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6/6/13

Último escalón al anillo

Una capacidad de trabajo inhumana y una fortaleza mental al alcance de pocos han permitido a Tiago Splitter superar cada uno de los retos que se ha ido encontrando en su carrera. Los que lo conocen bien, técnicos, jugadores con los que ha compartido vestuario y amigos, destacan la grandeza del primer 'vitoriano' que va a pelear por el anillo de la NBA. Esta madrugada arrancan las Finales en Miami


“Hace no mucho lo veía por la tele y en unos días voy a poder jugar a su lado. Es como si fuera un sueño”. Han pasado menos de tres años desde que Tiago Splitter pronunció estas palabras. El poste brasileño, MVP y líder de un Baskonia que acababa de adjudicarse contra todo pronóstico su tercer título liguero, se disponía a saltar el Atlántico para incorporarse a la disciplina de los Spurs. Allí tendría la oportunidad de conocer a su ídolo, Tim Duncan, el hombre por el que, con gusto, abandonó el número 21 que había lucido a la espalda en el conjunto baskonista y con el que ahora, tres años después, conforma la pareja titular de pívots de San Antonio.

El tiempo ha pasado y Splitter ha sabido exprimirlo al máximo. Sin prisas, a su ritmo, el jugador nacido en Joinville pero criado en Vitoria ha logrado hacerse un hueco en uno de los equipos más poderosos de la NBA. En los Spurs, territorio de un Popovich que no regala nada, Splitter ha vuelto a recorrer un camino que conoce bien. Cuando aterrizó en tierras tejanas, tras haberlo sido todo en Europa, supo asumir su nuevo rol secundario, una ración de banquillo desmesurada. Pero el paso del tiempo, como siempre, le ha dado la razón. Esta noche (03.00 horas) saltará de inicio en el quinteto con el que los Spurs emprenderán la complicada misión de destronar a los Heat de Lebron, Wade y compañía en las Finales de la NBA. Splitter será el primer jugador criado en la cantera del Baskonia que va a pelear por un anillo. Afronta el último escalón de una larga travesía ascendente en la que su descomunal capacidad de trabajo le ha permitido colarse entre los mejores, llegar a unas cotas que todo el mundo le auguraba hace mucho tiempo, cuando emprendió el camino.

Fue en enero del año 2000, recién cumplidos los 15 años, cuando abandonó su Brasil natal y siendo todavía un adolescente recaló en Vitoria de la mano de Alfredo Salazar, el gran cazatalentos del Baskonia. “Desde que llegó se vio muy claro que podía llegar muy lejos. Ya entonces se veía que era un jugador especial”, recuerda Sergi Vidal, que también ficho por el equipo azulgrana ese año. “La primera imagen que tengo de Tiago es de cuando llegué a Vitoria, en un entrenamiento de pretemporada. Estábamos en Mendizorroza y vi a un chaval muy alto pero con pinta de adolescente en la grada. Estaba con su madre. Después, se marchó a Bilbao, pero esa imagen la tengo grabada”, señala Vidal, que después entablaría una buena amistad con él tras un lustro juntos en el vestuario.

Un adolescente descarado

Splitter tardó poco en llamar la atención. En principio, se le hizo un hueco en el equipo de EBA, pero tuvo ocasión de darse a conocer ante los que entonces eran los grandes referentes del conjunto vitoriano. Fue en un entrenamiento con la plantilla del primer equipo. “En cuanto tenía ocasión la metía para abajo”, relata Javi Buesa, que compartía entonces equipo en las categorías inferiores. “Recuerdo que todos (Oberto, Scola...) se quedaban mirando asombrados, como diciendo: ‘Vaya cómo viene el chaval’. Pero la cuestión es que no se achantaba nunca ante nadie”, adhiere Buesa. Sigue sin hacerlo. Ni en la ACB, ni en la Euroliga, ni ahora en la NBA. Tampoco lo hizo en Bilbao, adonde Josean Querejeta decidió enviarlo ante la evidencia de que la EBA se quedaba pequeña para exprimir su evolución.

Txus Vidorreta, ahora técnico del Estudiantes y entonces hombre orquesta en el recién nacido club vizcaíno, tuvo un peso importante en aquella decisión. Fue en una liga de verano en Fuenlabrada donde se enamoró del brasileño, que a orillas de la Ría pasaría dos años fundamentales para entender su crecimiento como jugador. “Me llamó Alfredo (Salazar) para decirme que tenían a un jugador con gran futuro que nos podría interesar y que fuera a verlo a Fuenlabrada. En el primer partido estuvo bien, ya casi me convenció, pero el segundo fue fantástico. Recuerdo que se tenía que emparejar con Martín Ferrer, que era uno de los tipos más duros de la LEB. Si era capaz de pegarse con Martín Ferrer, podía hacerlo con cualquiera en LEB2. Y aunque no tenía papeles y ocupaba plaza de extracomunitario, apostamos por él. Cuando dejamos Fuenlabrada ya estaba segurísimo”, desvela Vidorreta, que no tenía dudas sobre el futuro que aguardaba al gran jugador que acababa de caer en sus manos. “Estaba convencido de que estábamos ante una estrella. No sé si tanto como para decir que iba a ser importante en la NBA, pero sí sabía que podía marcar época en el Baskonia y ser muy importante en Europa”.

Splitter pasó dos años en el Bilbao Basket. Llegó al equipo en LEB2 y lo abandonó en LEB y ya con la vista puesta en la ACB. Su aportación en aquellos años, en los que pese a su juventud se convirtió en una de la estrellas de la competición, ayudó a devolver la ilusión por el baloncesto a una ciudad que acudía los viernes por la tarde a La Casilla para ver a un tipo imberbe y a un base nativo y eléctrico con el que se entendía de fábula. Era Javi Salgado, ahora en el Lagun Aro. “Tenía que fajarse con tipos muy duros, algunos que incluso luego han jugado en la ACB. No se arrugaba. Suplía su desventaja de peso con su capacidad física y la facilidad que tiene para hacerlo todo bien, además de con su inteligencia”, desgrana el timonel de Santutxu “Era nuestro jugador americano con 16 o 17 años. Fue una apuesta muy importante de Txus y creo que las dos partes salieron muy beneficiadas”, añade Salgado. “Tiago prosperó mucho, el Baskonia recibió un jugador que dos años antes no estaba tan hecho y nosotros ascendimos de categoría y también crecimos como equipo”, concede Vidorreta.

Los que han seguido su trayectoria siempre han destacado ante todo su descomunal capacidad de trabajo. Y en aquellos años demostró una claridad de ideas y  un espíritu de sacrificio impropios de un joven de su edad. “Era una esponja”, afirma rotundo Roberto Calvo, periodista de Deia. “Tenía una gran capacidad para aprender, y voluntad, que es algo muy importante. Recuerdo que estudiaba en los Escolapios, entrenaba por las tardes con el Bilbao Basket y muchas mañanas se desplazaba a Vitoria para realizar trabajo específico de tecnificación. Era muy currante”, añade el periodista bilbaíno.

Ese trabajo constante, que no abandonó al ingresar en el estrellato, volvió a abrirle las puertas del Baskonia. En la temporada 2003/2004 pasaba a engrosar una de las plantillas más lujosas con las que ha contado el cuadro azulgrana. El niño se hacía mayor. Abandonaba las categorías de la FEB para estrenarse en ACB y Euroliga, como parte de un vestuario en el que se reunían figuras de la talla de José Manuel Calderón, Pablo Prigioni, Arvydas Macijauskas, Sergi Vidal, Kornel David, Andrés Nocioni, Luis Scola o Andrew Betts.

En aquel equipo también estaba Javi Buesa, con quien compartió muchas charlas de banquillo y que de alguna manera se convirtió en nexo entre Splitter y la ciudad que lo adoptó. “Entonces éramos como uña y carne”, sonríe Buesa. En aquella esquina del banquillo se fraguó una relación que trascendía los límites de la cancha. “Cuando salíamos de entrenar, compartíamos coche para ir a casa. Bueno, me llevaba él a mí. Además de mi amigo, era mi chófer”, bromea el vitoriano, que no tiene reparos en destacar el especial cariño con el que acogieron a Splitter los pesos pesados de la plantilla. “Era uno más. Muy joven aún, pero uno más. Luis lo tenía apadrinado, pero todos le tenían gran aprecio”, completa Buesa. “Es que era un tío que se hacía querer. Siempre tenía una sonrisa”, apunta Vidal.

