12/9/11

Cualquier tiempo pasado



Lo escribió Jorge Manrique, hace más de cinco siglos, para exponer el dolor que le provocó la muerte de su padre. Pero me vino a la cabeza la madrugada del sábado, mientras gozaba de uno de los partidos más intensos y atractivos que recuerdo en mucho tiempo. Hablo de la semifinal del Preolímpico que disputaron en Mar de Plata las selecciones de Argentina y Puerto Rico. Fue un choque pleno de intensidad, de alma, en el que se pudo paladear un baloncesto sin disfraces, sin cálculos, donde dos equipos radicalmente diferentes se lanzaron a pecho descubierto a por el triunfo, en busca de una plaza en los Juegos de Londres. Al final el triunfo se tiñó de albiceleste, para gozo de los miles de argentinos que auparon a sus ancianos (con todo el cariño) y los llevaron en volandas hacia la victoria. Un equipo en el que sólo dos jugadores bajan de la treintena -Juanpi Gutiérrez (27) y Carlos Delfino (29)- tiró del carácter y las vísceras que han convertido a este grupo de talentos en, sin duda alguna, la mejor selección de la historia de su país y me generó una suerte de nostalgia que me trasladó a Manrique y los tiempos en los que estudiábamos los tópicos de la poesía renacentista, el tempus fugit inexorable. Supongo que a la mayoría le sonarán estos versos.

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

En aquel pabellón de Mar de Plata se concentraban la madrugada del sábado varios de los jugadores que han lucido con mayor orgullo en su pecho el escudo del Baskonia, tipos que sumaron para lograr que el club de una pequeña capital de provincia se hiciera por derecho propio con un hueco en todos los mapas del baloncesto continental. Fue como echar un vistazo al pasado, a unos tiempos gloriosos que ahora mismo muchos añoran en Vitoria. Las dudas se han apoderado de la afición azulgrana en un verano que se está mostrando, si cabe, más complicado que de costumbre. La marcha de algunos de los pilares que han sostenido estos últimos años al Caja Laboral, como Barac o Marcelinho, ha incrementado la sensación de orfandad que, sin embargo, brotó cuando Tiago Splitter, quizá el último gran referente de este club, decidió probar suerte en la NBA.

Más allá de que Josean Querejeta y sus colaboradores logren finalmente armar un plantel que devuelva la ilusión a la hinchada, algo que ahora mismo parece utópico, en Vitoria se echa en falta la esencia de irreductibilidad que hizo grande y despertó el orgullo de un equipo que se ganó un espacio en la élite gracias a unos principios que van más allá de los resultados y los títulos. En ese partido entre Argentina y Puerto Rico se reunían un puñado de los mejores jugadores que han vestido la elástica azulgrana en la última década. Había varios ex. Dos en las filas boricuas: el fugaz temporero Andrés Rodríguez y el genial Carlos Arroyo, un jugador que podría haberse forjado una carrera de estrella en el Viejo Continente. Y cuatro en Argentina: Fabricio Oberto, Luis Scola, Andrés Nocioni y Pablo Prigioni, que no es pasado sino futuro próximo y ha demostrado en este torneo que sigue conservando la ambición y el carácter competitivo que le permitieron crecer al ritmo del propio Baskonia hasta convertirse en uno de los mejores directores de juego de la ACB.

Argentina jugó el partido con la misma intensidad y entrega que tanto se ha apreciado siempre en el Buesa Arena. Quizá en otros lares se exigen otras cosas, más talento, baloncesto de mayor calidad, por encima de este tipo de valores. Vitoria es, baloncestísticamente hablando, una ciudad de principios. Aquí se ha exigido siempre compromiso, implicación, la asunción de unos colores y la identificación con la grada. Y creo que es eso lo que precisamente añora el aficionado baskonista. No sé si es porque el equipo ha acabado por asumir su condición de grande y el perfil de los jugadores ha caído en cuestiones relacionadas con el hambre o si todo esto tiene que ver con el carácter tan fugaz de las plantillas, que cambian tan radicalmente de un año para otro, pero lo cierto es que me atrevo a asumir que lo que genera el desasosiego que sigo percibiendo en el entorno del Caja Laboral está relacionado con la pérdida de comunión entre el equipo y la grada.

Huérfano de referentes

No todo tiene que ver con los títulos. Es más una cuestión de referentes. Y en el Baskonia de los últimos años se han contado con los dedos de una mano. Hace no mucho, poco antes del verano, leí a un compañero de profesión que respeto mucho decir que uno de los motivos que han provocado la pérdida de popularidad que ha padecido el baloncesto en este país radica en la escasa permanencia de los jugadores en los equipos. El equipo vitoriano no se ha visto exento de esta corriente. Splitter, Scola o Calderón, por poner algunos ejemplos de aquel tiempo pasado, brotaron de la cantera, crecieron en las categorías inferiores e hicieron carrera con la camiseta del primer equipo antes de emigrar en busca de mayor gloria. Los últimos grandes iconos baskonistas han seguido otras sendas. De la plantilla actual, si exceptuamos a un Prigioni que tendrá que volver a empezar de nuevo, el poso lo ponen Mirza Teletovic, el capitán, y el beatificado Fernando San Emeterio. El bosnio se dispone a iniciar su sexta temporada en el club. El cántabro, héroe tras haber sido prácticamente descartado tras su primer curso en Vitoria, emprenderá cuando regrese de Lituania su cuarto ejercicio en este equipo. Oleson y Ribas, dos hombres que en absoluto han ejercido el papel de líderes, van a cumplir su tercera temporada. Pero el equipo hace algún tiempo que no transmite lo mismo.

