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1/9/13

La importancia de llamarse Gasol

ESLOVENIA SE PRESENTA COMO LA PRUEBA DE FUEGO PARA MARC, QUE DEBE ASUMIR EL LIDERAZGO ANTE LA AUSENCIA DE SU HERMANO

EN 1895 el dramaturgo irlandés Oscar Wilde escribió una de sus obras maestras, una comedia que tituló con el equívoco The importance of being Earnest y que se tradujo al castellano como La importancia de llamarse Ernesto. La pieza teatral, versionada de mil y una formas a lo largo del siglo largo que ha transcurrido desde entonces, jugaba con las confusiones derivadas de la identidad de dos caballeros ingleses que empleaban el mismo seudónimo, uno de ellos también la identidad de un hermano imaginario de la que se aprovechaba para conseguir sus fines, principalmente amorosos. La historia reciente de la selección española de baloncesto, la más gloriosa, también reposa a la sombra de la relevancia de un nombre ilustre. La importancia de llamarse Gasol no pasa desapercibida para el equipo que en la última década se ha convertido en el mejor entre los mortales -estuvo cerca pero no pudo con las renovadas versiones del Dream Team americano- y que se presenta en Eslovenia con la misión de defender su condición de campeón continental.
España, no obstante, llega huérfana a un torneo que se antoja de pronóstico más incierto que sus últimas ediciones. No estará Gasol, Pau, el líder natural de la generación dorada, pero estará su hermano, Marc, obligado a sostener las opciones de título de un equipo que envía señales contradictorias y que, pese a haber cerrado su fase de preparación invicto, acusa las importantes ausencias con las que se topó Juan Antonio Orenga a la hora de elaborar la lista.
El seleccionador que releva al ahora técnico del Laboral Kutxa Sergio Scariolo debutará en una cita de postín con menos salvavidas de los que han dispuesto sus predecesores. España sigue contando con un gran equipo, nadie puede negar que se trata de un combinado de primer nivel, pero aparece a los ojos del resto mucho más terrenal de lo que parecía en citas recientes. A la baja de Pau, faro espiritual del equipo, se unen la del otro gran referente ofensivo, Juan Carlos Navarro, y la de dos piezas muy valiosas cerca de los aros como Serge Ibaka y el incombustible Felipe Reyes. Con la vista puesta en el Mundial del próximo verano, en el que ejercerán como anfitriones, varios de los iconos del combinado estatal han preferido tomarse un verano de asueto y el equipo se resiente, especialmente en un juego interior cogido con alfileres y demasiado dependiente de un Marc Gasol que se convierte en una pieza vital para Orenga, pues no tiene sustituto.
El jugador de los Grizzlies de Memphis, nombrado mejor defensor de la pasada campaña en la NBA, marca diferencias en Europa. Salvando al serbio Nenad Krstic, el montenegrino Nikola Vucevic o la pareja polaca, con Lampe y Gortat, en Eslovenia se darán cita pocos interiores con su capacidad para dominar el juego bajo los tableros. Sin embargo, es en la pintura donde el vigente campeón, un bloque con mucho talento en otros puestos, registra las mayores carencias.
España ha acabado fuera del podio en los dos grandes torneos en los que faltó Pau Gasol
Orenga ha reubicado a Víctor Claver, otro de los NBA españoles, para que ocupara el puesto de ala-pívot titular, pero el experimento no ha cuajado. Tampoco el resto de los interiores (Xavi Rey, Pablo Aguilar o Germán Gabriel) ofrece certezas absolutas. Buenos jugadores en ACB, apenas cuentan con experiencia en citas de primer nivel, ni con la selección, ni con sus propios clubes. Y es ahí donde se concentra el principal foco de preocupaciones de una selección que no puede dejarse engañar por el balance global acumulado en sus amistosos de preparación.
La estadística es clara e irrebatible: España es la única selección que se presenta en el Eurobasket sin haber cedido una derrota en sus duelos previos. Ha sumado ocho victorias en otras tantas citas, pero sólo ha medido fuerzas con uno de los rivales a los que se encontrará en la pelea por los metales. El doble duelo ante Francia, en lo que supuso la reedición de la final del último Eurobasket, representa el mejor referente para determinar el nivel real del equipo de Orenga. Sobre todo en el encuentro que se disputó en Montpellier, en el que ambos equipos buscaron con denuedo el triunfo hasta los segundos finales, se certificó que el equipo español llega rodado y con mucho potencial a la hora de la verdad, aunque también quedó en evidencia la enorme dependencia que sufre. Marc, determinante con 26 puntos, 6 rebotes y una valoración de 32, se vio obligado a permanecer casi 35 minutos sobre el parqué para decantar la balanza ante un oponente muy físico y más equilibrado incluso dentro de sus limitaciones técnicas. Sabe el técnico que sin un Gasol en pista, el rendimiento de esta selección ha bajado escandalosamente a lo largo de los últimos años.
El Eurobasket de Eslovenia se presenta también como una reválida para Marc. Hay quien ha osado asegurar que el mediano de la saga,all-star este curso, ha llegado ya a superar a su hermano mayor, pero lo cierto es que cuando Pau ha faltado, en el Mundial de Turquía en 2010 y el Eurobasket de Serbia en 2005, España se ha quedado sin medalla. Sólo ha habido, de hecho, un torneo del que el mayor de la saga se haya ido sin un metal colgado del cuello. Fue en los Juegos Olímpicos de Atenas, en 2004, y el pívot de los Lakers acabó entonces como máximo anotador y, sin discusión, una de las grandes sensaciones del campeonato. He ahí la importancia de llamarse Gasol, pero sobre todo Pau. A Marc le toca demostrar su capacidad para ejercer de líder, una condición que deberá asumir definitivamente cuando los junior de oro se echen a un lado, algo que podría suceder tras el próximo Mundial.
AL RITMO DEL 'CHACHO' El otro Gasol no estará sin embargo solo en Eslovenia. Más allá de ese punto débil localizado en la pintura, Orenga dispone de un elenco de enormes jugadores. España tiene un plantel más sobrado de talento que de físico, pero aun desequilibrada parte como una de las grandes favoritas para volver a hacerse con el título. El excepcional estado de gracia que atraviesa Sergio Rodríguez invita a considerarlo como otro de los puntales de un equipo en el que deben convivir tres de los cinco mejores bases del campeonato. Tanto Ricky Rubio, algo apagado en los amistosos, como José Manuel Calderón están capacitados para mandar en cualquier partido. Orenga ha buscado una fórmula que no convence a todo el mundo para posibilitar su convivencia: Calderón ha actuado más como escolta que como director de juego. El timonel criado en la cantera del Baskonia se compagina en ese rol, donde hay que borrar la alargada sombra de La Bomba Navarro, con Sergi Llull. El escolta del Madrid, del que se esperaba un paso al frente ante las bajas tendrá que asumir mayor protagonismo ofensivo junto a su compañero Rudy Fernández, en teoría referencia exterior del equipo y titular indiscutible en el puesto detres, donde tanto Fernando San Emeterio como Alex Mumbrú han evidenciado en estas últimas semanas que pueden aportar experiencia y cosas diferentes y muy aprovechables para el equipo.
Sin embargo, cualquier esperanza de éxito pasa por las manos de Gasol, por su salud y su capacidad para cuidarse de la acumulación de faltas. España parte entre los favoritos, como siempre, pero es uno más, no el único. Sobre las fornidas espaldas de Marc descansa ahora la responsabilidad de mantener la hegemonía ibérica sobre el torneo continental. El equipo español estuvo presente en los podios de seis de las últimas ediciones (2 oros, 3 platas y 1 bronce). La última vez que se quedó sin medalla fue en 2005. En el roster de aquel equipo faltaba un apellido ilustre. La importancia de tener a un Gasol.

30/11/12

El milagro de la vida

EL CAJA LABORAL REMONTA A FALTA DE SEGUNDOS UN PARTIDO DEMENCIAL Y CONSERVA SUS OPCIONES DE 'TOP 16'



Hay momentos que pueden cambiar la vida de un jugador, resultados capaces de alterar el rumbo de un equipo y victorias que acaban por modificar el destino de una temporada. Resulta complicado determinar qué efectos tendrá a corto y medio plazo la canasta con la que Thomas Heurtel le regaló ayer al baskonismo la primera victoria de la temporada en el Buesa Arena. El base galo, capaz de lo mejor y lo peor, que pudo haber tirado por la borda todo el trabajo realizado por el equipo para remontar un partido que parecía abocado al desastre, acabó erigiéndose en el héroe de un triunfo fundamental.