Un vitoriano más

Sin embargo, Tiago tenía vida más allá de las cuatro paredes del cambiador del Buesa Arena. Su forma de ser le granjeó  una especie de segunda familia y una cuadrilla con la que podía soltar tensión y olvidarse por momentos del baloncesto. Fue Iñaki Iriarte, el técnico que pasó cientos de horas junto a él desarrollando un valioso trabajo de perfeccionamiento, quien lo puso en contacto con unos vitorianos que en los próximos días van a sufrir un déficit de sueño para poder seguir en directo las evoluciones de Tiago en la pelea por el anillo. “Se integró desde el primer momento. El Iri, que es como su padre adoptivo, quería que hiciera una vida más normal, nos lo presentó y no tardó en ser uno más”, afirma Mikel Gorbea, uno de los componentes de esa cuadrilla que descubrió a Tiago placeres tan maravillosos como las cenas en la sociedad. “Se solía apuntar siempre que podía. Pero había un problema, porque al principio era menor y debíamos tener cuidado cuando salíamos por ahí”, evoca Gorbea.

El problema, sin embargo, no era tal. La rectitud del poste brasileño lo distanciaba del resto en determinadas cosas. “Hay que reconocer que Tiago era formal. Desde que lo conocí siempre ha sido muy maduro”, concede. “Además, como muy pronto se comprometió, como digo yo, se echó novia, aún lo fue más”, bromea Gorbea, para quien no existen dudas, más allá de su origen y del amor que pueda profesar a su país, sobre la relación de Splitter con la capital alavesa. “Tiago ha querido ser siempre un vitoriano más y lo sigue siendo”, asevera. Lo que no resultaba en absoluto sencillo era que un tipo conocido, de 2,13 y jugador del Baskonia, pasara desapercibido cuando salía con el resto de sus amigos “Llamaba mucho la atención. Además, como siempre ha tenido buen cartel entre el público femenino...”, revela con picardía.

Fundamental en los títulos

En ese contexto, como un vitoriano más fuera de la cancha, Tiago siguió creciendo. Comenzaron a llegar los títulos y su peso en el equipo empezó a aumentar, siempre impulsado por ese inhumano espíritu de trabajo que lo ha acompañado siempre. “Puede que haya muchos jugadores con más talento o facultades, pero no hay muchos que tengan esa cabeza, esa fe en uno mismo y esa capacidad de trabajo. Su principal virtud ha estado siempre dentro de su cabeza”, opina Ibon Navarro, ahora segundo de Velimir Perasovic en Valencia y entre 2007 y 2010 asistente de Neven Spahija y Dusko Ivanovic en el Baskonia. “Tiago siempre está tranquilo”, expone el técnico vitoriano. “Nunca ha parado de crecer. Nunca. Cuando llegó a Bilbao, todavía era muy joven pero hizo todo lo que estuvo en su mano para aprovechar la oportunidad y crecer. Luego en Vitoria lo mismo. Al principio no era tan importante, era muy joven, y aprendió muchísimo de Luis. Pero una vez más, poco a poco fue creciendo y se hizo importante. Se llevaba muy bien con Pablo, se entendía con él en el campo, algo que no es difícil para ningún pívot”, explica Sergi Vidal, que compartió celebraciones en la Virgen Blanca en muchos de los éxitos que fue cosechando Splitter como jugador baskonista.

El poste nacido en Joinville fue pieza fundamental en los triunfos coperos de 2006 y 2009, así como en los títulos de ACB de 2008 y 2010, su última muesca en el revólver antes de que le llegara la oportunidad de cumplir su sueño, antes de que se embarcara en el proyecto de los Spurs junto a Duncan, Ginóbili y Tony Parker. A partir de esta noche, que seguro será larga en Vitoria, peleará por un nuevo título, por un anillo de la NBA. Ningún jugador formado en el Baskonia ha disputado antes unas Finales. Tampoco ningún otro vitoriano. Y en este momento clave, justo cuando se encuentra frente al último escalón de una escalera tan prolongada como plagada de éxitos y sinsabores, manchada por el sudor y el sacrificio, el hombre que lo ayudó y aún ayuda a ser mejor lo contempla desde Vitoria con una enorme ilusión. “Me alegro muchísimo por él. Se lo ha ganado con su trabajo. Tiago es la demostración de que un jugador con talento, si se esfuerza, puede llegar a jugar una final de la NBA”, apunta Iñaki Iriarte, que prefiere echarse a un lado como un padre orgulloso, pero que no puede negar que seguirá “con mucha atención” todo lo que haga Tiago en la eliminatoria que arranca hoy en el American Airlines Arena.

El poder coral de San Antonio

Como Iriarte, todos los que se han cruzado en su camino, en uno u otro punto de esa escalera, le desean lo mejor y confían en que el poder coral de San Antonio, donde cada pieza es importante, resulte suficiente para frenar el descomunal poderío físico de Lebron y sus Heat. “Tiene algo especial que tienen muy pocos jugadores. Se adapta a cualquier entorno con estrella. La dupla que forman Duncan y Tiago puede hacer daño a Miami si ambos están bien físicamente”, opina Txus Vidorreta. “Todo el mundo coincide en que Miami es favorito. Habrá que ver cómo ha gestionado San Antonio este periodo de inactividad. Tiago a nivel individual puede ofrecer ventajas a los Spurs, pero los interiores de los Heat, jugando tan abiertos, siempre ponen en problemas a sus pares. Deberá tener cuidado”, aconseja Ibon Navarro, que volvió a reencontrarse con él durante el lockout en Valencia.

“Va a ser complicado. Miami es favorito. Son los campeones y tienen a la bestia, pero San Antonio tiene opciones por la fortaleza que presenta como grupo. Atacan bien, defienden bien y son un equipo”, señala Salgado. “Yo no daría por muertos nunca a los Spurs”.

De uno u otro modo, lo que hace poco menos de tres años parecía un sueño, se ha convertido en una realidad. Un vitoriano, uno de los jugadores que más ha ofrecido a la afición del Buesa Arena, va a pisar el parqué de Miami con el objetivo de ganar un anillo. Es el último escalón de la escalera para un tipo cuyo secreto ha sido querer siempre trepar más alto. Su constancia, su humildad y su sacrificio lo han guiado hasta donde muy pocos pueden llegar.

5/10/12

La Pablocura

La prensa neoyorquina destaca el desparpajo de un Pablo Prigioni que comienza a tomar el pulso de un vestuario en el que no lo tendrá fácil para ocupar el papel de líder que ha ostentado en todos sus equipos anteriormente


New York City se está preparando para la Pablocura. El término no es mío. Lo tomo prestado de Seth Rosenthal, uno de los compañeros de SB Nation que está cubriendo estos días las primeras sesiones de trabajo en el Training Camp de los Knicks. El desembarco del timonel de Río Tercero en la NBA no será tan silencioso como muchos aventuraban. A pesar de haber caído para cumplir su sueño en un plantel plagado de egos, con dos bases de talla y renombre que pueden cerrarle el paso al parqué, Prigioni centra los focos. El novato más viejo de la historia de la mejor liga del planeta ha llegado a la Gran Manzana con la intención de exhibir desde el primer momento el hambre y la competitividad que lo han acompañado desde que nació como jugador. Aunque resulta evidente que no le será fácil ocupar un papel protagonista, de peso en el vestuario, que ha tenido en todos los equipos por los que ha pasado durante su carrera.

No son pocos los aficionados que en las redes sociales se hacen preguntas sobre Prigioni. En un equipo en el que militan estrellas de la talla de Carmelo Anthony, Jason Kidd, Tyson Chandler o Amar'e Stoudamire, el antiguo director del juego baskonista ha asomado la cabeza. "Pablo ensayó algunos pases demenciales. Unos cuantos por detrás de la espalda, otros entre una nube de jugadores y así sucesivamente. No todos ellos llegaron al destino previsto. Pero así es la ¡Pablocura!, man. Esta mierda se vuelve loca", escribía Rosenthal en su crónica de la tercera jornada de entrenamientos de los Knicks. En realidad, no es el único que en estos días ha escrito sobre Prigioni. Pero el término me ha llamado la atención y me parece que puede definir el espíritu de la aventura que ha emprendido el gran icono del baskonismo al otro lado del charco. La mayor parte de los compañeros de la prensa neoyorquina se centran en destripar su estilo de juego, en compararlo con los de los otros bases de la plantilla de Mike Woodson y en tratar de predecir si tendrá o no espacio en sus rotaciones. Ahí las opiniones se dividen. A priori, todos conceden de antemano a Prigioni el papel de tercer base. Todo lo que consiga, como ha hecho siempre, deberá ganárselo a pulso.

Nocioni: "Creo que va a acabar jugando"

“Yo creo que va a acabar jugando algo. No digo que juegue mucho, pero creo que va a jugar. También en la NBA se dan muchas situaciones, pueden darse lesiones o trades o lo que sea, y por ahí se le puede armar un hueco sin darse cuenta”, asegura Andrés Nocioni, amigo íntimo y conocedor de cómo funcionan los instestinos de la NBA. “Es un nuevo reto para él y algo que no había tenido nunca en su carrera. Es un nuevo desafío. A Pablo le motivan mucho los desafíos. Creo que ha tomado la decisión acertada”, añadía el alero del Caja Laboral.

