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8/4/13

Un clásico con poso agridulce

CSKA y Baskonia se han medido en 17 ocasiones en la actual Euroliga, con 13 victorias para los rusos / En su último enfrentamiento, hace tres años, los moscovitas dejaron al Caja Laboral de Dusko Ivanovic sin Final Four


Se ha convertido en un clásico, en un choque de trenes de primer nivel continental. El duelo entre el CSKA de Moscú y el Caja Laboral que acogerán los cuartos de final de la Euroliga a partir del miércoles pasa por ser, sin discusión, uno de los enfrentamientos más atractivos que a lo largo de la última década ha podido verse en esta competición. Aunque no siempre, o más bien casi nunca, el regusto que ha dejado en el paladar del baskonismo ha sido demasiado agradable. Podría decirse que todo lo contrario. Las estadísticas no acompañan las ansias de gloria del equipo de Zan Tabak, que busca una nueva campanada, si bien existen precedentes positivos que han quedado grabados a fuego en la retina de la hinchada azulgrana.


Aquella semifinal en la Final Four de Moscú o el triunfo en la primera visita al Universal Sports Hall de la capital rusa contrastan con otras instantáneas del pasado en las que la mueca reflejaba tristeza, decepción o rabia. En realidad, los números son muy claros. Baskonia y CSKA se han enfrentado desde el nacimiento de la Euroliga en 17 ocasiones y el balance sonríe a los rusos, que se han llevado la victoria en 13 de esos encuentros.
Desde el primer duelo entre ambos equipos, en marzo de 2002, hasta el precedente más fresco, en los cuartos de final de hace tres años, la mayor parte de las ocasiones en las que el combinado del Ejército Rojo se ha cruzado en el trayecto del Baskonia hacia los títulos la resaca ha resultado más bien agridulce. Jugadores como Holden, Siskauskas, Trajan Langdon o Teo Papaloukas, el único de todos ellos que sigue en la plantilla de Ettore Messina, se convirtieron en verdugos de las esperanzas de algunas de las plantillas más brillantes de la historia del club vitoriano.
Un superviviente del primer duelo
De aquel primer duelo, celebrado en el Buesa Arena, sólo queda un superviviente. Un imberbe Andrés Nocioni formaba parte del roster que cayó derrotado en el pabellón de Zurbano por un CSKA en el que por aquel entonces brillaban Turkcan, McCants, Pashutin, el exbaskonista Rubén Wolkowysky y un Gordan Giricek que finiquitó con sus 25 puntos al equipo azulgrana. Junto a Nocioni, en un plantel muy corto de efectivos pero sobrado de talento, formaron Bennett, Scola, Foirest, Sconochini, Tomasevic, Oberto y Corchiani. Un equipazo que en el partido de vuelta de ese Top 16 se cobró la revancha y consiguió la que es, hasta la fecha, la única victoria que ha obtenido el combinado alavés en el Universal Sports Hall moscovita. Lo hizo además con contundencia (73-90), aunque a la postre no bastó para obtener una plaza en la Final Four de Bolonia.
Tendrían que pasar dos temporadas para que se reprodujera el enfrentamiento entre ambos, de nuevo en el Top 16. El primer choque volvió a vivirse en el Buesa Arena. El CSKA, ya con Papaloukas, Monya, Khryapa, Marcus Brown, Holden y el exbaskonista Victor Alexander, se apuntó la victoria. Pero aquel TAU, que contaba con la que muchos señalan como la mejor plantilla de su historia (Prigioni, Calderón, Macijauskas, Vidal, Nocioni, Kornel David, Scola, Splitter y Betts), también quería devolver el golpe en Moscú. No pudo hacerlo. En un partido marcado por la fatalidad, el cuadro ruso fue capaz de remontar los cinco puntos de ventaja con los que contaba el Baskonia a falta de 50 segundos para el final, sumar el triunfo y colarse en la final a cuatro de Tel Aviv. El gesto de Teo Papaloukas, autor del robo y la canasta decisivos, rebanándose el cuello con dedicatoria a la afición vitoriana forma parte también de la lista de hitos de este rosario de duelos.
El TAU tuvo un año después ocasión de disfrutar de la vendetta. Y en esta ocasión resultó especialmente dulce. En la campaña 2004/05 el destino los cruzó en la primera fase, donde el CSKA cumplió con la tradición y se apuntó la victoria tanto en Moscú (88-83) como en Vitoria (81-85), y también en la Final Four. Los cuatro mejores equipos de Europa se citaban en la capital rusa, por lo que el equipo adiestrado por Dusan Ivkovic reforzaba su condición de favorito. La humillación resultó más dolorosa. Un espectacular TAU asaltó el Olímpico y acalló a los miles de aficionados rusos que confiaban en disfrutar del primer título continental del CSKA en más de tres décadas. Macijauskas y Kornel David lideraron a un Baskonia que volvía a una final. No pudo sin embargo con el Maccabi de Baston, Vujcic, Anthony Parker y un Jasikevicius descomunal.
Semifinal en Praga
En la 2005/06, la temporada en la que Velimir Perasovic ocupó el banquillo baskonista, ambos equipos volvieron a cruzarse en el Top 16. Una victoria para cada uno. El CSKA ganó en su cancha y el TAU en el Buesa. Ambos acabarían jugando la Final Fouren Praga. Y esta vez los rusos sí lograron, 35 años después, volver a levantar el trofeo.
Aún se enfrentarían de nuevo en la 2007/08. Ese curso, que se cerró con el CSKA de nuevo como campeón y el Baskonia en la Final Four de Madrid, los rusos se llevaron el triunfo tanto en los dos duelos de la primera fase como en la semifinal. El miércoles volverán a verse las caras. Será la segunda vez que lo hagan en una eliminatoria de cuartos. La anterior tuvo lugar hace tres años, en el último precedente. El CSKA, que había vencido en fase regular tanto en Moscú como en Vitoria, se apuntó la serie tras ganar los dos primeros partidos en casa, caer en el tercero y volver a vencer en el cuarto, celebrado en el Buesa Arena. El irregular Baskonia de Tabak tiene en su mano la ocasión de cambiar el destino y lograr que el poso de estos duelos abandone su tono amargo.
Link a la noticia completa, publicada en Diario de Noticias de Álava

