físico, pero aun desequilibrada parte como una de las grandes favoritas para volver a hacerse con el título. El excepcional estado de gracia que atraviesa Sergio Rodríguez invita a considerarlo como otro de los puntales de un equipo en el que deben convivir tres de los cinco mejores bases del campeonato. Tanto Ricky Rubio, algo apagado en los amistosos, como José Manuel Calderón están capacitados para mandar en cualquier partido. Orenga ha buscado una fórmula que no convence a todo el mundo para posibilitar su convivencia: Calderón ha actuado más como escolta que como director de juego. El timonel criado en la cantera del Baskonia se compagina en ese rol, donde hay que borrar la alargada sombra de La Bomba Navarro, con Sergi Llull. El escolta del Madrid, del que se esperaba un paso al frente ante las bajas tendrá que asumir mayor protagonismo ofensivo junto a su compañero Rudy Fernández, en teoría referencia exterior del equipo y titular indiscutible en el puesto detres, donde tanto Fernando San Emeterio como Alex Mumbrú han evidenciado en estas últimas semanas que pueden aportar experiencia y cosas diferentes y muy aprovechables para el equipo.
Sin embargo, cualquier esperanza de éxito pasa por las manos de Gasol, por su salud y su capacidad para cuidarse de la acumulación de faltas. España parte entre los favoritos, como siempre, pero es uno más, no el único. Sobre las fornidas espaldas de Marc descansa ahora la responsabilidad de mantener la hegemonía ibérica sobre el torneo continental. El equipo español estuvo presente en los podios de seis de las últimas ediciones (2 oros, 3 platas y 1 bronce). La última vez que se quedó sin medalla fue en 2005. En el roster de aquel equipo faltaba un apellido ilustre. La importancia de tener a un Gasol.

28/11/11

Europa se resetea

El inminente final del lockout acabará con la situación irreal que ha teñido el arranque de este atípico curso a este lado del Atlántico. ¿Qué equipos salen beneficiados y damnificados al aproximarse el final de esta anormal situación?




El final del lockout, que ha pillado a casi todos a contrapié, va a restituir la normalidad en el universo del baloncesto europeo, que ha vivido una realidad ficticia desde que hace cinco meses se decretó el cierre patronal de la NBA y comenzaron a llover estrellas. La gran mayoría de las figuras del baloncesto norteamericano que cruzaron el Atlántico a lo largo de este tiempo tendrán que desandar el camino recorrido y redefinirán la situación de unas competiciones que en muchos casos se han visto alteradas (por no emplear el término adulteradas) debido a su presencia. Europa se resetea; se dispone a volver al punto de origen. Y esta nueva coyuntura no va a pillar a todos los equipos en las mismas condiciones. Los buenos estudiantes, los que hicieron los deberes a tiempo o simplemente dieron con la clave sin fiar su suerte a lo que pudiera ocurrir con las negociaciones entre los jugadores de la competición estadounidense y la patronal, pueden salir beneficiados con el súbito giro de los acontecimientos. Otros equipos, en cambio, sufrirán la marcha de algunos de sus mejores activos y se verán obligados a sumergirse en un mercado que puede tornarse endiabladamente complicado ante la llegada masiva de compradores. El acuerdo para desbloquear el lockout va a poner a cero, dos meses después, el contador de unas competiciones cuyo pronóstico ha retornado al punto de partida.

Para la NBA el fin del cierre patronal supondrá la elaboración de un calendario ajustadísimo, con 66 partidos de fase regular, que arrancará el día de Navidad. En Europa ofrecerá un listado de beneficiados y damnificados. ¿Cuáles son los equipos del viejo continente que deben incluirse en cada uno de estos dos grupos? El tiempo acabará confirmándolo, pero a primera vista da la impresión de que algunos clubes pueden quedar tocados tras la resolución del conflicto. Tanto en la ACB como en la Euroliga, los pronósticos varían, si bien no todos los que pierden alguna de sus figuras van a sufrir el final del lockout de la misma manera.

Los que supieron hacer los deberes

En un primer momento, cuando el principio de acuerdo entre sindicato de jugadores y patronal inundó las redes sociales y copó espacios privilegiados en las webs especializadas, hubo quien comenzó a elaborar listados de los posibles beneficiados. En casi todos aparecían el Barcelona, que se ha resistido a reforzar su plantilla con algún NBA hasta saber si la suspensión de la temporada era definitiva, el Panathinaikos o el Montepaschi, otros dos equipos que aparecen en la cima de los favoritos a pelear por el cetro continental. También se consideraba como uno de los grandes favorecidos al CSKA, probablemente el gran aspirante a recuperar la gloria perdida. Tras quedar apeado a las primeras de cambio en la pasada edición de la Euroliga, el cuadro moscovita parecía hasta ahora el rival a batir, pero todo puede cambiar si al final su gran estrella, Andrei Kirilenko, hace las maletas y se decide, como puede suceder, por cruzar de vuelta el Atlántico. AK47, que estará de baja hasta enero a causa de una lesión en el hombro, ha asegurado que le gustaría acabar la temporada en Rusia, pero también ha manifestado que le encantaría vivir en Los Ángeles. Se deja querer por Lakers y Cippers, a pesar de que parece que su eterna franquicia, los Jazz, y los Nets son los más interesados en reclutarlo. En cualquier caso, sin él el CSKA seguirá teniendo un excepcional equipo (conservará entre otros a Nenad Krstic), pero no resultará tan temible como hasta la fecha.


