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1/6/13
Fracaso en el retrogusto
Aseguran los enólogos que uno de los factores más relevantes a la hora de valorar la calidad de un vino aparece a los pocos segundos de haber realizado la cata. Los sabores que perduran en el paladar, el poso que deja en las papilas gustativas el caldo, se conoce como retrogusto, y en muchos casos sirve para determinar si las esencias del vino se han estabilizado de forma adecuada. Un retrogusto prolongado y placentero suele ser signo de calidad, mientras que uno desagradable o desviado en matices puede arruinar por completo la degustación, por mucho que el caldo haya resultado de inicio delicioso en vista, olfato y boca.
La última temporada del Laboral Kutxa ha dejado un poso de amargura entre sus aficionados. A pesar de los altibajos que ha experimentado el equipo en uno de los cursos más decepcionantes y convulsos que se recuerdan, el bochornoso final que se escenificó el pasado martes en el Buesa Arena ha bastado para retratar la verdadera y escasa calidad del caldo de las viñas azulgranas. Son tres años ya sin títulos. Tres temporadas completas sin finales. Aunque lo peor es, de largo, la impresión de que el históricamente bravo equipo alavés se encuentra cada vez más distante de las gestas que lo hicieron grande.
Hubo más resignación que ira en las gradas del Buesa Arena cuando concluyó el tercer asalto de la serie ante el Gran Canaria. La reacción de los fieles resulta un indicador muy claro para establecer la nota que merece el equipo baskonista este curso. Ni la primera inspección ocular, una fase regular más solvente en cuanto a resultados que en imagen, ni su carácter sutil en nariz durante la Copa de Vitoria, donde como empieza a ser tradición quedó apeado en semifinales, han podido ocultar la realidad. Tampoco lo hicieron las sensaciones en boca, planas de inicio, potentes en evolución y agrias al final, que acumuló en la Euroliga. El retrogusto delató la cruda realidad de un equipo, o más bien de un puñado de jugadores, que jamás llegó a recuperar la capacidad de pelear por los títulos que buscaba la directiva.
De nuevo lejos de los títulos
El Baskonia ha vuelto a suspender. Y no tanto por los resultados (semifinalista copero, cuartofinalista en Euroliga y ACB), que no han sido tampoco pésimos, como por esa patente impotencia que remarca la brecha que lo separa de los equipos que se reparten los trofeos. Lo duro, y eso ha quedado reflejado en la actitud que ha adoptado el baskonismo tras el duro golpe ante el Herbalife, es que ese triste final representa con mayor fidelidad lo que ha sido este irregular Laboral Kutxa que los puntos álgidos que, por unos motivos más o menos accidentales, ha alcanzado durante el ejercicio.
Es muy probable, casi seguro, que las valoraciones se habrían suavizado notablemente de haber rematado el domingo su serie ante el conjunto insular. Si el equipo gasteiztarra hubiera logrado colarse en semifinales, independientemente del resultado que cosechara después ante el Barça, se habría dado por buena (siquiera sólo por clasificación) la campaña. Por eso es probable que este crudo desenlace haya resultado más beneficioso y menos engañoso.
Sin restar relevancia al atenuante que suponen la desventaja presupuestaria con la que Josean Querejeta y sus acólitos deben hacer frente a la confección de la plantilla, resulta difícil ocultar que el grado de acierto en los fichajes y en las tomas de decisiones en general ha descendido en estos últimos años. Y todo ello ha guiado al baskonismo hasta un punto en el que el nivel de exigencia también se ha rebajado, hasta el punto de que esa resignación que se apreció en el Buesa Arena, consecuencia no de una sino de tres campañas lejos de los títulos ha generado un clima de desánimo que la directiva, según ha prometido su máximo dirigente, combatirá el próximo ejercicio con una plantilla mucho más potente.
La presente ha sido una temporada marcada por la inestabilidad. En apenas ocho meses se han cambiado varios jugadores, el entrenador, el nombre del equipo y la indumentaria, pero se ha seguido sin encontrar la identidad perdida. El equipo se ha movido a ramalazos. Pero no se ha apreciado una dinámica que aportara cierta seguridad en sus posibilidades más allá de la que adoptó en las primeras semanas de Zan Tabak.
El estímulo de Tabak
La llegada del croata sirvió ante todo para resucitar a un equipo que vivía una situación dramática en la Euroliga. La afición habría acusado muy mal que el equipo cayera por segunda vez a las primeras de cambio en la máxima competición continental. Tabak rescató al equipo in extremis, con mucha fe y una pizca de suerte. El Baskonia se coló en la segunda fase continental pese a sumar 4 victorias en 10 partidos. En el Top 16, tras un buen inicio, hizo falta otro milagro. Y el cuadro azulgrana respondió, con 4 triunfos en los últimos 5 partidos. Sea como fuere, accedió a los cuartos de final, donde dio la cara ante el CSKA. Dar el máximo cuando todo parecía ya perdido no ha sido el principal problema de este plantel.
En la Copa del Rey el Laboral Kutxa se ajustó al guión. Teniendo en cuenta los precedentes de las competiciones domésticas de los últimos años, hizo lo que se esperaba. Nada menos, aunque tampoco nada más. Donde pinchó fue en la ACB, y al final. Tras una fase regular notable en resultados (25 victorias y 9 derrotas), aseguró la segunda plaza y la ventaja de campo en una hipotética semifinal ante el Barça. Pero entonces llegó el Gran Canaria y el equipo azulgrana caía por primera vez en una década a las primeras de cambio. La duda estriba en saber si el duelo ante el cuadro insular arruinó la nota final del curso o retrató la realidad. En cualquier caso, el retrogusto ha sembrado el descontento en los paladares de una afición que confía en que su presente cumpla la palabra dada.
30/5/13
El reto de recuperar la esencia perdida
Querejeta promete una profunda renovación para devolver la ilusión a la grada del Buesa / El desplome en cuartos ante el Gran Canaria supone el cénit de la espiral de pérdida de competitividad del cuadro azulgrana
Josean Querejeta afronta uno de los momentos más complejos de su mandato. El máximo dirigente del Baskonia es consciente del grado de desánimo que se ha instalado en las gradas del Buesa Arena tras la decepcionante eliminación liguera ante el Gran Canaria, que viene a representar la puntilla para un equipo que ha perdido nivel de competitividad estos últimos años.
“Es un absoluto fracaso. Todos hemos quedado en mal lugar. Tenemos que hacer lo posible para devolver la ilusión a nuestros aficionados”, manifestó Querejeta el martes, a los pocos minutos de concluir el tercer duelo de cuartos ante el combinado que dirige Pedro Martínez. En realidad, sus palabras no hacían más que refrendar la declaración de intenciones que había realizado unas semanas atrás, en la revista corporativa del club, en la que prometía que iba a diseñar “una de las mejores plantillas de la historia” de la entidad azulgrana para volver a pelear por los títulos.
Le hará falta. Jamás se había percibido tal grado de desunión entre plantilla y afición como se pudo ver en el coliseo de Zurbano durante el duelo que clausuraba un curso tan convulso como deprimente. Los más viejos del lugar no recuerdan un momento en la historia del Baskonia en la que la hinchada se mostrara menos apegada a los jugadores que defienden la camiseta azulgrana. Y es ahí donde reside el principal reto, que es a la vez problema, para Josean Querejeta. Debe recuperar la esencia para volver a enganchar a una afición que había llegado a asumir que el Laboral Kutxa se quedara por norma en la antesala del salón en el que se reparten los títulos pero que no puede soportar ni admitir que se le robe el derecho a sentirse orgullosa de su equipo.
Un equipo desdibujado y sin carácter
El carácter único al que tanto se ha hecho referencia se ha volatilizado y el plantel se ha desdibujado hasta límites insospechados, al tiempo que se ha vivido la peor racha de resultados de todos los tiempos. Sin embargo, no es ni siquiera el hecho de que el Baskonia no se haya presentado en una final en los tres últimos años lo que ha impulsado ese sentimiento de desapego que tanto inquieta a Querejeta, pues tiene que asegurar abonados para cuadrar las cuentas, sino la pérdida de hambre competitivo y orgullo que con el transcurso del tiempo ha experimentado el colectivo gasteiztarra.
Hace poco más de año se fraguó la primera catástrofe continental. Miribilla fue el escenario en el que el cuadro baskonista resultó por vez primera eliminado de la Euroliga a las primeras de cambio. Fue un primer aviso. Anteayer, tras nueve temporadas ininterrumpidas entre los cuatro mejores, también se quedó fuera de las semifinales de la ACB, además ante un rival menor, tanto en presupuesto como en potencial. Por el camino se había ido perdiendo esencia, ambición, competitividad. Se había instaurado la creencia de que bastaba con alcanzar las semifinales en ACB y Copa, algo en cierta medida lógico ante la brecha cada vez mayor en presupuesto con Real Madrid y Barcelona, pero el nivel de tolerancia tiene unos límites. Y la abulia con la que se ha manejado la plantilla, una plantilla además de mal confeccionada, mal remendada por el camino, ha acabado por colmar la paciencia de la hinchada.
Josean Querejeta habla de renovación, de limpia, cuando lo que en realidad exige el baskonismo es una revisión de los valores que rigen los designios de un equipo que desde el milagro del tercer título liguero. Más allá de nombres, se antoja necesario definir el perfil de jugador que se busca para regresar a esa esencia orgullosa y combativa que, por encima de éxitos o fracasos, logró que en la grada prestara con emoción un aliento que el martes sin duda faltó.
Hodge y Hamilton
En las oficinas del Buesa Arena hace tiempo que se trabaja en la confección de esa nueva e “ilusionante” plantilla. Y no sería de extrañar que en los próximos días se anunciara alguna incorporación que ayudara a paliar los ecos del descalabro liguero. Como ya avanzó este periódico, el acuerdo con Hodge se encontraba cerrado a falta de firma, aunque el jugador está en estos momentos inmerso en la final de la PKL polaca y quizá habría que esperar a que cogiera vacaciones. No sucede lo mismo con un Lamont Hamilton que el martes jugó en el Palau su último partido con la elástica del Bilbao Basket. Las negociaciones con el poste estadounidense están más que encauzadas.
Antes de las entradas, en todo caso, deberán llegar las salidas, renovaciones o ventas de los componentes de una plantilla que no ha dado la talla. Cook y Milko Bjelica acaban contrato y se marcharán. Nemanja tiene todas las papeletas para salir, bien rumbo a la NBA, bien rumbo a un grande europeo, aunque las apreturas económicas generalizadas dificultan esta segunda opción. La renovación de Nocioni llegará en breve, siempre que el argentino asuma la reducción salarial que le plantea el club. Y luego está el resto, sujeto al mercado y sus ofertas. Salvo en apariencia Pleiss, Causeur y Jelinek, con contratos largos, nadie tiene plaza fija. Ni siquiera Fernando San Emeterio, que como Lampe ocupa plaza de cupo y podría resultar atractivo para recaudar, al igual que un Heurtel que se ha revalorizado.
Josean Querejeta afronta uno de los momentos más complejos de su mandato. El máximo dirigente del Baskonia es consciente del grado de desánimo que se ha instalado en las gradas del Buesa Arena tras la decepcionante eliminación liguera ante el Gran Canaria, que viene a representar la puntilla para un equipo que ha perdido nivel de competitividad estos últimos años.
“Es un absoluto fracaso. Todos hemos quedado en mal lugar. Tenemos que hacer lo posible para devolver la ilusión a nuestros aficionados”, manifestó Querejeta el martes, a los pocos minutos de concluir el tercer duelo de cuartos ante el combinado que dirige Pedro Martínez. En realidad, sus palabras no hacían más que refrendar la declaración de intenciones que había realizado unas semanas atrás, en la revista corporativa del club, en la que prometía que iba a diseñar “una de las mejores plantillas de la historia” de la entidad azulgrana para volver a pelear por los títulos.
Le hará falta. Jamás se había percibido tal grado de desunión entre plantilla y afición como se pudo ver en el coliseo de Zurbano durante el duelo que clausuraba un curso tan convulso como deprimente. Los más viejos del lugar no recuerdan un momento en la historia del Baskonia en la que la hinchada se mostrara menos apegada a los jugadores que defienden la camiseta azulgrana. Y es ahí donde reside el principal reto, que es a la vez problema, para Josean Querejeta. Debe recuperar la esencia para volver a enganchar a una afición que había llegado a asumir que el Laboral Kutxa se quedara por norma en la antesala del salón en el que se reparten los títulos pero que no puede soportar ni admitir que se le robe el derecho a sentirse orgullosa de su equipo.
Un equipo desdibujado y sin carácter
El carácter único al que tanto se ha hecho referencia se ha volatilizado y el plantel se ha desdibujado hasta límites insospechados, al tiempo que se ha vivido la peor racha de resultados de todos los tiempos. Sin embargo, no es ni siquiera el hecho de que el Baskonia no se haya presentado en una final en los tres últimos años lo que ha impulsado ese sentimiento de desapego que tanto inquieta a Querejeta, pues tiene que asegurar abonados para cuadrar las cuentas, sino la pérdida de hambre competitivo y orgullo que con el transcurso del tiempo ha experimentado el colectivo gasteiztarra.
Hace poco más de año se fraguó la primera catástrofe continental. Miribilla fue el escenario en el que el cuadro baskonista resultó por vez primera eliminado de la Euroliga a las primeras de cambio. Fue un primer aviso. Anteayer, tras nueve temporadas ininterrumpidas entre los cuatro mejores, también se quedó fuera de las semifinales de la ACB, además ante un rival menor, tanto en presupuesto como en potencial. Por el camino se había ido perdiendo esencia, ambición, competitividad. Se había instaurado la creencia de que bastaba con alcanzar las semifinales en ACB y Copa, algo en cierta medida lógico ante la brecha cada vez mayor en presupuesto con Real Madrid y Barcelona, pero el nivel de tolerancia tiene unos límites. Y la abulia con la que se ha manejado la plantilla, una plantilla además de mal confeccionada, mal remendada por el camino, ha acabado por colmar la paciencia de la hinchada.
Josean Querejeta habla de renovación, de limpia, cuando lo que en realidad exige el baskonismo es una revisión de los valores que rigen los designios de un equipo que desde el milagro del tercer título liguero. Más allá de nombres, se antoja necesario definir el perfil de jugador que se busca para regresar a esa esencia orgullosa y combativa que, por encima de éxitos o fracasos, logró que en la grada prestara con emoción un aliento que el martes sin duda faltó.
Hodge y Hamilton
En las oficinas del Buesa Arena hace tiempo que se trabaja en la confección de esa nueva e “ilusionante” plantilla. Y no sería de extrañar que en los próximos días se anunciara alguna incorporación que ayudara a paliar los ecos del descalabro liguero. Como ya avanzó este periódico, el acuerdo con Hodge se encontraba cerrado a falta de firma, aunque el jugador está en estos momentos inmerso en la final de la PKL polaca y quizá habría que esperar a que cogiera vacaciones. No sucede lo mismo con un Lamont Hamilton que el martes jugó en el Palau su último partido con la elástica del Bilbao Basket. Las negociaciones con el poste estadounidense están más que encauzadas.
Antes de las entradas, en todo caso, deberán llegar las salidas, renovaciones o ventas de los componentes de una plantilla que no ha dado la talla. Cook y Milko Bjelica acaban contrato y se marcharán. Nemanja tiene todas las papeletas para salir, bien rumbo a la NBA, bien rumbo a un grande europeo, aunque las apreturas económicas generalizadas dificultan esta segunda opción. La renovación de Nocioni llegará en breve, siempre que el argentino asuma la reducción salarial que le plantea el club. Y luego está el resto, sujeto al mercado y sus ofertas. Salvo en apariencia Pleiss, Causeur y Jelinek, con contratos largos, nadie tiene plaza fija. Ni siquiera Fernando San Emeterio, que como Lampe ocupa plaza de cupo y podría resultar atractivo para recaudar, al igual que un Heurtel que se ha revalorizado.
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8/5/13
La peor pareja de baile
Nocioni ha barrido a casi todos sus pares de la Liga Endesa esta temporada / El Chapu, aún pendiente de una oferta para la renovación, se confirma como el ‘tres’ mejor valorado de la competición
Sucedió con Prigioni, a quien muchos daban por casi retirado cuando retornó a Vitoria y ahora pelea como titular por meter a los Knicks en la final de la Conferencia Este de la NBA, y ha vuelto a ocurrir con Nocioni. La historia se repite con apenas unos meses de distancia. Otro argentino, otro de los símbolos del eterno carácter del Baskonia, ha tenido que ganarse a pulso el respeto del universo baloncestístico del Viejo Continente. Tras haber aterrizado algo oxidado en el tramo final del pasado curso, el Chapu está firmando una esplendorosa campaña en la que se ha convertido en el principal sostén de un meritorio Laboral Kutxa y se ha confirmado, casi sin género de dudas, como el mejor alero de la Liga Endesa.