Habrá que comprobar el valor efectivo de la acción con la que un jugador demente resolvía un duelo demencial. Por el momento, la penetración con la que Heurtel fijó a falta de cuatro segundos un marcador que ya no se movería permite conservar la esperanza de clasificación para un Top 16 que se está dejando querer como una amante libertina. El Baskonia tiene aún en su mano el pase. Aunque, salvo que gane los dos compromisos que restan para concluir la primera fase, continuará dependiendo de terceros, justa penitencia a sus recurrentes pecados continentales. Sin embargo, ayer pudo al menos lograr que los más de 10.000 espectadores que rugieron durante la remontada en las gradas del coliseo azulgrana –y a buen seguro también los miles que lo siguieron en la distancia– pudieran acostarse orgullosos del espíritu irreductible y la fe que exhibió un equipo que hasta la fecha les había obsequiado con más argumentos para esconder la cabeza que para sacar pecho.

Como en las grandes noches, es probable que hubiera más testosterona que baloncesto en el arranque de carácter que desmontó por piezas todos los cimientos que había asentado en la primera mitad (28-42) el equipo de Sergio Scariolo. El Baskonia de Tabak se sacudió los complejos del pasado y creyó en un futuro sobre el que se cernían negros nubarrones ante la desmoralizadora evidencia de que el cuadro azulgrana seguía sin soltarse a ofrecer su mejor cara en Euroliga.

Tabak se dejó de inventos raros. No era una cita para delirios de entrenador ni para experimentos con gaseosa. Apostó por la cordura, concedió la responsabilidad a los pesos pesados del vestuario, a los jugadores con más arrestos y horas de vuelo, y conquistó una victoria que, quién sabe, puede suponer un punto de inflexión en el trayecto de un equipo que necesitaba una inyección de confianza.

El técnico croata aplicó su código baloncestístico a rajatabla. Ya lo dijo en su presentación: a la gloria se accede desde la defensa. Y ese fue el atajo que tomó el equipo azulgrana para sortear sus deficiencias para producir en ataque, su escaso acierto en el lanzamiento exterior y los muchos problemas que jugadores como Langford o Bourousis había generado en los dos primeros cuartos. El cuadro baskonista apretó los dientes en defensa, tiró de testosterona y apagó las luces a un rival que en los dos últimos cuartos (11 y 9) apenas pudo sumar una veintena de puntos.

Fernando San Emeterio, eterno capitán, fue quien encendió la mecha de la fe. Sostuvo al equipo cuando venían mal dadas. Era un todo o nada, un duelo a vida o muerte, y el alero cántabro supo echarse a las espaldas todo el peso de lo que parecía un equipo muerto. Su compromiso encontró adeptos tras el descanso. Andrés Nocioni, peleado de nuevo con los árbitros y castigado por las faltas, se dejó el alma y empujó a los virtuosos Nemanja y Lampe a vestirse el mono azul en la lucha por un rebote que en los dos últimos cuartos sólo tuvo un color.

A la gloria, no obstante, no se llega por una autopista enmoquetada con terciopelo rojo. Se accede por un camino embarrado y plagado de baches, que ayer por momentos parecieron minas. La defensa y el rebote, en definitiva el carácter, comprimieron el marcador, pero aún restaba rematar. Cuando ya parecía posible, Cook anotó un triple que no logró sentar en su asiento a ningún aficionado azulgrana. Ayer se volvió a creer. Entonces apareció San Emeterio para igualar a 62 y llegó la bandeja de Heurtel, que fue el final pero puede acabar convirtiéndose en el principio.

Viernes, 29 de noviembre de 2012
64-62

Caja Laboral (14+14+17+19): Heurtel (11), Oleson (6), Nocioni (8), M. Bjelica (4), Lampe (14) -cinco inicial-, Cabezas (2), San Emeterio (17), Pleiss, Causeur, N.Bjelica (2).
Armani Milan (19+23+11+9): Cook (14), Hairston (8), Langford (16), Fotsis (5), Bourousis (11) -cinco inicial-, Hendrix, Stipcevic (3), Melli, Chiotti, Basile (5).
Árbitros: Pukl (SLO), Latisevs (LET), Silva (POR). Señalaron técnica a Nocioni (m.19). Eliminado Nocioni (m.37).
Incidencias: Buesa Arena ante 10.214 espectadores.

22/9/12

Victoria de chándal

EL BASKONIA RECUPERA SENSACIONES Y LOGRA SU SEGUNDO TRIUNFO EN UN DUELO DE PRETEMPORADA
El conjunto vitoriano supera las bajas y se apoya en la aportación coral de varios de sus jugadores para imponerse al Armani Milán



CAJA LABORAL Heurtel (2), Oleson (15), Nocioni (15), Nemanja (9) y Pleiss (13) -cinco inicial-, Cabezas (12), Rochestie, Causeur (11), San Emeterio (10), Hernández-Sonseca (2).
EA7 MILÁN Cook (2), Langford (18), Hairston (8), Fotsis (13) y Bourousis (8) -cinco inicial-, Giachetti (2), Stipcevic (5), Basile (9), Chiotti (2), Melli (5), Hendrix (13).
Parciales 19-19, 43-36; 60-57, 89-85.
Árbitros Terreros, Uruñuela y Sánchez Moedas. Eliminado Nocioni (min.37).

Pabellón Palacio de los Deportes de La Rioja. 1.200 espectadores.
LOGROÑO. Se dan a lo largo de las temporadas diferentes fases en el nivel de exigencia al que se ve sometido un equipo de baloncesto. Hay fases en las que se alcanza un pico de mayor intensidad y otras en las que las piezas todavía se encuentran en fase de acoplamiento. Y luego están los partidos de pretemporada, épocas del año en las que es posible presenciar partidos que sirven exclusivamente para que los entrenadores tomen apuntes y los nuevos vayan haciéndose a los sistemas. Entrenamientos con rival, como el que ayer le sirvió al Caja Laboral para sumar su segundo triunfo de la pretemporada ante un desmotivado Emporio Armani que acudió de enoturismo a la capital riojana.
Al conjunto azulgrana, que despierta muchas dudas, le faltan todavía argumentos para arrojar certezas. Y más si, como es el caso, se presenta a la cita ante uno de los equipos con los que tendrá que jugarse las alubias en la primera fase de la Euroliga tan diezmado de efectivos en la pintura. Sin Lampe ni Milko Bjelica, Ivanovic tuvo que hacer malabares para mantener en todo momento una pareja interior de ciertas garantías. Los italianos lo aprovecharon para mantenerse en un partido que, de lo contrario, y a pesar de las lagunas evidentes, el combinado dirigido por Dusko Ivanovic podría haber resuelto con mayor facilidad.
El técnico montenegrino se mantuvo fiel a su idea de iniciar el duelo con Heurtel. Pero no sirvió más que para evidenciar que el galo necesita todavía unas horas de vuelo antes de ponerse a los mandos de un trasatlántico de estas dimensiones. El francés, al que el club busca equipo, tiene cosas, detalles que alimentan una esperanza futura, pero sigue verde. Y este año da la impresión de que el Baskonia no está para que nadie tome clases. Necesita que todas sus piezas aporten para minimizar la ausencia de un referente claro.
Cabezas dio más sentido al juego en estático cuando estuvo sobre el parqué. El malagueño, aún en fase de rodaje, debe seguir creciendo, pero resulta evidente que está llamado a asumir el papel de base jerárquico que quedó vacante tras la marcha de Prigioni a la NBA. Sus minutos en pista coincidieron con los momentos de mayor solidez en una primera parte en la que el Caja Laboral mandó en el marcador. El puesto del otro gran referente, del capitán, otro encargo caliente, sigue en subasta. Pero en una plantilla tan coral, quien más quien menos confía en que sean Maciej Lampe y Nemanja Bjelica los que den un paso al frente para incrementar su producción.
El serbio lo hizo ayer. Habrá que ver si es algo definitivo o flor de un día. Pero lo cierto es que su descaro en el tercer cuarto, cuando el equipo de Scariolo apretó los dientes para buscar la remontada, permitió al cuadro azulgrana recuperar una ventaja con la que ya se manejaría hasta el final del encuentro.
No estuvo solo Nemanja. Hubo otros que aportaron dentro de un encuentro en el que se apreció precisamente esa condición de colectivo octópodo, coral, del plantel azulgrana. Andrés Nocioni, Oleson, Pleiss e incluso Causeur, aunque el galo no firmó un buen partido, tomaron el testigo en diferentes fases del partido.
Sólo la endeblez defensiva que muestra el equipo en las proximidades de la propia canasta, algo que ya quedó retratado en la gira francesa, permitió al Milán aproximarse en el electrónico e inquietar una victoria que a dos minutos para el final parecía encarrilada. Así las cosas, y a pesar de un par de canastas de Pleiss, el cuadro italiano tuvo opción incluso de forzar la prórroga. Pero Fotsis, que como otros grandes jugadores del Armani Jeans no parecía estar muy por la labor, no los aprovechó. El jugador heleno, como casi todos ayer, estaba a otra cosa. Era sólo un entrenamiento con público, para todos menos para Andrés Nocioni. Y Dusko pudo seguir sacando conclusiones.

