Mostrando entradas con la etiqueta Marcelinho Huertas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marcelinho Huertas. Mostrar todas las entradas

5/11/12

Respuesta de aspirante

EL CAJA LABORAL SE LEVANTA TRAS EL DURO GOLPE DEL JUEVES Y TUMBA AL CAMPEÓN CON UNA ACTUACIÓN MUY SÓLIDA



Se había levantado ayer Vitoria con el cielo plagado de interrogantes. La imagen bipolar que en cuestión de días había mostrado el Caja Laboral generaba muchas preguntas sobre el verdadero potencial de su plantilla y el futuro al que puede aspirar, que el equipo azulgrana zanjó de un plumazo. El combinado que dirige Dusko Ivanovic respondió con una exhibición de aspirante a la dura prueba que el calendario le deparaba tras la catástrofe del pasado jueves ante el Anadolu Efes. Tumbó al campeón liguero con una demostración de capacidad y evidenció que, como poco, merece crédito para que se respete una evolución que invita a soñar.

Tras las brillantes demostraciones de espíritu de Milán y Madrid, que por encima de los resultados dibujaron el carácter de un bloque cada vez más próximo a su potencial, cabía esperar algún paso atrás. Llegó en el peor momento y de la forma más dolorosa posible, con una derrota que amenaza de nuevo la supervivencia en la Euroliga. Pero también parecía cuestión de tiempo que el equipo retornara a la senda del crecimiento, lento pero progresivo, que viene siguiendo desde que se levantó el telón del presente curso. Y lo hizo ante otro rival de postín.

La victoria ante este Barça que, todo hay que decirlo, carece de alma ha vuelto a rellenar los depósitos de la confianza. Los externos y los internos. Los propios y los ajenos. En un partido que comenzó con pésimos presagios, con un Baskonia desnortado y sumido en el caos y un Barça tremendamente sólido y dañino desde la larga distancia, Ivanovic supo cambiarle el paso al duelo y, una vez más, ganarle la partida a su pupilo Xavi Pascual.

El técnico montenegrino, que por primera vez esta temporada dispuso de todos sus efectivos, pulsó el interruptor al dar entrada a Cabezas y San Emeterio en lugar de un revolucionado Nocioni y de un Heurtel que ya no volvió a pisar el parqué. Lo que era precipitación y caos se transformó de repente en buenas decisiones y paciencia, esa virtud tan reclamada por el preparador balcánico. El equipo azulgrana, que había quedado petrificado tras el 4-13 con el que el Barça había castigado sus dudas iniciales, recobró la apostura. Comenzó a correr sin prisas, llevó el partido al ritmo que más le convenía y poco a poco fue desactivando al campeón hasta, por momentos, convertirlo en un equipo vulgar y sin ideas, sobre todo a raíz de la excelente defensa que tanto Oleson como San Emeterio le regalaron a un Juan Carlos Navarro que acabó difuminándose junto al resto de sus compañeros.

La renta de nueve puntos que el Barça amasó con su fulminante arranque de partido se fue por el sumidero conforme el Baskonia ajustaba la defensa. Desactivado Navarro, era Erazem Lorbek, un jugador celestial, quien mantenía a su equipo en el duelo. El poste esloveno le creó muchos problemas a un Maciej Lampe que fue de menos a más. Pero también para eso encontró antídoto un Ivanovic que supo usar cada pieza de su banquillo para lo que sirve. Tibor Pleiss confirmó en el segundo cuarto las enormes posibilidades que le puede conceder a un equipo que lleva años echando en falta la presencia de un cinco de garantías. El germano se asoció con San Emeterio y Cabezas para guiar el duelo hacia un marcador que al descanso resultaba mucho más alentador (44-35).

Visto lo que sucedió el jueves, es probable que la afición que abarrotaba las gradas del Buesa Arena prefiriera conservar su escepticismo. Pero esta vez el equipo no se vino abajo. A pesar del enérgico arreón del equipo culé, que por momentos llegó a acariciar la remontada, el Caja Laboral exhibió la fortaleza de carácter que se vio en Milán y Madrid para aguantar el resultado.

Apoyado en una sólida defensa, con un Nemanja soberbio en las tareas más oscuras, y en la inercia a la que se sumaron otras piezas para sumar en ataque, el cuadro azulgrana superó los momentos críticos para apuntillar sin piedad a un rival con el que quizá deba verse las caras con algo serio en juego. Ayer, en el primer duelo entre los dos equipos que se han repartido los últimos cinco duelos de la ACB, la nueva versión del Caja Laboral sumó una victoria que debe conceder al menos el derecho a soñar con que el trabajo que se viene haciendo puede dar sus frutos. Con sus limitaciones, y a pesar del doloroso accidente del jueves, el cuadro azulgrana debía responder ayer a muchas preguntas. Y la respuesta fue la de un equipo que quiere ser de nuevo aspirante a los títulos.


Domingo, 4 de noviembre de 2012
80-69

CAJA LABORAL: Heurtel, Oleson (12), Nocioni (4), M.Bjelica (2), Lampe (15) -cinco inicial-, Cabezas (10), San Emeterio (15), M.Bjelica (6), Causeur (4), Rochestie (4) y Pleiss (8).
BARCELONA REGAL: M.Huertas (7), Navarro (14), Ingles (4), Lorbek (17), Tomic (10) - cinco inicial-, Sada (4), Jasikevicius (2), Todorovic, Wallace (3), Jawai (8), Abrines y Rabaseda.
PARCIALES: 17-20, 27-15, 16-19 y 20-15.
ÁRBITROS: Arteaga, Bulto y Planells. Sin eliminados.
PABELLÓN: Buesa Arena. 13.184 espectadores.

4/10/11

Las distancias se acortan (I)

El Barcelona se adjudicó por tercer año consecutivo la Supercopa y envía el mensaje de que será el gran favorito para ganarlo todo, aunque en Miribilla se detectaron algunas señales de que la que ahora empieza puede resultar una temporada más competida que las anteriores


Ya que el verdugo viste de blaugrana, me parece de ley tirar de una frase del filósofo del barcelonismo moderno para arrancar la reflexión en torno a los posos de resaca que aún masticó de la Supercopa disputada el pasado fin de semana en el Bilbao Arena. “Sólo se crece en la derrota, se mejora a partir del error”, dijo hace no mucho Pep Guardiola.  No le faltaba razón. El primer torneo oficial de la temporada ha arrojado la sensación, ya familiar, de que el Barça sigue siendo el rival a batir, el gran favorito a levantar todos los títulos durante el curso que da estos días sus primeros pasos. Eso no ha cambiado. Pero también ofreció ciertas pinceladas que invitan a creer que sus adversarios, sobre todo el Baskonia y el Real Madrid, han extraído lecciones del contumaz régimen dictatorial que el conjunto blaugrana ha impuesto en los dos últimos años, más allá de la final de la ACB que el Caja Laboral le hurtó en junio de 2010 o del error que le condenó a quedar fuera de su Final Four en la última edición de la Euroliga. Como asegura Guardiola, la derrota ofrece enseñanzas que, con la lectura adecuada, muestran el camino para evitar futuros fracasos. Y aunque como digo el Barça continúa apareciendo como el favorito intratable y ha colocado en sus vitrinas el primer trofeo del curso, creo que la distancia con sus dos principales enemigos se ha visto recortada a lo largo de este verano.

Es demasiado temprano como para ofrecer verdades irrefutables o conclusiones definitivas. La Supercopa dejó sensaciones. Sólo eso. Sensaciones. Unas más intensas que otras. La principal, desde un punto de vista estrictamente personal, vaticina una temporada mucho más disputada que la anterior. El Barça sigue siendo un equipazo, es cierto, y en principio los retoques que ha sufrido la plantilla de Xavi Pascual tienden a perfeccionar una maquinaria casi infalible. Ha incorporado a sus filas al mejor base de la pasada ACB, Marcelinho Huertas, para suplir a un Ricky Rubio a la baja, ha reclutado a un alero excepcional como Chuck Eidson, que tendrá que pegarse por los minutos con el insaciable Pete Mickeal, cubre la marcha de Terence Morris con un CJ Wallace que aún debe crecer y ha recuperado a Rabaseda, una de las perlas de su cantera. En lo esencial ha cambiado lo justo. Sigue siendo un equipazo. Y aun así, con todas las reservas que obliga a mantener el hecho de que nos encontramos aún en los albores de la temporada, me asalta la impresión de que la distancia –sideral e imposible de mantener por otra parte– que lo separaba del resto de aristócratas del baloncesto ACB se ha recortado. Y esto tiene que ver, sobre todo, con los movimientos del resto, porque Chichi Creus ha hecho gala una vez más de su quirúrjico tino a la hora de fichar.

El Madrid ha vagado sin rumbo estos últimos años. Florentino Pérez quiso aplicar a la sección de baloncesto una fórmula similar a la que con tanto afán ha impuesto en el equipo de fútbol. Pero la contratación del laureado y ambicioso Ettore Messina resultó un fracaso. Buscó un Mourinho en la figura del preparador italiano y el tiro le salió por la culata. Si The Special One fue al menos capaz de obtener una Copa del Rey en su primer año como preparador merengue, Messina abandonó el club por la puerta de atrás, desesperado ante la cruda realidad. Ahora los rectores de la sección de baloncesto del equipo blanco han dado un giro de 180 grados. Se la han jugado. Han realizado una apuesta muy arriesgada al conceder los mandos al vitoriano Pablo Laso. Hablamos de un técnico inexperto y que va a tener que deshumanizarse hasta cierto punto para aguantar la brutal presión que supone sentarse en ese banquillo.

Dignidad en la derrota

Pese a todo, el resultado del primer duelo entre los equipos futboleros no ha supuesto una humillación para un Madrid que había salido escaldado en sus enfrentamientos recientes ante el combinado de Xavi Pascual. Aunque en un modo diferente al Baskonia, el Madrid se ha reinventado para buscar el éxito por otras vías. Es un equipo mucho más dinámico, con menos kilos y más talento. Y en sus virtudes arrastra todos sus defectos. La velocidad a la que transita por la cancha implica un baloncesto caótico que en los momentos calientes puede resultar pernicioso. Tiene Laso en sus manos un equipo joven, con dos bases poco disciplinados, más talentosos que tácticos, y de su capacidad para encauzar ese desparpajo pueden depender en gran medida las opciones de éxito de los blancos. La impresión que me dejó también la semifinal entre madrileños y catalanes es que los capitalinos van a echar en falta un pívot rocoso, intimidador, un jugador que ejerza las funciones que, por ejemplo, asumía el pasado año D'Or Fischer. El antiguo técnico del Lagun Aro cuenta con una batería de hombres altos espectacular. Velickovic, Tomic y Mirotic ofrecen múltiples alternativas y garantizan una elevada producción ofensiva. Pero los tres pueden sufrir cuando lleguen los duelos ante el Barça u otros equipos de la nobleza de la Euroliga. Felipe, por otra parte, ya da para lo que da. Y Begic, creo que no me equivoco, lleva camino de convertirse en un caso similar al de Van den Spiegel. Más allá de retratar el pasado año la ternura defensiva de Stanko Barac en los duelos de Euroliga, mucho tiene que crecer para ser el sostén en la pintura del conjunto blanco.