Ya digo que no se trata de emplear el término adulterada, pero sí que conviene reconocer que la Euroliga ha estado tremendamente influenciada por la llegada de estas estrellas que ahora en su gran mayoría se marchan. Salvando la inclusión casi furtiva de Fernando San Emeterio como MVP de la última jornada, el resto de jugadores que han recibido ese galardón han llegado a los equipos europeos como consecuencia del lockout. Kirilenko ha recibido dos, Batum otros dos y el otro se lo apropió el base del Maccabi Jordan Farmar. Precisamente el equipo israelí puede llegar a convertirse en uno de los principales damnificados de este cambio de rumbo. Y aquí conviene entrar de nuevo a valorar hasta qué punto unos clubes supieron apuntalar bien sus plantillas y cuáles las han remendado con la contratación de figuras que, por un lado, han podido desajustar el proceso normal de rodaje  de los colectivos por su enorme influencia en el juego y, por otro, tenían fecha de caducidad.

Sin duda, el Maccabi será uno de los que más noten la reanudación de la actividad en la NBA. Y no sólo por la marcha de Farmar, sino también porque había cerrado un acuerdo con Omri Casspi, su hijo pródigo, para que retornara a Tel Aviv si se cancelaba toda la campaña en Estados Unidos. Tampoco quedarán bien parados el Armani Milán de Sergio Scariolo, que se quedará sin Danilo Gallinari, o los equipos turcos, que se lanzaron al mercado del lockout con avidez ante la perentoria necesidad de dar ese salto de nivel que requieren para colarse de una vez por todas en la Final Four, que este curso se celebra en la ciudad de Estambul.

El despilfarro otomano

Sin duda los clubes otomanos pueden resultar dañados. Los dinerales invertidos en atraer a algunas de las estrellas más relucientes de cuantas han recalado en Europa se han marchado por el retrete. Apenas han servido de nada. Los tres representantes turcos en la Euroliga, de hecho, presentan idéntico balance de victorias y derrotas (3-3) en las seis primeras semanas de competición. Nada nuevo. A lo largo de los últimos años nos hemos habituado a los descollantes desembolsos de estos equipos, que reunían siempre grandes elencos de jugadores pero rara vez lograban conjuntarlos para  edificar proyectos sólidos. Da la impresión de que este año no resultará excepcional. Me aventuraría a apostar que, salvo giro imprevisto de los acontecimientos durante el Top 16, ninguno de ellos estará en su final a cuatro.

El Anadolu Efes, que ha echado el resto este verano con el cambio de patrocinador, podría quedarse durante los próximos días sin dos valiosas piezas. Sasha Vujacic, que tiene cláusula de salida pese a que llegó como agente libre, y Ersan Ilyasova, a quien le esperan los Bucks, podrían debilitar con su marcha al conjunto que dirige Ufuk Sarica. El exjugador del Barça, en cualquier caso, ha manifestado que le gustaría retrasar hasta el verano su retorno a los Bucks. Tampoco se presenta más lucido el panorama para Fenerbahce Ulker y Galatasaray. Los primeros, encuadrados en el grupo del Baskonia, pueden perder a un Thabo Sefolosha que ha abandonado su rol de especialista defensivo para enfundarse un traje de combo estelar. El irregular conjunto de Neven Spahija echará sin duda en falta a un jugador que ha promediado 12 puntos y 6 rebotes por encuentro y sin el que puede incluso llegar a sufrir para superar la primera fase de la Euroliga. El Galatasaray perderá a un Zaza Pachulia que comenzó flojo (sufrió una lesión) pero que en el último partido, ante el Asseco Prokom, ya demostró lo que puede aportar al baloncesto europeo. El gladiador georgiano sumó un espectacular doble-doble con 19 puntos, 10 rebotes y 24 de valoración. No parece en cambio que los gualdinegros vayan a perder al lituano Darius Songaila, llegado como agente libre.

Los otomanos, en cualquier caso, no son los únicos equipos que verán diezmado en cuestión de días su potencial. Tampoco son los únicos equipos importantes del torneo que lo acusarán. Sin entrar a valorar lo que pueden acusar la marcha de sus estrellas prestadas clubes como Emporio Armani Milán (el ya mencionado Gallinari), Partizan (Nikola Pekovic), Union Olimpija (Danny Green) o Zalgiris Kaunas (se quedará sin Ty Lawson pero parece que conservará al ex de los Raptors Sony Weems), hay dos equipos españoles que podrían considerarse más próximos al grupo de los damnificados que al de los beneficiados ahora que el lockout parece destinado a convertirse en un recuerdo borroso. Y son dos equipos en cuyo código genético entra la obligación de pelear por estar entre los mejores. Me refiero a Real Madrid y Caja Laboral.

Baskonia y Real Madrid, dos puntos de partida para dos diferentes destinos

Si digo que habría que considerarlos en principio perjudicados es porque no tengo del todo claro hasta qué punto el cambio de planes puede afectar a cada uno de ellos. El Madrid trata a toda costa de conservar a Rudy Fernández y sabe que perderá a Serge Ibaka. En Vitoria tanto Kevin Seraphin como el efímero Goran Dragic preparan ya sus maletas para regresar a Washington y Houston. Y sí, el Baskonia tiene un problema. Y gordo. Aunque habría que valorar hasta qué punto esta situación se produce como consecuencia de un final anticipado del lockout, de una cuestionable planificación deportiva o a raíz de una gestión de la plantilla que ha convertido en muñones a algunos jugadores que deberían haber dado un paso al frente para evitar que la marcha de los temporeros suponga un trauma tan angustioso como el que da la impresión que puede darse.