Los números confirman la enorme hegemonía que ha lucido a lo largo de los últimos meses un jugador que apenas encuentra oponentes a su medida. Hay muy pocos treses capaces de plantar cara a un veterano que está demostrando muchos más arrestos que jugadores a los que la prensa nacional regala mucho más los oídos. Si para algunos no bastan las sensaciones, que resultan aplastantes por mucho que se quiera criticar el exceso de ansiedad que por momentos ha perjudicado al santafesino, deberían bastar los números.
Nocioni, por valoración, es el mejor alero de la Liga Endesa. Sólo dos jugadores exteriores –dos escoltas como Vasileiadis y Llull– le superan por unas décimas, pero en el cuerpo a cuerpo no tiene rival. Y ya no es sólo por su talento y por su capacidad atlética, algo mermada con respecto al enorme proyecto de jugador que dejó Vitoria en verano de 2004, sino sobre todo por el insaciable apetito de gloria que a unos meses de cumplir 34 años le obliga a pelear por cada bola como si fuera un junior.
Víctima de las reticencias
El argentino, pese a todo, sigue generando determinadas reticencias, ya no tanto en Vitoria como en otras latitudes. A pesar de haber dado el salto a la NBA con tantos méritos contraídos como el que más en la ACB –fue MVP–, de haberlo ganado todo con su selección –pilar básico en la generación dorada de la albiceleste–, de haber disfrutado de una carrera en la competición estadounidense más productiva y profesional que la de otros que regresan con el cartel de estrellas, parece obligado a ganarse el respeto en cada partido. Pero no parece importarle. Más bien al contrario. Va impreso en su código genético.
Las estadísticas, aun con su frialdad, reflejan la excepcional temporada que está firmando un jugador que, pese a todo, todavía aguarda a que la directiva de Josean Querejeta ponga sobre la mesa una oferta en firme para la renovación. A pesar de que requiere de mucho más trabajo de fisioterapia y de calentamiento que sus compañeros antes de saltar a la cancha y de que podría asirse al absentismo selectivo que otros practican habitualmente, se ha rebelado contra las desconexiones que por momentos ha sufrido el cuadro baskonista a lo largo de una temporada demasiado convulsa. Más allá de ser el tres mejor valorado, Nocioni figura entre los diez máximos anotadores de la Liga Endesa (13,5 puntos por partido), es el octavo jugador que más faltas recibe por partido (3,84), aparece entre los lanzadores más certeros desde la línea de tiros libres (76,1%), es undécimo en rebotes defensivos (3,97) y ostenta, casi desde que arrancó el curso, el mejor porcentaje de triples de la competición con un soberbio 46,3%.
Letal en el cuerpo a cuerpo
En todo caso, no son sus números globales lo que más asusta, sino la estadística de sus duelos individuales. Ahí es donde queda retratado su carácter competitivo y, por inercia, su enorme superioridad ante el resto de jugadores que ocupan su demarcación en la competición doméstica. Salvando un par de excepciones –los aleros del Manresa y un Vidal inspiradísimo le superaron con claridad–, el único que siempre da la talla en sus enfrentamientos individuales es Alex Mumbrú. Quedó claro la pasada semana en Miribilla, donde ambos protagonizaron un toma y daca precioso. Desde fuera dio la impresión incluso de que disfrutaron.
La estadística global asusta. Contando los 32 partidos de fase regular y los dos de Copa del Rey que ha disputado este ejercicio el Baskonia, la valoración de Nocioni está por encima del doble de la conseguida por los aleros a los que se ha tenido que emparejar. Aunque pueda resultar una estadística en cierto modo engañosa para medir el desenlace de un duelo directo en un solo partido, el panorama global refleja que mientras sus pares apenas acumulan 6,09 puntos de valoración, Nocioni llega a los 14,2.
El Chapu ha sido capaz de borrar del mapa a Carlos Suárez, que sufrió tres canastas suyas en los tres primeros minutos de partido y no volvió a pisar el césped o Mickeal, MVP de la Copa a pesar de que en la semifinal Nocioni (17 de valoración) le dejó en negativo (-1). El argentino se ha mostrado además como el último reducto de esperanza en los partidos en los que el Baskonia ha hincado la rodilla. Quitando la debacle del Carpena, donde se hundió hasta el -9, en el resto peleó, a veces incluso en solitario, para evitar lo inevitable.
Nocioni sigue siendo una mala pareja de baile. La afición azulgrana confía en que los acordes de su tango sigan sonando el próximo año en el Buesa. Es una cuestión de dinero. Un tira y afloja en el que ambas partes, deseosas de renovar, están condenadas a entenderse.
ACB
Jornada 1 CAI
Rudez (1) / Nocioni (22)
Jornada 2 Cajasol
Holland (3) / Nocioni (20)
Jornada 3 Gran Canaria
Newley (5) / Nocioni (24)
Jornada 4 Joventut
Tomàs (3) / Nocioni (4)
Jornada 6 Barcelona
Ingles (2) / Nocioni (1)
Jornada 7 Valencia
Pietrus (-3) / Nocioni (26)
Jornada 8 Blusens
Dewar (2) / Nocioni (21)
Jornada 9 Unicaja
Simon (14) / Nocioni (8)
Jornada 10 Lagun Aro
Papamakarios (-2) / Nocioni (25)
Jornada 11 Murcia
Gatens (6) / Nocioni (16)
Jornada 12 Bilbao Basket
Mumbrú (15) / Nocioni (16)
Jornada 13 Valladolid
O’Leary (5) / Nocioni (11)
Jornada 14 CB Canarias
Rost (6) / Nocioni (8)
Jornada 15 Fuenlabrada
Vega (-3) / Nocioni (15)
Jornada 16 Estudiantes
Kirksay (11) / Nocioni (-3)
Jornada 17 Manresa
Hanga (18) / Nocioni (5)
Jornada 18 CAI
Rudez (9) / Nocioni (10)
Jornada 19 Cajasol
Holland (6) / Nocioni (22)
Jornada 20 Valencia
Pietrus (1) / Nocioni (28)
Jornada 21 Blusens
Corbacho (8) / Nocioni (6)
Jornada 22 Gran Canaria
Newley (7) / Nocioni (26)
Jornada 23 Barcelona
Mickeal (10) / Nocioni (9)
Jornada 24 Real Madrid
Suárez (-1) / Nocioni (16)
Jornada 25 Joventut
Tomàs (10) / Nocioni (11)
Jornada 26 Lagun Aro
Papamakarios (-7) / Nocioni (18)
Jornada 27 Unicaja
Vidal (33) / Nocioni (-9)
Jornada 28 Valladolid
Grimau (7) / Nocioni (10)
Jornada 29 Bilbao Basket
Mumbrú (11) / Nocioni (16)
Jornada 30 Manresa
Arco (20) / Nocioni (1)
Jornada 31 Fuenlabrada
Vega (-1) / Nocioni (20)
Jornada 32 Murcia
Jasen (-3) / Nocioni (29)
COPA DEL REY
Cuartos de final CAI
Rudez (1) / Nocioni (20)
Semifinales Barcelona
Mickeal (-1) / Nocioni (17)
VALORACION GLOBAL DE SUS PARES: 6,09
VALORACIÓN GLOBAL DE NOCIONI: 14,02
Sucedió con Prigioni, a quien muchos daban por casi retirado cuando retornó a Vitoria y ahora pelea como titular por meter a los Knicks en la final de la Conferencia Este de la NBA, y ha vuelto a ocurrir con Nocioni. La historia se repite con apenas unos meses de distancia. Otro argentino, otro de los símbolos del eterno carácter del Baskonia, ha tenido que ganarse a pulso el respeto del universo baloncestístico del Viejo Continente. Tras haber aterrizado algo oxidado en el tramo final del pasado curso, el Chapu está firmando una esplendorosa campaña en la que se ha convertido en el principal sostén de un meritorio Laboral Kutxa y se ha confirmado, casi sin género de dudas, como el mejor alero de la Liga Endesa.
Los números confirman la enorme hegemonía que ha lucido a lo largo de los últimos meses un jugador que apenas encuentra oponentes a su medida. Hay muy pocos treses capaces de plantar cara a un veterano que está demostrando muchos más arrestos que jugadores a los que la prensa nacional regala mucho más los oídos. Si para algunos no bastan las sensaciones, que resultan aplastantes por mucho que se quiera criticar el exceso de ansiedad que por momentos ha perjudicado al santafesino, deberían bastar los números.
Nocioni, por valoración, es el mejor alero de la Liga Endesa. Sólo dos jugadores exteriores –dos escoltas como Vasileiadis y Llull– le superan por unas décimas, pero en el cuerpo a cuerpo no tiene rival. Y ya no es sólo por su talento y por su capacidad atlética, algo mermada con respecto al enorme proyecto de jugador que dejó Vitoria en verano de 2004, sino sobre todo por el insaciable apetito de gloria que a unos meses de cumplir 34 años le obliga a pelear por cada bola como si fuera un junior.
Víctima de las reticencias
El argentino, pese a todo, sigue generando determinadas reticencias, ya no tanto en Vitoria como en otras latitudes. A pesar de haber dado el salto a la NBA con tantos méritos contraídos como el que más en la ACB –fue MVP–, de haberlo ganado todo con su selección –pilar básico en la generación dorada de la albiceleste–, de haber disfrutado de una carrera en la competición estadounidense más productiva y profesional que la de otros que regresan con el cartel de estrellas, parece obligado a ganarse el respeto en cada partido. Pero no parece importarle. Más bien al contrario. Va impreso en su código genético.
Las estadísticas, aun con su frialdad, reflejan la excepcional temporada que está firmando un jugador que, pese a todo, todavía aguarda a que la directiva de Josean Querejeta ponga sobre la mesa una oferta en firme para la renovación. A pesar de que requiere de mucho más trabajo de fisioterapia y de calentamiento que sus compañeros antes de saltar a la cancha y de que podría asirse al absentismo selectivo que otros practican habitualmente, se ha rebelado contra las desconexiones que por momentos ha sufrido el cuadro baskonista a lo largo de una temporada demasiado convulsa. Más allá de ser el tres mejor valorado, Nocioni figura entre los diez máximos anotadores de la Liga Endesa (13,5 puntos por partido), es el octavo jugador que más faltas recibe por partido (3,84), aparece entre los lanzadores más certeros desde la línea de tiros libres (76,1%), es undécimo en rebotes defensivos (3,97) y ostenta, casi desde que arrancó el curso, el mejor porcentaje de triples de la competición con un soberbio 46,3%.
Letal en el cuerpo a cuerpo
En todo caso, no son sus números globales lo que más asusta, sino la estadística de sus duelos individuales. Ahí es donde queda retratado su carácter competitivo y, por inercia, su enorme superioridad ante el resto de jugadores que ocupan su demarcación en la competición doméstica. Salvando un par de excepciones –los aleros del Manresa y un Vidal inspiradísimo le superaron con claridad–, el único que siempre da la talla en sus enfrentamientos individuales es Alex Mumbrú. Quedó claro la pasada semana en Miribilla, donde ambos protagonizaron un toma y daca precioso. Desde fuera dio la impresión incluso de que disfrutaron.
La estadística global asusta. Contando los 32 partidos de fase regular y los dos de Copa del Rey que ha disputado este ejercicio el Baskonia, la valoración de Nocioni está por encima del doble de la conseguida por los aleros a los que se ha tenido que emparejar. Aunque pueda resultar una estadística en cierto modo engañosa para medir el desenlace de un duelo directo en un solo partido, el panorama global refleja que mientras sus pares apenas acumulan 6,09 puntos de valoración, Nocioni llega a los 14,2.
El Chapu ha sido capaz de borrar del mapa a Carlos Suárez, que sufrió tres canastas suyas en los tres primeros minutos de partido y no volvió a pisar el césped o Mickeal, MVP de la Copa a pesar de que en la semifinal Nocioni (17 de valoración) le dejó en negativo (-1). El argentino se ha mostrado además como el último reducto de esperanza en los partidos en los que el Baskonia ha hincado la rodilla. Quitando la debacle del Carpena, donde se hundió hasta el -9, en el resto peleó, a veces incluso en solitario, para evitar lo inevitable.
Nocioni sigue siendo una mala pareja de baile. La afición azulgrana confía en que los acordes de su tango sigan sonando el próximo año en el Buesa. Es una cuestión de dinero. Un tira y afloja en el que ambas partes, deseosas de renovar, están condenadas a entenderse.
ACB
Jornada 1 CAI
Rudez (1) / Nocioni (22)
Jornada 2 Cajasol
Holland (3) / Nocioni (20)
Jornada 3 Gran Canaria
Newley (5) / Nocioni (24)
Jornada 4 Joventut
Tomàs (3) / Nocioni (4)
Jornada 6 Barcelona
Ingles (2) / Nocioni (1)
Jornada 7 Valencia
Pietrus (-3) / Nocioni (26)
Jornada 8 Blusens
Dewar (2) / Nocioni (21)
Jornada 9 Unicaja
Simon (14) / Nocioni (8)
Jornada 10 Lagun Aro
Papamakarios (-2) / Nocioni (25)
Jornada 11 Murcia
Gatens (6) / Nocioni (16)
Jornada 12 Bilbao Basket
Mumbrú (15) / Nocioni (16)
Jornada 13 Valladolid
O’Leary (5) / Nocioni (11)
Jornada 14 CB Canarias
Rost (6) / Nocioni (8)
Jornada 15 Fuenlabrada
Vega (-3) / Nocioni (15)
Jornada 16 Estudiantes
Kirksay (11) / Nocioni (-3)
Jornada 17 Manresa
Hanga (18) / Nocioni (5)
Jornada 18 CAI
Rudez (9) / Nocioni (10)
Jornada 19 Cajasol
Holland (6) / Nocioni (22)
Jornada 20 Valencia
Pietrus (1) / Nocioni (28)
Jornada 21 Blusens
Corbacho (8) / Nocioni (6)
Jornada 22 Gran Canaria
Newley (7) / Nocioni (26)
Jornada 23 Barcelona
Mickeal (10) / Nocioni (9)
Jornada 24 Real Madrid
Suárez (-1) / Nocioni (16)
Jornada 25 Joventut
Tomàs (10) / Nocioni (11)
Jornada 26 Lagun Aro
Papamakarios (-7) / Nocioni (18)
Jornada 27 Unicaja
Vidal (33) / Nocioni (-9)
Jornada 28 Valladolid
Grimau (7) / Nocioni (10)
Jornada 29 Bilbao Basket
Mumbrú (11) / Nocioni (16)
Jornada 30 Manresa
Arco (20) / Nocioni (1)
Jornada 31 Fuenlabrada
Vega (-1) / Nocioni (20)
Jornada 32 Murcia
Jasen (-3) / Nocioni (29)
COPA DEL REY
Cuartos de final CAI
Rudez (1) / Nocioni (20)
Semifinales Barcelona
Mickeal (-1) / Nocioni (17)
VALORACION GLOBAL DE SUS PARES: 6,09
VALORACIÓN GLOBAL DE NOCIONI: 14,02
29/4/13
El pirómano apagafuegos
ZAN TABAK DA CON EL ROL IDÓNEO PARA UN THOMAS HEURTEL QUE SE MANEJA COMO PEZ EL AGUA EN LA URGENCIA Y LA ANARQUÍA
A lo largo del presente curso, uno de los más convulsos que se recuerdan en la historia reciente del Baskonia, la posición de base ha sido de largo la que mayores quebraderos de cabeza ha regalado a directiva y técnicos. Hasta cinco timoneles distintos se han enfundado la elástica azulgrana desde el pasado verano sin que ninguno de ellos haya logrado siquiera hacer olvidar la dolorosa marcha de un Pablo Prigioni que el pasado curso gobernó con mano firme la nave baskonista. Taylor Rochestie, Carlos Cabezas, Omar Cook, Thomas Heurtel y Devon Van Oostrum han sido los jugadores con los que tanto Zan Tabak como Dusko Ivanovic han contado para ocupar una demarcación clave, pero no ha sido hasta estos días, cuando se alcanza el tramo final de la competición, cuando el preparador croata parece haber hallado la fórmula que mejor combina las características de sus bases.
Cook, cerebral y sobrio, se ha asentado como titular. Heurtel, anárquico, alocado, a veces temerario, ocupa al fin un papel que parece diseñado a su medida. El pirómano ha encontrado su sitio y ha brillado en un papel de apagafuegos que cumple a la perfección.
Tabak ha conseguido que poco a poco encajen todas las piezas del puzle. El equipo, de una manera casi imperceptible, se ha ensamblado para alcanzar el play off, en el que peleará por el único título al que aún puede aspirar, en un estado de forma ilusionante. Y Heurtel, como quedó claro el sábado en Fuenlabrada, como se vio en el cuarto partido de la serie ante el CSKA, parece asumir con gusto y demencial deleite el rol que le se le asigna en este nuevo reparto.
