El Baskonia se hace fuerte en su feudo y pisotea al poderoso CSKA para forzar un cuarto partido / El apoyo de la grada resulta clave / Nemanja se reivindica
El CSKA va a tener que sudar para rematar una serie que parecía haber dejado vista para sentencia en los dos primeros duelos. Va a tener que sudar mucho además. El Caja Laboral sacó las garras ayer en el tercer asalto. El equipo de Zan Tabak recuperó el orgullo y se sacudió los miedos y el excesivo respeto al todopoderoso rival moscovita para darse un festín a costa de un rival que creía tenerlo hecho.
Es posible que los rusos sigan manteniendo el cartel de favoritos, por potencial y por sensaciones globales de los tres envites, pero el conjunto vitoriano ha resucitado a tiempo. Apoyado en un público entregado y determinante, que generó un ambiente hostil que acabaría por fagocitar al CSKA, el cuadro azulgrana mandó un mensaje muy claro: para ganar en el Buesa Arena hay que ofrecer mucho más.
El Caja Laboral recuperó las señas de identidad que han hecho grande a este club. Los pupilos de Tabak derrocharon la entrega y la confianza que se echó en falta en Moscú y pisotearon al que probablemente sea el mejor equipo del continente. El Caja Laboral fue por fin el Caja Laboral. El Caja Laboral fue el Baskonia. El plantel que tantas suspicacias ha generado, se puso el traje de gala y ofreció una respuesta en la que no demasiados creían. Disipó de un plumazo las dudas desde el arranque.
El técnico croata supo aprovechar los días de descanso de los que dispuso para preparar el tercer asalto. El quinteto que entró de inicio dejó aparcadas las dudas y saltó a la yugular de un CSKA que se vio sorprendido por el elevado nivel de intensidad que fijó el Baskonia Los rusos, como el partido, duraron el tiempo que fueron capaces de aguantar el empuje baskonista.
Tabak da un paso al frente
Tabak supo responder a lo que se le exigía, buscó algunas variantes y ayer sí ganó la batalla táctica. El trabajo de desgaste de Cook, Causeur y Nocioni, que tiraron del equipo en un primer cuarto que se cerró más ajustado de lo que marcaron los méritos de uno y otro equipo (15-14), encontró la rubrica en la genialidad de un Nemanja Bjelica que tenía muchas ganas de reivindicarse y ofreció un auténtico recital.
En un segundo acto de alto voltaje, en el que se señalaron tres técnicas (Nocioni, Teodosic y Tabak) y las gradas del Buesa Arena ardieron como en las grandes citas de antaño, el Baskonia sacó a relucir la garra y la agresividad que ha sabido mostrar cada vez que se ha encontrado en una situación límite. Y la de ayer sin duda lo era.
Bien dirigido por un Heurtel que retrató la edad de Papaloukas con varias acciones que levantaron al público de los asientos y con Nemanja a un nivel al que muy pocos jugadores del continente pueden siquiera aspirar a llegar, el cuadro azulgrana dinamitó el partido. Al descanso, de hecho, ya estaba todo resuelto (43-24).
Quedaban veinte minutos por delante y sobrevolaba la incógnita de saber qué nivel de hambre mostraría el equipo ante un CSKA que parecía pensar más en el encuentro de mañana que en el que se estaba jugando. Nadie se dejó llevar. Más bien al contrario. El conjunto vitoriano mostró un nivel de compromiso y de ambición sublimes. Olió sangre y no soltó a la presa hasta el último cuarto, cuando Tabak se permitió el lujo de ofrecer unos minutos de recompensa a Jelinek e incluso a Calbarro.
Un triple de un Milko Bjelica ayer soberbio nada más arrancar el último acto estableció la máxima renta baskonista (73-39). El Buesa Arena bramó orgulloso. El primer triunfo estaba ya en el zurrón. El lujoso CSKA mordía el polvo, probaba la medicina que a lo largo de los años han tenido que tragar otros muchos cuando han visitado el coliseo de Zurbano con altanería o aires de superioridad.
La de mañana será otra película. El rival sigue teniendo ventaja y al Baskonia no le queda margen de error. Aunque quizá por eso, por su proverbial capacidad para revolverse como un gato acorralado cuando se encuentra sin opciones, merezca la pena conceder crédito a un equipo que en Moscú parecía haberlo perdido por completo. Esto, no en vano, no es Moscú. Esto es el Buesa Arena. Y ayer al CSKA le quedó muy claro.
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18/4/13
No en el Buesa
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14/4/13
Basket de dos velocidades
El Caja Laboral recibe un severo correctivo y se muestra impotente ante un CSKA muy superior
Podrían hacerse miles de lecturas de lo que ayer ocurrió sobre el parqué del Universal Sports Hall de Moscú. Habrá quien hable de falta de compromiso, de mala dirección desde el banquillo o de desatino a la hora de tomar las decisiones tanto en defensa como en ataque. Pero existe una versión que no admite ningún tipo de debate: la que responde a la abismal diferencia de nivel que ahora mismo separa a las plantillas de ambos equipos.
El Caja Laboral recibió un nuevo correctivo en la pista de un CSKA todopoderoso, casi intocable y que parece decidido a cerrar la eliminatoria por la vía rápida. A pesar del patente crecimiento anímico que en cuestión de horas parecía haber experimentado el equipo, que saltó a la cancha con apetito de revancha y mucha más confianza en sus posibilidades, la realidad acabó por situar a cada uno en su lugar. El combinado baskonista, que ofreció un primer cuarto que invitaba a soñar con gestas pretéritas, terminó estrellándose contra un muro y sumando una segunda derrota que, más que nada por las formas, empuja incluso a pensar que, si no cambian mucho las cosas, el miércoles se dará por cerrada la meritoria andadura del conjunto de Tabak en la Euroliga.
