Querejeta promete una profunda renovación para devolver la ilusión a la grada del Buesa / El desplome en cuartos ante el Gran Canaria supone el cénit de la espiral de pérdida de competitividad del cuadro azulgrana
Josean Querejeta afronta uno de los momentos más complejos de su mandato. El máximo dirigente del Baskonia es consciente del grado de desánimo que se ha instalado en las gradas del Buesa Arena tras la decepcionante eliminación liguera ante el Gran Canaria, que viene a representar la puntilla para un equipo que ha perdido nivel de competitividad estos últimos años.
“Es un absoluto fracaso. Todos hemos quedado en mal lugar. Tenemos que hacer lo posible para devolver la ilusión a nuestros aficionados”, manifestó Querejeta el martes, a los pocos minutos de concluir el tercer duelo de cuartos ante el combinado que dirige Pedro Martínez. En realidad, sus palabras no hacían más que refrendar la declaración de intenciones que había realizado unas semanas atrás, en la revista corporativa del club, en la que prometía que iba a diseñar “una de las mejores plantillas de la historia” de la entidad azulgrana para volver a pelear por los títulos.
Le hará falta. Jamás se había percibido tal grado de desunión entre plantilla y afición como se pudo ver en el coliseo de Zurbano durante el duelo que clausuraba un curso tan convulso como deprimente. Los más viejos del lugar no recuerdan un momento en la historia del Baskonia en la que la hinchada se mostrara menos apegada a los jugadores que defienden la camiseta azulgrana. Y es ahí donde reside el principal reto, que es a la vez problema, para Josean Querejeta. Debe recuperar la esencia para volver a enganchar a una afición que había llegado a asumir que el Laboral Kutxa se quedara por norma en la antesala del salón en el que se reparten los títulos pero que no puede soportar ni admitir que se le robe el derecho a sentirse orgullosa de su equipo.
Un equipo desdibujado y sin carácter
El carácter único al que tanto se ha hecho referencia se ha volatilizado y el plantel se ha desdibujado hasta límites insospechados, al tiempo que se ha vivido la peor racha de resultados de todos los tiempos. Sin embargo, no es ni siquiera el hecho de que el Baskonia no se haya presentado en una final en los tres últimos años lo que ha impulsado ese sentimiento de desapego que tanto inquieta a Querejeta, pues tiene que asegurar abonados para cuadrar las cuentas, sino la pérdida de hambre competitivo y orgullo que con el transcurso del tiempo ha experimentado el colectivo gasteiztarra.
Hace poco más de año se fraguó la primera catástrofe continental. Miribilla fue el escenario en el que el cuadro baskonista resultó por vez primera eliminado de la Euroliga a las primeras de cambio. Fue un primer aviso. Anteayer, tras nueve temporadas ininterrumpidas entre los cuatro mejores, también se quedó fuera de las semifinales de la ACB, además ante un rival menor, tanto en presupuesto como en potencial. Por el camino se había ido perdiendo esencia, ambición, competitividad. Se había instaurado la creencia de que bastaba con alcanzar las semifinales en ACB y Copa, algo en cierta medida lógico ante la brecha cada vez mayor en presupuesto con Real Madrid y Barcelona, pero el nivel de tolerancia tiene unos límites. Y la abulia con la que se ha manejado la plantilla, una plantilla además de mal confeccionada, mal remendada por el camino, ha acabado por colmar la paciencia de la hinchada.
Josean Querejeta habla de renovación, de limpia, cuando lo que en realidad exige el baskonismo es una revisión de los valores que rigen los designios de un equipo que desde el milagro del tercer título liguero. Más allá de nombres, se antoja necesario definir el perfil de jugador que se busca para regresar a esa esencia orgullosa y combativa que, por encima de éxitos o fracasos, logró que en la grada prestara con emoción un aliento que el martes sin duda faltó.
Hodge y Hamilton
En las oficinas del Buesa Arena hace tiempo que se trabaja en la confección de esa nueva e “ilusionante” plantilla. Y no sería de extrañar que en los próximos días se anunciara alguna incorporación que ayudara a paliar los ecos del descalabro liguero. Como ya avanzó este periódico, el acuerdo con Hodge se encontraba cerrado a falta de firma, aunque el jugador está en estos momentos inmerso en la final de la PKL polaca y quizá habría que esperar a que cogiera vacaciones. No sucede lo mismo con un Lamont Hamilton que el martes jugó en el Palau su último partido con la elástica del Bilbao Basket. Las negociaciones con el poste estadounidense están más que encauzadas.
Antes de las entradas, en todo caso, deberán llegar las salidas, renovaciones o ventas de los componentes de una plantilla que no ha dado la talla. Cook y Milko Bjelica acaban contrato y se marcharán. Nemanja tiene todas las papeletas para salir, bien rumbo a la NBA, bien rumbo a un grande europeo, aunque las apreturas económicas generalizadas dificultan esta segunda opción. La renovación de Nocioni llegará en breve, siempre que el argentino asuma la reducción salarial que le plantea el club. Y luego está el resto, sujeto al mercado y sus ofertas. Salvo en apariencia Pleiss, Causeur y Jelinek, con contratos largos, nadie tiene plaza fija. Ni siquiera Fernando San Emeterio, que como Lampe ocupa plaza de cupo y podría resultar atractivo para recaudar, al igual que un Heurtel que se ha revalorizado.
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30/5/13
8/5/13
La peor pareja de baile
Nocioni ha barrido a casi todos sus pares de la Liga Endesa esta temporada / El Chapu, aún pendiente de una oferta para la renovación, se confirma como el ‘tres’ mejor valorado de la competición
Sucedió con Prigioni, a quien muchos daban por casi retirado cuando retornó a Vitoria y ahora pelea como titular por meter a los Knicks en la final de la Conferencia Este de la NBA, y ha vuelto a ocurrir con Nocioni. La historia se repite con apenas unos meses de distancia. Otro argentino, otro de los símbolos del eterno carácter del Baskonia, ha tenido que ganarse a pulso el respeto del universo baloncestístico del Viejo Continente. Tras haber aterrizado algo oxidado en el tramo final del pasado curso, el Chapu está firmando una esplendorosa campaña en la que se ha convertido en el principal sostén de un meritorio Laboral Kutxa y se ha confirmado, casi sin género de dudas, como el mejor alero de la Liga Endesa.
Los números confirman la enorme hegemonía que ha lucido a lo largo de los últimos meses un jugador que apenas encuentra oponentes a su medida. Hay muy pocos treses capaces de plantar cara a un veterano que está demostrando muchos más arrestos que jugadores a los que la prensa nacional regala mucho más los oídos. Si para algunos no bastan las sensaciones, que resultan aplastantes por mucho que se quiera criticar el exceso de ansiedad que por momentos ha perjudicado al santafesino, deberían bastar los números.
Nocioni, por valoración, es el mejor alero de la Liga Endesa. Sólo dos jugadores exteriores –dos escoltas como Vasileiadis y Llull– le superan por unas décimas, pero en el cuerpo a cuerpo no tiene rival. Y ya no es sólo por su talento y por su capacidad atlética, algo mermada con respecto al enorme proyecto de jugador que dejó Vitoria en verano de 2004, sino sobre todo por el insaciable apetito de gloria que a unos meses de cumplir 34 años le obliga a pelear por cada bola como si fuera un junior.
Víctima de las reticencias
El argentino, pese a todo, sigue generando determinadas reticencias, ya no tanto en Vitoria como en otras latitudes. A pesar de haber dado el salto a la NBA con tantos méritos contraídos como el que más en la ACB –fue MVP–, de haberlo ganado todo con su selección –pilar básico en la generación dorada de la albiceleste–, de haber disfrutado de una carrera en la competición estadounidense más productiva y profesional que la de otros que regresan con el cartel de estrellas, parece obligado a ganarse el respeto en cada partido. Pero no parece importarle. Más bien al contrario. Va impreso en su código genético.
Las estadísticas, aun con su frialdad, reflejan la excepcional temporada que está firmando un jugador que, pese a todo, todavía aguarda a que la directiva de Josean Querejeta ponga sobre la mesa una oferta en firme para la renovación. A pesar de que requiere de mucho más trabajo de fisioterapia y de calentamiento que sus compañeros antes de saltar a la cancha y de que podría asirse al absentismo selectivo que otros practican habitualmente, se ha rebelado contra las desconexiones que por momentos ha sufrido el cuadro baskonista a lo largo de una temporada demasiado convulsa. Más allá de ser el tres mejor valorado, Nocioni figura entre los diez máximos anotadores de la Liga Endesa (13,5 puntos por partido), es el octavo jugador que más faltas recibe por partido (3,84), aparece entre los lanzadores más certeros desde la línea de tiros libres (76,1%), es undécimo en rebotes defensivos (3,97) y ostenta, casi desde que arrancó el curso, el mejor porcentaje de triples de la competición con un soberbio 46,3%.
Letal en el cuerpo a cuerpo
En todo caso, no son sus números globales lo que más asusta, sino la estadística de sus duelos individuales. Ahí es donde queda retratado su carácter competitivo y, por inercia, su enorme superioridad ante el resto de jugadores que ocupan su demarcación en la competición doméstica. Salvando un par de excepciones –los aleros del Manresa y un Vidal inspiradísimo le superaron con claridad–, el único que siempre da la talla en sus enfrentamientos individuales es Alex Mumbrú. Quedó claro la pasada semana en Miribilla, donde ambos protagonizaron un toma y daca precioso. Desde fuera dio la impresión incluso de que disfrutaron.
La estadística global asusta. Contando los 32 partidos de fase regular y los dos de Copa del Rey que ha disputado este ejercicio el Baskonia, la valoración de Nocioni está por encima del doble de la conseguida por los aleros a los que se ha tenido que emparejar. Aunque pueda resultar una estadística en cierto modo engañosa para medir el desenlace de un duelo directo en un solo partido, el panorama global refleja que mientras sus pares apenas acumulan 6,09 puntos de valoración, Nocioni llega a los 14,2.
El Chapu ha sido capaz de borrar del mapa a Carlos Suárez, que sufrió tres canastas suyas en los tres primeros minutos de partido y no volvió a pisar el césped o Mickeal, MVP de la Copa a pesar de que en la semifinal Nocioni (17 de valoración) le dejó en negativo (-1). El argentino se ha mostrado además como el último reducto de esperanza en los partidos en los que el Baskonia ha hincado la rodilla. Quitando la debacle del Carpena, donde se hundió hasta el -9, en el resto peleó, a veces incluso en solitario, para evitar lo inevitable.
Nocioni sigue siendo una mala pareja de baile. La afición azulgrana confía en que los acordes de su tango sigan sonando el próximo año en el Buesa. Es una cuestión de dinero. Un tira y afloja en el que ambas partes, deseosas de renovar, están condenadas a entenderse.
ACB
Jornada 1 CAI
Rudez (1) / Nocioni (22)
Jornada 2 Cajasol
Holland (3) / Nocioni (20)
Jornada 3 Gran Canaria
Newley (5) / Nocioni (24)
Jornada 4 Joventut
Tomàs (3) / Nocioni (4)
Jornada 6 Barcelona
Ingles (2) / Nocioni (1)
Jornada 7 Valencia
Pietrus (-3) / Nocioni (26)
Jornada 8 Blusens
Dewar (2) / Nocioni (21)
Jornada 9 Unicaja
Simon (14) / Nocioni (8)
Jornada 10 Lagun Aro
Papamakarios (-2) / Nocioni (25)
Jornada 11 Murcia
Gatens (6) / Nocioni (16)
Jornada 12 Bilbao Basket
Mumbrú (15) / Nocioni (16)
Jornada 13 Valladolid
O’Leary (5) / Nocioni (11)
Jornada 14 CB Canarias
Rost (6) / Nocioni (8)
Jornada 15 Fuenlabrada
Vega (-3) / Nocioni (15)
Jornada 16 Estudiantes
Kirksay (11) / Nocioni (-3)
Jornada 17 Manresa
Hanga (18) / Nocioni (5)
Jornada 18 CAI
Rudez (9) / Nocioni (10)
Jornada 19 Cajasol
Holland (6) / Nocioni (22)
Jornada 20 Valencia
Pietrus (1) / Nocioni (28)
Jornada 21 Blusens
Corbacho (8) / Nocioni (6)
Jornada 22 Gran Canaria
Newley (7) / Nocioni (26)
Jornada 23 Barcelona
Mickeal (10) / Nocioni (9)
Jornada 24 Real Madrid
Suárez (-1) / Nocioni (16)
Jornada 25 Joventut
Tomàs (10) / Nocioni (11)
Jornada 26 Lagun Aro
Papamakarios (-7) / Nocioni (18)
Jornada 27 Unicaja
Vidal (33) / Nocioni (-9)
Jornada 28 Valladolid
Grimau (7) / Nocioni (10)
Jornada 29 Bilbao Basket
Mumbrú (11) / Nocioni (16)
Jornada 30 Manresa
Arco (20) / Nocioni (1)
Jornada 31 Fuenlabrada
Vega (-1) / Nocioni (20)
Jornada 32 Murcia
Jasen (-3) / Nocioni (29)
COPA DEL REY
Cuartos de final CAI
Rudez (1) / Nocioni (20)
Semifinales Barcelona
Mickeal (-1) / Nocioni (17)
VALORACION GLOBAL DE SUS PARES: 6,09
VALORACIÓN GLOBAL DE NOCIONI: 14,02
Sucedió con Prigioni, a quien muchos daban por casi retirado cuando retornó a Vitoria y ahora pelea como titular por meter a los Knicks en la final de la Conferencia Este de la NBA, y ha vuelto a ocurrir con Nocioni. La historia se repite con apenas unos meses de distancia. Otro argentino, otro de los símbolos del eterno carácter del Baskonia, ha tenido que ganarse a pulso el respeto del universo baloncestístico del Viejo Continente. Tras haber aterrizado algo oxidado en el tramo final del pasado curso, el Chapu está firmando una esplendorosa campaña en la que se ha convertido en el principal sostén de un meritorio Laboral Kutxa y se ha confirmado, casi sin género de dudas, como el mejor alero de la Liga Endesa.
Los números confirman la enorme hegemonía que ha lucido a lo largo de los últimos meses un jugador que apenas encuentra oponentes a su medida. Hay muy pocos treses capaces de plantar cara a un veterano que está demostrando muchos más arrestos que jugadores a los que la prensa nacional regala mucho más los oídos. Si para algunos no bastan las sensaciones, que resultan aplastantes por mucho que se quiera criticar el exceso de ansiedad que por momentos ha perjudicado al santafesino, deberían bastar los números.
Nocioni, por valoración, es el mejor alero de la Liga Endesa. Sólo dos jugadores exteriores –dos escoltas como Vasileiadis y Llull– le superan por unas décimas, pero en el cuerpo a cuerpo no tiene rival. Y ya no es sólo por su talento y por su capacidad atlética, algo mermada con respecto al enorme proyecto de jugador que dejó Vitoria en verano de 2004, sino sobre todo por el insaciable apetito de gloria que a unos meses de cumplir 34 años le obliga a pelear por cada bola como si fuera un junior.
Víctima de las reticencias
El argentino, pese a todo, sigue generando determinadas reticencias, ya no tanto en Vitoria como en otras latitudes. A pesar de haber dado el salto a la NBA con tantos méritos contraídos como el que más en la ACB –fue MVP–, de haberlo ganado todo con su selección –pilar básico en la generación dorada de la albiceleste–, de haber disfrutado de una carrera en la competición estadounidense más productiva y profesional que la de otros que regresan con el cartel de estrellas, parece obligado a ganarse el respeto en cada partido. Pero no parece importarle. Más bien al contrario. Va impreso en su código genético.
Las estadísticas, aun con su frialdad, reflejan la excepcional temporada que está firmando un jugador que, pese a todo, todavía aguarda a que la directiva de Josean Querejeta ponga sobre la mesa una oferta en firme para la renovación. A pesar de que requiere de mucho más trabajo de fisioterapia y de calentamiento que sus compañeros antes de saltar a la cancha y de que podría asirse al absentismo selectivo que otros practican habitualmente, se ha rebelado contra las desconexiones que por momentos ha sufrido el cuadro baskonista a lo largo de una temporada demasiado convulsa. Más allá de ser el tres mejor valorado, Nocioni figura entre los diez máximos anotadores de la Liga Endesa (13,5 puntos por partido), es el octavo jugador que más faltas recibe por partido (3,84), aparece entre los lanzadores más certeros desde la línea de tiros libres (76,1%), es undécimo en rebotes defensivos (3,97) y ostenta, casi desde que arrancó el curso, el mejor porcentaje de triples de la competición con un soberbio 46,3%.
Letal en el cuerpo a cuerpo
En todo caso, no son sus números globales lo que más asusta, sino la estadística de sus duelos individuales. Ahí es donde queda retratado su carácter competitivo y, por inercia, su enorme superioridad ante el resto de jugadores que ocupan su demarcación en la competición doméstica. Salvando un par de excepciones –los aleros del Manresa y un Vidal inspiradísimo le superaron con claridad–, el único que siempre da la talla en sus enfrentamientos individuales es Alex Mumbrú. Quedó claro la pasada semana en Miribilla, donde ambos protagonizaron un toma y daca precioso. Desde fuera dio la impresión incluso de que disfrutaron.
La estadística global asusta. Contando los 32 partidos de fase regular y los dos de Copa del Rey que ha disputado este ejercicio el Baskonia, la valoración de Nocioni está por encima del doble de la conseguida por los aleros a los que se ha tenido que emparejar. Aunque pueda resultar una estadística en cierto modo engañosa para medir el desenlace de un duelo directo en un solo partido, el panorama global refleja que mientras sus pares apenas acumulan 6,09 puntos de valoración, Nocioni llega a los 14,2.