Amado u odiado
Heurtel tiene detractores y defensores a puñados. Desde que aterrizó en Vitoria, por su forma de entender el juego, por su aparente indisciplina táctica y los riesgos que corre en la gestión de las posesiones, apenas ha dejado a nadie indiferente. O se le quiere o se le detesta. Es capaz de levantar en una misma jugada a unos y otros de sus asientos. No son pocas las veces en las que uno arranca una protesta ante alguna de sus decisiones que acaba ahogada ante el acierto. Pero nadie puede negar que su esencia se ajusta como anillo al dedo al papel de kamikaze que se le ha encomendado en estas últimas semanas.
En Fuenlabrada, sin ir más lejos, el Laboral Kutxa no habría sumado la victoria si Tabak hubiese apostado por mantener sobre el parqué a un Omar Cook que cuajó, no obstante, una actuación más que aseada. El equipo requería de otra velocidad, necesitaba soltarse los corsés para cambiar la dinámica del choque y Heurtel, en eso, no tiene rival. Al igual que sucedió en el último duelo frente al CSKA, el timonel galo cuajó un último cuarto descomunal, al alcance de muy pocos jugadores. Y ante todo evidenció que se siente en su salsa cuando lo único que se le exige es que salga a divertirse. Entonces se olvidan sus frustrantes pérdidas, su caótica dirección, sus aparentes instantes de desconexión y sus discutibles decisiones. Y aparecen las asistencias y las jugadas imposibles.
Cuartos para enmarcar
Los dos últimos cuartos que ha protagonizado en esos partidos Heurtel han sido para enmarcar. Ante los rusos, aunque no sirvió a la postre de nada tras el lacerante arbitraje que condenó de manera definitiva las opciones de supervivencia baskonistas, firmó 17 puntos en esos diez minutos finales. En Fuenlabrada no llegó tan lejos, pero sí lo suficiente como para acabar con la brava resistencia del equipo madrileño. Heurtel anotó 13 puntos, repartió varias asistencias, ganó el partido y refrendó la impresión de que su papel debe ser precisamente ese, el de desatascador.
Queda por ver hasta dónde llega en la ACB este Laboral Kutxa con los bases de los que dispone. Será fundamental que Tabak consiga sacar el máximo jugo de Cook, pues parece destinado a asumir el peso principal de la dirección, pero al menos el croata ya sabe cómo puede hacer que Heurtel rinda. El francés se maneja mejor en un estado salvaje que sometido a las normas de la disciplina. Quedó claro en el Fernando Martín. En el segundo acto del encuentro, el propio Tabak tuvo que retirarlo a los pocos minutos de haberle dado entrada porque no dio una. Pero al final, cuando requirió de un valiente que saliera a la desesperada, el francés dio un paso al frente para sumar un triunfo valioso, por las dificultades que planteó el rival, y dejar claro cuál debe ser su papel en este equipo.
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25/3/13
Fiabilidad alemana
Los anuncios de automóviles, sector que padece con crudeza la crisis, se esmeran en estos tiempos oscuros en destacar la fabricación nacional como reclamo. Ahora se concibe como un valor añadido el hecho de que el vehículo de turno se haya fabricado en España, como recordatorio de que sus factorías, tal y como sucede en Vitoria, sostienen en cierto modo la economía de muchas capitales de provincia. No siempre fue así. Más bien al contrario. Durante muchos años lo que vestía era el diseño, la sobriedad y sobre todo la fiabilidad alemana de los coches. Siempre se ha concedido unos valores de seriedad y rigor a todo lo procedente del país germano. Tibor Pleiss parece empeñado en ratificar esta impresión.
El poste teutón se está confirmando como una garantía en estas últimas semanas. A las dudas que genera la actitud colectiva de este Caja Laboral bipolar, Pleiss responde con un rigor y una máxima concentración que Tabak agradece y premia. Tras haber permanecido en un discreto segundo plano durante buena parte de la temporada, ha relevado a Lampe en el quinteto titular en varios partidos y ha evidenciado que es el único interior del plantel azulgrana con verdadera capacidad de intimidación y dotes defensivas. Más allá de lo que puede aportar en ataque, gracias en gran medida a su providencial habilidad para tiranizar el rebote ofensivo, su presencia en la pintura garantiza el calvario para los valientes que se aventuran a buscar el aro.
El pasado sábado, en el derbi frente al Lagun Aro, Pleiss firmó su primer doble-doble con la elástica baskonista. En realidad no hizo más que refrendar las buenas sensaciones que estaba enviando en los últimos partidos, incluso en algunos de los que el equipo vitoriano ha estado lejos de dar la talla. En todo caso, su incidencia en el juego del equipo no suele quedar reflejada en la planilla de la estadística. Pleiss es más que números, es el boceto de lo que sin duda alguna va a ser un pívot espectacular al que a buen seguro le aguarda una carrera más que prometedora al otro lado del Atlántico.
Futuro NBA
El pasado verano ya tuvo la ocasión de probar suerte en la NBA. Los Thunder de Oklahoma City, el equipo que posee sus derechos, le trasladaron la posibilidad de sumarse al plantel con el que disputaría las competiciones estivales en las que muchos jugadores acaban ganándose un contrato. A pesar de su extrema juventud (cumplió 23 años en noviembre), Pleiss demostró la sorprendente madurez con la que se maneja fuera de la pista. "Me gustaría jugar en la NBA, es mi sueño, pero creo que la mejor opción para crecer como jugador era venir aquí", manifestó en declaraciones a Diario de Noticias de Álava una semana antes de arrancar la ACB. El poste germano, con contrato hasta junio de 2016, tenía muy presente el trampolín que el Baskonia ha representado para otros muchos grandes jugadores del baloncesto europeo que a la larga se han hecho importantes en la NBA. No tenía prisa y consideraba que Dusko Ivanovic podía ejercer el mismo influjo en él.
La salida del montenegrino no supuso un revés importante para sus planes. Su sustituto, un antiguo pívot con una excelente trayectoria profesional como Zan Tabak, mostró desde su llegada un especial interés en mejorar el juego interior del equipo. El preparador croata insistió desde el primer día en la necesidad de trabajar la pelea por el rebote, hasta ese momento punto débil de un equipo carente de músculo y agresividad en la pintura, y Pleiss supo recoger el guante. La anormal configuración del equipo lo ha convertido en una pieza muy importante, sobre todo desde el punto de vista de los intangibles. En una batería de pívots donde hay mucho talento pero escaso trabajo, su presencia en cancha resulta de un valor incalculable. No sólo por lo que hace, sino también por lo que supone para sus compañeros.
Zan Tabak carece de tipos duros. Lampe y los Bjelica son jugadores de gran calidad, pero hay mucho bailarín para poca pista. Milko, renovado contra pronóstico el pasado verano, se queda a medio camino. A pesar de que en los últimos partidos está exhibiendo un gran estado de forma, sobre todo desde el punto de vista físico, no representa el perfil de jugador que tanto Lampe como Nemanja necesitarían a su lado para brillar. Pleiss sí dispone de esas cualidades. Exige pocos balones, aunque su juego en el uno contra uno es más que aceptable, y aporta muchas segundas opciones con sus rebotes ofensivos y más aún en defensa con su capacidad intimidadora.
Equilibrio muscular
Su crecimiento en los últimos compromisos del conjunto azulgrana representa una excepcional noticia de cara a afrontar la fase decisiva de la competición. Ante el evidente desequilibrio estructural del juego interior, el germano puede llegar a convertirse en el currela que tanto se echaba en falta. Queda por ver si Tabak, como sí hizo en ocasiones puntuales Ivanovic, se anima en algún momento a permitir que comparta pista con Lampe, el jugador que más agradecería de su compañía sobre el parqué. El técnico montenegrino utilizó esta fórmula para castigar al Real Madrid de Pablo Laso en el duelo liguero que se disputó en la quinta jornada en el Palacio de los Deportes. Lampe asumió el puesto de cuatro, con Pleiss de cinco y Nemanja de tres. El alemán, recién salido de su mononucleosis, hizo su papel. El resultado fueron los 22 puntos del polaco y los 25 del combo serbio en un duelo que se decidió en la prórroga y en el que el Baskonia tuvo un último tiro para ganar.
Pura fiabilidad alemana. Pleiss es lo que se ve y lo que no se ve. Y será aún más, porque todavía le resta mucho camino por recorrer. Es muy joven, debe ganarse el respeto de los árbitros, que le castigan en exceso en los contactos, y tiene que mejorar en muchos apartados. Pero tiene cabeza, disposición y talento para lograrlo. A pesar de su bisoñez, por su papel en este equipo, puede llegar a convertirse en un arma determinante ahora que llega el momento de decidir si este curso se resuelve como un éxito o como un fracaso en el intento del Baskonia de volver a pelear por los títulos.
4/12/12
Orgullo de otra época
El corazón de Nocioni bombea sangre a un Caja Laboral adormilado que no mereció la victoria en un intenso derbi
Andrés Nocioni es pasado, presente y quiere ser futuro de un Caja Laboral en el que aporta el carácter que sólo los jugadores que han sentido orgullo al enfundarse la camiseta azulgrana pueden destilar. Y justo en el partido que culminaba una semana en la que habían surgido rumores en torno a la posibilidad de que el club pudiera usarlo como moneda de cambio para obtener liquidez, respondió sobre el parqué, que es donde mejor se expresa, con una proclama de baskonismo eterno.
Para el Chapu no existen encuentros amistosos, ni intrascendentes. Ni siquiera compromisos de trámite como parecía que algunos de sus compañeros se tomaron el derbi ante un Lagun Aro que llegaba hecho unos zorros y que sin embargo acabó saliendo de la cancha con la sensación de que había contraído méritos suficiente como para haberse apropiado de la victoria. Si no lo hizo fue precisamente por la irrupción de un Nocioni mayúsculo, que se echó al equipo a las espaldas y demostró que, hoy por hoy, sigue siendo uno de los jugadores más desequilibrantes de la ACB.
No es en citas como la de ayer donde el Caja Laboral tiene que ofrecer su verdadero potencial, pero al menos se le debe exigir cierta vergüenza torera y convicción para sacar adelante partidos que a la larga pueden resultar importantes de cara a tomar posiciones a final de curso. Como después reconoció Zan Tabak en la sala de prensa, da la impresión de que no todos los jugadores están preparados anímicamente para afrontar dos duelos de máxima exigencia cada semana. Ayer, en el San Sebastián Arena, varios de sus pupilos se presentaron con legañas, a verlas venir, y concedieron vida y esperanzas a un rival al que en otro tiempo y con otra mentalidad podrían haber ajusticiado por la vía rápida.
El combinado dirigido por Sito Alonso, que sólo ha sumado una victoria en las primeras diez jornadas de campeonato, temblaba como un flan ante la entidad de un Caja Laboral que parecía dispuesto a resolver sin dilación el partido. Un parcial de entrada demoledor para los intereses del cuadro guipuzcoano (1-11) invitaba a presagiar otro desenlace para un envite que se fue ajustando conforme la diferencia de actitud y hambre de unos y otros fue quedando reflejada en el electrónico. Tras prescindir Sito Alonso de Qyntel Woods, que parecía llamado a erigirse en la estrella del equipo pero en las últimas semanas se ha convertido más en un bulto sospechoso que en nada recuerda al jugador que fue, la intensidad con la que se desempeñaba el Lagun Aro permitió que el duelo no quedara roto en un primer acto pésimo en cuanto a calidad y espectáculo.
Todo cambió, sin embargo, a partir del segundo. Fue ahí cuando irrumpieron en escena los dos grandes protagonistas del encuentro. Por un lado, un Javi Salgado que se encargó de retratar las ya evidentes carencias del cuadro azulgrana en el puesto de base. Y por el otro, el Chapu, que parecía resistirse a que el equipo local se creciera hasta creer que podía llevarse la victoria. Al final, se encontró por momentos tan solo que no le resultó posible. De hecho, tras un segundo cuarto más generoso en cuanto a anotación, el cuadro donostiarra logró imponer su mayor ambición para encarar los últimos diez minutos con ventaja en el marcador.
Tabak, una vez más, demostró su pragmatismo. Se olvidó de las rotaciones y confió la suerte del equipo a los jugadores que habían demostrado más voluntad. Y a la cabeza de todos ellos, claro está, se encontraba Nocioni. Carlos Cabezas pudo atar más en corto a Javi Salgado, que se había divertido a costa de Rochestie y Heurtel, y el conjunto baskonista se puso las pilas para pelear por un triunfo que aun así peligró hasta el final.
Muy sólido en la pelea por el rebote, sobre todo gracias a los 14 que capturó el Chapu, el Caja Laboral gozó de segundas opciones para enmendar los numerosos errores en el lanzamiento exterior que desesperaron a su entrenador. Fue precisamente por ahí por donde llegó el remate definitivo de la victoria. Nemanja palmeó un balón que suponía el 69-71 definitivo, aunque aún tendrían los locales una última oportunidad que les habría reportado una victoria antidepresiva. Pero no la aprovecharon. Cuando todo el mundo, incluida la defensa del Baskonia, pensaba que el balón iría a un Salgado ayer tocado por los dioses del baloncesto –acabó con 27 puntos, 7 triples y 32 de valoración–, quien recibió fue Ibekwe. Su tiro, como el de Basile el viernes, voló sin encontrar la canasta. Y el Baskonia sumó una victoria que en algunos no quisieron y la mayoría no merecieron. Aunque este no es por supuesto el caso de Nocioni.
Lagun Aro: Neto, Papamakarios, Taylor (5), Woods (4), Doblas (4) -cinco inicial-, Kuksiks (2), Ibekwe (16), Salgado (27), Díez (3), Rubio (8), Olaizola y Motos.
Caja Laboral: Oleson (10), Lampe (4), Heurtel (5), Milko Bjelica (7), Nocioni (21) -cinco inicial-, Rochestie (2), Cabezas, San Emeterio, Pleiss (6), Calbarro, Causeur (9) y Nemanja Bjelica (7).
Árbitros: Pérez Pérez, Araña y Rial.
Parciales: 10-15; 36-37; 60-57; 69-71.
Andrés Nocioni es pasado, presente y quiere ser futuro de un Caja Laboral en el que aporta el carácter que sólo los jugadores que han sentido orgullo al enfundarse la camiseta azulgrana pueden destilar. Y justo en el partido que culminaba una semana en la que habían surgido rumores en torno a la posibilidad de que el club pudiera usarlo como moneda de cambio para obtener liquidez, respondió sobre el parqué, que es donde mejor se expresa, con una proclama de baskonismo eterno.
Para el Chapu no existen encuentros amistosos, ni intrascendentes. Ni siquiera compromisos de trámite como parecía que algunos de sus compañeros se tomaron el derbi ante un Lagun Aro que llegaba hecho unos zorros y que sin embargo acabó saliendo de la cancha con la sensación de que había contraído méritos suficiente como para haberse apropiado de la victoria. Si no lo hizo fue precisamente por la irrupción de un Nocioni mayúsculo, que se echó al equipo a las espaldas y demostró que, hoy por hoy, sigue siendo uno de los jugadores más desequilibrantes de la ACB.
No es en citas como la de ayer donde el Caja Laboral tiene que ofrecer su verdadero potencial, pero al menos se le debe exigir cierta vergüenza torera y convicción para sacar adelante partidos que a la larga pueden resultar importantes de cara a tomar posiciones a final de curso. Como después reconoció Zan Tabak en la sala de prensa, da la impresión de que no todos los jugadores están preparados anímicamente para afrontar dos duelos de máxima exigencia cada semana. Ayer, en el San Sebastián Arena, varios de sus pupilos se presentaron con legañas, a verlas venir, y concedieron vida y esperanzas a un rival al que en otro tiempo y con otra mentalidad podrían haber ajusticiado por la vía rápida.
El combinado dirigido por Sito Alonso, que sólo ha sumado una victoria en las primeras diez jornadas de campeonato, temblaba como un flan ante la entidad de un Caja Laboral que parecía dispuesto a resolver sin dilación el partido. Un parcial de entrada demoledor para los intereses del cuadro guipuzcoano (1-11) invitaba a presagiar otro desenlace para un envite que se fue ajustando conforme la diferencia de actitud y hambre de unos y otros fue quedando reflejada en el electrónico. Tras prescindir Sito Alonso de Qyntel Woods, que parecía llamado a erigirse en la estrella del equipo pero en las últimas semanas se ha convertido más en un bulto sospechoso que en nada recuerda al jugador que fue, la intensidad con la que se desempeñaba el Lagun Aro permitió que el duelo no quedara roto en un primer acto pésimo en cuanto a calidad y espectáculo.
Todo cambió, sin embargo, a partir del segundo. Fue ahí cuando irrumpieron en escena los dos grandes protagonistas del encuentro. Por un lado, un Javi Salgado que se encargó de retratar las ya evidentes carencias del cuadro azulgrana en el puesto de base. Y por el otro, el Chapu, que parecía resistirse a que el equipo local se creciera hasta creer que podía llevarse la victoria. Al final, se encontró por momentos tan solo que no le resultó posible. De hecho, tras un segundo cuarto más generoso en cuanto a anotación, el cuadro donostiarra logró imponer su mayor ambición para encarar los últimos diez minutos con ventaja en el marcador.