15/9/11

Ganar como rutina

España regala quince minutos de ventaja antes de desperezarse y destrozar a Eslovenia para colarse de nuevo en las semifinales del Eurobasket




La selección española va sobrada para ganar el Eurobasket. Da igual que su juego haya perdido cualquier atisbo de brillo, que los planteamientos colectivos resulten cuestionables o que todo el protagonismo ofensivo recaiga en unas pocas piezas mientras la nómina de secundarios se mantiene muy por debajo del nivel deseable. Va sobrada. Tanto, que ni siquiera los excesos de confianza, que podrían resultar letales en los cruces, le pasan factura. Quedó muy claro ayer. En un partido en el que nadie dudaba del resultado final, Eslovenia salió respondona. Al abrigo de los ardides del viejo lobo Maljkovic, cuajó un primer cuarto soberbio y amagó con ofrecer un partido equilibrado. Pero fue sólo un espejismo. España, que tiene el triunfo en su lista de rutinas, se desperezó y acabó por imponer una lógica que pesa, en ocasiones, más que los méritos.

El equipo español tiene ya una plaza en las semifinales, donde se medirá a la sorprendente Macedonia. Por séptima vez consecutiva, que se dice pronto, se cuela entre los cuatro mejores equipos de un Eurobasket. Se encuentra muy cerca del objetivo que, al menos desde las altas instancias, se fijó para la cita lituana. Si se impone mañana al combinado liderado por el eléctrico Bo MaCcalebb, se habrá asegurado además un billete para los Juegos de Londres. Aunque para obtenerlo, sin duda tendrá que ofrecer un nivel de concentración mayor al exhibido en el arranque del choque de ayer. O no.

Eslovenia pasa por ser un combinado muy justo de efectivos, y más aún de carácter para competir. Es algo endémico, que viene de siempre, grabado a fuego en el ADN de sus técnicamente brillantes jugadores. Quizá otro rival podría haber hecho mucho más daño al equipo español, que sesteó durante los primeros quince minutos y azuzó la escasa fe con la que el rival se había presentado a la cita para después disiparla con crueldad. Pese a todo, el equipo de Maljkovic sacó tajada a su mayor hambre para manejar unas rentas que incluso al término del primer parcial (16-23) invitaban a creer en milagros.

Aunque se han criticado muchas de sus decisiones –con bastantes argumentos y razón en algunos casos–, fue SergioScariolo el que tomó la iniciativa para variar el rumbo de un encuentro que comenzó a tomar un cariz demasiado espinoso. El técnico italiano varió la disposición defensiva, ordenó una zona 1-3-1 y secó el caudal ofensivo del cuadro balcánico. El madridista Mirza Begic, que llegó a hacer daño a Pau Gasol en los primeros compases del duelo, sufrió mucho cuando el jugador de los Lakers se desperezó y comenzó a mandar. Y así España fue recortando la desventaja y, más importante aún, enviando señales inequívocas de que nada iba a ser como estaba pareciendo hasta ese momento.

Eslovenia cerró el segundo cuarto con sólo ocho puntos tras el cambio defensivo. Pero lo peor aún estaba por llegar. El tercer parcial trajo consigo un vendaval. España destapó el tarro de las esencias. Con Pau yNavarro (17 puntos en este periodo) al mando de las operaciones, el equipo de Scariolo finiquitó el partido tras lograr en esos diez minutos más puntos (36) que en los veinte anteriores (35).

España va sobrada. Cuando quiso, pudo.Despertó a tiempo ante un rival huérfano del hambre que se requiere para tumbar al gran favorito. Macedonia se presenta en el horizonte como un contrincante a priori asequible, fácil incluso. Y ahí está el peligro. España alcanza la semifinal con los mismos vicios que comenzó el torneo. Aunque también con el mismo potencial.

10/9/11

Territorio Gasol

Pau y Marc tiranizan bajo los tableros a Serbia y impulsan a España, que recobra la motivación de las grandes citas, a los cuartos del Eurobasket



La selección española de baloncesto se encuentra desde ayer un paso más cerca de la medalla de oro que todo el mundo le había adjudicado antes de que arrancara el Eurobasket y algunos han querido después poner en entredicho. No existe ningún equipo en este torneo, ante la ausencia de Estados Unidos, que pueda plantarle cara. El principal rival de España, como ha quedado claro en los primeros diez días de competición, es España. Cuando los pupilos de Sergio Scariolo quieren, cuando afrontan las citas con la motivación suficiente, siembran las cunetas de cadáveres. Lo hicieron ante el anfitrión, Lituania, y lo repitieron ayer ante Serbia, otro de los combinados que habían presentado candidatura a luchar por todo. Guiada por los hermanos Gasol, tiranos bajo los aros, imparables, la selección española recobró su mejor versión y mandó un mensaje al resto de meritorios.
Atrás quedan ahora las dudas que generó su juego en los primeros partidos y en la derrota frente a Turquía. Este equipo necesita oler sangre, vislumbrar un contrincante de nivel, para elevar la intensidad y sacar las garras. Ayer lo hizo desde el salto inicial. La pujanza de esta prometedora Serbia, un equipo con un esplendoroso futuro por delante, despertó el instinto asesino del actual monarca europeo, que tenía cuentas pendientes por saldar y se apoyó en la insultante tiranía de los Gasol bajo los aros para hacerse con una ventaja que ya no haría más que crecer.
Dos canastas consecutivas de Pau, seguidas de dos robos que presagiaban la espectacular actividad defensiva que iba a mostrar el equipo de Scariolo, fijaron las coordenadas que iban a regir los designios del duelo. Poco importó que el pívot de los Lakers cometiera su segunda personal cuando apenas habían transcurrido tres minutos de juego. España tenía claro el guión. Ayer quería ganar. Y ganó. Así de fácil.
Da lo mismo que el rival, su verdugo en el pasado Mundial, dispusiera de un interesante y polivalente elenco de jugadores, que el lanzamiento exterior siga ofreciendo menos réditos de los esperados y que pueda gustar más o menos la gestión del banquillo. Todo eso importa poco cuando a este grupo irrepetible de jugadores, seguramente una de las mejores selecciones de la historia del baloncesto europeo, se le despierta el apetito. Sobre todo si al frente de todos ellos se encuentra un jugador como Pau Gasol, que ha sido capaz de ganarlo casi todo, que va de cabeza hacia el MVP del campeonato y que se divierte jugando junto a su hermano menor.
Tiranía bajo los aros
El Eurobasket de Lituania se ha convertido en territorio de los Gasol. Ayer se bastaron para arruinar cualquier esperanza de victoria serbia. No puede negarse que tácticamente el equipo sigue dejando mucho que desear, sobre todo en los ataques estáticos. Lo que pasa es que goza de un dominio tan abrumador cerca de los aros, donde de verdad se deciden los partidos, que el resto queda un tanto eclipsado. Y más aún si, como sucedió ayer, la defensa funciona y aumentan las posibilidades de correr la cancha.
España remató a Serbia gracias a la letal efectividad ofensiva de Pau y Marc, con la siempre inestimable colaboración de un Juan Carlos Navarro que reserva sus mejores actuaciones para los duelos definitivos, como casi siempre. Entre los tres anotaron 60 de los 84 puntos que sumó el equipo. Pero la realidad es que el partido, como tantas veces en este deporte, quedó sentenciado atrás, con el espectacular despliegue coral que realizaron los pupilos de Scariolo en defensa.
España asfixió a Serbia. Con enormes dosis de intimidación en la zona y una excelente lectura del juego para controlar las líneas de pase, el equipo se amoldó al plan inicial de su técnico. Por fin se vio lo que quiere Scariolo y lo que puede llegar a ser. Sólo queda comprobar si la motivación se convierte definitivamente en una seña de identidad del gran favorito o si aparece de manera discontinua en función del rival de turno.

8/9/11

Bendito banquillo



La irrupción de dos secundarios como Ricky Rubio y Fernando San Emeterio desatasca a la España de un lesionado Pau Gasol para imponerse a Alemania en el arranque de la segunda fase



Desde que lo inventó James Naismith, hace 120 años, el baloncesto ha destacado siempre como un deporte eminentemente colectivo. Rara es la vez que un solo hombre puede ganar un partido. Los encuentros los ganan los quintetos. Y los torneos, los equipos que disponen de más soldados dispuestos para la batalla. España cuenta desde ayer con dos más. Si en los primeros compases de este Eurobasket se había cuestionado el uso y la aportación de los elementos del banquillo, ayer fueron los secundarios quienes acudieron al rescate de un favorito sin brillo, atascado, que volvió a complicarse en exceso la vida pero que acabó sumando una victoria que puede resultar definitiva en su pelea por hacerse con una plaza en los cuartos de final.