El técnico croata deberá revisar en el baúl de sus recursos para encontrar algún revulsivo que varíe el guión de una batalla en la que Ettore Messina se está manejando con mucha comodidad. Lo de siempre ya ha quedado claro que no basta. Y apenas se apreciaron correcciones tácticas entre el primer y el segundo partido. El CSKA explotó sus bazas, sacó enormes réditos a su superioridad física y al fondo de armario sin que se viera que en el banquillo visitante fueran a ofrecerse recetas originales para tratar de modificar los parámetros que regían un duelo en el que el conjunto vitoriano volvió a despeñarse por un precipicio.
Sí funcionaron, al menos de inicio, las artes de psicólogo que tanta falta le hacían a la plantilla azulgrana tras el baño de realidad del miércoles. Tabak supo aprovechar el tiempo para recuperar anímicamente a sus pupilos, que encararon los primeros minutos con sangre en los ojos y una aparente obsesión por devolver el golpe recibido. Con un quinteto en el que Causeur suplió en el puesto de escolta al capitán San Emeterio, bien dirigido por Cook y con Lampe como gran amenaza interior, el Baskonia encontró cierto equilibrio y logró incluso marcar el ritmo de juego en los compases iniciales.
La amenaza del poste polaco en la pintura obligaba al CSKA a cerrar la defensa y eso generaba espacios y tiros abiertos que el Baskonia ayer sí supo aprovechar. Hasta cuatro triples logró anotar en este primer acto el equipo azulgrana, cuya actividad defensiva impedía que el cuadro ruso anotara con sencillez. Cook, con dos, Nocioni y Lampe abrieron brecha desde el perímetro. Una canasta del osado Causeur estableció la máxima renta (12-21) justo antes de que todo el invento se viniera abajo.
Tabak arriesgó en exceso y lo pagó. Mantuvo a Lampe en pista con dos faltas y Messina supo leerlo. Dio entrada a Nenad Krstic y en su primer baile bajo canasta logró forzar la tercera del polaco y además anotar. Quedaba más de media hora de partido y el conjunto vitoriano se quedaba sin su principal argumento ofensivo. Aun así, supo mantener el tirón y cerrar con la cabeza alta un primer cuarto que marcaba el rumbo a seguir para aspirar a llevarse el partido (20-26).
Apagón
A partir de ahí se apagaron las luces. El Caja Laboral se desmoronó por completó. Se derritió como un cubito de hielo al sol ante la potente rotación del CSKA. Papaloukas, Micov y Jackson mantenían el nivel mientras la entrada en pista de Heurtel coincidía con el desplome absoluto. Con Lampe reservado y Nemanja Bjelica desaparecido en combate por segundo partido consecutivo, irrumpió la oscuridad. El Baskonia sudaba sangre para producir en ataque, pero San Emeterio, tan obstinado como valiente, trataba de mantener las constantes vitales del equipo y el partido se mantenía abierto al descanso (44-37).
Quedaba por ver si el equipo azulgrana dispondría de la fortaleza mental para dar la respuesta que exigía la cita. Y una vez más quedó claro que no la tiene. El CSKA adquirió velocidad de crucero y el Baskonia deambuló por la pista como un boxeador sonado, sufriendo un doloroso castigo que por momentos llegó a rozar la treintena de puntos.
El equipo de Messina se apunta el segundo punto y deja la elkminatoria vista para sentencia. No da la impresión de que Tabak pueda esta vez ejercer su asombrosa capacidad para obrar milagros. Pero la serie vuela ahora hacia Vitoria. A eso se agarra el baskonismo. Habrá que ver si el abrigo de la hinchada azulgrana basta para reducir las insondables distancias que hoy por hoy se aprecian entre ambos equipos.
Podrían hacerse miles de lecturas de lo que ayer ocurrió sobre el parqué del Universal Sports Hall de Moscú. Habrá quien hable de falta de compromiso, de mala dirección desde el banquillo o de desatino a la hora de tomar las decisiones tanto en defensa como en ataque. Pero existe una versión que no admite ningún tipo de debate: la que responde a la abismal diferencia de nivel que ahora mismo separa a las plantillas de ambos equipos.
El Caja Laboral recibió un nuevo correctivo en la pista de un CSKA todopoderoso, casi intocable y que parece decidido a cerrar la eliminatoria por la vía rápida. A pesar del patente crecimiento anímico que en cuestión de horas parecía haber experimentado el equipo, que saltó a la cancha con apetito de revancha y mucha más confianza en sus posibilidades, la realidad acabó por situar a cada uno en su lugar. El combinado baskonista, que ofreció un primer cuarto que invitaba a soñar con gestas pretéritas, terminó estrellándose contra un muro y sumando una segunda derrota que, más que nada por las formas, empuja incluso a pensar que, si no cambian mucho las cosas, el miércoles se dará por cerrada la meritoria andadura del conjunto de Tabak en la Euroliga.
El técnico croata deberá revisar en el baúl de sus recursos para encontrar algún revulsivo que varíe el guión de una batalla en la que Ettore Messina se está manejando con mucha comodidad. Lo de siempre ya ha quedado claro que no basta. Y apenas se apreciaron correcciones tácticas entre el primer y el segundo partido. El CSKA explotó sus bazas, sacó enormes réditos a su superioridad física y al fondo de armario sin que se viera que en el banquillo visitante fueran a ofrecerse recetas originales para tratar de modificar los parámetros que regían un duelo en el que el conjunto vitoriano volvió a despeñarse por un precipicio.