Tabak, una vez más, demostró su pragmatismo. Se olvidó de las rotaciones y confió la suerte del equipo a los jugadores que habían demostrado más voluntad. Y a la cabeza de todos ellos, claro está, se encontraba Nocioni. Carlos Cabezas pudo atar más en corto a Javi Salgado, que se había divertido a costa de Rochestie y Heurtel, y el conjunto baskonista se puso las pilas para pelear por un triunfo que aun así peligró hasta el final.
Muy sólido en la pelea por el rebote, sobre todo gracias a los 14 que capturó el Chapu, el Caja Laboral gozó de segundas opciones para enmendar los numerosos errores en el lanzamiento exterior que desesperaron a su entrenador. Fue precisamente por ahí por donde llegó el remate definitivo de la victoria. Nemanja palmeó un balón que suponía el 69-71 definitivo, aunque aún tendrían los locales una última oportunidad que les habría reportado una victoria antidepresiva. Pero no la aprovecharon. Cuando todo el mundo, incluida la defensa del Baskonia, pensaba que el balón iría a un Salgado ayer tocado por los dioses del baloncesto –acabó con 27 puntos, 7 triples y 32 de valoración–, quien recibió fue Ibekwe. Su tiro, como el de Basile el viernes, voló sin encontrar la canasta. Y el Baskonia sumó una victoria que en algunos no quisieron y la mayoría no merecieron. Aunque este no es por supuesto el caso de Nocioni.
Domingo, 2 de diciembre de 2012
69-71
Caja Laboral: Oleson (10), Lampe (4), Heurtel (5), Milko Bjelica (7), Nocioni (21) -cinco inicial-, Rochestie (2), Cabezas, San Emeterio, Pleiss (6), Calbarro, Causeur (9) y Nemanja Bjelica (7).
Árbitros: Pérez Pérez, Araña y Rial.
Parciales: 10-15; 36-37; 60-57; 69-71.
Pabellón: 6.400 aficionados en el San Sebastián Arena 2016.
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20/11/12
El día que murió Miliki
El día que murió Miliki no fue un día más. No porque muriera Miliki, que también, sino porque el baskonismo se quedó huérfano. Para bien o para mal, Dusko Ivanovic dirigió ante el Obradoiro su último partido como entrenador del Caja Laboral. El técnico más laureado de la historia del club abandonó la escena con una vulgaridad impropia para alguien que ha hecho tanto como el que más por situar al equipo de una capital de provincias en la aristocracia del baloncesto europeo. Solo, sin más compañía que la del jefe de prensa que solía escoltarlo en esa misma mesa después de cada partido, ocupó su silla para analizar un envite que no importaba, para dar unas explicaciones que aún no había tenido tiempo a meditar, para ofrecer respuesta a una decisión que todavía no había digerido. No es fácil asumir un despido. Cuesta aceptar que a uno ya no le quieren donde antes le veneraron. El día que murió Miliki, que partió rumbo a la eternidad en su barquito de cáscara de nuez, el sargento de hierro, el hombre que acuñó frases tan célebres como aquella de que "el cansancio es un estado mental", trató sin conseguirlo de mostrar una entereza que concitó una compasión que él no siempre supo conceder a los demás.
Yo estaba en la sala cuando Dusko se sentó en su silla para ofrecer una rueda de prensa apresurada y sin sentido. Carraspeó, como hacía siempre, antes de hablar. Esta vez tenía la garganta más seca que otras. También el alma. Han sido muchos años, muchos partidos, muchas comparecencias en ese mismo escenario. Pero ninguna como la del día en el que nos dejó Miliki, con la gallina Turuleca, esa que ha puesto un huevo, ha puesto dos y ha puesto tres. Ninguna en la que se pudiera apreciar con tanta humanidad a un entrenador que enseñó al baskonismo a creer en milagros. "Tenía muchas cosas buenas, pero con la que me quedo es con que era capaz de convencer al vestuario de que le podíamos ganar a cualquiera", me dijo ayer un jugador que estuvo a su cargo. En los tiempos en los que el TAU era una pesadilla para los grandes, cuando aún no se había acomodado y comenzaba a escribir una leyenda que ha languidecido en los últimos años, Ivanovic se convirtió en profeta, abrió un camino por el que se ha caminado con orgullo.
Por eso me sorprendió que el día en el que falleció Miliki, al que llorarán Susanita y su ratón, en la sala de prensa del Buesa Arena se oliera el vacío y se escuchara la soledad. En los tiempos que corren, está claro, resultaría ridículo sentir lástima por un entrenador que va a recibir una indemnización que le arreglaría la vida a tantos y tantos aficionados que han sufrido más que nadie la descomposición progresiva que ha ido padeciendo el equipo en los últimos tiempos. Puede que sea verdad. Que sea ridículo. Pero ver al borde del llanto a un tipo con el que todo el mundo ha hecho bromas sobre la dureza y que ha permitido que en ocasiones el personaje llegara a fagocitar a la persona fue muy duro -me atrevo a decir- para todos los que nos encontrábamos en una estancia en la acuñó gran parte de las letanías que lo acompañarán de por vida.
Hubo muchas ocasiones quizá más adecuadas para haber puesto fin a un matrimonio que ha alumbrado títulos y momentos gloriosos a lo largo de casi diez años. Es probable que no fuera una cuestión de tiempos, sino de modos. Seguramente se pudo haber hecho de otra manera. El caso es que las cosas sucedieron como se han escrito, como se han contado, y el día en el que murió Miliki quedará grabado en la historia como el día en el que Josean Querejeta decidió pasar por la guillotina a un técnico al que le ha aguantado lo que no le ha aguantado a muchos otros, decapitados en muchos casos por el mero hecho de no ser Dusko Ivanovic. Al final, y puede que contra su propia voluntad, el máximo dirigente del Baskonia ha convertido al profeta en mártir, ha permitido que aflorara ante las cámaras el lado humano, miserablemente real, de un técnico del que se podían escribir muchas cosas buenas pero del que también he oído muchas cosas horribles. Cada uno se quedará con su propia versión sobre la persona, incluso sobre el entrenador, pero no existe discusión posible sobre sus resultados.
"No me lo esperaba, pero respeto todas las decisiones", dijo Ivanovic en una rueda de prensa en la que su eterno afán por controlar incluso a los periodistas ofreció escenas casi ridículas. Llegó a decir que no quería hablar más sobre su despido, que se le preguntara por el partido. Un partido que no tuvo historia, un partido que consiguió apaciguar incluso a los aficionados que habían acudido con los cuchillos afilados al pabellón, que sirvió para rubricar el acta de defunción de un equipo física y mentalmente acabado. Ivanovic estaba afectado. Es humano. Por supuesto que no se lo esperaba. Como una parte de la parroquia azulgrana, él aún se consideraba el más adecuado para resucitar lo irresucitable. No voy a entrar en si la decisión de contratar a Zan Tabak como sustituto, como revulsivo, es o no acertada. Al menos no en esta ocasión. Pero creo que no hay duda acerca de la necesidad de buscar un cambio, un detonante que revirtiera una situación que se había gangrenado y en la que los jugadores, o algunos jugadores, deben asumir gran parte de culpa y hacer examen de conciencia.
El Baskonia ha llegado en gran medida hasta donde está por Dusko Ivanovic, por mucho que a muchos -entre los que me encuentro- nos sobrara esa renovación de contrato que Querejeta se empeñó en firmar y luego ha lamentado. Hubo antes otros momentos para echar de una forma más digna y menos traumática al entrenador más prolífico en cuanto a títulos que ha tenido y es probable que jamás tenga este club. Y otras maneras para hacerlo. Por eso me sorprendió que se permitiera que la situación llegara a este punto para acabar echándole como se le echó y cuando se le echó, justo el día en el que murió Miliki.
Un equipo sin norte
El Obradoiro precipita la destitución de Ivanovic con su primer triunfo en Vitoria ante un rival descompuesto
Podría haber encontrado un final mucho más ajustado a la grandeza con la que ha ejercido su labor en el Baskonia, pero el partido que pasará a la historia como el último de Dusko Ivanovic al frente del conjunto azulgrana tuvo muy poco de sus épocas más gloriosas y demasiado del suplicio que al final ha conducido a esta situación. El Blusens Monbus, el Obradoiro, ejerció el papel de verdugo que podría haberle tocado interpretar a cualquier otro rival y sacó a relucir las miserias de un equipo que ya vagaba sin norte. La primera victoria de los gallegos en Vitoria retrató la descomposición de un Caja Laboral que mucho tendrá que cambiar en cuestión de días si tiene previsto presentarse en Kaunas con la idea de sumar su segunda victoria en la Euroliga.
En una cita que se antojaba crucial para el destino del entrenador, nadie hizo nada por evitar el desastre. Como si todo estuviera ya visto para sentencia –algo que en realidad era así–, el conjunto azulgrana prolongó su estado de indolencia habitual y ofreció una nueva exhibición de impotencia que provocó que incluso la grada, que en gran parte había acudido al coliseo de Zurbano con los cuchillos afilados, se apiadara del equipo y de su eterno sargento de hierro. La hinchada azulgrana se vio obligada a ofrecer compasión ante la manifiesta demostración de impotencia que, esta vez ante un rival apañado pero de talla menor, volvió a presenciarse sobre el parqué del Buesa Arena.
Ivanovic, que había mantenido la víspera una reunión con sus jugadores, cambió en parte sus procedimientos habituales. Redujo su frenético ritmo de rotaciones, concedió la dirección de juego a Taylor Richestie por encima de un Carlos Cabezas que siguió relegado a un plano residual sin que parezca en absoluto lógico y quiso fiar su suerte al empuje de, sobre todo, los pesos pesados del equipo, de los veteranos. Pero fue en balde. En parte porque el grupo volvió a mostrarse carente de ideas en ataque y asfixiado en defensa y, sobre todo, porque todo esto daba la impresión de que llegaba demasiado tarde.
Cosas de la vida, un ex del equipo azulgrana, Andrés Rodríguez, se convirtió en el encargado de dar la puntilla a Ivanovic. Dominó el partido a su antojo, marcó el ritmo que convenía a su equipo y tomó decisiones tan acertadas como dolorosas para un Baskonia que hasta el descanso se pudo mantener en el partido gracias al excepcional acierto triplista de Nocioni. En el tercer cuarto ya no hubo maquillaje. Sólo un baño de dolorosa realidad y un Obradoiro que llegó a gustarse. El equipo acabó el partido muerto. Tan muerto como ha estado las últimas semanas. Ahora queda por ver si el relevo le devuelve las constantes vitales.
Caja Laboral (20+16+12+20): Rochestie (3), Oleson (7), Nocioni (21), Bjelica (4), Lampe (12) -cinco inicial-, Cabezas, Causeur (8), Pleiss (5), San Emeterio (5) y Heurtel (3).
Blusens Monbus (14+25+21+17): Rodríguez (5), Pumrpla (12), Dewar, Mejri (21), Kendall (13)-cinco inicial-, Hummel (12), Corbacho (11) y Bufford (3)
Árbitros: García González, Sánchez Montserrat, Fernández. Sin eliminados
Incidencias: Buesa Arena ante 10.097 espectadores.
Podría haber encontrado un final mucho más ajustado a la grandeza con la que ha ejercido su labor en el Baskonia, pero el partido que pasará a la historia como el último de Dusko Ivanovic al frente del conjunto azulgrana tuvo muy poco de sus épocas más gloriosas y demasiado del suplicio que al final ha conducido a esta situación. El Blusens Monbus, el Obradoiro, ejerció el papel de verdugo que podría haberle tocado interpretar a cualquier otro rival y sacó a relucir las miserias de un equipo que ya vagaba sin norte. La primera victoria de los gallegos en Vitoria retrató la descomposición de un Caja Laboral que mucho tendrá que cambiar en cuestión de días si tiene previsto presentarse en Kaunas con la idea de sumar su segunda victoria en la Euroliga.
En una cita que se antojaba crucial para el destino del entrenador, nadie hizo nada por evitar el desastre. Como si todo estuviera ya visto para sentencia –algo que en realidad era así–, el conjunto azulgrana prolongó su estado de indolencia habitual y ofreció una nueva exhibición de impotencia que provocó que incluso la grada, que en gran parte había acudido al coliseo de Zurbano con los cuchillos afilados, se apiadara del equipo y de su eterno sargento de hierro. La hinchada azulgrana se vio obligada a ofrecer compasión ante la manifiesta demostración de impotencia que, esta vez ante un rival apañado pero de talla menor, volvió a presenciarse sobre el parqué del Buesa Arena.
Ivanovic, que había mantenido la víspera una reunión con sus jugadores, cambió en parte sus procedimientos habituales. Redujo su frenético ritmo de rotaciones, concedió la dirección de juego a Taylor Richestie por encima de un Carlos Cabezas que siguió relegado a un plano residual sin que parezca en absoluto lógico y quiso fiar su suerte al empuje de, sobre todo, los pesos pesados del equipo, de los veteranos. Pero fue en balde. En parte porque el grupo volvió a mostrarse carente de ideas en ataque y asfixiado en defensa y, sobre todo, porque todo esto daba la impresión de que llegaba demasiado tarde.
Cosas de la vida, un ex del equipo azulgrana, Andrés Rodríguez, se convirtió en el encargado de dar la puntilla a Ivanovic. Dominó el partido a su antojo, marcó el ritmo que convenía a su equipo y tomó decisiones tan acertadas como dolorosas para un Baskonia que hasta el descanso se pudo mantener en el partido gracias al excepcional acierto triplista de Nocioni. En el tercer cuarto ya no hubo maquillaje. Sólo un baño de dolorosa realidad y un Obradoiro que llegó a gustarse. El equipo acabó el partido muerto. Tan muerto como ha estado las últimas semanas. Ahora queda por ver si el relevo le devuelve las constantes vitales.
Domingo, 18 de noviembre de 2012
68-77
Blusens Monbus (14+25+21+17): Rodríguez (5), Pumrpla (12), Dewar, Mejri (21), Kendall (13)-cinco inicial-, Hummel (12), Corbacho (11) y Bufford (3)
Árbitros: García González, Sánchez Montserrat, Fernández. Sin eliminados
Incidencias: Buesa Arena ante 10.097 espectadores.
Etiquetas:
ACB,
Andrés Nocioni,
Andrés Rodríguez,
Baskonia,
Blusens,
Caja Laboral,
Carlos Cabezas,
Dusko Ivanovic,
Josean Querejeta,
Maciej Lampe,
Obradoiro,
Taylor Rochestie
12/11/12
Carácter y dudas
El Caja Laboral se apoya en la fe y el corazón de los que quisieron creer y remonta un partido abocado al desastre
Mucho se ha hablado a lo largo de las últimas semanas sobre el carácter bipolar del nuevo Caja Laboral. El equipo azulgrana tiene dos caras que no sólo varían de un partido a otro, sino que pueden manifestarse incluso en las dos mitades de un mismo envite, como volvió a quedar patente ayer en Valencia. Los pupilos de Dusko Ivanovic escaparon victoriosos de La Fonteta, escenario propicio, tras remontar un encuentro que en la primera parte se había convertido en una prolongación del desastre perpetrado dos días antes en Zagreb. Tras haber marchado a remolque en el marcador durante media hora, con desventajas que llegaron a alcanzar los dieciséis puntos, conquistaron una victoria que, sin embargo, no puede silenciar las preocupantes señales que envía en determinados momentos un equipo que es al mismo tiempo capaz de caer en la más profunda de las depresiones y de rozar el cielo baloncestístico en cuestión de segundos.
En el duelo ante el Valencia Basket de Velimir Perasovic, el tercer rival de entidad consecutivo en la competición doméstica, el cuadro baskonista exhibió la versión más extrema de ambas facetas. Se mostró como un equipo abúlico, impotente e inconsistente de inicio y como un bloque voluntarioso, decidido y solidario en una segunda parte en la que destrozó sin piedad a un rival que acabó sobrepasado y preguntándose cómo un encuentro que parecía tener ganado se le acabó yendo de las manos de esa forma.
Si cualquier aficionado hubiera visto sólo la primera mitad del encuentro, con una bochornosa puesta en escena trufada de pérdidas de balón y defensas de mantequilla que prolongó hasta el 19-2 la inercia inicial de un Valencia que sí parecía estar por la labor, habría concluido que este Caja Laboral es un equipo de saldo con muchos problemas estructurales y evidentes deficiencias de motivación. Si en cambio hubiera visto sólo la segunda, que arrancó con un tercer cuarto demoledor (13-27) y se consolidó con un final en el que se tomaron correctas decisiones y se defendió con el alma, habría pensado que nos encontramos ante un candidato a ganar cualquier título que se le ponga a tiro.