Pablo Laso no pidió ni a Rudy ni a Ibaka. El Real Madrid concedió el mando de la nave a un técnico en cierta medida poco experimentado y a quien muchos daban por enterrado antes de tiempo. Y mira por dónde, con el preparador vitoriano los aficionados del conjunto merengue han recuperado la sonrisa. No puede negarse lo que Rudy e Ibaka, pero sobre todo el primero, han aportado en cuestiones relativas a la confianza y el atractivo, a un equipo que ofrece unas sensaciones mucho mejores de las que arrojaba durante la época de Ettore Messina. La marcha de Ibaka, que sólo en el último partido contra el CAI ha dado muestras de lo que puede llegar a hacer hoy día en el basket FIBA, no importa tanto porque su concurso en este periodo como jugador blanco ha resultado casi anecdótico. El caso de Rudy es bien diferente. Su salida puede notarse mucho más. De la capacidad de Laso para canalizar las energías que convergerán tras el vacío que dejará el escolta balear (la posibilidad de que negocie con Dallas para seguir en España parece remota) dependerán en gran medida las opciones de éxito de los blancos.

A Rudy lo fichó la directiva. El club realizó un importante esfuerzo por hacerse con los servicios de uno de los héroes de la selección, porque es un gran jugador y también porque puede, como ha quedado demostrado en este tiempo, elevar la atención mediática y atraer a muchos más aficionados del club merengue al Palacio de los Deportes y la Caja Mágica. Cuando regrese de Dallas, tiene garantizado un puesto como estrella de un equipo que, sin embargo, este año va a tener que jugarse los cuartos sin él. Con una dificultad añadida: Rudy ha estado asumiendo minutos y protagonismo que en estos compases iniciales de la competición tendrían que haber correspondido a los recién llegados Jaycee Carroll y Martynas Pocius. O incluso para un Carlos Suárez cuya consolidación como tres referente del equipo blanco cada vez está más entre interrogantes y cuyos minutos de juego se han reducido drásticamente de los 25 que disputaba la pasada campaña a los en torno a 16 que juega cada compromiso este curso. Las opciones de éxito de este Madrid, tan denostado de partida y celebrado por ofensivo y alegre a la postre, descansan en la habilidad de Laso para restituir la responsabilidad a los que habrían sido sus legítimos dueños de no haber mediado el lockout. Más allá de que siga abierto el debate sobre la necesidad de contratar un base ante las dudas que genera la pareja de locos que forman Sergio y Llull o de plantear la necesidad de contar con un pívot más físico para fortalecer el juego interior el Madrid tiene un proyecto, que cada cual puede juzgar más o menos sólido, más allá de la presencia de estas dos estrellas fugaces.

El Caja Laboral se encuentra en el polo opuesto. Nadie habría pensado hace un par de meses que el final del lockout pudiera afectar en exceso al equipo de Dusko Ivanovic. Daba la impresión de que su relación con este fenómeno no pasaba de tener un carácter tangencial. Tras haber fichado a dos jugadores procedentes de la NBA (Reggie Williams y Joey Dorsey) sin pretensiones de volver en toda la temporada a su país natal, la única pieza que podía quedar alterada en caso de que jugadores y patronal se arreglaran era la de Kevin Seraphin. Pero ni siquiera ese punto preocupaba en exceso, pues el poste galo había llegado como sustituto temporal del lesionado Maciej Lampe, a quien se esperaba -y aún se espera- para enero. Sin embargo, la realidad se revela ahora cruda para el cuadro azulgrana. En cuestión de días va a perder a Seraphin y al efímero Goran Dragic, que en dos etapas diferentes y separadas por un lustro apenas ha tenido ocasión de presentarse ante la afición vitoriana.

¿Un problema de planificación o de gestión?

Cuando arrancó el curso, en los amistosos previos a la disputa de la Supercopa, nadie habría sospechado que el conjunto vitoriano pudiera recibir como un revés una noticia que en teoría debía de hacer mucho más daño a otros. Pero así es. Se ha abierto un debate en Vitoria en torno a si el problema ha sido la elección de los jugadores o la gestión que Ivanovic hace de ellos. No existe unanimidad y sí una importante polémica, pero el caso es que el Caja Laboral corre el riesgo de presentarse en apenas unos días con un plantel de ocho jugadores. El escaso protagonismo de piezas llegadas para asumir roles más importantes como Nemanja Bjelica, un Brad Oleson que no acaba de asumir el papel de killer que queda vacante desde la marcha de Rakocevic, el ostracismo que padece Dorsey o las lesiones y escasas oportunidades que recibió el ya cortado Reggie Williams sitúan al cuadro vitoriano en una posición comprometida. Aunque está habituado a reinventarse sobre la marcha, el Baskonia es uno de los clubes que acude al mercado con más urgencias. De uno u otro modo, ha salido más perjudicado que beneficiado ante esta resolución del lockout, más si cabe por el hecho de que debe pescar en un mercado muy revuelto y rehacer en gran medida su roster que por el peso real en su juego de los dos jugadores que se van. Todo se ve más negro además estos días porque a Lampe se le suma ahora en la enfermería otro de los jugadores que llegaron para formar un juego interior de garantías, un Milko Bjelica que estará un mes en el dique seco justo ahora que parecía una de las pocas piezas nuevas que a Ivanovic le estaban funcionando.