El Chapu ha sido capaz de borrar del mapa a Carlos Suárez, que sufrió tres canastas suyas en los tres primeros minutos de partido y no volvió a pisar el césped o Mickeal, MVP de la Copa a pesar de que en la semifinal Nocioni (17 de valoración) le dejó en negativo (-1). El argentino se ha mostrado además como el último reducto de esperanza en los partidos en los que el Baskonia ha hincado la rodilla. Quitando la debacle del Carpena, donde se hundió hasta el -9, en el resto peleó, a veces incluso en solitario, para evitar lo inevitable.
Nocioni sigue siendo una mala pareja de baile. La afición azulgrana confía en que los acordes de su tango sigan sonando el próximo año en el Buesa. Es una cuestión de dinero. Un tira y afloja en el que ambas partes, deseosas de renovar, están condenadas a entenderse.
ACB
Jornada 1 CAI
Rudez (1) / Nocioni (22)
Jornada 2 Cajasol
Holland (3) / Nocioni (20)
Jornada 3 Gran Canaria
Newley (5) / Nocioni (24)
Jornada 4 Joventut
Tomàs (3) / Nocioni (4)
Jornada 6 Barcelona
Ingles (2) / Nocioni (1)
Jornada 7 Valencia
Pietrus (-3) / Nocioni (26)
Jornada 8 Blusens
Dewar (2) / Nocioni (21)
Jornada 9 Unicaja
Simon (14) / Nocioni (8)
Jornada 10 Lagun Aro
Papamakarios (-2) / Nocioni (25)
Jornada 11 Murcia
Gatens (6) / Nocioni (16)
Jornada 12 Bilbao Basket
Mumbrú (15) / Nocioni (16)
Jornada 13 Valladolid
O’Leary (5) / Nocioni (11)
Jornada 14 CB Canarias
Rost (6) / Nocioni (8)
Jornada 15 Fuenlabrada
Vega (-3) / Nocioni (15)
Jornada 16 Estudiantes
Kirksay (11) / Nocioni (-3)
Jornada 17 Manresa
Hanga (18) / Nocioni (5)
Jornada 18 CAI
Rudez (9) / Nocioni (10)
Jornada 19 Cajasol
Holland (6) / Nocioni (22)
Jornada 20 Valencia
Pietrus (1) / Nocioni (28)
Jornada 21 Blusens
Corbacho (8) / Nocioni (6)
Jornada 22 Gran Canaria
Newley (7) / Nocioni (26)
Jornada 23 Barcelona
Mickeal (10) / Nocioni (9)
Jornada 24 Real Madrid
Suárez (-1) / Nocioni (16)
Jornada 25 Joventut
Tomàs (10) / Nocioni (11)
Jornada 26 Lagun Aro
Papamakarios (-7) / Nocioni (18)
Jornada 27 Unicaja
Vidal (33) / Nocioni (-9)
Jornada 28 Valladolid
Grimau (7) / Nocioni (10)
Jornada 29 Bilbao Basket
Mumbrú (11) / Nocioni (16)
Jornada 30 Manresa
Arco (20) / Nocioni (1)
Jornada 31 Fuenlabrada
Vega (-1) / Nocioni (20)
Jornada 32 Murcia
Jasen (-3) / Nocioni (29)
COPA DEL REY
Cuartos de final CAI
Rudez (1) / Nocioni (20)
Semifinales Barcelona
Mickeal (-1) / Nocioni (17)
VALORACION GLOBAL DE SUS PARES: 6,09
VALORACIÓN GLOBAL DE NOCIONI: 14,02
18/4/13
No en el Buesa
El Baskonia se hace fuerte en su feudo y pisotea al poderoso CSKA para forzar un cuarto partido / El apoyo de la grada resulta clave / Nemanja se reivindica
El CSKA va a tener que sudar para rematar una serie que parecía haber dejado vista para sentencia en los dos primeros duelos. Va a tener que sudar mucho además. El Caja Laboral sacó las garras ayer en el tercer asalto. El equipo de Zan Tabak recuperó el orgullo y se sacudió los miedos y el excesivo respeto al todopoderoso rival moscovita para darse un festín a costa de un rival que creía tenerlo hecho.
Es posible que los rusos sigan manteniendo el cartel de favoritos, por potencial y por sensaciones globales de los tres envites, pero el conjunto vitoriano ha resucitado a tiempo. Apoyado en un público entregado y determinante, que generó un ambiente hostil que acabaría por fagocitar al CSKA, el cuadro azulgrana mandó un mensaje muy claro: para ganar en el Buesa Arena hay que ofrecer mucho más.
El Caja Laboral recuperó las señas de identidad que han hecho grande a este club. Los pupilos de Tabak derrocharon la entrega y la confianza que se echó en falta en Moscú y pisotearon al que probablemente sea el mejor equipo del continente. El Caja Laboral fue por fin el Caja Laboral. El Caja Laboral fue el Baskonia. El plantel que tantas suspicacias ha generado, se puso el traje de gala y ofreció una respuesta en la que no demasiados creían. Disipó de un plumazo las dudas desde el arranque.
El técnico croata supo aprovechar los días de descanso de los que dispuso para preparar el tercer asalto. El quinteto que entró de inicio dejó aparcadas las dudas y saltó a la yugular de un CSKA que se vio sorprendido por el elevado nivel de intensidad que fijó el Baskonia Los rusos, como el partido, duraron el tiempo que fueron capaces de aguantar el empuje baskonista.
Tabak da un paso al frente
Tabak supo responder a lo que se le exigía, buscó algunas variantes y ayer sí ganó la batalla táctica. El trabajo de desgaste de Cook, Causeur y Nocioni, que tiraron del equipo en un primer cuarto que se cerró más ajustado de lo que marcaron los méritos de uno y otro equipo (15-14), encontró la rubrica en la genialidad de un Nemanja Bjelica que tenía muchas ganas de reivindicarse y ofreció un auténtico recital.
En un segundo acto de alto voltaje, en el que se señalaron tres técnicas (Nocioni, Teodosic y Tabak) y las gradas del Buesa Arena ardieron como en las grandes citas de antaño, el Baskonia sacó a relucir la garra y la agresividad que ha sabido mostrar cada vez que se ha encontrado en una situación límite. Y la de ayer sin duda lo era.
Bien dirigido por un Heurtel que retrató la edad de Papaloukas con varias acciones que levantaron al público de los asientos y con Nemanja a un nivel al que muy pocos jugadores del continente pueden siquiera aspirar a llegar, el cuadro azulgrana dinamitó el partido. Al descanso, de hecho, ya estaba todo resuelto (43-24).
Quedaban veinte minutos por delante y sobrevolaba la incógnita de saber qué nivel de hambre mostraría el equipo ante un CSKA que parecía pensar más en el encuentro de mañana que en el que se estaba jugando. Nadie se dejó llevar. Más bien al contrario. El conjunto vitoriano mostró un nivel de compromiso y de ambición sublimes. Olió sangre y no soltó a la presa hasta el último cuarto, cuando Tabak se permitió el lujo de ofrecer unos minutos de recompensa a Jelinek e incluso a Calbarro.
Un triple de un Milko Bjelica ayer soberbio nada más arrancar el último acto estableció la máxima renta baskonista (73-39). El Buesa Arena bramó orgulloso. El primer triunfo estaba ya en el zurrón. El lujoso CSKA mordía el polvo, probaba la medicina que a lo largo de los años han tenido que tragar otros muchos cuando han visitado el coliseo de Zurbano con altanería o aires de superioridad.
La de mañana será otra película. El rival sigue teniendo ventaja y al Baskonia no le queda margen de error. Aunque quizá por eso, por su proverbial capacidad para revolverse como un gato acorralado cuando se encuentra sin opciones, merezca la pena conceder crédito a un equipo que en Moscú parecía haberlo perdido por completo. Esto, no en vano, no es Moscú. Esto es el Buesa Arena. Y ayer al CSKA le quedó muy claro.
El CSKA va a tener que sudar para rematar una serie que parecía haber dejado vista para sentencia en los dos primeros duelos. Va a tener que sudar mucho además. El Caja Laboral sacó las garras ayer en el tercer asalto. El equipo de Zan Tabak recuperó el orgullo y se sacudió los miedos y el excesivo respeto al todopoderoso rival moscovita para darse un festín a costa de un rival que creía tenerlo hecho.
Es posible que los rusos sigan manteniendo el cartel de favoritos, por potencial y por sensaciones globales de los tres envites, pero el conjunto vitoriano ha resucitado a tiempo. Apoyado en un público entregado y determinante, que generó un ambiente hostil que acabaría por fagocitar al CSKA, el cuadro azulgrana mandó un mensaje muy claro: para ganar en el Buesa Arena hay que ofrecer mucho más.
El Caja Laboral recuperó las señas de identidad que han hecho grande a este club. Los pupilos de Tabak derrocharon la entrega y la confianza que se echó en falta en Moscú y pisotearon al que probablemente sea el mejor equipo del continente. El Caja Laboral fue por fin el Caja Laboral. El Caja Laboral fue el Baskonia. El plantel que tantas suspicacias ha generado, se puso el traje de gala y ofreció una respuesta en la que no demasiados creían. Disipó de un plumazo las dudas desde el arranque.
El técnico croata supo aprovechar los días de descanso de los que dispuso para preparar el tercer asalto. El quinteto que entró de inicio dejó aparcadas las dudas y saltó a la yugular de un CSKA que se vio sorprendido por el elevado nivel de intensidad que fijó el Baskonia Los rusos, como el partido, duraron el tiempo que fueron capaces de aguantar el empuje baskonista.
Tabak da un paso al frente
Tabak supo responder a lo que se le exigía, buscó algunas variantes y ayer sí ganó la batalla táctica. El trabajo de desgaste de Cook, Causeur y Nocioni, que tiraron del equipo en un primer cuarto que se cerró más ajustado de lo que marcaron los méritos de uno y otro equipo (15-14), encontró la rubrica en la genialidad de un Nemanja Bjelica que tenía muchas ganas de reivindicarse y ofreció un auténtico recital.
En un segundo acto de alto voltaje, en el que se señalaron tres técnicas (Nocioni, Teodosic y Tabak) y las gradas del Buesa Arena ardieron como en las grandes citas de antaño, el Baskonia sacó a relucir la garra y la agresividad que ha sabido mostrar cada vez que se ha encontrado en una situación límite. Y la de ayer sin duda lo era.
Bien dirigido por un Heurtel que retrató la edad de Papaloukas con varias acciones que levantaron al público de los asientos y con Nemanja a un nivel al que muy pocos jugadores del continente pueden siquiera aspirar a llegar, el cuadro azulgrana dinamitó el partido. Al descanso, de hecho, ya estaba todo resuelto (43-24).
Quedaban veinte minutos por delante y sobrevolaba la incógnita de saber qué nivel de hambre mostraría el equipo ante un CSKA que parecía pensar más en el encuentro de mañana que en el que se estaba jugando. Nadie se dejó llevar. Más bien al contrario. El conjunto vitoriano mostró un nivel de compromiso y de ambición sublimes. Olió sangre y no soltó a la presa hasta el último cuarto, cuando Tabak se permitió el lujo de ofrecer unos minutos de recompensa a Jelinek e incluso a Calbarro.
Un triple de un Milko Bjelica ayer soberbio nada más arrancar el último acto estableció la máxima renta baskonista (73-39). El Buesa Arena bramó orgulloso. El primer triunfo estaba ya en el zurrón. El lujoso CSKA mordía el polvo, probaba la medicina que a lo largo de los años han tenido que tragar otros muchos cuando han visitado el coliseo de Zurbano con altanería o aires de superioridad.
La de mañana será otra película. El rival sigue teniendo ventaja y al Baskonia no le queda margen de error. Aunque quizá por eso, por su proverbial capacidad para revolverse como un gato acorralado cuando se encuentra sin opciones, merezca la pena conceder crédito a un equipo que en Moscú parecía haberlo perdido por completo. Esto, no en vano, no es Moscú. Esto es el Buesa Arena. Y ayer al CSKA le quedó muy claro.
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Victor Khryapa
11/4/13
Más difícil todavía
El Caja Laboral se desmorona en el Universal Sports Hall de Moscú ante un CSKA que gana sin apretar el acelerador
Había acudido la plantilla del Caja Laboral envalentonada a Moscú y salió del primer duelo de la serie de cuartos con un buen golpe en los morros. El CSKA sacó pecho ayer ante los pupilos de Zan Tabak. La mejor plantilla del continente le recordó al combinado azulgrana que tendrá que dar mucho más, todo lo que tiene e incluso algunas cosas que no tiene, para poder siquiera competir por obtener la plaza en la Final Four por la que las gestas pretéritas han concedido el derecho a soñar.
Ayer, en un partido que duró apenas cinco minutos, que se resolvió antes de que parte de los aficionados que habían acudido al Universal Sports Hall ocupara su localidad, el conjunto azulgrana recibió un baño de realidad que no hace sino mostrar el verdadero nivel de dificultad que encierra la misión a la que con tanta ambición se ha lanzado. A medio gas, sin pisar a fondo el acelerador, el equipo del Ejército Rojo se apuntó una victoria que en cualquier caso marcó distancias mucho mayores a las que reflejaba el marcador final.
A este Caja Laboral de las dos velocidades, desconcertado y desconcertante, le faltan casi siempre arrestos para mantener la compostura cuando las cosas vienen mal dadas. Y en el primer duelo de esta eliminatoria vinieron torcidas casi desde el salto inicial, en el que Kaun se impuso a Maciej Lampe en lo que parecía una predicción de lo que iba a suceder durante los siguientes cuarenta minutos en las zonas. Todo el caudal de confianza que había acompañado a Moscú al equipo se fue por el sumidero en cuanto quedó claro que nadie iba a ser capaz de ponerle un cascabel a Teodosic. La comodidad con la que el timonel serbio generaba puntos en primera y tercera persona, unido al pésimo nivel de acierto que mostraba el conjunto baskonista en ataque (1 de 11 en triples en la primera mitad), propició que surgieran las dudas y que todo el invento se viniera de repente abajo.
Tabak, en su versión más conservadora, dejó bien claro desde el principio que no era un partido para experimentos. El preparador croata compuso por primera vez un quinteto en el que figuraban los jugadores a los que se suponía que correspondía la responsabilidad de tirar del carro. Cook, San Emeterio, Nocioni, Nemanja y Lampe partían con la misión de establecer el listón de la competitividad y fallaron con estrépito.
Justo en un enfrentamiento en el que el cuadro baskonista necesitaba sumar el mayor número de piezas posible para competir con el desorbitante fondo de armario moscovita, fueron algunos puntales los que fracasaron. Cook se mostró en todo momento incapaz de frenar a Teodosic, San Emeterio se vio muy superado por Weems, Nemanja se borró tras firmar un arranque bochornoso y Lampe resultó atropellado por la contundencia de Kaun y la infalible calidad de Nenad Krstic, que hicieron y deshicieron a su antojo en la pintura. Sólo Nocioni, una vez más, dio la cara. Pero con eso no bastaba para contener a un rival que cuenta con un sinfín de jugadores sobrados de talento y despliega un baloncesto eficaz y mucho más brillante que en anteriores épocas de Messina.
Así las cosas, tras alcanzar el descanso con 15 puntos de desventaja (50-35), quedaba por ver si el Baskonia sería al menos capaz de sacar a relucir el carácter y el orgullo. Ni lo uno ni lo otro. A pesar de la irrupción en escena de un Causeur valiente y comprometido, que remó muchas veces solo, el CSKA se manejó con una hiriente comodidad a una victoria que a todas luces parecía hecha desde el primer acto.
El maquillaje final, tan fruto de la relajación del anfitrión como del intento a la desesperada de las tropas baskonistas por evitar un resultado sonrojante, no puede ocultar la realidad de un partido en el que quedó muy claro cuál es el grado de exigencia en el que se va a mover la serie. El Caja Laboral deberá poner más, mucho más, para soñar siquiera con ganar un partido. En apenas unas horas, el equipo debe demostrar que lo de ayer fue tan sólo un tropiezo achacable a la inexperiencia de una plantilla tan verde todavía como la camiseta con la que cedió la primera derrota.
Había acudido la plantilla del Caja Laboral envalentonada a Moscú y salió del primer duelo de la serie de cuartos con un buen golpe en los morros. El CSKA sacó pecho ayer ante los pupilos de Zan Tabak. La mejor plantilla del continente le recordó al combinado azulgrana que tendrá que dar mucho más, todo lo que tiene e incluso algunas cosas que no tiene, para poder siquiera competir por obtener la plaza en la Final Four por la que las gestas pretéritas han concedido el derecho a soñar.
Ayer, en un partido que duró apenas cinco minutos, que se resolvió antes de que parte de los aficionados que habían acudido al Universal Sports Hall ocupara su localidad, el conjunto azulgrana recibió un baño de realidad que no hace sino mostrar el verdadero nivel de dificultad que encierra la misión a la que con tanta ambición se ha lanzado. A medio gas, sin pisar a fondo el acelerador, el equipo del Ejército Rojo se apuntó una victoria que en cualquier caso marcó distancias mucho mayores a las que reflejaba el marcador final.