En el perímetro, huelga decirlo, el Madrid ha ganado mucho con la llegada de Carroll y Pocius. Sobre Rudy no quiero hablar demasiado. Más allá de lo que suceda el próximo verano, de si vuelve o no al Palacio de los Deportes, ahora mismo es un reclamo publicitario para Florentino, un problema muy engorroso para Laso y un obstáculo tremendo para la adquisición de galones por parte de los dos escoltas recién llegados. No voy a poner en tela de juicio la calidad del jugador balear ni la incidencia que podría llegar a tener su presencia en el juego del Madrid (que probablemente será menor de lo que se publicita). Pero la realidad es bien clara. Salvo que en las próximas horas se confirme la ruptura total de negociaciones y nos aproximemos a la suspensión total de la temporada de la NBA, Rudy va a lucir de blanco en el tramo más insustancial de la temporada. ¡Ojo!, lo mismo que Kevin Seraphin en el Baskonia. Laso no va a poder contar con él cuando se decidan los títulos, así que no le vino tan mal carecer de su presencia en la Supercopa de Bilbao. Si Florentino no extiende la chequera para cubrir su marcha a comienzos del próximo año, los que se ducharon en el vestuario del Madrid en Miribilla serán, así de claro, los que se jugarán los cuartos en la Copa del Rey.

Sólo una cosa más sobre el Madrid, al que ya digo que veo en mejor dirección que en años anteriores: si Carlos Suárez no da un paso al frente, todo el proyecto se derrumbará como un castillo de naipes. Y no me refiero a firmar valoraciones de más de veinte puntos contra los equipos que se juegan la permanencia, sino todo lo contrario. Barcelona y Caja Laboral tienen muy bien cubierto el puesto de tres, auténtica pesadilla del equipo blanco desde que irrumpió en la ACB Pete Mickeal.

Músculo y carácter azulgrana

El Baskonia también ha crecido. O más bien ha menguado para crecer. La enésima reconstrucción de la plantilla por parte de la directiva de Josean Querejeta ha dado como resultado un equipo tremendamente versátil, intenso y atractivo. A mi modo de ver, radicalmente opuesto a lo que había hace un año. Tengo preparado otro post para analizar exclusivamente al equipo vitoriano y los pasos adelante que ha dado para aproximarse al gran favorito. La sensación que arrojó, pese al desfallecimiento final, es que tiene espíritu para competir ante cualquier rival. Rebosa ese carácter que tanto se ha celebrado en Vitoria y que al mismo tiempo se echó dolorosamente en falta el pasado ejercicio. El bajón de juego registrado en los últimos minutos de la final, y si recordamos también de la semifinal, debe atribuirse más a las fechas que a cualquier otro factor. Con el grueso de los jugadores aterrizados en la capital alavesa apenas una semana antes del primer torneo oficial y los dos norteamericanos debutando en Miribilla, el rendimiento ofrecido por el equipo de Dusko Ivanovic, nunca mejor dicho, debe recibir una nota alta.

El montenegrino se encuentra más que satisfecho con la materia prima que le han concedido los rectores baskonistas. Hay mimbres para crear un equipo a su imagen y semejanza. Y ese estado de ánimo se palpa en las comparecencias ante los medios del técnico, siempre lacónico pero ahora de nuevo en la línea que se le conoció en sus épocas doradas al frente de la nave azulgrana. Ya digo que me extenderé mucho más en el siguiente post, pero básicamente da la impresión de que la apuesta por un equipo mucho más físico, que sin despreciar el talento ofrece un enorme margen de maniobra a Ivanovic, ha supuesto una plataforma de lanzamiento para la configuración de un plantel que puede aspirar a catar de nuevo títulos. El año pasado ni lo pareció en inicio ni, como se comprobó después, pudo hacerlo a la postre.

Aun así, Ivanovic también tiene mucho en lo que trabajar. Al igual que sucede con el Madrid, el Baskonia haría mal en fiar en exceso su juego al talento de un Kevin Seraphin que en apenas dos semanas ha dejado claro que lleva camino de convertirse en un jugador con un futuro realmente prometedor en la NBA. Como Rudy, está pero no estará. Así que el técnico balcánico va a tener que hilar fino y dosificar su protagonismo, en favor del resto de interiores y sobre todo de la adaptación de un Joey Dorsey al que en Bilbao se vio poco y bastante perdido todavía. Más allá de esto, sorprende esa reconversión de Nemanja Bjelica al puesto de cuatro, que en la práctica ha permitido que Mirza Teletovic se serene con ciertas dosis de banquillo que en el pasado mereció y no tuvo, y el paso adelante que han dado tanto Brad Oleson como Pau Ribas, dos jugadores a examen, ambos con un pie fuera del Buesa Arena durante el verano y que pelea ahora por ganarse minutos en una demarcación, la de escolta, superpoblada y pendiente del rendimiento del jugador llamado a marcar las diferencias.

De Reggie Williams poco se puede decir por el momento. Apenas había tenido tiempo de adaptarse y los escasos entrenamientos que realizó antes de la Supercopa no le permitieron familiarizarse como es debido con las reglas que rigen en este nuevo Baskonia. En el puesto de base, Dusko parece decidido a dosificar a Prigioni, y es una buena noticia, sobre todo porque va a obligar desde el arranque del curso a asumir mayor peso en el juego a un Heurtel que, pese a lo que he oído y leído, me gustó lo justo este pasado fin de semana. Su talento es innegable, pero aún le queda mucho que aprender, sobre todo en lo que tiene que ver con mover al equipo y mostrar los galones que exige el puesto de base. Pero todo esto y muchos otros detalles de la resaca del fin de semana los analizaremos más detenidamente mañana.

20/9/11

Optimismo en azulgrana


Resulta que algunas veces uno se ve obligado a enfundarse el disfraz de abogado del diablo y defender causas perdidas. No creo que ésta sea la ocasión, pero hoy me ha asaltado la necesidad de plantear algunos interrogantes, en clave positiva, a las dudas que a su vez despierta la plantilla que está diseñando el Baskonia para afrontar la temporada entrante. A primera vista, con todos los elementos disponibles, me parece un grupo rebosante de cualidades a las que sacar partido. No sé si tiene mucho o poco valor que yo lo diga, teniendo en cuenta que fui uno de los que vaticiné que el Caja Laboral no tenía nada que hacer con el Barça en la final de la ACB de 2010 que todos recordamos cómo acabó, pero a mí el equipo, a falta de que se confirme la identidad del último interior (una vez confirmada la llegada de Kevin Seraphin), me genera ciertas dosis de esperanza. Y en este post voy a tratar de esgrimir los motivos que me han conducido a esta optimista sensación.

La directiva baskonista ha pegado un violento volantazo en su planificación este verano. Ya lo he comentado antes. Sólo existían dos salidas para reconducir la desasosegante tendencia que se tomó el pasado año, la primera de muchas temporadas en la que la afición del Buesa Arena cerró el curso sin títulos que echarse a la boca. El Caja Laboral, que defendía el milagroso título liguero conquistado contra pronóstico en aquella célebre serie final, se encontraba en un cruce de caminos que Querejeta resolvió con la renovación de Dusko Ivanovic. El equipo había perdido la capacidad competitiva que siempre había sido considerada como una seña de identidad y los rectores del conjunto azulgrana optaron por redoblar el crédito del preparador montenegrino. Fue una decisión madurada y seguramente deseada, pero también influida por otros factores que el paso de las semanas está sacando a la luz. El club vitoriano se encontraba –y aún se encuentra- en una complicada tesitura económica. Existía la necesidad de rediseñar la plantilla a la baja y desde los despachos se consideró a Ivanovic como el entrenador más capacitado para volver a construir casi desde la nada. Puede que de hecho lo sea.

Hace unos meses, cuando el Barça apeó al equipo azulgrana de la pelea por el título, preconicé que iban a producirse muchas bajas, y más de una inesperada. No fue una exhibición de dotes adivinatorias, sino una deducción lógica basada en la preocupación que generaban ya entonces las apreturas económicas que asediaban a la entidad. Se han marchado grandes jugadores, eso es cierto, y son muchos los que consideran que los recién llegados carecen de cartel para suplirlos. No comparto esa visión.

Dos más dos no siempre son cuatro

El baloncesto, que es un deporte maravilloso, hace tiempo que nos enseñó que no siempre las plantillas más lustrosas, las ensaladas de grandes figuras, se llevan los títulos. Este juego nos ha dado y nos sigue ofreciendo ejemplos de su grandeza, por incierto, por alejado de la matemática. Dos más dos no siempre son cuatro. La ya citada final entre el Barça y el Baskonia es sólo uno de ellos. El pez pequeño se come al grande. Hay tiburones, ahí están los casos del Madrid, que lleva años sin gozar de una temporada redonda, o los equipos turcos, que dilapidan en vano ingentes fortunas cada verano, que se ahogan víctimas de su propia opulencia. Y fábulas tan evocadoras como la que ha protagonizado durante el pasado Eurobasket una Macedonia que ha acariciado las medallas. El Baskonia fue Macedonia durante muchos años. Se trata de construir en plural, con una mentalidad colectiva, y es ahí donde radican las opciones de éxito futuro de un club que ha tratado de hacer de la necesidad virtud, de edificar un grupo que se adapte a las exigencias de su comandante.

Los que se han marchado, jugadores de calidad, estaban aquí el pasado curso. Formaban en muchos casos parte de la columna vertebral de una nave que naufragó. Si el fracaso tiene que anotarse en el debe del capitán, del técnico, la renovada apuesta para el inminente ejercicio nacerá muerta. Pero Querejeta profesa una fe ilimitada hacia su entrenador talismán. Y si la embarcación hace aguas, se hundirá junto a él. Ni Marcelinho, que se marcha tras reportar jugosos beneficios a las arcas azulgranas y con el merecido cartel de mejor base de la ACB, ni Stanko Barac, ni mucho menos Logan y Batista, fueron capaces de guiar al equipo a la pelea por los trofeos. Todos ellos, aunque cada uno en su medida, eran grandes jugadores. Pero cuando las cuentas no salen, la situación exige que se haga inventario para discriminar cuáles resultan imprescindibles y cuáles no. Y así se ha hecho.