A ojos de su compatriota no existe debate sobre las opciones de futuro del base en la rotación de los Knicks. Otra cosa bien distinta es saber hasta qué punto podrá hacerse con un papel de líder en un vestuario plagado de egos. Su fuerte personalidad, y esa ambición a prueba de bombas que lo convierten en un competidor incólume, lo han convertido siempre en pieza básica y voz autorizada allá por donde ha pasado. "Va con muchas ganas allí, y es muy ambicioso. Creo que al final, como ha demostrado durante toda su carrera, en todos los equipos en los que ha estado, aunque parecía que sus minutos iban a bajar, al final siempre acaba jugando muchísimo, acaba siendo el entrenador en la cancha y creo que allí podrá pasar lo mismo”, se muestra optimista Fernando San Emeterio. Las cosas en la NBA, sin embargo, funcionan de otro modo, según apunta Nocioni, que vivió varias experiencias en diferentes franquicias y no todas fueron tan positivas: "Lamentablemente en la NBA se rigen por otros parámetros,  tienen otra mentalidad. Creo que puede ser un jugador que aporte muchas cosas, pero llegar a ser un líder no creo que lo pueda ser este año. Tendría que jugar varios años en la NBA y realmente hacerse un hueco a golpe de minutos y de números. Así es como se hace allí", apunta.

Lo único que parece claro hasta la fecha es que Prigioni ha aterrizado en New York con un cartel que difiere mucho al de cualquier otro novato. Los medios conocen y respetan su trayectoria tanto en los clubes por los que ha pasado como con la selección albiceleste. Y se abren a concederle el beneficio de la duda, a vaticinar esa Pablocura y a constatar el respeto con el que cuenta en el vestuario del Madison Square Garden aun antes de que sus compañeros hayan tenido tiempo siquiera para conocerle. "Tiene respeto, eso está claro”, concede Nocioni. Y el propio Prigioni lo destacaba tras su primera toma de contacto en una entrevista concedida al diario argentino Olé. "Siento el respeto que me tienen", aseguraba el timonel de Río Tercero, que por el momento ha esquivado las novatadas típicas que debe asumir cualquier rookie que llega a un equipo de la NBA.

Un novato respetado

"Saben que tengo 35 años, que armé mi carrera en Europa y jugué muchos años en la selección. Hasta me tiran bromas por ser un novato tan viejo. No creo que me manden a comprar donuts para llevar al entrenamiento… Me miran con otros ojos. Todos me trataron muy bien desde el primer día. Siento el respeto que me tienen", aseguraba Prigioni en la entrevista publicada por Andrés Pando, en la que el exjugador del Baskonia destacaba la buena acogida que le han dispensado las estrellas de los Knicks. "Buena onda con todos. Me hacen sentir cómodo. Carmelo me había dado la bienvenida en el amistoso en Barcelona y en esos partidos contra Estados Unidos también había conocido a Tyson Chandler. Entiendo cuando hablan conmigo. Con el inglés me va mejor de lo que pensaba pero igual pienso seguir estudiando. Yo estoy rompiendo moldes, soy el único extranjero del equipo y me convierto en el novato más viejo...", exponía.

Prigioni parte con ventaja con respecto a otros novatos. Tiene el respeto de sus compañeros de vestuario y la prensa le abre las puertas. Ahora queda en su mano que en el mismo escenario donde el pasado ejercicio nació el fenómeno Linsanity se desate la Pablocura.

Os dejo el link al artículo de Seth Pollack en el que se exponen las evoluciones del plantel de los Knicks en la tercera jornada del Training Camp: http://www.postingandtoasting.com/2012/10/4/3454528/notes-from-day-three-of-knicks-training-camp

Y aquí la entrevista de Prigioni eno Olé: http://www.ole.com.ar/basquet/Siento-respeto_0_784121870.html

18/9/12

Un francotirador en Brooklyn


Mirza Teletovic, el penúltimo icono que abandonó el Buesa Arena rumbo a la NBA, el último capitán azulgrana, lo tiene todo para triunfar en su nueva aventura con los Nets



Quedan menos de dos semanas para que arranquen de manera oficial los Training Camps de las franquicias de la NBA y en Brooklyn ya calientan motores para estrenar la nueva era de unos Nets que, a simple vista, pintan muy bien. El excéntrico multimillonario ruso Mijail Prójorov se ha salido con la suya. Se ha llevado a la franquicia a Nueva York y ha despilfarrado sin rubor y sin miedo al impuesto de lujo que fija la NBA. De hecho, el equipo del mujeriego empresario ruso, que llegó a retar a Vladimir Putin en las urnas, dispone de la segunda plantilla más cara de la competición, con un montante en salarios de 84,8 millones de dólares, sólo superados por los cerca de 100 millones que costarán los nuevos Lakers de Kobe, Pau, Howard y Nash. Projórov ha puesto en manos del técnico Avery Johnson a un plantel plagado de jugadores de primer y segundo nivel, pocos de relleno, que lideran estrellas de la liga de la talla de Deron Williams, Brook López, Joe Johnson y Gerald Wallace, secundados por piezas tan valiosas o útiles para completar el roster como Josh Childress, Kris Humphries, Marshon Brooks, Keith Bogans, Andray Blatche, Reggie Evans, CJ Watson o el eterno Jerry Stackhouse. Y en ese vestuario plagado de veteranos, con carreras más o menos lustrosas, van a entrar dos novatos europeos con historias ligadas al baloncesto ACB. El primero, Tornique Shengelia, un jugador que me encantó cuando le vi disputar con la elástica del Valencia Basket en el viejo pabellón de Mendizorroza el Campeonato de España Junior (donde brillaron también Augusto Lima o Josep Franch, entre otros). Y el segundo, el penúltimo estandarte en abandonar el Buesa Arena, el último capitán, un Mirza Teletovic que ansía vivir su sueño americano.

Teletovic, que ayer cumplió 27 años, lo tiene todo para triunfar en la NBA. Está predestinado. Seguramente nunca llegará a convertirse en un jugador franquicia. Puede que jamás se haga con una plaza de titular en un equipo con aspiraciones. Pero no le faltarán contratos. Tiene un sinfín de virtudes que pueden llegar a convertirlo en un complemento de lujo para cualquier equipo, en un especialista con mayúsculas. Porque Teletovic representa la evolución del típico cuatro blanco con muñeca que se ha hecho de oro estos últimos años en la liga. Es mucho más y, aunque jamás ha sido santo de mi devoción, eso también tengo que reconocerlo, no tengo ninguna duda de que le aguarda el éxito al final de la ruta que ha escogido.

No creo haberme excedido nunca en cuanto los elogios hacia Mirza. De hecho, siempre le he achacado su incapacidad para asumir el rol de gran referente del Baskonia cuando le llegó la hora. A mi juicio, no ejerció como líder, ni dentro ni fuera del campo, al mismo nivel que sus predecesores, Tiago Splitter o Luis Scola, por poner sólo dos ejemplos, que cuando se echaron a las espaldas al equipo azulgrana siempre lo situaron cerca de los títulos. Seguramente la comparación resulte injusta, trucada. Porque no todo gira en torno al gran líder, y porque los gregarios con los que han contado unos y el otro también diferían en cuanto a calidad. Pero lo cierto es que desde que Splitter se marchó a los Spurs, con el dulce sabor de la histórica final ante el Barça aún fresco en el paladar, el conjunto vitoriano no ha vuelto a estar cerca de trofeo alguno. Es una opinión personal sobre un jugador que, pese a todo, puso siempre todo su corazón, su salud y su voluntad al servicio del equipo y al que, al margen de que lo deseo, le vaticino aun así un brillante futuro en su nueva etapa.

Los argumentos de los críticos

Los críticos más feroces del bosnio se apresurarán a glosar todos sus vicios baloncestísticos. Sí, tiene cosas por pulir. Pero los Nets no lo han reclutado por esos detalles, algunos con más fácil solución que otros. Teletovic no siempre toma la decisión más acertada, su selección de tiro es cuestionable, siempre he pensado que su capacidad de concentración es en ocasiones limitada y además hay quien censura sus carencias tácticas a la hora de defender y acudir a las ayudas. Ya digo que nunca he sido un gran defensor de cierta parte de su juego. Y sin embargo considero que todos esos detalles, ya digo que algunos podrá mejorarlos y otros se irán con él a la tumba, quedan relegados a un segundo plano para el encargo que Avery Johnson o cualquier técnico debería encomendarle en la NBA.