A este Caja Laboral de las dos velocidades, desconcertado y desconcertante, le faltan casi siempre arrestos para mantener la compostura cuando las cosas vienen mal dadas. Y en el primer duelo de esta eliminatoria vinieron torcidas casi desde el salto inicial, en el que Kaun se impuso a Maciej Lampe en lo que parecía una predicción de lo que iba a suceder durante los siguientes cuarenta minutos en las zonas. Todo el caudal de confianza que había acompañado a Moscú al equipo se fue por el sumidero en cuanto quedó claro que nadie iba a ser capaz de ponerle un cascabel a Teodosic. La comodidad con la que el timonel serbio generaba puntos en primera y tercera persona, unido al pésimo nivel de acierto que mostraba el conjunto baskonista en ataque (1 de 11 en triples en la primera mitad), propició que surgieran las dudas y que todo el invento se viniera de repente abajo.
Tabak, en su versión más conservadora, dejó bien claro desde el principio que no era un partido para experimentos. El preparador croata compuso por primera vez un quinteto en el que figuraban los jugadores a los que se suponía que correspondía la responsabilidad de tirar del carro. Cook, San Emeterio, Nocioni, Nemanja y Lampe partían con la misión de establecer el listón de la competitividad y fallaron con estrépito.
Justo en un enfrentamiento en el que el cuadro baskonista necesitaba sumar el mayor número de piezas posible para competir con el desorbitante fondo de armario moscovita, fueron algunos puntales los que fracasaron. Cook se mostró en todo momento incapaz de frenar a Teodosic, San Emeterio se vio muy superado por Weems, Nemanja se borró tras firmar un arranque bochornoso y Lampe resultó atropellado por la contundencia de Kaun y la infalible calidad de Nenad Krstic, que hicieron y deshicieron a su antojo en la pintura. Sólo Nocioni, una vez más, dio la cara. Pero con eso no bastaba para contener a un rival que cuenta con un sinfín de jugadores sobrados de talento y despliega un baloncesto eficaz y mucho más brillante que en anteriores épocas de Messina.
Así las cosas, tras alcanzar el descanso con 15 puntos de desventaja (50-35), quedaba por ver si el Baskonia sería al menos capaz de sacar a relucir el carácter y el orgullo. Ni lo uno ni lo otro. A pesar de la irrupción en escena de un Causeur valiente y comprometido, que remó muchas veces solo, el CSKA se manejó con una hiriente comodidad a una victoria que a todas luces parecía hecha desde el primer acto.
El maquillaje final, tan fruto de la relajación del anfitrión como del intento a la desesperada de las tropas baskonistas por evitar un resultado sonrojante, no puede ocultar la realidad de un partido en el que quedó muy claro cuál es el grado de exigencia en el que se va a mover la serie. El Caja Laboral deberá poner más, mucho más, para soñar siquiera con ganar un partido. En apenas unas horas, el equipo debe demostrar que lo de ayer fue tan sólo un tropiezo achacable a la inexperiencia de una plantilla tan verde todavía como la camiseta con la que cedió la primera derrota.
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9/4/13
Tabak mantiene la exigencia
El hambre de gloria del técnico croata sostiene las esperanzas de un equipo que afronta un reto mayúsculo en los cuartos de final de la Euroliga
Zan Tabak se consagró ayer como icono baskonista. En un gesto que quizá haya podido pasar un tanto desapercibido ante todo lo que se está hablando en torno al duelo entre Caja Laboral y CSKA en los cuartos de final de la Euroliga, el técnico croata se encargó de fijar el listón de la exigencia en parámetros que no deberían rebajarse bajo ningún concepto. Un compañero preguntó en la sala de prensa del Buesa Arena sobre la diferente óptica con la que en teoría encaran la serie ambos equipos. En la pregunta parecía ir implícita la constatación de que el equipo azulgrana ya ha cumplido porl el mero hecho de colarse en el Top 8 y fue el propio Tabak quien reaccionó para recordar las señas de identidad de un club que ha forjado su grandeza a base de superar obstáculos que de antemano parecían insalvables.
“No podemos acudir nunca a un partido pensando que no pasa nada si perdemos. El Baskonia no es así”, terció el preparador balcánico. “Cuando me dieron este trabajo acepté el reto de ser entrenador del Baskonia y creo que el Baskonia nunca puede entrar en una cancha diciendo que no tenemos nada que perder. No somos un club así. Sin importancia de la plantilla que tengamos, no podemos ir a un partido pensando que no pasa nada si perdemos. Hay un nombre por detrás y una historia que cuando saltas a una cancha debes proteger. Por eso no puedo aceptar este tipo de actitudes”, añadió.
Estoy convencido de que sus palabras supusieron un bálsamo para el baskonismo, desde las altas instancias del Buesa Arena a los aficionados de a pie. Este equipo no puede permitirse perder la exigencia, que ha sido seña de identidad y motor. A nadie se le escapa que la dificultad aumenta cada temporada. La brecha económica con los principales presupuestos, entre los que el CSKA figura a la cabeza, está ahí. Pero esto es deporte y los rusos no van a jugar con siete. Jugarán con cinco. La empresa se presenta muy difícil, pero no es imposible, ni como mínimo inabordable.
Mucho se ha escrito y hablado sobre el nivel y la capacidad para desconectar de la actual plantilla. Es probable que, a simple vista, el colectivo azulgrana no parezca tan deslumbrante como versiones anteriores. Sin embargo, ¿cuántas de las gestas escritas con letras de oro en las páginas del baskonismo llegaron en situaciones de aparente inferioridad? Yo diría que la mayoría. Y en todas ellas la exigencia sirvió como motor, vehiculó la ambición de un equipo que jamás ponía excusas ante la aversidad. Tabak tampoco quiere hacerlo. Todo lo contrario. En lugar de cobijarse en las limitaciones que puede presentar su plantilla, huérfana de un base contrastado, quizá algo coja en la pintura, se exige y exige.
Hacerse un nombre en Europa
Ayer tuve oportunidad de charlar un rato con Maciej Lampe y su discurso reflejaba que, contra lo que parece un descenso generalizado de la exigencia en el entorno, en el vestuario se tienen las cosas claras. Luego es posible que la calidad no dé, que falten gasolina y mimbres para alcanzar la gloria, pero al menos los jugadores conservan el hambre. El polaco tiene claro que el cuadro baskonista se encuentra ante una oportunidad única. “Podemos hacer algo muy grande, tanto para cada jugador individualmente como para el equipo. Tenemos un equipo muy joven. Es el primer año con toda esta gente. Estoy seguro de que cada uno de nosotros querrá hacerse un nombre en Europa y este es el momento en el que podemos lograrlo”, afirmaba.
Lampe tenía mucha razón. En la actual plantilla del Caja Laboral no hay un solo jugador que haya disputado una Final Four. Tampoco lo había en la plantilla que en 2005 se presentó en Moscú para disputar la primera en la historia del club. Muchas de las figuras que lucen en el retablo de la capilla azulgrana se forjaron su leyenda a base de superar imposibles. No quiero decir con esto que la calidad del equipo no haya bajado. Sólo digo que las esperanzas de la parroquia baskonista sólo pueden sostenerse en un nivel de exigencia externo como el que se ha tenido siempre y en el apetito de gloria los propios jugadores. Causeur, Heurtel, Pleiss o Nemanja son jugadores jóvenes que, como dice Lampe, tienen en su mano la opción de forjarse un nombre. Y no sólo los jugadores. Conviene tener presente que el propio Tabak es un entrenador novato. También se juega su futuro, su prestigio. Su ilusión ha resultado un ingrediente fundamental en la resurrección de un equipo que parecía muerto. Me alivia ver que su nivel de exigencia se mantiene intacto pese a sus pequeñas conquistas. Rebajarlo desde el exterior no ayuda en absoluto al equipo.
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8/4/13
Un clásico con poso agridulce
CSKA y Baskonia se han medido en 17 ocasiones en la actual Euroliga, con 13 victorias para los rusos / En su último enfrentamiento, hace tres años, los moscovitas dejaron al Caja Laboral de Dusko Ivanovic sin Final Four
Se ha convertido en un clásico, en un choque de trenes de primer nivel continental. El duelo entre el CSKA de Moscú y el Caja Laboral que acogerán los cuartos de final de la Euroliga a partir del miércoles pasa por ser, sin discusión, uno de los enfrentamientos más atractivos que a lo largo de la última década ha podido verse en esta competición. Aunque no siempre, o más bien casi nunca, el regusto que ha dejado en el paladar del baskonismo ha sido demasiado agradable. Podría decirse que todo lo contrario. Las estadísticas no acompañan las ansias de gloria del equipo de Zan Tabak, que busca una nueva campanada, si bien existen precedentes positivos que han quedado grabados a fuego en la retina de la hinchada azulgrana.
Se ha convertido en un clásico, en un choque de trenes de primer nivel continental. El duelo entre el CSKA de Moscú y el Caja Laboral que acogerán los cuartos de final de la Euroliga a partir del miércoles pasa por ser, sin discusión, uno de los enfrentamientos más atractivos que a lo largo de la última década ha podido verse en esta competición. Aunque no siempre, o más bien casi nunca, el regusto que ha dejado en el paladar del baskonismo ha sido demasiado agradable. Podría decirse que todo lo contrario. Las estadísticas no acompañan las ansias de gloria del equipo de Zan Tabak, que busca una nueva campanada, si bien existen precedentes positivos que han quedado grabados a fuego en la retina de la hinchada azulgrana.
Aquella semifinal en la Final Four de Moscú o el triunfo en la primera visita al Universal Sports Hall de la capital rusa contrastan con otras instantáneas del pasado en las que la mueca reflejaba tristeza, decepción o rabia. En realidad, los números son muy claros. Baskonia y CSKA se han enfrentado desde el nacimiento de la Euroliga en 17 ocasiones y el balance sonríe a los rusos, que se han llevado la victoria en 13 de esos encuentros.
Desde el primer duelo entre ambos equipos, en marzo de 2002, hasta el precedente más fresco, en los cuartos de final de hace tres años, la mayor parte de las ocasiones en las que el combinado del Ejército Rojo se ha cruzado en el trayecto del Baskonia hacia los títulos la resaca ha resultado más bien agridulce. Jugadores como Holden, Siskauskas, Trajan Langdon o Teo Papaloukas, el único de todos ellos que sigue en la plantilla de Ettore Messina, se convirtieron en verdugos de las esperanzas de algunas de las plantillas más brillantes de la historia del club vitoriano.
Un superviviente del primer duelo
De aquel primer duelo, celebrado en el Buesa Arena, sólo queda un superviviente. Un imberbe Andrés Nocioni formaba parte del roster que cayó derrotado en el pabellón de Zurbano por un CSKA en el que por aquel entonces brillaban Turkcan, McCants, Pashutin, el exbaskonista Rubén Wolkowysky y un Gordan Giricek que finiquitó con sus 25 puntos al equipo azulgrana. Junto a Nocioni, en un plantel muy corto de efectivos pero sobrado de talento, formaron Bennett, Scola, Foirest, Sconochini, Tomasevic, Oberto y Corchiani. Un equipazo que en el partido de vuelta de ese Top 16 se cobró la revancha y consiguió la que es, hasta la fecha, la única victoria que ha obtenido el combinado alavés en el Universal Sports Hall moscovita. Lo hizo además con contundencia (73-90), aunque a la postre no bastó para obtener una plaza en la Final Four de Bolonia.
Tendrían que pasar dos temporadas para que se reprodujera el enfrentamiento entre ambos, de nuevo en el Top 16. El primer choque volvió a vivirse en el Buesa Arena. El CSKA, ya con Papaloukas, Monya, Khryapa, Marcus Brown, Holden y el exbaskonista Victor Alexander, se apuntó la victoria. Pero aquel TAU, que contaba con la que muchos señalan como la mejor plantilla de su historia (Prigioni, Calderón, Macijauskas, Vidal, Nocioni, Kornel David, Scola, Splitter y Betts), también quería devolver el golpe en Moscú. No pudo hacerlo. En un partido marcado por la fatalidad, el cuadro ruso fue capaz de remontar los cinco puntos de ventaja con los que contaba el Baskonia a falta de 50 segundos para el final, sumar el triunfo y colarse en la final a cuatro de Tel Aviv. El gesto de Teo Papaloukas, autor del robo y la canasta decisivos, rebanándose el cuello con dedicatoria a la afición vitoriana forma parte también de la lista de hitos de este rosario de duelos.
El TAU tuvo un año después ocasión de disfrutar de la vendetta. Y en esta ocasión resultó especialmente dulce. En la campaña 2004/05 el destino los cruzó en la primera fase, donde el CSKA cumplió con la tradición y se apuntó la victoria tanto en Moscú (88-83) como en Vitoria (81-85), y también en la Final Four. Los cuatro mejores equipos de Europa se citaban en la capital rusa, por lo que el equipo adiestrado por Dusan Ivkovic reforzaba su condición de favorito. La humillación resultó más dolorosa. Un espectacular TAU asaltó el Olímpico y acalló a los miles de aficionados rusos que confiaban en disfrutar del primer título continental del CSKA en más de tres décadas. Macijauskas y Kornel David lideraron a un Baskonia que volvía a una final. No pudo sin embargo con el Maccabi de Baston, Vujcic, Anthony Parker y un Jasikevicius descomunal.
Semifinal en Praga
En la 2005/06, la temporada en la que Velimir Perasovic ocupó el banquillo baskonista, ambos equipos volvieron a cruzarse en el Top 16. Una victoria para cada uno. El CSKA ganó en su cancha y el TAU en el Buesa. Ambos acabarían jugando la Final Fouren Praga. Y esta vez los rusos sí lograron, 35 años después, volver a levantar el trofeo.
Aún se enfrentarían de nuevo en la 2007/08. Ese curso, que se cerró con el CSKA de nuevo como campeón y el Baskonia en la Final Four de Madrid, los rusos se llevaron el triunfo tanto en los dos duelos de la primera fase como en la semifinal. El miércoles volverán a verse las caras. Será la segunda vez que lo hagan en una eliminatoria de cuartos. La anterior tuvo lugar hace tres años, en el último precedente. El CSKA, que había vencido en fase regular tanto en Moscú como en Vitoria, se apuntó la serie tras ganar los dos primeros partidos en casa, caer en el tercero y volver a vencer en el cuarto, celebrado en el Buesa Arena. El irregular Baskonia de Tabak tiene en su mano la ocasión de cambiar el destino y lograr que el poso de estos duelos abandone su tono amargo.
Link a la noticia completa, publicada en Diario de Noticias de Álava
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5/4/13
De nuevo en su sitio
El Baskonia cumple ante el Montepaschi y regresa a los cuartos de final de la Euroliga, donde le espera el todopoderoso CSKA
El Caja Laboral de los altibajos, el equipo bipolar y ciclotímico que tantos disgustos ha regalado a su afición, sacó a relucir su orgullo en el momento de la verdad. Tal y como ha hecho en otras citas claves a lo largo de este curso demencial y desconcertante, emergió su mejor versión justo cuando la situación más lo requería. Sin brillo pero con altas dosis de entrega y sacrificio, cualidades que muchos desligan de la actual plantilla, se sacudió de encima la visita de un Montepaschi a la baja y aprovechó ayudas externas para culminar su objetivo de acceder al Top 8 de la máxima competición del baloncesto continental.
Mucho se ha hablado de la capacidad de este equipo para desconectar, para sufrir cortocircuitos letales, y eso es algo que está ahí, no se puede negar y parece no tener arreglo. Pero también posee este colectivo cierto orgullo que sale a relucir cuando el panorama pinta más oscuro, cuando se ciernen negros nubarrones sobre su futuro. Y además mucho talento. Ayer era una noche idónea para la reivindicación, y algunos jugadores supieron captar el mensaje, asimilar la relevancia de la cita y ofrecer a un Buesa Arena engalanado para la ocasión lo que hacía falta para abreviar las angustias.
Sobre Nocioni, la honradez hecha carne, ni hubo ni hay ni habrá nunca dudas. Pero irrumpieron en escena también otros jugadores que, aun con sus desconexiones puntuales, suelen dar la cara cuando llegan las citas de alto voltaje. En un choque cuya energía acabó por desarbolar los planes y la rigidez táctica de Zan Tabak, el talento de Maciej Lampe y Nemanja Bjelica lo dinamitó todo, cambió el paso por completo.
Reacción devastadora
La irrupción en escena del poste polaco, que bailó sobre la tumba de los entregados interiores del Montepaschi, y más aún de Nemanja, genial en el pase e inteligente en cada acción, quebró la pésima dinámica con la que el cuadro baskonista había estrenado el partido. Tras haber anotado sólo dos puntos en los primeros cinco minutos (2-7), los cambios precipitaron la reacción del equipo de Tabak. Resultó furibunda, devastadora, definitiva. El parcial de 19-4 que se produjo tras la entrada de ambos en el partido supuso la defunción anticipada de un Montepaschi que, pese a que disponía de opciones de acceder a los cuartos de final, bajó los brazos y se resignó a sumar su quinta derrota consecutiva en la competición continental.
Quedaban muchos minutos, pero en el Buesa Arena se empezó a atender más los resultados ajenos que el propio. El último cuarto de hora, aun con las pinceladas de excelente juego que por momentos ofrecieron los pupilos de Tabak, la mente estaba fijada en los duelos del Palau y El Pireo. Llegaron momentos de zozobra, e incluso tras sonar el bocinazo final varios millares de aficionados se quedaron en la grada aguardando los finales en otras canchas. La hinchada azulgrana conservaba la fe. Tenía que ganar el Barça o el Olympiacos. Se hicieron de rogar, pero al final ganaron ambos y en el Buesa Arena se vivió una fiesta.