Hace poco más de un año, navegando contra corriente, llegó el último título, la tercera ACB de la historia del club. En realidad, el goteo de trofeos ha seguido un ritmo relativamente constante que en los últimos cursos hasta que, coincidiendo con ese éxodo de los grandes referentes, se ha ralentizado. Desconozco cuál puede ser el camino para enmendar este problema, la fórmula que devuelva ese carácter que en teoría tanto debería casar con la filosofía de Dusko Ivanovic. En un contexto en el que las apreturas económicas han marcado la estrategia deportiva, con los grandes rivales a una enorme distancia en cuanto a presupuesto, el Baskonia está obligado a hilar mucho más fino en la composición de las plantillas y ha visto muy reducido su margen de paciencia para madurar alguna de sus apuestas.

En busca de las señas de identidad

A Josean Querejeta se le presenta la compleja papeleta ya no sólo de sobreponerse a los numerosos contratiempos que están surgiendo y componer una plantilla que presente un nivel suficiente como para competir. Necesita también dotar de alma a un equipo desnaturalizado. No será fácil, desde luego, pero la apuesta que realizó el máximo dirigente de la entidad gasteiztarra en junio, cuando decidió prolongar por dos años su vínculo con Dusko Ivanovic, marca el camino que pretende seguir. De un modo u otro, el objetivo primordial de la dirección deportiva pasa por conseguir que el plantel azulgrana recobre sus señas de identidad, su espíritu indomable. Será el primer escalón de una escarpada escalinata hacia la pelea por los títulos, algo de lo que el pasado año quedó descabalgado el Caja Laboral. La elección de Prigioni, un tipo que conoce la casa como pocos, un guerrero, uno de esos abuelos que el sábado participó en un duelo épico y lo ganó, puede inscribirse en este marco. La directiva parece dispuesta a echar la vista atrás, a los orígenes, para devolver su esencia al equipo. No resultará en absoluto sencillo. No hablamos de algo que se pueda hacer de un día para otro. Y da la impresión de que el remedio a este mal se encuentra distante en el tiempo, puede estar en los prometedores valores que comienzan a despuntar en las categorías de formación.

Por el momento, lo que parece claro es que el calendario avanza y siguen existiendo incógnitas en torno a la composición de la plantilla. Más allá de la carencia de ese espíritu que tanto se reclama, ahora mismo faltan jugadores. Y eso incrementa el nerviosismo entre la hinchada. Es cierto que este club siempre ha apurado los plazos, pero no lo es menos que resulta inquietante comprobar que a menos de tres semanas para que arranque la competición la plantilla carece de pívots. El fichaje de Richard Hendrix, un jugador que por estatura y perfil parece que no colma del todo la ausencia de un cinco dominador, se hará oficial en cuestión de horas. A partir de ahí, restará la llegada de otro elemento para completar la batería de interiores. En principio, el club descarta de plano conceder ese espacio a Dejan Musli, a quien Ivanovic aprecia lo justo y se le sigue buscando un destino. Sea quien sea el elegido, da la impresión de que, salvo que se trate de Splitter o Scola, tampoco llegará nadie llamado a ocupar esa plaza de icono que el equipo y sobre todo la grada tanto añora. La capacidad de Prigioni, San Emeterio y el caótico Teletovic para recuperar el idilio con la grada, para transmitir, puede resultar una receta para los que sentimos añoranza. En su mano está disipar las dudas y evitar que sigamos pensando en aquello que dijo el poeta. Cualquier tiempo pasado no tiene por qué ser mejor.

10/9/11

Territorio Gasol

Pau y Marc tiranizan bajo los tableros a Serbia y impulsan a España, que recobra la motivación de las grandes citas, a los cuartos del Eurobasket