A falta de que se confirme la identidad del pívot que cerrará una plantilla que por primera vez en muchos años estará compuesta por once unidades útiles, la identidad de los refuerzos ha generado cierto desasosiego entre los aficionados vitorianos. Pablo Prigioni, Thomas Heurtel, Reggie Williams, Milko Bjelica y, por el momento, Kevin Seraphin han ocupado las taquillas que dejaron libres en el vestuario Marcelinho Huertas, David Logan, Stanko Barac y Esteban Batista. A Milt Palacio y Dragicevic no los cuento por su escaso peso en el equipo y porque llegaron para completar el grupo en el tramo final del campeonato. A priori, los nombres enamoran menos que en otras coasiones. Pero el error reside en la consideración individual de las piezas. Reitero que el éxito o el fracaso de esta apuesta, marcada por las limitaciones financieras, dependerá de la capacidad de Ivanovic para hallar cierta armonía grupal. Así que, sin que el equipo haya podido siquiera disputar un solo amistoso con más de cuatro jugadores de la primera plantilla, juzgarlo me resulta imposible.

Una última pieza

Sólo me inquieta conocer la identidad del undécimo jugador. En teoría, la apuesta de Querejeta y su equipo directivo debía pasar por poner en manos de Ivanovic una plantilla que se ajustara más a su ideario baloncestístico. El sargento de hierro del baskonismo se encontró el pasado curso con demasiados desertores en sus filas, se echó en falta compromiso por parte de algunos hombres que en teoría deberían haber dado un paso adelante. La idea este verano, dentro de ese marco de reducción presupuestaria tan flagrante, pasaba por reclutar jugadores con un perfil más sacrificado, más ajustados a lo que necesita un entrenador que exprime hasta las últimas consecuencias a su tropa. Ahí encaja el fichaje de Prigioni, el de Milko Bjelica, que seguramente aportará intensidad desde en banquillo y el de Heurtel, que llega a Vitoria con la mente embriagada por el rumbo que han marcado otros bases, tales como Huertas y Calderón, que se hicieron grandes bajo los focos del Buesa Arena y luego han emigrado en busca de mayor gloria.

Sólo me queda la duda de saber, como digo, quién será el elegido para completar el frontcourt. En un verano marcado por las particularidades del lockout y por la escasez de elementos interesantes en el mercado, está resultando una empresa harto complicada. Han surgido muchos nombres asociados al Caja Laboral en las últimas semanas. Pero en muchos de los casos he percibido la mano interesada de los agentes. El Baskonia ha preguntado por muchos, es evidente, pero otros muchos han sido ofrecimientos. Querejeta ha incumplido su palabra al hacerse con los servicios de Seraphin, que cubrirá la baja de Lampe (espero que de verdad esté entrenando para diciembre, porque no es tan sencillo), tras haber asegurado que el equipo vitoriano no se reforzaría con ningún jugador que tuviera contrato en vigor con una franquicia de la NBA. No le ha quedado otra salida ante las dificultades que nos han conducido a plantarnos a 20 de septiembre con dos plazas aún vacantes. De los que han sonado, uno me encaja, aunque no sé hasta qué punto colmará las aspiraciones del club. Me refiero al nombre que adelantó el pasado fin de semana Diario de Noticias de Álava: Jack Michael Martínez, un gladiador de la zona que brilló con la República Dominicana en el pasado Preolímpico americano y cuenta sus partidos por dobles-dobles. Aunque, eso sí, en ligas menores.

La directiva baskonista, en cualquier caso, ya ha dejado claro que no se va a guiar por prisas extremas para cubrir esa última vacante. El Baskonia, salvo sorpresa mayúscula, comenzará la temporada con diez jugadores. No hace falta andar demasiado vivo para valorar las escasas opciones que se le pueden conceder de cara a la Supercopa. Aunque, como he dicho antes, tampoco se le concedían demasiadas en la mítica final del pasado año. En realidad, este primer trofeo oficial importa lo justo desde el prisma del conjunto azulgrana, inmerso en una profunda reconversión, en una renovación con la vista puesta en el pasado, en los valores de antaño, que deben servir como referentes de futuro. Pieza por pieza, el Baskonia que va a echar a andar puede gustar más o menos. Sin embargo, yo quiero esperar a ver cómo funciona desde el punto de vista colectivo. Me parece que no existirá término medio. O Dusko da con la tecla y suple otras carencias con ese espíritu irreductible que ha regalado a otras plantillas en el pasado o podemos prepararnos para asistir a una catástrofe sin precedentes recientes. A mí, aun sin demasiados elementos válidos de juicio, me huele muy bien. Esto empieza, amigos.

12/8/11

A toda velocidad

Sangre caliente
cuando juega al amor
 acostumbrado a querer
pasa de largo
si se tercia la ocasión
nadie sueña como él

Vive a toda velocidad
como un ciclón
sabe que si cae otra vez
vuelta a empezar

A toda velocidad
Barricada
No sé qué hacer contigo (1987)



Esta semana, el martes en concreto, se ha confirmado la noticia que todos llevábamos semanas esperando: Marcelinho Huertas, un tipo que siempre ha apurado el presente, lo ha exprimido hasta la última gota, ha cambiado los aires gélidos que llegan desde el Gorbea por las temperaturas más suaves del Mediterráneo. El último representante de la interminable y genial nómina de directores de juego que han convertido en grande al club de una pequeña capital de provincia seguirá vistiendo de azulgrana la próxima campaña, pero en su pecho no lucirá ya el escudo del Baskonia, con quien participó en el milagro de la tercera ACB, sino el del todopoderoso Barça. Huertas, que ha vivido siempre como ha jugado, a toda velocidad, sin atender al espejo retrovisor, regresa a una ciudad de la que se enamoró durante su estancia en el Joventut, donde se dio a conocer en Europa tras haber comenzado su carrera, muy precoz, cómo no, en el campeonato de su país.

Marcelinho se marcha de Vitoria por la puerta grande, quizá demasiado pronto, como siguiendo ese impulso a correr que siempre ha guiado tanto su manera de entender el baloncesto como los giros de su carrera. A pesar de que Josean Querejeta trató de cerrar un acuerdo con él para prolongar su vinculación contractual con el Caja Laboral hasta junio de 2015, su marcha estaba cantada desde hace meses. En un mercado yermo de bases, con el club asediado por la necesidad económica, no existía otra salida. La entidad del Buesa Arena estaba obligada a desprenderse de alguno de sus estandartes para cuadrar las cuentas. El primero fue Barac, a quien siempre se esperó pero nunca acabó de llegar, y el siguiente ha acabado siendo Marcelinho, por quien también pujaron el CSKA y el Anadolu Efes. Ninguna de las dos propuestas seducía en exceso al jugador paulista. La oportunidad de poder jugar en el Barça, de volver a una ciudad que llegó a reconocer en una entrevista, hace ahora tres años, que veía como una posible residencia de futuro, colmaba sus expectativas. Y así se lo hizo saber a la directiva baskonista, necesitada de liquidez pero siempre un hueso duro en las negociaciones. Al final, Huertas ofreció un último acto de servicio a la causa baskonista con su traspaso al equipo culé. Su rescisión ha arrojado algo más de 1,8 millones de euros a las famélicas arcas del Buesa Arena. Antes de correr, de seguir mirando al horizonte, tuvo tiempo para regalar una última sonrisa a la parroquia azulgrana, que ha acogido su marcha de buen grado, sin acritud.

Una despedida poco traumática

Mientras otros jugadores se han visto obligados a escenificar ante los medios su malestar, a realizar declaraciones que más tarde les pasarían factura, el jugador brasileño se ha despedido sin mácula de una plaza que conquistó tras un paso fugaz pero fructífero. Así es él, como reza la canción, como un ciclón. Y así ha transcurrido su vida en el baloncesto. Llegó, convenció y venció. Logró que la afición vitoriana olvidara la orfandad en la que había quedado el equipo tras la huida de Prigioni al Madrid en busca de esos títulos que jamás cató con el conjunto blanco. En la capital alavesa halló un cicerone de lujo: su mejor amigo, su hermano, Tiago Splitter, cuya complicidad dentro y fuera de las canchas le permitió exhibir su mejor versión, esa electricidad, a veces caótica, siempre apasionante, con la que condujo al Baskonia al título liguero en la temporada 2009/2010. Aquella ya celebérrima eliminatoria final frente a su futuro equipo consolidó la relación amorosa de Huertas con el club gasteiztarra. Y aunque, como muchos otros, en su fuero interno deseaba cambiar de aires, librarse de la siempre exigente figura de un entrenador que lo ha exprimido, en el momento de la despedida no pudo contener las lágrimas.

La estampa del Marcelo hundido sobre el parqué del Buesa Arena tras la derrota en el tercer partido de semifinales del último play off disparó los rumores, olía a despedida, abrió las mentes a la posibilidad de que pudiera cambiar de aires este verano. La directiva, enfrascada en la búsqueda de fórmulas para equilibrar los números, encontró una salida cuando el propio jugador tocó un par de puertas y manifestó su disposición a servir como moneda de cambio. Tras la marcha de Splitter el pick and roll, recurso de la casa, se diluyó como un azucarillo. Huertas ya no corría igual, porque le seguían menos, ya no disfrutaba tanto. Caía otra vez. Vuelta a empezar.

Caídas y resurrecciones

No era el primer tropezón. Para alguien que vive al galope, es normal. El primer revés lo recibió en Badalona. Considerado por los técnicos de la Penya como un gran talento por pulir, su alocado baloncesto acabó por situarlo por detrás de otras joyas de la cantera del club verdinegro. Eran los tiempos de Aíto, técnico enamorado de los bases más cerebrales. Marcelinho, un crío, no lo era. Y aunque ha aprendido a levantarse, si bien con el tiempo ha acabado por quitarle razones al veterano preparador madrileño, tuvo que asumir que Mallet, un adolescente Ricky y su hoy amigo Pau Ribas le cerraban el sitio y buscarse las castañas en otros lares. Acabó cedido, primero en el Euro Roseto italiano y al año siguiente en el Bilbao Basket, por aquel entonces Iurbentia, un equipo en crecimiento, recién llegado a la ACB, un destino a priori menor. Pero se salió. De su mano, los bilbaínos subieron un escalón. Cayeron en la final de la Supercopa y en las semifinales de la Copa del Rey, en ambos casos frente al TAU Cerámica, y se colaron por primera vez en su historia en los play off. Además, logró la primera de sus dos inclusiones en el Quinteto Ideal de la ACB. Esta pasada campaña, pese al decepcionante rendimiento colectivo del Caja Laboral, ha vuelto a conseguirlo. Se marcha a Barcelona bautizado como el mejor base de la competición.