Los toreros volvieron a la cancha, la música volvió a sonar y la hinchada baskonista, huérfana de excesivas alegrías este curso, festejó que su equipo volvía a estar entre los mejores, en su lugar natural. Tabak ha obrado ya dos milagros. El CSKA espera ahora en cuartos. ¿Por qué no soñar con un tercero?
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4/12/12
Orgullo de otra época
El corazón de Nocioni bombea sangre a un Caja Laboral adormilado que no mereció la victoria en un intenso derbi
Andrés Nocioni es pasado, presente y quiere ser futuro de un Caja Laboral en el que aporta el carácter que sólo los jugadores que han sentido orgullo al enfundarse la camiseta azulgrana pueden destilar. Y justo en el partido que culminaba una semana en la que habían surgido rumores en torno a la posibilidad de que el club pudiera usarlo como moneda de cambio para obtener liquidez, respondió sobre el parqué, que es donde mejor se expresa, con una proclama de baskonismo eterno.
Para el Chapu no existen encuentros amistosos, ni intrascendentes. Ni siquiera compromisos de trámite como parecía que algunos de sus compañeros se tomaron el derbi ante un Lagun Aro que llegaba hecho unos zorros y que sin embargo acabó saliendo de la cancha con la sensación de que había contraído méritos suficiente como para haberse apropiado de la victoria. Si no lo hizo fue precisamente por la irrupción de un Nocioni mayúsculo, que se echó al equipo a las espaldas y demostró que, hoy por hoy, sigue siendo uno de los jugadores más desequilibrantes de la ACB.
No es en citas como la de ayer donde el Caja Laboral tiene que ofrecer su verdadero potencial, pero al menos se le debe exigir cierta vergüenza torera y convicción para sacar adelante partidos que a la larga pueden resultar importantes de cara a tomar posiciones a final de curso. Como después reconoció Zan Tabak en la sala de prensa, da la impresión de que no todos los jugadores están preparados anímicamente para afrontar dos duelos de máxima exigencia cada semana. Ayer, en el San Sebastián Arena, varios de sus pupilos se presentaron con legañas, a verlas venir, y concedieron vida y esperanzas a un rival al que en otro tiempo y con otra mentalidad podrían haber ajusticiado por la vía rápida.
El combinado dirigido por Sito Alonso, que sólo ha sumado una victoria en las primeras diez jornadas de campeonato, temblaba como un flan ante la entidad de un Caja Laboral que parecía dispuesto a resolver sin dilación el partido. Un parcial de entrada demoledor para los intereses del cuadro guipuzcoano (1-11) invitaba a presagiar otro desenlace para un envite que se fue ajustando conforme la diferencia de actitud y hambre de unos y otros fue quedando reflejada en el electrónico. Tras prescindir Sito Alonso de Qyntel Woods, que parecía llamado a erigirse en la estrella del equipo pero en las últimas semanas se ha convertido más en un bulto sospechoso que en nada recuerda al jugador que fue, la intensidad con la que se desempeñaba el Lagun Aro permitió que el duelo no quedara roto en un primer acto pésimo en cuanto a calidad y espectáculo.
Todo cambió, sin embargo, a partir del segundo. Fue ahí cuando irrumpieron en escena los dos grandes protagonistas del encuentro. Por un lado, un Javi Salgado que se encargó de retratar las ya evidentes carencias del cuadro azulgrana en el puesto de base. Y por el otro, el Chapu, que parecía resistirse a que el equipo local se creciera hasta creer que podía llevarse la victoria. Al final, se encontró por momentos tan solo que no le resultó posible. De hecho, tras un segundo cuarto más generoso en cuanto a anotación, el cuadro donostiarra logró imponer su mayor ambición para encarar los últimos diez minutos con ventaja en el marcador.
Tabak, una vez más, demostró su pragmatismo. Se olvidó de las rotaciones y confió la suerte del equipo a los jugadores que habían demostrado más voluntad. Y a la cabeza de todos ellos, claro está, se encontraba Nocioni. Carlos Cabezas pudo atar más en corto a Javi Salgado, que se había divertido a costa de Rochestie y Heurtel, y el conjunto baskonista se puso las pilas para pelear por un triunfo que aun así peligró hasta el final.
Muy sólido en la pelea por el rebote, sobre todo gracias a los 14 que capturó el Chapu, el Caja Laboral gozó de segundas opciones para enmendar los numerosos errores en el lanzamiento exterior que desesperaron a su entrenador. Fue precisamente por ahí por donde llegó el remate definitivo de la victoria. Nemanja palmeó un balón que suponía el 69-71 definitivo, aunque aún tendrían los locales una última oportunidad que les habría reportado una victoria antidepresiva. Pero no la aprovecharon. Cuando todo el mundo, incluida la defensa del Baskonia, pensaba que el balón iría a un Salgado ayer tocado por los dioses del baloncesto –acabó con 27 puntos, 7 triples y 32 de valoración–, quien recibió fue Ibekwe. Su tiro, como el de Basile el viernes, voló sin encontrar la canasta. Y el Baskonia sumó una victoria que en algunos no quisieron y la mayoría no merecieron. Aunque este no es por supuesto el caso de Nocioni.
Lagun Aro: Neto, Papamakarios, Taylor (5), Woods (4), Doblas (4) -cinco inicial-, Kuksiks (2), Ibekwe (16), Salgado (27), Díez (3), Rubio (8), Olaizola y Motos.
Caja Laboral: Oleson (10), Lampe (4), Heurtel (5), Milko Bjelica (7), Nocioni (21) -cinco inicial-, Rochestie (2), Cabezas, San Emeterio, Pleiss (6), Calbarro, Causeur (9) y Nemanja Bjelica (7).
Árbitros: Pérez Pérez, Araña y Rial.
Parciales: 10-15; 36-37; 60-57; 69-71.
Andrés Nocioni es pasado, presente y quiere ser futuro de un Caja Laboral en el que aporta el carácter que sólo los jugadores que han sentido orgullo al enfundarse la camiseta azulgrana pueden destilar. Y justo en el partido que culminaba una semana en la que habían surgido rumores en torno a la posibilidad de que el club pudiera usarlo como moneda de cambio para obtener liquidez, respondió sobre el parqué, que es donde mejor se expresa, con una proclama de baskonismo eterno.
Para el Chapu no existen encuentros amistosos, ni intrascendentes. Ni siquiera compromisos de trámite como parecía que algunos de sus compañeros se tomaron el derbi ante un Lagun Aro que llegaba hecho unos zorros y que sin embargo acabó saliendo de la cancha con la sensación de que había contraído méritos suficiente como para haberse apropiado de la victoria. Si no lo hizo fue precisamente por la irrupción de un Nocioni mayúsculo, que se echó al equipo a las espaldas y demostró que, hoy por hoy, sigue siendo uno de los jugadores más desequilibrantes de la ACB.
No es en citas como la de ayer donde el Caja Laboral tiene que ofrecer su verdadero potencial, pero al menos se le debe exigir cierta vergüenza torera y convicción para sacar adelante partidos que a la larga pueden resultar importantes de cara a tomar posiciones a final de curso. Como después reconoció Zan Tabak en la sala de prensa, da la impresión de que no todos los jugadores están preparados anímicamente para afrontar dos duelos de máxima exigencia cada semana. Ayer, en el San Sebastián Arena, varios de sus pupilos se presentaron con legañas, a verlas venir, y concedieron vida y esperanzas a un rival al que en otro tiempo y con otra mentalidad podrían haber ajusticiado por la vía rápida.
El combinado dirigido por Sito Alonso, que sólo ha sumado una victoria en las primeras diez jornadas de campeonato, temblaba como un flan ante la entidad de un Caja Laboral que parecía dispuesto a resolver sin dilación el partido. Un parcial de entrada demoledor para los intereses del cuadro guipuzcoano (1-11) invitaba a presagiar otro desenlace para un envite que se fue ajustando conforme la diferencia de actitud y hambre de unos y otros fue quedando reflejada en el electrónico. Tras prescindir Sito Alonso de Qyntel Woods, que parecía llamado a erigirse en la estrella del equipo pero en las últimas semanas se ha convertido más en un bulto sospechoso que en nada recuerda al jugador que fue, la intensidad con la que se desempeñaba el Lagun Aro permitió que el duelo no quedara roto en un primer acto pésimo en cuanto a calidad y espectáculo.
Todo cambió, sin embargo, a partir del segundo. Fue ahí cuando irrumpieron en escena los dos grandes protagonistas del encuentro. Por un lado, un Javi Salgado que se encargó de retratar las ya evidentes carencias del cuadro azulgrana en el puesto de base. Y por el otro, el Chapu, que parecía resistirse a que el equipo local se creciera hasta creer que podía llevarse la victoria. Al final, se encontró por momentos tan solo que no le resultó posible. De hecho, tras un segundo cuarto más generoso en cuanto a anotación, el cuadro donostiarra logró imponer su mayor ambición para encarar los últimos diez minutos con ventaja en el marcador.
Tabak, una vez más, demostró su pragmatismo. Se olvidó de las rotaciones y confió la suerte del equipo a los jugadores que habían demostrado más voluntad. Y a la cabeza de todos ellos, claro está, se encontraba Nocioni. Carlos Cabezas pudo atar más en corto a Javi Salgado, que se había divertido a costa de Rochestie y Heurtel, y el conjunto baskonista se puso las pilas para pelear por un triunfo que aun así peligró hasta el final.
Muy sólido en la pelea por el rebote, sobre todo gracias a los 14 que capturó el Chapu, el Caja Laboral gozó de segundas opciones para enmendar los numerosos errores en el lanzamiento exterior que desesperaron a su entrenador. Fue precisamente por ahí por donde llegó el remate definitivo de la victoria. Nemanja palmeó un balón que suponía el 69-71 definitivo, aunque aún tendrían los locales una última oportunidad que les habría reportado una victoria antidepresiva. Pero no la aprovecharon. Cuando todo el mundo, incluida la defensa del Baskonia, pensaba que el balón iría a un Salgado ayer tocado por los dioses del baloncesto –acabó con 27 puntos, 7 triples y 32 de valoración–, quien recibió fue Ibekwe. Su tiro, como el de Basile el viernes, voló sin encontrar la canasta. Y el Baskonia sumó una victoria que en algunos no quisieron y la mayoría no merecieron. Aunque este no es por supuesto el caso de Nocioni.
Domingo, 2 de diciembre de 2012
69-71
Caja Laboral: Oleson (10), Lampe (4), Heurtel (5), Milko Bjelica (7), Nocioni (21) -cinco inicial-, Rochestie (2), Cabezas, San Emeterio, Pleiss (6), Calbarro, Causeur (9) y Nemanja Bjelica (7).
Árbitros: Pérez Pérez, Araña y Rial.
Parciales: 10-15; 36-37; 60-57; 69-71.
Pabellón: 6.400 aficionados en el San Sebastián Arena 2016.
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30/11/12
El milagro de la vida
EL CAJA LABORAL REMONTA A FALTA DE SEGUNDOS UN PARTIDO DEMENCIAL Y CONSERVA SUS OPCIONES DE 'TOP 16'
Hay momentos que pueden cambiar la vida de un jugador, resultados capaces de alterar el rumbo de un equipo y victorias que acaban por modificar el destino de una temporada. Resulta complicado determinar qué efectos tendrá a corto y medio plazo la canasta con la que Thomas Heurtel le regaló ayer al baskonismo la primera victoria de la temporada en el Buesa Arena. El base galo, capaz de lo mejor y lo peor, que pudo haber tirado por la borda todo el trabajo realizado por el equipo para remontar un partido que parecía abocado al desastre, acabó erigiéndose en el héroe de un triunfo fundamental.
Habrá que comprobar el valor efectivo de la acción con la que un jugador demente resolvía un duelo demencial. Por el momento, la penetración con la que Heurtel fijó a falta de cuatro segundos un marcador que ya no se movería permite conservar la esperanza de clasificación para un Top 16 que se está dejando querer como una amante libertina. El Baskonia tiene aún en su mano el pase. Aunque, salvo que gane los dos compromisos que restan para concluir la primera fase, continuará dependiendo de terceros, justa penitencia a sus recurrentes pecados continentales. Sin embargo, ayer pudo al menos lograr que los más de 10.000 espectadores que rugieron durante la remontada en las gradas del coliseo azulgrana –y a buen seguro también los miles que lo siguieron en la distancia– pudieran acostarse orgullosos del espíritu irreductible y la fe que exhibió un equipo que hasta la fecha les había obsequiado con más argumentos para esconder la cabeza que para sacar pecho.
Como en las grandes noches, es probable que hubiera más testosterona que baloncesto en el arranque de carácter que desmontó por piezas todos los cimientos que había asentado en la primera mitad (28-42) el equipo de Sergio Scariolo. El Baskonia de Tabak se sacudió los complejos del pasado y creyó en un futuro sobre el que se cernían negros nubarrones ante la desmoralizadora evidencia de que el cuadro azulgrana seguía sin soltarse a ofrecer su mejor cara en Euroliga.
Tabak se dejó de inventos raros. No era una cita para delirios de entrenador ni para experimentos con gaseosa. Apostó por la cordura, concedió la responsabilidad a los pesos pesados del vestuario, a los jugadores con más arrestos y horas de vuelo, y conquistó una victoria que, quién sabe, puede suponer un punto de inflexión en el trayecto de un equipo que necesitaba una inyección de confianza.
El técnico croata aplicó su código baloncestístico a rajatabla. Ya lo dijo en su presentación: a la gloria se accede desde la defensa. Y ese fue el atajo que tomó el equipo azulgrana para sortear sus deficiencias para producir en ataque, su escaso acierto en el lanzamiento exterior y los muchos problemas que jugadores como Langford o Bourousis había generado en los dos primeros cuartos. El cuadro baskonista apretó los dientes en defensa, tiró de testosterona y apagó las luces a un rival que en los dos últimos cuartos (11 y 9) apenas pudo sumar una veintena de puntos.
Fernando San Emeterio, eterno capitán, fue quien encendió la mecha de la fe. Sostuvo al equipo cuando venían mal dadas. Era un todo o nada, un duelo a vida o muerte, y el alero cántabro supo echarse a las espaldas todo el peso de lo que parecía un equipo muerto. Su compromiso encontró adeptos tras el descanso. Andrés Nocioni, peleado de nuevo con los árbitros y castigado por las faltas, se dejó el alma y empujó a los virtuosos Nemanja y Lampe a vestirse el mono azul en la lucha por un rebote que en los dos últimos cuartos sólo tuvo un color.
A la gloria, no obstante, no se llega por una autopista enmoquetada con terciopelo rojo. Se accede por un camino embarrado y plagado de baches, que ayer por momentos parecieron minas. La defensa y el rebote, en definitiva el carácter, comprimieron el marcador, pero aún restaba rematar. Cuando ya parecía posible, Cook anotó un triple que no logró sentar en su asiento a ningún aficionado azulgrana. Ayer se volvió a creer. Entonces apareció San Emeterio para igualar a 62 y llegó la bandeja de Heurtel, que fue el final pero puede acabar convirtiéndose en el principio.
Caja Laboral (14+14+17+19): Heurtel (11), Oleson (6), Nocioni (8), M. Bjelica (4), Lampe (14) -cinco inicial-, Cabezas (2), San Emeterio (17), Pleiss, Causeur, N.Bjelica (2).
Armani Milan (19+23+11+9): Cook (14), Hairston (8), Langford (16), Fotsis (5), Bourousis (11) -cinco inicial-, Hendrix, Stipcevic (3), Melli, Chiotti, Basile (5).
Árbitros: Pukl (SLO), Latisevs (LET), Silva (POR). Señalaron técnica a Nocioni (m.19). Eliminado Nocioni (m.37).
Incidencias: Buesa Arena ante 10.214 espectadores.
Hay momentos que pueden cambiar la vida de un jugador, resultados capaces de alterar el rumbo de un equipo y victorias que acaban por modificar el destino de una temporada. Resulta complicado determinar qué efectos tendrá a corto y medio plazo la canasta con la que Thomas Heurtel le regaló ayer al baskonismo la primera victoria de la temporada en el Buesa Arena. El base galo, capaz de lo mejor y lo peor, que pudo haber tirado por la borda todo el trabajo realizado por el equipo para remontar un partido que parecía abocado al desastre, acabó erigiéndose en el héroe de un triunfo fundamental.
Habrá que comprobar el valor efectivo de la acción con la que un jugador demente resolvía un duelo demencial. Por el momento, la penetración con la que Heurtel fijó a falta de cuatro segundos un marcador que ya no se movería permite conservar la esperanza de clasificación para un Top 16 que se está dejando querer como una amante libertina. El Baskonia tiene aún en su mano el pase. Aunque, salvo que gane los dos compromisos que restan para concluir la primera fase, continuará dependiendo de terceros, justa penitencia a sus recurrentes pecados continentales. Sin embargo, ayer pudo al menos lograr que los más de 10.000 espectadores que rugieron durante la remontada en las gradas del coliseo azulgrana –y a buen seguro también los miles que lo siguieron en la distancia– pudieran acostarse orgullosos del espíritu irreductible y la fe que exhibió un equipo que hasta la fecha les había obsequiado con más argumentos para esconder la cabeza que para sacar pecho.
Como en las grandes noches, es probable que hubiera más testosterona que baloncesto en el arranque de carácter que desmontó por piezas todos los cimientos que había asentado en la primera mitad (28-42) el equipo de Sergio Scariolo. El Baskonia de Tabak se sacudió los complejos del pasado y creyó en un futuro sobre el que se cernían negros nubarrones ante la desmoralizadora evidencia de que el cuadro azulgrana seguía sin soltarse a ofrecer su mejor cara en Euroliga.