La selección española de baloncesto se encuentra desde ayer un paso más cerca de la medalla de oro que todo el mundo le había adjudicado antes de que arrancara el Eurobasket y algunos han querido después poner en entredicho. No existe ningún equipo en este torneo, ante la ausencia de Estados Unidos, que pueda plantarle cara. El principal rival de España, como ha quedado claro en los primeros diez días de competición, es España. Cuando los pupilos de Sergio Scariolo quieren, cuando afrontan las citas con la motivación suficiente, siembran las cunetas de cadáveres. Lo hicieron ante el anfitrión, Lituania, y lo repitieron ayer ante Serbia, otro de los combinados que habían presentado candidatura a luchar por todo. Guiada por los hermanos Gasol, tiranos bajo los aros, imparables, la selección española recobró su mejor versión y mandó un mensaje al resto de meritorios.
Atrás quedan ahora las dudas que generó su juego en los primeros partidos y en la derrota frente a Turquía. Este equipo necesita oler sangre, vislumbrar un contrincante de nivel, para elevar la intensidad y sacar las garras. Ayer lo hizo desde el salto inicial. La pujanza de esta prometedora Serbia, un equipo con un esplendoroso futuro por delante, despertó el instinto asesino del actual monarca europeo, que tenía cuentas pendientes por saldar y se apoyó en la insultante tiranía de los Gasol bajo los aros para hacerse con una ventaja que ya no haría más que crecer.
Dos canastas consecutivas de Pau, seguidas de dos robos que presagiaban la espectacular actividad defensiva que iba a mostrar el equipo de Scariolo, fijaron las coordenadas que iban a regir los designios del duelo. Poco importó que el pívot de los Lakers cometiera su segunda personal cuando apenas habían transcurrido tres minutos de juego. España tenía claro el guión. Ayer quería ganar. Y ganó. Así de fácil.
Da lo mismo que el rival, su verdugo en el pasado Mundial, dispusiera de un interesante y polivalente elenco de jugadores, que el lanzamiento exterior siga ofreciendo menos réditos de los esperados y que pueda gustar más o menos la gestión del banquillo. Todo eso importa poco cuando a este grupo irrepetible de jugadores, seguramente una de las mejores selecciones de la historia del baloncesto europeo, se le despierta el apetito. Sobre todo si al frente de todos ellos se encuentra un jugador como Pau Gasol, que ha sido capaz de ganarlo casi todo, que va de cabeza hacia el MVP del campeonato y que se divierte jugando junto a su hermano menor.
Tiranía bajo los aros
El Eurobasket de Lituania se ha convertido en territorio de los Gasol. Ayer se bastaron para arruinar cualquier esperanza de victoria serbia. No puede negarse que tácticamente el equipo sigue dejando mucho que desear, sobre todo en los ataques estáticos. Lo que pasa es que goza de un dominio tan abrumador cerca de los aros, donde de verdad se deciden los partidos, que el resto queda un tanto eclipsado. Y más aún si, como sucedió ayer, la defensa funciona y aumentan las posibilidades de correr la cancha.
España remató a Serbia gracias a la letal efectividad ofensiva de Pau y Marc, con la siempre inestimable colaboración de un Juan Carlos Navarro que reserva sus mejores actuaciones para los duelos definitivos, como casi siempre. Entre los tres anotaron 60 de los 84 puntos que sumó el equipo. Pero la realidad es que el partido, como tantas veces en este deporte, quedó sentenciado atrás, con el espectacular despliegue coral que realizaron los pupilos de Scariolo en defensa.
España asfixió a Serbia. Con enormes dosis de intimidación en la zona y una excelente lectura del juego para controlar las líneas de pase, el equipo se amoldó al plan inicial de su técnico. Por fin se vio lo que quiere Scariolo y lo que puede llegar a ser. Sólo queda comprobar si la motivación se convierte definitivamente en una seña de identidad del gran favorito o si aparece de manera discontinua en función del rival de turno.

8/9/11

Bendito banquillo



La irrupción de dos secundarios como Ricky Rubio y Fernando San Emeterio desatasca a la España de un lesionado Pau Gasol para imponerse a Alemania en el arranque de la segunda fase



Desde que lo inventó James Naismith, hace 120 años, el baloncesto ha destacado siempre como un deporte eminentemente colectivo. Rara es la vez que un solo hombre puede ganar un partido. Los encuentros los ganan los quintetos. Y los torneos, los equipos que disponen de más soldados dispuestos para la batalla. España cuenta desde ayer con dos más. Si en los primeros compases de este Eurobasket se había cuestionado el uso y la aportación de los elementos del banquillo, ayer fueron los secundarios quienes acudieron al rescate de un favorito sin brillo, atascado, que volvió a complicarse en exceso la vida pero que acabó sumando una victoria que puede resultar definitiva en su pelea por hacerse con una plaza en los cuartos de final.

Ricky Rubio y Fernando San Emeterio irrumpieron en un duelo que volvió a evidenciar las carencias de un equipo que, aun manteniendo su vitola de principal favorito al oro, se muestra más humano y accesible conforme avanza el calendario. El joven niño prodigio deshizo e hizo. Tiró de picardía e inteligencia en el momento preciso. Enmendó errores previos, sobre todo en defensa. El santo del Baskonia se sacudió los complejos y por fin logró enfundarse el chaqué de talismán que tantas noches ha disfrutado el público del Buesa Arena. Con Pau Gasol tocado, renqueante aún del esguince de tobillo que le impidió actuar ante Turquía, el cántabro se sumó a Navarro y Marc Gasol para mantener la producción ofensiva y elevar el ritmo de un encuentro al que Alemania pretendía meter cloroformo.

