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18/4/13

No en el Buesa

El Baskonia se hace fuerte en su feudo y pisotea al poderoso CSKA para forzar un cuarto partido / El apoyo de la grada resulta clave / Nemanja se reivindica


El CSKA va a tener que sudar para rematar una serie que parecía haber dejado vista para sentencia en los dos primeros duelos. Va a tener que sudar mucho además. El Caja Laboral sacó las garras ayer en el tercer asalto. El equipo de Zan Tabak recuperó el orgullo y se sacudió los miedos y el excesivo respeto al todopoderoso rival moscovita para darse un festín a costa de un rival que creía tenerlo hecho.

Es posible que los rusos sigan manteniendo el cartel de favoritos, por potencial y por sensaciones globales de los tres envites, pero el conjunto vitoriano ha resucitado a tiempo. Apoyado en un público entregado y determinante, que generó un ambiente hostil que acabaría por fagocitar al CSKA, el cuadro azulgrana mandó un mensaje muy claro: para ganar en el Buesa Arena hay que ofrecer mucho más.

El Caja Laboral recuperó las señas de identidad que han hecho grande a este club. Los pupilos de Tabak derrocharon la entrega y la confianza que se echó en falta en Moscú y pisotearon al que probablemente sea el mejor equipo del continente. El Caja Laboral fue por fin el Caja Laboral. El Caja Laboral fue el Baskonia. El plantel que tantas suspicacias ha generado, se puso el traje de gala y ofreció una respuesta en la que no demasiados creían. Disipó de un plumazo las dudas desde el arranque.

El técnico croata supo aprovechar los días de descanso de los que dispuso para preparar el tercer asalto. El quinteto que entró de inicio dejó aparcadas las dudas y saltó a la yugular de un CSKA que se vio sorprendido por el elevado nivel de intensidad que fijó el Baskonia Los rusos, como el partido, duraron el tiempo que fueron capaces de aguantar el empuje baskonista.

Tabak da un paso al frente

Tabak supo responder a lo que se le exigía, buscó algunas variantes y ayer sí ganó la batalla táctica. El trabajo de desgaste de Cook, Causeur y Nocioni, que tiraron del equipo en un primer cuarto que se cerró más ajustado de lo que marcaron los méritos de uno y otro equipo (15-14), encontró la rubrica en la genialidad de un Nemanja Bjelica que tenía muchas ganas de reivindicarse y ofreció un auténtico recital.

En un segundo acto de alto voltaje, en el que se señalaron tres técnicas (Nocioni, Teodosic y Tabak) y las gradas del Buesa Arena ardieron como en las grandes citas de antaño, el Baskonia sacó a relucir la garra y la agresividad que ha sabido mostrar cada vez que se ha encontrado en una situación límite. Y la de ayer sin duda lo era.

Bien dirigido por un Heurtel que retrató la edad de Papaloukas con varias acciones que levantaron al público de los asientos y con Nemanja a un nivel al que muy pocos jugadores del continente pueden siquiera aspirar a llegar, el cuadro azulgrana dinamitó el partido. Al descanso, de hecho, ya estaba todo resuelto (43-24).

Quedaban veinte minutos por delante y sobrevolaba la incógnita de saber qué nivel de hambre mostraría el equipo ante un CSKA que parecía pensar más en el encuentro de mañana que en el que se estaba jugando. Nadie se dejó llevar. Más bien al contrario. El conjunto vitoriano mostró un nivel de compromiso y de ambición sublimes. Olió sangre y no soltó a la presa hasta el último cuarto, cuando Tabak se permitió el lujo de ofrecer unos minutos de recompensa a Jelinek e incluso a Calbarro.

Un triple de un Milko Bjelica ayer soberbio nada más arrancar el último acto estableció la máxima renta baskonista (73-39).  El Buesa Arena bramó orgulloso. El primer triunfo estaba ya en el zurrón. El lujoso CSKA mordía el polvo, probaba la medicina que a lo largo de los años han tenido que tragar otros muchos cuando han visitado el coliseo de Zurbano con altanería o aires de superioridad.

La de mañana será otra película. El rival sigue teniendo ventaja y al Baskonia no le queda margen de error. Aunque quizá por eso, por su proverbial capacidad para revolverse como un gato acorralado cuando se encuentra sin opciones, merezca la pena conceder crédito a un equipo que en Moscú parecía haberlo perdido por completo. Esto, no en vano, no es Moscú. Esto es el Buesa Arena. Y ayer al CSKA le quedó muy claro.