Sí funcionaron, al menos de inicio, las artes de psicólogo que tanta falta le hacían a la plantilla azulgrana tras el baño de realidad del miércoles. Tabak supo aprovechar el tiempo para recuperar anímicamente a sus pupilos, que encararon los primeros minutos con sangre en los ojos y una aparente obsesión por devolver el golpe recibido. Con un quinteto en el que Causeur suplió en el puesto de escolta al capitán San Emeterio, bien dirigido por Cook y con Lampe como gran amenaza interior, el Baskonia encontró cierto equilibrio y logró incluso marcar el ritmo de juego en los compases iniciales.
La amenaza del poste polaco en la pintura obligaba al CSKA a cerrar la defensa y eso generaba espacios y tiros abiertos que el Baskonia ayer sí supo aprovechar. Hasta cuatro triples logró anotar en este primer acto el equipo azulgrana, cuya actividad defensiva impedía que el cuadro ruso anotara con sencillez. Cook, con dos, Nocioni y Lampe abrieron brecha desde el perímetro. Una canasta del osado Causeur estableció la máxima renta (12-21) justo antes de que todo el invento se viniera abajo.
Tabak arriesgó en exceso y lo pagó. Mantuvo a Lampe en pista con dos faltas y Messina supo leerlo. Dio entrada a Nenad Krstic y en su primer baile bajo canasta logró forzar la tercera del polaco y además anotar. Quedaba más de media hora de partido y el conjunto vitoriano se quedaba sin su principal argumento ofensivo. Aun así, supo mantener el tirón y cerrar con la cabeza alta un primer cuarto que marcaba el rumbo a seguir para aspirar a llevarse el partido (20-26).
Apagón
A partir de ahí se apagaron las luces. El Caja Laboral se desmoronó por completó. Se derritió como un cubito de hielo al sol ante la potente rotación del CSKA. Papaloukas, Micov y Jackson mantenían el nivel mientras la entrada en pista de Heurtel coincidía con el desplome absoluto. Con Lampe reservado y Nemanja Bjelica desaparecido en combate por segundo partido consecutivo, irrumpió la oscuridad. El Baskonia sudaba sangre para producir en ataque, pero San Emeterio, tan obstinado como valiente, trataba de mantener las constantes vitales del equipo y el partido se mantenía abierto al descanso (44-37).
Quedaba por ver si el equipo azulgrana dispondría de la fortaleza mental para dar la respuesta que exigía la cita. Y una vez más quedó claro que no la tiene. El CSKA adquirió velocidad de crucero y el Baskonia deambuló por la pista como un boxeador sonado, sufriendo un doloroso castigo que por momentos llegó a rozar la treintena de puntos.
El equipo de Messina se apunta el segundo punto y deja la elkminatoria vista para sentencia. No da la impresión de que Tabak pueda esta vez ejercer su asombrosa capacidad para obrar milagros. Pero la serie vuela ahora hacia Vitoria. A eso se agarra el baskonismo. Habrá que ver si el abrigo de la hinchada azulgrana basta para reducir las insondables distancias que hoy por hoy se aprecian entre ambos equipos.
11/4/13
Más difícil todavía
El Caja Laboral se desmorona en el Universal Sports Hall de Moscú ante un CSKA que gana sin apretar el acelerador
Había acudido la plantilla del Caja Laboral envalentonada a Moscú y salió del primer duelo de la serie de cuartos con un buen golpe en los morros. El CSKA sacó pecho ayer ante los pupilos de Zan Tabak. La mejor plantilla del continente le recordó al combinado azulgrana que tendrá que dar mucho más, todo lo que tiene e incluso algunas cosas que no tiene, para poder siquiera competir por obtener la plaza en la Final Four por la que las gestas pretéritas han concedido el derecho a soñar.
Ayer, en un partido que duró apenas cinco minutos, que se resolvió antes de que parte de los aficionados que habían acudido al Universal Sports Hall ocupara su localidad, el conjunto azulgrana recibió un baño de realidad que no hace sino mostrar el verdadero nivel de dificultad que encierra la misión a la que con tanta ambición se ha lanzado. A medio gas, sin pisar a fondo el acelerador, el equipo del Ejército Rojo se apuntó una victoria que en cualquier caso marcó distancias mucho mayores a las que reflejaba el marcador final.
A este Caja Laboral de las dos velocidades, desconcertado y desconcertante, le faltan casi siempre arrestos para mantener la compostura cuando las cosas vienen mal dadas. Y en el primer duelo de esta eliminatoria vinieron torcidas casi desde el salto inicial, en el que Kaun se impuso a Maciej Lampe en lo que parecía una predicción de lo que iba a suceder durante los siguientes cuarenta minutos en las zonas. Todo el caudal de confianza que había acompañado a Moscú al equipo se fue por el sumidero en cuanto quedó claro que nadie iba a ser capaz de ponerle un cascabel a Teodosic. La comodidad con la que el timonel serbio generaba puntos en primera y tercera persona, unido al pésimo nivel de acierto que mostraba el conjunto baskonista en ataque (1 de 11 en triples en la primera mitad), propició que surgieran las dudas y que todo el invento se viniera de repente abajo.
Tabak, en su versión más conservadora, dejó bien claro desde el principio que no era un partido para experimentos. El preparador croata compuso por primera vez un quinteto en el que figuraban los jugadores a los que se suponía que correspondía la responsabilidad de tirar del carro. Cook, San Emeterio, Nocioni, Nemanja y Lampe partían con la misión de establecer el listón de la competitividad y fallaron con estrépito.