En otro nivel, pero también perjudicados por el nuevo orden que se instaura, encontramos equipos como el Nancy o el Lucentum. Ambos equipos van a quedarse sin sus respectivas estrellas. Los franceses pierden a un Nico Batum que regresa a Estados Unidos por la puerta grande, sin duda como uno de los principales beneficiados por el lockout. El escolta de los Blazers ha ganado mucho crédito como líder espiritual de un equipo que todo el mundo señalaba como cenicienta pero que ha salido respondón y gracias a él ahora sueña con superar la primera fase de la Euroliga. En esa misma situación de que nos quiten lo bailao se encuentra el Alicante. Kyle Singler, que incluso ha dejado caer que no le haría ascos a la opción de quedarse todo el año, ha propiciado que los levantinos naveguen a estas alturas de temporada en la zona noble de la tabla. Está claro que aún queda mucho, pero han recorrido parte de su trayecto hacia la salvación de la mano de un jugador que ha dejado huella en el corazón de su hinchada.

Aventureros efímeros

Hay otros equipos españoles que padecerán cambios en sus plantillas en cuestión de días. El Joventut deberá soltar a un Christian Eyenga que ha colaborado para que los verdinegros sumaran dos derrotas desde su llegada. Pero la situación más curiosa, por paradójica, se dará en Valencia, donde Tiago Splitter se despide sin apenas haber tenido tiempo de conocer la ciudad. Cabe preguntarse si el poste brasileño de los Spurs, cuya decisión de regresar a la ACB en un equipo distinto al que lo crió desde que era apenas un adolescente puede depararle un coste a futuro, habría tomado este camino de haber sabido cuánto iba a prolongarse su aventura.

Peor ha sido lo de Tyreke Evans, que se comprometió con la Virtus Roma un día antes de que se cerrara el acuerdo en Nueva York, o el caso de Lamar Odom, que ni siquiera llegó tampoco a tomar el avión que debía llevarlo a Estambul. El jugador de los Lakers tenía reserva para el mismo día en el que se supo que el conflicto laboral se desenquistaba. Ya no podrá jugar en el Besiktas junto a Deron Williams, otro de los que se vuelve, como Adam Morrison (Estrella Roja), Alexis Ajinca (Hyères-Toulon), Ian Mahinmi (Le Havre), Boris Diaw (Burdeos), Tony Parker y Ronny Turiaf (Asvel Villerbaune). Estrellas que desandan el camino recorrido y dejan el baloncesto europeo como estaba al principio, pero diferente.

30/10/11

Los inmigrantes del lockout

La llegada de jugadores procedentes de la NBA como consecuencia del cierre patronal ha abierto un debate en torno a lo que pueden aportar, desde un punto de vista deportivo y de atracción de las audiencias, al baloncesto español y europeo


Después de dos semanas en las que el trabajo y unas necesarias vacaciones, de las que no daré más detalles, me han impedido actualizar el blog como me habría gustado, vuelvo a la carga con un tema de actualidad tras la confirmación del fichaje de Serge Ibaka por el Real Madrid. Este domingo he publicado una doble página en DNA en la que se cuestionan los efectos que la llegada de los jugadores procedentes de la NBA a causa del lockout pueden tener en el baloncesto español. He de agradecer el apoyo y las jugosas reflexiones de Jesús Sánchez (Marca), José Ignacio Huguet (Mundo Deportivo), Chema de Lucas (Solobasket) y Carlos Sánchez Blas (Onda Madrid) en torno a este asunto.

Los inmigrantes del lockout

La llegada a la ACB de Serge Ibaka, que debutó el pasado jueves en la Euroliga con su nuevo equipo, el Real Madrid, ha abierto un debate en torno a los efectos que el cierre patronal de la NBA puede tener en la deprimida competición española. En un momento en el que las audiencias han tocado fondo, el baloncesto se ha convertido en un deporte mediáticamente residual y ni siquiera se ha podido reciclar la racha ininterrumpida de éxitos de la selección para atraer más público, algunos entienden que el aterrizaje de estrellas procedentes de la mejor competición del planeta puede devolver el pulso a la ACB. Jugadores como el propio Ibaka, Rudy Fernández, Kyle Singler, Pooh Jeter, Christian Eyenga o los baskonistas Kevin Seraphin y Reggie Williams (aunque este último ha firmado para toda la temporada y debe abonar una cláusula para retornar a Estados Unidos) ofrecen un nuevo brillo a un torneo que por diversos factores ha dejado de ocupar un espacio en el primer plano y pelea por recobrar la pujanza que tuvo hace no tanto.

La irrupción de figuras de esta talla devolverá cierta cuota de protagonismo al baloncesto en la agenda de algunos medios, sobre todo de ámbito nacional, que parecen haberlo condenado al ostracismo. Eso no lo duda nadie. Pero los más escépticos se cuestionan qué precio debe pagar la ACB, el baloncesto europeo en general, para ganar un atractivo que, en el peor de los casos, podría volver a perder para los advenedizos cuando se resuelva el lockout y esas rutilantes estrellas que iluminan las plantillas de algunos equipos regresen a las franquicias estadounidenses con las que tienen un contrato en vigor.