Ricky Rubio y Fernando San Emeterio irrumpieron en un duelo que volvió a evidenciar las carencias de un equipo que, aun manteniendo su vitola de principal favorito al oro, se muestra más humano y accesible conforme avanza el calendario. El joven niño prodigio deshizo e hizo. Tiró de picardía e inteligencia en el momento preciso. Enmendó errores previos, sobre todo en defensa. El santo del Baskonia se sacudió los complejos y por fin logró enfundarse el chaqué de talismán que tantas noches ha disfrutado el público del Buesa Arena. Con Pau Gasol tocado, renqueante aún del esguince de tobillo que le impidió actuar ante Turquía, el cántabro se sumó a Navarro y Marc Gasol para mantener la producción ofensiva y elevar el ritmo de un encuentro al que Alemania pretendía meter cloroformo.

Los germanos asumieron por obligación una distribución más democrática de sus posesiones. España se volcó en la defensa sobre Nowitzki. Reducir los daños, inevitables, que el MVP de las pasadas Finales de la NBA podía provocar con sus plásticos fade away se convirtió en una misión prioritaria. Pau Gasol, de nuevo faro, héroe, mártir, asumió el reto. Se sacrificó de inicio. Saltó a la cancha con dolor y con esa misión entre ceja y ceja. Cedió los trastos en ataque durante los dos primeros cuartos. Y en cierto modo logró mitigar los habitualmente devastadores efectos de la estrella de los Dallas Mavericks.

Dirk Bauermann reaccionó buscando espacios para el otro pívot. Kaman supo sacar partido a su duelo individual con Marc. El jugador de los Clippers hizo daño. El suficiente como para, abriendo espacios para los hombres del backcourt, permitir que el marcador se mantuviera en un desconcertante abrazo cuando el encuentro llegó a su ecuador (33-36). La sensación era extraña. España había sido mejor. Pero el partido continuaba abierto.

Una charla determinante

Sergio Scariolo, preocupado, mantuvo una conversación con su estrella que a la postre resultaría clave. Pau, incapaz de anotar un solo punto en los dos primeros cuartos, se conjuró para ofrecer una nueva lección de compromiso. El equipo lo necesitaba. Y respondió. Con diez puntos casi consecutivos propició el primer despegue del campeón continental (43-52), aunque resultaría insuficiente. Alemania había encontrado la manera de hacer daño. Ahora era el equipo germano el que corría.

La intensidad de Herber, que sacó petróleo daño cargando el rebote ofensivo, y la velocidad y el acierto en el perímetro de los dos exteriores, Hamann y Schaffartzik, volvieron a sembrar de incógnitas el desenlace del partido. Con el recuerdo de lo que sucedió en el choque anterior frente a Turquía aún fresco, a los pupilos de Scariolo pudieron haberles temblado las piernas. Pero no lo hicieron. El preparador transalpino varió, por una vez, su habitual rotación y apostó por mantener a Ricky y San Emeterio sobre la cancha en los momentos decisivos. No todo el mundo aceptó de buen grado esta decisión. Según recogieron las cámaras de televisión, a Rudy Fernández le supo a cuernos. Pero el tiempo acabó por dar la razón al seleccionador.

San Emeterio se había ganado la confianza que hasta este punto del torneo le había vuelto a negar Scariolo. Con dos triples que mantuvieron las constantes vitales del equipo en la primera mitad, mucha brega en defensa y decisiones valientes, apoyadas en la seguridad adquirida, se convirtió en uno de los argumentos que decantaron el duelo. Ricky, víctima de la estrategia defensiva planteada para secar a Nowitzki, sufrió para detener a sus pares. Sin embargo, un robo y un rebote ofensivo en los momentos determinantes bastaron, junto con un mate del héroe Gasol, para zanjar las dudas. España sigue creciendo. Ahora tiene más armas. Más soldados dispuestos para la batalla.

1/9/11

Una victoria que debilita



Una España excesivamente apática envía malas vibraciones en su debut y sufre para doblegar a un limitadísimo rival.



España era y es la gran candidata a conquistar el oro en el Eurobasket que ayer comenzó con un sabor un tanto amargo en Lituania. Pocos equipos, por no decir ninguno, disponen de un plantel tan sobrado de talento y jugadores determinantes como los que reúne Sergio Scariolo en su vestuario. En un deporte en el que los buenos ganan partidos y los altos dominan el juego, el mero hecho de contar con una batería de jugadores interiores como la compuesta por los hermanos Gasol y uno de los más temidos defensores de la NBA, el congoleño Serge Ibaka, supone una garantía de éxito. Como mínimo, asegura la capacidad de competir, de soñar con todo. Pero en un torneo internacional como este Eurobasket, con algunas ausencias pero rebosante de figuras, no basta con ser, ni con tener;también hay que querer. El deseo y la ambición, el hambre, se aprecian como recursos fundamentales. Y ayer España, en su estreno ante una limitadísima selección polaca, anduvo muy escasa de sangre en las venas.

El combinado español ganó porque tenía que ganar. No existía otro resultado posible. A pesar de que los polacos sacaron partido en los instantes finales a la desidia española para contraer el marcador, jamás dio la impresión de que el debut de la vigente campeona continental fuese a cerrarse con un resultado distinto al de la victoria. Pero hay victorias y victorias. Las hay que sirven para dar un golpe en la mesa y presentar las credenciales, para imponer respeto al rival, y también las que ofrecen todo lo contrario, una sensación de vulnerabilidad que casi nadie había contemplado en las semanas previas al torneo.

España ganó ayer a Polonia, es cierto. El 83-78 final no engaña. Ganó un partido. Pero cedió parte de esa impronta de equipo imbatible que, quizá más por nombres que por juego, se le había concedido con excesiva antelación. El desarrollo del partido, que sacó a relucir los vicios y defectos que han acompañado al combinado estatal durante la preparación, mostró el camino a seguir para los rivales. España tiene puntos débiles y ayer quedaron expuestos a los ojos de todos.

En manos de Sergio Scariolo está corregir el rumbo, disipar las dudas que asaltan a un bloque que, pese a todo, sigue siendo el mayor candidato a subir al primer escalón del podio el próximo domingo 18. "Tenemos grandes jugadores. Ahora debemos convertirlos en un gran equipo", dijo el italiano antes del partido. Ayer no lo logró.

Un grupo de estrellas, no un equipo

España no fue un gran equipo ante Polonia. Fue un conglomerado de jugadores perdidos, más apáticos de lo tolerable, pero abrigados por el insultante dominio en la pintura del que gozan los hermanos Gasol y la inagotable ambición de un Navarro que, por ahora, se muestra como la única referencia de garantías en el perímetro. Aun así, el arranque del duelo marchó por los raíles de la lógica. El equipo de Scariolo se apoyó en Pau y abrió una cómoda renta que aventuraba una segunda mitad en la que podría dejarse llevar por la inercia. Nada más lejos de la realidad.

Polonia, apoyado en un Kelati sobrado de fe y en la agresividad de su defensa zonal, bien cerrada cerca del aro, reaccionó ante el asombro de los poco más de mil espectadores que se congregaron en las gradas del Cido Arena. España, que había gozado de una renta de 17 puntos (42-25) al filo del descanso, fue malgastándola poco a poco por culpa de su pésima actividad defensiva, su escasa clarividencia en el ataque estático y el desacierto en el tiro exterior (3/16 en triples), males endémicos que Scariolo debe detectar y enmendar para volver a recuperar la mejor versión de un equipo que sólo brilla cuando corre.

Con Calderón y Ricky muy desentonados, erráticos e incapaces de poner orden, los mejores minutos llegaron con Sada en cancha, en el segundo cuarto. El base del Barça comandó un arreón de defensa y transiciones rápidas y con un 20-6 de parcial pareció haber destrozado definitivamente el partido. Pero no estaba zanjado. A Polonia le sobraba orgullo y a los españoles les faltaron ganas.

Kelati reabre el debate del 'tres' alto

Kelati, que reabrió el debate en torno a la decisión de Scariolo de dejar fuera a Carlos Suárez, sacó ventajas con todos sus pares. Y contagió a sus compañeros. Los pupilos de Ales Pipan se convirtieron al kelatismo y Koszarek los invitó a soñar a 16 segundos para el final. Polonia se ponía a dos. Pero entonces, como antes había hecho Pau, apareció Navarro para matar el partido desde la línea de tiros libres y rescatar de la mediocridad a un equipo obligado a lucir. Hoy, ante Portugal, otro rival propicio para seguir creciendo, España debe retomar la senda de la ambición.

