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25/9/12

Jugador de chica


EL BASKONIA CAE CON ROTUNDIDAD EN MIRIBILLA EN SU ENSAYO GENERAL ANTES DEL DEBUT LIGUERO
La inconsistencia azulgrana bajo los aros y el acierto del Gescrap en el triple acaban con un equipo demasiado caótico

GESCRAP Raül López (6), Vasileiadis (7), Mumbrú (3), Moerman (18), Rakovic (12) -cinco inicial-, Pilepic (6), Hamilton (7), Zisis (7), Samb (2) y Grimau (10).
CAJA LABORAL Cabezas (2), Oleson (7), San Emeterio (10), Nemanja (13), Pleiss (8) -cinco inicial-, Heurtel (13), Rochestie (3), Nocioni (18) y Hernández Sonseca.
Parciales 19-21, 38-33; 62-49, 78-74.
Árbitros García, Sacristán y Manuel. Eliminado San Emeterio (min.39).
Pabellón Miribilla. Unos 6.143 espectadores.
Suele decirse en el mus que el jugador que persigue las piedras de chica acaba perdiendo la partida. El baloncesto tiene poco que ver con ese juego de naipes, pero es un deporte en el que, salvo gloriosas excepciones, suelen ganar los tipos grandes. El Caja Laboral recibió ayer su primera señal de alarma en Miribilla. El Gescrap disputará la final de la presente edición de la Euskal Kopa tras pasar por encima de un rival al que sólo la calidad individual de algunos de sus puntales y un arreón de orgullo final ahorraron un correctivo sonrojante. En su ensayo general, la última prueba antes del arranque de la competición oficial, quedó patente que el nuevo proyecto azulgrana se encuentra demasiado atado a las limitaciones estructurales con las que se ha decidido armar la plantilla. Las bajas de Maciej Lampe y Milko Bjelica, que salvo sorpresa se perderán también el primer compromiso liguero en Zaragoza, arrojan un plantel superpoblado de exteriores pero demasiado inconsistente en la pintura como para hacer frente a un rival de cierta enjundia.
Podría decirse que el partido de ayer fue tan sólo otra prueba de la que deberían sacarse pocas conclusiones. Pero sería faltar a la verdad. Para bien o para mal, el plantel con el que se presentó el Caja Laboral en Miribilla será prácticamente el mismo con el que deberá afrontar su primera cita liguera. Salvo milagro inesperado, Ivanovic no tendrá más ingredientes interiores que añadir a la mezcla, lo que resulta preocupante porque Pleiss, un jugador muy válido pero tierno, sigue sin completar un partido en el que no sufra el peaje de la acumulación de faltas.
El Gescrap se encuentra también en fase de rodaje. El equipo de Katsikaris ha cambiado en esencia con la marcha de un Aaron Jackson que marcaba el ritmo. Ha perdido electricidad y se ha convertido en un colectivo mucho más sedentario, con más kilos y cierta tendencia a abusar del triple. Pero eso le bastó en la primera mitad para mandar en el marcador. Moerman, Vasileiadis y Raül López retrataron los desajustes de una defensa que siempre iba un paso por detrás para alcanzar en ventaja (38-33) el ecuador de un partido en el que el Caja Laboral sólo dio la cara en el primer acto.
Ivanovic se empeña en democratizar el puesto de base. El técnico montenegrino, fiel a su filosofía de ponerles las cosas difíciles a los nuevos, tiene a sus directores de juego nadando en un mar de dudas. Thomas Heurtel, que el pasado año no estaba a su juicio preparado más que para ofrecer cinco minutos de oxígeno a Prigioni, parece ahora el predilecto del balcánico, mientras Cabezas y Rochestie -todavía demasiado perdido- carecen de la continuidad necesaria para hacerse importantes y asumir los galones.
SIN TORRES El nuevo proyecto baskonista, tan corto de efectivos interiores, se tambaleará cada vez que alguno de los tres interiores puros con los que cuenta ahora estornude. Y con dos lesionados, como es el caso, no debe extrañar que protagonice ejercicios de impotencia como el de ayer. Tanto Nocioni como Nemanja están en condiciones de ejercer de improvisados interiores. Pero al final da más la impresión de que se desperdicia el potencial de dos de los mejores treses de la ACB que de que de verdad están en condiciones de dar réplica a sus pares en defensa. Ayer, sin ir más lejos, un recién llegado como Moerman se bautizó en los derbis vecinales con una actuación para enmarcar. Bien ayudado por Rakovic y Hamilton, el Bilbao Basket controló el rebote, fue superior bajo los aros y encima remató al visitante con un terrible acierto desde la línea de tres (11 de 25, el 44%).
El Baskonia, que llegó a disponer de una jugada con dos tiros libres y posesión para forzar la prórroga en manos de Nocioni, fía su destino a la inspiración de sus estrellas. Sin un referente claro en la dirección, sus ataques se desarrollan en un caos que en el mejor de los casos se resuelve merced a la calidad de jugadores como Nocioni, San Emeterio o Nemanja, los tres únicos jugadores que se han mantenido en la línea de fiabilidad en esta pretemporada. Ante la baja de Causeur, que no jugó por precaución, Oleson volvió a mostrar su lado más oscuro, más cobarde, y sujeto a sus tres puntales y al anárquico paso al frente de Heurtel en el epílogo, el cuadro azulgrana trató de apelar a la épica para enmendar lo que ayer no era enmendable pero que en un futuro puede y debe solucionarse. Tiempo hay para ello.