Más allá de esa capacidad para levantarse, de su ambición para enfrentarse a las adversidades y devorarlas, de su eterna prisa por llegar, Marcelinho se había consolidado en estas dos temporadas como uno de los mejores armadores (así se refieren a los jugadores que ocupan su puesto en Brasil) del continente. El Baskonia vuelve a saltar al vacío. Ya lo hizo antes, tras quedar huérfano por la pérdida de iconos de la talla de Pablo Laso, Bennett, Calderón o Prigioni. El problema estriba en saber hasta qué punto se hubiera producido esta salida de haber estado la situación económica de la entidad más equilibrada de lo que ha estado en los últimos meses. El Baskonia ha sido, es y será un club vendedor. De eso no hay duda. Pero a uno le queda la sensación de que el del base paulista es un caso excepcional, porque si algo se ha hecho siempre en Vitoria es sacar todo el partido a las joyas con las que se contaba antes de desprenderse de ellas.

Una deuda mutua tras un romance de dos años

Huertas se puede marchar más o menos aliviado con la oportunidad de librarse de Ivanovic. Pero lo cierto es que le debe bastante al preparador montenegrino. En realidad, le debe bastante a Vitoria. Y es consciente. Ha sido en el Buesa Arena donde ha protagonizado su último renacimiento. Tras su paso por Bilbao, recaló en un histórico del baloncesto italiano, la Fortitudo Bolonia, y se encontró sin pista para seguir corriendo. Firmó una temporada más que irregular, que además quedó tristemente rubricada con el descenso a Lega Due. A partir de ahí, la historia es bien conocida. Volvió a resucitar, volvió a empezar una vez más, y se rehizo. El mítico título de la temporada 2010 y los galardones individuales del pasado curso, donde se consolidó como uno de los pilares del cuadro baskonista, le han granjeado el cartel del que ahora goza y la ocasión de poder lucir los colores de un equipo en el que, según ha confesado, siempre soñó con jugar.

Algunos se han sorprendido por esas manifestaciones, las han tildado de demagógicas u oportunistas. Nada más lejos de la realidad. Apasionado del balompié, de la canarinha y del Corinthians, afloró en su corazón cierto sentimiento culé durante su estancia en la Ciudad Condal. Eran los tiempos de Frank Rijkaard, época de buen juego, títulos y la llegada de la segunda Copa de Europa para el cuadro catalán. Como acreditado amante de la velocidad, también le gusta la Fórmula Uno. En alguna entrevista ha confesado que su paisano Ayrton Senna, fallecido en el Gran Premio de San Marino cuando él apenas tenía once años, era uno de sus grandes ídolos. Su baloncesto, ese frenético ritmo que imprime al juego, debe de ser un homenaje al piloto paulista. Y si las leyes no fueran tan estrictas, también intentaría imitarlo por las carreteras con el cochazo que se compró hace no mucho, un espectacular Ford Mustang GT de color negro que siempre llamaba la atención en el aparcamiento del Buesa.

Un velocista presumido

Apartado del perfil de origen modesto que cualquiera pueda atribuirle a los deportistas brasileños que alcanzan la élite, es además un tipo muy familiar. Enganchado al baloncesto por la influencia de su hermano mayor, que apuntaba también maneras, se crió, con una hermana más, en un hogar próspero. Su padre, economista, y su madre, experta en arte, logran reunir a todos mucho menos de lo que a Marcelinho le gustaría. Con mucho éxito entre el sector femenino de la afición del Baskonia, sus compañeros, más en serio que en broma, le achacaban un extremo celo por su aspecto. Velocista presumido, Huertas se había convertido en uno de los elementos de peso del vestuario, donde además era uno de los que solía poner la nota de humor.

Así es Marcelo Tieppo Huertas (Sao Paulo, 25 de mayo de 1983), el último fichaje del Barça, el último gran base del Baskonia, a quien en breve Josean Querejeta y su equipo encontrarán un sustituto de garantías. Deben hacerlo. El chico que siempre tiene prisa, el conquistador, ha encontrado un nuevo destino, un nuevo reto. En Vitoria, incluso aquellos que no éramos a priori sus grandes defensores, hemos acabado rindiéndonos a la evidencia. Sólo debe quedar un poso de agradecimiento para un jugador que incluso con su marcha ha ayudado al club. Espero que siga viviendo a toda velocidad. Como un ciclón.


2/8/11

La fórmula de la Coca Cola

El Baskonia afronta una complicada recomposición de la plantilla tras verse obligado a desprenderse de piezas clave ante las apreturas económicas


El paso de las semanas ha venido a confirmar lo que ya se percibía con nitidez cuando concluyó el pasado ejercicio y algunos advertimos en el instante en el que se confirmó la continuidad de Dusko Ivanovic al frente de la nave azulgrana. Aunque algunos parecían resistirse a la posibilidad de que varias de las perlas más rutilantes del Caja Laboral fuera a cambiar de aires a lo largo del presente verano, la realidad está confirmando lo que muchos considerábamos ineludible. Si se mantenía al mismo técnico, guste más o menos esta decisión, la única salida viable para recobrar la autoestima extraviada pasaba por efectuar un profundo lavado de cara al plantel. Y así se está llevando a cabo. Hasta siete de los hombres que lucían la elástica baskonista durante el cruce de semifinales frente al Barça podrían cambiar de aires o lo han hecho ya a estas alturas de estío.

La renovación del preparador montenegrino para las dos próximas temporadas no resulta, sin embargo, el único argumento de peso en varios de los movimientos que la entidad que preside Josean Querejeta ha venido realizando durante estas semanas de frenética actividad. Ha existido un factor de extrema relevancia que ha invitado a los rectores baskonistas a desprenderse de algunos de los jugadores con mejor cartel. Las arcas del club estaban vacías. Así de claro. Con telarañas. Y hacía falta inyectar liquidez antes de lanzarse a buscar mimbres con los que elaborar un nuevo cesto que sustituyera al que el ejercicio pretérito se reveló defectuoso. En ese marco, en el que confluyen ambas variables, deben fijarse las salidas de dos pilares maestros de la estructura baskonista, Marcelinho Huertas (se confirmará de manera definitiva a lo largo de las próximas horas) y Stanko Barac, así como el desprendimiento tan poco habitual en este club con el que se permitió marchar a Esteban Batista dejando la rotación interior cogida con alfileres.

Los que no cuentan y alguno que contaba

Lo repetí varias veces a lo largo de los artículos que sucedieron a la eliminación liguera del Caja Laboral: van a salir los que no cuentan y varios de los que cuentan. Y así ha sido. Teletovic, Barac y Marcelinho partían como los reclamos más lustrosos con los que acudir al mercado en busca de liquidez. Dos de ellos tenían que marcharse para que cuadraran las cuentas y pudiera afrontarse una nueva reconstrucción, la enésima. El Baskonia ha nadado tradicionalmente con brillantez en la indefinición, ha salido airoso de muchos saltos al vacío. Pero -ojalá me equivoque- cada vez resulta más difícil conseguir duros a cuatro pesetas, redescubrir la fórmula de la Coca Cola. Y en esas se encuentran ahora mismo las mentes pensantes del conjunto del Buesa Arena, cada vez más conscientes de que en un contexto de crisis como el actual, en un mercado reducido como el que manejan y con el resto de los equipos espabilando, hay que hilar muy fino para mantenerse en la élite del baloncesto continental.

En posteriores artículos, ahora que las vacaciones me dan una tregua y puedo saciar mi sed de blog, hablaremos de la identidad de los que están por llegar, de los rumores que han surgido en torno a viejos iconos del baskonismo (Prigioni o Rakocevic, entre otros) y de las necesidades, pero basta echar un ojo al elenco de jugadores con los que ahora mismo cuenta en nómina el equipo vitoriano para asumir que el plantel del año entrante va a tener muy poco que ver con el del pasado. La tradicional habilidad rastreadora de los responsables de la dirección deportiva se antoja este verano mucho más necesaria que nunca. En un contexto en el que los rivales aumentan la apuesta (por mucho que se haya hablado de recortes presupuestarios) el Baskonia se encuentra en la obligación de confeccionar un roster de garantías, y no sólo sobre el papel. Tras cerrar la pasada campaña en blanco, algo que no sucedía desde hace ocho años, a Querejeta se le plantea la ardua tarea de elaborar una plantilla que, como poco, pelee por los títulos, algo que no hizo, circunstancia anómala para este club, durante el pasado ejercicio.

Obligado a recobrar su capacidad de competir

La situación se vuelve cobra mayores tintes de urgencia si se tiene en cuenta que la próxima será la temporada del estreno del nuevo Buesa Arena, un nuevo salto cualitativo para la entidad, que dispondrá de un pabellón con capacidad para 15.000 espectadores a los que habrá que ofrecer algo más. De lo contrario, sobrará grada. Los dos grandes rivales deportivos, Madrid y Barça, están haciendo las cosas bien. Avasallados por la pujanza económica de, sobre todo, los combinados turcos, han apuntalado lo bueno que tienen, sus estructuras, una más de presente y la otra con mucho futuro. El Bilbao Basket, principal rival geográfico (y éste le preocupa a Querejeta por la vertiente económica), está inmerso en un proyecto veterano y cortoplacista que, pese a  todo, le augura cierta capacidad para mantenerse entre los grandes de la competición doméstica y acometer con prudentes garantías el año más exigente de su todavía escueta historia. ¿Y el Caja Laboral? Por el momento esboza sobre un lienzo al que aún le queda cobrar una forma definitiva. Deben llegar aún dos (quizá tres) piezas importantes, siempre con el inconveniente de la precariedad económica.

Las salidas de Barac y Huertas deberían haber bastado para equilibrar unos números que quedaron manchados de rojo de manera definitiva a comienzos de año, cuando se acometió la contratación de quien el club consideraba como el relevo ideal para cubrir la asumida marcha de Barac. El fracaso del experimento Batista ha supuesto mayores quebraderos para los contables que para los técnicos. Pero al quedar constancia de que al sustituto del sustituto le venía muy grande el proyecto se han multiplicado las dudas. La rotación interior del equipo gasteiztarra se presenta hoy por hoy insuficiente como para considerarlo como un aspirante a nada. Y con la marcha de Marcelinho, que se cerrará definitivamente entre hoy y mañana, también se produce un tremendo problema en la dirección. El Baskonia está de nuevo obligado a rastrear, a reinventarse, a hallar la fórmula mágica que, con menos recursos, le ha permitido incrustarse entre los equipos más solventes del continente.