En realidad este Caja Laboral no es ni una cosa ni la otra. Es las dos y ninguna al mismo tiempo. Parece claro que hay materia prima para edificar un proyecto con la suficiente solidez como para evitar las vergüenzas de los dos cursos precedentes y volver a mirar a los ojos a los grandes. Pero también que a Dusko Ivanovic le está costando demasiado darle forma e imprimirle un carácter que no parecen poseer todos sus pupilos.
Ayer algunos quedaron en entredicho. Mientras jugadores como Nocioni y San Emeterio, que más allá de que estén más o menos acertados siempre dan la cara, se echaron a las espaldas el equipo para buscar una remontada que bien entrado el segundo cuarto se antojaba más imposible por sensaciones que por resultado, otros presenciaron la voltereta del marcador desde el banquillo en una segunda mitad en la que no pisaron el parqué.
Los que quisieron estar estuvieron. A la misión suicida del argentino y el cántabro se sumaron otros y al final Ivanovic, que sigue sin conseguir que este equipo despliegue un buen baloncesto, fió la su suerte a la voluntad de un grupo de chalados que quisieron creer en el milagro y acabaron por agarrarlo con los dientes.
El Caja Laboral no fue mejor que el Valencia Basket. Pero buscó la victoria con todas las ganas que le faltaron en Zagreb o en la segunda mitad del duelo ante el Efes. Con un Causeur celestial, tremendamente inspirado en ataque e intenso en defensa, y un Tibor Pleiss que evidenció ante los superados postes taronjas el ilusionante potencial de que dispone, el cuadro azulgrana supo disimular unas carencias que en algunos casos parecen más bien escasa claridad de ideas y en otros sólo falta de motivación.
Ivanovic sigue sin lanzarse a conceder galones a ninguno de sus bases a estas alturas del curso y se está pagando caro. Cabezas es por el momento el que mejor responde, pero juega bajo la lupa. Y eso en un equipo que carece de automatismos y que anda muy corto de ideas en ataque resulta casi suicida. Más allá del uno contra uno y de los movimientos para buscar el bloqueo y continuación hay muy poco.
Algunos partidos podrán salvarlos la fe, la entrega y el músculo. Pero eso tiene un límite. No se puede vivir eternamente de las exhibiciones de testosterona. Hay rivales ante los que no resulta suficiente. En la ACB hasta ahora ha bastado. Pero no en la Euroliga. El enfrentamiento ante tres de los grandes de la ACB se ha superado con nota, con dos victorias y una derrota en la prórroga, pero mal harían la directiva o los técnicos en dejarse llevar por el resultadismo y obviar los evidentes mensajes de alarma que envía el equipo y requieren de una solución inmediata.
Valencia Basket (20+27+13+15): San Miguel (4), Martínez (7), Pietrus, Dubljevic (8), Lishchuk (12) -cinco titular-, Markovic, Ribas (16), Faverani (4), Doellman (13) y Quinn (11).
Caja Laboral (14+20+27+18): Rochestie (2), Oleson (4), San Emeterio (15), Milko Bjelica (5), Lampe -cinco titular-, Heurtel, Cabezas (6) , Pleiss (9), Nocioni (16) y Causeur (22).
Árbitros: Redondo, Jiménez y Castillo. Eliminaron a los locales Markovic (m.38) y al visitante Bjelica (m.35).
Mucho se ha hablado a lo largo de las últimas semanas sobre el carácter bipolar del nuevo Caja Laboral. El equipo azulgrana tiene dos caras que no sólo varían de un partido a otro, sino que pueden manifestarse incluso en las dos mitades de un mismo envite, como volvió a quedar patente ayer en Valencia. Los pupilos de Dusko Ivanovic escaparon victoriosos de La Fonteta, escenario propicio, tras remontar un encuentro que en la primera parte se había convertido en una prolongación del desastre perpetrado dos días antes en Zagreb. Tras haber marchado a remolque en el marcador durante media hora, con desventajas que llegaron a alcanzar los dieciséis puntos, conquistaron una victoria que, sin embargo, no puede silenciar las preocupantes señales que envía en determinados momentos un equipo que es al mismo tiempo capaz de caer en la más profunda de las depresiones y de rozar el cielo baloncestístico en cuestión de segundos.
En el duelo ante el Valencia Basket de Velimir Perasovic, el tercer rival de entidad consecutivo en la competición doméstica, el cuadro baskonista exhibió la versión más extrema de ambas facetas. Se mostró como un equipo abúlico, impotente e inconsistente de inicio y como un bloque voluntarioso, decidido y solidario en una segunda parte en la que destrozó sin piedad a un rival que acabó sobrepasado y preguntándose cómo un encuentro que parecía tener ganado se le acabó yendo de las manos de esa forma.
Si cualquier aficionado hubiera visto sólo la primera mitad del encuentro, con una bochornosa puesta en escena trufada de pérdidas de balón y defensas de mantequilla que prolongó hasta el 19-2 la inercia inicial de un Valencia que sí parecía estar por la labor, habría concluido que este Caja Laboral es un equipo de saldo con muchos problemas estructurales y evidentes deficiencias de motivación. Si en cambio hubiera visto sólo la segunda, que arrancó con un tercer cuarto demoledor (13-27) y se consolidó con un final en el que se tomaron correctas decisiones y se defendió con el alma, habría pensado que nos encontramos ante un candidato a ganar cualquier título que se le ponga a tiro.
En realidad este Caja Laboral no es ni una cosa ni la otra. Es las dos y ninguna al mismo tiempo. Parece claro que hay materia prima para edificar un proyecto con la suficiente solidez como para evitar las vergüenzas de los dos cursos precedentes y volver a mirar a los ojos a los grandes. Pero también que a Dusko Ivanovic le está costando demasiado darle forma e imprimirle un carácter que no parecen poseer todos sus pupilos.
Ayer algunos quedaron en entredicho. Mientras jugadores como Nocioni y San Emeterio, que más allá de que estén más o menos acertados siempre dan la cara, se echaron a las espaldas el equipo para buscar una remontada que bien entrado el segundo cuarto se antojaba más imposible por sensaciones que por resultado, otros presenciaron la voltereta del marcador desde el banquillo en una segunda mitad en la que no pisaron el parqué.
Los que quisieron estar estuvieron. A la misión suicida del argentino y el cántabro se sumaron otros y al final Ivanovic, que sigue sin conseguir que este equipo despliegue un buen baloncesto, fió la su suerte a la voluntad de un grupo de chalados que quisieron creer en el milagro y acabaron por agarrarlo con los dientes.
El Caja Laboral no fue mejor que el Valencia Basket. Pero buscó la victoria con todas las ganas que le faltaron en Zagreb o en la segunda mitad del duelo ante el Efes. Con un Causeur celestial, tremendamente inspirado en ataque e intenso en defensa, y un Tibor Pleiss que evidenció ante los superados postes taronjas el ilusionante potencial de que dispone, el cuadro azulgrana supo disimular unas carencias que en algunos casos parecen más bien escasa claridad de ideas y en otros sólo falta de motivación.
Ivanovic sigue sin lanzarse a conceder galones a ninguno de sus bases a estas alturas del curso y se está pagando caro. Cabezas es por el momento el que mejor responde, pero juega bajo la lupa. Y eso en un equipo que carece de automatismos y que anda muy corto de ideas en ataque resulta casi suicida. Más allá del uno contra uno y de los movimientos para buscar el bloqueo y continuación hay muy poco.
Algunos partidos podrán salvarlos la fe, la entrega y el músculo. Pero eso tiene un límite. No se puede vivir eternamente de las exhibiciones de testosterona. Hay rivales ante los que no resulta suficiente. En la ACB hasta ahora ha bastado. Pero no en la Euroliga. El enfrentamiento ante tres de los grandes de la ACB se ha superado con nota, con dos victorias y una derrota en la prórroga, pero mal harían la directiva o los técnicos en dejarse llevar por el resultadismo y obviar los evidentes mensajes de alarma que envía el equipo y requieren de una solución inmediata.
Domingo, 11 de noviembre de 2012
75-79
Caja Laboral (14+20+27+18): Rochestie (2), Oleson (4), San Emeterio (15), Milko Bjelica (5), Lampe -cinco titular-, Heurtel, Cabezas (6) , Pleiss (9), Nocioni (16) y Causeur (22).
Árbitros: Redondo, Jiménez y Castillo. Eliminaron a los locales Markovic (m.38) y al visitante Bjelica (m.35).
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29/10/12
Derrota con orgullo
El Caja Laboral confirma ante el Madrid en un duelo apasionante que en Milán ganó algo más que un partido
Había perdido el Caja Laboral en los dos últimos años la capacidad para mirar a los ojos a los que siempre habían sido sus grandes rivales por los títulos. Así que cuando arrancó el curso sólo se le exigía una cosa a la nueva versión del equipo azulgrana. Se le pedía que volviera a competir en las citas de postín, como hizo ayer en el Palacio de los Deportes ante un Real Madrid que acabó imponiendo su mayor fondo de armario en un duelo en el que tuvo que sudar sangre hasta la prórroga y en el que quedó constatado el paso adelante que dio el pasado jueves el equipo.
En Milán el conjunto baskonista ganó algo más que un partido. Recuperó su orgullo, la fe y las señas de identidad que de uno u otro modo han estado presentes en los grandes hitos históricos del club. El feudo del señalado por todos como gran favorito al título sirvió de escenario a la confirmación de lo que quedó apuntado tres días antes en la Euroliga. Donde antes se apreciaba un equipo que se derretía como un azucarillo cuando venían mal dadas, ahora se ve un colectivo sólido que pelea hasta el final. Más allá de cuestiones tácticas y análisis técnicos, donde también este nuevo equipo azulgrana quedaría muy favorecido en las comparaciones con sus versiones precedentes, es en su esencia, en el espíritu indomable que luce y que ayer le permitió llevar a la prórroga un partido que tenía prácticamente perdido, donde reside la materia prima de la que están hechos los sueños de una afición que tiene motivos para volver a otear el horizonte con esperanza. Con 72-61 en el electrónico y poco más de tres minutos por jugarse, cualquiera habría dado por vendido todo el pescado. Pero este Baskonia ya no es cualquiera.
Un parcial de 0-11 trasladó la inquietud a la grada y sembró muchas dudas en el conjunto que dirige el vitoriano Pablo Laso, que ayer supo de primera mano que habrá más de dos invitados al banquete liguero. Un Maciej Lampe imperial, autor de nueve de esos once puntos, certificó la remontada y tras fallar Draper en la penetración, el partido se marchó al tiempo extra con la sensación de que el Caja Laboral llegaba en mejor tendencia que su rival.
Sin embargo, quizá porque ayer no era el día, o simplemente porque la suerte fue esquiva en algunas acciones como un triple de San Emeterio que se salió tras hacer la corbata y que podría haber mantenido al Baskonia con ventaja en la prórroga, al final el duelo cayó del lado del Madrid. Aunque también en estos cinco minutos finales hubo espacio para comprobar la enorme capacidad de sacrificio y las ingentes dosis de fe que se han instalado en el vestuario baskonista. El conjunto blanco llegó a disponer de una nueva renta que parecía definitiva pero que de nuevo no lo fue.
Una canasta de Felipe Reyes, tan sobrio y dañino para el contrario como de costumbre, situó un 80-74 que parecía la puntilla definitiva para el bravo morlaco azulgrana. Pero entonces volvió a aflorar esa ración adicional de autoestima que se ganó en el Mediolanum Forum de Milán y se produjo una nueva remontada que a punto estuvo de resolver la contienda con una victoria visitante. Fueron de nuevo los que están destacando como los dos claros referentes del nuevo Baskonia, Lampe y Nemanja, quienes tiraron del carro. Cinco puntos consecutivos del poste polaco, con triple incluido, y una nueva canasta del combo serbio colocaron al Caja Laboral por delante en el marcador con un puñado de segundos por jugarse. El Madrid, hasta ese momento magistralmente dirigido por Sergio Rodríguez, volvió a dudar. Y ante la duda, buscó a Felipe y a Mirotic. El cordobés forzó una falta y anotó sólo uno de los dos tiros libres, pero el montenegrino logró con apenas cinco segundos por jugarse una canasta que dejaba el partido, por enésima vez, visto para sentencia. Sin embargo, tampoco lo estaba entonces.
El Baskonia sacó de fondo en largo y de repente se produjo un tres contra uno que San Emeterio decidió resolver con un triple. No entró. Ni tampoco los posteriores dos palmeos sobre la bocina de Nemanja que podrían haber supuesto otra prórroga. Ayer no era día para ganar. Ayer era día para confirmar que lo sucedido en Milán no fue un espejismo.
Real Madrid: Sergio Rodríguez (10), Rudy (2), Carlos Suárez (4), Mirotic (16) y Begic (6) -quinteto inicial- Reyes (12), Carroll (13), Slaughter (11), Draper (4) y Pocius (5).
Caja Laboral: Heurtel (2), Causeur (5), Nemanja Bjelica (25), Milko Bjelica (2) y Lampe (22) -quinteto inicial- Cabezas (2), Pleiss (4), Oleson (11), San Emeterio (8).
Parciales: 18-14, 41-32, 58-51, 72-72 y 83-81.
Árbitros: Martín Bertrán, Perea y Pérez Niz.
Pabellón: 8.368 espectadores en el Palacio de los Deportes de Madrid.
Había perdido el Caja Laboral en los dos últimos años la capacidad para mirar a los ojos a los que siempre habían sido sus grandes rivales por los títulos. Así que cuando arrancó el curso sólo se le exigía una cosa a la nueva versión del equipo azulgrana. Se le pedía que volviera a competir en las citas de postín, como hizo ayer en el Palacio de los Deportes ante un Real Madrid que acabó imponiendo su mayor fondo de armario en un duelo en el que tuvo que sudar sangre hasta la prórroga y en el que quedó constatado el paso adelante que dio el pasado jueves el equipo.
En Milán el conjunto baskonista ganó algo más que un partido. Recuperó su orgullo, la fe y las señas de identidad que de uno u otro modo han estado presentes en los grandes hitos históricos del club. El feudo del señalado por todos como gran favorito al título sirvió de escenario a la confirmación de lo que quedó apuntado tres días antes en la Euroliga. Donde antes se apreciaba un equipo que se derretía como un azucarillo cuando venían mal dadas, ahora se ve un colectivo sólido que pelea hasta el final. Más allá de cuestiones tácticas y análisis técnicos, donde también este nuevo equipo azulgrana quedaría muy favorecido en las comparaciones con sus versiones precedentes, es en su esencia, en el espíritu indomable que luce y que ayer le permitió llevar a la prórroga un partido que tenía prácticamente perdido, donde reside la materia prima de la que están hechos los sueños de una afición que tiene motivos para volver a otear el horizonte con esperanza. Con 72-61 en el electrónico y poco más de tres minutos por jugarse, cualquiera habría dado por vendido todo el pescado. Pero este Baskonia ya no es cualquiera.
Un parcial de 0-11 trasladó la inquietud a la grada y sembró muchas dudas en el conjunto que dirige el vitoriano Pablo Laso, que ayer supo de primera mano que habrá más de dos invitados al banquete liguero. Un Maciej Lampe imperial, autor de nueve de esos once puntos, certificó la remontada y tras fallar Draper en la penetración, el partido se marchó al tiempo extra con la sensación de que el Caja Laboral llegaba en mejor tendencia que su rival.
Sin embargo, quizá porque ayer no era el día, o simplemente porque la suerte fue esquiva en algunas acciones como un triple de San Emeterio que se salió tras hacer la corbata y que podría haber mantenido al Baskonia con ventaja en la prórroga, al final el duelo cayó del lado del Madrid. Aunque también en estos cinco minutos finales hubo espacio para comprobar la enorme capacidad de sacrificio y las ingentes dosis de fe que se han instalado en el vestuario baskonista. El conjunto blanco llegó a disponer de una nueva renta que parecía definitiva pero que de nuevo no lo fue.
Una canasta de Felipe Reyes, tan sobrio y dañino para el contrario como de costumbre, situó un 80-74 que parecía la puntilla definitiva para el bravo morlaco azulgrana. Pero entonces volvió a aflorar esa ración adicional de autoestima que se ganó en el Mediolanum Forum de Milán y se produjo una nueva remontada que a punto estuvo de resolver la contienda con una victoria visitante. Fueron de nuevo los que están destacando como los dos claros referentes del nuevo Baskonia, Lampe y Nemanja, quienes tiraron del carro. Cinco puntos consecutivos del poste polaco, con triple incluido, y una nueva canasta del combo serbio colocaron al Caja Laboral por delante en el marcador con un puñado de segundos por jugarse. El Madrid, hasta ese momento magistralmente dirigido por Sergio Rodríguez, volvió a dudar. Y ante la duda, buscó a Felipe y a Mirotic. El cordobés forzó una falta y anotó sólo uno de los dos tiros libres, pero el montenegrino logró con apenas cinco segundos por jugarse una canasta que dejaba el partido, por enésima vez, visto para sentencia. Sin embargo, tampoco lo estaba entonces.