15/5/12

De miedos y euforias


El entorno baskonista pasa del temor a que el Gescrap pudiera ser el primer rival en las eliminatorias por el título al optimismo desmedido y peligrosamente injustificado tras el último enfrentamiento liguero entre ambos, que se saldó con paliza



Parece que el entorno baskonista, paciente hasta la médula, transita en esta desconcertante temporada con la misma celeridad que la plantilla de un extremo al otro en cuanto a sensaciones y certezas. No hay términos medios cuando se habla de este Caja Laboral. Capaz de lo mejor, pero también de lo peor, como ha quedado patente a lo largo de los últimos meses, el combinado azulgrana se encamina al estreno del play off por el título con la moral parcheada tras la demostración de capacidad que ofreció ante el que será su rival a partir del jueves, al que volvió a superar además en la pachanga de la Euskal Kopa. Como todo es blanco o negro, el recelo se ha transformado en cuestión de semanas en un optimismo desaforado, peligroso, e injustificado si se tienen en cuenta los precedentes de un equipo que en algo más de siete meses de competición se ha revelado completamente incapaz de seguir una línea regular y uniforme de juego y solvencia.

El Baskonia tiene plantilla, a pesar de algunos puntos débiles que se han revelado evidentes, para plantar cara a cualquier rival en la ACB. A cualquiera. De eso no me cabe ninguna duda. Siempre y cuando, claro está, el comandante el jefe de la tropa alavesa, su sargento de hierro, sepa manejar con cierta cordura el elenco de excelentes jugadores de que dispone. En cualquier caso, no ha habido un año en el que el cuadro baskonista se mostrara tan endeble, tan vulgar, hasta el punto de despreciar su propia condición de aristócrata de la competición para firmar varios sonoros batacazos ante rivales inesperados. Y en este sentido, huelga recordarlo, tampoco convendría menospreciar el potencial del vecino, actual subcampeón del torneo y cuartofinalista de la Euroliga en su temporada de debut, por mucho que haya alcanzado con la lengua fuera el tramo final de la fase regular.

El deseo de evitar al vecino

En Vitoria, y esto no se puede ocultar, no eran pocos los que mostraban abiertamente sus preferencias sobre que el Gescrap no fuera el primer obstáculo hacia el título que podría cerrar con un idílico broche un ejercicio en el que casi todo ha sido malo. Ahora, tras el correctivo de la última jornada liguera, las tornas han girado hasta tal punto, que el miedo (o recelo) ha mutado en una confianza desmedida para la que tampoco debería existir justificación. Ni una cosa ni la otra. Es decir, ni era de recibo que la afición hablara en clave de título pero mostrara cierto temor ante la perspectiva de un cruce prematuro ante los vecinos del norte, ni lo es que por el resultado de un partido (ni siquiera tengo en cuenta la Euskal Kopa), y más teniendo en cuenta los precedentes de esta misma temporada, se lancen las campanas al vuelo y se proclamen victorias anticipadas antes de que la eliminatoria haya podido siquiera nacer.