Tabak se dejó de inventos raros. No era una cita para delirios de entrenador ni para experimentos con gaseosa. Apostó por la cordura, concedió la responsabilidad a los pesos pesados del vestuario, a los jugadores con más arrestos y horas de vuelo, y conquistó una victoria que, quién sabe, puede suponer un punto de inflexión en el trayecto de un equipo que necesitaba una inyección de confianza.
El técnico croata aplicó su código baloncestístico a rajatabla. Ya lo dijo en su presentación: a la gloria se accede desde la defensa. Y ese fue el atajo que tomó el equipo azulgrana para sortear sus deficiencias para producir en ataque, su escaso acierto en el lanzamiento exterior y los muchos problemas que jugadores como Langford o Bourousis había generado en los dos primeros cuartos. El cuadro baskonista apretó los dientes en defensa, tiró de testosterona y apagó las luces a un rival que en los dos últimos cuartos (11 y 9) apenas pudo sumar una veintena de puntos.
Fernando San Emeterio, eterno capitán, fue quien encendió la mecha de la fe. Sostuvo al equipo cuando venían mal dadas. Era un todo o nada, un duelo a vida o muerte, y el alero cántabro supo echarse a las espaldas todo el peso de lo que parecía un equipo muerto. Su compromiso encontró adeptos tras el descanso. Andrés Nocioni, peleado de nuevo con los árbitros y castigado por las faltas, se dejó el alma y empujó a los virtuosos Nemanja y Lampe a vestirse el mono azul en la lucha por un rebote que en los dos últimos cuartos sólo tuvo un color.
A la gloria, no obstante, no se llega por una autopista enmoquetada con terciopelo rojo. Se accede por un camino embarrado y plagado de baches, que ayer por momentos parecieron minas. La defensa y el rebote, en definitiva el carácter, comprimieron el marcador, pero aún restaba rematar. Cuando ya parecía posible, Cook anotó un triple que no logró sentar en su asiento a ningún aficionado azulgrana. Ayer se volvió a creer. Entonces apareció San Emeterio para igualar a 62 y llegó la bandeja de Heurtel, que fue el final pero puede acabar convirtiéndose en el principio.
Viernes, 29 de noviembre de 2012
64-62
Armani Milan (19+23+11+9): Cook (14), Hairston (8), Langford (16), Fotsis (5), Bourousis (11) -cinco inicial-, Hendrix, Stipcevic (3), Melli, Chiotti, Basile (5).
Árbitros: Pukl (SLO), Latisevs (LET), Silva (POR). Señalaron técnica a Nocioni (m.19). Eliminado Nocioni (m.37).
Incidencias: Buesa Arena ante 10.214 espectadores.
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Zan Tabak
26/11/12
El Baskonia toca fondo
EL EQUIPO AZULGRANA OFRECE UNA ACTUACIÓN INDIGNA EN EL ESTRENO DE ZAN TABAK
Resulta muy difícil dar en la hemeroteca con un espectáculo tan bochornoso como el que ayer ofreció el Caja Laboral en Kaunas. El equipo azulgrana se inmoló en el Zalgirio Arena. El encuentro que debía recordarse por ser el primero de Zan Tabak en el banquillo baskonista quedará recogido en los libros como seguramente el peor que ha disputado el combinado vitoriano en su historia en la Euroliga. Lo peor del lamentable ejercicio de impotencia y desidia con el que se prolongó la caída libre que Josean Querejeta pretendió zanjar con el relevo en el banquillo es, sin embargo, que hoy por hoy no puede afirmarse que no vaya a repetirse algo similar en un futuro más o menos próximo. El equipo, como quedó claro ante el Obradoiro, como se vio ante el Efes o el Olympiacos, como destapó el Cedevita, está muerto, física y mentalmente agotado. Y desde luego está demostrando que, sin que esa pueda ser la respuesta a todos sus males, no puede vivir sin Nemanja Bjelica.
Zan Tabak va a tener que perder muchas horas de sueño para convertir este amasijo de jugadores desmoralizados, inapetentes y superados por la situación en un colectivo sólido y capaz de dar la cara en los partidos. Tal y como está ahora, resulta aterradora la visita de mañana del Unicaja o cualquier otra cita de mínima exigencia. Al técnico croata se le pueden achacar pocas responsabilidades por el desastre perpetrado en la cancha lituana. Si acaso, que es lo que sí se esperaba, que no hubiera siquiera conseguido alterar mínimamente el estado depresivo de un equipo que se viene abajo a las primeras de cambio, que se desploma sobre la lona ante el primer revés.
Las dudas y los nervios con los que el cuadro baskonista saltó a la cancha propiciaron que ese primer golpe a la mandíbula no tardara en llegar. Un equipo que acudía a una cita trascendental demasiado corto de efectivos, sobre todo en la pintura, tuvo que soportar que dos piezas en principio fundamentales como Maciej Lampe y Brad Oleson se borraran del partido al cometer dos faltas que los llevaron al banco.
Tabak, como en su día Ivanovic, tuvo que recurrir a Nocioni como cuatro y Joan Plaza supo ganarle la partida de ajedrez haciendo gala del sensacional fondo de armario del que dispone el Zalgiris. El maestro humilló a su discípulo en su bautismo en la Euroliga. Aunque jugaba con mucha ventaja, con una excepcional batería de pívots que ante la ausencia de Lampe, la incapacidad de un Milko Bjelica que cada día que pasa genera más dudas y la ternura de Pleiss, terminaron de decantar el partido en la pelea por el rebote. Los números lo decían todo al final del partido. Ningún equipo pueda aspirar a ganar un partido en la máxima competición del baloncesto continental si regala 23 capturas ofensivas al rival. El bagaje global en la pelea bajo los tableros (49-23) no retrata ya sólo la brutal tiranía que el Zalgiris impuso cerca de los aros, sino también la abulia con la que una vez más el equipo encaró una cita que se presumía vital para conservar las opciones de clasificación para el Top 16.
Al Baskonia no le queda ya margen de error. Tampoco argumentos para que su afición siga soñando. La realidad marca que este equipo, al que sólo un milagro y quizá la injusticia divina colarían en la siguiente fase del torneo, no lo merece ni por asomo. Mucho tendrán que cambiar las cosas con Tabak, al que se le debe conceder tiempo para enmendar el desaguisado con el que se ha topado, para que el proyecto resulte competitivo en cualquier competición. A buen seguro hará falta que se muevan más fichas en los despachos para enmendar una plantilla que cada vez está quedando más claro que no da la talla, más allá de que se haya jugado el recurso del revulsivo con Tabak.
El Zalgiris, un gran equipo, sacó a relucir todas las carencias, que son muchas, de un Caja Laboral que jamás estuvo en el partido. Ni una sola vez llegó a ponerse por delante en el marcador. Jamás llegó a ofrecer la impresión de que podía pelear por la victoria. Si el objetivo para este curso, más que los títulos, era recobrar la capacidad para competir, a este equipo le queda un largo camino para acercarse. Y habrá que ver si alguna vez lo consigue. Por de pronto, ayer ofreció a su desconsolada hinchada una humillación que no merecía y no le resultará fácil de olvidar.
Zalgiris Kaunas (22+21+16+23): Jaaber (12), Darden (2), Popovic (19), Jankunas (5) D. Lavrinovic (13)-cinco inicial-, Kuzminskas (13), Lafayette (7), K. Lavrinovic (1), Kaukenas (2), Foote (8), Lipkevicius y Delas.
Caja Laboral (15+9+9+12): Heurtel (2), Oleson (2), Nocioni (10), M.Bjelica (4), Lampe (5) -cinco inicial-, Rochestie (1), San Emeterio (3), Pleiss (6), Causeur (10) y Cabezas (2).
Árbitros: Lamonica (ITA), Ankarali (TUR). Kowalski (POL). Técnica a Nocioni (min.35). Eliminado Nocioni (min.35).
Resulta muy difícil dar en la hemeroteca con un espectáculo tan bochornoso como el que ayer ofreció el Caja Laboral en Kaunas. El equipo azulgrana se inmoló en el Zalgirio Arena. El encuentro que debía recordarse por ser el primero de Zan Tabak en el banquillo baskonista quedará recogido en los libros como seguramente el peor que ha disputado el combinado vitoriano en su historia en la Euroliga. Lo peor del lamentable ejercicio de impotencia y desidia con el que se prolongó la caída libre que Josean Querejeta pretendió zanjar con el relevo en el banquillo es, sin embargo, que hoy por hoy no puede afirmarse que no vaya a repetirse algo similar en un futuro más o menos próximo. El equipo, como quedó claro ante el Obradoiro, como se vio ante el Efes o el Olympiacos, como destapó el Cedevita, está muerto, física y mentalmente agotado. Y desde luego está demostrando que, sin que esa pueda ser la respuesta a todos sus males, no puede vivir sin Nemanja Bjelica.
Zan Tabak va a tener que perder muchas horas de sueño para convertir este amasijo de jugadores desmoralizados, inapetentes y superados por la situación en un colectivo sólido y capaz de dar la cara en los partidos. Tal y como está ahora, resulta aterradora la visita de mañana del Unicaja o cualquier otra cita de mínima exigencia. Al técnico croata se le pueden achacar pocas responsabilidades por el desastre perpetrado en la cancha lituana. Si acaso, que es lo que sí se esperaba, que no hubiera siquiera conseguido alterar mínimamente el estado depresivo de un equipo que se viene abajo a las primeras de cambio, que se desploma sobre la lona ante el primer revés.
Las dudas y los nervios con los que el cuadro baskonista saltó a la cancha propiciaron que ese primer golpe a la mandíbula no tardara en llegar. Un equipo que acudía a una cita trascendental demasiado corto de efectivos, sobre todo en la pintura, tuvo que soportar que dos piezas en principio fundamentales como Maciej Lampe y Brad Oleson se borraran del partido al cometer dos faltas que los llevaron al banco.
Tabak, como en su día Ivanovic, tuvo que recurrir a Nocioni como cuatro y Joan Plaza supo ganarle la partida de ajedrez haciendo gala del sensacional fondo de armario del que dispone el Zalgiris. El maestro humilló a su discípulo en su bautismo en la Euroliga. Aunque jugaba con mucha ventaja, con una excepcional batería de pívots que ante la ausencia de Lampe, la incapacidad de un Milko Bjelica que cada día que pasa genera más dudas y la ternura de Pleiss, terminaron de decantar el partido en la pelea por el rebote. Los números lo decían todo al final del partido. Ningún equipo pueda aspirar a ganar un partido en la máxima competición del baloncesto continental si regala 23 capturas ofensivas al rival. El bagaje global en la pelea bajo los tableros (49-23) no retrata ya sólo la brutal tiranía que el Zalgiris impuso cerca de los aros, sino también la abulia con la que una vez más el equipo encaró una cita que se presumía vital para conservar las opciones de clasificación para el Top 16.
Al Baskonia no le queda ya margen de error. Tampoco argumentos para que su afición siga soñando. La realidad marca que este equipo, al que sólo un milagro y quizá la injusticia divina colarían en la siguiente fase del torneo, no lo merece ni por asomo. Mucho tendrán que cambiar las cosas con Tabak, al que se le debe conceder tiempo para enmendar el desaguisado con el que se ha topado, para que el proyecto resulte competitivo en cualquier competición. A buen seguro hará falta que se muevan más fichas en los despachos para enmendar una plantilla que cada vez está quedando más claro que no da la talla, más allá de que se haya jugado el recurso del revulsivo con Tabak.
El Zalgiris, un gran equipo, sacó a relucir todas las carencias, que son muchas, de un Caja Laboral que jamás estuvo en el partido. Ni una sola vez llegó a ponerse por delante en el marcador. Jamás llegó a ofrecer la impresión de que podía pelear por la victoria. Si el objetivo para este curso, más que los títulos, era recobrar la capacidad para competir, a este equipo le queda un largo camino para acercarse. Y habrá que ver si alguna vez lo consigue. Por de pronto, ayer ofreció a su desconsolada hinchada una humillación que no merecía y no le resultará fácil de olvidar.
Viernes, 23 de noviembre de 2012
82-45
Caja Laboral (15+9+9+12): Heurtel (2), Oleson (2), Nocioni (10), M.Bjelica (4), Lampe (5) -cinco inicial-, Rochestie (1), San Emeterio (3), Pleiss (6), Causeur (10) y Cabezas (2).
Árbitros: Lamonica (ITA), Ankarali (TUR). Kowalski (POL). Técnica a Nocioni (min.35). Eliminado Nocioni (min.35).
Pabellón: 15.310 espectadores en el Zalgirio Arena de Kaunas.
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20/11/12
Un equipo sin norte
El Obradoiro precipita la destitución de Ivanovic con su primer triunfo en Vitoria ante un rival descompuesto
Podría haber encontrado un final mucho más ajustado a la grandeza con la que ha ejercido su labor en el Baskonia, pero el partido que pasará a la historia como el último de Dusko Ivanovic al frente del conjunto azulgrana tuvo muy poco de sus épocas más gloriosas y demasiado del suplicio que al final ha conducido a esta situación. El Blusens Monbus, el Obradoiro, ejerció el papel de verdugo que podría haberle tocado interpretar a cualquier otro rival y sacó a relucir las miserias de un equipo que ya vagaba sin norte. La primera victoria de los gallegos en Vitoria retrató la descomposición de un Caja Laboral que mucho tendrá que cambiar en cuestión de días si tiene previsto presentarse en Kaunas con la idea de sumar su segunda victoria en la Euroliga.
En una cita que se antojaba crucial para el destino del entrenador, nadie hizo nada por evitar el desastre. Como si todo estuviera ya visto para sentencia –algo que en realidad era así–, el conjunto azulgrana prolongó su estado de indolencia habitual y ofreció una nueva exhibición de impotencia que provocó que incluso la grada, que en gran parte había acudido al coliseo de Zurbano con los cuchillos afilados, se apiadara del equipo y de su eterno sargento de hierro. La hinchada azulgrana se vio obligada a ofrecer compasión ante la manifiesta demostración de impotencia que, esta vez ante un rival apañado pero de talla menor, volvió a presenciarse sobre el parqué del Buesa Arena.
Ivanovic, que había mantenido la víspera una reunión con sus jugadores, cambió en parte sus procedimientos habituales. Redujo su frenético ritmo de rotaciones, concedió la dirección de juego a Taylor Richestie por encima de un Carlos Cabezas que siguió relegado a un plano residual sin que parezca en absoluto lógico y quiso fiar su suerte al empuje de, sobre todo, los pesos pesados del equipo, de los veteranos. Pero fue en balde. En parte porque el grupo volvió a mostrarse carente de ideas en ataque y asfixiado en defensa y, sobre todo, porque todo esto daba la impresión de que llegaba demasiado tarde.
Cosas de la vida, un ex del equipo azulgrana, Andrés Rodríguez, se convirtió en el encargado de dar la puntilla a Ivanovic. Dominó el partido a su antojo, marcó el ritmo que convenía a su equipo y tomó decisiones tan acertadas como dolorosas para un Baskonia que hasta el descanso se pudo mantener en el partido gracias al excepcional acierto triplista de Nocioni. En el tercer cuarto ya no hubo maquillaje. Sólo un baño de dolorosa realidad y un Obradoiro que llegó a gustarse. El equipo acabó el partido muerto. Tan muerto como ha estado las últimas semanas. Ahora queda por ver si el relevo le devuelve las constantes vitales.
Caja Laboral (20+16+12+20): Rochestie (3), Oleson (7), Nocioni (21), Bjelica (4), Lampe (12) -cinco inicial-, Cabezas, Causeur (8), Pleiss (5), San Emeterio (5) y Heurtel (3).
Blusens Monbus (14+25+21+17): Rodríguez (5), Pumrpla (12), Dewar, Mejri (21), Kendall (13)-cinco inicial-, Hummel (12), Corbacho (11) y Bufford (3)
Árbitros: García González, Sánchez Montserrat, Fernández. Sin eliminados
Incidencias: Buesa Arena ante 10.097 espectadores.
Podría haber encontrado un final mucho más ajustado a la grandeza con la que ha ejercido su labor en el Baskonia, pero el partido que pasará a la historia como el último de Dusko Ivanovic al frente del conjunto azulgrana tuvo muy poco de sus épocas más gloriosas y demasiado del suplicio que al final ha conducido a esta situación. El Blusens Monbus, el Obradoiro, ejerció el papel de verdugo que podría haberle tocado interpretar a cualquier otro rival y sacó a relucir las miserias de un equipo que ya vagaba sin norte. La primera victoria de los gallegos en Vitoria retrató la descomposición de un Caja Laboral que mucho tendrá que cambiar en cuestión de días si tiene previsto presentarse en Kaunas con la idea de sumar su segunda victoria en la Euroliga.
En una cita que se antojaba crucial para el destino del entrenador, nadie hizo nada por evitar el desastre. Como si todo estuviera ya visto para sentencia –algo que en realidad era así–, el conjunto azulgrana prolongó su estado de indolencia habitual y ofreció una nueva exhibición de impotencia que provocó que incluso la grada, que en gran parte había acudido al coliseo de Zurbano con los cuchillos afilados, se apiadara del equipo y de su eterno sargento de hierro. La hinchada azulgrana se vio obligada a ofrecer compasión ante la manifiesta demostración de impotencia que, esta vez ante un rival apañado pero de talla menor, volvió a presenciarse sobre el parqué del Buesa Arena.