Un recuerdo borroso cuando se disputen los títulos

Hay opiniones para todos los gustos. La gran mayoría sin embargo coincide en un punto:estos jugadores llegados en los albores del curso serán un recuerdo borroso cuando se decidan los títulos a este lado del Atlántico, por lo que su impacto real quizá esté más relacionado con aspectos de marketing y publicidad que con la competición en sí. En este sentido, sea como fuere, también existen diferentes visiones acerca de la aportación que estos grandes jugadores pueden realizar a sus equipos de acogida. La llegada de un proyecto de estrella de la NBA como Kyle Singler al Lucentum, un equipo configurado en inicio para esquivar el descenso, puede suponer un elevado número de victorias en estos primeros compases de la temporada que a la larga valgan su precio en oro cuando llegue el momento de pelear por la permanencia. Pero éste no es ni el caso más llamativo, el que ha generado el debate, ni el más común. Las dudas se centran en los equipos poderosos (y pudientes) del continente que han decidido reclutar a jugadores que ocuparán roles preminentes y cuya marcha mediada la temporada puede comprometer en gran medida sus proyectos.
"Por definición, el lockout resulta penoso para la NBA y un maná para la ACB", se posiciona Jesús Sánchez, uno de los especialistas en baloncesto del diario deportivo Marca. "Los sponsors estarán encantados de que grandes estrellas vistan sus camisetas, aunque sólo sea por un tiempo", expone su opinión en torno a la vertiente más benévola de este fenómeno, la que puede traducirse en más dinero para un deporte huérfano de patrocinadores y necesitado de más mimo por parte de radios y televisiones. Desde Barcelona, en la redacción del Mundo Deportivo, una de sus principales firmas para el deporte de la canasta, José Ignacio Huguet, apoya esta tesis: "Es algo tremendamente positivo a nivel mediático, pues atrae hacia el baloncesto la atención de aficionados para los que normalmente éste no es su deporte de referencia. Es más fácil vender Liga Endesa o Euroliga con Rudy e Ibaka que sin ellos", resume el periodista del rotativo catalán.

La clave, quizá el aspecto más positivo de la irrupción de estos inmigrantes del lockout para todos los expertos consultados por DNA, reside en el efecto de gancho que debería suponer para el seguimiento de un deporte que hace aguas como producto televisivo. "Debería ser un gancho más para conseguir que la competición cale, no tanto para el seguidor del baloncesto que va a seguir la liga Endesa jueguen o no estos jugadores, sino el espectador general que debería verse atraído por estos fichajes", indica Chema de Lucas, periodista en Solobasket y ojeador. "Ese espectador general es el que el baloncesto necesita enganchar para que las audiencias repunten", añade.

El reto de las audiencias

¿Serán capaces jugadores como Seraphin, Eyenga o Singler y, sobre todo, dos de los componentes de la selección española que recientemente añadió otra muesca a su cinturón con la conquista del Eurobasket de variar la tendencia actual en apenas unos meses? No parece una misión sencilla. Los datos de seguimiento televisivo del baloncesto, relegado al canal temático de Televisión Española y a las cadenas autonómicas, se mueven a una distancia sideral de los que arrojan los partidos de fútbol. No hace falta ir demasiado lejos en el tiempo para constatarlo. El pasado fin de semana se disputó en el Palau Blaugrana el duelo entre los dos últimos finalistas de la ACB, Barcelona Regal y Bizkaia Bilbao Basket, y Teledeporte apenas logró alcanzar los 316.000 espectadores y el 2,4% de share. Horas antes, el sábado por la noche, el partido en abierto de la Liga que ofreció La Sexta (Barcelona-Sevilla) registró un seguimieno medio de 4.415.000 y su cuota de pantalla superó el 25,6%, muy por encima del resto de cadenas. Las comparaciones pueden resultar odiosas, y en este caso desalentadoras para los amantes del baloncesto. "Algo falla", alerta Jesús Sánchez. "Me sabe mal que sin NBA el aficionado al baloncesto no se vuelque con la mejor liga del mundo en juego en estos momentos".

¿Cambiará con la llegada de estas estrellas? ¿Se solucionará lo que falla? "Su incorporación a la ACB va a ser positiva. Los buenos jugadores nunca sobran. La competición va a ser mejor, se venderá más y, sin duda, atraerá a más espectadores. Aunque se vayan a corto-medio plazo, que nos quiten lo bailao", opina Carlos Sánchez Blas, una de las voces de referencia de Onda Madrid.

Atracción para los aficionados ocasionales

La visión de estos periodistas consultados converge acerca de la responsabilidad que todo el entorno del mundo de la canasta deposita sobre las espaldas de estos jugadores. Su misión queda clara: más allá de lo que puedan aportar sobre el parqué, asumirán involuntaria e inconscientemente la responsabilidad de incrementar el atractivo de sus equipos y, a la larga, de toda la competición, siquiera durante los dos o tres meses que permanecerán en sus clubes de adopción. Por lo visto hasta la fecha, están cumpliendo con su cometido. El número de abonados del Real Madrid se disparó tras conocerse el fichaje de Rudy. Y la Caja Mágica colgó el cartel de no hay billetes para el estreno de Ibaka, en Euroliga, frente al Armani Jeans Milán de Sergio Scariolo. Quizá en Vitoria, donde la afición ha digerido con mayor naturalidad la incorporación al plantel azulgrana de Williams ySeraphin, es donde el efecto se ha notado menos. Porque en Alicante se está viviendo el fenómeno Singler. Parece que los datos hablan. Aportan espectáculo, imagen, venden camisetas y entradas... Pero, ¿qué supone desde un punto de vista deportivo la llegada de estos jugadores al baloncesto europeo, a la ACB?

"Es difícil saber si ese aterrizaje acabará suponiendo un éxito a nivel deportivo para los equipos implicados. Para los que pelean por los títulos, es una apuesta arriesgada que, en mi opinión, sólo puede salir bien si se cancela toda la temporada NBA. En caso contrario, equipos como el Real Madrid se pueden encontrar en una situación bastante complicada cuando se vayan y haya que redefinir los roles entre la plantilla o buscar nuevos refuerzos", advierte Huguet. "Usar a jugadores procedentes del lockout como base para la planificación deportiva de los clubes es un error, aunque también una tentación muy dulce", reconoce Jesús Sánchez. Una tentación a la que algunos clubes europeos no han podido resistirse. Más allá del caso del Baskonia, donde el fichaje de Seraphin se tomó desde un principio como un parche para cubrir la inoportuna lesión de Lampe, en la Liga Endesa el Madrid parece el equipo más implicado y que, por tanto, se encuentra más expuesto a la amenaza que ahora supone para algunos el fin del cierre patronal de la liga americana.