Os incluyo el link de la crónica publicada en Diario de Noticias de Álava. Estos próximos días, en los que me va a tocar escribir bastante, iré colgando en el blog las crónicas y reportajes que elabore sobre el torneo.

10/8/11

El último en salir

A tres semanas del arranque del Eurobasket la selección española, firme candidata al oro, debe realizar aún un descarte. A pesar del relativo peso que pueda tener en el equipo, se ha generado un encendido debate



Faltan aún tres semanas para que la selección española emprenda su camino hacia el oro en el Eurobasket de Lituania y, sin embargo, el debate que han generado las diversas teorías que he ido oyendo en torno a la identidad del último descarte de Sergio Scariolo para esta cita me han empujado a postergar (espero que sólo un día) el artículo que había empezado para agradecer los servicios prestados por Marcelinho Huertas al Baskonia. El preparador transalpino ha actuado con evidencia al recortar las dos primeras unidades del grupo de quince hombres con los que inició esta fase de preparación. No se la ha jugado. El rocoso Xavi Rey y Rafa Martínez, a quien otros jugadores han privado de una carrera seguramente brillante a nivel de selecciones, han sido los dos primeros en caer. Se esperaba en ambos casos. Ahora todo se centra en saber quién se convertirá en el último descarte. A pesar de que he escuchado y leído teorías de lo más variado en torno a este asunto, cinco son los nombres que suenan con más fuerza, aunque probablemente sólo tres de ellos se encuentran de verdad amenazados.

Sea quien sea el sacrificado, las opciones de éxito del combinado español serán las mismas. Y ahora mismo parecen todas. En un bloque tan consolidado, con referentes tan claros y un esquema de juego tan definido, los roles del undécimo y el duodécimo jugador serán en cierto modo residuales. Así fue en Turquía, el pasado año. Scariolo se maneja, sobre todo en los duelos cruciales, con rotaciones de diez jugadores; dos unidades completas. En determinadas situaciones, casi con nueve. Y esa estructura básica del equipo está definida. Así que, en cierto modo, se ha generado un debate estéril. ¿O no? En absoluto. La decisión que adopte Scariolo puede tener mucho más peso del que parece, siempre teniendo en cuenta que con jugadores como Navarro, Calderón y, sobre todo, Pau Gasol, todo puede resultar mucho más fácil. Y digo que tendrá peso por dos motivos: el primero táctico, ya que el perfil de los jugadores que se disputan esa última plaza es abismalmente diferente, y el segundo diplomático, puesto que tras la marcha de veteranos como Mumbrú, Berni o Garbajosa parece que el seleccionador puede hacerse con las riendas de un vestuario que ha estado regido por los galones de los pesos pesados.

Si echamos la vista atrás, puede resultar incluso ridícula la controversia que despierta la elección del último descarte. Los cinco jugadores que han aparecido en las quinielas (ya digo que no todos están en verdadero riesgo de perderse la cita báltica) son Víctor Sada, Sergio Llull, Fernando San Emeterio, Carlos Suárez y Víctor Claver. Cualquiera de ellos habría sido un fijo en España hace no demasiados años, como también el propio Rafa Martínez y algún otro que no ha entrado siquiera en la convocatoria. Pero así son las cosas ahora. La selección española, fruto de un excelente trabajo tanto de los clubes con más tradición de cantera como de la federación en categorías inferiores, disfruta de la época de mayor bonanza de su historia. Los junior de oro, la generación que abanderan Navarro, Reyes o Gasol, han abierto el camino a los que ahora les acompañan y a los que están por llegar pero que ya han empezado a coleccionar metales en torneos internacionales. Para cualquier entrenador supone un goloso problema configurar la lista con estos mimbres. Y ahora a Scariolo le toca lidiar con las opiniones de los aficionados a este deporte, que son variadas y muchas veces se encuentran contaminadas por el amor a unos colores, a un equipo determinado.

Un equipo que puede rescatar al baloncesto

El técnico lombardo ostenta un cargo complejo, en el que no basta con escoger bien a los jugadores que compondrán su equipo y exhibir dotes de dirección táctica. Se encuentra al frente de un equipo que puede (o al menos debería) devolver al primer plano en audiencias e ilusión al deprimido baloncesto de este país, un plantel obligado a obtener el oro. Cualquier otro resultado supondría para la mayoría una decepción. Ese es el nivel de exigencia que han fijado los éxitos recientes, de los que él no tomó parte. Y se la juega, después del rotundo fracaso del pasado Mundobasket, donde el demoledor triple de Teodosic representó el hachazo definitivo al gaznate de un equipo que en ningún caso contrajo méritos durante la competición para aspirar a nada. He ahí otro agumento para entender la delicadeza con la que deberá manejarse incluso para escoger al duodécimo elemento del combinado estatal.

Una vez depurada (con todo el respeto) la selección de jugadores veteranos que aportaban ya poco sobre la cancha y mandaban demasiado fuera de ella, Scariolo debe definir con la elección de sus jugadores el juego que pretende desplegar en el torneo de Lituania. Ayer, en el primer partido de preparación ante una Francia sobrada de músculo pero carente de intensidad competitiva, pudimos contemplar algunas pinceladas. Fue un partido soporífero, sin historia desde la primera mitad, y eso, pese a la euforia con la que algunos han reaccionado, no es bueno para una fase de preparación. Más bien al contrario. Impide que el equipo trabaje algunas situaciones del juego, con más tensión y dificultad en la toma de decisiones, que resultarán definitivas durante el campeonato. No debe preocupar a nadie. Se trataba sólo de un primer partido y España, al menos en lo que se refiere a su estructura principal, juega de memoria, mantiene una base que se conoce a la perfección. En cualquier caso, quedó claro que Rudy Fernández actuará como alero titular, por lo que parece que no existe esa obsesión por contar con un tres alto que algunos echaron tanto en falta hace un año.

Los cinco candidatos

Esa apuesta por el quinteto habitual, en el que parece que Pau asumirá el papel de cuatro para jugar un poco más abierto, de cara a canasta (puede hacerlo), sitúa el debate sobre el último descarte en unos parámetros muy limitados: Llull, a quien muchos consideraban de antemano el tercer escolta, tendrá una plaza segura, porque es el recambio natural de Navarro, salvo en las ocasiones en las que Scariolo opte por introducir más presencia física y sitúe a Rudy como dos junto a un alero más poderoso físicamente. Y esta opción también va a tener espacio. El jugador del Real Madrid, ciclotímico, alocado, eléctrico, imprevisible, carga en sus pecados con la penitencia. Aporta velocidad y dinamismo a un equipo que, como se vio ante los galos, dispone de quintetos que pueden hacer mucho daño en transición.

Otra de las cabezas que se encuentran temerosas de caer en la postrera guillotina es la de Víctor Sada. No voy a volver a glosar todas las virtudes de este jugador, ni a descubrir lo mucho que me gusta. Se puede defender su presencia en el equipo desde muchísimas perspectivas y con sobrados argumentos de peso, incluido el del miedo. Y me explico: después de lo que sucedió en vísperas del Eurobasket de Turquía, cuando Calderón cayó lesionado y Scariolo tuvo que recurrir de urgencia a Raúl López, me da la impresión de que España acudirá a la cita con tres unos. Hay quien arguye que Llull puede asumir esta función, la de tercer base. ¿Seguro? Si sufre una lesión Ricky o Calderón, sobre todo éste, ¿de verdad se sentirían seguros contando con el balear como segundo director de juego? Supongo que no demasiado. No es lo mismo ejercer en momentos puntuales como base que entrar en la rotación de un equipo que aspira a lograr el oro en un Europeo con esta responsabilidad. Pero no es ésta la única razón por la que considero que Sada debería (y creo que así será) acudir al torneo. Ha sido decisivo en los títulos que consiguió el Barça la temporada pasada. En la Copa acarició el MVP con la yema de los dedos y en los play off de la ACB, en toda la competición en realidad, brilló incluso por encima de su compañero Ricky Rubio. Si se queda fuera, se produciría una injusticia de brutales proporciones, y ya digo que ni siquiera estoy entrando a valorar las enormes posibilidades que ofrece, sobre todo desde el punto de vista físico, defensivo, para cambiar la dinámica de partidos complicados o sujetar a los grandes bases de los otros combinados favoritos.