Ivanovic, que había mantenido la víspera una reunión con sus jugadores, cambió en parte sus procedimientos habituales. Redujo su frenético ritmo de rotaciones, concedió la dirección de juego a Taylor Richestie por encima de un Carlos Cabezas que siguió relegado a un plano residual sin que parezca en absoluto lógico y quiso fiar su suerte al empuje de, sobre todo, los pesos pesados del equipo, de los veteranos. Pero fue en balde. En parte porque el grupo volvió a mostrarse carente de ideas en ataque y asfixiado en defensa y, sobre todo, porque todo esto daba la impresión de que llegaba demasiado tarde.
Cosas de la vida, un ex del equipo azulgrana, Andrés Rodríguez, se convirtió en el encargado de dar la puntilla a Ivanovic. Dominó el partido a su antojo, marcó el ritmo que convenía a su equipo y tomó decisiones tan acertadas como dolorosas para un Baskonia que hasta el descanso se pudo mantener en el partido gracias al excepcional acierto triplista de Nocioni. En el tercer cuarto ya no hubo maquillaje. Sólo un baño de dolorosa realidad y un Obradoiro que llegó a gustarse. El equipo acabó el partido muerto. Tan muerto como ha estado las últimas semanas. Ahora queda por ver si el relevo le devuelve las constantes vitales.
Domingo, 18 de noviembre de 2012
68-77
Blusens Monbus (14+25+21+17): Rodríguez (5), Pumrpla (12), Dewar, Mejri (21), Kendall (13)-cinco inicial-, Hummel (12), Corbacho (11) y Bufford (3)
Árbitros: García González, Sánchez Montserrat, Fernández. Sin eliminados
Incidencias: Buesa Arena ante 10.097 espectadores.
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17/11/12
Consumido por la impotencia
EL BASKONIA DILAPIDA SUS ESCASAS OPCIONES DE ACCESO AL 'TOP 16' EN UN DUELO QUE QUISO PERO NUNCA PUDO GANAR
Josean Querejeta va a tener que empezar a explicar a los socios del Baskonia por qué el club incluye los duelos del Top 16 en las cuentas que saca para establecer el coste por partido de los abonos. El equipo azulgrana se encuentra muy cerca, esta vez sí, de certificar su defunción prematura en la Euroliga. Por segundo año consecutivo, salvo mediación divina que pasa más por creer en las opciones matemáticas que en su baloncesto, el conjunto vitoriano parece abocado a quedarse fuera de una élite a la que le había costado mucho sudor y sangre llegar.
El Caja Laboral se derritió como un azucarillo en el momento en el que se le pedía que exhibiera su verdadera medida. En un duelo que no admitía medias tintas ni titubeos, mostró unos niveles de ansiedad e impotencia que hacen de su más que posible eliminación continental una consecuencia lógica a los méritos contraídos desde que arrancó la competición. En la Euroliga te encuentras con muy pocos equipos débiles, con escasas pistas fáciles. Hoy en día, duela o no, este Caja Laboral se ha convertido en uno de los peores equipos del torneo. O al menos uno de los menos consistentes cuando llegan los momentos calientes. Y el Buesa Arena, los números hablan, es una cancha de la que todos los visitantes se han marchado por el momento con una victoria.
El equipo vive en un continuo querer y no poder. Muestra una debilidad mental que le hace besar la lona al más mínimo revés y parece desconcertado con una dirección desde el banquillo que ayuda lo justo a imponer la cordura. Ivanovic, a quien buena parte de la afición despidió con pitos, volvió a mostrar demasiadas dudas. No sólo con sus decisiones, sino también con un lenguaje gestual que situó a algunos jugadores en el punto de mira.
La cita exigía que el cuadro baskonista echara toda la carne en el asador y lo intentó mientras aguantaron la fe y la confianza en sus propias posibilidades. En un arranque de partido que invitaba a presagiar un desenlace bien diferente, se dejó llevar por la relevancia de la cita y el excepcional aspecto que presentaba el coliseo de Zurbano y amasó unas tímidas ventajas que no tardaron en irse por el sumidero. Como sucedió en la cita frente al Zalgiris, bastó con que el equipo heleno elevara la intensidad defensiva para que las costuras y las dudas del Caja Laboral comenzaran a aflorar.
Con un Spanoulis que manejó a su antojo el partido y tres interiores móviles e intensos como Hines, Powell y Printzesis, el vigente campeón continental no sólo logró adueñarse poco a poco del partido con unas rentas que manejaría con cierta comodidad hasta el epílogo, sino que también sacó a relucir sin demasiado esfuerzo la inconsistencia de un grupo de jugadores que en muchos casos cometieron errores impropios de este nivel.
La exigencia de los duelos trascendentales a los que ha tenido que hacer frente en un margen muy corto de tiempo ha cortado la progresión de un equipo que cuando no está bajo presión es sin embargo capaz de desarrollar un juego más que atractivo. Pero eso vale de poco cuando el objetivo es mirar a los ojos a los grandes clubes del continente y de menos aún cuando lo que viene por delante, porque mientras haya vida habrá esperanza, va a resultar de una exigencia aún más extrema que lo que ya está en los almanaques.
Al nuevo proyecto baskonista le ha tocado ser hombre sin casi haber tenido tiempo de disfrutar la adolescencia. Pero es lo que hay. Se encuentra al borde del abismo y lo peor de todo es que envía señales equívocas que invitan a pensar que en determinados partidos se desanda gran parte del camino recorrido. Grave se antoja también la evidente división que se apreció en el Buesa Arena entre gran parte de la grada y el equipo. O más concretamente su técnico.
Josean Querejeta tiene ahora muchas cosas en las que pensar. La derrota del Armani Milán ofrece un balón de oxígeno que convendría que no fuese sólo una prolongación de la agonía. El problema no son las cuentas, que pueden salir y otras veces lo han hecho. Es el juego.
CAJA LABORAL: Nocioni (12), Causeur (6), Heurtel (11), M.Bjelica (3) y Lampe (9) -cinco inicial-, Oleson (13), Cabezas (2), Pleiss (4), San Emeterio (12) y Rochestie.
OLYMPIACOS: Mavroeidis, Spanoulis (14), Papanikolau (13), Mantzaris(1), Printezis (11) -cinco inicial-, Sloukas (7), Law (4), Antic (9), Hines (18), Perperoglou y Powell (12).
PARCIALES: 19-22, 21-25, 11-22 y 21-20.
ARBITROS: Ilija Belosevic (Serbia), Jakub Zamojski (Polonia), Luis Lopes (Portugal). Eliminado Nocioni (min.31). Técnicas a Antic y Nocioni.
Josean Querejeta va a tener que empezar a explicar a los socios del Baskonia por qué el club incluye los duelos del Top 16 en las cuentas que saca para establecer el coste por partido de los abonos. El equipo azulgrana se encuentra muy cerca, esta vez sí, de certificar su defunción prematura en la Euroliga. Por segundo año consecutivo, salvo mediación divina que pasa más por creer en las opciones matemáticas que en su baloncesto, el conjunto vitoriano parece abocado a quedarse fuera de una élite a la que le había costado mucho sudor y sangre llegar.
El Caja Laboral se derritió como un azucarillo en el momento en el que se le pedía que exhibiera su verdadera medida. En un duelo que no admitía medias tintas ni titubeos, mostró unos niveles de ansiedad e impotencia que hacen de su más que posible eliminación continental una consecuencia lógica a los méritos contraídos desde que arrancó la competición. En la Euroliga te encuentras con muy pocos equipos débiles, con escasas pistas fáciles. Hoy en día, duela o no, este Caja Laboral se ha convertido en uno de los peores equipos del torneo. O al menos uno de los menos consistentes cuando llegan los momentos calientes. Y el Buesa Arena, los números hablan, es una cancha de la que todos los visitantes se han marchado por el momento con una victoria.
El equipo vive en un continuo querer y no poder. Muestra una debilidad mental que le hace besar la lona al más mínimo revés y parece desconcertado con una dirección desde el banquillo que ayuda lo justo a imponer la cordura. Ivanovic, a quien buena parte de la afición despidió con pitos, volvió a mostrar demasiadas dudas. No sólo con sus decisiones, sino también con un lenguaje gestual que situó a algunos jugadores en el punto de mira.
La cita exigía que el cuadro baskonista echara toda la carne en el asador y lo intentó mientras aguantaron la fe y la confianza en sus propias posibilidades. En un arranque de partido que invitaba a presagiar un desenlace bien diferente, se dejó llevar por la relevancia de la cita y el excepcional aspecto que presentaba el coliseo de Zurbano y amasó unas tímidas ventajas que no tardaron en irse por el sumidero. Como sucedió en la cita frente al Zalgiris, bastó con que el equipo heleno elevara la intensidad defensiva para que las costuras y las dudas del Caja Laboral comenzaran a aflorar.
Con un Spanoulis que manejó a su antojo el partido y tres interiores móviles e intensos como Hines, Powell y Printzesis, el vigente campeón continental no sólo logró adueñarse poco a poco del partido con unas rentas que manejaría con cierta comodidad hasta el epílogo, sino que también sacó a relucir sin demasiado esfuerzo la inconsistencia de un grupo de jugadores que en muchos casos cometieron errores impropios de este nivel.
La exigencia de los duelos trascendentales a los que ha tenido que hacer frente en un margen muy corto de tiempo ha cortado la progresión de un equipo que cuando no está bajo presión es sin embargo capaz de desarrollar un juego más que atractivo. Pero eso vale de poco cuando el objetivo es mirar a los ojos a los grandes clubes del continente y de menos aún cuando lo que viene por delante, porque mientras haya vida habrá esperanza, va a resultar de una exigencia aún más extrema que lo que ya está en los almanaques.
Al nuevo proyecto baskonista le ha tocado ser hombre sin casi haber tenido tiempo de disfrutar la adolescencia. Pero es lo que hay. Se encuentra al borde del abismo y lo peor de todo es que envía señales equívocas que invitan a pensar que en determinados partidos se desanda gran parte del camino recorrido. Grave se antoja también la evidente división que se apreció en el Buesa Arena entre gran parte de la grada y el equipo. O más concretamente su técnico.
Josean Querejeta tiene ahora muchas cosas en las que pensar. La derrota del Armani Milán ofrece un balón de oxígeno que convendría que no fuese sólo una prolongación de la agonía. El problema no son las cuentas, que pueden salir y otras veces lo han hecho. Es el juego.
Viernes, 16 de noviembre de 2012
72-89
OLYMPIACOS: Mavroeidis, Spanoulis (14), Papanikolau (13), Mantzaris(1), Printezis (11) -cinco inicial-, Sloukas (7), Law (4), Antic (9), Hines (18), Perperoglou y Powell (12).
PARCIALES: 19-22, 21-25, 11-22 y 21-20.
ARBITROS: Ilija Belosevic (Serbia), Jakub Zamojski (Polonia), Luis Lopes (Portugal). Eliminado Nocioni (min.31). Técnicas a Antic y Nocioni.
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Spanoulis,
Thomas Heurtel
12/11/12
Carácter y dudas
El Caja Laboral se apoya en la fe y el corazón de los que quisieron creer y remonta un partido abocado al desastre
Mucho se ha hablado a lo largo de las últimas semanas sobre el carácter bipolar del nuevo Caja Laboral. El equipo azulgrana tiene dos caras que no sólo varían de un partido a otro, sino que pueden manifestarse incluso en las dos mitades de un mismo envite, como volvió a quedar patente ayer en Valencia. Los pupilos de Dusko Ivanovic escaparon victoriosos de La Fonteta, escenario propicio, tras remontar un encuentro que en la primera parte se había convertido en una prolongación del desastre perpetrado dos días antes en Zagreb. Tras haber marchado a remolque en el marcador durante media hora, con desventajas que llegaron a alcanzar los dieciséis puntos, conquistaron una victoria que, sin embargo, no puede silenciar las preocupantes señales que envía en determinados momentos un equipo que es al mismo tiempo capaz de caer en la más profunda de las depresiones y de rozar el cielo baloncestístico en cuestión de segundos.
En el duelo ante el Valencia Basket de Velimir Perasovic, el tercer rival de entidad consecutivo en la competición doméstica, el cuadro baskonista exhibió la versión más extrema de ambas facetas. Se mostró como un equipo abúlico, impotente e inconsistente de inicio y como un bloque voluntarioso, decidido y solidario en una segunda parte en la que destrozó sin piedad a un rival que acabó sobrepasado y preguntándose cómo un encuentro que parecía tener ganado se le acabó yendo de las manos de esa forma.
Si cualquier aficionado hubiera visto sólo la primera mitad del encuentro, con una bochornosa puesta en escena trufada de pérdidas de balón y defensas de mantequilla que prolongó hasta el 19-2 la inercia inicial de un Valencia que sí parecía estar por la labor, habría concluido que este Caja Laboral es un equipo de saldo con muchos problemas estructurales y evidentes deficiencias de motivación. Si en cambio hubiera visto sólo la segunda, que arrancó con un tercer cuarto demoledor (13-27) y se consolidó con un final en el que se tomaron correctas decisiones y se defendió con el alma, habría pensado que nos encontramos ante un candidato a ganar cualquier título que se le ponga a tiro.
En realidad este Caja Laboral no es ni una cosa ni la otra. Es las dos y ninguna al mismo tiempo. Parece claro que hay materia prima para edificar un proyecto con la suficiente solidez como para evitar las vergüenzas de los dos cursos precedentes y volver a mirar a los ojos a los grandes. Pero también que a Dusko Ivanovic le está costando demasiado darle forma e imprimirle un carácter que no parecen poseer todos sus pupilos.
Ayer algunos quedaron en entredicho. Mientras jugadores como Nocioni y San Emeterio, que más allá de que estén más o menos acertados siempre dan la cara, se echaron a las espaldas el equipo para buscar una remontada que bien entrado el segundo cuarto se antojaba más imposible por sensaciones que por resultado, otros presenciaron la voltereta del marcador desde el banquillo en una segunda mitad en la que no pisaron el parqué.
Los que quisieron estar estuvieron. A la misión suicida del argentino y el cántabro se sumaron otros y al final Ivanovic, que sigue sin conseguir que este equipo despliegue un buen baloncesto, fió la su suerte a la voluntad de un grupo de chalados que quisieron creer en el milagro y acabaron por agarrarlo con los dientes.
El Caja Laboral no fue mejor que el Valencia Basket. Pero buscó la victoria con todas las ganas que le faltaron en Zagreb o en la segunda mitad del duelo ante el Efes. Con un Causeur celestial, tremendamente inspirado en ataque e intenso en defensa, y un Tibor Pleiss que evidenció ante los superados postes taronjas el ilusionante potencial de que dispone, el cuadro azulgrana supo disimular unas carencias que en algunos casos parecen más bien escasa claridad de ideas y en otros sólo falta de motivación.
Ivanovic sigue sin lanzarse a conceder galones a ninguno de sus bases a estas alturas del curso y se está pagando caro. Cabezas es por el momento el que mejor responde, pero juega bajo la lupa. Y eso en un equipo que carece de automatismos y que anda muy corto de ideas en ataque resulta casi suicida. Más allá del uno contra uno y de los movimientos para buscar el bloqueo y continuación hay muy poco.
Algunos partidos podrán salvarlos la fe, la entrega y el músculo. Pero eso tiene un límite. No se puede vivir eternamente de las exhibiciones de testosterona. Hay rivales ante los que no resulta suficiente. En la ACB hasta ahora ha bastado. Pero no en la Euroliga. El enfrentamiento ante tres de los grandes de la ACB se ha superado con nota, con dos victorias y una derrota en la prórroga, pero mal harían la directiva o los técnicos en dejarse llevar por el resultadismo y obviar los evidentes mensajes de alarma que envía el equipo y requieren de una solución inmediata.
Valencia Basket (20+27+13+15): San Miguel (4), Martínez (7), Pietrus, Dubljevic (8), Lishchuk (12) -cinco titular-, Markovic, Ribas (16), Faverani (4), Doellman (13) y Quinn (11).
Caja Laboral (14+20+27+18): Rochestie (2), Oleson (4), San Emeterio (15), Milko Bjelica (5), Lampe -cinco titular-, Heurtel, Cabezas (6) , Pleiss (9), Nocioni (16) y Causeur (22).
Árbitros: Redondo, Jiménez y Castillo. Eliminaron a los locales Markovic (m.38) y al visitante Bjelica (m.35).
Mucho se ha hablado a lo largo de las últimas semanas sobre el carácter bipolar del nuevo Caja Laboral. El equipo azulgrana tiene dos caras que no sólo varían de un partido a otro, sino que pueden manifestarse incluso en las dos mitades de un mismo envite, como volvió a quedar patente ayer en Valencia. Los pupilos de Dusko Ivanovic escaparon victoriosos de La Fonteta, escenario propicio, tras remontar un encuentro que en la primera parte se había convertido en una prolongación del desastre perpetrado dos días antes en Zagreb. Tras haber marchado a remolque en el marcador durante media hora, con desventajas que llegaron a alcanzar los dieciséis puntos, conquistaron una victoria que, sin embargo, no puede silenciar las preocupantes señales que envía en determinados momentos un equipo que es al mismo tiempo capaz de caer en la más profunda de las depresiones y de rozar el cielo baloncestístico en cuestión de segundos.
En el duelo ante el Valencia Basket de Velimir Perasovic, el tercer rival de entidad consecutivo en la competición doméstica, el cuadro baskonista exhibió la versión más extrema de ambas facetas. Se mostró como un equipo abúlico, impotente e inconsistente de inicio y como un bloque voluntarioso, decidido y solidario en una segunda parte en la que destrozó sin piedad a un rival que acabó sobrepasado y preguntándose cómo un encuentro que parecía tener ganado se le acabó yendo de las manos de esa forma.