Por el momento se han marchado Palacio, Barac, Batista y Dragicevic, a quien incluso se barajó retener pero cuya plaza queda cubierta por un jugador de características similares como es el otro Bjelica. Lo de Huertas, ya digo, es cuestión de horas. Y quedan pendientes las situaciones de David Logan y Brad Oleson. El escolta de Chicago tiene pie y medio fuera. Lo del jugador de Alaska, en vista de los movimientos, se presenta ahora más complicado. Cuando se cerró el curso y se conoció la oferta del club para que se rebajara el sueldo no me cabía ninguna duda de que se trataba de una invitación encubierta para que abandonara Vitoria. En estos momentos, sin embargo, ya no lo tengo tan claro. Ocupa plaza de nacional (canterano, cupo o como tengamos que llamarlo ahora) y su perfil, siempre y cuando recupere su mejor nivel, puede encajar con Dusko, si bien se asemeja demasiado al de Pau Ribas, el único dos que parece contar con plaza fija para comenzar la pretemporada el próximo día 22.

Dando por hecho que Oleson queda sujeto a la capacidad del club para hallar un escolta anotador del gusto del técnico, que lo de Huertas y el Barça está prácticamente hecho y que Musli, con Ivanovic, jamás tendrá un sitio en el vestuario del Buesa, ahora mismo el Baskonia dispone sólo de siete jugadores en disposición de dar por seguros como fijos para el inicio del curso entrante. Para empezar, sólo hay un base. Thomas Heurtel, joven, prometedor, pero demasiado inexperto, no parece el candidato idóneo para asumir de partida la responsabilidad que exige manejar la nave baskonista. Llegará otro. ¿El renegado Prigioni? Ya digo que tendremos un post dedicado exclusivamente a la identidad de los posibles refuerzos pendientes, pero yo me decanto por el fichaje de un director de juego americano, con experiencia en Europa y no tan maduro.

Un cinco más físico

A partir de ahí, la otra figura que se echa en falta es la de un cinco con cierto poderío físico para acompañar a Lampe (veremos cómo encaja su talento y su desidia defensiva con Dusko) y los dos cuatros que hay en plantilla (Milko Bjelica y Teletovic). Es precisamente esta posición, la de ala-pívot, la única que parece cubierta con garantías junto a la de alero. San Emeterio volverá a ser básico, sobre todo si Nemanja Bjelica sigue sin ofrecer ni una pizca del talento que se le presuponía. Sus problemas físicos (ahora en la muñeca) y su sospechoso estado de forma preocupan, y mucho, en el club. La tercera incorporación pendiente, y en esta se han centrado aún sin éxito muchos esfuerzos, debería llegar para el puesto de dos. Y ahí el Caja Laboral depende del mercado y de su capacidad para sacar tajada en la venta de Logan y quién sabe si Oleson. No sería descabellado que el equipo azulgrana volviera a emprender la temporada con tres escoltas. En una plantilla con once jugadores podría doblar todas las posiciones y triplicar ésta. Pero también, y reitero que en esto la situación de las arcas marcará el comportamiento del club, es posible que se recurra a un equipo de diez unidades y un jugador de relleno, en el papel que este último curso ha ejercido Ander García.

Sea como fuere, lo que parece claro es que quedan muchísimas incógnitas por despejar. Hay mucho trabajo pendiente en las oficinas del Buesa Arena. Y es un trabajo complicado. De la habilidad que muestren Querejeta y sus colaboradores en las próximas semanas dependerá que el Baskonia vuelva a deambular por el limbo o que recobre ese carácter competitivo que siempre lo ha caracterizado.

30/6/11

El efecto mariposa


Existe un concepto dentro de la teoría del caos conocido como efecto mariposa y que entraña que cualquier pequeña variación que pueda producirse, como el aleteo de un insecto, en un sistema más o menos ordenado puede desencadenar una vorágine de movimientos que modifiquen de una manera brutal el entorno, en un principio estable y pacífico. Así se encuentra ahora mismo el Baskonia. En los alrededores del Buesa Arena, cerrado por obras, se percibe la brisa de las mariposas. Se respira una calma tensa que debe preceder a lo que parece una profunda remodelación de la plantilla. Pendiente de demasiadas cosas, Josean Querejeta aguarda la resolución de varios frentes abiertos que pueden resultar fundamentales para la suerte del equipo vitoriano. En función de que lo que suceda con el lockout, la pelea entre Barça y CSKA por hacerse con los servicios de Teodosic y los límites que el equipo ruso y los turcos del Efes Pilsen estén dispuestos a alcanzar para amarrar a algunas de las piezas más codiciadas del cuadro azulgrana, sabremos hasta dónde llegan las consecuencias de este efecto mariposa.

Ahora mismo ningún jugador se encuentra a salvo. A excepción de Thomas Heurtel, recién contratado, el resto ha salido al mercado. Así se han expresado siempre los rectores del Baskonia. Pero esta vez no es parte de una pose existencial, sino una declaración de intenciones. Lo he escrito ya varias veces: toda vez que se ha renunciado a cambiar de técnico, la situación exige una renovación exhaustiva del vestuario. Querejeta y sus colaboradores han visto lo que ha visto todo el mundo. No han sido ajenos a la realidad de un relativo fracaso que, ante todo, ha llegado por la falta de sintonía entre el espíritu de su entrenador y lo que le ofrecían sus pupilos. Y la dirección deportiva se ha puesto manos a la obra en la búsqueda de un perfil de jugadores que, bien por su carácter, bien por su juventud y posible hambre de crecimiento profesional, puedan responder a las exigencias de Dusko Ivanovic.

Muchos son los que van a salir y más o menos los mismos los que llegarán. Contra lo que muchos pensaban y ya aseguré en este pequeño rincón de reflexiones (Una reconstrucción necesaria), los referentes del equipo baskonista se encuentran tan expuestos como el resto a la venta. O incluso más. Ante la precariedad económica que afecta ahora a las arcas del Caja Laboral, es necesario ingresar antes de gastar. Y muchos de los movimientos, los aleteos de la mariposa que precipitarán la catarata de contrataciones y ventas tienen que ver con referentes baskonistas de la talla de Marcelinho Huertas, Stanko Barac y Mirza Teletovic.

Si tuviera que mojarme, ahora mismo apostaría a que apenas cinco o seis de los jugadores que este año han vestido la elástica azulgrana la defenderán cuando arranque el curso venidero. Si se queda Ivanovic, se quedará Ribas. Y es casi seguro que también San Emeterio. A pesar del excelente cartel que llegó a lucir el cántabro, a quien Chichi Creus tanteó hace unos meses, su renovación acalló cualquier rumor sobre una posible salida con rumbo a la Ciudad Condal, donde la llegada de Chuck Eidson y la renovación de Pete Mickeal cierran las puertas de acceso. Además, la modificación del sistema de cupos parece que rebajará en cierta medida su atractivo de cara a los dos grandes mastodontes de la ACB.


Batista y el pánico al vacío

A partir de ahí, difícil será que exista cualquier movimiento que incluya a Esteban Batista. El poste charrúa, adquirido en enero, ha generado más incógnitas que certezas desde que se instaló en Vitoria. Sólo tiene margen para mejorar, porque quedar tan por debajo de las expectativas como lo ha hecho hasta ahora parece imposible. El problema es que cuando el Baskonia se hizo con sus servicios se incluía dentro de una operación a gran escala que lo señalaba como el sustituto de Stanko Barac, pretendido y cortejado ya entonces por los Pacers. El problema llega justo ahora, cuando Barac enfila el camino de salida y las oficinas del Buesa Arena se inundan de dudas ante lo que el uruguayo puede o no puede aportar. Creo que son legión ya los que consideran que no bastará con él para cubrir un hueco gigantesco en la pintura. Un agujero que tiene el molde de leyendas del baskonismo como Luis Scola o Tiago Splitter.

En cualquier caso, y salvo sorpresa monumental -y timo de por medio-, Batista seguirá en Vitoria y Barac se marchará. Ahora sólo queda por saber dónde. En unas horas se sabrá qué sucede finalmente con el lockout. Los Pacers han manifestado sin tapujos su interés por hacerse con sus servicios de inmediato, y el jugador corresponde ese amor. Pero con un cierre patronal resulta inviable que la franquicia de Indiana y el jugador orquesten una fórmula que permita abonar a la entidad gasteiztarra los 1,5 millones que fija su contrato como cláusula de salida a la NBA. Ahora ha surgido de la nada el Efes Pilsen, perpetuo crematorio de grandes figuras. Los turcos andan sobrados de dinero, quizá no tanto como para sufragar la rescisión pero sí para negociar, y se han metido en la puja. En el Baskonia siempre se ha tenido claro que la de Barac era la primera opción para hacer dinero, algo necesario, principalmente porque su carácter y su falta de sintonía con Ivanovic han defraudado a casi todo el mundo durante las tres campañas que ha militado en el equipo. Ahora bien, se prefería (y prefiere) que salga con destino a la NBA antes de que acabe reforzando a un rival directo en la Euroliga. En unas horas se resolverá la incógnita. Barac ya ha manifestado que prefiere cruzar el charco, pero el Efes Pilsen, con la posibilidad de que la próxima Final Four se celebre en Estambul, ha echado el resto y el acuerdo entre las tres partes parece muy próximo.

No son pocos los que me han dicho que el Baskonia cometería un error si acaba desprendiéndose de Barac o Marcelinho, precisamente otro jugador codiciado y que ahora mismo se encuentra en el punto de mira de alguno de los talonarios más rebosantes -y no hay muchos así- del continente. En el club son conscientes de la escasez que existe en el mercado de bases y cincos de garantías. Pero repito que hace falta dinero. Me resisto a pensar que en un mismo verano la entidad vitoriana vaya a desprenderse del poste croata y el base paulista, pero la amenaza sobrevuela el Buesa Arena. El brasileño ha recibido varias llamadas del Barça. Y el propio Josean Querejeta, que trata de cerrar cuanto antes su renovación hasta 2015, reconoció que también el CSKA había trasladado una oferta. Catalanes y moscovitas, dos de los equipos más solventes ahora mismo, buscan base. La pelea se ha fijado en primer término en torno a Teodosic, y parece que los rusos van a acabar llevándose el gato al agua y aprovechando las miserias de Olympiacos para arrebatarle a una de sus mayores joyas. Si se confirma, Huertas aparece como solución alternativa para el conjunto blaugrana.