Una apuesta arriesgada

"La liga no cambiaría demasiado porque, en definitiva, los títulos se deciden en mayo, cuando estos jugadores ya no están. Está claro que su presencia es muy importante en equipos como Real Madrid, que veremos lo tocados deportivamente que pueden quedar. La clave será gestionar el futuro, es decir, el del resto de jugadores que serán los que tendrán que sacar adelante al equipo a la hora de la verdad", aconseja De Lucas, que se atreve incluso a entrar en un tema más de fondo, la relativa pérdida de credibilidad que pueden sufrir la ACB y el baloncesto europeo al convertirse en asilo temporal para que algunas figuras de los equipos norteamericanos se mantengan en forma mientras se prolongan las negociaciones entre propietarios y sindicato. "En cuanto a la credibilidad, está claro que si el lockout se solventa, la competición en términos estrictamente deportivos no será la misma", considera el redactor deSolobasket.

En este sentido, desde Barcelona se percibe el fichaje de estos jugadores como una estrategia postrera de los principales rivales del equipo de Xavi Pascual por recortar distancias con el actual campeón y principal candidato al título. Huguet lo refleja con una metáfora automovilística: "En el momento actual el Barça es Vettel y el resto sabe que sólo puede ganarle si arriesga parando una vez más o una vez menos que él en boxes. Eso es lo que está haciendo el Madrid con Rudy e Ibaka, apostar fuerte con las opciones que le ofrece el lockout". "El Real Madrid puede ser el equipo más perjudicado porque el mercado no te permite encontrar jugadores de tanta calidad ni con roles tan importantes a mitad de curso", coincide De Lucas.

Menos problemas encuentran estos expertos del mundo de la canasta a la situación concreta del Caja Laboral. Emocione más o menos el plantel que Josean Querejeta ha puesto en manos de Dusko Ivanovic, da la impresión de que la relevancia que puede tener un jugador como Kevin Seraphin con la perspectiva de la temporada completa parece menos determinante a sus ojos."El Caja Laboral está acostumbrado a reinventarse siempre", señala De Lucas, consciente además de que Maciej Lampe era –y será a su regreso– la opción escogida por el equipo vitoriano para ocupar la posición de pívot que ahora ostenta de prestado el francés de los Wizards. Carlos Sánchez Blas va más allá. El redactor de Onda Madrid ha apreciado en la utilización que de él hace Ivanovic una intención clara por parte del técnico balcánico de evitar que ostente más protagonismo del que debe. "Desde la distancia da la impresión de que es el propio Ivanovic el que está minimizando el talento de Seraphin. Es un jugador descomunal", asegura.

Parece unánime la idea, por tanto, de que los jugadores llegados como consecuencia del lockout van a resultar residuales hasta cierto punto (queda abierta la posibilidad de que Rudy busque un buyout y permanezca toda la temporada en Madrid) desde una perspectiva deportiva. Sobre todo en lo que a la pelea por los títulos se refiere. Sin embargo, en la Liga Endesa existe una excepción en la que su presencia puede tener un impacto importante: la pelea por salvar la categoría. Y ahí el Lucentum se ha apuntado un tanto con la contratación de Kyle Singler, estrella del baloncesto universitario con Duke y escogido en el pasado draft por los Pistons.

El fenómeno Singler

El combinado alicantino, de la mano de un excelente técnico como Txus Vidorreta y en virtud a una más que consecuente labor de confección de plantilla, navega en vísperas del arranque de la quinta jornada en la quinta posición de la tabla, empatado a victorias con dos grandes como Real Madrid y Barcelona tras haber sumado dos meritorios triunfos ante el subcampeón, el Bizkaia Bilbao Basket, y en La Fonteta, feudo del Valencia Basket, amén de un tercero ante un, en teoría, rival directo como el Blancos de Rueda Valladolid. Singler, de tan sólo 23 años, ha sido uno de los principales artífices de la mutación experimentada por un equipo que a punto estuvo de desaparecer por problemas de liquidez.

"Tras ver algunos de los partidos de Alicante, Singler me parece la guinda al proyecto, pero el equipo es mucho más", explica De Lucas. "En el caso de equipos cuyo objetivo principal es eludir el descenso, como el Lucentum, la llegada de un crack como Singler, aunque sea temporal, puede suponer la diferencia entre mantener la categoría o perderla", asevera José Ignacio Huguet. "Todos los partidos que ganen ahora serán un colchón valiosísimo en el futuro", añade.

Son las diferentes visiones en torno a una situación anómala que ha alterado sobremanera la fisionomía del baloncesto español y continental en estos primeros compases de temporada. El lockout, en boca de todos desde hace meses, entra en juego. ¿Ayudará a devolver al baloncesto en este país a un primer plano? A tenor de otras deficiencias estructurales y culturales, parece complicado.