Los germanos asumieron por obligación una distribución más democrática de sus posesiones. España se volcó en la defensa sobre Nowitzki. Reducir los daños, inevitables, que el MVP de las pasadas Finales de la NBA podía provocar con sus plásticos fade away se convirtió en una misión prioritaria. Pau Gasol, de nuevo faro, héroe, mártir, asumió el reto. Se sacrificó de inicio. Saltó a la cancha con dolor y con esa misión entre ceja y ceja. Cedió los trastos en ataque durante los dos primeros cuartos. Y en cierto modo logró mitigar los habitualmente devastadores efectos de la estrella de los Dallas Mavericks.

Dirk Bauermann reaccionó buscando espacios para el otro pívot. Kaman supo sacar partido a su duelo individual con Marc. El jugador de los Clippers hizo daño. El suficiente como para, abriendo espacios para los hombres del backcourt, permitir que el marcador se mantuviera en un desconcertante abrazo cuando el encuentro llegó a su ecuador (33-36). La sensación era extraña. España había sido mejor. Pero el partido continuaba abierto.

Una charla determinante

Sergio Scariolo, preocupado, mantuvo una conversación con su estrella que a la postre resultaría clave. Pau, incapaz de anotar un solo punto en los dos primeros cuartos, se conjuró para ofrecer una nueva lección de compromiso. El equipo lo necesitaba. Y respondió. Con diez puntos casi consecutivos propició el primer despegue del campeón continental (43-52), aunque resultaría insuficiente. Alemania había encontrado la manera de hacer daño. Ahora era el equipo germano el que corría.

La intensidad de Herber, que sacó petróleo daño cargando el rebote ofensivo, y la velocidad y el acierto en el perímetro de los dos exteriores, Hamann y Schaffartzik, volvieron a sembrar de incógnitas el desenlace del partido. Con el recuerdo de lo que sucedió en el choque anterior frente a Turquía aún fresco, a los pupilos de Scariolo pudieron haberles temblado las piernas. Pero no lo hicieron. El preparador transalpino varió, por una vez, su habitual rotación y apostó por mantener a Ricky y San Emeterio sobre la cancha en los momentos decisivos. No todo el mundo aceptó de buen grado esta decisión. Según recogieron las cámaras de televisión, a Rudy Fernández le supo a cuernos. Pero el tiempo acabó por dar la razón al seleccionador.

San Emeterio se había ganado la confianza que hasta este punto del torneo le había vuelto a negar Scariolo. Con dos triples que mantuvieron las constantes vitales del equipo en la primera mitad, mucha brega en defensa y decisiones valientes, apoyadas en la seguridad adquirida, se convirtió en uno de los argumentos que decantaron el duelo. Ricky, víctima de la estrategia defensiva planteada para secar a Nowitzki, sufrió para detener a sus pares. Sin embargo, un robo y un rebote ofensivo en los momentos determinantes bastaron, junto con un mate del héroe Gasol, para zanjar las dudas. España sigue creciendo. Ahora tiene más armas. Más soldados dispuestos para la batalla.

5/9/11

España se queda sin batería



Un pésimo último cuarto en el que sólo suma dos puntos desemboca en la primera derrota de la selección, que acusó la ausencia de Pau Gasol




Como si de un enfermo aquejado de trastorno bipolar se tratara, la selección española de baloncesto ofreció ante Turquía una imagen diametralmente opuesta a la que había maravillado a todo el mundo unas horas antes frente al anfitrión. España es capaz de lo mejor y de lo peor. Depende de su propia inspiración. Cuando quiere, avasalla sin piedad al rival más cualificado. Cuando se desactiva, si deja a un lado el hambre que la ha guiado durante su reciente gloriosa etapa, puede llegar al punto de ofrecer espectáculos tan desconcertantes como el que escenificó en el último cuarto ante el combinado otomano, en el que apenas fue capaz de lograr dos puntos en diez minutos y quedó abocado a encajar su primera derrota de un torneo en el que se reduce sobremanera su margen de error.

España se asemeja más al ciclón que destrozó a Lituania el domingo que al equipo melifluo y desquiciante que menguó hasta límites ridículos en los estertores de un duelo que todo el mundo esperaba como el de la confirmación del puñetazo sobre la mesa de la víspera. Aunque es cierto que el equipo de Sergio Scariolo encaró el duelo sin su principal estrella, un Pau Gasol reservado por problemas en un tobillo, resulta difícil explicar el bochornoso ejercicio de impotencia con el que dejó que un encuentro aparentemente controlado se le escurriera entre los dedos.

Ningún equipo gana los partidos sin bajarse del autobús. Ninguna ventaja resulta definitiva hasta que se consumen los cuarenta minutos de juego. Nadie está a salvo de atravesar una pájara. Pero lo de esta derrota, por mucho que se enmiende en posteriores citas, que se hará, entra en los márgenes de lo intolerable. Sólo queda una duda: saber si el apagón postrero que acabó por conceder el triunfo a una anárquica y agonizante selección otomana respondió más a un problema con la reserva de la gasolina, que desde luego Scariolo poco hace por resolver con sus inexplicables rotaciones, que a un exceso de confianza, relajación o desidia. Ninguno de los dos supuestos resulta en exceso tranquilizador. Pero el segundo al menos garantiza que en los duelos en los que se decidirán los metales, en los que de verdad valen, volverá a aparecer la mejor versión.