El Baskonia sacó de fondo en largo y de repente se produjo un tres contra uno que San Emeterio decidió resolver con un triple. No entró. Ni tampoco los posteriores dos palmeos sobre la bocina de Nemanja que podrían haber supuesto otra prórroga. Ayer no era día para ganar. Ayer era día para confirmar que lo sucedido en Milán no fue un espejismo.
Domingo, 28 de noviembre de 2012
83-81
Caja Laboral: Heurtel (2), Causeur (5), Nemanja Bjelica (25), Milko Bjelica (2) y Lampe (22) -quinteto inicial- Cabezas (2), Pleiss (4), Oleson (11), San Emeterio (8).
Parciales: 18-14, 41-32, 58-51, 72-72 y 83-81.
Árbitros: Martín Bertrán, Perea y Pérez Niz.
Pabellón: 8.368 espectadores en el Palacio de los Deportes de Madrid.
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23/10/12
¿La caraja del segundo cuarto?
La falta de relevo en el juego interior condena a un Caja Laboral que se ha habituado a iniciar de lujo los partidos pero que sufre cuando llegan las rotaciones
La sorpresa me asaltó mientras consultaba estadísticas para apoyar un artículo que escribía para el periódico sobre Maciej Lampe y su tremenda influencia en el juego de este Caja Laboral de comienzos de temporada (El termómetro). La nueva versión del equipo azulgrana lleva camino de reeditar lo que hace dos años se convirtió en un martirio. En las redes sociales dio lugar a muchas chanzas. El Baskonia se deshacía como un azucarillo en el tercer cuarto de los partidos. Surgió el concepto de la caraja, la caraja del tercer cuarto. Tenía su coña. Parecía divertido, pero lo cierto es que supuso muchos quebraderos de cabeza a un Dusko Ivanovic que no lograba dar con la clave para lograr que su equipo mantuviera la tensión competitiva tras el descanso. En esta ocasión los problemas llegan antes. Un equipo que ofrece una espectacular puesta en escena prácticamente en cada partido, que en algunos casos le ha permitido incluso resolver los duelos antes incluso de alcanzar el minuto diez de juego, se viene abajo cuando comienzan las rotaciones, sobre todo interiores. Y me surgió la pregunta. ¿Estamos ante una nueva caraja? ¿La caraja del segundo cuarto? ¿Será víctima el equipo vitoriano de una nueva maldición?
Antes de ofrecer mi respuesta a esta pregunta, me apetece compartir los datos, que parecen haberse convertido en patrón. El Caja Laboral ha disputado hasta la fecha seis partidos, y la trayectoria de prácticamente todos ellos ha resultado inquietantemente similar. Al menos en lo que se refiere a los dos primeros cuartos, que está siendo por regla general el periodo en el que se decide el ganador de estos envites. El cuadro azulgrana comienza como una moto, como un vendaval que arrolla al rival. La renta que obtiene suele resultar inversamente proporcional a la dureza del oponente, pero se ha repetido de manera invariable en todos los partidos menos en el debut liguero ante el CAI. Si se obvia el choque del Príncipe Felipe -excepción que confirma la regla-, en los otros cinco el modelo encaja. Incluidos los dos compromisos de Euroliga, tanto en Atenas como frente al Zalgiris. Si los partidos durasen diez minutos, el Baskonia no se encontraría ahora ante la amenaza de quedar por segunda vez en su historia, y además de manera consecutiva, eliminado a las primeras de cambio de la Euroliga. Pero las cosas son como son y el evidente descenso de nivel lo han colocado ante la obligación de tener que jugarse la vida este jueves en Milán.
El equipo azulgrana ha salido triunfal en los primeros cuartos de los cinco últimos partidos. Con un quinteto inicial que parece equilibrado en cuanto a la amenaza interior y exterior, ofrece sus mejores prestaciones. La historia se ha repetido ante el Cajasol (30-13), en El Pireo (18-23), en el CID (14-27), frente al Zalgiris (25-23 tras haber ido mandando incluso 14-6) y ante el Fiact Joventut (24-15 tras un parcial inicial de 12-0). Pero luego llega el envés. Y es que a pesar de la manifiesta superioridad exhibida en la puesta en escena, el cuadro baskonista ha sido incapaz de salir victorioso en el segundo parcial de cualquiera de estos encuentros. Cajasol (20-22), Gran Canaria (25-18), Joventut (23-23) y sobre todo Olympiacos (30-14) y Zalgiris (10-17) supieron sacar tajada de esta nueva fase de zozobra que están suponiendo los segundos actos para el conjunto vitoriano. En algunos casos, claro está, la cosa fue más grave que en otros. En la ACB, donde el Caja Laboral puede imponer su fondo de armario y la calidad de su plantilla, no ha encontrado castigo. Pero sí en Euroliga. En la máxima competición continental se toleran pocas bromas. Menos aún cuando enfrente hay un rival que dispone de una amplia rotación en todos los puestos.
La pregunta resulta obvia: ¿existe una caraja del segundo cuarto? Y la respuesta que puede refutar lo que parece haberse convertido en una norma se consigue despejando la x de la ecuación gracias a la única excepción de la regla. En el estreno liguero, frente al CAI, el conjunto azulgrana se comportó de manera diametralmente opuesta, y cayó derrotado. Perdió el primer cuarto, se impuso en el segundo y ofreció una imagen mucho más ajustada a su peor versión que a la más lustrosa. ¿Qué es lo que faltaba o sobraba? ¿Cuál es el elemento diferenciador? Existe uno: Maciej Lampe. El poste polaco, recién salido de una lesión, apenas pudo jugar dos minutos -y no como titular- en aquel choque. Lampe se ha convertido en la pieza clave del puzzle de Dusko Ivanovic. No sólo por su calidad, por el hecho de que en forma puede ser considerado quizá como uno de los tres interiores más talentosos de la ACB, sino porque no existe recambio para él. Con Tibor Pleiss fuera de combate sine die a causa de una mononucleosis, su presencia en cancha marca los vaivenes a los que hacía referencia.
El es jugador con mejor +/- del equipo en la ACB. Con él en cancha, el Baskonia ha obtenido durante los cuatro primeros partidos de la competición doméstica una ventaja global de +37. Sin él, sólo dos más (+39 es el total del equipo). Máximo anotador y jugador mejor valorado del plantel en la Euroliga, donde su concurso resulta aún más determinante, el caso comienza a generar muchas dudas en el seno del club. Con una plantilla un tanto descompensada, donde los Bjelica debían asumir los minutos en el puesto de cuatro sin llegar a convencer el uno por potencial y el otro porque quizá no es su puesto ideal, este Baskonia está sufriendo las carajas propias de un equipo corto de kilos en la pintura. El viernes ante el Zalgiris Ivanovic trató de enmendar el problema alargando un poco más la presencia del polaco en cancha. Pero jugó 13 minutos sin descanso y luego acabó pagando el esfuerzo, aún más gravoso para alguien que apenas tuvo pretemporada. A dos días de un partido que puede determinar sus opciones de supervivencia continental, el Baskonia puede respirar tranquilo. Está a salvo de carajas y maldiciones. Aunque no de sus limitaciones en el juego interior.
La sorpresa me asaltó mientras consultaba estadísticas para apoyar un artículo que escribía para el periódico sobre Maciej Lampe y su tremenda influencia en el juego de este Caja Laboral de comienzos de temporada (El termómetro). La nueva versión del equipo azulgrana lleva camino de reeditar lo que hace dos años se convirtió en un martirio. En las redes sociales dio lugar a muchas chanzas. El Baskonia se deshacía como un azucarillo en el tercer cuarto de los partidos. Surgió el concepto de la caraja, la caraja del tercer cuarto. Tenía su coña. Parecía divertido, pero lo cierto es que supuso muchos quebraderos de cabeza a un Dusko Ivanovic que no lograba dar con la clave para lograr que su equipo mantuviera la tensión competitiva tras el descanso. En esta ocasión los problemas llegan antes. Un equipo que ofrece una espectacular puesta en escena prácticamente en cada partido, que en algunos casos le ha permitido incluso resolver los duelos antes incluso de alcanzar el minuto diez de juego, se viene abajo cuando comienzan las rotaciones, sobre todo interiores. Y me surgió la pregunta. ¿Estamos ante una nueva caraja? ¿La caraja del segundo cuarto? ¿Será víctima el equipo vitoriano de una nueva maldición?
Antes de ofrecer mi respuesta a esta pregunta, me apetece compartir los datos, que parecen haberse convertido en patrón. El Caja Laboral ha disputado hasta la fecha seis partidos, y la trayectoria de prácticamente todos ellos ha resultado inquietantemente similar. Al menos en lo que se refiere a los dos primeros cuartos, que está siendo por regla general el periodo en el que se decide el ganador de estos envites. El cuadro azulgrana comienza como una moto, como un vendaval que arrolla al rival. La renta que obtiene suele resultar inversamente proporcional a la dureza del oponente, pero se ha repetido de manera invariable en todos los partidos menos en el debut liguero ante el CAI. Si se obvia el choque del Príncipe Felipe -excepción que confirma la regla-, en los otros cinco el modelo encaja. Incluidos los dos compromisos de Euroliga, tanto en Atenas como frente al Zalgiris. Si los partidos durasen diez minutos, el Baskonia no se encontraría ahora ante la amenaza de quedar por segunda vez en su historia, y además de manera consecutiva, eliminado a las primeras de cambio de la Euroliga. Pero las cosas son como son y el evidente descenso de nivel lo han colocado ante la obligación de tener que jugarse la vida este jueves en Milán.
El equipo azulgrana ha salido triunfal en los primeros cuartos de los cinco últimos partidos. Con un quinteto inicial que parece equilibrado en cuanto a la amenaza interior y exterior, ofrece sus mejores prestaciones. La historia se ha repetido ante el Cajasol (30-13), en El Pireo (18-23), en el CID (14-27), frente al Zalgiris (25-23 tras haber ido mandando incluso 14-6) y ante el Fiact Joventut (24-15 tras un parcial inicial de 12-0). Pero luego llega el envés. Y es que a pesar de la manifiesta superioridad exhibida en la puesta en escena, el cuadro baskonista ha sido incapaz de salir victorioso en el segundo parcial de cualquiera de estos encuentros. Cajasol (20-22), Gran Canaria (25-18), Joventut (23-23) y sobre todo Olympiacos (30-14) y Zalgiris (10-17) supieron sacar tajada de esta nueva fase de zozobra que están suponiendo los segundos actos para el conjunto vitoriano. En algunos casos, claro está, la cosa fue más grave que en otros. En la ACB, donde el Caja Laboral puede imponer su fondo de armario y la calidad de su plantilla, no ha encontrado castigo. Pero sí en Euroliga. En la máxima competición continental se toleran pocas bromas. Menos aún cuando enfrente hay un rival que dispone de una amplia rotación en todos los puestos.
La pregunta resulta obvia: ¿existe una caraja del segundo cuarto? Y la respuesta que puede refutar lo que parece haberse convertido en una norma se consigue despejando la x de la ecuación gracias a la única excepción de la regla. En el estreno liguero, frente al CAI, el conjunto azulgrana se comportó de manera diametralmente opuesta, y cayó derrotado. Perdió el primer cuarto, se impuso en el segundo y ofreció una imagen mucho más ajustada a su peor versión que a la más lustrosa. ¿Qué es lo que faltaba o sobraba? ¿Cuál es el elemento diferenciador? Existe uno: Maciej Lampe. El poste polaco, recién salido de una lesión, apenas pudo jugar dos minutos -y no como titular- en aquel choque. Lampe se ha convertido en la pieza clave del puzzle de Dusko Ivanovic. No sólo por su calidad, por el hecho de que en forma puede ser considerado quizá como uno de los tres interiores más talentosos de la ACB, sino porque no existe recambio para él. Con Tibor Pleiss fuera de combate sine die a causa de una mononucleosis, su presencia en cancha marca los vaivenes a los que hacía referencia.
El es jugador con mejor +/- del equipo en la ACB. Con él en cancha, el Baskonia ha obtenido durante los cuatro primeros partidos de la competición doméstica una ventaja global de +37. Sin él, sólo dos más (+39 es el total del equipo). Máximo anotador y jugador mejor valorado del plantel en la Euroliga, donde su concurso resulta aún más determinante, el caso comienza a generar muchas dudas en el seno del club. Con una plantilla un tanto descompensada, donde los Bjelica debían asumir los minutos en el puesto de cuatro sin llegar a convencer el uno por potencial y el otro porque quizá no es su puesto ideal, este Baskonia está sufriendo las carajas propias de un equipo corto de kilos en la pintura. El viernes ante el Zalgiris Ivanovic trató de enmendar el problema alargando un poco más la presencia del polaco en cancha. Pero jugó 13 minutos sin descanso y luego acabó pagando el esfuerzo, aún más gravoso para alguien que apenas tuvo pretemporada. A dos días de un partido que puede determinar sus opciones de supervivencia continental, el Baskonia puede respirar tranquilo. Está a salvo de carajas y maldiciones. Aunque no de sus limitaciones en el juego interior.
| Primer Cuarto | Segundo Cuarto | Final | |
| Baskonia-Cajasol |
30-13
|
20-22
|
90-70
|
Olympiacos-Baskonia
|
18-23
|
30-14
|
85-81
|
| Gran Canaria-Baskonia |
14-27
|
25-18
|
64-80
|
| Baskonia-Zalgiris |
25-23
|
10-17
|
71-77
|
| Baskonia-Joventut |
24-15
|
23-23
|
92-76
|
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Tiritas para la autoestima
VARIOS JUGADORES AZULGRANAS APROVECHAN UN PARTIDO DEMASIADO CÓMODO PARA RECOBRAR LA CONFIANZA
Existe un abismo entre la Euroliga y la ACB. Con apenas dos días de margen, así ha quedado constatado en el Buesa Arena. El mismo Caja Laboral que sigue trabajando para alcanzar el nivel que le permita seguir vivo en la máxima competición continental se encuentra capacitado para despachar sin apenas quebranto envites del torneo doméstico como el que ayer le tocó disputar ante el Joventut. El equipo azulgrana aprovechó la visita del histórico conjunto verdinegro para darse un baño de autoestima y cargar las reservas de confianza de cara al fundamental partido del próximo jueves en el Medionalum Forum de Milán.
Un simple ramalazo de pasión le bastó al cuadro baskonista para destrozar el choque a las primeras de cambio. El parcial de 12-0 que se instaló en el marcador antes de llegar al ecuador del primer acto se convirtió en el epitafio de un duelo sin historia y en el que los músculos doloridos encontraron un bálsamo terapéutico. También hubo consuelo para las almas y cierta paz para las mentes, sumidas como estaban todavía en el recuerdo de la pifia del viernes y las consecuencias que puede tener en un futuro no muy lejano.
Las facilidades que ofreció el Joventut, equipo tierno y con muchas carencias en defensa, ahorraron angustias a la afición vitoriana. Salva Maldonado, consciente de la pésima puesta en escena de sus pupilos, no dudó a la hora de variar el rumbo del encuentro y sentar de una tacada al quinteto inicial por otros cinco jugadores del banquillo. El cambio, que buscaba cambiar el ritmo de un partido en el que el Caja Laboral había podido gozar jugando a campo abierto, por momentos dio la impresión de que podía llegar a tener su efecto. Pero se quedó en un mero espejismo. La Penya no tuvo en ningún momento nada que hacer en un encuentro en el que Ivanovic pudo permitirse incluso el lujo de conceder ciertas dosis de descanso a algunas de sus piezas más importantes.
El montenegrino, consciente de la trascedencia de la cita del jueves dosificó a jugadores como Nocioni, o Lampe, a pesar de que no pudo contar con Nemanja Bjelica –baja de última hora por unos problemas gástricos– y la rotación interior volvió a verse reducida a la mínima expresión. No importó demasiado. El argentino y el polaco se bastaron para sacar de la pintura a los endebles postes del Joventut en los minutos que le sirvieron al cuadro azulgrana para establecer la ventaja que le permitiría navegar con calma durante el resto del envite.
Bien dirigido por un Heurtel intermitente pero cada vez más asentado en su papel, con más confianza, el nuevo Caja Laboral aprovechó la coyuntura para seguir creciendo y conceder un espacio para el lucimiento a algunos jugadores que hasta la fecha seguían generando algunas dudas respecto a su papel en la película. Fabien Causeur y Carlos Cabezas supieron cazar al vuelo el guante que les lanzaban. El escolta galo, histérico en los primeros duelos oficiales, muy por debajo del nivel exhibido en los encuentros de preparación, entró en el quinteto inicial y presumió de piernas para rematar las transiciones, de manos para la defensa y sobre todo de intensidad. El malagueño, que no acababa de pillar el punto de lo que le pedía el técnico, cuajó su mejor partido con la elástica azulgrana.
Cabezas fue al fin Cabezas. O al menos una versión mucho más próxima al umbral de su talento de lo que se había visto hasta el momento. Dirigió, elevó las ventajas con una dirección que por momentos permitió detectar algo de fluidez en los ataques estáticos y, por encima de todo eso, reclamó su derecho a ser considerado como una de las posibles armas ofensivas del equipo con sus penetraciones y sus lanzamientos de larga distancia.