No puede obviarse que las sensaciones que arrojan ambos equipos a las puertas del primer asalto del duelo favorecen el caldo de cultivo que se ha creado en la capital alavesa por la manera en la que se cerró el ejercicio y se conoció la composición definitiva de los cruces. El Bilbao Basket perdió de manera inexplicable la opción de sentenciar la cuarta plaza en la penúltima jornada, ante lo que era un equipo en plena descomposición como Unicaja, y después salió del Buesa Arena humillado. Los hombres de negro, como sus vecinos futboleros, han llegado a la fase decisiva del curso sin oxígeno, con la lengua fuera. Más que cualquier otra cosa, viéndolo con la perspectiva y la falta de información detallada que ofrecen sesenta kilómetros de distancia, da la impresión de que la principal fuente de problemas del cuadro bilbaíno, que ha firmado una temporada irregular en ACB pero notable en Euroliga, tiene que ver con el físico. Teniendo en cuenta el periodo de reposo que (inexplicablemente desde el punto de vista del espectador) se ha establecido antes del inicio de las eliminatorias por el título, el rival que se encontrará el combinado azulgrana el jueves no será, ni de lejos, el mismo que visitó la pista de Zurbano hace unos días.

Un Baskonia al alza

Por otro lado, el Baskonia también llega al alza. Tanto desde un punto de vista individual como colectivo. Al plantel que adiestra Ivanovic se le aventuraba un tremendo margen de mejora desde que todas sus piezas se unieron al puzle. Pero se ha demorado mucho más de lo esperado. Más allá de la peliaguda lesión de Fernando San Emeterio, que puede obligarle a perderse algún partido o a disputarlo sin encontrarse en condiciones óptimas, la impresión que ofrecen los puntales del equipo es de llegar al momento determinante de la temporada en su mejor momento de forma. Al menos en su mayoría, gente como Lampe, Prigioni o Andrés Nocioni, ya que el estado depresivo del capitán, un Mirza Teletovic que debe enderezar el rumbo en los compases finales de la que puede ser su última temporada con la elástica azulgrana, siembra algunas dudas. En cualquier caso, hay motivos para presagiar una eliminatoria igualada. No los hay, en cambio, ni para el miedo ni para las euforias desproporcionadas, por mucho que cualquier equipo que quiera aspirar al título, y el Baskonia ahora mismo lo codicia como el que más, deba verse capaz de superar a cualquier adversario.

El equipo vitoriano tiene en su mano la ocasión de enmendar el terrible y doloroso golpe que le endosó a las estadísticas y la tradición en vísperas de las vacaciones de Navidad. Fue entonces el mismo rival, el Gescrap, el que se encargó de empujarle al abismo que suponía quedar por primera vez fuera de la Euroliga a las primeras de cambio. Fue un golpe anímico y con repercusiones económicas que dolió a este lado de Altube. Ahora el cuadro bilbaíno se yergue de nuevo en el horizonte como el obstáculo a superar para mantener casi inmaculada la hoja de servicios de la tropa vitoriana en los cuartos de final de la ACB.
En el presente siglo, de hecho, sólo el Unicaja ha sido capaz de eliminar a los vitorianos en la primera ronda del play off. Sucedió en la campaña 2002-2003. Desde entonces, en los ocho ejercicios posteriores, el Baskonia accedió sin apenas angustia a las semifinales. Ha sido, de hecho, el único de los grandes que se ha asegurado su presencia en semifinales en estas temporadas.

Las estadísticas, tan frías y quebradizas como orientativas, le confieren al equipo azulgrana, que además dispone del factor cancha, el papel de favorito. Lo han constatado tanto los jugadores como el propio técnico del Gescrap. Resulta peligrosa esa condición. En Bilbao se sienten cómodos así. Los hombres de negro han forjado sus mayores conquistas remando a contracorriente y este Caja Laboral, pese a la mejora experimentada, es un grande idóneo para propiciar las sorpresas. Cualquier exceso de confianza puede desembocar en una tragedia. Pero el miedo tampoco es un consejero adecuado a estas alturas del curso ni un petate permitido para un equipo que, de puertas para afuera, asegura que va a pelear por su cuarto título liguero.