Teletovic no es un rookie cualquiera. Los Nets lo saben. Y también lo sabían las otras franquicias que durante el verano se pusieron en contacto con su agente. Por eso llega a la liga cobrando más de 3 millones de dólares en la primera de las tres temporadas que ha firmado (percibirá cerca de 10 millones por las tres). Es su primera ventaja. Sin llegar al extremo de Prigioni, novato a los 35, Teletovic se ha curtido en mil batallas, ha estado fogueándose en la élite del baloncesto europeo, peleando por títulos en la ACB y en la Euroliga, y casi siempre ofreciendo un excelente rendimiento en cuanto a números. Los aficionados de la nueva franquicia de Brooklyn también son conscientes. En un equipo completamente renovado, que destila reflejos dorados por todos los rincones del vestuario, los hinchas ya consideran a Teletovic como una de las grandes atracciones que les aguardarán en el nuevo y reluciente Barclays Center. "El viene para ayudarnos. Tiene algo así como 28 años, no es un rookie de 21. Lleva ya años jugando al máximo nivel", bendecía su llegada Deron Williams, gran estrella del equipo.

Al margen de su experiencia en competiciones importantes, bosnio dispone de otras muchas armas que pueden hacerle encajar con facilidad. Es un francotirador. Habrá habido pocos jugadores en el Viejo Continente con ese instinto asesino desde más allá de la línea de tres en estos últimos años. Y en Estados Unidos, los que se recuerdan o siguen jugando (Scalabrine, Novak, Bonner...) no pueden considerarse ni de lejos tan completos como él en otras facetas del juego. Porque Mirza no es sólo un cuatro tirador. Representa la evolución de una especie. Está armado de unas piernas prodigiosas, que le conceden muchas ventajas en el uno contra uno ante pares más espigados y lentos, amén de una tremenda potencia de salto, que en ocasiones disfraza sus faltas de concentración u oficio en el rebote. A poco que Avery Johnson sepa sacarle partido, puede convertirse en un arma accesoria excepcional para la ofensiva de los Nets, sobre todo en lo que se percibe como una segunda unidad más dotada de músculo que de talento anotador.

Los hinchas quieren ver a 'Teletubby'

La cuenta oficial de twitter de los Nets lanzó ayer una pregunta al aire a sus aficionados. Y quedó reflejada la pasión con la que un importante porcentaje aguarda el aterrizaje del bosnio. "¿A qué nuevo jugador de los Nets tenéis más ganas de ver en acción?", cuestionaba la franquicia a través de la red social. El refuerzo que recibía mayor número de respuestas, como es lógico, era Joe Johnson, otro jugador que nunca llegó a asumir por completo su rol de estrella en Atlanta. Pero sorprendentemente había muchos que se expresaban en otro sentido. "Sin duda, Teletovic", afirmaba una aficionada. "Probablemente Teletubby o Toko (Shengelia)", se manifestaba otro. Había decenas que se referían al bosnio, que llegará a su nueva casa después de haber promediado más de 24 puntos y casi 11 rebotes por cita en el pasado Preeuropeo, donde condujo a Bosnia a la clasificación para el Eurobasket de Eslovenia como primera de grupo. En realidad, nadie puede reprocharle nada en cuanto a números a lo largo de su carrera. Abandona la ACB tras haber anotado 502 triples en los 239 encuentros que ha disputado con la camiseta baskonista, lo que ofrece un promedio de 2,1 por cita. Entre los históricos en la especialidad, en este apartado sólo se ve superado por Andy Toolson (3,05), Mark Simpson (2,73), Velimir Perasovic (2,49),  Linton Townes (2,15), Igor Rakocevic (2,14) y Tyrone Ellis (2,14). Huelga decirlo, todos ellos jugadores exteriores.

"Tenía muchas ganas de venir a jugar a la NBA, pero quería escoger el mejor equipo para hacerlo", manifestó Teletovic en su presentación oficial. "Y creo que los Nets son la mejor opción", añadió el bosnio, que dispuso de ofertas tanto de los Jazz como de los Cavaliers al margen de la que puso sobre su mesa Prójorov. "Lo que quería era jugar para un equipo que quisiera hacer grandes cosas. Para un equipo que quisiera ganar el anillo", se soltó ambicioso, visceral, quizá irreflexivo, como es él, para lo bueno y para lo malo. Los Nets tienen ahora entre manos un arma letal, un caballo de carreras con un fusil milimétrico al que deberán domar y colocar sobre un campanario. Por ahí puede comenzar a edificarse una sólida carrera en tierras americanas. Por cómo era, generoso en la entrega, sincero y baskonista, pese a todo lo que he podido rajar en estos años, se lo deseo de corazón.

Os dejo un vídeo que he rescatado en el que se reflejan algunos de los motivos por los que creo que Teletovic puede llegar a disfrutar de una próspera carrera en la NBA. Echando la vista atrás, nos ha hecho disfrutar del baloncesto. Good luck Mirza!




21/6/12

El Benjamin Button de Río Tercero

Pablo Prigioni, pretendido por New York Knicks, podría convertirse a sus 35 años en el rookie más veterano en la historia de la NBA



Decía Pablo Picasso, que supo sorberle todo el jugo a la vida desde todos los puntos de vista, que cuando alguien le decía que era demasiado viejo para hacer algo, procuraba hacerlo enseguida. Otros no tienen tanta prisa. Algunos disfrutan el trayecto al que se supone que es su destino final. Y de repente, cuando menos lo esperan, aparece ante sus ojos la oportunidad que creían ya perdida. A Pablo Prigioni le ha sucedido cuando ya enfilaba el camino a las cocheras. El tren que para la mayoría pasa en los años mozos, al timonel argentino le ha sorprendido cuando enfilaba lo que muchos entendían como los últimos coletazos de una carrera marcada por ese espíritu ambicioso y combativo que lo ha mantenido siempre en primera línea de fuego. Cumplidos ya los 35, al base argentino se le han abierto las puertas de la NBA. Y aunque todavía no existe una oferta firme de los Knicks sobre la mesa (las franquicias de la competición norteamericana no pueden negociar oficialmente con los agentes libres hasta el 1 de julio ni firmar con ellos hasta el 11 ningún contrato), hay posibilidades de que en unos meses cambie la taquilla del vestuario del Buesa Arena, donde siempre ha ejercido como capitán general, por una en el Madison Square Garden, para convertirse en el novato más veterano que debuta en la NBA desde que, en 1976, adquirió su actual formato tras sumarse los principales equipos de la ABA. El Benjamin Button de Río Tercero, que ha acabado por convertirse en pieza fundamental de un Caja Laboral al que llegó con el cartel de jugador en la recta final de su carrera, está preparado para volver a dinamitar los pronósticos. Tiene en su mano la oportunidad de seguir haciendo historia.

Prigioni, que lo ha ganado casi todo en el baloncesto desde que cruzó el charcó en el verano de 1999, todavía tiene sed de aventura. Quiere más. Como cualquier niño que se calza por vez primera unas zapatillas de baloncesto, soñó algún día con pisar el parqué del Garden, con jugar en Los Ángeles, con tener la oportunidad de medirse con los mejores de los mejores. Y al final podría llegarle. Poco le ha importado a los Knicks lo que marca su carné de identidad, que dice poco de un tipo que en mayo cumplirá los 36. De hecho, la franquicia neoyorquina, que ve en él un tutor de lujo para moldear al fenómeno Jeremy Lin, tiene muy claro lo que está buscando en el mercado. Prigioni aparece en su lista de futuribles como la alternativa al verdadero objetivo, que no es otro que el eterno Steve Nash, tres años mayor que él. Si finalmente se frustra la opción de la estrella de los Suns, el argentino inscribirá con tinta indeleble su nombre en los almanaques de una competición en la que ningún jugador ha portado la etiqueta de rookie a una edad tan avanzada.

Un debut con ¡¡¡46 años!!!

Sólo existen dos casos en la historia del baloncesto norteamericano que podrían poner en duda esa condición de novato más anciano que ostentaría Prigioni. Pero los norteamericanos no los tienen en cuenta porque se remontan a los primeros años de la NBA, que se fundó como competición en 1946, y los jugadores en cuestión ya contaban con dilatada experiencia profesional en las ligas que le dieron origen. Uno de ellos, además, ni siquiera era jugador. Nat Hickey, que había hecho carrera en la BAA y la NBL desde finales de la década de los años 20, era el entrenador de los Providence Steamrollers en la campaña 1948/1949. En enero, sólo dos días antes de cumplir los ¡¡¡46 años!!!, decidió inscribirse como jugador para disputar un partido y tratar de ayudar a un equipo que cerró la temporada con un pésimo bagaje de victorias (4-25). El otro referente en cuanto a longevidad en un debut es Charley Shipp, que disputó su primer partido NBA con 36 años. El base se estrenó con los Waterloo Hawks en la campaña 1949/1950, aunque también este caso se coge con alfileres porque no había parado de jugar en la NBL desde 1937. Además, Shipp, en la que ya era su última temporada en activo, dirigía a los Hawks dentro y fuera de la cancha, puesto que también ejercía como entrenador del equipo.