22/5/12

Nieve, verano, nostalgia y la sonrisa de Monchito

Aunque estamos inmersos en un play off en el que el Baskonia se ha propuesto escribir una nueva página dorada en su historia, tratando de reproducir el milagro que hace sólo dos años condujo al tercer título ACB, quiero compartir con vosotros una ventana al recuerdo que he rescatado por encargo de los responsables de la revista del club '5+11'. El director de comunicación del Caja Laboral, Nacho Goicoechea, me pidió que le remitiera unas líneas con algún momento que se me hubiera quedado grabado en la retina, y no tuve dudas: la Copa del Rey de 2004, que se celebró en Sevilla, pasa por ser el momento álgido, desde mi perspectiva, de la era dorada de un equipo que contaba por aquel entonces con un elenco de jugadores seguramente irrepetible. Echemos la vista atrás ocho años.


Nieve, verano, nostalgia y la sonrisa de Monchito


Sucedió en Sevilla, en un mes de febrero que fue verano. Y en Vitoria, donde febrero siempre es febrero pero aquel resultó especialmente gélido. Ni siquiera la nieve logró evitar que el baskonismo festejara el único título que pudo alzar la que, a mi juicio, ha sido la mejor plantilla que ha tenido el club azulgrana en toda su historia, la de la campaña 2003/2004. En el Municipal de San Pablo, en una ciudad anegada de baloncesto, los héroes que despertaron ese espíritu nostálgico tan propio de una afición que no acaba de pensar en clave de presente, que se aferra al recuerdo, se conjuntaron para crear un equipo que la NBA fue desmembrando con el paso de los años y conquistar el cuarto título copero en la historia del club gasteiztarra.

Sol y hielo. Norte y sur. Recuerdo que escapé de la nieve, no sin algún susto, cuando las máquinas casi ya no podían hacer nada por limpiar la autovía. El miércoles comenzaron los problemas. Era la antesala de aquellos dos días de caos en los que algunos conductores llegaron a quedar atrapados durante 17 horas entre Armiñón y Burgos y que a la larga acabaría con una histórica sentencia contra las empresas gestoras de la vía. En Sevilla, con temperaturas que llegaron a superar los 30 grados a lo largo de ese fin de semana, aquellos fríos polares que cubrieron con un manto blanco la Llanada parecían un sueño distante.