Si cualquier aficionado hubiera visto sólo la primera mitad del encuentro, con una bochornosa puesta en escena trufada de pérdidas de balón y defensas de mantequilla que prolongó hasta el 19-2 la inercia inicial de un Valencia que sí parecía estar por la labor, habría concluido que este Caja Laboral es un equipo de saldo con muchos problemas estructurales y evidentes deficiencias de motivación. Si en cambio hubiera visto sólo la segunda, que arrancó con un tercer cuarto demoledor (13-27) y se consolidó con un final en el que se tomaron correctas decisiones y se defendió con el alma, habría pensado que nos encontramos ante un candidato a ganar cualquier título que se le ponga a tiro.
En realidad este Caja Laboral no es ni una cosa ni la otra. Es las dos y ninguna al mismo tiempo. Parece claro que hay materia prima para edificar un proyecto con la suficiente solidez como para evitar las vergüenzas de los dos cursos precedentes y volver a mirar a los ojos a los grandes. Pero también que a Dusko Ivanovic le está costando demasiado darle forma e imprimirle un carácter que no parecen poseer todos sus pupilos.
Ayer algunos quedaron en entredicho. Mientras jugadores como Nocioni y San Emeterio, que más allá de que estén más o menos acertados siempre dan la cara, se echaron a las espaldas el equipo para buscar una remontada que bien entrado el segundo cuarto se antojaba más imposible por sensaciones que por resultado, otros presenciaron la voltereta del marcador desde el banquillo en una segunda mitad en la que no pisaron el parqué.
Los que quisieron estar estuvieron. A la misión suicida del argentino y el cántabro se sumaron otros y al final Ivanovic, que sigue sin conseguir que este equipo despliegue un buen baloncesto, fió la su suerte a la voluntad de un grupo de chalados que quisieron creer en el milagro y acabaron por agarrarlo con los dientes.
El Caja Laboral no fue mejor que el Valencia Basket. Pero buscó la victoria con todas las ganas que le faltaron en Zagreb o en la segunda mitad del duelo ante el Efes. Con un Causeur celestial, tremendamente inspirado en ataque e intenso en defensa, y un Tibor Pleiss que evidenció ante los superados postes taronjas el ilusionante potencial de que dispone, el cuadro azulgrana supo disimular unas carencias que en algunos casos parecen más bien escasa claridad de ideas y en otros sólo falta de motivación.
Ivanovic sigue sin lanzarse a conceder galones a ninguno de sus bases a estas alturas del curso y se está pagando caro. Cabezas es por el momento el que mejor responde, pero juega bajo la lupa. Y eso en un equipo que carece de automatismos y que anda muy corto de ideas en ataque resulta casi suicida. Más allá del uno contra uno y de los movimientos para buscar el bloqueo y continuación hay muy poco.
Algunos partidos podrán salvarlos la fe, la entrega y el músculo. Pero eso tiene un límite. No se puede vivir eternamente de las exhibiciones de testosterona. Hay rivales ante los que no resulta suficiente. En la ACB hasta ahora ha bastado. Pero no en la Euroliga. El enfrentamiento ante tres de los grandes de la ACB se ha superado con nota, con dos victorias y una derrota en la prórroga, pero mal harían la directiva o los técnicos en dejarse llevar por el resultadismo y obviar los evidentes mensajes de alarma que envía el equipo y requieren de una solución inmediata.
Domingo, 11 de noviembre de 2012
75-79
Caja Laboral (14+20+27+18): Rochestie (2), Oleson (4), San Emeterio (15), Milko Bjelica (5), Lampe -cinco titular-, Heurtel, Cabezas (6) , Pleiss (9), Nocioni (16) y Causeur (22).
Árbitros: Redondo, Jiménez y Castillo. Eliminaron a los locales Markovic (m.38) y al visitante Bjelica (m.35).
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Castigo a la desidia
UN BASKONIA APÁTICO HIPOTECA SUS YA REDUCIDAS OPCIONES DE TOP 16 Y METE EN LA PELEA AL CEDEVITA en un partido en el que rescató su versión más desesperante
Si había poco margen de error, ahora ya no queda ninguno. El Caja Laboral hipotecó ayer en Zagreb su andadura en una Euroliga que le está concediendo más oportunidades de las que merece y vuelve a sentir en la nuca el aliento del fantasma de la eliminación por la vía rápida que conoció el pasado año por vez primera. Se lo ganó a pulso. En un partido a vida o muerte, ante en teoría el rival más accesible de su complicado lote, el conjunto azulgrana se suicidó con un ejercicio de desidia colectiva que puede acabar costando el pase al Top 16 y que echa por tierra toda la ilusión que había sembrado entre sus aficionados tras la convincente victoria del domingo ante el Barça.
El Cedevita de Boza Maljkovic, que se había vestido la piel de cordero pero sabía que por el partido de ayer pasaban todas sus esperanzas de vida, se merendó por ganas, actitud y conceptos a un rival que fue netamente inferior de principio a fin. Los croatas, con las ideas bien claras, salieron a por una victoria que necesitaban y se la acabaron echando al zurrón. Los vitorianos, en cambio, pensaron que bastaba con presentarse para sumar la victoria y vieron como el cántaro de la lechera con el que hacían las cuentas para la clasificación saltaba en pedazos.
A citas como las de ayer no se puede acudir a verlas venir. Como los malos estudiantes, el equipo azulgrana vuelve a dejar los deberes para última hora. Sólo el tiempo y su capacidad para enderezar un rumbo que aún marcha a bandazos determinará si este colectivo, que ayer cuajó una actuación incluso más decepcionante que la de una semana atrás ante el Efes, está capacitado para obrar milagros.
El Cedevita mostró desde el inicio una mayor tensión y equilibró la diferencia de talento que se presuponía -aunque a la postre quedó en entredicho- con altas dosis de entrega que se tradujeron en un puñado de segundas opciones en ataque. Los postes baskonistas se mostraron demasiado blandos y el Caja Laboral volvió a desangrarse en el rebote sin remisión. Andric y Bilan hallaron muchas facilidades para producir y sacaron los colores a un equipo que durante los primeros veinte minutos ofreció su versión más desesperante.
La calidad de algunos jugadores permitió disimular la desidia con la que el cuadro azulgrana se presentó en el desangelado Drazen Petrovic de Zagreb. El primer acto se convirtió en un intercambio de golpes y ahí este Caja Laboral se siente muy cómodo. No defendía, pero anotaba. Los problemas surgieron cuando comenzaron las rotaciones y los pupilos de Boza Maljkovic apretaron los dientes atrás.
Tuvieron que pasar casi seis minutos del segundo cuarto para que el Caja Laboral volviera a anotar. Ahí comenzaron a encenderse las alarmas. Algo olía mal. Se percibía en las caras, en el lenguaje corporal. El autor de esa canasta que cortó un parcial de 7-0 fue un Rochestie que aparecía como tercera alternativa para una dirección de juego para la que ninguno de los bases supo dar la talla. Tampoco Ivanovic y su política de castigos.
Sin identidad
Si había poco margen de error, ahora ya no queda ninguno. El Caja Laboral hipotecó ayer en Zagreb su andadura en una Euroliga que le está concediendo más oportunidades de las que merece y vuelve a sentir en la nuca el aliento del fantasma de la eliminación por la vía rápida que conoció el pasado año por vez primera. Se lo ganó a pulso. En un partido a vida o muerte, ante en teoría el rival más accesible de su complicado lote, el conjunto azulgrana se suicidó con un ejercicio de desidia colectiva que puede acabar costando el pase al Top 16 y que echa por tierra toda la ilusión que había sembrado entre sus aficionados tras la convincente victoria del domingo ante el Barça.
El Cedevita de Boza Maljkovic, que se había vestido la piel de cordero pero sabía que por el partido de ayer pasaban todas sus esperanzas de vida, se merendó por ganas, actitud y conceptos a un rival que fue netamente inferior de principio a fin. Los croatas, con las ideas bien claras, salieron a por una victoria que necesitaban y se la acabaron echando al zurrón. Los vitorianos, en cambio, pensaron que bastaba con presentarse para sumar la victoria y vieron como el cántaro de la lechera con el que hacían las cuentas para la clasificación saltaba en pedazos.
A citas como las de ayer no se puede acudir a verlas venir. Como los malos estudiantes, el equipo azulgrana vuelve a dejar los deberes para última hora. Sólo el tiempo y su capacidad para enderezar un rumbo que aún marcha a bandazos determinará si este colectivo, que ayer cuajó una actuación incluso más decepcionante que la de una semana atrás ante el Efes, está capacitado para obrar milagros.
El Cedevita mostró desde el inicio una mayor tensión y equilibró la diferencia de talento que se presuponía -aunque a la postre quedó en entredicho- con altas dosis de entrega que se tradujeron en un puñado de segundas opciones en ataque. Los postes baskonistas se mostraron demasiado blandos y el Caja Laboral volvió a desangrarse en el rebote sin remisión. Andric y Bilan hallaron muchas facilidades para producir y sacaron los colores a un equipo que durante los primeros veinte minutos ofreció su versión más desesperante.
La calidad de algunos jugadores permitió disimular la desidia con la que el cuadro azulgrana se presentó en el desangelado Drazen Petrovic de Zagreb. El primer acto se convirtió en un intercambio de golpes y ahí este Caja Laboral se siente muy cómodo. No defendía, pero anotaba. Los problemas surgieron cuando comenzaron las rotaciones y los pupilos de Boza Maljkovic apretaron los dientes atrás.
Tuvieron que pasar casi seis minutos del segundo cuarto para que el Caja Laboral volviera a anotar. Ahí comenzaron a encenderse las alarmas. Algo olía mal. Se percibía en las caras, en el lenguaje corporal. El autor de esa canasta que cortó un parcial de 7-0 fue un Rochestie que aparecía como tercera alternativa para una dirección de juego para la que ninguno de los bases supo dar la talla. Tampoco Ivanovic y su política de castigos.
Sin identidad
Heurtel volvió a salir de inicio para desaparecer por completo hasta el último cuarto. Cabezas fue más respuesta individual que líder y Rochestie evidenció que aún no está en condiciones de asumir el mando. Pero el hecho de que el entrenador mande señales tan equívocas desde el banco impide que cualquiera de ellos adquiera la confianza necesaria para imponer un estilo a un equipo bipolar y que por momentos da la impresión de no saber a qué juega.
Al equipo se le volvió a apagar la luz durante veinte minutos. Aunque en esta ocasión fue en el segundo y el tercer cuarto, en los que anotó 10 y 12 puntos respectivamente. Aun así, alcanzó el último acto con una desventaja asumible en otras circunstancias y en otros ambientes (58-46). Ivanovic apostó por un quinteto atípico, en el que detectaba más músculo o ganas, y se olvidó por completo del que quizá sea el mejor jugador de la plantilla. Nemanja Bjelica presenció ese cuarto final desde el banquillo. Vio, como el resto, a un equipo descabezado, en el que cada uno hacía la guerra por su cuenta y que naufragó pese a la fe que trató de inocular un Andrés Nocioni que sigue pasado de revoluciones.
Todo fue en balde. Ayer volvió a salir cruz. El Caja Laboral acabó cosechando la derrota que merecía y se complica más la clasificación. Se encienden las alarmas en el Buesa Arena ante la posibilidad de volver a dejar al abonado sin Top 16. Podría tomarse como un consuelo que el Baskonia dependa de sí mismo, de no ser porque es precisamente el propio Baskonia el que con su bipolaridad general las dudas. Además, con la victoria el Cedevita se mete en la pelea. Hay vida, y por tanto esperanza. La incógnita pasa por saber si hay equipo con los suficientes arrestos como para invitar a la devota hinchada azulgrana a seguir creyendo en milagros.
CEDEVITA ZAGREB: Green (6), Wright (14), Suput (12), Babic y Bilan (16) -cinco inicial-, Ilievski (3), Gelabale (11), Andric (8), Suton y Tomas (6).
CAJA LABORAL: Heurtel, San Emeterio (15), Nemanja Bjelica (7), Causeur (6), y Lampe (11) -cinco inicial-, Cabezas (6), Nocioni (12), M. Bjelica, Oleson (8), Rochestie (2) y Pleiss (2).
PARCIALES: 24-24, 15-10, 19-12, 18-23.
ÁRBITROS: Grzegorz Ziemblicki (POL), Roberto Chiari (ITA) y Tomas Trawicki (POL). Sin eliminados.
PABELLÓN: Sportova Zagreb.
Al equipo se le volvió a apagar la luz durante veinte minutos. Aunque en esta ocasión fue en el segundo y el tercer cuarto, en los que anotó 10 y 12 puntos respectivamente. Aun así, alcanzó el último acto con una desventaja asumible en otras circunstancias y en otros ambientes (58-46). Ivanovic apostó por un quinteto atípico, en el que detectaba más músculo o ganas, y se olvidó por completo del que quizá sea el mejor jugador de la plantilla. Nemanja Bjelica presenció ese cuarto final desde el banquillo. Vio, como el resto, a un equipo descabezado, en el que cada uno hacía la guerra por su cuenta y que naufragó pese a la fe que trató de inocular un Andrés Nocioni que sigue pasado de revoluciones.
Todo fue en balde. Ayer volvió a salir cruz. El Caja Laboral acabó cosechando la derrota que merecía y se complica más la clasificación. Se encienden las alarmas en el Buesa Arena ante la posibilidad de volver a dejar al abonado sin Top 16. Podría tomarse como un consuelo que el Baskonia dependa de sí mismo, de no ser porque es precisamente el propio Baskonia el que con su bipolaridad general las dudas. Además, con la victoria el Cedevita se mete en la pelea. Hay vida, y por tanto esperanza. La incógnita pasa por saber si hay equipo con los suficientes arrestos como para invitar a la devota hinchada azulgrana a seguir creyendo en milagros.
Viernes, 9 de noviembre de 2012
76-69
CAJA LABORAL: Heurtel, San Emeterio (15), Nemanja Bjelica (7), Causeur (6), y Lampe (11) -cinco inicial-, Cabezas (6), Nocioni (12), M. Bjelica, Oleson (8), Rochestie (2) y Pleiss (2).
PARCIALES: 24-24, 15-10, 19-12, 18-23.
ÁRBITROS: Grzegorz Ziemblicki (POL), Roberto Chiari (ITA) y Tomas Trawicki (POL). Sin eliminados.
PABELLÓN: Sportova Zagreb.
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Pau Ribas,
Tibor Pleiss
29/10/12
Derrota con orgullo
El Caja Laboral confirma ante el Madrid en un duelo apasionante que en Milán ganó algo más que un partido
Había perdido el Caja Laboral en los dos últimos años la capacidad para mirar a los ojos a los que siempre habían sido sus grandes rivales por los títulos. Así que cuando arrancó el curso sólo se le exigía una cosa a la nueva versión del equipo azulgrana. Se le pedía que volviera a competir en las citas de postín, como hizo ayer en el Palacio de los Deportes ante un Real Madrid que acabó imponiendo su mayor fondo de armario en un duelo en el que tuvo que sudar sangre hasta la prórroga y en el que quedó constatado el paso adelante que dio el pasado jueves el equipo.
En Milán el conjunto baskonista ganó algo más que un partido. Recuperó su orgullo, la fe y las señas de identidad que de uno u otro modo han estado presentes en los grandes hitos históricos del club. El feudo del señalado por todos como gran favorito al título sirvió de escenario a la confirmación de lo que quedó apuntado tres días antes en la Euroliga. Donde antes se apreciaba un equipo que se derretía como un azucarillo cuando venían mal dadas, ahora se ve un colectivo sólido que pelea hasta el final. Más allá de cuestiones tácticas y análisis técnicos, donde también este nuevo equipo azulgrana quedaría muy favorecido en las comparaciones con sus versiones precedentes, es en su esencia, en el espíritu indomable que luce y que ayer le permitió llevar a la prórroga un partido que tenía prácticamente perdido, donde reside la materia prima de la que están hechos los sueños de una afición que tiene motivos para volver a otear el horizonte con esperanza. Con 72-61 en el electrónico y poco más de tres minutos por jugarse, cualquiera habría dado por vendido todo el pescado. Pero este Baskonia ya no es cualquiera.
Un parcial de 0-11 trasladó la inquietud a la grada y sembró muchas dudas en el conjunto que dirige el vitoriano Pablo Laso, que ayer supo de primera mano que habrá más de dos invitados al banquete liguero. Un Maciej Lampe imperial, autor de nueve de esos once puntos, certificó la remontada y tras fallar Draper en la penetración, el partido se marchó al tiempo extra con la sensación de que el Caja Laboral llegaba en mejor tendencia que su rival.
Sin embargo, quizá porque ayer no era el día, o simplemente porque la suerte fue esquiva en algunas acciones como un triple de San Emeterio que se salió tras hacer la corbata y que podría haber mantenido al Baskonia con ventaja en la prórroga, al final el duelo cayó del lado del Madrid. Aunque también en estos cinco minutos finales hubo espacio para comprobar la enorme capacidad de sacrificio y las ingentes dosis de fe que se han instalado en el vestuario baskonista. El conjunto blanco llegó a disponer de una nueva renta que parecía definitiva pero que de nuevo no lo fue.