Al margen de estos dos episodios cogidos por alfileres, casi descartados por todos, no existe jugador que pudiera hacer sombra a esa condición de rookie senil que podría adquirir Prigioni. La mayor parte de los analistas norteamericanos incluso comparten ciertas dudas en torno al considerado novato más veterano de la historia de la NBA, puesto que también contaba con cierta experiencia previa en alguna de las competiciones paralelas que se disputaban en Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX. En cualquier caso, Ben Goldfaden, que se disputó con 33 años dos partidos con los Washington Capitols en 1946 pudo presumir en vida de ser considerado por la mayoría como el más longevo en estrenarse en la mejor liga del mundo. La diferencia entre este y los dos citados anteriormente estriba básicamente en que Goldfaden contaba con experiencia en la ABL, y no en la NBL o la BAA, las consideradas como pioneras reales de la NBA.

Una oportunidad postrera para el 'Magic' francés

A partir de ahí, la mayor parte de los rookies más veteranos han sido casi siempre jugadores extranjeros que, como Prigioni, contaban con un lustroso palmarés en competiciones de otros países antes de saltar el charco. No es nada nuevo. Puede darse con jugadores españoles, como Jorge Garbajosa, que contaba con 28 años cuando se estrenó con los Raptors, o Juan Carlos Navarro, 27 cuando probó suerte con los Grizzlies, en una nómina que en todo caso encabeza el exjugador del Valencia Basket Antoine Rigaudeau. El jugador galo, al que cuando comenzó su carrera en el Cholet bautizaron como el Magic Blanco, pero que nunca llegó a satisfacer todas las expectativas depositadas en él, se estrenó con los Mavericks apenas dos meses antes de celebrar su trigésimo segundo cumpleaños. No tuvo mucho recorrido. En Dallas sólo jugó 11 partidos (1,5 puntos, 0,7 rebotes y 0,5 asistencias por cita) antes de ser traspasado, en verano de 2003, a los Golden State Warriors, donde no llegó siquiera a debutar.


Otro argentino, también exbaskonista y amigo de Prigioni, entró no hace tanto en las posiciones altas de la lista. Fabricio Oberto, también de vocación NBA tardía, se estrenó con los Spurs a los 30. Otros jugadores que hicieron el camino desde el Buesa Arena fueron un poco más precoces. Luis Scola firmó con los Rockets a los 27; Tiago Splitter se marchó a otra franquicia texana, los Spurs, a los 25; la misma edad que tenía Arvydas Macijauskas cuando abandonó el viejo TAU para fichar por los Hornets. José Manuel Calderón, en las filas baskonistas desde los 13 años, atendió la llamada de los Raptors una década después, sin haber cumplido aún los 24, mientras que Andrés Nocioni se marchó a los Bulls cuando aún le restaban unos meses para llegar a los 25.


Sin duda, esa parece la edad idónea, el punto justo de maduración para probar fortuna en la NBA, aunque algunos, como Mirza Teletovic, que en septiembre hará los 27 y parece encaminado a acabar en los renovados y relucientes Nets de Brooklyn, decidan esperar más. Erazem Lorbek, a quien se señala como futuro compañero de Splitter en San Antonio, entraría a sus 28 años a formar parte de la lista de los más rookies más veteranos, en la que también se encuentra otro ilustre trotamundos como Sarunas Jasikevicius, que había alcanzado los 29 cuando debutó con los Pacers, su primer equipo en la competición norteamericana. O incluso una leyenda como Arvydas Sabonis, de quien habría sido curioso saber dónde se encontraba su techo de no haber llegado ya a los 30 y con demasiado kilometraje en las rodillas. Sin embargo, nadie se acerca a Prigioni. Incluso por esto parece querer competir. Y ganar.

¿La recta final?

El tipo que se marchó al Madrid a buscar títulos, para luego volver con las manos vacías a Vitoria, el tipo que se enemistó con la grada del Buesa Arena tildando a la afición azulgrana de mediocre, para luego volver a metérsela en el bolsillo con su capacidad para sostener a un equipo desmoronado, se ha ganado el derecho a disfrutar de una bola extra. Josean Querejeta no tuvo reparos en reconocer cuando el Caja Laboral quedó eliminado en las semifinales de la ACB que le encantaría que el timonel de Río Tercero siguiera una campaña más en el equipo vitoriano. El entorno del jugador, a través de su agente, se manifestó en la misma línea. Pero nadie contaba con los Knicks. Había interés por ambas partes, y lo seguirá habiendo si se frustra su posible asalto a la NBA, esa posibilidad de convertirse en el abuelo de los novatos.

En un par de semanas se desvelará si el argentino puede disfrutar de este tren que ya nadie, ni él, esperaba o si por el contrario prolonga un año más su estancia en Vitoria. Lo que parece claro es que sería de estúpidos pensar que, pese a su edad, escoja el camino que escoja la próxima será su última campaña en la élite. Devoto de su físico, hasta el punto de que esta campaña ha sido capaz de superar la media hora sobre el parqué por partido, Prigioni ha evidenciado que aún le queda cuerda para rato. Como Benjamin Button, parece cada día más joven. Y más si acaba por marcharse a una competición en la que no son pocos los jugadores que prolongan sus carreras hasta límites insospechados, como a lo largo de los años han hecho estrellas de la talla de Kevin Willis (44), Robert Parish (43), Kareem Abdul-Jabaar (42), Dikembe Mutombo (42), Bob Cousy (41), John Stockton (41), Karl Malone (41), Michael Jordan (40), Ricky Mahorn (40), James El Chino Edwards (40), Cliff Robinson (40), Charles Oakley (40) o los aún activos Grant Hill (39), Jason Kidd (39), Steve Nash (38), Marcus Camby (38), Derek Fisher (37), Ray Allen (36) o Kevin Garnett (36). Con estos precedentes y su insaciable apetito competitivo, Prigioni podría tomarse sin agobios su periodo de adaptación. Quién sabe. Quizá el Benjamin Button de Río Tercero pueda plantearse el reto de batir otra marca de longevidad. Pero esa es otra historia y todo esto, por el momento, sólo el cuento de la lechera.

22/5/12

Nieve, verano, nostalgia y la sonrisa de Monchito

Aunque estamos inmersos en un play off en el que el Baskonia se ha propuesto escribir una nueva página dorada en su historia, tratando de reproducir el milagro que hace sólo dos años condujo al tercer título ACB, quiero compartir con vosotros una ventana al recuerdo que he rescatado por encargo de los responsables de la revista del club '5+11'. El director de comunicación del Caja Laboral, Nacho Goicoechea, me pidió que le remitiera unas líneas con algún momento que se me hubiera quedado grabado en la retina, y no tuve dudas: la Copa del Rey de 2004, que se celebró en Sevilla, pasa por ser el momento álgido, desde mi perspectiva, de la era dorada de un equipo que contaba por aquel entonces con un elenco de jugadores seguramente irrepetible. Echemos la vista atrás ocho años.


Nieve, verano, nostalgia y la sonrisa de Monchito


Sucedió en Sevilla, en un mes de febrero que fue verano. Y en Vitoria, donde febrero siempre es febrero pero aquel resultó especialmente gélido. Ni siquiera la nieve logró evitar que el baskonismo festejara el único título que pudo alzar la que, a mi juicio, ha sido la mejor plantilla que ha tenido el club azulgrana en toda su historia, la de la campaña 2003/2004. En el Municipal de San Pablo, en una ciudad anegada de baloncesto, los héroes que despertaron ese espíritu nostálgico tan propio de una afición que no acaba de pensar en clave de presente, que se aferra al recuerdo, se conjuntaron para crear un equipo que la NBA fue desmembrando con el paso de los años y conquistar el cuarto título copero en la historia del club gasteiztarra.

Sol y hielo. Norte y sur. Recuerdo que escapé de la nieve, no sin algún susto, cuando las máquinas casi ya no podían hacer nada por limpiar la autovía. El miércoles comenzaron los problemas. Era la antesala de aquellos dos días de caos en los que algunos conductores llegaron a quedar atrapados durante 17 horas entre Armiñón y Burgos y que a la larga acabaría con una histórica sentencia contra las empresas gestoras de la vía. En Sevilla, con temperaturas que llegaron a superar los 30 grados a lo largo de ese fin de semana, aquellos fríos polares que cubrieron con un manto blanco la Llanada parecían un sueño distante.