Justo en un enfrentamiento en el que el cuadro baskonista necesitaba sumar el mayor número de piezas posible para competir con el desorbitante fondo de armario moscovita, fueron algunos puntales los que fracasaron. Cook se mostró en todo momento incapaz de frenar a Teodosic, San Emeterio se vio muy superado por Weems, Nemanja se borró tras firmar un arranque bochornoso y Lampe resultó atropellado por la contundencia de Kaun y la infalible calidad de Nenad Krstic, que hicieron y deshicieron a su antojo en la pintura. Sólo Nocioni, una vez más, dio la cara. Pero con eso no bastaba para contener a un rival que cuenta con un sinfín de jugadores sobrados de talento y despliega un baloncesto eficaz y mucho más brillante que en anteriores épocas de Messina.
Así las cosas, tras alcanzar el descanso con 15 puntos de desventaja (50-35), quedaba por ver si el Baskonia sería al menos capaz de sacar a relucir el carácter y el orgullo. Ni lo uno ni lo otro. A pesar de la irrupción en escena de un Causeur valiente y comprometido, que remó muchas veces solo, el CSKA se manejó con una hiriente comodidad a una victoria que a todas luces parecía hecha desde el primer acto.
El maquillaje final, tan fruto de la relajación del anfitrión como del intento a la desesperada de las tropas baskonistas por evitar un resultado sonrojante, no puede ocultar la realidad de un partido en el que quedó muy claro cuál es el grado de exigencia en el que se va a mover la serie. El Caja Laboral deberá poner más, mucho más, para soñar siquiera con ganar un partido. En apenas unas horas, el equipo debe demostrar que lo de ayer fue tan sólo un tropiezo achacable a la inexperiencia de una plantilla tan verde todavía como la camiseta con la que cedió la primera derrota.
Había acudido la plantilla del Caja Laboral envalentonada a Moscú y salió del primer duelo de la serie de cuartos con un buen golpe en los morros. El CSKA sacó pecho ayer ante los pupilos de Zan Tabak. La mejor plantilla del continente le recordó al combinado azulgrana que tendrá que dar mucho más, todo lo que tiene e incluso algunas cosas que no tiene, para poder siquiera competir por obtener la plaza en la Final Four por la que las gestas pretéritas han concedido el derecho a soñar.
Ayer, en un partido que duró apenas cinco minutos, que se resolvió antes de que parte de los aficionados que habían acudido al Universal Sports Hall ocupara su localidad, el conjunto azulgrana recibió un baño de realidad que no hace sino mostrar el verdadero nivel de dificultad que encierra la misión a la que con tanta ambición se ha lanzado. A medio gas, sin pisar a fondo el acelerador, el equipo del Ejército Rojo se apuntó una victoria que en cualquier caso marcó distancias mucho mayores a las que reflejaba el marcador final.
A este Caja Laboral de las dos velocidades, desconcertado y desconcertante, le faltan casi siempre arrestos para mantener la compostura cuando las cosas vienen mal dadas. Y en el primer duelo de esta eliminatoria vinieron torcidas casi desde el salto inicial, en el que Kaun se impuso a Maciej Lampe en lo que parecía una predicción de lo que iba a suceder durante los siguientes cuarenta minutos en las zonas. Todo el caudal de confianza que había acompañado a Moscú al equipo se fue por el sumidero en cuanto quedó claro que nadie iba a ser capaz de ponerle un cascabel a Teodosic. La comodidad con la que el timonel serbio generaba puntos en primera y tercera persona, unido al pésimo nivel de acierto que mostraba el conjunto baskonista en ataque (1 de 11 en triples en la primera mitad), propició que surgieran las dudas y que todo el invento se viniera de repente abajo.
Tabak, en su versión más conservadora, dejó bien claro desde el principio que no era un partido para experimentos. El preparador croata compuso por primera vez un quinteto en el que figuraban los jugadores a los que se suponía que correspondía la responsabilidad de tirar del carro. Cook, San Emeterio, Nocioni, Nemanja y Lampe partían con la misión de establecer el listón de la competitividad y fallaron con estrépito.
Justo en un enfrentamiento en el que el cuadro baskonista necesitaba sumar el mayor número de piezas posible para competir con el desorbitante fondo de armario moscovita, fueron algunos puntales los que fracasaron. Cook se mostró en todo momento incapaz de frenar a Teodosic, San Emeterio se vio muy superado por Weems, Nemanja se borró tras firmar un arranque bochornoso y Lampe resultó atropellado por la contundencia de Kaun y la infalible calidad de Nenad Krstic, que hicieron y deshicieron a su antojo en la pintura. Sólo Nocioni, una vez más, dio la cara. Pero con eso no bastaba para contener a un rival que cuenta con un sinfín de jugadores sobrados de talento y despliega un baloncesto eficaz y mucho más brillante que en anteriores épocas de Messina.
Así las cosas, tras alcanzar el descanso con 15 puntos de desventaja (50-35), quedaba por ver si el Baskonia sería al menos capaz de sacar a relucir el carácter y el orgullo. Ni lo uno ni lo otro. A pesar de la irrupción en escena de un Causeur valiente y comprometido, que remó muchas veces solo, el CSKA se manejó con una hiriente comodidad a una victoria que a todas luces parecía hecha desde el primer acto.
El maquillaje final, tan fruto de la relajación del anfitrión como del intento a la desesperada de las tropas baskonistas por evitar un resultado sonrojante, no puede ocultar la realidad de un partido en el que quedó muy claro cuál es el grado de exigencia en el que se va a mover la serie. El Caja Laboral deberá poner más, mucho más, para soñar siquiera con ganar un partido. En apenas unas horas, el equipo debe demostrar que lo de ayer fue tan sólo un tropiezo achacable a la inexperiencia de una plantilla tan verde todavía como la camiseta con la que cedió la primera derrota.