3/6/11

El dilema del timonel

Aún no han pasado dos días desde la eliminación en el tercer partido de las semifinales de la ACB ante el Barça y en el entorno del Baskonia sólo se habla en clave de futuro. Una ensalada de teorías, nombres, descartes, fichajes y sueños inalcanzables ha comenzado a tomar forma mientras aún sigue caliente el cadáver del equipo azulgrana que ha cerrado con tintes de relativa decepción el pasado ejercicio. En realidad, es lo que toca. Los rumores arrancaron antes de que las competiciones llegaran a su fin. Mucho antes. El simple hecho de que Dusko Ivanovic, cuyo contrato expira en unos días, no tuviera sobre la mesa una oferta de renovación a comienzos de año, tal y como había sucedido en anteriores ocasiones, generó muchas dudas en torno a la continuidad del montenegrino al frente del Caja Laboral. La directiva baskonista abogaba por un cambio de ciclo, por iniciar nuevo proyecto y conceder las riendas a un técnico diferente, pero Dusko se ha mantenido en todo momento como opción alternativa y ahora, tras complicarse las otras apuestas, cobra fuerza la posibilidad de que prolongue su segunda etapa en Vitoria.

Lo único que parece claro es que la búsqueda de entrenador sigue abierta y que cuando se cierre se podrán despejar otras muchas incógnitas que se ciernen en torno a la composición de la plantilla. Ettore Messina ha sido siempre la primera opción de Querejeta. Tras su rocambolesca huida de Madrid, el máximo dirigente de la entidad gasteiztarra mantuvo contactos con el italiano. Sin embargo, todo apunta a que cruzará el charco para emprender una nueva aventura en la NBA. Mike Brown, la cuestionada elección de Mitch Kupchak para el banquillo de los Lakers, cuenta con el siciliano para completar su equipo de ayudantes. "Podría ser. Tengo que aprender a pronunciar correctamente la R de su nombre. Necesito un par de días para lograrlo. Si puedo, las posibilidades de que Messina entre a formar parte de nuestro staff son altas", ha reconocido el exentrenador de Lebron en los Cavaliers. Y a Messina le atrae la historia. En las oficinas del Buesa Arena, de hecho, ya casi se da por imposible esta opción.

El otro nombre que ha sonado con fuerza para liderar ese cambio de ciclo en Vitoria ha sido el de Svetislav Pesic. El Baskonia también ha mantenido algún contacto con el preparador serbio, que recientemente ha roto las negociaciones de renovación con el Power Electronics Valencia. Sin embargo, la excepcional transformación que obró en el equipo taronja desde que sustituyó al superado Manolo Hussein ha despertado el interés de otros equipos, entre ellos el Real Madrid, y el serbio pretende sacar tajada de su situación de privilegio. En cualquier caso, existen otros factores que desaconsejan su contratación. Por un lado, el derrumbe del Power Electronics en la primera ronda de los play off por el título, donde cayó por la vía rápida ante el sorprendente Bilbao Basket pese a su condición de cabeza de serie y la ventaja de campo. Pero también, y sobre todo, su carácter incendiario, que ha sembrado tempestades en el vestuario levantino. Su sonora bronca con Omar Cook durante un partido del tramo final de la fase regular quebró de manera definitiva el equilibrio con la plantilla. En Valencia cuentan que los jugadores acabaron hartos de él. Es más, también algún directivo tuvo sus más y sus menos con un Pesic que llegó a decir que sólo Juan Roig podía decirle lo que tenía que hacer: "A mí nadie me dice cómo tengo que defender, ni siquiera mi mujer. Sólo Juan Roig, que es el que paga", se desquitó en sala de prensa tras la pública trifulca con el base.

La prensa valenciana ha llegado a señalar al Caja Laboral como responsable de la ruptura de negociaciones entre el serbio y la directiva taronja. Aseguran que en Vitoria se le ofrecen los dos años de contrato garantizados que le niega el Power. Sin embargo, tanto por la intromisión del Madrid como por las elevadas pretensiones del técnico y las dudas que generan sus últimas semanas en Valencia, da la impresión de que su llegada al Buesa Arena se ha complicado. A partir de ahí surgen otros muchos nombres: Jure Zdovc, Simone Pianigiani... Por sonar, en Gasteiz ha sonado en los últimos meses hasta Manel Comas. Pero a día de hoy, aunque todo en este club resulta factible, la continuidad de Ivanovic se contempla como una opción más sólida. Lo único claro es que la búsqueda sigue abierta.