El capitán del equipo, Mirza Teletovic, tampoco tiene garantizado el puesto para la próxima temporada. Fue otro de los jugadores por los que el CSKA realizó en su día una oferta, pero Querejeta, sobre todo si acepta la salida de Barac, no piensa envolverlo en papel de regalo. Tiene que llegar una suculenta propuesta para que se marche. Pero si llega, y el mercado ofrece alternativas de garantías, también podría abandonar Vitoria, una ciudad a la que se ha adaptado y donde siempre ha dicho que quería quedarse muchos años.

¿Camino de ida y vuelta para Logan?

Otro que se irá, y pronto además, es David Logan. El presidente del Baskonia ya tildó de "decepcionante" la temporada que ha firmado. No sorprendió a nadie que tenga ojos. Huérfano de un papel protagonista, de veinte balones para jugarse cada partido, ha rendido a un nivel muy inferior al que ofreció en Polonia. Además, apuesta personal de la directiva, jamás ha llegado a entenderse con Ivanovic. El escolta nacido en Chicago ya ha manifestado que está más que abierto a renunciar al contrato de larga duración que firmó para busca acomodo en otro escenario más propicio para sus características. Parece que el Asseco Prokom, su anterior equipo, está deseando su regreso. Ahora resta por saber si Querejeta, habitualmente habilidoso en este tipo de situaciones, puede llegar incluso a sacar tajada económica de su salida.

Los tres últimos jugadores con contrato en vigor son Brad Oleson, Nemanja Bjelica y Dejan Musli. Veo a cada uno de ellos en una situación bien distinta. Dejando a un lado a Musli, un jugador cuyo carácter ha llegado a irritar al técnico montenegrino y al que se le busca un destino como cedido, las intenciones del club para con el americano y el serbio parecen diametralmente opuestas. La directiva se ha puesto en contacto con el agente del escolta de Alaska para plantearle la posibilidad de que rebaje su ficha. Su representante ha reconocido que está incluso estudiando la opción de aceptar esta propuesta, que a mí me da en la nariz que encubre una sutil invitación a buscar equipo. La dirección deportiva busca un escolta que ocupe definitivamente el rol de dos titular, que no han asumido esta temporada ni Oleson ni Logan. Con Ribas asentado en un papel de especialista de rotación, me surge la duda de saber si se volverá a emprender la temporada con tres jugadores para ese puesto en la plantilla. Yo diría que no.

El tema de Bjelica es diferente. Aunque tampoco ha colmado las expectativas, sigue siendo una de las apuestas estratégicas del club, por lo que todo indica que continuará, salvo que los aleteos de las mariposas, que en unas horas van a comenzar a ofrecer los primeros cambios en el entorno baskonista, provoquen efectos aún más devastadores de lo que se espera en el vestuario del Caja Laboral. Todo está a punto de precipitarse. Aunque éste va a ser un verano muy largo, los primeros movimientos desencadenarán el resto.

23/6/11

Barac tiene la llave

La salida del poste croata puede resolver los problemas económicos del Baskonia y facilitar otros movimientos de cara a recomponer la plantilla para que se ajuste a las necesidades de Ivanovic

Los próximos pasos del Caja Laboral en la configuración de la plantilla con la que afrontará la temporada de la redención van a estar marcados por decisiones que, en cierto modo, deben tomarse fuera de las oficinas del Buesa Arena. No diré que las tomarán otros, porque resulta evidente el peso específico de Josean Querejeta en todo lo referente al nuevo marco de contratación que se adoptará en la ACB, ni que son ajenas, porque de las negociaciones que están manteniendo la patronal y el sindicato de jugadores de la competición estadounidense depende gran parte de la planificación. Sin embargo, representan dos parámetros que determinarán el rumbo a seguir por parte de la dirección deportiva del club vitoriano, que como ya dije en su día (Una recomposición necesaria) se mantiene maniatada, aunque trabajando en varios frentes, a la espera de que se resuelvan estos dos temas. De uno de ellos, lo que suceda finalmente con la amenaza de lockout en la NBA, pende la continuidad en Vitoria de un jugador como Stanko Barac, señalado como la mejor opción para recuperar la solvencia económica.

Los directivos de los Pacers llevan meses insistiendo en que les encantaría contar con los servicios del poste con pasaporte croata –de quien poseen los derechos– la próxima temporada. Y el jugador está loco por la música. El Baskonia contemplaba esta opción cuando a comienzos de año se lanzó a recomponer su juego interior con la llegada de Batista, una solución que se ha revelado fracasada pero que se precipitó por los problemas que había generado la espantada de Haislip, el frustrado fichaje de Mensah-Bonsu y la sucesión de temporeros que fueron desfilando por la capital alavesa sin que ninguno convenciera del todo a Ivanovic. Teniendo en cuenta las apreturas económicas que padece el club vitoriano, se ha considerado siempre como la mejor solución. Debía y debe ser el punto de partida para esa reconfiguración que requiere el equipo.

La operación arrojaría jugosos dividendos a las maltrechas arcas del club. En concreto, en torno al millón y medio de euros, una cantidad que permitiría afrontar con menos urgencias el resto de operaciones. Si bien no se cierra la puerta a la salida de ninguno de los puntales del equipo (me refiero a Marcelinho, Teletovic y San Emeterio), Barac tiene la llave que puede desbloquearlo todo. El jugador ya ha transmitido a los rectores baskonistas su ilusión por afrontar un reto para el que muchos piensan que, por su melifluo carácter, no está del todo capacitado. A mí me da la impresión de que lo está de sobra. Dispone de recursos y talento para brillar en la mejor liga del mundo, donde su cotización ha subido como la espuma en los dos últimos años ante la alarmante carencia de cincos. Cuando se afrontaron los contactos para zanjar su renovación, hace ahora poco más de medio año, la idea de que éste fuera el verano del salto definitivo ya planeaba sobre la mesa de negociaciones.

Los Pacers lo esperan con los brazos abiertos

El general manager de los Pacers, David Morway, ha vuelto a mostrar su interés por reclutar al jugador del Caja Laboral. No es la primera vez que lo hace en público. Aunque el momento escogido para manifestarse de nuevo invita a pensar que se está encargando de abonar el terreno para su aterrizaje en la tierra de Larry Bird, en la franquicia del legendario Reggie Miller. Los analistas americanos consideran que Barac puede ocupar un interesante papel como jugador de reparto, aunque el nombre del center titular, Roy Hibbert, ha aparecido en las últimas semanas en varios rumores de traspaso. Todo depende de la resolución definitiva de la batalla entre patronal y sindicatos, del manido lockout. Todo apunta a que en una semana, el próximo día 30, se puede resolver un asunto que, pese al pesimismo generalizado inicial, parece que lleva camino de quedar en agua de borrajas. Ahora mismo hay más opciones de que no se produzca el lockout que de que tenga lugar. Y eso supone que hay un porcentaje muy elevado de probabilidades de que Barac acabe vistiendo la camiseta de los Pacers cuando arranque el próximo curso.

Me ha sorprendido comprobar hasta qué punto la gente en Vitoria sigue elaborando teorías sobre futuras composiciones de plantilla que pasan por mantener las bases del equipo del pasado año. Resulta curioso, porque si algo ha quedado claro es que el actual plantel ha arrojado una evidente falta de capacidad competitiva, o al menos de adaptarse a las necesidades o el molde que fija un técnico como Dusko Ivanovic. Una vez resuelta la incógnita sobre la continuidad del preparador montenegrino, sólo cabe una salida: rediseñar el equipo. Habrá cambios, bastantes. Repito que tienen que salir varios jugadores, alguno incluso de esos que parecen intocables. Si el Baskonia nadara en la abundancia, si pudiera competir en igualdad presupuestaria con sus máximos rivales de la ACB o la Euroliga, todo sería más fácil, es evidente. Pero en un club de ciudad pequeña, con recursos limitados, el ingenio y la metamorfosis permanente se han convertido en virtudes.

En el baloncesto actual es cierto que escasean los bases de calidad y los center determinantes. Por eso a muchos les duele la posibilidad de que Barac, que por otro lado ha sido incapaz de cubrir el insondable vacío dejado por Tiago Splitter, pueda marcharse. Se teme una nueva situación de orfandad. Pero ha habido muchas otras antes y de todas se ha salido con más o menos holgura. Más miedo me da la posibilidad de que Marcelinho, y no Mirza Teletovic, pueda convertirse en otro de los descartes forzados por la necesidad. El Barça lo mantiene en su agenda como uno de los posibles recambios para Ricky Rubio. Pero de eso hablaremos en un futuro próximo. Lo único claro es que el baskonismo debe estar preparado para afrontar un profundo y acusado cambio de look. Es lo que toca.

Os dejo el enlace a la información sobre las declaraciones de los dirigentes de los Pacers sobre Barac que ha publicado David Ortega en Diario de Noticias de Álava.

8/6/11

Una pelea en inferioridad


Análisis de la temporada del Caja Laboral (II)


Me resulta imposible valorar la temporada del Caja Laboral sin estudiar el rendimiento individual de sus componentes en un ejercicio en el que la elección de piezas ha resultado especialmente complicada y -me atrevo a añadir- determinante. Un club como el Baskonia, que ha redescubierto tantas veces la fórmula de la Coca-Cola, no podía permitirse errores en la confección de la plantilla justo en el mismo momento en el que abandonaba la entidad el que ha sido su buque insignia durante los últimos siete años. Y lo que siempre han resultado apuestas asombrosamente acertadas, en esta ocasión se han revelado como soluciones arriesgadas, cuya cuestionable aportación ha quedado más al descubierto a causa de la marcha de Tiago Splitter. A pesar del profundo lavado de cara que experimentó el plantel vitoriano el pasado verano, todo el peso y la responsabilidad ha recaído sobre las espaldas de los clásicos. A la hora de la verdad, y en términos generales, el nivel ofrecido por los refuerzos ha resultado un tanto decepcionante.