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8/4/13
Un clásico con poso agridulce
CSKA y Baskonia se han medido en 17 ocasiones en la actual Euroliga, con 13 victorias para los rusos / En su último enfrentamiento, hace tres años, los moscovitas dejaron al Caja Laboral de Dusko Ivanovic sin Final Four
Se ha convertido en un clásico, en un choque de trenes de primer nivel continental. El duelo entre el CSKA de Moscú y el Caja Laboral que acogerán los cuartos de final de la Euroliga a partir del miércoles pasa por ser, sin discusión, uno de los enfrentamientos más atractivos que a lo largo de la última década ha podido verse en esta competición. Aunque no siempre, o más bien casi nunca, el regusto que ha dejado en el paladar del baskonismo ha sido demasiado agradable. Podría decirse que todo lo contrario. Las estadísticas no acompañan las ansias de gloria del equipo de Zan Tabak, que busca una nueva campanada, si bien existen precedentes positivos que han quedado grabados a fuego en la retina de la hinchada azulgrana.
Se ha convertido en un clásico, en un choque de trenes de primer nivel continental. El duelo entre el CSKA de Moscú y el Caja Laboral que acogerán los cuartos de final de la Euroliga a partir del miércoles pasa por ser, sin discusión, uno de los enfrentamientos más atractivos que a lo largo de la última década ha podido verse en esta competición. Aunque no siempre, o más bien casi nunca, el regusto que ha dejado en el paladar del baskonismo ha sido demasiado agradable. Podría decirse que todo lo contrario. Las estadísticas no acompañan las ansias de gloria del equipo de Zan Tabak, que busca una nueva campanada, si bien existen precedentes positivos que han quedado grabados a fuego en la retina de la hinchada azulgrana.
Aquella semifinal en la Final Four de Moscú o el triunfo en la primera visita al Universal Sports Hall de la capital rusa contrastan con otras instantáneas del pasado en las que la mueca reflejaba tristeza, decepción o rabia. En realidad, los números son muy claros. Baskonia y CSKA se han enfrentado desde el nacimiento de la Euroliga en 17 ocasiones y el balance sonríe a los rusos, que se han llevado la victoria en 13 de esos encuentros.
Desde el primer duelo entre ambos equipos, en marzo de 2002, hasta el precedente más fresco, en los cuartos de final de hace tres años, la mayor parte de las ocasiones en las que el combinado del Ejército Rojo se ha cruzado en el trayecto del Baskonia hacia los títulos la resaca ha resultado más bien agridulce. Jugadores como Holden, Siskauskas, Trajan Langdon o Teo Papaloukas, el único de todos ellos que sigue en la plantilla de Ettore Messina, se convirtieron en verdugos de las esperanzas de algunas de las plantillas más brillantes de la historia del club vitoriano.
Un superviviente del primer duelo
De aquel primer duelo, celebrado en el Buesa Arena, sólo queda un superviviente. Un imberbe Andrés Nocioni formaba parte del roster que cayó derrotado en el pabellón de Zurbano por un CSKA en el que por aquel entonces brillaban Turkcan, McCants, Pashutin, el exbaskonista Rubén Wolkowysky y un Gordan Giricek que finiquitó con sus 25 puntos al equipo azulgrana. Junto a Nocioni, en un plantel muy corto de efectivos pero sobrado de talento, formaron Bennett, Scola, Foirest, Sconochini, Tomasevic, Oberto y Corchiani. Un equipazo que en el partido de vuelta de ese Top 16 se cobró la revancha y consiguió la que es, hasta la fecha, la única victoria que ha obtenido el combinado alavés en el Universal Sports Hall moscovita. Lo hizo además con contundencia (73-90), aunque a la postre no bastó para obtener una plaza en la Final Four de Bolonia.
Tendrían que pasar dos temporadas para que se reprodujera el enfrentamiento entre ambos, de nuevo en el Top 16. El primer choque volvió a vivirse en el Buesa Arena. El CSKA, ya con Papaloukas, Monya, Khryapa, Marcus Brown, Holden y el exbaskonista Victor Alexander, se apuntó la victoria. Pero aquel TAU, que contaba con la que muchos señalan como la mejor plantilla de su historia (Prigioni, Calderón, Macijauskas, Vidal, Nocioni, Kornel David, Scola, Splitter y Betts), también quería devolver el golpe en Moscú. No pudo hacerlo. En un partido marcado por la fatalidad, el cuadro ruso fue capaz de remontar los cinco puntos de ventaja con los que contaba el Baskonia a falta de 50 segundos para el final, sumar el triunfo y colarse en la final a cuatro de Tel Aviv. El gesto de Teo Papaloukas, autor del robo y la canasta decisivos, rebanándose el cuello con dedicatoria a la afición vitoriana forma parte también de la lista de hitos de este rosario de duelos.
El TAU tuvo un año después ocasión de disfrutar de la vendetta. Y en esta ocasión resultó especialmente dulce. En la campaña 2004/05 el destino los cruzó en la primera fase, donde el CSKA cumplió con la tradición y se apuntó la victoria tanto en Moscú (88-83) como en Vitoria (81-85), y también en la Final Four. Los cuatro mejores equipos de Europa se citaban en la capital rusa, por lo que el equipo adiestrado por Dusan Ivkovic reforzaba su condición de favorito. La humillación resultó más dolorosa. Un espectacular TAU asaltó el Olímpico y acalló a los miles de aficionados rusos que confiaban en disfrutar del primer título continental del CSKA en más de tres décadas. Macijauskas y Kornel David lideraron a un Baskonia que volvía a una final. No pudo sin embargo con el Maccabi de Baston, Vujcic, Anthony Parker y un Jasikevicius descomunal.