Se presenta un verano movido en los banquillos. La situación de varios de los principales equipos de la ACB, donde parece que sólo el Barça (y es probable que hoy mismo lo haga también Unicaja) garantiza la continuidad, invita a pensar que se va a producir un baile de entrenadores como no lo ha habido en las últimas pretemporadas. El poderío económico del Madrid, que toca todo lo que brilla, puede resultar definitivo en la resolución del enigma del técnico del Baskonia. En la capital no sólo se habla de Pesic. La increíble clasificación del Bilbao Basket para la final liguera ha disparado la cotización de Fotis Katsikaris. Y algunos medios nacionales lo apuntan como futurible, aunque el griego renovó en febrero hasta 2014.

La elección del técnico servirá como pistoletazo de salida a otros muchos movimientos de despacho. Cuando se despeje esa incógnita se resolverán otros muchos interrogantes relacionados con la composición de la plantilla, que también está abierta a una profunda renovación y que analizaré en un post más adelante. Sin embargo, no será el tema del técnico el único punto que influirá en la elección de los jugadores con los que el Baskonia tratará de recobrar la autoestima. ¿Desaparecerán a partir de la próxima temporada las restricciones de cupos? El expediente abierto por la Comisión Europea al respecto, al considerar que estas limitaciones estructurales atentan contra la libre circulación de trabajadores, podría deparar una metamorfosis importante para las plantillas de los principales equipos del baloncesto español. Aunque ése será otro asunto. El primero en resolver será el del timonel. Y mientras no se concrete ninguna otra altenativa, a día de hoy, Ivanovic sigue teniendo opciones de seguir.

1/6/11

Hambre para cumplir los sueños


Cuando caigo en la cuenta de que el Bilbao Basket se encuentra a un paso de meterse en la final de la ACB, me vienen a la retina instantáneas de otra época. Recuerdo con cariño aquellos años en los que, trabajando por aquel entonces en Bilbao, asistí al nacimiento de un club que ha sabido abrirse hueco hasta llamar a las puertas de la aristocracia. Me asaltan las imágenes de los héroes que remaron contra corriente, en un territorio futbolístico y futbolero, para firmar ascensos con recursos muy limitados, en una época en la que el Bilbao Basket no era todavía el equipo del lehendakari. Seguramente porque Patxi López ni siquiera sabía de la existencia de los hombres de negro, que por aquel entonces lucían de blanco o rojo, según ocasiones. Fueron inicios duros para un club sin estructura, en el que los pocos que había hacían de casi todo. Y aparecen nombres: el eterno Javi Salgado, el primer gran capitán Patrik Sáenz de Ugarte, Txutxo Sanz, Txus Vidorreta, Alberto Ibeas, un imberbe Tiaglo Splitter, Lucho Fernández, Pedrote Rodríguez, el francotirador Mark Poag, Barona, Madina... Hasta me viene alguna imagen de un Fran Vázquez recién salido de la factoría del Siglo XXI jugando un play off de ascenso en León. Tiempos pasados, ni mejores ni peores. Los comienzos de un proyecto que, una década después, se ha consolidado.

Los hombres de negro están haciendo historia. Si se imponen el jueves al Real Madrid, pueden conseguir una plaza para disputar la Euroliga, un objetivo que ni los más optimistas se planteaban hace apenas unos años. Lo que antes parecía un sueño, ahora se manifiesta como una realidad más que tangible. El Bilbao Basket se ha mostrado mucho más entero que su rival en las tres primeras entregas de la serie. El Real Madrid está tocado. Vive sumido en un océano de dudas, de miedos. Con un técnico ninguneado al extremo, los jugadores haciendo la guerra por su cuenta y una actitud cuanto menos cuestionable, el equipo blanco resultó atropellado en el tercer duelo de la semifinal. El hambre del combinado que dirige Fotis Katsikaris, en el que militan varias piezas desechadas por defectuosas en la casa blanca, se tradujo en una victoria sin paliativos, contundente en el fondo y en las formas, ante una afición entregada que abarrotó las gradas del pabellón de Miribilla.

Mientras en el Palau Blaugrana y la Caja Mágica se estrenaron las series de semifinales con aforos que refrendan la impresión de que el baloncesto español atraviesa una amenazante crisis, en Bilbao una decena de miles de aficionados se congregaron en las gradas para sumarse a una fiesta que, si no cambian las cosas, puede encontrar el jueves su remate definitivo. El Bilbao Basket ha crecido, se ha hecho mayor, pero sigue mostrando la fe y la ambición de que quien no tiene nada que perder. Un equipo que jamás había sumado una victoria en un partido de play off a lo largo de su historia ha sido capaz de sumar ya cuatro, a pesar de que se ha topado en su camino con dos de los tres mejores equipos de la fase regular. Y aunque en Vitoria he detectado más lamentos que muestras de alegría por el éxito del vecino, lo cierto es que el cuento de hadas de los bilbaínos se me hace familiar, y me despierta cierta envidia. No hace mucho, podría decirse que hace bien poco, el Baskonia asumió el papel que hoy desempeñan los jugadores del cuadro vizcaíno.