La cosa se torció desde antes de que arrancara la competición. El frustrado fichaje de Pops Mensah-Bonsu, el perfil de jugador físico y rocoso que tanto se ha echado en falta durante buena parte del curso, trastocó los planes de la directiva baskonista, que tampoco tuvo demasiada suerte con Marcus Haislip, cuya espantada a mitades de temporada alteró todavía más una planificación que se ha tenido que ir corrigiendo sobre la marcha. Un año más, el Baskonia ha tirado de temporeros para paliar las carencias, pero cuando la estructura principal siembra dudas, cuando todo el entramado se sostiene sobre las espaldas de cuatro o cinco jugadores, resulta casi imposible reeditar gestas recientes. Pietrus, Rancik, Sow, Dragicevic y Milt Palacio han protagonizado pasos irrelevantes por un equipo que ha acusado ante todo la escasa aportación de algunas de las apuestas más ambiciosas del conjunto azulgrana y, más aún, la escasez de elementos válidos para la batalla. El Baskonia ha acudido a la guerra muy corto de efectivos y ha acabado pagándolo cuando se ha presentado en las citas de postín.

Si Dusko Ivanovic -al que muchos acusan de castigar en exceso el físico de los principales puntales del equipo- hubiera dispuesto de una plantilla más profunda, no me atrevo a decir si la gestión del banquillo habría sido diferente. Lo único claro es que el Baskonia de la temporada que está a punto de echar el cierre se ha apoyado en la aportación de tres jugadores (Marcelinho, Teletovic y San Emeterio) que han acumulado una media de más de media hora de juego en los 57 encuentros oficiales que ha disputado. Y eso acaba pasando factura, como se ha visto en los play off, donde el MVP de la ACB llegó con muy poca gasolina, el francotirador bosnio adoleció de falta de frescura y el director de juego paulista alcanzó sin oxígeno los instantes en los que se deciden los partidos. Si a esto se le suma que Barac ha exhibido tanta calidad ofensiva como motivos para la desesperación y que la segunda fila ha respondido con cuentagotas, el resultado no puede ser otro que el ya comentado en la primera parte de este balance de final de curso: un aprobado incuestionable en cuanto a resultados, pero un sabor demasiado amargo para el baskonismo en lo que se refiere a las sensaciones arrojadas por el equipo en su trayecto.

Sin alternativas en la dirección de juego

El Caja Laboral ha apostado por segundo año consecutivo por afrontar la temporada con sólo un base puro en la plantilla. Aunque Pau Ribas y David Logan volvieron a partir como posibles alternativas para ofrecer minutos de oxígeno en el puesto de uno, Marcelinho Huertas ha asumido todo el peso del equipo hasta que la dirección deportiva volvió a recurrir al parche de Milt Palacio de cara a los play off.

La aportación del brasileño, en el plano numérico, ha resultado excepcional. Incluido en el mejor quinteto de la competición liguera, ha mejorado sus números con respecto al ejercicio precedente. Pero ha exhibido problemas a la hora de dirigir e imponer cordura en un equipo que ofensivamente se entregado a menudo al caos y que, además, ha incurrido en un sinfín de pérdidas de balón a lo largo de todos y cada uno de los duelos. En este sentido, aunque su calidad resulta incuestionable (probablemente sea el mejor base de la competición doméstica), cabría exigirle un paso adelante a la hora de poner orden en un colectivo que, en cualquier caso, para lo bueno y para lo malo, con la inesperada e incomprensible aquiescencia de su técnico, se ha manejado en la anarquía. Sin duda, ha echado mucho en falta a su amigo y compatriota Tiago Splitter. Las continuaciones en los pick and roll con Barac no funcionan igual que las del pívot de los Spurs.


Sobre Milton Palacio, que llegó a última hora para ejercer el papel de tipo cerebral y neutro que asumió la temporada pasada, poco se puede decir. A pesar de que acababa de caer eliminado en las eliminatorias de la Liga helena con el Kavala cuando aterrizó en Vitoria, dio la impresión de estar fuera de forma, superado por la situación y sus minutos casi nunca fueron de calidad. En su defensa sólo cabe argumentar que el equipo con el que se ha encontrado esta vez no es el mismo, sobre todo en espíritu y confianza, que protagonizó el milagro del tercer título liguero hace poco menos de un año.

Escoltas sin jerarquía y dos guerreros

En el perímetro la indefinición de roles ha marcado la temporada. No en el puesto de tres, donde San Emeterio ha vuelto a ofrecer un rendimiento escalofriante mientras el físico le ha respondido, sino entre los escoltas. Ribas, Logan y Brad Oleson han compartido minutos y protagonismo sin que a día de hoy haya quedado del todo claro quién era el titular y quiénes sus relevos. Ni siquiera en los cruces por el título ha sabido Ivanovic definir las jerarquías. Basta con estudiar la cuota de protagonismo que el técnico concedió a Ribas en la eliminatoria contra el Barça. El escolta badalonés pasó de jugar 24 minutos en el primer choque a actuar tan sólo seis en el segundo, mientras Logan, a quien muchos daban por desahuciado, ha acumulado mucho más tiempo sobre el parqué del que quizá ha merecido. A todo esto, Oleson, que ya liberado de las lesiones que lo lastraron el año pasado, se ha visto superado por su extrema timidez y ha cuajado otro año que, con generosidad, puede tildarse de discreto.

La de David Logan ha sido una de las apuestas fallidas del club vitoriano para la presente temporada. Prolífico anotador en un equipo de perfil bajo como el Asseco Prokom, se ha diluido sin remedio en Vitoria, sin veinte balones que jugarse cada partido. Su caso se asemeja dolorosamente al de Carl English, brillante en Canarias, superado en el Caja Laboral y de nuevo destacado en el Joventut. La eterna cantinela de las cabezas de ratón y las colas de león. En el Buesa Arena, si hay que elegir, lo que se busca son cabezas de león. De lo contrario, cabezas de ratón con capacidad para ajustarse a un rol más modesto. Pero Logan no ha demostrado estar a la altura de ninguna de estas dos alternativas. Si a esto se suma la cuestionable implicación defensiva del norteamericano con pasaporte polaco, las respuestas vienen solas. En estos momentos tanto el club como el jugador buscan fórmulas para rescindir su contrato y buscarle otro destino.

Las mejores noticias desde la cuerda exterior del Baskonia las han aportado dos jugadores que, más allá de cupos, tienen sitio en cualquier equipo importante del continente. Me refiero a Fernando San Emeterio y Pau Ribas. El alero cántabro, que parecía haber alcanzado la cima de su gloria con el dos más uno de la última final, anda sobrado de hambre, se supera día a día. Su galardón como mejor jugador de la ACB supone un premio más que merecido para un jugador al que Scariolo debería desagraviar con una citación y mayor relevancia en el próximo Europeo de Lituania. Pau Ribas, aún muy joven, sigue una línea similar. Su actitud y el excelente rendimiento que ha ofrecido cuando ha entrado para aportar piernas frescas desde el banquillo (sobre todo como escolta) deberían garantizarle también una mayor consideración por parte del técnico el año próximo. Su rol de especialista defensivo también lo convierte en una pieza más que válida para siguientes proyectos. Le ha hecho daño la falta de continuidad y el overbooking de efectivos en su posición.

Lo de Nemanja Bjelica, para cerrar la nómina de aleros, puede considerarse como el mayor fiasco que ha padecido la hinchada baskonista. Cuando llegó a Vitoria, su simple irrupción en cancha generaba un murmullo en las gradas del Buesa Arena. Venía precedido por las elevadas expectativas que el club había depositado en él y por su prometedora actuación en el Mundial. Pero ha evidenciado que es más un proyecto de futuro que una propuesta de presente. Ha disputado sólo 22 partidos de ACB, en los que ha promediado menos de cuatro puntos y apenas dos rebotes, y trece de Euroliga, en los que su aportación ha resultado aún más reducida. En cualquier caso, por condiciones, está llamado a hacer grandes cosas. Habrá que ver hasta qué punto la paciencia del club y su nivel de adaptación permiten que pueda disfrutarlas la grada del Buesa Arena.

Un vacío insondable

En lo que se refiere al juego interior -o a su ausencia-, todo análisis debe partir más por los que ya no están que por los que se han quedado. Y no me refiero sólo a la marcha de Splitter, que ha causado un socavón muy difícil de cubrir, sino también a los problemas derivados de las frustradas contrataciones de Pops Mensah-Bonsu y Marcus Haislip. El africano con pasaporte británico, que suspendió los exámenes físicos previos a su contratación, no llegó a debutar. Haislip, entre lesiones y problemas para hacerse a la ciudad y a la disciplina del club, como si no lo hubiera hecho. A partir de ahí arrancó el carrusel de temporeros: Florent Pietrus, muy del gusto de Ivanovic, Martin Rancik, Pape Sow y Vladimir Dragicevic llegaron para completar el roster interior. Pero el papel de todos ellos, en mayor o menor medida, resultó residual.

Fueron precisamente todos estos problemas para cerrar una batería de pívots de garantías los que motivaron un movimiento de mercado que ha podido determinar de manera definitiva el resto de pasos adoptados hasta el final del curso. El fichaje de Esteban Batista a comienzos de año supuso la entrada de un tercer interior de peso, pero conllevó asimismo el empleo de un espacio salarial de consideración para atar a un jugador que había sonado varias veces para el Baskonia y que, como en el caso de Bjelica, se contemplaba como una opción para cimentar proyectos futuros. El charrúa, capitán general en Fuenlabrada, ha ofrecido actuaciones de toda índole, aunque la valoración global tiende al suspenso, sobre todo por su manera de menguar en las citas ante equipos de cierta entidad. Merece el beneficio de la duda y crecerá.

Los dos principales puntales del juego interior del conjunto gasteiztarra, Stanko Barac y Mirza Teletovic, como Marcelinho, han brillado más por sus logros individuales que por su aportación al rendimiento colectivo. A Barac, siempre cobijado bajo la sombra de Splitter, le llegaba este año un examen definitivo, la ocasión para reivindicarse como el pívot dominante y sobrado de calidad que se supone que es. Y ha tenido etapas, aunque tras la llegada de Batista también sufrió las fases en las que Ivanovic realizaba probaturas para definir cuál de los dos iba a ser el center titular. Por primera vez desde que regresó de Valencia, ha podido disputar los play off por el título, en los que se desmoronó junto al equipo cuando se topó de frente con el todopoderoso Barcelona. Teletovic ha pagado en exceso la ansiedad y la responsabilidad autoimpuesta con los que arrancó la temporada. Como capitán, quiso asumir los galones que quedaron vacantes tras la marcha de Splitter. Pero no es su papel. Infalible y genial hasta el extremo cuando tiene el día, fiar a su albedrio los designios del equipo supone poco menos que un suicidio.