No fue el único que gozó de más crédito del habitual desde el banquillo. Ya con todo decidido (el último cuarto arrancó con un resultado de 72-54) Ivanovic decidió aprovechar el partido como banco de pruebas para testar la evolución de Milko Bjelica. El poste montenegrino progresa, pero sigue muy lejos de su mejor nivel. Y eso es un problema grave para un equipo que sigue desangrándose por su debilidad en el rebote y su falta de pívots.
Ante equipos de un nivel inferior no resulta tan traumático, pero en los duelos ante los grandes rivales, ante los gallos a los que se quiere mirara a los ojos, puede resultar dramático. Con tres días de margen para preparar un partido en el que se puede jugar gran parte de la temporada, el Caja Laboral puede olvidarse de la ACB, al menos hasta el fin de semana. El Joventut llegó cargado de tiritas a Vitoria. Las baterías de la autoestima se han recargado de cara al duelo de Milán.
Caja Laboral: (24+23+25+20): Heurtel (2), Causeur (13), San Emeterio (14), Nocioni (11), Lampe (14) -cinco inicial-, Cabezas (12), Oleson (14), Milko Bjelica (9) y Sonseca (3).
FIATC Joventut: (15+23+17+21): Fisher (7), Quezada (9), Tomàs (4), Llovet (9), Kuzmic (6) -cinco inicial-, Oliver (9), Savane (8), Gaffney (16), Ehambe (8) y Ventura.
Árbitros: Conde, Araña, Soto. Señalaron técnica a Nocioni (m.26). Eliminado Sonseca (m.34).
Incidencias: Cuarta jornada de la Liga Endesa disputada en el Buesa Arena de Vitoria ante 9.086 espectadores.
Existe un abismo entre la Euroliga y la ACB. Con apenas dos días de margen, así ha quedado constatado en el Buesa Arena. El mismo Caja Laboral que sigue trabajando para alcanzar el nivel que le permita seguir vivo en la máxima competición continental se encuentra capacitado para despachar sin apenas quebranto envites del torneo doméstico como el que ayer le tocó disputar ante el Joventut. El equipo azulgrana aprovechó la visita del histórico conjunto verdinegro para darse un baño de autoestima y cargar las reservas de confianza de cara al fundamental partido del próximo jueves en el Medionalum Forum de Milán.
Un simple ramalazo de pasión le bastó al cuadro baskonista para destrozar el choque a las primeras de cambio. El parcial de 12-0 que se instaló en el marcador antes de llegar al ecuador del primer acto se convirtió en el epitafio de un duelo sin historia y en el que los músculos doloridos encontraron un bálsamo terapéutico. También hubo consuelo para las almas y cierta paz para las mentes, sumidas como estaban todavía en el recuerdo de la pifia del viernes y las consecuencias que puede tener en un futuro no muy lejano.
Las facilidades que ofreció el Joventut, equipo tierno y con muchas carencias en defensa, ahorraron angustias a la afición vitoriana. Salva Maldonado, consciente de la pésima puesta en escena de sus pupilos, no dudó a la hora de variar el rumbo del encuentro y sentar de una tacada al quinteto inicial por otros cinco jugadores del banquillo. El cambio, que buscaba cambiar el ritmo de un partido en el que el Caja Laboral había podido gozar jugando a campo abierto, por momentos dio la impresión de que podía llegar a tener su efecto. Pero se quedó en un mero espejismo. La Penya no tuvo en ningún momento nada que hacer en un encuentro en el que Ivanovic pudo permitirse incluso el lujo de conceder ciertas dosis de descanso a algunas de sus piezas más importantes.
El montenegrino, consciente de la trascedencia de la cita del jueves dosificó a jugadores como Nocioni, o Lampe, a pesar de que no pudo contar con Nemanja Bjelica –baja de última hora por unos problemas gástricos– y la rotación interior volvió a verse reducida a la mínima expresión. No importó demasiado. El argentino y el polaco se bastaron para sacar de la pintura a los endebles postes del Joventut en los minutos que le sirvieron al cuadro azulgrana para establecer la ventaja que le permitiría navegar con calma durante el resto del envite.
Bien dirigido por un Heurtel intermitente pero cada vez más asentado en su papel, con más confianza, el nuevo Caja Laboral aprovechó la coyuntura para seguir creciendo y conceder un espacio para el lucimiento a algunos jugadores que hasta la fecha seguían generando algunas dudas respecto a su papel en la película. Fabien Causeur y Carlos Cabezas supieron cazar al vuelo el guante que les lanzaban. El escolta galo, histérico en los primeros duelos oficiales, muy por debajo del nivel exhibido en los encuentros de preparación, entró en el quinteto inicial y presumió de piernas para rematar las transiciones, de manos para la defensa y sobre todo de intensidad. El malagueño, que no acababa de pillar el punto de lo que le pedía el técnico, cuajó su mejor partido con la elástica azulgrana.
Cabezas fue al fin Cabezas. O al menos una versión mucho más próxima al umbral de su talento de lo que se había visto hasta el momento. Dirigió, elevó las ventajas con una dirección que por momentos permitió detectar algo de fluidez en los ataques estáticos y, por encima de todo eso, reclamó su derecho a ser considerado como una de las posibles armas ofensivas del equipo con sus penetraciones y sus lanzamientos de larga distancia.
No fue el único que gozó de más crédito del habitual desde el banquillo. Ya con todo decidido (el último cuarto arrancó con un resultado de 72-54) Ivanovic decidió aprovechar el partido como banco de pruebas para testar la evolución de Milko Bjelica. El poste montenegrino progresa, pero sigue muy lejos de su mejor nivel. Y eso es un problema grave para un equipo que sigue desangrándose por su debilidad en el rebote y su falta de pívots.
Ante equipos de un nivel inferior no resulta tan traumático, pero en los duelos ante los grandes rivales, ante los gallos a los que se quiere mirara a los ojos, puede resultar dramático. Con tres días de margen para preparar un partido en el que se puede jugar gran parte de la temporada, el Caja Laboral puede olvidarse de la ACB, al menos hasta el fin de semana. El Joventut llegó cargado de tiritas a Vitoria. Las baterías de la autoestima se han recargado de cara al duelo de Milán.
Domingo, 21 de octubre de 2012
92-76
FIATC Joventut: (15+23+17+21): Fisher (7), Quezada (9), Tomàs (4), Llovet (9), Kuzmic (6) -cinco inicial-, Oliver (9), Savane (8), Gaffney (16), Ehambe (8) y Ventura.
Árbitros: Conde, Araña, Soto. Señalaron técnica a Nocioni (m.26). Eliminado Sonseca (m.34).
Incidencias: Cuarta jornada de la Liga Endesa disputada en el Buesa Arena de Vitoria ante 9.086 espectadores.
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14/10/12
La oruga ya es mariposa
El Caja Laboral suma su primera victoria a domicilio del curso tras firmar una convincente actuación en una pista difícil
La oruga ya es mariposa. O al menos comienza a mostrar el principio de lo que se adivinan como unas alas de vivo color. El adolescente Caja Laboral que tan buenas sensaciones y escasos resultados había ofrecido hasta la fecha sumó en el Centro Insular de Deportes de Las Palmas su primera victoria a domicilio con una actuación que viene a corroborar la impresión de que poco o nada tiene que ver este proyecto con el que naufragó con estrépito el pasado curso. El equipo de Dusko Ivanovic, solvente y autoritario como en sus mejores tiempos, resolvió con holgura la visita a una de las canchas más complicadas de la Liga Endesa y lo hizo, además, tras avasallar a un plantel que se ha reforzado muy bien y que no concederá demasiados regalos en sus dominios.
El Baskonia dio un paso adelante muy importante en su visita a La Roca. Se olvidó del cansancio acumulado tras el maratoniano cúmulo de viajes y trató de ser lo que algún día será. Y lo mejor de todo es que logró serlo. Por momentos, en realidad durante muchos minutos, la maquinaria azulgrana se reveló mucho más engrasada de lo que cabría esperar a estas alturas de curso. Y se vislumbraron muchos detalles para la esperanza.
Cuando la orquesta afina, cuando interpreta la novedosa partitura que ha compuesto Ivanovic para el nuevo proyecto, se escucha una sinfonía armoniosa, fresca, plena de ilusión. El técnico montenegrino se ha reinventado para reinventar. El nuevo Caja Laboral es mucho más divertido que su versión anterior. y aunque todavía se encuentra en fase embrionaria, ha dado con sus señas de identidad y parece sentirse cómodo en el papel.
Habrá que ver si la propuesta con la que encara el nuevo ejercicio el combinado gasteiztarra basta para de verdad plantar cara a los equipos a los que será necesario ganar para obtener los títulos. Pero resulta evidente que se aparece como una puerta abierta de par en par al talento. Y este vestuario anda sobrado de virtuosos, que cuando se asocian para jugar a baloncesto están capacitados para desarmar al enemigo más bravo.
Y así sucedió en la primera mitad de un partido que puede suponer una inyección anímica para un equipo que se mostró preparado para abandonar el diván. La fase del psicoanálisis, de los miedos y la continua búsqueda de identidad debería quedar aparcada. El patrón a seguir parece claro. El plan quedó retratado en el tercer cuarto del choque de Atenas y en la puesta en escena de ayer. Con un Andrés Nocioni imperial, capaz de contagiar su rabia al resto de la tropa, el cuadro azulgrana se lanzó a la yugular del adversario con un baloncesto alegre, directo, y un nivel de acierto espectacular.
En un abrir y cerrar de ojos, sin que a la afición que abarrotaba las gradas del CID le diera tiempo siquiera a sentarse, el conjunto vitoriano amasó una renta de quince puntos (10-25) que parecía suficiente como para destrozar el choque. Luego se vería que no, que al partido le quedaba mucha vida y al Gran Canaria le sobraba orgullo para seguir peleando por la victoria. Sin embargo, sí permitió a los pupilos de Ivanovic mandar durante todo el choque en un electrónico que sólo reflejó ventaja amarilla tras la canasta con la que Paulao Prestes inauguró la contienda.
El combinado insular tiró de casta para tratar de equilibrar un partido en el que una vez más el Caja Laboral fió su suerte a su tremenda pegada. Y por momentos llegó a acariciar el sueño de la remontada. Pero el equipo azulgrana no estaba ayer por la labor de dejarse llevar. Y a su excelencia ofensiva, con un Nemanja Bjelica colosal, unos bases más entonados que anteriores citas y un Lampe dominador cerca de los tableros, añadió por momentos una defensa asfixiante que acabó por estrangular a los pupilos de Pedro Martínez.
Un parcial de 0-22 entre el final del tercer cuarto y el comienzo del último, inaugurado con cinco triples consecutivos, enterró cualquier atisbo de esperanza para el Gran Canaria. El Caja Laboral empezó a ser lo que tendrá que ser para volver a ocupar su espacio en la élite. El futuro determinará hasta qué altura podrá volar la mariposa que ayer comenzó a romper el capullo de dudas que la apresaba.
Herbalife Gran Canaria (64)
(14+25+14+11): Scheyer (3), Toolson (10), Nelson (17), Prestes (12) y
Newley (9) -equipo inicial-, Beirán (3), Bellas (5), Báez (5) y Domínguez.
Caja Laboral (80) (27+18+13+22): Nocioni (24), Nemanja Bjelica (12), Heurtel (9), Oleson (12) y Lampe (12) -equipo inicial-, Milko Bjelica, Sonseca, Cabezas (5), San Emeterio (4) y Causeur (2).
Árbitros: Emilio Pérez Pizarro, Carlos Peruga y Sacristán. Sin eliminados
Pabellón: 4.825 espectadores en el Centro Insular de Deportes
Caja Laboral (80) (27+18+13+22): Nocioni (24), Nemanja Bjelica (12), Heurtel (9), Oleson (12) y Lampe (12) -equipo inicial-, Milko Bjelica, Sonseca, Cabezas (5), San Emeterio (4) y Causeur (2).
Árbitros: Emilio Pérez Pizarro, Carlos Peruga y Sacristán. Sin eliminados
Pabellón: 4.825 espectadores en el Centro Insular de Deportes
Estadísticas completas en acb.com
Link a la crónica original publicada en Diario de Noticias de Álava
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Pedro Martínez,
Thomas Heurtel
8/10/12
Bálsamo para la fe
El Caja Laboral se deshace de un rival muy endeble con una exhibición colectiva de potencial ofensivo
Caja Laboral 90 (30+20+17+23): Heurtel, Oleson (16), Nocioni (14), Bjelica (11), Lampe (14) -cinco inicial-, Cabezas (2), Rochestie (9), San Emeterio (12) y Causeur (12).
Cajasol 70 (13+19+17+21): Satoransky (12), Holland (8), Buckman (9), Asbury (9), Triguero (2),-cinco inicial-, Sastre (3), Tepic (4), Burjanadze (7), Bogdanovic (11) y Balvin (5).
Árbitros: Pérez, Guirao, Martínez. Eliminado Bjelica (min.36), Holland (min.38).
Pabellón: Fernando Buesa Arena. 9.412 espectadores.
El resultado y la placidez con la que se desarrolló el encuentro no pueden, sin embargo, ocultar las carencias y los puntos débiles de un colectivo que debe mejorar mucho en algunos aspectos para aspirar a ser aspirante. De pegada letal en ataque, aunque con evidentes síntomas de debilidad atrás y en el rebote, el Baskonia planteó de nuevo un intercambio de golpes en el que impuso su múltiple y contundente pegada. Hasta seis pupilos de Dusko Ivanovic (Nocioni, San Emeterio, Oleson, Lampe, Nemanja y Causeur) anotaron más de una decena de puntos en un duelo en el que, una vez más, los ataques superaron a las defensas.
El cuadro hispalense besó la lona a las primeras de cambio. El parcial de 15-0 con el que el equipo vitoriano deshizo el 4-4 inicial fijó una renta en el electrónico que resultó definitiva. Una losa para el Cajasol y sus jóvenes jugadores. Ahí se acabó el partido. Lo demás fue relleno. Un espacio para el lucimiento del que la mayor parte de los pupilos de Ivanovic supo sacar partido para recargar sus reservas anímicas.
El retorno de Maciej Lampe mitigó en cierta medida los problemas interiores. El polaco, que debe convertirse en uno de los grandes referentes, se mostró recuperado y entró en dinámica sin aparentes secuelas físicas, pero no resultó aval suficiente para impedir que el Cajasol se impusiera con insultante autoridad en la lucha por el rebote. Los pupilos de Aíto, pese a lo abultado del marcador, escaparon del Buesa Arena con un total de 16 rechaces ofensivos, una barbaridad que en otro contexto y ante un rival de mayor entidad puede convertirse en una condena definitiva.
Nemanja Bjelica y Andrés Nocioni trataron de parchear las ausencias en la pintura. El serbio, talento puro, sufre para frenar a pares más duros en el poste bajo. El argentino, cuyo espíritu granítico parece un homenaje a épocas gloriosas, volvió a ofrecer un demostración de carácter que puede resultar de un valor incalculable de cara a inocular una personalidad más férrea a un plantel que esta misma semana, con dos complicadas salidas a Atenas y Gran Canaria, volverá a someterse a exámenes quizá más fiables que el de la matinal de ayer.
Las mejores noticias que arrojó el encuentro tienen que ver con el paso adelante que dieron algunos jugadores, a los que se les debe exigir que ya no retrocedan. Sigue habiendo dudas en torno a la dirección, porque Ivanovic continúa empeñado en utilizar a Heurtel como obstáculo a salvar para los recién llegados. No parece que esta postura haga ningún favor a nadie. Ni siquiera al francés. Cabezas, sin llegar a alcanzar todavía ni mucho menos su mejor versión, se antoja como el más capacitado para imponer cierto orden a las maniobras ofensivas. Rochestie, un jugón en toda regla, anota más que dirige. Aunque cuando le sueltan cuerda hace cosas que invitan a soñar. Es un jugador diferente y con el tiempo puede aportar cosas muy interesantes al equipo.
También ofreció esa impresión Fabien Causeur, que vivió el debut soñado por cualquier jugador. El exterior galo arrancó algunas de las mayores ovaciones en un partido que con 30 minutos de relleno daba la impresión de estar dispuesto para que más soldados se alistaran a las tropas de Ivanovic. Muchos lo hicieron. Y es una gran noticia. La victoria supuso un bálsamo de fe para un equipo que, más allá de excusas y bajas, debe empezar cuanto antes a ofrecer esa imagen de colectivo serio que se le puede y se le debe exigir.
Caja Laboral 90 (30+20+17+23): Heurtel, Oleson (16), Nocioni (14), Bjelica (11), Lampe (14) -cinco inicial-, Cabezas (2), Rochestie (9), San Emeterio (12) y Causeur (12).