Un perfil terrenal pero suficiente

Sin su gran faro, la selección adoptó un perfil terrenal pero suficiente para haberse llevado la victoria. De no haber mediado el desfallecimiento de ese último y sonrojante parcial, en el que España sólo sumó por medio de una canasta de Felipe Reyes –uno de los pocos que dio la cara en todo momento–, la victoria habría sido una consecuencia lógica. Mientras mantuvo sus constantes vitales en el orden de la normalidad, gobernó el marcador con cierta comodidad. Marc Gasol y Serge Ibaka impusieron su ley en las zonas, Rudy evidenció que ha llegado al torneo con ganas de hacer algo grande y las aportaciones de músculo desde el banquillo, en las figuras de Felipe y Víctor Sada, garantizaron unas rentas con las que España navegó a favor de la corriente hasta que se le fundieron los plomos. Ahí, con treinta minutos consumidos, los pupilos de Scariolo propiciaron la resurrección de un rival superado.

La ventaja al comienzo de ese horroroso cuarto, sin ser definitiva (55-49), se antojaba suficiente para zanjar un choque en el que volvió a aparecer, sin excesiva fortuna, Fernando San Emeterio. El alero del Caja Laboral, que ingresó en la cancha a los pocos minutos, sufrió en sus carnes el talento del genial Hedo Turkoglu y luego el descaro juvenil de la futura estrella del baloncesto otomano, un Preldzic que acabó como el máximo anotador tras exhibir muy buenas maneras.


Asik se agiganta bajo los aros

Ambos fueron determinantes en el despertar del combinado turco, junto al exbaskonista Ender Arslan y el poste de los Chicago Bulls Omer Asik. Cuando todo parecía decidido, más por las sensaciones que por la contundencia del electrónico, un triple de Onan concedió a su equipo una ventaja que jamás había tenido pero que ya nunca perdería. El dominio antes incontestable de Gasol e Ibaka en la zona se esfumó y Asik se agigantó para producir en la pintura y desde la línea de personal.

Para entonces a España ya se le habían fundido los plomos, se le había agotado la batería. La canasta de Felipe a los dos minutos de arrancar el epílogo del choque no encontraría compañera. Scariolo se empeñó en conceder la batuta a Ricky Rubio cuando los balones más quemaban y el equipo ardió en la hoguera junto a su timonel. Sólo queda esperar que sea un espejismo. Hay margen de error y una imagen que lavar.




57 ESPAÑA Calderón (5), Navarro (9), Rudy (11), Ibaka (9), Marc Gasol (12) –cinco inicial–, Ricky, Sada, Llull, San Emeterio, Reyes (11).
65 TURQUÍA Tunçeri, Onan (5), Turkoglu (12), Ilyasova (6), Asik (12) –cinco inicial–, Arslan (10), Preldzic (18), Guler, Kanter (2).
Parciales: 19-10, 19-25, 17-14, 2-16.
Arbitros: Radovic (CRO), Sutulovic (MNE) y Javor (SLO). Sin eliminados
Pabellón: Cido Arena. 3.500 espectadores.

4/9/11

Pinturas de guerra


La selección española recupera su mejor versión, recobra el hambre y avasalla sin piedad a la anfitriona Lituania




Era una cuestión de motivación. España no estaba muerta, ni de parranda. Se aburría. Al equipo de SergioScariolo le bastó con percibir el aroma de una gran cita para recuperar su mejor versión y devolver los argumentos a aquellos que desde hace semanas, meses incluso, lo señalaban como el principal candidato al oro, que en realidad eran casi todos. Con una puesta en escena descomunal, una intensidad desconocida hasta el momento en el torneo y los infinitos argumentos que atesoran sus principales figuras, el campeón se merendó al anfitrión desde el salto inicial. Gasol, Navarro, Calderón y compañía saltaron al césped con las pintura de guerra y no hicieron prisioneros.


El partido languideció en cuestión de minutos. En apenas un cuarto (12-31) el combinado español había herido de muerte al cualificado equipo báltico. La ambición y el hambre que tanto se habían echado en falta en las citas precedentes, de menor cartel, desbocaron a los pupilos de SergioScariolo, que convirtieron sus defectos en virtudes y certificaron su acceso a la siguiente fase como primeros de grupo por la vía rápida. Lituania fue un pelele en sus manos. Una bolsa de plástico sacudida por un ciclón.