Es el poso que deja esta temporada tan grisácea, tan desconcertante para la hinchada del Caja Laboral, un equipo que ha sido poco equipo, un ejército diezmado en cuanto a número, que ha llegado muy justo de gasolina al tramo final de las competiciones y que ha evidenciado que un puñado de jugadores rebosantes de calidad no conforman un bloque sólido si no se encuentra la fórmula para ensamblarlos. No son pocas las piezas útiles que conviven en el vestuario del plantel gasteiztarra, que aun y todo ha alcanzado los niveles exigibles, pero queda mucho trabajo por hacer para que el Baskonia, tan infiel este año a su idiosincrasia, vuelva a convertirse en ese plantel sobrado de alma y cordura que tan célebre lo ha hecho. Como todos los equipos grandes, y el vitoriano hace tiempo que lo es, está atravesando un cambio de ciclo. De las decisiones de las próximas semanas dependerá en gran medida el tiempo que necesitará (unos meses o algún otro año) para reencontrarse.

7/6/11

Cambio de ciclo


Análisis de la temporada del Caja Laboral (I)



Ha pasado casi una semana desde que el dubitativo Caja Laboral cayó eliminado en las semifinales de la ACB y las ideas se me han ordenado para ofrecerme una visión global de lo que ha sido la temporada recién finalizada. En términos generales, el sabor de boca que arroja el curso que ha concluido resulta un tanto amargo para el baskonismo. Por primera vez desde 2005, el conjunto vitoriano ha cerrado un ejercicio en blanco, sin un título que echarse a la boca. Es más, desde la temporada 2001/2002 (la del doblete de Ivanovic) no se recuerda un año que se haya consumido para el equipo azulgrana sin disputar final alguna. Ha sido ésta, la primera temporada sin Tiago Splitter, la que arrancaba con la dulce resaca del milagro de la última final, la que se ha manifestado como esa campaña que todo el mundo llevaba años anunciando pero nunca acababa de llegar. Hemos asistido a la primera temporada del cambio de ciclo en el seno de un equipo que llevaba demasiado tiempo instalado en la excelencia.

Si hubiera que otorgarle una calificación al rendimiento colectivo del Baskonia durante los últimos ocho meses de competición, considero que convendría discernir entre los resultados obtenidos y las sensaciones que ha arrojado a lo largo del trayecto. Si nos atenemos a los logros del equipo en las cuatro competiciones en las que ha tomado parte, sólo desde un punto de vista resultadista, sería injusto concederle un suspenso. Salvando el hecho de que el combinado azulgrana naufragó en la Supercopa celebrada en el Buesa Arena, un torneo apetecible pero menor tanto por relevancia como por punto de cocción de los aspirantes, su posición final en el resto de competiciones entra dentro de los parámetros de la lógica. Aunque sufrió para deshacerse en cuartos de final del Bilbao Basket, su participación en la Copa acabó en el cruce de semifinales ante el Barça, que ha sido también su verdugo, en idéntica ronda, en la pelea por el título de la ACB. En la Euroliga, por segundo año consecutivo, sucumbió en cuartos de final, a un paso de la Final Four. O lo que es lo mismo,  de nuevo instalado entre los ocho mejores equipos del continente. A mi modo de ver, el equipo de Dusko Ivanovic ha cumplido. Ni se le puede tolerar menos, ni se le puede exigir más. Todo lo que sea superar estos registros puede considerarse como un ejercicio para subir nota. Por lo tanto, en cuanto a resultados, se ha ganado el aprobado.

Derrotas dolorosas en la ACB

Otra cosa bien distinta es el comportamiento que el equipo ha mostrado durante el camino hacia esos objetivos, la discontinuidad manifiesta e irritante con la que ha convivido y martirizado a sus aficionados durante demasiados partidos. En la ACB, donde quizá un tercer puesto en la fase regular habría cambiado, y mucho, el actual panorama, ha acumulado tantas derrotas que hay que remontarse casi una década para hallar otro ejercicio tan discreto de un equipo que, ante todo, ha sabido hacer gala de la regularidad. En esta ocasión no ha sido así. La escasa fortaleza mental ha delatado a este equipo en encuentros que otros años no habría perdido.

Lejos del Buesa Arena en absoluto se ha revelado como un rival temible. Más bien al contrario. Ha acumulado derrotas muy dolorosas en pistas de oponentes de un nivel a priori mucho menor. Sin contar las de Gran Canaria o Bilbao, dos canchas complicadas, este equipo de Ivanovic que se ha parecido tan poco a los equipos de Ivanovic cayó en la pista del Estudiantes y resultó ridiculizado en las de Fuenlabrada, Blancos de Rueda, Cajasol y Meridiano Alicante. En las dos últimas, la desventaja final alcanzó la veintena. Algo a todas luces inusual para un plantel habituado a dar la cara en cada batalla. Un síntoma inequívoco de que algo no ha funcionado.

Varias han sido las taras técnicas y tácticas que han retratado inequívocamente al Baskonia en buena parte de los duelos de la presente campaña. Pero por encima de todos los males que han rebajado su rendimiento hay que lamentar la escasez de espíritu que ha mostrado en muchas ocasiones. El carácter que se asocia a los jugadores que visten esta camiseta, a las plantillas adiestradas por Ivanovic, ha brillado por su ausencia. Era este Caja Laboral un equipo sin alma, sin rumbo, sin vísceras. El corazón del baskonismo se marchó hace poco menos de un año a Texas. Fue el mismo destino que escogió su predecesor, amigo y maestro. Sin Luis Scola y Tiago Splitter el equipo vitoriano ha añorado algo mucho más importante que un tipo que dominaba el juego cerca de los aros. Ha muerto la temporada sin que quedaran realmente claros los roles de cada una de las figuras del equipo.

Barac, cuando no comete tres faltas estúpidas en el primer cuarto y tiene el día inspirado, se muestra como un pívot sin igual en toda Europa. Teletovic es el único jugador al que el técnico montenegrino concede licencia ilimitada para matar. Marcelinho es pura magia, pero carece de galones para poner orden; acaba haciendo más daño como anotador que como director de juego. Y Fernando San Emeterio, beatificado tras aquella antológica canasta ante Terence Morris, se antoja más un maestro de primera con exceso de trabajo que un líder natural. Todavía hoy, con el equipo ya eliminado, me costaría decir sin dudarlo quién ha tomado el cetro de mando que Splitter abandonó cuando tomó rumbo a los USA.

La carencia de un líder espiritual

Dejando a un lado a San Emeterio, quien ya digo que es o debería ser un secundario de lujo para cualquier equipo de la aristocracia y sin embargo ha rendido tan por encima de lo exigible que se ha convertido en MVP, me da la impresión de que ninguno de los otros posee la personalidad incuestionable de líder que exhibían Scola y Splitter, dos tipos que han propiciado plácidas transiciones de plantilla durante su dilatada estancia en la capital alavesa. Ante esta ausencia, el equipo se ha derrumbado, pero más por falta de carácter, de alma, que por cuestiones de talento, que lo hay y en grandes dosis. Y todo esto ha quedado reflejado en el juego. Aspectos tan relacionados con la intensidad como el rebote, una cruz durante todo el año, o la intensidad defensiva se han convertido en los males endémicos de un equipo que ha mostrado asimismo una desesperante incapacidad para cerrar partidos que tenía resueltos mucho antes de alcanzar los minutos decisivos. Sin el instinto asesino de anteriores campañas, incluso el otrora feudo inexpugnable del Buesa Arena ha perdido ciertas dosis de su mística y se ha transformado en un escenario del que han escapado con una sonrisa demasiados forasteros. Y esto, pese al resultado final, ha ensuciado notablemente el paso del conjunto gasteiztarra por la Euroliga.

De Vitoria se marcharon con la victoria el Zalgiris, el Asseco Prokom y el Lietuvos en las dos primeras fases de la competición. La cuarta derrota continental en el pabellón de Zurbano llegó ante el Maccabi. Los hebreos se apropiaron del factor cancha en el segundo partido de los cuartos de final y remataron la serie en Tel Aviv. El Barça la encarriló en el Palau y la finiquitó en el Buesa Arena, en un partido que ante todo evidenció la patente impotencia con la que ha compartido viaje este Caja Laboral durante el tortuoso ejercicio que acabó hace poco menos de una semana.

Aunque espero publicar en los próximos días otros dos artículos para analizar la temporada desde un punto de vista más pormenorizado, no puede entenderse el relativo amargor que siente el baskonismo sin preguntarse las razones por las que este equipo ha seguido una filosofía de juego tan alejada de la que siempre ha predicado su entrenador. Y la respuesta la encuentro en el título del post: estamos asistiendo a un cambio de ciclo traumático en el seno del conjunto azulgrana. Sin el paracaídas que han supuesto siempre las joyas descubiertas por la dirección deportiva y convertidas a la militancia desde su adolescencia, el Baskonia experimenta la misma sensación de vértigo que padecen todos los equipos cuando llega el momento de replantearse la propia identidad. En Madrid ahora mismo saben de lo que hablo.

¿Un equipo de Ivanovic?

La directiva de Josean Querejeta se ve obligada a construir desde cero. Hace muchísimos años que no se veían en una de éstas. Sin entrar a enjuiciar individualmente la labor de los miembros de la plantilla, desde fuera da la impresión de que las apuestas más ambiciosas han brillado muy por debajo de las expectativas marcadas. Y así es difícil. Sobre todo si las características de la plantilla que se ha acabado por configurar coinciden tan poco con los gustos del técnico encargado de hacer sonar la orquesta. Este Caja Laboral irreconocible y ciclotímico ha jugado a algo que nunca ha sabido, o que al menos su entrenador nunca ha querido jugar. Sobrado de calidad, ha fiado sus opciones de éxito al incuestionable talento de sus figuras, pero ha defendido poco y ha andado un poco corto tanto de efectivos como de compromiso. Los días que ha sobrado inspiración, podía derribar a cualquier oponente. Pero la tónica general, por desagracia, no ha sido ésta. Mi primer entrenador me dijo bien claro que "los partidos se ganan en defensa", y jamás lo he olvidado. Por lo que conozco a Ivanovic, estoy convencido de que alguna vez hablaron, aunque por lo que ha mostrado este año su equipo a uno le cueste creerlo.

Ahora se abre un tiempo de interrogantes en clave de futuro. Sigue abierta la incógnita del entrenador. Mientras suenan decenas de nombres, las posibilidades de que Dusko permanezca en Vitoria crecen por momentos. Se avecina un verano de mucho movimiento en las oficinas del Buesa Arena. La mayoría de los que no cuentan o han decepcionado se irán, como también algunos de los que gustan y cuentan, en función del mercado. Pero como hay más post que longanizas, ya hablaremos de esto en el futuro. En el siguiente artículo analizaré el rendimiento de los jugadores.