(Os dejo un link con el artículo como ha aparecido en la web de Diario de Noticias de Álava)

4/10/11

Las distancias se acortan (I)

El Barcelona se adjudicó por tercer año consecutivo la Supercopa y envía el mensaje de que será el gran favorito para ganarlo todo, aunque en Miribilla se detectaron algunas señales de que la que ahora empieza puede resultar una temporada más competida que las anteriores


Ya que el verdugo viste de blaugrana, me parece de ley tirar de una frase del filósofo del barcelonismo moderno para arrancar la reflexión en torno a los posos de resaca que aún masticó de la Supercopa disputada el pasado fin de semana en el Bilbao Arena. “Sólo se crece en la derrota, se mejora a partir del error”, dijo hace no mucho Pep Guardiola.  No le faltaba razón. El primer torneo oficial de la temporada ha arrojado la sensación, ya familiar, de que el Barça sigue siendo el rival a batir, el gran favorito a levantar todos los títulos durante el curso que da estos días sus primeros pasos. Eso no ha cambiado. Pero también ofreció ciertas pinceladas que invitan a creer que sus adversarios, sobre todo el Baskonia y el Real Madrid, han extraído lecciones del contumaz régimen dictatorial que el conjunto blaugrana ha impuesto en los dos últimos años, más allá de la final de la ACB que el Caja Laboral le hurtó en junio de 2010 o del error que le condenó a quedar fuera de su Final Four en la última edición de la Euroliga. Como asegura Guardiola, la derrota ofrece enseñanzas que, con la lectura adecuada, muestran el camino para evitar futuros fracasos. Y aunque como digo el Barça continúa apareciendo como el favorito intratable y ha colocado en sus vitrinas el primer trofeo del curso, creo que la distancia con sus dos principales enemigos se ha visto recortada a lo largo de este verano.

Es demasiado temprano como para ofrecer verdades irrefutables o conclusiones definitivas. La Supercopa dejó sensaciones. Sólo eso. Sensaciones. Unas más intensas que otras. La principal, desde un punto de vista estrictamente personal, vaticina una temporada mucho más disputada que la anterior. El Barça sigue siendo un equipazo, es cierto, y en principio los retoques que ha sufrido la plantilla de Xavi Pascual tienden a perfeccionar una maquinaria casi infalible. Ha incorporado a sus filas al mejor base de la pasada ACB, Marcelinho Huertas, para suplir a un Ricky Rubio a la baja, ha reclutado a un alero excepcional como Chuck Eidson, que tendrá que pegarse por los minutos con el insaciable Pete Mickeal, cubre la marcha de Terence Morris con un CJ Wallace que aún debe crecer y ha recuperado a Rabaseda, una de las perlas de su cantera. En lo esencial ha cambiado lo justo. Sigue siendo un equipazo. Y aun así, con todas las reservas que obliga a mantener el hecho de que nos encontramos aún en los albores de la temporada, me asalta la impresión de que la distancia –sideral e imposible de mantener por otra parte– que lo separaba del resto de aristócratas del baloncesto ACB se ha recortado. Y esto tiene que ver, sobre todo, con los movimientos del resto, porque Chichi Creus ha hecho gala una vez más de su quirúrjico tino a la hora de fichar.

El Madrid ha vagado sin rumbo estos últimos años. Florentino Pérez quiso aplicar a la sección de baloncesto una fórmula similar a la que con tanto afán ha impuesto en el equipo de fútbol. Pero la contratación del laureado y ambicioso Ettore Messina resultó un fracaso. Buscó un Mourinho en la figura del preparador italiano y el tiro le salió por la culata. Si The Special One fue al menos capaz de obtener una Copa del Rey en su primer año como preparador merengue, Messina abandonó el club por la puerta de atrás, desesperado ante la cruda realidad. Ahora los rectores de la sección de baloncesto del equipo blanco han dado un giro de 180 grados. Se la han jugado. Han realizado una apuesta muy arriesgada al conceder los mandos al vitoriano Pablo Laso. Hablamos de un técnico inexperto y que va a tener que deshumanizarse hasta cierto punto para aguantar la brutal presión que supone sentarse en ese banquillo.

Dignidad en la derrota

Pese a todo, el resultado del primer duelo entre los equipos futboleros no ha supuesto una humillación para un Madrid que había salido escaldado en sus enfrentamientos recientes ante el combinado de Xavi Pascual. Aunque en un modo diferente al Baskonia, el Madrid se ha reinventado para buscar el éxito por otras vías. Es un equipo mucho más dinámico, con menos kilos y más talento. Y en sus virtudes arrastra todos sus defectos. La velocidad a la que transita por la cancha implica un baloncesto caótico que en los momentos calientes puede resultar pernicioso. Tiene Laso en sus manos un equipo joven, con dos bases poco disciplinados, más talentosos que tácticos, y de su capacidad para encauzar ese desparpajo pueden depender en gran medida las opciones de éxito de los blancos. La impresión que me dejó también la semifinal entre madrileños y catalanes es que los capitalinos van a echar en falta un pívot rocoso, intimidador, un jugador que ejerza las funciones que, por ejemplo, asumía el pasado año D'Or Fischer. El antiguo técnico del Lagun Aro cuenta con una batería de hombres altos espectacular. Velickovic, Tomic y Mirotic ofrecen múltiples alternativas y garantizan una elevada producción ofensiva. Pero los tres pueden sufrir cuando lleguen los duelos ante el Barça u otros equipos de la nobleza de la Euroliga. Felipe, por otra parte, ya da para lo que da. Y Begic, creo que no me equivoco, lleva camino de convertirse en un caso similar al de Van den Spiegel. Más allá de retratar el pasado año la ternura defensiva de Stanko Barac en los duelos de Euroliga, mucho tiene que crecer para ser el sostén en la pintura del conjunto blanco.