Una canasta de Felipe Reyes, tan sobrio y dañino para el contrario como de costumbre, situó un 80-74 que parecía la puntilla definitiva para el bravo morlaco azulgrana. Pero entonces volvió a aflorar esa ración adicional de autoestima que se ganó en el Mediolanum Forum de Milán y se produjo una nueva remontada que a punto estuvo de resolver la contienda con una victoria visitante. Fueron de nuevo los que están destacando como los dos claros referentes del nuevo Baskonia, Lampe y Nemanja, quienes tiraron del carro. Cinco puntos consecutivos del poste polaco, con triple incluido, y una nueva canasta del combo serbio colocaron al Caja Laboral por delante en el marcador con un puñado de segundos por jugarse. El Madrid, hasta ese momento magistralmente dirigido por Sergio Rodríguez, volvió a dudar. Y ante la duda, buscó a Felipe y a Mirotic. El cordobés forzó una falta y anotó sólo uno de los dos tiros libres, pero el montenegrino logró con apenas cinco segundos por jugarse una canasta que dejaba el partido, por enésima vez, visto para sentencia. Sin embargo, tampoco lo estaba entonces.
El Baskonia sacó de fondo en largo y de repente se produjo un tres contra uno que San Emeterio decidió resolver con un triple. No entró. Ni tampoco los posteriores dos palmeos sobre la bocina de Nemanja que podrían haber supuesto otra prórroga. Ayer no era día para ganar. Ayer era día para confirmar que lo sucedido en Milán no fue un espejismo.
Real Madrid: Sergio Rodríguez (10), Rudy (2), Carlos Suárez (4), Mirotic (16) y Begic (6) -quinteto inicial- Reyes (12), Carroll (13), Slaughter (11), Draper (4) y Pocius (5).
Caja Laboral: Heurtel (2), Causeur (5), Nemanja Bjelica (25), Milko Bjelica (2) y Lampe (22) -quinteto inicial- Cabezas (2), Pleiss (4), Oleson (11), San Emeterio (8).
Parciales: 18-14, 41-32, 58-51, 72-72 y 83-81.
Árbitros: Martín Bertrán, Perea y Pérez Niz.
Pabellón: 8.368 espectadores en el Palacio de los Deportes de Madrid.
Había perdido el Caja Laboral en los dos últimos años la capacidad para mirar a los ojos a los que siempre habían sido sus grandes rivales por los títulos. Así que cuando arrancó el curso sólo se le exigía una cosa a la nueva versión del equipo azulgrana. Se le pedía que volviera a competir en las citas de postín, como hizo ayer en el Palacio de los Deportes ante un Real Madrid que acabó imponiendo su mayor fondo de armario en un duelo en el que tuvo que sudar sangre hasta la prórroga y en el que quedó constatado el paso adelante que dio el pasado jueves el equipo.
En Milán el conjunto baskonista ganó algo más que un partido. Recuperó su orgullo, la fe y las señas de identidad que de uno u otro modo han estado presentes en los grandes hitos históricos del club. El feudo del señalado por todos como gran favorito al título sirvió de escenario a la confirmación de lo que quedó apuntado tres días antes en la Euroliga. Donde antes se apreciaba un equipo que se derretía como un azucarillo cuando venían mal dadas, ahora se ve un colectivo sólido que pelea hasta el final. Más allá de cuestiones tácticas y análisis técnicos, donde también este nuevo equipo azulgrana quedaría muy favorecido en las comparaciones con sus versiones precedentes, es en su esencia, en el espíritu indomable que luce y que ayer le permitió llevar a la prórroga un partido que tenía prácticamente perdido, donde reside la materia prima de la que están hechos los sueños de una afición que tiene motivos para volver a otear el horizonte con esperanza. Con 72-61 en el electrónico y poco más de tres minutos por jugarse, cualquiera habría dado por vendido todo el pescado. Pero este Baskonia ya no es cualquiera.
Un parcial de 0-11 trasladó la inquietud a la grada y sembró muchas dudas en el conjunto que dirige el vitoriano Pablo Laso, que ayer supo de primera mano que habrá más de dos invitados al banquete liguero. Un Maciej Lampe imperial, autor de nueve de esos once puntos, certificó la remontada y tras fallar Draper en la penetración, el partido se marchó al tiempo extra con la sensación de que el Caja Laboral llegaba en mejor tendencia que su rival.
Sin embargo, quizá porque ayer no era el día, o simplemente porque la suerte fue esquiva en algunas acciones como un triple de San Emeterio que se salió tras hacer la corbata y que podría haber mantenido al Baskonia con ventaja en la prórroga, al final el duelo cayó del lado del Madrid. Aunque también en estos cinco minutos finales hubo espacio para comprobar la enorme capacidad de sacrificio y las ingentes dosis de fe que se han instalado en el vestuario baskonista. El conjunto blanco llegó a disponer de una nueva renta que parecía definitiva pero que de nuevo no lo fue.
Una canasta de Felipe Reyes, tan sobrio y dañino para el contrario como de costumbre, situó un 80-74 que parecía la puntilla definitiva para el bravo morlaco azulgrana. Pero entonces volvió a aflorar esa ración adicional de autoestima que se ganó en el Mediolanum Forum de Milán y se produjo una nueva remontada que a punto estuvo de resolver la contienda con una victoria visitante. Fueron de nuevo los que están destacando como los dos claros referentes del nuevo Baskonia, Lampe y Nemanja, quienes tiraron del carro. Cinco puntos consecutivos del poste polaco, con triple incluido, y una nueva canasta del combo serbio colocaron al Caja Laboral por delante en el marcador con un puñado de segundos por jugarse. El Madrid, hasta ese momento magistralmente dirigido por Sergio Rodríguez, volvió a dudar. Y ante la duda, buscó a Felipe y a Mirotic. El cordobés forzó una falta y anotó sólo uno de los dos tiros libres, pero el montenegrino logró con apenas cinco segundos por jugarse una canasta que dejaba el partido, por enésima vez, visto para sentencia. Sin embargo, tampoco lo estaba entonces.
El Baskonia sacó de fondo en largo y de repente se produjo un tres contra uno que San Emeterio decidió resolver con un triple. No entró. Ni tampoco los posteriores dos palmeos sobre la bocina de Nemanja que podrían haber supuesto otra prórroga. Ayer no era día para ganar. Ayer era día para confirmar que lo sucedido en Milán no fue un espejismo.
Domingo, 28 de noviembre de 2012
83-81
Caja Laboral: Heurtel (2), Causeur (5), Nemanja Bjelica (25), Milko Bjelica (2) y Lampe (22) -quinteto inicial- Cabezas (2), Pleiss (4), Oleson (11), San Emeterio (8).
Parciales: 18-14, 41-32, 58-51, 72-72 y 83-81.
Árbitros: Martín Bertrán, Perea y Pérez Niz.
Pabellón: 8.368 espectadores en el Palacio de los Deportes de Madrid.
Etiquetas:
ACB,
Andrés Nocioni,
Baskonia,
Brad Oleson,
Caja Laboral,
Dusko Ivanovic,
Maciej Lampe,
Nemanja Bjelica,
Nikola Mirotic,
Pablo Laso,
Real Madrid,
Sergio Rodríguez
26/10/12
Vuelve el Baskonia
EL CAJA LABORAL SE SOBREPONE A TODOS LOS INCONVENIENTES Y CONQUISTA UNA VICTORIA ÉPICA Y CATÁRTICA que lo mantiene con vida en la euroliga
Hay partidos que se pueden analizar en función de los números, de las estadísticas. El que ayer tuvo lugar en el Mediolanum Forum de Milán debe interpretarse desde el plano anímico, espiritual. El Caja Laboral salvó el primer match ball de la temporada con una exhibición de orgullo y fe que permitió acariciar sabores de tiempos pretéritos. En una cita árida, muy complicada y que se fue complicando aún más conforme pasaban los minutos, el cuadro azulgrana tiró de épica y dio un paso al frente que puede marcar un antes y un después en su evolución.
El Caja Laboral, que apenas había regalado gestas de esta magnitud desde el mazazo sobre la mesa que supuso la victoria en la final liguera ante el Barcelona, volvió atrás en el tiempo para recuperar las señas de identidad que han forjado la leyenda de este club. Ayer en Milán volvió a verse al Baskonia de siempre. Un equipo que ha escrito su historia a base de exhibiciones de coraje e ilusión reapareció para acabar arrasando a su paso a un Armani Jeans Milán que inició la contienda con la ventaja anímica que suponía el hecho de recibir a un equipo muy necesitado pero que al final salió trasquilado.
Resulta complicado descifrar hasta qué punto puede influir el encuentro en el crecimiento colectivo de la plantilla baskonista. Pero da la impresión de que necesitaba una catarsis de este nivel para soltarse los grilletes y dejarse llevar. Hasta la fecha, sobre todo en la Euroliga, el cuadro azulgrana había arrojado mejores sensaciones que resultados. En Milán borró de un plumazo cualquier premisa. Explotó las virtudes que lo han convertido en un conjunto muy atractivo para su afición, creció en los aspectos en los que aún se detectan ciertas carencias y dio un paso al frente para superar las adversidades y situarse en un punto que no da la impresión de que tenga retorno.
Nocioni ganó el partido desde el hospital. Contemplar al tipo más duro que se ha enfundado jamás la camiseta azulgrana asustado en el suelo, inmovilizado por las asistencias médicas y saliendo en camilla de la pista generó mucha incertidumbre en jugadores y cuerpo técnico. El partido estaba igualado (55-50) y daba la impresión de que la marcha del argentino supondría la estocada final para un equipo que está soportando lo insoportable en una temporada en la que ya sólo falta que se venga abajo el Buesa Arena. Quedaban dos salidas: rendirse o lanzarse a la desesperada a por una victoria que resultaba obligada, mortal de necesidad. Y nadie dudó qué dirección escoger.
Ivanovic decidió soltar algo de cuerda y confiar en las escasas piezas disponibles de las que disponía, más aún después de que Oleson tuviera que marcharse por faltas. El montenegrino fió la suerte de su equipo al talento, al compromiso. Y la plantilla respondió con una exhibición de carácter espectacular.
Liderado por su capitán, un San Emeterio que ayer dio la medida que lo elevó a los altares del baskonismo para la eternidad, el Caja Laboral fue agigantándose hasta reducir a la mínima expresión a su rival. El equipo de Scariolo, sólido durante todo el partido, se vio desbordado por un torbellino azulgrana mientras el marcador, que había marchado parejo durante todo el envite, acariciaba la que cada vez quedaba más claro que iba a ser la primera victoria azulgrana de este curso en la Euroliga.
Para cuando Scariolo quiso reaccionar y devolver a cancha a sus titulares, incluido un Bourousis que retrató los problemas que sufre el cuadro vitoriano ante los grandes pívots, era ya demasiado tarde. El Caja Laboral se había transformado en el Baskonia. En el Baskonia de siempre. En el TAU de toda la vida, el de las noches mágicas. Había recobrado la esencia que nunca debió perder.
Hubo tiempo incluso para que algunos jugadores que nadaban en la intermitencia dieran un nuevo paso al frente dentro de la evolución de un equipo que requería de una dosis como esta de autoestima para empezar a acompañar de resultados las agradables sensaciones que venía ofreciendo. Todavía habrá pasos atrás y dudas, pero dentro de unos meses nos acordaremos de la noche de Milán. Del día en el que se ganó por el Chapu. De la noche en la que el Caja Laboral volvió al fin a ser el Baskonia.
EA7 EMPORIO ARMANI: Cook (3), Langford (13), Hairston (19), Fotsis (3) y Boroussis (22) -quinteto inicial-, Gentile (10), Basile, Stipcevic (3), Melli (7), Hendrix (4) y Chiotti (1).
CAJA LABORAL: Heurtel (5), Oleson (7), Nocioni (12), Lampe (12) y Nemanja Bjelica (20) -quinteto inicial-, Cabezas (11), San Emeterio (18), Causeur (2), Milko Bjelica (6) y Sonseca (2).
PARCIALES: 19-18, 25-25, 22-22 y 19-30.
ÁRBITROS: Jungebrand (FIN), Boltauzer (SLO) y Mogulkoc (TUR). Eliminaron por faltas personales a Oleson (Caja Laboral).
PABELLÓN: Mediolanum Forum. 2.900 espectadores
Hay partidos que se pueden analizar en función de los números, de las estadísticas. El que ayer tuvo lugar en el Mediolanum Forum de Milán debe interpretarse desde el plano anímico, espiritual. El Caja Laboral salvó el primer match ball de la temporada con una exhibición de orgullo y fe que permitió acariciar sabores de tiempos pretéritos. En una cita árida, muy complicada y que se fue complicando aún más conforme pasaban los minutos, el cuadro azulgrana tiró de épica y dio un paso al frente que puede marcar un antes y un después en su evolución.
El Caja Laboral, que apenas había regalado gestas de esta magnitud desde el mazazo sobre la mesa que supuso la victoria en la final liguera ante el Barcelona, volvió atrás en el tiempo para recuperar las señas de identidad que han forjado la leyenda de este club. Ayer en Milán volvió a verse al Baskonia de siempre. Un equipo que ha escrito su historia a base de exhibiciones de coraje e ilusión reapareció para acabar arrasando a su paso a un Armani Jeans Milán que inició la contienda con la ventaja anímica que suponía el hecho de recibir a un equipo muy necesitado pero que al final salió trasquilado.
Resulta complicado descifrar hasta qué punto puede influir el encuentro en el crecimiento colectivo de la plantilla baskonista. Pero da la impresión de que necesitaba una catarsis de este nivel para soltarse los grilletes y dejarse llevar. Hasta la fecha, sobre todo en la Euroliga, el cuadro azulgrana había arrojado mejores sensaciones que resultados. En Milán borró de un plumazo cualquier premisa. Explotó las virtudes que lo han convertido en un conjunto muy atractivo para su afición, creció en los aspectos en los que aún se detectan ciertas carencias y dio un paso al frente para superar las adversidades y situarse en un punto que no da la impresión de que tenga retorno.
Una acción desafortunada, una más, sirvió como interruptor para despertar del letargo al que el conjunto italiano había conducido el partido. Andrés Nocioni, pura esencia del baskonismo, se transformó en el Cid. Tras haber tirado del carro durante los dos primeros cuartos y el arranque del tercero, una colisión con mala caída lo dejó fuera de combate. Ya antes, en el primer minuto, un resbalón lo había mandado al banquillo. Pero el Chapu sabía que la de ayer no era noche para deserciones. Había que situarse en primera línea del frente y dar la cara. Nadie como él para darla.
Nocioni ganó el partido desde el hospital. Contemplar al tipo más duro que se ha enfundado jamás la camiseta azulgrana asustado en el suelo, inmovilizado por las asistencias médicas y saliendo en camilla de la pista generó mucha incertidumbre en jugadores y cuerpo técnico. El partido estaba igualado (55-50) y daba la impresión de que la marcha del argentino supondría la estocada final para un equipo que está soportando lo insoportable en una temporada en la que ya sólo falta que se venga abajo el Buesa Arena. Quedaban dos salidas: rendirse o lanzarse a la desesperada a por una victoria que resultaba obligada, mortal de necesidad. Y nadie dudó qué dirección escoger.
Ivanovic decidió soltar algo de cuerda y confiar en las escasas piezas disponibles de las que disponía, más aún después de que Oleson tuviera que marcharse por faltas. El montenegrino fió la suerte de su equipo al talento, al compromiso. Y la plantilla respondió con una exhibición de carácter espectacular.
Liderado por su capitán, un San Emeterio que ayer dio la medida que lo elevó a los altares del baskonismo para la eternidad, el Caja Laboral fue agigantándose hasta reducir a la mínima expresión a su rival. El equipo de Scariolo, sólido durante todo el partido, se vio desbordado por un torbellino azulgrana mientras el marcador, que había marchado parejo durante todo el envite, acariciaba la que cada vez quedaba más claro que iba a ser la primera victoria azulgrana de este curso en la Euroliga.
Para cuando Scariolo quiso reaccionar y devolver a cancha a sus titulares, incluido un Bourousis que retrató los problemas que sufre el cuadro vitoriano ante los grandes pívots, era ya demasiado tarde. El Caja Laboral se había transformado en el Baskonia. En el Baskonia de siempre. En el TAU de toda la vida, el de las noches mágicas. Había recobrado la esencia que nunca debió perder.
Hubo tiempo incluso para que algunos jugadores que nadaban en la intermitencia dieran un nuevo paso al frente dentro de la evolución de un equipo que requería de una dosis como esta de autoestima para empezar a acompañar de resultados las agradables sensaciones que venía ofreciendo. Todavía habrá pasos atrás y dudas, pero dentro de unos meses nos acordaremos de la noche de Milán. Del día en el que se ganó por el Chapu. De la noche en la que el Caja Laboral volvió al fin a ser el Baskonia.
Jueves, 25 de octubre de 2012
85-95
EA7 EMPORIO ARMANI: Cook (3), Langford (13), Hairston (19), Fotsis (3) y Boroussis (22) -quinteto inicial-, Gentile (10), Basile, Stipcevic (3), Melli (7), Hendrix (4) y Chiotti (1).
CAJA LABORAL: Heurtel (5), Oleson (7), Nocioni (12), Lampe (12) y Nemanja Bjelica (20) -quinteto inicial-, Cabezas (11), San Emeterio (18), Causeur (2), Milko Bjelica (6) y Sonseca (2).
PARCIALES: 19-18, 25-25, 22-22 y 19-30.
ÁRBITROS: Jungebrand (FIN), Boltauzer (SLO) y Mogulkoc (TUR). Eliminaron por faltas personales a Oleson (Caja Laboral).
PABELLÓN: Mediolanum Forum. 2.900 espectadores
Etiquetas:
Andrés Nocioni,
Armani Jeans Milán,
Baskonia,
Brad Oleson,
Caja Laboral,
Carlos Cabezas,
Euroliga,
Fabien Causeur,
Fernando San Emeterio,
Maciej Lampe,
Nemanja Bjelica,
Tau,
Thomas Heurtel
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