Una plantilla de ensueño

En aquel Baskonia no faltaba nadie. Dusko Ivanovic disponía de un plantel de ensueño: Prigioni, Calderón, Macijauskas, Vidal, Nocioni, Scola, Kornel David, Betts,Splitter...y Javi Buesa, a quien me encontré poco después de bajar del AVE (había dejado el coche en el parking de Atocha, que dos semanas después se teñiría de terror con los atentados del 11M). Estaba en el hall del hotel donde se hospedaban los equipos, muy cerca tanto de la estación como del pabellón de San Pablo. Le recogí unas declaraciones para el programa de mediodía, porque acudí a aquel torneo como enviado especial de Radio Álava. "Vamos a ganar seguro", me dijo cuando ya había apagado el minidisc. Y se le escapó una sonrisa tan sincera, tan pícara, tan tranquilizadora, que se me disipó cualquier duda. "Tengo que cuidarme la voz porque vamos a tener que estar cantando canastas hasta el domingo", recuerdo que pensé. A duras penas pude cumplirlo. Fueron días muy largos, noches muy intensas. Era la Copa. Y conforme avanzaban las jornadas la ciudad iba adquiriendo un mayor colorido azulgrana, a pesar de que las noticias que llegaban desde Vitoria resultaban cada vez más desalentadoras en cuanto a lo meteorológico. Todas las salidas estaban bloqueadas por una de las mayores nevadas de las últimas décadas. En Sevilla, lucía el sol. Sobraban las chaquetas aquella semana de finales de febrero.

El primero en caer fue el Estudiantes, que se cobraría la venganza en el cruce liguero de los play off, una dolorosa estocada para un equipo que debió haber sumado algún título más. Fue el viernes, en el segundo turno, y brilló un Nocioni al que le quedaban meses para hacer las maletas y marcharse en busca de gloria a la Ciudad del Viento. Los 24 puntos y 12 rebotes del santafesino, soberbio, arrebatador, arruinaron la excelente actuación de un Felipe Reyes (25/10) que aún no había consumado su traición al club del Ramiro. Al igual que Nocioni, cambiaría de colores el verano siguiente.

El sábado, en semifinales, tocó el anfitrión. Recuerdo el cariz surrealista que adquirían las retransmisiones. Mientras en Sevilla sudábamos la gota gorda, en los estudios centrales nuestros compañeros nos relataban los enormes problemas que estaban generando las nevadas. Vitoria estaba casi incomunicada. Pero el sábado había más bufandas azulgranas que el viernes. Y el domingo, en la final, habría aún más. El Caja San Fernando apenas fue rival para un equipo que ya apuntaba a campeón. El TAU se impuso por 25 puntos, con un Luis Scola descomunal que no concedió opción alguna a la sorpresa. La condición de favorito de aquel equipo conformado por los grandes iconos del baskonismo se agigantaba conforme pasaban los días. Sólo quedaba un escalón más.

La irrupción de Rudy Fernández

La última parada conducía al equipo de Ivanovic ante el DKV Joventut de un descarado Rudy Fernández, que se había cargado al Barça de Navarro y Varejao en semifinales. Cuando llegó la hora de la verdad, resultaba imposible saber cómo, pero Sevilla estaba ya atestada de aficionados baskonistas. Huyeron del invierno para convertir el pabellón de San Pablo en un infierno donde, por compasión, el resto de aficiones (y la mayor parte de la prensa nacional) se puso del lado de la Penya. No sirvió de nada.

Aquel era un Baskonia mayúsculo, histórico, inaccesible para el equipo verdinegro, que aún así recuerdo que llegó a vender muy cara la derrota, sobre todo por culpa de un Rudy que acabaría llevándose –de manera injusta, a mi modo de ver– el trofeo de MVP. Entonces el galardón lo concedíamos los periodistas. La prensa vitoriana dividió sus votos entre Nocioni y Scola, de nuevo los mejores en la final, y el resto buscaba iconos. En cualquier caso, el baskonismo estalló de júbilo en aquella noche veraniega de febrero, que volvió a ser larga, en unas calles de Sevilla en las que se entonó el Celedón con más de cinco meses de antelación. Todavía recuerdo los cánticos, junto a la salida del parking del Municipal de San Pablo, de centenares de hinchas vitorianos que aguardaron hasta que salieron los campeones. Abrazos, lágrimas, sudor, una unión entre jugadores y aficionados que quizá el tiempo ha debilitado. Y, cómo no, la imagen de Javi Buesa, sonrisa de Monchito, con su pequeña reproducción de la Copa. "Ya te lo dije", me guiñó mientras buscaba a su familia entre el gentío, que gritaba al son de la charanga. Como todos aquella noche que ahora se contempla inevitablemente con un halo de nostalgia.

Os dejo un vídeo que he encontrado en la web (no hay muchos, la verdad) en el que se ven los instantes finales de la final. El Baskonia afrontó los dos últimos minutos con un quinteto compuesto por Calderón, el mejor Macijauskas, Nocioni, Scola y Kornel David, que tuvo que dejar la cancha antes de tiempo por personales y su sitio lo ocupó Andrew Betts. En el banquillo, casi nada: Vidal, Splitter, Prigioni, Buesa... Repito, aunque está abierto a debate, a mi modo de ver la mejor plantilla de la que ha dispuesto el club vitoriano en su más de medio siglo de historia.