Una plantilla de ensueño

En aquel Baskonia no faltaba nadie. Dusko Ivanovic disponía de un plantel de ensueño: Prigioni, Calderón, Macijauskas, Vidal, Nocioni, Scola, Kornel David, Betts,Splitter...y Javi Buesa, a quien me encontré poco después de bajar del AVE (había dejado el coche en el parking de Atocha, que dos semanas después se teñiría de terror con los atentados del 11M). Estaba en el hall del hotel donde se hospedaban los equipos, muy cerca tanto de la estación como del pabellón de San Pablo. Le recogí unas declaraciones para el programa de mediodía, porque acudí a aquel torneo como enviado especial de Radio Álava. "Vamos a ganar seguro", me dijo cuando ya había apagado el minidisc. Y se le escapó una sonrisa tan sincera, tan pícara, tan tranquilizadora, que se me disipó cualquier duda. "Tengo que cuidarme la voz porque vamos a tener que estar cantando canastas hasta el domingo", recuerdo que pensé. A duras penas pude cumplirlo. Fueron días muy largos, noches muy intensas. Era la Copa. Y conforme avanzaban las jornadas la ciudad iba adquiriendo un mayor colorido azulgrana, a pesar de que las noticias que llegaban desde Vitoria resultaban cada vez más desalentadoras en cuanto a lo meteorológico. Todas las salidas estaban bloqueadas por una de las mayores nevadas de las últimas décadas. En Sevilla, lucía el sol. Sobraban las chaquetas aquella semana de finales de febrero.

El primero en caer fue el Estudiantes, que se cobraría la venganza en el cruce liguero de los play off, una dolorosa estocada para un equipo que debió haber sumado algún título más. Fue el viernes, en el segundo turno, y brilló un Nocioni al que le quedaban meses para hacer las maletas y marcharse en busca de gloria a la Ciudad del Viento. Los 24 puntos y 12 rebotes del santafesino, soberbio, arrebatador, arruinaron la excelente actuación de un Felipe Reyes (25/10) que aún no había consumado su traición al club del Ramiro. Al igual que Nocioni, cambiaría de colores el verano siguiente.

El sábado, en semifinales, tocó el anfitrión. Recuerdo el cariz surrealista que adquirían las retransmisiones. Mientras en Sevilla sudábamos la gota gorda, en los estudios centrales nuestros compañeros nos relataban los enormes problemas que estaban generando las nevadas. Vitoria estaba casi incomunicada. Pero el sábado había más bufandas azulgranas que el viernes. Y el domingo, en la final, habría aún más. El Caja San Fernando apenas fue rival para un equipo que ya apuntaba a campeón. El TAU se impuso por 25 puntos, con un Luis Scola descomunal que no concedió opción alguna a la sorpresa. La condición de favorito de aquel equipo conformado por los grandes iconos del baskonismo se agigantaba conforme pasaban los días. Sólo quedaba un escalón más.

La irrupción de Rudy Fernández

La última parada conducía al equipo de Ivanovic ante el DKV Joventut de un descarado Rudy Fernández, que se había cargado al Barça de Navarro y Varejao en semifinales. Cuando llegó la hora de la verdad, resultaba imposible saber cómo, pero Sevilla estaba ya atestada de aficionados baskonistas. Huyeron del invierno para convertir el pabellón de San Pablo en un infierno donde, por compasión, el resto de aficiones (y la mayor parte de la prensa nacional) se puso del lado de la Penya. No sirvió de nada.

Aquel era un Baskonia mayúsculo, histórico, inaccesible para el equipo verdinegro, que aún así recuerdo que llegó a vender muy cara la derrota, sobre todo por culpa de un Rudy que acabaría llevándose –de manera injusta, a mi modo de ver– el trofeo de MVP. Entonces el galardón lo concedíamos los periodistas. La prensa vitoriana dividió sus votos entre Nocioni y Scola, de nuevo los mejores en la final, y el resto buscaba iconos. En cualquier caso, el baskonismo estalló de júbilo en aquella noche veraniega de febrero, que volvió a ser larga, en unas calles de Sevilla en las que se entonó el Celedón con más de cinco meses de antelación. Todavía recuerdo los cánticos, junto a la salida del parking del Municipal de San Pablo, de centenares de hinchas vitorianos que aguardaron hasta que salieron los campeones. Abrazos, lágrimas, sudor, una unión entre jugadores y aficionados que quizá el tiempo ha debilitado. Y, cómo no, la imagen de Javi Buesa, sonrisa de Monchito, con su pequeña reproducción de la Copa. "Ya te lo dije", me guiñó mientras buscaba a su familia entre el gentío, que gritaba al son de la charanga. Como todos aquella noche que ahora se contempla inevitablemente con un halo de nostalgia.

Os dejo un vídeo que he encontrado en la web (no hay muchos, la verdad) en el que se ven los instantes finales de la final. El Baskonia afrontó los dos últimos minutos con un quinteto compuesto por Calderón, el mejor Macijauskas, Nocioni, Scola y Kornel David, que tuvo que dejar la cancha antes de tiempo por personales y su sitio lo ocupó Andrew Betts. En el banquillo, casi nada: Vidal, Splitter, Prigioni, Buesa... Repito, aunque está abierto a debate, a mi modo de ver la mejor plantilla de la que ha dispuesto el club vitoriano en su más de medio siglo de historia.





26/3/12

El carácter del carácter

Nocioni, referente del espíritu azulgrana, regresa en un momento de máxima necesidad para aportar un punto de equilibrio y alma al Caja Laboral, a pesar de que su perfil no era en inicio el buscado



Se ha forjado a lo largo de su medio siglo de historia el Baskonia una leyenda de equipo irreductible, de espíritu inmune a la rendición, que en los últimos tiempos, sobre todo en estos dos últimos ejercicios, ha tenido más de mito que de realidad. El carácter que siempre se le ha presupuesto al combinado vitoriano, más todavía en las épocas en las que el sargento Ivanovic ha estado al mando de las operaciones, se marchó por el sumidero conforme desaparecían de su plantilla algunos de los grandes iconos que lo condujeron a la aristocracia durante la pasada década. Este ejercicio, tan marcado por las calamidades, no ha representado una excepción. Más bien al contrario. Ha supuesto la confirmación de que el cuadro azulgrana, aun manteniendo los jugadores de calidad y la ambición que siempre le han permitido elevar un punto sus objetivos, había extraviado en cierta medida ese espíritu que puede haberse recobrado justo a tiempo.

La llegada de Andrés Nocioni ha devuelto la fe a la siempre devota hinchada baskonista. El mero anuncio de la contratación del argentino, que regresa a casa con la intención de volver a sentirse jugador tras una oscura etapa en Philadelphia 76ers, ha tenido un tremendo efecto terapéutico entre los aficionados y ha invitado a los pronosticadores a replantearse las opciones del combo alavés de cara a la pelea por el último título que queda en liza dentro de un curso que se ha revelado amargo.

Andrés Nocioni, puro carácter, seguramente uno de los jugadores que mejor ha encarnado en la historia del Baskonia los valores de los que se presume en el Buesa Arena, llega con la misión de devolver el alma a un equipo desnortado y que había comenzado a perder la conexión con un segmento de la grada. Josean Querejeta ha recurrido para devolver el pulso a un hombre que lleva un año casi en blanco y que, por si fuera poco, no encaja con el perfil buscado. Pero no hay miedo.

Resulta obvio que en cualquier otro punto del globo terráqueo su contratación habría generado muchos interrogantes. En Vitoria no. En la capital alavesa ha generado toneladas de ilusión. Más allá de que su estado de forma pueda resultar una incógnita (en Philadelphia ha jugado 11 partidos este curso con una media de 5 minutos por cita) y de que en absoluto aparezca como el exterior anotador en función del que se rastreaba el mercado, el fichaje de Nocioni tiene tantos matices políticos y anímicos como deportivos. Quizá más.

El Cid Nocioni

Nada es casual cuando se trata del Baskonia. El Chapu, como El Cid en la batalla de Valencia, puede aportar sin bajarse del caballo. Su llegada a un grupo deprimido, inconsistente de espíritu, que ha firmado la primera campaña en la Euroliga sin Top 16 y ha alternado actuaciones decepcionantes con alguna sonada muestra de capacidad, ya constituye por sí sola una garantía de que el cuadro azulgrana va a recobrar ciertas dosis de orgullo.

Por supuesto, no estará solo. El cambiador del inquilino del Buesa Arena cuenta con algunos otros elementos que han dado sobradas muestras de ese carácter que transporta a tiempos pretéritos. Sigue en la plantilla el grueso de los componentes del equipo que dinamitó todos los pronósticos para doblegar con contundencia al Barça y conquistó el tercer título liguero. Aquella ya histórica final encumbró a San Emeterio, laureado un año después con el galardón como mejor jugador de la ACB, y en él estaban también Ribas, Oleson y Mirza Teletovic, el elegido para recoger el testigo de Tiago Splitter. El bosnio, jugador sobrado de facultades, con un prometedor futuro seguramente al otro lado del Atlántico, fracasó cuando llegó el momento de erigirse en el líder del equipo. Y, entre otras cosas, ese fue uno de los motivos que impulsaron al club, a pesar de la oposición, a recuperar a un Pablo Prigioni que ha tratado de tirar anímicamente del carro. El timonel de Río Tercero ha estado demasiado solo en esa tarea. Pero eso se ha acabado con la llegada de su compatriota.