Más allá de consideraciones técnicas o tácticas, dejando a un lado el hecho de que el BBB ha sido el equipo que mejor baloncesto colectivo ha desplegado desde que arrancaron los play off, sin duda la voracidad y la confianza que han adquirido los jugadores representa una parte fundamental en la receta de su éxito. Al margen del excelente planteamiento de Katsikaris y del trabajo coral, el descaro con el que han jugado varios de sus jugadores ha acabado con la confianza y la complacencia de un rival que se veía en la final antes de comenzar la serie. Al Madrid aún le queda una bala en la recámara. Una victoria en el choque del jueves, de nuevo ante la enfervorecida afición bilbaína, devolvería todo el favoritismo a un equipo que, aunque no lo parezca, es superior. Aunque para lograrla, deberá superar la presión ambiental y atar en corto a los irreverentes y ambiciosos puntales del equipo local.

Un genio y dos locos inspirados

Kostas Vasileiadis, Janis Blums y Aaron Jackson se encuentran varios metros sobre nivel del parqué. La fe con la que se han dedicado a jugar a baloncesto, así sin más, a meter canastas o a hacer que las metan sus compañeros, me ha vuelto a trasladar a tiempos donde la táctica quedaba supeditada al talento individual. Bien es cierto que la defensa de los blancos ha puesto su grano de arena. Pero no lo es menos que cuando un equipo se centra en explotar las virtudes ofensivas de sus mejores jugadores, cuando les da balones y les concede licencia para matar, el baloncesto se transforma en un juego muy divertido.

El base americano se ha convertido en una de las grandes sensaciones del torneo. Seguramente es el jugador más determinante de la semifinal. Los otros dos son capaces de lo mejor y de lo peor. Blums no ha firmado una temporada brillante y el griego resulta un paradigma de la irregularidad, pero aparece en los momentos determinantes, como se vio en la Copa, cuando estuvo a punto de cargarse él solo al Caja Laboral. Sin embargo, si se conjugan y ambos tienen el día inspirado, hacen mucho daño. Por supuesto, como digo, el Bilbao Basket es mucho más. Aun sin Hernández Sonseca, el equipo vizcaíno se ha hecho fuerte bajo los tableros, gana la batalla del rebote y está aplicando una defensa letal que está ahogando al Madrid. Los blancos, de hecho, firmaron en Miribilla el peor registro anotador del club desde que se creó la ACB (sólo 51 puntos). Además, cuenta con su afición, que no exige nada pero festeja cualquier conquista, porque todo es ya un regalo inesperado.

El Buesa Arena acogerá también en sólo unas horas un duelo a vida o muerte. El Baskonia más irregular y menos fiable de los últimos años se expone a tomar las vacaciones con demasiada antelación. El Barça tiene todo de cara para zanjar la eliminatoria por la vía rápida. Ha sido muy superior en los dos primeros partidos y se enfrenta a un rival que ha quedado anímicamente tocado por la impotencia que ha experimentado al sentirse maniatado por el todopoderoso equipo culé. Parece que las esperanzas son escasas, pero si algo ha demostrado el equipo vitoriano a lo largo de su historia es su capacidad para convertir en rutina lo imposible. El Buesa Arena, el escenario de los milagros del baskonismo, se prepara de nuevo para vivir una de esas citas en las que el público se convierte en un elemento activo más de los partidos. De la comunión entre el colectivo y la afición dependerá en gran medida el éxito -traducido en supervivencia- del Caja Laboral. Estoy convencido de que la grada responderá, apenas quedan ya entradas. Pero tengo más dudas en torno al equipo, que llega justo de efectivos, de gasolina y de autoestima. Está muy bien acomodarse en la élite del baloncesto continental, resulta muy satisfactorio codearse con los mejores. A veces, no obstante, conviene recuperar la humildad, los valores y el hambre que tan útiles resultaron en el trayecto hacia la cima, para recobrar el orgullo sobre el que cimentar una nueva gesta.