Lo mire por donde lo mire, me da la impresión de que el último en salir será uno de los treses que ayer comenzaron el duelo ante Francia en el banquillo. Si Rudy va a ser titular y a asumir muchos minutos, si sobra alguien, sobra precisamente en esa posición. Fernando San Emeterio debe aún ganarse el puesto. De lo que suceda en los amistosos de preparación, aunque nos duela a algunos, puede depender su presencia en el torneo que arranca el próximo 31 de agosto. El icono beatificado del baskonismo merece una plaza en el equipo. Y apostaría a que Scariolo se la va a conceder. Está en deuda con él. El cántabro llegó en un excelente estado de forma al Mundial, tras haber concedido el título al Caja Laboral con aquel dos más uno inolvidable, y lo relegó incomprensiblemente a un tercer plano, a la sombra de un Mumbrú que casi todos veíamos varios escalones por debajo. Pesaron los galones. Los que lo sitúan como el siguiente sacrificado aducen que España necesita un alero alto para defender a rivales más corpulentos en esa posición, como Luol Deng, Turkoglu, Kirilenko o el propio Nemanja Bjelica, pero al seleccionador le resultaría difícil explicar por qué deja fuera de la lista al MVP de la fase regular de la ACB.

Los rivales de España tratarán de sacar ventajas en el poste bajo con sus aleros. Eso no lo niego. Ayer mismo fue uno de los recursos a los que Francia se aferró durante los primeros minutos del choque, cuando Rudy se emparejaba con Batum o Gelabale. No es nada nuevo. Sucede desde el Mundial de Japón de 2006, cuando Jiménez desaparecía del parqué. Es un riesgo que corre un equipo que juega la mayor parte del tiempo con dos exteriores con más talento que presencia física y que me da la impresión que Scariolo, como Pepu en su día, asume gustoso. Así que, aunque muchos entienden que este argumento concede más opciones de quedarse a Carlos Suárez, considero que no acabará siendo determinante en la elección definitiva. España debe definir más la estrategia de sus rivales que viceversa. Y aun así, el técnico italiano dispone de otro hombre capaz de asumir ese rol de alero alto, como es Víctor Claver. El capitán del Valencia Basket cuenta con otro arma que esgrimir para justificar su continuidad: es también el quinto pívot, un recurso para completar la rotación interior en caso de ausencias por lesión.

De entre estos tres últimos, a mi modo de ver, saldrá el último descarte. Ahora mismo Suárez aparece como el peor colocado, y desconozco si el entrenador tendrá en su fuero interno la decisión ya tomada. Claver, siquiera por esa condición de comodín, debería tener sitio, aunque en ningún caso contará, salvo urgencia indeseada, con demasiada presencia en las rotaciones. Llull es fijo. Así que todo apunta a que en la terna entrarán sólo el propio Suárez, el señalado, junto a Sada, cuya salida podría depender exclusivamente de factores estratégicos aunque por lo exhibido ayer ha llegado al verano con la misma excepcional forma con la que cerró el pasado curso, y San Emeterio, que debería hacerlo muy mal para perder una plaza que se ha ido ganando con el paso de los meses, de las temporadas en realidad. El principal enemigo del exterior del Caja Laboral estribará sin duda en la intermitencia con la que aparecerá en cancha. No es un microondas, un tipo eléctrico que revolucione los partidos entrando desde el banco, sino un jugador que requiere de minutos y, sobre todo, confianza para sacar a relucir sus virtudes, para aportar. Tiene en su mano esquivar la caída definitiva de la guillotina, ser el último en salir. Sea quien sea la víctima, como digo, importará poco. Scariolo cuenta con un elenco de jugadores capacitados para ganar el oro, obligados a hacerlo.

5/7/11

La cosa no va de cupos

El baloncesto español busca solución a la grave crisis de identidad y atractivo que padece mientras algunos centran el debate en la conservación de aranceles para evitar lo que ven como el primer paso hacia la extinción del jugador autóctono



La ACB se encuentra inmersa en un proceso de refundación que puede resultar crucial para el futuro del baloncesto, y no sólo en España, sino en toda Europa. El golpe de estado impulsado hace unas semanas por los clubes más poderosos con el fin de derrocar a los dirigentes del organismo que gestiona la competición ha abierto un sinfín de interrogantes cuyas respuestas definirán el camino a seguir en unos tiempos verdaderamente oscuros para este deporte. Los amantes del baloncesto aguardan con impaciencia la fórmula mágica que resuelva los padecimientos de un deporte despreciado por las televisiones, relegado por las audiencias e incapaz de concitar el interés de los patrocinadores. En un contexto desalentador, en el que muchos equipos se encuentran amenazados por las deudas que arrastran, el debate en torno al nuevo rumbo que debe seguir la ACB para recobrar su atractivo se ha centrado en exceso en la definición del nuevo marco de contratación, en la conveniencia de mantener o suprimir normativas proteccionistas para con los jugadores españoles. Sin embargo, hay otras muchas aristas en este poliédrico escenario que deberían estudiarse con mayor detenimiento, puesto que de ellas depende en mayor medida lo que nos espera a todos los que amamos este deporte.

Se puede estar más o menos de acuerdo con la necesidad de proteger el producto autóctono respecto de las apocalípticas invasiones que algunos predicen que podrían producirse en el caso de que se abrieran por completo las fronteras. Pero éste no va a ser el asunto que rescate al baloncesto español de las fauces del ostracismo que comienza a engullirlo. Los más escépticos recurren al ejemplo del fútbol, donde en un entorno globalizado al máximo la selección española ha cosechado los mayores éxitos de su historia. Otros se aferran al modelo de la NBA, patrón idóneo para muchas de las cuestiones a tratar. La competición estadounidense no examina los documentos de identidad de los jugadores que contratan los clubes que la componen. El que es bueno, tiene sitio, haya nacido en Oregon, California, Beijing o Guadalajara. Así de sencillo.


En el otro bando se posicionan todos aquellos que defienden el producto nacional como reclamo, como gran solución. No son pocos. En las últimas semanas he coleccionado opiniones que abogaban por mantener algún tipo de medida que garantice la presencia de jugadores "españoles" en las plantillas de la ACB. Es la misión que se han marcado los portavoces negociadores del sindicato de jugadores, que en nuestro país pasa por ser una organización que defiende los derechos de los profesionales nacidos aquí, no a todos los que están empleados por los clubes del torneo doméstico. Lo cual, por cierto, no carece de cierta ironía. ¿Qué se diría o escribiría si alguna de las centrales sindicales protegiera y velara exclusivamente por los derechos de los trabajadores españoles buscando medidas que dificultasen la igualdad de acceso a los puestos de trabajo de los inmigrantes? Mejor no responder a esta cuestión porque igual salía escaldado o demasiado sorprendido.


La bravuconada del señor Soler


El caso es que, al margen de la ABP (Asociación de Baloncestistas Profesionales), se han situado en este frente, cómo no, los dirigentes de la Federación Española de Baloncesto -con su presidente José Luis Sáez a la cabeza- y el nuevo secretario de Estado para el Deporte, Albert Soler, que pocos días después de que los clubes presentaran su propuesta para el nuevo marco de contratación llego a amenazar con la posibilidad de que se orquestaran medidas desde las instituciones para que la ACB se disputara sin extracomunitarios. La bravuconada del mes, y una evidencia palpable de escasa oportunidad política. Desde luego, posturas como ésta ayudan bien poco en la persecución de de soluciones para la desesperada búsqueda de identidad en la que se encuentra atrapado ahora mismo el baloncesto español.


Los proteccionistas consideran que la supresión de los famosos cupos, que establecen un mínimo de jugadores con pasaporte español (¡Ojo!, que no españoles) en los equipos, podría suponer la extinción definitiva del jugador nacional. Por un lado, lo dudo. Si la selección española ha alcanzado las cotas de éxito de los últimos años, desde luego no creo que haya sido por los aranceles fijados para que se dosifique la entrada de foráneos a la competición estatal. Así que esos miedos, al margen de aparentemente infundados, reflejan una completa falta de confianza en el trabajo de base que las distintas federaciones territoriales, los grandes clubes y los equipos modestos desempeñan desde hace mucho tiempo. Son miles los jóvenes que juegan, que hemos jugado, siempre con el sueño de llegar a debutar en la máxima categoría, dar el salto a la NBA o jugar en la selección, y la mayoría se queda (nos quedamos) por el camino. Pero unos pocos llegan. Los que lo merecen. Los mejores.


Un pequeño fleco del embrollo del basket español


El sistema de cupos o su eliminación es sólo, como digo, un pequeño fleco del tremendo embrollo que los dirigentes de los clubes, que han tomado el mando a través de una rebelión necesaria pero groseramente ejecutada, tienen ahora mismo entre manos. Sin embargo, este martes los directivos de los equipos, con Josean Querejeta como voz cantante, se sentarán en la mesa de negociación con los responsables de los jugadores. Y estoy convencido de que el tema en cuestión volverá a capitalizar la reunión. El baloncesto español, como el de la NBA, como otros muchos deportes, incluido el fútbol en realidad, se ha metido en un callejón sin salida. Los clubes garantizan a sus estrellas unos contratos que a la larga se antojan irreales, primero porque el impacto económico que generan los jugadores rara vez alcanza esas cifras y después, por supuesto, porque muchas veces se muestran incapaces de pagarlos. De eso va el lockout, de tratar que los clubes puedan ajustar los números, equilibrar las cuentas en un momento en el que ya se percibe con claridad que los gastos superan con creces a los ingresos, y en esa dirección deberían dirigirse los esfuerzos de los responsables de velar por la salud del baloncesto español, depreciado, deprimido, deficitario. No se puede plantear siquiera mantener un sistema en el que las instituciones públicas aparecen como el principal patrocinador de un elevadísimo porcentaje de los equipos.