A Nocioni, que busca el punto óptimo de forma para los Juegos de Londres y trata de buscar un último jugoso contrato, se le va a exigir más compromiso que baloncesto, más labor de líder que canastas, pero no es manco. Sigue siendo un jugador con capacidad para marcar diferencias fuera de la NBA, como demostró el pasado verano en el Preolímpico con Argentina. Y además, y no es cuestión baladí, ayudará a reconciliar al equipo con toda la grada. No es fácil llenar un recinto con 15.000 asientos.

Os dejo al link al artículo, que apareció en la edición del domingo 25 de marzo en Diario de Noticias de Álava.

9/1/12

Un domingo cualquiera

Un Caja Laboral cargado de dudas y apeado a las primeras de cambio de la Euroliga se enfrenta a la responsabilidad de enmendar una temporada que por el momento le está viniendo demasiado grande y al reto de convertirse por fin en un equipo



Mucho se ha hablado estos días en Vitoria y sus alrededores baskonistas en torno al rumbo que sigue el desconcertante Caja Laboral de la presente campaña. El equipo azulgrana, apeado ya de la Euroliga, con una plantilla que jamás parece satisfacer las apetencias de su técnico y capaz de fragmentar la opinión de su parroquia, se enfrenta a una situación desconocida en este año recién estrenado. Habría que remontarse al siglo pasado para toparse con otro curso en el que el Baskonia alcanzara estas alturas del calendario sin más obligaciones que las de afrontar un compromiso por semana. Pero así son las cosas tras la debacle de una primera fase de la Euroliga que debió haber superado con holgura pero cuya tendencia a jugar con fuego acabó por condenarle a las llamas. Tras cerrar con un sonoro fracaso el asalto al primero de sus objetivos, con la consumación definitiva aquel ya inolvidable y doloroso 22 de diciembre en la cancha del adorado vecino, presente y futuro se presentan cargados de incógnitas, por la escasa fiabilidad exhibida hasta el momento por el equipo, pero también de ilusión, por las señales de resurrección que parece querer mandar en estas últimas semanas.

A la afición del Baskonia ya sólo le queda soñar con la Copa y, quién sabe, quizá también con un cuarto título liguero que hace poco más de año y medio llegó de una manera no menos sorprendente a las vitrinas del Buesa Arena. Hay quien considera que todo es posible y se deja llevar por el optimismo más emotivo e incontrolable, pero también quienes asumen como una losa el peso de las evidencias que ha ido dejando tras de sí el cuadro azulgrana durante su -por el momento- errático deambular. Una vez más, no me posicionaré ni de un lado ni del otro, y no porque no quiera, sino por no quedar en evidencia como ya me ha pasado otras veces. Quiero limitarme a recopilar ciertas reflexiones que han ido calando en mí durante los últimos días y confrontarlas, a ver hacia dónde acabamos tirando cada uno.

En primer lugar, y sobre esto he aprendido mucho hablando con gente que sabe mucho más que yo, hay que entender los equipos como organismos vivos, y como tal cambiantes. El Caja Laboral, por todo lo que pasó durante el verano y lo que ha ido encontrándose después, es un colectivo demasiado joven, pendiente de un ensamblaje firme que le conceda su forma más o menos definida. Es volver a darle mil vueltas al mismo asunto, pero un equipo que prescinde en verano de dos de sus principales pilares, realiza un sinfín de cambios y luego se encuentra con que unos no funcionan y otros no encajan con su entrenador, requiere de un tiempo más prolongado de rodaje que otros que pueden venir más hechos de temporadas anteriores. Este Baskonia está hecho a petachos. Por unas cosas o por otras, han pasado ya casi cuatro meses desde que arrancó el curso y en ningún momento se ha podido apreciar un conjunto homogéneo, compenetrado, ensamblado. Por el momento esta ha sido la historia de un pistolero chalado (Mirza Teletovic), un antihéroe excesivamente solo y cansado (Fernando San Emeterio), un desertor repescado para la causa (Pablo Prigioni), un secundario al que le asusta el papel principal que le quieren conceder (Brad Oleson) y una promesa a la que todos menos él parecemos esperar (Nemanja Bjelica). A estos hay que sumar a unos secundarios que pueden llegar a convertirse en los grandes salvadores del equipo, en la argamasa que engarce las piedras del muro que Ivanovic pretende levantar pero que se le está resistiendo. Y no me refiero a jugadores del perfil de Reggie Williams, Joey Dorsey (a los que sinceramente creo que se les podría haber sacado mucho más jugo) y Vladimir Golubovic, sino a Pau Ribas, a mi juicio quizá el jugador cuyo rendimiento más está encajando con las exigencias previas, Milko Bjellica y Thomas Heurtel.

¿La peor plantilla de la última década?

Dije, o más bien escribí, hace tres semanas, en la crónica para el periódico de lo que resultaba la eliminación definitiva de la Euroliga, que si los resultados miden la calidad de un equipo, éste es sin duda el peor plantel que ha tenido el Baskonia en la última década. Y lo sostengo. ¿Quiere decir esto que el cuadro azulgrana ya no dispone de jugadores de calidad? ¿No vale ninguno? ¿Son una banda? No vengo a decir esto, a pesar de que comparto con muchos de los incondicionales baskonistas la idea de que el nivel individual de los jugadores, sobre todo de los que deberían asumir los roles protagonistas, ha descendido varios peldaños. Aquí ha habido líderes, y me refiero tanto a la producción estadística como al carácter dentro del vestuario, de la talla de Rivas, Bennet, Scola, Oberto o Tiago Splitter. Resulta evidente que estos nombres provocan un sonoro eco en los cimientos del futuro Buesa Arena de los 15.000 asientos. Ahora hay otros jugadores y la maquinaria no acaba de funcionar, pero no es a la calidad individual de la plantilla hacia donde apuntaba con esa afirmación, sino hacia la entidad colectiva de un plantel que tiene que encontrarse a sí mismo antes de  afrontar las cruentas batallas que todavía la aguardan.

Alcanzar esa madurez plural que tanto añora este equipo, ya lo he dicho antes, es cuestión de tiempo. ¿De cuánto? No lo sé. Supongo que cada grupo tendrá sus tiempos, y los de este están resultando demasiado prolongados. No puedo restar relevancia a los inconvenientes, que han de servir de atenuantes, con los que se ha topado el Baskonia en esta accidentada temporada, pero ni a mí, ni a muchos otros aficionados, ni a Josean Querejeta nos pueden valer de excusas exculpatorias. Más allá de la Supercopa, a este proyecto se le podían exigir tres objetivos relativamente asequibles cuando nació la presente campaña: alcanzar el Top 16 de la Euroliga y pelear con dignidad por volver a estar entre los ocho mejores equipos del continente y luchar por disputar (la victoria no podía entenderse como una condición sine qua non) las finales de la Copa del Rey y de la Liga Endesa. Entre las obligaciones de este Caja Laboral pocos habían incluido un título, nadie estaba perdiendo la cabeza por mucho que existiera la siempre inevitable ilusión de que pudiera llegar. Y sin embargo, lo que ha llegado a las primeras de cambio ha sido el tremendo mazazo de la Euroliga. Que este plantel, por limitado que les parezca a algunos, puede dar más de sí, y seguramente lo dará, es una obviedad. Casi tanto como el hecho de que el equipo seguía en el horno cuando se encontró con la primera final del presente ejercicio. Pero eso no sirve de excusa. La responsabilidad de ensamblar las piezas y convertir este ramillete de jugadores en un grupo sólido y presto para afrontar este tipo de desafíos debe recaer sobre el entrenador, pues es esa una de sus principales funciones.

Antes de que el duskismo militante se me eche encima, aclararé que no quiero señalar con esto a Ivanovic como el gran culpable, o al menos no como el único, de que la primera meta del curso se haya saldado con un sonoro fracaso. Evaluar hasta qué punto el preparador montenegrino ha sido más o menos capaz de llevar a cabo su trabajo, de sacar el partido conveniente a los jugadores que han puesto bajo sus órdenes y de trasladar ese concepto de grupo del que hablo es una tarea que también tiene dueño. La directiva, que en algunas fases ha estado muy nerviosa y ha tenido muchas más dudas en torno a la figura del técnico de lo que se ha dicho, deberá juzgarlo cuando corresponda, aunque parece claro que la continuidad de Dusko en la capital alavesa está garantizada hasta final de temporada. El técnico balcánico, que firmó por dos temporadas el pasado verano, va a disponer del tiempo que su hoja de servicios merece para tratar de rectificar este errático rumbo. En su mano queda la oportunidad de reivindicarse una vez más haciendo ver que los inconvenientes, que han sido muchos, han tenido más peso del deseado y el concedido por algunos al rendimiento que hasta la fecha ha mostrado el equipo. Por el momento, las últimas apariciones de un equipo más descansado han permitido contemplar ciertos halos de luz entre los nubarrones.