Si a España se le acusaba de defender lo justo, ayer la actividad atrás resultó aterradora para los lituanos. Sin un tres alto, pero con muchas manos rápidas, control de las líneas de pase y un poder de intimidación brutal bajo los tableros, su canasta quedó sellada durante los diez primeros minutos, los que valieron de algo. Si se insinuaba que los españoles echaban en falta la presencia en la lista de mejores tiradores, se desquitaron sin complejos. Cerraron el duelo con un espectacular 13 de 26 en triples, aunque el nivel de acierto se vio resentido en los minutos finales, con todo ya decidido y el rival tratando de maquillar el resultado. Hasta el descanso, el porcentaje superó el 60%.


La mejor versión de la mejor hornada


Los veinte primeros minutos ante la que se supone, por calidad y condición de anfitriona, una de las mayores amenazas en su vereda hacia la reválida del título fueron para enmarcar. Es probable que superaran incluso a los mejores minutos de la selección que se hizo con el oro en Japón, a la que miró directamente a los ojos al Dream Team en Pekín o a la que se proclamó monarca continental hace dos años. A pesar de Scariolo y su cuestionable gestión de las rotaciones, este equipo tiene algunas cosas más que aquellos. Su tiranía en la pintura se antoja definitiva.


España conserva la inestimable templanza en la dirección de juego de un José Manuel Calderón que ayer regresó por la puerta grande tras un inicio de campeonato un tanto dubitativo, el insaciable instinto asesino de Navarro, que divierte cuando se divierte, y la hegemonía del que es, con el permiso de Dirk Nowitzki, el mejor jugador del torneo, del continente.


Sin embargo, ahora tiene más. Y ayer quedó patente. La madurez adquirida por el otro Gasol y la eléctrica potencia del asimilado Serge Ibaka le confieren al combinado español un potencial que sólo la falta de motivación puede arrojar al sumidero. Si quiere, si vuelve a oler sangre, España debe ganar el oro. Las dudas que habían generado sus melifluas actuaciones ante contrincantes de menor entidad parecían su mayor enemigo hacia el título. No lo eran. Todo es una cuestión de motivación.


Ayer, en un Panevezys Arena atestado, con una afición que creyó en milagros incluso cuando su equipo navegaba contra una desventaja que llegó a rozar los treinta puntos (27-54, min.16), los jugadores españoles recuperaron las mejores sensaciones mientras Lituania, que puede volver a aparecer en el camino hacia el oro, se encontró con muchas dudas.


Únicamente el orgullo de veteranos como Kaukenas o Jasikevicius y el prometedor descaro del gigante Valanciunas permitieron que el marcador no alcanzara guarismos sonrojantes. España no mostró piedad hasta que vio boquear a su presa, hasta que ya no le sintió el pulso. Sólo ahí, en los instantes finales, se dejó llevar y permitió que el marcador se cerrara con unos dígitos irreales. El favorito despertó ayer. El campeón reclama su trono.

1/9/11

Una victoria que debilita



Una España excesivamente apática envía malas vibraciones en su debut y sufre para doblegar a un limitadísimo rival.



España era y es la gran candidata a conquistar el oro en el Eurobasket que ayer comenzó con un sabor un tanto amargo en Lituania. Pocos equipos, por no decir ninguno, disponen de un plantel tan sobrado de talento y jugadores determinantes como los que reúne Sergio Scariolo en su vestuario. En un deporte en el que los buenos ganan partidos y los altos dominan el juego, el mero hecho de contar con una batería de jugadores interiores como la compuesta por los hermanos Gasol y uno de los más temidos defensores de la NBA, el congoleño Serge Ibaka, supone una garantía de éxito. Como mínimo, asegura la capacidad de competir, de soñar con todo. Pero en un torneo internacional como este Eurobasket, con algunas ausencias pero rebosante de figuras, no basta con ser, ni con tener;también hay que querer. El deseo y la ambición, el hambre, se aprecian como recursos fundamentales. Y ayer España, en su estreno ante una limitadísima selección polaca, anduvo muy escasa de sangre en las venas.

El combinado español ganó porque tenía que ganar. No existía otro resultado posible. A pesar de que los polacos sacaron partido en los instantes finales a la desidia española para contraer el marcador, jamás dio la impresión de que el debut de la vigente campeona continental fuese a cerrarse con un resultado distinto al de la victoria. Pero hay victorias y victorias. Las hay que sirven para dar un golpe en la mesa y presentar las credenciales, para imponer respeto al rival, y también las que ofrecen todo lo contrario, una sensación de vulnerabilidad que casi nadie había contemplado en las semanas previas al torneo.

España ganó ayer a Polonia, es cierto. El 83-78 final no engaña. Ganó un partido. Pero cedió parte de esa impronta de equipo imbatible que, quizá más por nombres que por juego, se le había concedido con excesiva antelación. El desarrollo del partido, que sacó a relucir los vicios y defectos que han acompañado al combinado estatal durante la preparación, mostró el camino a seguir para los rivales. España tiene puntos débiles y ayer quedaron expuestos a los ojos de todos.

En manos de Sergio Scariolo está corregir el rumbo, disipar las dudas que asaltan a un bloque que, pese a todo, sigue siendo el mayor candidato a subir al primer escalón del podio el próximo domingo 18. "Tenemos grandes jugadores. Ahora debemos convertirlos en un gran equipo", dijo el italiano antes del partido. Ayer no lo logró.