Cajasol 70 (13+19+17+21): Satoransky (12), Holland (8), Buckman (9), Asbury (9), Triguero (2),-cinco inicial-, Sastre (3), Tepic (4), Burjanadze (7), Bogdanovic (11) y Balvin (5).
Árbitros: Pérez, Guirao, Martínez. Eliminado Bjelica (min.36), Holland (min.38).
Pabellón: Fernando Buesa Arena. 9.412 espectadores.
Andaba el nuevo Caja Laboral en busca de un suceso que le devolviera la fe en sus propias posibilidades y lo encontró en su estreno liguero en el Buesa Arena. El cuadro azulgrana se aprovechó de la visita de un Cajasol paupérrimo, verde hasta el extremo, y se dio un festín necesario para recobrar la confianza y crecer sin lastres antes de afrontar citas de mayor exigencia. La victoria de ayer puede tener efectos balsámicos. Sin estridencias y con todos los atenuantes que exige el hecho de medirse a un rival demasiado endeble, con mucho margen de mejora pero de un nivel inaceptable hoy por hoy, los pupilos de Dusko Ivanovic encontraron motivos para creer y hacer creer a una afición que podía albergar muchas dudas tras la pésima puesta en escena de Zaragoza.
El resultado y la placidez con la que se desarrolló el encuentro no pueden, sin embargo, ocultar las carencias y los puntos débiles de un colectivo que debe mejorar mucho en algunos aspectos para aspirar a ser aspirante. De pegada letal en ataque, aunque con evidentes síntomas de debilidad atrás y en el rebote, el Baskonia planteó de nuevo un intercambio de golpes en el que impuso su múltiple y contundente pegada. Hasta seis pupilos de Dusko Ivanovic (Nocioni, San Emeterio, Oleson, Lampe, Nemanja y Causeur) anotaron más de una decena de puntos en un duelo en el que, una vez más, los ataques superaron a las defensas.
El cuadro hispalense besó la lona a las primeras de cambio. El parcial de 15-0 con el que el equipo vitoriano deshizo el 4-4 inicial fijó una renta en el electrónico que resultó definitiva. Una losa para el Cajasol y sus jóvenes jugadores. Ahí se acabó el partido. Lo demás fue relleno. Un espacio para el lucimiento del que la mayor parte de los pupilos de Ivanovic supo sacar partido para recargar sus reservas anímicas.
Problemas en defensa y el rebote
El retorno de Maciej Lampe mitigó en cierta medida los problemas interiores. El polaco, que debe convertirse en uno de los grandes referentes, se mostró recuperado y entró en dinámica sin aparentes secuelas físicas, pero no resultó aval suficiente para impedir que el Cajasol se impusiera con insultante autoridad en la lucha por el rebote. Los pupilos de Aíto, pese a lo abultado del marcador, escaparon del Buesa Arena con un total de 16 rechaces ofensivos, una barbaridad que en otro contexto y ante un rival de mayor entidad puede convertirse en una condena definitiva.
Nemanja Bjelica y Andrés Nocioni trataron de parchear las ausencias en la pintura. El serbio, talento puro, sufre para frenar a pares más duros en el poste bajo. El argentino, cuyo espíritu granítico parece un homenaje a épocas gloriosas, volvió a ofrecer un demostración de carácter que puede resultar de un valor incalculable de cara a inocular una personalidad más férrea a un plantel que esta misma semana, con dos complicadas salidas a Atenas y Gran Canaria, volverá a someterse a exámenes quizá más fiables que el de la matinal de ayer.
Las mejores noticias que arrojó el encuentro tienen que ver con el paso adelante que dieron algunos jugadores, a los que se les debe exigir que ya no retrocedan. Sigue habiendo dudas en torno a la dirección, porque Ivanovic continúa empeñado en utilizar a Heurtel como obstáculo a salvar para los recién llegados. No parece que esta postura haga ningún favor a nadie. Ni siquiera al francés. Cabezas, sin llegar a alcanzar todavía ni mucho menos su mejor versión, se antoja como el más capacitado para imponer cierto orden a las maniobras ofensivas. Rochestie, un jugón en toda regla, anota más que dirige. Aunque cuando le sueltan cuerda hace cosas que invitan a soñar. Es un jugador diferente y con el tiempo puede aportar cosas muy interesantes al equipo.
También ofreció esa impresión Fabien Causeur, que vivió el debut soñado por cualquier jugador. El exterior galo arrancó algunas de las mayores ovaciones en un partido que con 30 minutos de relleno daba la impresión de estar dispuesto para que más soldados se alistaran a las tropas de Ivanovic. Muchos lo hicieron. Y es una gran noticia. La victoria supuso un bálsamo de fe para un equipo que, más allá de excusas y bajas, debe empezar cuanto antes a ofrecer esa imagen de colectivo serio que se le puede y se le debe exigir.
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1/10/12
Pedradas ACB (J1)
1. El Madrid sale desde la 'pole'
El equipo blanco ya demostró en la Supercopa que ha iniciado el curso mucho mejor que el resto. Se encuentra varios puntos de cocción por encima de sus teóricos rivales, más hecho. En su primer enfrentamiento directo ante uno de los teóricos grandes de la competición, un Unicaja que me dejó muy buenas sensaciones, ganó y convenció.
2. Laso tenía un plan
Cuando el Madrid se decantó por el técnico vitoriano justo después de que los jugadores, según se dice, se cargaran a un peso pesado como Ettore Messina, no fueron pocos los que lo dieron por acabado antes de empezar. Poco más de un año después, Laso se ha ganado el respeto dentro y fuera de la afición blanca, a pesar de que durante el verano, tras la derrota en la final liguera, volvieran a renacer las críticas y las dudas. Sobre todo tras los descartes de Velickovic y Tomic, dos grandes jugadores que no entraban en un plan que se está revelando exitoso. Los que están son los que Laso quería. Y a falta del cinco que cuadre el círculo, este equipo juega a la imagen y semejanza de su entrenador. No todos los técnicos, algunos con mucho más nombre, pueden presumir de ello.
3. El baloncesto mola más que el fútbol
No voy a desarrollar mucho esta idea. Muchos se han empeñado en volver a ligar el término bipolar a la ACB que da sus primeros pasos, y puede que a la postre el título acabe en las vitrinas de alguno de los grandes, pero por de pronto la primera jornada vino acompañada de la primera campanada. El todopoderoso Barcelona de Xavi Pascual, vigente campeón, hincó la rodilla en el Palau ante un Blancos de Rueda al que muchos, incluido yo, señalábamos como uno de los principales candidatos al descenso. Hoy por hoy, la Liga BBVA no parece dispuesta para ofrecer sorpresas de esta índole.
4. Un aviso para los grandes
Mucho se ha hablado de las tres velocidades a las que se mueven los equipos de la competición doméstica, pero en el primer fin de semana se ha demostrado que nadie gana por ponerse la camiseta. De los supuestos seis grandes, sólo dos, el Madrid y el Valencia, saldaron su estreno con victoria. Barça, Caja Laboral, Unicaja y Bilbao Basket emprendieron su andadura liguera con derrota.
5. El Baskonia está muy verde
Y no me refiero sólo al color de la camiseta que estrenó en el Príncipe Felipe de Zaragoza. El equipo vitoriano, que por primera vez faltó a la Supercopa, ha llegado al arranque de la competición cogido por hilvanes. Más allá de las bajas con las que jugó y cayó ante el CAI, que debilitaban mucho su rotación interior, el conjunto azulgrana arroja la sensación de seguir buscando su nueva identidad. Y le queda un largo camino por recorrer hasta encontrarla. Por primera vez en cinco temporadas, el combinado que dirige Dusko Ivanovic perdió en la jornada inaugural de la ACB. Su verdugo entonces fue el desaparecido Akasvayu Girona.
6. Llompart, verdugo baskonista
El base balear está haciendo méritos para convertirse en persona non grata en el Buesa Arena. El domingo jugó un partidazo y acabó rematando a un Baskonia que trataba de resucitar de la mano de un Andrés Nocioni imperial. El director de juego llegado este verano al CAI se está habituando a ejercer de ejecutor del equipo vitoriano. El año pasado, en el Lucentum, hizo lo propio con un espectacular triple sobre la bocina.
7. Un baloncesto más alegre; defensas más tristes
Mucho se ha celebrado tras la disputa de la primera jornada liguera el hecho de que se haya registrado el inicio más anotador del último lustro. Los 78,7 puntos de media que ha anotado cada equipo en los primeros nueve partidos del curso podrían reflejar un cambio de tendencia, pero no lo creo. Salvo contadas excepciones, da más la impresión de que puede tratarse de los desajustes defensivos propios de estas alturas de curso que de otra cosa. Algunos festejan este incremento en la anotación como un éxito en sí. No debería serlo. Si es consecuencia de un buen baloncesto ofensivo, sería una gran noticia. Más canastas no tienen por qué significar un basket de mayor calidad.
8. Sinanovic y los pívots del Barça
El poste bosnio, compañero de selección de Mirza Teletovic, se ha convertido en el gran protagonista de la primera jornada, logrando incluso empañar el espectacular estreno del verdinegro Manny Quezada. Su espectacular actuación en el Palau ha chocado tanto porque ha pasado en menos de una semana de estar en el paro, aguardando ofertas en un pueblo gallego, a fichar por el Blancos de Rueda y convertirse en el primer MVP (compartido con Quezada). Más allá de su historia personal, una de esas que hacen correr ríos de tinta y se ligan con suma facilidad a la omnipresente rivalidad Barça-Madrid, el bosnio destapó las dudas que genera la batería de interiores del equipo culé.
9. Asientos vacíos
En plena batalla por mantener la audiencia televisiva, por tratar de hacer más visible el baloncesto en un país que vive y respira fútbol, la primera jornada mostró una realidad preocupante: los pabellones registraron entradas bastante decepcionantes. La mejor se registró en el Palacio de los Deportes, para ver el debut de Estudiantes (8.200 espectadores, según datos oficiales) En varios partidos (Barcelona, Badalona, Sevilla...) ni siquiera se llegó a las 4.000 localidades ocupadas. Datos que deberían estudiarse.
10. El baloncesto se estrena en La 1
Tampoco la audiencia televisiva acompañó en exceso en la primera jornada, la del estreno de la ACB en el primer canal del ente público. El partido escogido, con dos grandes equipos como Unicaja y Real Madrid, invitaba a pensar que podía registrarse un debut que generara confianza en el nuevo matrimonio, pero los datos se quedaron en los 588.000 espectadores y el 4,9% de share. Eso sí, en descargo habría que añadir que tampoco parece lógico que un partido en el que está implicado el equipo de baloncesto del club blanco deba competir con el de su equipo de fútbol. Habrá que ver, en todo caso, si lo de ayer fue una tendencia que se mantendrá durante todo el curso, un dato mermado por la coincidencia de horarios o, en el peor de los casos, unos registros que pueden ir a peor. Sobre la realización y otros asuntos, hablamos otro día. Vamos a darles cien días...
El equipo blanco ya demostró en la Supercopa que ha iniciado el curso mucho mejor que el resto. Se encuentra varios puntos de cocción por encima de sus teóricos rivales, más hecho. En su primer enfrentamiento directo ante uno de los teóricos grandes de la competición, un Unicaja que me dejó muy buenas sensaciones, ganó y convenció.
2. Laso tenía un plan
Cuando el Madrid se decantó por el técnico vitoriano justo después de que los jugadores, según se dice, se cargaran a un peso pesado como Ettore Messina, no fueron pocos los que lo dieron por acabado antes de empezar. Poco más de un año después, Laso se ha ganado el respeto dentro y fuera de la afición blanca, a pesar de que durante el verano, tras la derrota en la final liguera, volvieran a renacer las críticas y las dudas. Sobre todo tras los descartes de Velickovic y Tomic, dos grandes jugadores que no entraban en un plan que se está revelando exitoso. Los que están son los que Laso quería. Y a falta del cinco que cuadre el círculo, este equipo juega a la imagen y semejanza de su entrenador. No todos los técnicos, algunos con mucho más nombre, pueden presumir de ello.
3. El baloncesto mola más que el fútbol
No voy a desarrollar mucho esta idea. Muchos se han empeñado en volver a ligar el término bipolar a la ACB que da sus primeros pasos, y puede que a la postre el título acabe en las vitrinas de alguno de los grandes, pero por de pronto la primera jornada vino acompañada de la primera campanada. El todopoderoso Barcelona de Xavi Pascual, vigente campeón, hincó la rodilla en el Palau ante un Blancos de Rueda al que muchos, incluido yo, señalábamos como uno de los principales candidatos al descenso. Hoy por hoy, la Liga BBVA no parece dispuesta para ofrecer sorpresas de esta índole.
4. Un aviso para los grandes
Mucho se ha hablado de las tres velocidades a las que se mueven los equipos de la competición doméstica, pero en el primer fin de semana se ha demostrado que nadie gana por ponerse la camiseta. De los supuestos seis grandes, sólo dos, el Madrid y el Valencia, saldaron su estreno con victoria. Barça, Caja Laboral, Unicaja y Bilbao Basket emprendieron su andadura liguera con derrota.
5. El Baskonia está muy verde
Y no me refiero sólo al color de la camiseta que estrenó en el Príncipe Felipe de Zaragoza. El equipo vitoriano, que por primera vez faltó a la Supercopa, ha llegado al arranque de la competición cogido por hilvanes. Más allá de las bajas con las que jugó y cayó ante el CAI, que debilitaban mucho su rotación interior, el conjunto azulgrana arroja la sensación de seguir buscando su nueva identidad. Y le queda un largo camino por recorrer hasta encontrarla. Por primera vez en cinco temporadas, el combinado que dirige Dusko Ivanovic perdió en la jornada inaugural de la ACB. Su verdugo entonces fue el desaparecido Akasvayu Girona.
6. Llompart, verdugo baskonista
El base balear está haciendo méritos para convertirse en persona non grata en el Buesa Arena. El domingo jugó un partidazo y acabó rematando a un Baskonia que trataba de resucitar de la mano de un Andrés Nocioni imperial. El director de juego llegado este verano al CAI se está habituando a ejercer de ejecutor del equipo vitoriano. El año pasado, en el Lucentum, hizo lo propio con un espectacular triple sobre la bocina.
7. Un baloncesto más alegre; defensas más tristes
Mucho se ha celebrado tras la disputa de la primera jornada liguera el hecho de que se haya registrado el inicio más anotador del último lustro. Los 78,7 puntos de media que ha anotado cada equipo en los primeros nueve partidos del curso podrían reflejar un cambio de tendencia, pero no lo creo. Salvo contadas excepciones, da más la impresión de que puede tratarse de los desajustes defensivos propios de estas alturas de curso que de otra cosa. Algunos festejan este incremento en la anotación como un éxito en sí. No debería serlo. Si es consecuencia de un buen baloncesto ofensivo, sería una gran noticia. Más canastas no tienen por qué significar un basket de mayor calidad.
8. Sinanovic y los pívots del Barça
El poste bosnio, compañero de selección de Mirza Teletovic, se ha convertido en el gran protagonista de la primera jornada, logrando incluso empañar el espectacular estreno del verdinegro Manny Quezada. Su espectacular actuación en el Palau ha chocado tanto porque ha pasado en menos de una semana de estar en el paro, aguardando ofertas en un pueblo gallego, a fichar por el Blancos de Rueda y convertirse en el primer MVP (compartido con Quezada). Más allá de su historia personal, una de esas que hacen correr ríos de tinta y se ligan con suma facilidad a la omnipresente rivalidad Barça-Madrid, el bosnio destapó las dudas que genera la batería de interiores del equipo culé.
9. Asientos vacíos
En plena batalla por mantener la audiencia televisiva, por tratar de hacer más visible el baloncesto en un país que vive y respira fútbol, la primera jornada mostró una realidad preocupante: los pabellones registraron entradas bastante decepcionantes. La mejor se registró en el Palacio de los Deportes, para ver el debut de Estudiantes (8.200 espectadores, según datos oficiales) En varios partidos (Barcelona, Badalona, Sevilla...) ni siquiera se llegó a las 4.000 localidades ocupadas. Datos que deberían estudiarse.
10. El baloncesto se estrena en La 1
Tampoco la audiencia televisiva acompañó en exceso en la primera jornada, la del estreno de la ACB en el primer canal del ente público. El partido escogido, con dos grandes equipos como Unicaja y Real Madrid, invitaba a pensar que podía registrarse un debut que generara confianza en el nuevo matrimonio, pero los datos se quedaron en los 588.000 espectadores y el 4,9% de share. Eso sí, en descargo habría que añadir que tampoco parece lógico que un partido en el que está implicado el equipo de baloncesto del club blanco deba competir con el de su equipo de fútbol. Habrá que ver, en todo caso, si lo de ayer fue una tendencia que se mantendrá durante todo el curso, un dato mermado por la coincidencia de horarios o, en el peor de los casos, unos registros que pueden ir a peor. Sobre la realización y otros asuntos, hablamos otro día. Vamos a darles cien días...
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