El principal fichaje de la temporada, al caer

En unos días, en principio para finales de la semana que arranca, llegará el fichaje más importante para la presente campaña. No me refiero, obviamente, a Matt Walsh, sino a un Maciej Lampe que junto con Reggie Williams representaba la principal apuesta en la configuración del nuevo proyecto. El problema radica en que el poste polaco llega con cuatro meses de retraso, en un estado de inactividad que habrá que ver hasta cuándo lo mantiene por debajo de su nivel y justo cuando parece que las piezas del engranaje azulgrana, para mejor o para peor, comienzan a encajar. Está claro que el partido que acogió el Bilbao Arena el pasado 22 de diciembre supuso un punto de inflexión para este equipo. Muchas veces los acontecimientos traumáticos, las derrotas más dolorosas, pueden ejercer de catalizadores para que salten ciertos resortes. En las caras de algunos componentes de la tropa alavesa aprecié una sensación de fracaso tan inmensa cuando abandonábamos Miribilla que me dio por pensar que aquel varapalo podía cambiar en cierta medida el rumbo de la temporada. Ahora me aventuro a decir que no me equivocaba. De aquellos momentos de dolor brotó algo, que terminó por confirmarse sólo una semana después. El triple de San Emeterio sobre la bocina supuso un bombazo catártico para un conjunto de jugadores que necesitaba aliviar las tensiones de la desesperación y la impotencia que los había acompañado hasta esa fecha.

Ese triple pudo no haber entrado. Pero la historia del deporte, de cualquier deporte, no se escribe a través de especulaciones, sino de hechos. Y entró. Cuestión de pulgadas. Entró y algo pudo haber cambiado. No será cuestión de un día, ni de un partido, pero en el duelo que se disputó este domingo en el Olímpico de Badalona aprecié vientos de cambio, más autoestima, un orgullo renacido, ciertas dosis de carácter. El triple de San Emeterio, la eliminación europea, el bodrio ante el Fuenlabrada y el partido ante el Joventut son pasos, algunos más dolorosos que otros, que debía dar este grupo de jugadores. La clasificación de la ACB, a pesar del discreto rendimiento que jalona el devenir de este plantel tan dubitativo, abre las puertas de la absolución, concede aún todos los cartuchos a la tropa baskonista. El horizonte está repleto de propósitos de enmienda. Pero para eso, y cada vez queda menos tiempo para las excusas, hará falta que este Caja Laboral crezca como colectivo, que Ivanovic dé con la tecla para hacer de esta amalgama de individualidades un todo granítico. Porque ya lo decía Al Pacino, o mejor dicho el entrenador Tony D'Amato en Un domingo cualquiera (Any given sunday), seguramente una de las mejores películas de deporte de la historia, durante el speech previo al último partido de los Miami Sharks: "O nos curamos, como equipo, o nos desmoronamos. Jugada a jugada. Pulgada a pulgada. Hasta el final. Ahora estamos en el infierno, caballeros. Creedme. Y nos quedamos aquí dejándonos machacar o luchamos por volver a la luz. Podemos salir del infierno pulgada a pulgada...".

No he podido resistir la tentación de cerrar este post con el que me parece uno de los mejores discursos de la historia del cine. "En este equipo nos dejamos el pellejo nosotros y cada uno de los demás por esa pulgada que se gana. Porque cuando sumamos una tras otra... Porque sabemos que si sumamos esas pulgadas, eso es lo que va a marcar la puta diferencia entre ganar o perder. Entre vivir o morir...".


10/12/11

Un ladrón de guante azulgrana

Pablo Prigioni ingresa en la historia de la Euroliga como el jugador que más balones ha robado en el torneo tras superar el pasado jueves a Teo Papaloukas



Se esconde para hacerse el encontradizo. Como los grandes felinos, aguarda el despiste de su presa, el momento oportuno para atacar. Al final llegará, siempre llega. Una o dos veces por partido, Pablo Prigioni ejecuta una jugada que ha patentado y que ahora le ha permitido ingresar en el listado de honor de la Euroliga. El timonel argentino se convirtió el pasado jueves en Atenas en el jugador que más balones ha recuperado a lo largo de la historia del torneo. Con los cuatro robos que sumó ante el Olympiacos, el jugador azulgrana alcanzó las 318 recuperaciones, una más que otro viejo zorro de las pistas, ahora en el Maccabi, como es el griego Teo Papaloukas.

Prigioni, ratero del parqué, ha elevado a la categoría de arte un movimiento que refleja la picardía sobre la que ha edificado su carrera el que a sus casi 35 años pasa por ser uno de los mejores directores de juego en la historia del baloncesto continental. Nadie saca tanto partido a la falta de concentración de sus oponentes. Saque de fondo tras canasta y ahí aparece, como de la nada. Nueve temporadas le han bastado para encaramarse a lo más alto de una nómina que coronan ilustres de la talla del propio Papaloukas, su compatriota Diamantidis, un fijo en los quintetos defensivos de la Euroliga como el incombustible Gianluca Basile, que es cuarto, y el ex del CSKA Jon Robert Holden. Un repóquer de ases sin parangón en el que el argentino ejerce como comodín.

Amado, repudiado, represaliado, silbado y finalmente amnistiado, Prigioni está sacando chispas al que muchos pensaban que podía ser su último contrato con un equipo que tuviera ciertas aspiraciones. Ahora todos lo dudan. Los cerca de 37 minutos que pasó sobre la cancha del Pabellón de la Paz y la Amistad el jueves, en un partido en el que Ivanovic era consciente de lo que había en juego, refrendan la impresión de que este ladrón de guante azulgrana aún tiene cuerda para rato. En vista del decepcionante rendimiento que está ofreciendo el púber Thomas Heurtel, el peso del argentino en los esquemas del cuadro gasteiztarra se ha disparado hasta convertirlo en uno de los pocos hilvanes que sostienen a un plantel bajo constante sospecha.

Prigioni ronda ya la media hora de juego de promedio en la competición europea. En un equipo que añora más actores protagonistas, se ha sumado a la vieja guardia, porque nunca dejó de pertenecer a ella, y está firmando uno de sus mejores cursos en la competición europea. Anota 6,8 puntos, captura 3,4 rebotes y reparte 4,6 asistencias por cita. Pero por encima de todo, roba, castiga los despistes del rival. En realidad, hace lo que siempre ha sabido hacer mejor que nadie y ahora ratifican los registros históricos de la Euroliga, competición que lidera en recuperaciones por partido (2,5 por compromiso) en la presente temporada y en la que también figura como segundo mejor asistente histórico, de nuevo por detrás de Teo Papaloukas.

Ahora la duda estriba en saber hasta cuándo le aguantarán las piernas para poder seguir el ritmo que Ivanovic y las limitaciones de su propio equipo le están imponiendo. Está mucho mejor de lo que muchos pensaban cuando fichó y, mirando las fechas de su DNI, recordaban sus dos irregulares campañas en el Madrid. Ya en verano, al frente de una selección argentina en la que Pepe Sánchez apenas le concedía algunos minutos de relevo, evidenció un sobresaliente estado de forma. Con la albiceleste, teniendo como principal rival al tipo que le sustituyó y al que ahora él sustituye, un Marcelinho Huertas que es todo piernas, no descansó hasta sentir en su cuello el peso del oro. Pero aquel era un torneo de corta duración y pocos jugadores, tengan la edad que tengan, pueden aguantar muchos meses al nivel de exigencia física y mental que ahora mismo reclama este Caja Laboral a sus pilares fundamentales.

Prigioni, a quien sus compañeros de vestuario describen como una roca, seguirá dando el máximo hasta que el equipo encuentre el equilibrio que tanto echa en falta y el técnico pueda equilibrar de nuevo el reparto de tiempo. Entretanto, se mantendrá agazapado, alerta, con los dedos, ágiles y malvados, dispuestos a castigar el menor error de sus contrincantes.

                                            TOP 10 DE LADRONES HISTÓRICOS DE LA EUROLIGA

                                                          Pos.                                                                Part.     Robos   Media
1PRIGIONI, PABLO1813181.76
2PAPALOUKAS, THEODOROS2223171.43
3DIAMANTIDIS, DIMITRIS1542881.87
4BASILE, GIANLUCA2072601.26
5HOLDEN, J.R.2092471.18
6GARBAJOSA, JORGE1442171.51
7LANGDON, TRAJAN1672161.29
8LAKOVIC, JAKA2101940.92
9PRKACIN, NIKOLA1451901.31
10NAVARRO, JUAN CARLOS1991890.95