Puede que estas reflexiones duelan, sobre todo a los jugadores. Pero es lo que hay. No se está hablando de poderosas multinacionales que pretenden ganar un poco más a costa de exprimir a sus trabajadores. Hablamos de entidades que, hoy por hoy, se encuentran muy lejos de resultar rentables en la mayoría de los casos. Y los cupos, aunque pueda resultar impopular, se han revelado más como una circunstancia que encarece el coste de la mano de obra de los equipos que como una garantía de supervivencia para los jugadores españoles o la selección, que como el resto de combinados nacionales seguiría manteniendo el nivel gracias a las grandes promesas que en los últimos años están pariendo las canteras de los clubes. Curiosamente en la mayor parte de los casos esas joyas salen de las categorías inferiores de escuadras que siguen considerando a los hombres de la casa como un sustento básico para su primera plantilla, no de los que tratan de sortear los cupos. Porque ésa es otra: no son pocos los que asumen la norma como una obligación, como una ley que invita a buscar la trampa con la que sortearla, y casi nunca como una oportunidad de potenciar a los jugadores nacionales. Esto nos brinda situaciones surrealistas e incomprensibles. Con todos los movimientos que ha habido estos dos últimos años en la casa blanca, ¿como sigue Sergi Vidal conservando una ficha en la plantilla del Madrid? ¿Qué pinta Ander García en el banquillo de uno de los mejores equipos del continente? ¿Dónde nacieron Fede Van Lacke, Rafa Hettsheimeir, Eulis Báez, Sitapha Savané, Caio Torres, Nikola Mirotic, Josh Fisher, Esteban Batista, Mamadou Samb, Paulo Prestes, Dmitry Flis o Brad Oleson, que juegan con pasaporte español?


Refuerzos extranjeros para la selección


Me da la impresión de que algunos quieren dejarse engañar. Y engañan al mismo tiempo. Leí el otro día en el twitter una frase que me dejó helado, pero que al mismo tiempo me inspiró para darle vueltas en la cabeza a este asunto. La firmaba José Luis Sáez, máximo responsable federativo, y por tanto, se supone que cabeza visible del baloncesto de este país. "Si te saludan en Oklahoma con un qué pasa tío es que es español", publicaba el andaluz en su cuenta de twitter. Paradigmático que uno de los mayores adalides de la defensa del jugador nacional quiera convencernos de que Serge Ibaka (si no se refería a él, que alguien me explique esta frase con otro significado) debe ser considerado como un jugador español. ¿De qué estamos hablando? ¿Se puede defender que la selección se potencia con refuerzos nacidos fuera de nuestras fronteras y que han recibido el pasaporte tras una escueta estancia en el país pero debe criminalizarse que los clubes, los que pagan los contratos, los que soportan el coste real de la competición, reclamen su derecho a reclutar jugadores sin detenerse a mirar su lugar de nacimiento?


No tengo nada contra el señor Sáez, más bien al contrario, creo que bajo su mando se han logrado cosas muy importantes desde un punto de vista de selecciones, pero considero que debería mantener unos criterios más coherentes a la hora de trasladar su mensaje. Activo usuario de las redes sociales, esta misma semana nos dejó otro mensaje que se refería a este asunto: "¿Cómo alguien pretende defender una liga de basket sin españoles?", lanzaba al aire la pregunta el presidente de la FEB. Yo le respondo con otra, a la gallega: ¿Quién defiende tal cosa? Todo esto va de conceder a los clubes una mayor libertad, amparada incluso por la normativa europea, para confeccionar sus plantillas y hacerlas más atractivas de cara al público. Si los hay de calidad, incluso una docena de jugadores españoles pueden componer el roster de cualquier equipo.  El problema actualmente es que no hay tantos buenos como para soportar el nivel de los principales equipos de la ACB, incrustados en la aristocracia europea. Y los pocos que hay, sacan tajada de la situación a la hora de negociarse el contrato.


Imbroda habla claro


Lo decía Javier Imbroda en una entrevista que publicamos en Diario de Noticias de Álava este fin de semana: "No podemos seguir pagando sueldos disparatados a auténticas medianías sólo porque sean españoles". Directo, duro, realista. El jugador español de nivel medio ha vivido en muchos casos por encima de sus posibilidades, de sus méritos, y los clubes se han hartado de esta situación. La supresión de los cupos no acabará con ellos, pero en muchos casos los reubicará donde deberían estar. La ACB, tras la NBA, parece ahora mismo la mejor competición nacional del planeta. Quizá no hay sitio para tantos jugadores nacionales, pero el nivel medio es superior al de muchos otros países. ¿Sería una desgracia que algunos de ellos tuvieran que emigrar a ganarse el pan, incluso muchos como estrellas, en otros países con torneos menos potentes? A mi juicio, no.


En cualquier caso, reitero que debería dejar de tratarse este tema para empezar a considerar otros de los que de verdad depende el futuro de nuestro baloncesto. El principal eje del galimatías reside en hallar fórmulas para incentivar las inversiones de los patrocinadores en este deporte y volver a presentar el baloncesto como un producto atractivo para el gran público. Y eso pasa por contar con los mejores jugadores posibles, nacidos en Jaén o en Mostar. El jugador español, como cualquier otro profesional, deberá demostrar que está cualificado para competir en igualdad de condiciones. A nivel de selección lo ha conseguido. Y me niego a creer que sea exclusivamente por la sobreprotección que se le ha concedido en la ACB.


En estos tiempos se está tratando la supervivencia del baloncesto como deporte de élite, más allá de los éxitos internacionales de la selección. Aun así, los ha habido, muchos, y no resultan garantía de nada. Mientras España sumaba un Mundial (2006), una plata olímpica en Pekín (2008) y dos metales más en los Eurobasket de 2007 (plata) y 2009 (oro), las audiencias de la ACB se desplomaban sin remisión. Mientras muchos medios ensalzaban y elevaban a los altares a determinados jugadores, el deporte en sí iba perdiendo presencia en periódicos, radios y televisiones, sobre todo de ámbito nacional. Los éxitos de la selección endulzan los veranos, pero el baloncesto se sostiene sobre la base de las competiciones que se disputan cada año durante meses. Y ahora mismo, aunque nos duela, sufren una crisis aguda que no se solucionará por mantener el sistema de cupos.

Os dejo el link a la entrevista de Javier Imbroda que publicábamos el lunes en Diario de Noticias de Álava. Habla bastante claro del tema.

20/6/11

La hora de Sada


Víctor Sada se ha destapado como uno de los principales argumentos con los que el Barça de Xavi Pascual ha cerrado los play off sin ceder una sola derrota. ¿Alguien piensa aún que no tiene sitio para el próximo Eurobasket en la selección de Scariolo?

Hoy me he levantado con ganas de romper una lanza en favor de un jugador al que he defendido durante años pero que jamás me había ofrecido tantos argumentos objetivos como ahora para dedicarle unas líneas y arrojárselas a la cara a los muchísimos detractores con los que he discutido sobre su valía. Ya os hablaré un día sobre mi (quizá excesiva) pasión por el baloncesto metalúrgico, por el físico y la defensa, porque jamás lo he ocultado. Pero hoy quiero centrarme exclusivamente en la figura de Víctor Sada, un jugador que se ha convertido en pieza clave en el que pasa por ser, probablemente, uno de los mejores equipos que he conocido. En pleno debate sobre la composición de la lista con la que Sergio Scariolo afrontará el próximo Eurobasket de Lituania (su primera versión se desvelará este martes), volver a toparme con quinielas en las que el base del Regal Barça queda descartado me despierta una sensación muy próxima a la indignación. Aunque en este mundo, y tratándose de la selección, podría decirse que estamos curados de espanto.