En el perímetro, huelga decirlo, el Madrid ha ganado mucho con la llegada de Carroll y Pocius. Sobre Rudy no quiero hablar demasiado. Más allá de lo que suceda el próximo verano, de si vuelve o no al Palacio de los Deportes, ahora mismo es un reclamo publicitario para Florentino, un problema muy engorroso para Laso y un obstáculo tremendo para la adquisición de galones por parte de los dos escoltas recién llegados. No voy a poner en tela de juicio la calidad del jugador balear ni la incidencia que podría llegar a tener su presencia en el juego del Madrid (que probablemente será menor de lo que se publicita). Pero la realidad es bien clara. Salvo que en las próximas horas se confirme la ruptura total de negociaciones y nos aproximemos a la suspensión total de la temporada de la NBA, Rudy va a lucir de blanco en el tramo más insustancial de la temporada. ¡Ojo!, lo mismo que Kevin Seraphin en el Baskonia. Laso no va a poder contar con él cuando se decidan los títulos, así que no le vino tan mal carecer de su presencia en la Supercopa de Bilbao. Si Florentino no extiende la chequera para cubrir su marcha a comienzos del próximo año, los que se ducharon en el vestuario del Madrid en Miribilla serán, así de claro, los que se jugarán los cuartos en la Copa del Rey.

Sólo una cosa más sobre el Madrid, al que ya digo que veo en mejor dirección que en años anteriores: si Carlos Suárez no da un paso al frente, todo el proyecto se derrumbará como un castillo de naipes. Y no me refiero a firmar valoraciones de más de veinte puntos contra los equipos que se juegan la permanencia, sino todo lo contrario. Barcelona y Caja Laboral tienen muy bien cubierto el puesto de tres, auténtica pesadilla del equipo blanco desde que irrumpió en la ACB Pete Mickeal.

Músculo y carácter azulgrana

El Baskonia también ha crecido. O más bien ha menguado para crecer. La enésima reconstrucción de la plantilla por parte de la directiva de Josean Querejeta ha dado como resultado un equipo tremendamente versátil, intenso y atractivo. A mi modo de ver, radicalmente opuesto a lo que había hace un año. Tengo preparado otro post para analizar exclusivamente al equipo vitoriano y los pasos adelante que ha dado para aproximarse al gran favorito. La sensación que arrojó, pese al desfallecimiento final, es que tiene espíritu para competir ante cualquier rival. Rebosa ese carácter que tanto se ha celebrado en Vitoria y que al mismo tiempo se echó dolorosamente en falta el pasado ejercicio. El bajón de juego registrado en los últimos minutos de la final, y si recordamos también de la semifinal, debe atribuirse más a las fechas que a cualquier otro factor. Con el grueso de los jugadores aterrizados en la capital alavesa apenas una semana antes del primer torneo oficial y los dos norteamericanos debutando en Miribilla, el rendimiento ofrecido por el equipo de Dusko Ivanovic, nunca mejor dicho, debe recibir una nota alta.

El montenegrino se encuentra más que satisfecho con la materia prima que le han concedido los rectores baskonistas. Hay mimbres para crear un equipo a su imagen y semejanza. Y ese estado de ánimo se palpa en las comparecencias ante los medios del técnico, siempre lacónico pero ahora de nuevo en la línea que se le conoció en sus épocas doradas al frente de la nave azulgrana. Ya digo que me extenderé mucho más en el siguiente post, pero básicamente da la impresión de que la apuesta por un equipo mucho más físico, que sin despreciar el talento ofrece un enorme margen de maniobra a Ivanovic, ha supuesto una plataforma de lanzamiento para la configuración de un plantel que puede aspirar a catar de nuevo títulos. El año pasado ni lo pareció en inicio ni, como se comprobó después, pudo hacerlo a la postre.

Aun así, Ivanovic también tiene mucho en lo que trabajar. Al igual que sucede con el Madrid, el Baskonia haría mal en fiar en exceso su juego al talento de un Kevin Seraphin que en apenas dos semanas ha dejado claro que lleva camino de convertirse en un jugador con un futuro realmente prometedor en la NBA. Como Rudy, está pero no estará. Así que el técnico balcánico va a tener que hilar fino y dosificar su protagonismo, en favor del resto de interiores y sobre todo de la adaptación de un Joey Dorsey al que en Bilbao se vio poco y bastante perdido todavía. Más allá de esto, sorprende esa reconversión de Nemanja Bjelica al puesto de cuatro, que en la práctica ha permitido que Mirza Teletovic se serene con ciertas dosis de banquillo que en el pasado mereció y no tuvo, y el paso adelante que han dado tanto Brad Oleson como Pau Ribas, dos jugadores a examen, ambos con un pie fuera del Buesa Arena durante el verano y que pelea ahora por ganarse minutos en una demarcación, la de escolta, superpoblada y pendiente del rendimiento del jugador llamado a marcar las diferencias.

De Reggie Williams poco se puede decir por el momento. Apenas había tenido tiempo de adaptarse y los escasos entrenamientos que realizó antes de la Supercopa no le permitieron familiarizarse como es debido con las reglas que rigen en este nuevo Baskonia. En el puesto de base, Dusko parece decidido a dosificar a Prigioni, y es una buena noticia, sobre todo porque va a obligar desde el arranque del curso a asumir mayor peso en el juego a un Heurtel que, pese a lo que he oído y leído, me gustó lo justo este pasado fin de semana. Su talento es innegable, pero aún le queda mucho que aprender, sobre todo en lo que tiene que ver con mover al equipo y mostrar los galones que exige el puesto de base. Pero todo esto y muchos otros detalles de la resaca del fin de semana los analizaremos más detenidamente mañana.