Semifinal en Praga
En la 2005/06, la temporada en la que Velimir Perasovic ocupó el banquillo baskonista, ambos equipos volvieron a cruzarse en el Top 16. Una victoria para cada uno. El CSKA ganó en su cancha y el TAU en el Buesa. Ambos acabarían jugando la Final Fouren Praga. Y esta vez los rusos sí lograron, 35 años después, volver a levantar el trofeo.
Aún se enfrentarían de nuevo en la 2007/08. Ese curso, que se cerró con el CSKA de nuevo como campeón y el Baskonia en la Final Four de Madrid, los rusos se llevaron el triunfo tanto en los dos duelos de la primera fase como en la semifinal. El miércoles volverán a verse las caras. Será la segunda vez que lo hagan en una eliminatoria de cuartos. La anterior tuvo lugar hace tres años, en el último precedente. El CSKA, que había vencido en fase regular tanto en Moscú como en Vitoria, se apuntó la serie tras ganar los dos primeros partidos en casa, caer en el tercero y volver a vencer en el cuarto, celebrado en el Buesa Arena. El irregular Baskonia de Tabak tiene en su mano la ocasión de cambiar el destino y lograr que el poso de estos duelos abandone su tono amargo.
Link a la noticia completa, publicada en Diario de Noticias de Álava
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7/4/13
Los tentáculos del gigante ruso
El CSKA, gran favorito al título, cuenta con la mejor plantilla de la Euroliga / Ettore Messina dispone de dos y hasta tres jugadores de calidad para cada puesto
En la Euroliga hay buenos equipos, grandes equipos y luego está el CSKA. El combinado moscovita, gran favorito a alzarse con el cetro continental, se presenta como un obstáculo de dimensiones descomunales en el trayecto que debe seguir el Baskonia en la búsqueda de su quinta Final Four. El sueño del equipo de Tabak de obrar un tercer milagro se topa con el ogro al que todos querían evitar, pero nadie arroja la toalla de antemano. Las tropas azulgranas han cargado los depósitos de autoestima, se han armado de confianza y afrontan lo que hace no mucho podía considerarse como una misión imposible con ambición.
Posible es, desde luego, aunque no resultará en absoluto sencillo plantar cara a un equipo que tiene mucho y casi todo bueno. Ettore Messina dispone de un plantel sobrado de calidad y cantidad. El preparador transalpino cuenta con algunos de los jugadores más determinantes del Viejo Continente. Tiene piezas por duplicado e incluso triplicado para cada puesto y parte con la obligación de, como mínimo, evitar las sorpresas y hacerse con un billete para el O2.
A pesar de la marcha de algunos puntales como Shved, Kirilenko o Siskauskas, el CSKA sigue pudiendo presumir de contar con una de las plantillas más desorbitantes de la Euroliga. Quizá la más. Empezando por el timón, en manos del genial Milos Teodosic, pasando por una línea exterior en la que brillan Sony Weems o Viktor Khryapa y acabando en un juego interior que se corona con la excelsa calidad de Nenad Krstic o la contundencia de Sasha Kaun, el conjunto moscovita aparece en el horizonte baskonista como un oponente temible y sin fisuras, aunque a lo largo de la temporada ha quedado claro que también las tiene.
Los moscovitas combinan la veteranía de viejas glorias curtidas en mil batallas, como el odiado Teo Papaloukas, con la energía de algunos de los valores más firmes del baloncesto ruso, como Vorontsevich o Ponkrashov. Presenta estrellas y finos estilistas, como el eléctrico Aaron Jackson -reclutado del Bilbao Basket a golpe de talonario-, pero también obreros que prestan un valioso servicio a la causa, como el exbaskonista Vladimir Micov o el granítico Dmitry Sokolov. El CSKA tiene de todo. Mucho y bueno. Por eso la eliminatoria de cuartos se avecina tan apasionante como complicada para un Caja Laboral que deberá sublimar el rendimiento de su versión más seria para poder competir ante un rival que ya se ha cruzado en otras ocasiones en su camino hacia las semifinales.
La versatilidad de Khryapa, la calidad de Krstic y el talento de Teodosic sobresalen en un plantel desorbitante
Milos Teodosic maneja los mandos. La estrella de la selección serbia ha madurado. Messina ha sido capaz de sacar todo el jugo a un jugador que ha incrementado su producción estadística con respecto a la pasada campaña. Con el italiano juega más que con Kazlauskas y asume además mayores responsabilidades anotadoras. En todo caso, la mayor amenaza que presenta tiene mucho más que ver con su capacidad para hacer jugar a sus compañeros. Thomas Heurtel y sobre todo Omar Cook tendrán una labor fundamental para la suerte de la serie. Si logran dificultar su tarea, el Baskonia ganará enteros. De lo contrario, si luce a su antojo, el CSKA puede avasallar como una apisonadora a cualquier rival.
Messina, pese a todo, cuenta con otras alternativas. Hay hasta tres bases más en la plantilla que podrían ser titulares u hombres importantes en cualquier otro equipo de Euroliga. Papaloukas ha acabado por hacerse hueco en la rotación. A sus 36 años, el combo heleno ha perdido parte de su chispa, pero conserva su conocimiento del juego y su capacidad para dominar el tempo de los partidos. Jackson ha cedido algo de protagonismo, aunque sigue siendo un arma de incalculable valor para cambiar el ritmo y revolucionar cualquier duelo. Y aún le queda a Messina el arma de Ponkrashov, base titular en la selección rusa y relegado al ostracismo en los últimos duelos. Su corpulencia y capacidad para sacar ventajas al poste ante pares más pequeños representan también un recurso del que el técnico italiano podría echar mano en un momento dado.