Un grupo de estrellas, no un equipo

España no fue un gran equipo ante Polonia. Fue un conglomerado de jugadores perdidos, más apáticos de lo tolerable, pero abrigados por el insultante dominio en la pintura del que gozan los hermanos Gasol y la inagotable ambición de un Navarro que, por ahora, se muestra como la única referencia de garantías en el perímetro. Aun así, el arranque del duelo marchó por los raíles de la lógica. El equipo de Scariolo se apoyó en Pau y abrió una cómoda renta que aventuraba una segunda mitad en la que podría dejarse llevar por la inercia. Nada más lejos de la realidad.

Polonia, apoyado en un Kelati sobrado de fe y en la agresividad de su defensa zonal, bien cerrada cerca del aro, reaccionó ante el asombro de los poco más de mil espectadores que se congregaron en las gradas del Cido Arena. España, que había gozado de una renta de 17 puntos (42-25) al filo del descanso, fue malgastándola poco a poco por culpa de su pésima actividad defensiva, su escasa clarividencia en el ataque estático y el desacierto en el tiro exterior (3/16 en triples), males endémicos que Scariolo debe detectar y enmendar para volver a recuperar la mejor versión de un equipo que sólo brilla cuando corre.

Con Calderón y Ricky muy desentonados, erráticos e incapaces de poner orden, los mejores minutos llegaron con Sada en cancha, en el segundo cuarto. El base del Barça comandó un arreón de defensa y transiciones rápidas y con un 20-6 de parcial pareció haber destrozado definitivamente el partido. Pero no estaba zanjado. A Polonia le sobraba orgullo y a los españoles les faltaron ganas.

Kelati reabre el debate del 'tres' alto

Kelati, que reabrió el debate en torno a la decisión de Scariolo de dejar fuera a Carlos Suárez, sacó ventajas con todos sus pares. Y contagió a sus compañeros. Los pupilos de Ales Pipan se convirtieron al kelatismo y Koszarek los invitó a soñar a 16 segundos para el final. Polonia se ponía a dos. Pero entonces, como antes había hecho Pau, apareció Navarro para matar el partido desde la línea de tiros libres y rescatar de la mediocridad a un equipo obligado a lucir. Hoy, ante Portugal, otro rival propicio para seguir creciendo, España debe retomar la senda de la ambición.

Os incluyo el link de la crónica publicada en Diario de Noticias de Álava. Estos próximos días, en los que me va a tocar escribir bastante, iré colgando en el blog las crónicas y reportajes que elabore sobre el torneo.

Del Erasmus a la mili


Jorge Sierra, Alberto de Roa, Antonio Vázquez y Antonio Rodríguez, sabios del baloncesto NBA, analizan al flamante y ya lesionado fichaje del Baskonia Reggie Williams


No ha durado ni un día. Dicen algunos que al Baskonia le ha mirado un tuerto. Puede ser. Las calamidades se suceden en una pretemporada en la que a los aficionados les está costando ilusionarse con el equipo azulgrana. Reggie Williams parece el jugador llamado a devolver la fe a la hinchada del Buesa Arena. Aunque no tendrá ocasión para hacerlo hasta dentro de un mes. En el segundo entrenamiento con su nuevo equipo, un día después de su presentación, el escolta de Virginia ha caído lesionado. Padece un esguince de rodilla. Resultado: permanecerá cuatro semanas de baja, llegará muy justo a la Supercopa, el inicio de la temporada oficial, y apenas podrá aprovechar el periodo de adaptación que habría tenido de haber podido pasar estas semanas en la centrifugadora de Zurbano.

Estoy convencido de que Williams será una de las grandes sensaciones de la próxima temporada en la Liga Endesa. Por lo que he visto de él en la NBA estos dos últimos años, tiene mucho talento. Aun así, quise recoger más opiniones, más visiones, y cuatro grandes expertos en el baloncesto americano, cuatro sabios, se prestaron a ofrecerme un resumen de las virtudes y las carencias del escolta baskonista. Jorge Sierra (Hoopshype), Alberto de Roa (acb.com), Antonio Vázquez (Revista Oficial NBA) y Antonio Rodríguez (Digital Plus) diseccionan al jugador y concluyen que su éxito en el baloncesto español dependerá de su capacidad para adaptarse al modelo de Dusko Ivanovic.

Del Erasmus a la mili

En un verano en el que el Baskonia afronta su enésimo proceso de reconstrucción, ha generado más ruido la entidad de los jugadores que han hecho las maletas en busca de otros destinos que la identidad de sus sustitutos. La lesión postrera e inesperada de Maciej Lampe, el perfil bajo de un currela como Milko Bjelica, la desconcertante vuelta de Pablo Prigioni y la excesiva bisoñez de Thomas Heurtel han propiciado que todas las miradas se giren justo hacia el refuerzo quizá más desconocido. Reggie Williams, el killer por el que suspiraba Josean Querejeta tras los decepcionantes candidatos que los últimos años han tratado, sin éxito, de cubrir la vacante de Igor Rakocevic, aparece en el horizonte como la gran esperanza del baskonismo.