Ya contemplé como una tremenda injusticia el hecho de que Sada se perdiera el pasado Mundial, sobre todo tras la lesión de última hora de Calderón. Scariolo se decantó por Raúl López, un jugador en claro declive, por motivos prácticos. El base de Vic, eso es cierto, conocía los sistemas del preparador transalpino. Había jugado a sus órdenes en el Khimki, equipo con el que había comenzado la pretemporada, y se incorporó a la concentración sin excesivos traumas. Fue una de las apuestas de Scariolo. Una de las muchas que se revelaron fracasadas con el transcurso de un torneo en el que las decisiones poco atrevidas del italiano, sobre todo influidas por su respeto hacia los galones, condujeron al equipo a una muerte cruel, por la forma en la que se confirmó, pero esperada. Aunque no sé hasta qué punto la presencia de Sada hubiera podido cambiar esa dinámica, la selección se mostró como un equipo demasiado endeble en defensa. Nada que sorprenda en exceso si se tienen en cuenta las rotaciones de Scariolo, en las que jugadores como Fran Vázquez o Fernando San Emeterio -ambos determinantes en los dos equipos que habían copado todos los títulos la temporada precedente- apenas contaban, mientras veteranos bastante justos de piernas como Mumbrú o Garbajosa acumulaban muchos más minutos de lo aconsejable.

Ahora que se reabre el debate sobre la lista de doce (la FIBA ha reducido las plazas) con la que España tratará de volver a hacerse con el cetro continental, el seleccionador se ha encontrado con la noticia de que tanto Mumbrú como Garbajosa, dos de los jugadores que sirvieron de base a la generación más laureada del baloncesto español, se echan a un lado. Ambos han dado mucho al combinado estatal. Incluso su adiós anticipado, justo en un momento en el que el alero del Bilbao Basket parecía haber recuperado el tono, supone su último gran servicio a la causa. Despejan el camino a jugadores de otro perfil, más jóvenes, más potentes, que pueden servir de perfecto complemento a las perlas con la que Scariolo contará para volver a pelear por el oro. Y entre esa nueva hornada, en la que hombres como San Emeterio, Claver, Suárez, Ibaka o Mirotic deben ganar peso en los papeles de reparto, brilla con luz propia Sada, un jugador que ha resultado determinante en todos los títulos que el Barça de Xavi Pascual ha obtenido esta temporada.

Un animal de los intangibles

Como en todo, se podría recurrir a los números para reflejar su peso en los logros del equipo culé. Pero Sada aporta mucho más que estadísticas. El técnico del conjunto blaugrana ha caído rendido a la evidencia. En los pasados play off por el título, Sada desplazó a Ricky Rubio del cinco titular en los ocho partidos de las eliminatorias por el título que el Barça se adjudicó sin ceder una sola derrota. Sin embargo, el exjugador del Akasvayu, eternamente cuestionado, ha demostrado que puede asumir un rol secundario y resultar igualmente decisivo. Tanto en los duelos de semifinales contra el Baskonia como en los de la final ante los hombres de negro, su presencia en pista coincidió con todos los parciales positivos que acabaron resultando definitivos para los intereses de su equipo. Por contra, mientras buscaba oxígeno en el banquillo, casi siempre para ceder su puesto a Ricky, el Barça acumuló resultados siempre contrarios.

No es nada nuevo. Ya el pasado año, en el que los catalanes se adjudicaron todos los títulos salvo el de la regularidad, donde el Baskonia destrozó todos los pronósticos, los parciales más demoledores del combinado de Xavi Pascual llegaban cuando entraba en cancha la segunda unidad. Defensa y músculo para asfixiar a los rivales. En la pasada Copa del Rey celebrada en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid se quedó a un paso del MVP, que fue a parar, como casi siempre, a un jugador que brilló más en ataque pero que quizá no resultó tan determinante. Personalmente destiné mi voto a Sada, puro espectáculo, baloncesto en esencia, una bestia visto de cerca. Pero no resultó suficiente. Alan Anderson abandonó aquel pabellón con el título de mejor jugador del fin de semana.

La receta del éxito del combinado blaugrana se ha basado en su capacidad para limitar al máximo la producción ofensiva del rival. Muchos son los que han asegurado y escrito que el Barça se ha llevado el título en una de las peores finales de la ACB. Yo no lo veo así. El mero hecho de que el equipo catalán dejara al Bilbao Basket en 55 puntos en el tercer y definitivo compromiso, disputado además en Miribilla, refleja el tremendo poderío defensivo de un combinado que de los tres bases con los que contaba en nómina este curso siempre ha tenido claro que uno de ellos volverá a cambiarse en los vestuarios del Palau cuando arranque la próxima pretemporada. Con la marcha de Ricky (ya confirmada) y Lakovic en el mercado, Chichi Creus lleva tiempo trabajando en la configuración de una terna de directores de juego en la que Sada ha sido siempre fijo.

Mientras redactaba este post, leí en la web de la acb un análisis del amigo Dani Barranquero en el que hacía referencia precisamente a la trascendencia de la figura de Sada en el transcurso de la final de la ACB. Mientras el badalonés se ha mantenido sobre el parqué durante los tres envites que se ha prolongado la serie ante el Bilbao Basket, el Barça ha obtenido un resultado global tremendamente favorable, un balance de +31 (108-77). Mientras se tomaba un respiro y reposaba en el banquillo, su equipo se mostraba incapaz de superar al rival (56-56). No es nada nuevo en realidad. Recuerdo varios compromisos claves del pasado año en los que ofreció exhibiciones obscenas partiendo desde el banquillo.

El líder de la asfixiante segunda unidad

El gran secreto de Xavi Pascual fue y sigue siendo la segunda unidad. Con gente como Sada, Basile, Grimau o Morris en cancha es como el equipo catalán acababa por destrozar al Madrid de Messina el pasado año, cuando muchos hablaban de esa Liga bipolar que al final se quedó en las vitrinas del Buesa Arena. Me vienen a la cabeza dos cruces directos entre los dos grandes clubes futboleros en los que el Barça fue capaz de dejar al equipo merengue por debajo de los diez puntos en un cuarto para quebrar de manera irreversible los partidos. En esas ocasiones, por supuesto, el hijo del exjugador culé Adolfo Sada, cuyo abuelo nació muy cerca de mi ciudad natal, en Ablitas, pero se mudó a Badalona en busca de un trabajo como médico en la sanidad pública, asumía un protagonismo incuestionable.

Sada, en esencia, es puro intangible. Posee unas cualidades al alcance de muy pocos bases. Por un lado, su tremenda capacidad defensiva, capaz de desactivar en un mismo play off a los, seguramente, dos mejores point guards de la competición española -Marcelinho Huertas y Aaron Jackson- e incomodar la ejecución de los esquemas ofensivos de cualquier contrincante. Por otro, su exuberante físico le permite aportar a su equipo cosas que pocos unos pueden ofrecer. Culmina los contragolpes con tremenda violencia, gracias a su eléctrica potencia y a una capacidad de salto que le permite arrimar el hombro incluso en el rebote. Ha sido capaz de capturar once en un mismo partido. Un registro que ningún base ha alcanzado hasta la fecha en la ACB, y me permito aventurar que será una marca difícil de igualar. Es, como digo, maestro del intangible, un modelo de jugador codiciado cuando se detecta, que suele ser a toro pasado, pero no siempre tan apreciado ni valorado como merece.

Sus dos temporadas en Girona, donde coincidió con San Emeterio y su amigo Marc Gasol, terminaron por moldear lo que ya en sus etapas de formación se antojaba como un jugador del nuevo siglo. Un tipo que sabe mucho de baloncesto me aseguró durante aquellos años del pujante Akasvayu que estábamos asistiendo a la gestación del futuro base de la selección. Por el momento, se le ha cerrado el paso. Ya digo que hace un año asimilé con cierta decepción y amargura (más bien indignación) que se quedara fuera de la lista de Scariolo. Este martes no comprendería que se volviese a quedar sin sitio. Aunque todo dependerá de la valentía con la que Scariolo encare sus obligaciones como seleccionador.

El puesto de uno en el quinteto titular tiene dueño. José Manuel Calderón, tan añorado en Turquía, ocupará esta vez su puesto. A partir de ahí, se abre el debate sobre el estado de forma con el que ha cerrado la temporada Ricky Rubio. En el Barça, desde luego, a Xavi Pascual no le ha temblado el pulso a la hora de variar los roles y conceder mayor protagonismo al que se suponía era el reserva. ¿Hará lo mismo Scariolo? ¿Llevará tres bases? ¿Piensa en algún otro, como Sergio Rodríguez, Raúl López, San Miguel o Cabezas? La respuesta la conoceremos pronto. Lo que parece claro es que de esta primera preselección podrán extraerse muchas conclusiones sobre las intenciones del italiano. Si no está Sada, un servidor volverá a sentirse seriamente defraudado. En cualquier caso, con o sin Sada, la selección española cuenta con un plantel capacitado de sobra para defender el título conquistado hace dos años en Katowice. El retorno de Pau Gasol en el que puede suponer su penúltima participación en un gran torneo con el combinado estatal resulta una garantía de éxito por sí solo. Es difícil que Scariolo se equivoca tanto como para frustrar las opciones de oro de su equipo.