En el perímetro también hay piezas muy diferentes que confieren a Messina un elevado margen de maniobra. Más allá de que tanto Papaloukas como Ponkrashov pueden actuar como escoltas, son Weems y Khryapa los que ocupan de inicio las alas. El norteamericano, excompañero de José Manuel Calderón en los Raptors, ya exhibió sus virtudes en el Zalgiris el pasado curso. Sin embargo, su explosión definitiva ha llegado en Moscú. Es una de las principales armas ofensivas de un CSKA al que si hubiera que ponerle un pero quizá podría situarse en la falta de tiradores. Sobre Khryapa hay poco que decir. Es uno de los mejores jugadores del baloncesto europeo. Gran defensor, buen anotador y con un físico especialmente dotado para este deporte, es el tercer jugador que acumula más minutos. En función del rival, si el equipo contrario dispone de interiores móviles y con querencia a merodear la línea de tres como es el caso del Baskonia, suele ocupar la demarcación de cuatro. En ese caso, Micov, otro excelente defensor con el que Nocioni y San Emeterio tendrán un hueso duro de roer, gana minutos.
Dinamita en la pintura
La versatilidad del juego interior supone la guinda de este temible CSKA. Messina cuenta con cuatro jugadores que superan los 2,10 y con un quinto pívot, Vorontsevich, llamado a ser grande aunque su progresión se está viendo en cierto modo eclipsada por la dura competencia. La gran amenaza en la pintura la representa Nenad Krstic. El exjugador de Thunder y Celtics posee el mejor juego de pies de la Euroliga y su talento ofensivo quizá sólo pueda ser comparable cerca del aro al de Maciej Lampe. La diferencia estriba en que Krstic siempre cuenta con un guardaespaldas que se encarga del trabajo menos luminoso. Sasha Kaun, un portento físico que hace mucho daño en el rebote ofensivo, Sokolov o Erceg pueden asumir esta labor, aunque en numerosas ocasiones es el propio Khryapa quien ejerce como acompañante.
Los nombres, a simple vista, asustan. Pero también asustaban, y quizá más, el pasado año y el CSKA volvió a estrellarse y a quedarse sin un título que parecía tener adjudicado de antemano. Ganar en Moscú nunca es fácil, pero tampoco imposible. El Baskonia lo ha hecho, y este mismo curso otros dos equipos de la ACB, el Barça y el Unicaja, han sido capaces de dar la campanada. En la primera fase el equipo de Messina sólo cedió una derrota, pero en el Top 16 ha peleado hasta la última jornada por el primer puesto. Maciej Lampe y Andrés Nocioni marcaron el camino. La receta parece clara. Hay que pelear para conseguir un triunfo en el Universal Sports Hall y después rematar la serie en Vitoria, al abrigo del Buesa Arena. El CSKA es un gigante, pero este Baskonia, al menos en Europa, ha demostrado osadía incluso para pelear contra molinos.
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29/6/11
Una tragedia griega
Dos de los clubes más poderosos del continente, Panathinaikos y Olympiacos, salen a la venta y descubren las vergüenzas de un deporte que hoy por hoy genera mucho menos de lo que gasta
Ni siquiera el estómago atiborrado de títulos ha bastado para convencer a Pavlos y Thanasis Giannakopoulos, brillantes comandantes de un lustroso imperio farmacéutico, para que sigan al frente del club del trébol. El último campeón de la Euroliga, con Zeljko Obradovic, su pléyade de estrellas, el OAKA, sus animadoras, ha salido a la venta. Se lo llevará el mejor postor. Un equipo que dispone del técnico más laureado del continente, que ha ganado seis de los últimos quince títulos europeos y se ha paseado con insultante tiranía por la competición doméstica, no resulta un producto económicamente viable. No es una inversión atractiva para los Giannakopoulos, que lo sacan a la venta y ya se rumorea sobre la existencia de un posible comprador. En cualquier caso, se trata de una compañía especializada en la consultoría financiera, con experiencia en la compraventa de sociedades deportivas a ambos lados del Atlántico y que, de hecho, ya ha participado en el rescate de varias franquicias de la NBA en peligro. Si finalmente se consuma la transacción, lo que parece claro es que el PAO, clásico entre los clásicos, perderá buena parte de su legendaria esencia y, quizá también, osadía económica para seguir reclutando a base de talonario a los mejores jugadores de Europa.
El caso del Olympiacos, aunque similar, puede entenderse desde otra perspectiva: la del eterno perdedor. En las oficinas del Pireo se han hartado de coleccionar desengaños. Los hermanos Angelopoulos, los empresarios navales Panayiotis y Giorgios, disponen al menos de esta coartada para justificar su deseo de desprenderse de sus acciones. En cualquier caso, detrás del hastío propio de quien se confirma incapaz de convertir cualquier proyecto, por millonario que sea, en un producto exitoso, se esconden también los números, fríos, cabales, rojos como el color de la camiseta que han vestido tantas y tantas estrellas durante los últimos años. Los Angelopoulos lo han intentado todo para tratar de devolver al equipo ese espíritu ganador que lo condujo a único título continental, el cosechado en aquella final de 1997, triste recuerdo para el barcelonismo, en la que David Rivers volvió a dejar a Aíto García Reneses con la miel en los labios.