Pero, ¿quién es este escolta que Josean Querejeta ha rescatado de la inactividad del lockout y ha seducido para que venga a Vitoria con hambre y la idea de conseguir un buen contrato entre ceja y ceja? Cuatro buenos conocedores del baloncesto americano, habituales de la información de la NBA, radiografían al exterior nacido en Virgina, que este mediodía (13.00 horas) será presentado oficialmente en la Plaza de la Provincia como nuevo jugador del Caja Laboral. Los análisis no engañan. Como tampoco la fama que le precede. Williams es, ante todo, un anotador voraz, excepcional talento ofensivo que presenta ciertas dosis de incertidumbre en cuanto a su capacidad de sacrificio defensivo. Ahí radican las dudas en torno a un fichaje al que la directiva azulgrana ha destinado muchas expectativas y un importante pedazo del pastel salarial para el próximo curso.

"Es un gran jugador de ataque, pero me parece bastante flojo en defensa. Sobre el papel, de todos modos, es un buen fichaje, aunque todo dependerá de su adaptación", asegura Jorge Sierra, creador y director de Hoopshype, uno de los portales de internet dedicados a la NBA más afamados del planeta. "Ha estado en la NCAA y en la NBA en equipos en los que se jugaba muy alegre", añade Sierra, consciente de que de el tipo de baloncesto con el que Williams se destapó, la filosofía que guiaba a sus técnicos cuando se convirtió en una leyenda del baloncesto de instituto en Virginia o cuando se ganó su primer contrato con los Warriors tras promediar 26,4 puntos en la Liga de Desarrollo, tiene muy poco que ver con lo que se encontrará en el Baskonia. En el Buesa Arena le espera la doctrina estajanovista de Ivanovic. Otro mundo.

"Es ante todo un anotador"

"En esos equipos de juego alegre de los que hablo, se corría y se tiraba sin pensarlo mucho. Y ahora va a estar con Dusko. Es como si un chaval pasa de estar un año de Erasmus y luego va la mili. Será un ajuste duro para él", asevera el director de Hoopshype, que coincide con los demás sabios en señalar el grado de química que técnico y jugador puedan adquirir como clave para estimar el futuro que a Williams le espera en su aventura europea.

"Es, ante todo, un anotador nato, no sólo en triples, también desde 5 o 6 metros. Eso sí, funciona mucho mejor con buenos bases que le busquen o con otros lanzadores peligrosos, como en Golden State, que distraigan la defensa. No es especialmente eficaz si tiene que buscar su propio tiro", desmenuza Alberto de Roa, corresponsal de acb.com en Estados Unidos. "Sus habilidades ofensivas las justifica con su formidable tiro exterior, una de las bases para que Golden State cuajara buenas actuaciones la pasada campaña", añade Antonio Rodríguez, una de las voces que amenizan las madrugadas de baloncesto en Digital Plus. "Me sorprende que mostrara tanta irregularidad en el Dijon francés hace dos años, porque en la NBA se ha mostrado demoledor", sentencia Rodríguez, autor de La leyenda verde, obra que recoge la historia de su equipo predilecto, los Boston Celtics.

Disciplinado, pero no al estilo europeo

"No es especialmente rápido o fuerte, más bien potente. Se adapta bien a las posiciones de dos o tres", ilumina Antonio Vázquez, director de la revista oficial de la NBA en España, para quien también gran parte del éxito del idilio entre Williams y el Baskonia dependerá de su encaje con Ivanovic. "Es disciplinado, pero no al estilo europeo, así que podría chocar con Dusko. Su motivación está clara: monetaria y para adquirir más experiencia. Creo su fichaje es un acierto", se moja Vázquez.

Tanto De Roa como Rodríguez redundan también en la idea de que, pese a su talento, quizá carezca de un mejor físico para convertirse en un jugador aún más completo. "En ese aspecto no destaca para nada, y eso le condiciona en defensa", apunta el corresponsal de acb.com. "En los Warriors nunca ha importado demasiado, pero quizás con Ivanovic pueda resultar un problema. De todos modos, su profesionalidad está fuera de toda duda. Su adaptación al basket ACB será buena si le utilizan bien, es decir, como el jugador ofensivo que es".

"No es un jugador físico ni explosivo, pero sabe cuando realizar tiros óptimos sin forzar. Además, es muy efectivo entrando a canasta, puesto que a pesar de su falta de capacidad atlética tanto en el primer paso como en su salto vertical, sí tiene la gran virtud de tener un gran equilibrio en el aire, junto al hecho de ser zurdo, que le ayuda para proteger muy bien sus tiros. Es un fichaje de lujo en la ACB que ayudará mucho al Caja Laboral", concluye Rodríguez. Palabra de experto.

Os incluyo el link a la noticia tal y como apareció publicada en Diario de Noticias de Álava