Todas las estrellas del Pireo
Por el Pireo han pasado durante el mandato de los navieros jugadores de la talla de Nikola Vujcic, Tyus Edney, el ex tirador del Basoknia Arvydas Macijauskas, Sofoklis Schortsanitis, Linas Kleiza, Teo Papaloukas o Josh Childress, jugador con el que el club griego dinamitó todos los preceptos establecidos sobre salarios y le firmó un escandaloso (e injustificado) contrato de 20 millones de euros en tres temporadas. Tampoco sirvió de nada. Fue el penúltimo experimento fracasado de los hermanos Angelopoulos, que entre los motivos que esgrimieron para sostener su decisión de vender el club (hecha pública a través de la web oficial) también aludieron a la pésima calidad de los arbitrajes y a la incontenible e histórica violencia que rodea al baloncesto griego. Sin embargo, a nadie se le escapan las razones reales de su hartazgo. En primer lugar, pesa el hecho de que no han catado un título realmente jugoso (Liga o Euroliga) desde que se hicieron con el control total de la entidad, hace más de siete años. Pero resulta evidente que la escasa rentabilidad del negocio ha tenido también su peso.
En el deporte de élite no existen recetas mágicas. Y son pocos los que aguantan cuando los gastos superan con holgura los ingresos y encima se conceden tan escasas alegrías a la afición. Los Angelopoulos lo intentaron hasta el final. Tras fenecer ahogados junto a la orilla en la Final Four de París del pasado año, volvieron a levantarse y a realizar una potente apuesta que, a la larga, ha resultado tan baldía como las anteriores. A un equipo que ya disponía del genial Milos Teodosic, el eterno Papaloukas y actores principales tan interesantes como Bourousis o Halperin, le añadieron a un ex NBA como Nesterovic y a una de las promesas que tan excelentes sensaciones arrojó durante el último Mundial con Serbia, Mario Keselj. No son pocos los que en Vitoria creyeron a finales del verano pasado, mientras seguían las evoluciones del torneo celebrado en Turquía, que el Caja Laboral se había equivocado de promesa al fichar a Bjelica. Pero ésa es otra historia. Para rematar el pastel, se fueron en busca de una fruta prohibida, de una guinda que debía suponer algo más que la contratación de un excelente jugador. Los Angelopoulos cruzaron Atenas, se internaron en territorio enemigo y sacaron la chequera para hacer daño al eterno rival con el fichaje de Spanoulis, un golpe de estado en toda regla que tampoco sirvió para abandonar la vereda del fracaso. La Liga helena, es más, volvió a quedarse en el OAKA. Con un añadido hiriente: el Panathinaikos se adjudicó, esta vez contra pronóstico, el título continental.
Los resultados deportivos han supuesto la gota que colma el vaso de la paciencia de los propietarios del conjunto del Pireo. Pero detrás de estos movimientos de escapismo se oculta una realidad tan evidente como amenazadora para el baloncesto. La crisis, en cualquier caso, no es exclusiva del deporte de la canasta. Y menos en Grecia, un país sumido en la desesperación, que sufre ahora mismo los efectos de tres jornadas consecutivas de huelga general. En ese panorama, que como digo en Grecia se exhibe más crudo pero que traspasa fronteras, el baloncesto deberá ofrecer mucho más de lo que ofrece a los valientes inversores que se planteen siquiera la opción de afrontar el reto.
¿Una oportunidad de oro o las barbas del vecino en remojo?
En términos prácticos, la inminente espantada de los dueños de dos de los equipos más pudientes del continente puede interpretarse como una excelente ocasión para sus principales rivales de hacerse con algunas de sus figuras. Se podría entender que el Barça, que navega con criterio deportivo y económico y aspira a poder pescar a Teodosic en estas revueltas aguas, el Madrid, el CSKA o los combinados turcos saldrán beneficiados. Pero sería un tremendo error pensar en esos términos. El baloncesto acaba de padecer un nuevo golpe, que es más síntoma precoz que causa de muerte y como tal debería entenderse.
Si los clubes captan el mensaje, duela a quien duela, es posible que poco a poco el baloncesto ajuste los números. Hoy por hoy no resultan asumibles para casi nadie los sueldos que se firman, sobre todo en un contexto en el que muchos equipos sudan sangre para encontrar patrocinadores y no son pocos los cubes que se ven amenazados por la desaparición. Ahí está el caso del Lucentum, que en los dos próximos días debe salvar la operación financiera a vida o muerte que mantiene desde hace semanas.
Ahora que la ACB asiste a una metamorfosis que debe definir el cuaderno de ruta para los próximos años, para una etapa que marcará de manera definitiva su destino, no estaría de más que se tomase en cuenta el hecho de que ni los más poderosos pueden asumir modelos de negocio tan surrealistas como los que han imperado. En España se ha estandarizado la convivencia con las deudas millonarias. No son pocos los clubes de fútbol que con la ley en la mano deberían desaparecer o, como poco, perder varias categorías. El baloncesto no puede permitirse ese lujo. Sea por la gestión mejor o peor que se ha llevado en los últimos años, porque no interesa tanto al gran público como algunos creemos o por cualquier otro motivo, no genera ni de lejos los mismos ingresos que el fútbol. En todos esos debates de las cabezas pensantes que tratan de reinventar este deporte quizá vaya siendo hora de que se piense en clave realista. En Grecia, aunque sean los mismos que reventaron el tema, se toma un nuevo camino Y no es tan grave. La verdadera tragedia griega está en las calles. La representan el rescate de la Unión Europea, el paro y toda esa gente que sigue confiando en el sistema.
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