7/4/13

Los tentáculos del gigante ruso


El CSKA, gran favorito al título, cuenta con la mejor plantilla de la Euroliga / Ettore Messina dispone de dos y hasta tres jugadores de calidad para cada puesto

En la Euroliga hay buenos equipos, grandes equipos y luego está el CSKA. El combinado moscovita, gran favorito a alzarse con el cetro continental, se presenta como un obstáculo de dimensiones descomunales en el trayecto que debe seguir el Baskonia en la búsqueda de su quinta Final Four. El sueño del equipo de Tabak de obrar un tercer milagro se topa con el ogro al que todos querían evitar, pero nadie arroja la toalla de antemano. Las tropas azulgranas han cargado los depósitos de autoestima, se han armado de confianza y afrontan lo que hace no mucho podía considerarse como una misión imposible con ambición.
Posible es, desde luego, aunque no resultará en absoluto sencillo plantar cara a un equipo que tiene mucho y casi todo bueno. Ettore Messina dispone de un plantel sobrado de calidad y cantidad. El preparador transalpino cuenta con algunos de los jugadores más determinantes del Viejo Continente. Tiene piezas por duplicado e incluso triplicado para cada puesto y parte con la obligación de, como mínimo, evitar las sorpresas y hacerse con un billete para el O2.
A pesar de la marcha de algunos puntales como Shved, Kirilenko o Siskauskas, el CSKA sigue pudiendo presumir de contar con una de las plantillas más desorbitantes de la Euroliga. Quizá la más. Empezando por el timón, en manos del genial Milos Teodosic, pasando por una línea exterior en la que brillan Sony Weems o Viktor Khryapa y acabando en un juego interior que se corona con la excelsa calidad de Nenad Krstic o la contundencia de Sasha Kaun, el conjunto moscovita aparece en el horizonte baskonista como un oponente temible y sin fisuras, aunque a lo largo de la temporada ha quedado claro que también las tiene.
Los moscovitas combinan la veteranía de viejas glorias curtidas en mil batallas, como el odiado Teo Papaloukas, con la energía de algunos de los valores más firmes del baloncesto ruso, como Vorontsevich o Ponkrashov. Presenta estrellas y finos estilistas, como el eléctrico Aaron Jackson -reclutado del Bilbao Basket a golpe de talonario-, pero también obreros que prestan un valioso servicio a la causa, como el exbaskonista Vladimir Micov o el granítico Dmitry Sokolov. El CSKA tiene de todo. Mucho y bueno. Por eso la eliminatoria de cuartos se avecina tan apasionante como complicada para un Caja Laboral que deberá sublimar el rendimiento de su versión más seria para poder competir ante un rival que ya se ha cruzado en otras ocasiones en su camino hacia las semifinales.
La versatilidad de Khryapa, la calidad de Krstic y el talento de Teodosic sobresalen en un plantel desorbitante
Milos Teodosic maneja los mandos. La estrella de la selección serbia ha madurado. Messina ha sido capaz de sacar todo el jugo a un jugador que ha incrementado su producción estadística con respecto a la pasada campaña. Con el italiano juega más que con Kazlauskas y asume además mayores responsabilidades anotadoras. En todo caso, la mayor amenaza que presenta tiene mucho más que ver con su capacidad para hacer jugar a sus compañeros. Thomas Heurtel y sobre todo Omar Cook tendrán una labor fundamental para la suerte de la serie. Si logran dificultar su tarea, el Baskonia ganará enteros. De lo contrario, si luce a su antojo, el CSKA puede avasallar como una apisonadora a cualquier rival.
Messina, pese a todo, cuenta con otras alternativas. Hay hasta tres bases más en la plantilla que podrían ser titulares u hombres importantes en cualquier otro equipo de Euroliga. Papaloukas ha acabado por hacerse hueco en la rotación. A sus 36 años, el combo heleno ha perdido parte de su chispa, pero conserva su conocimiento del juego y su capacidad para dominar el tempo de los partidos. Jackson ha cedido algo de protagonismo, aunque sigue siendo un arma de incalculable valor para cambiar el ritmo y revolucionar cualquier duelo. Y aún le queda a Messina el arma de Ponkrashov, base titular en la selección rusa y relegado al ostracismo en los últimos duelos. Su corpulencia y capacidad para sacar ventajas al poste ante pares más pequeños representan también un recurso del que el técnico italiano podría echar mano en un momento dado.

En el perímetro también hay piezas muy diferentes que confieren a Messina un elevado margen de maniobra. Más allá de que tanto Papaloukas como Ponkrashov pueden actuar como escoltas, son Weems y Khryapa los que ocupan de inicio las alas. El norteamericano, excompañero de José Manuel Calderón en los Raptors, ya exhibió sus virtudes en el Zalgiris el pasado curso. Sin embargo, su explosión definitiva ha llegado en Moscú. Es una de las principales armas ofensivas de un CSKA al que si hubiera que ponerle un pero quizá podría situarse en la falta de tiradores. Sobre Khryapa hay poco que decir. Es uno de los mejores jugadores del baloncesto europeo. Gran defensor, buen anotador y con un físico especialmente dotado para este deporte, es el tercer jugador que acumula más minutos. En función del rival, si el equipo contrario dispone de interiores móviles y con querencia a merodear la línea de tres como es el caso del Baskonia, suele ocupar la demarcación de cuatro. En ese caso, Micov, otro excelente defensor con el que Nocioni y San Emeterio tendrán un hueso duro de roer, gana minutos.
Dinamita en la pintura
La versatilidad del juego interior supone la guinda de este temible CSKA. Messina cuenta con cuatro jugadores que superan los 2,10 y con un quinto pívot, Vorontsevich, llamado a ser grande aunque su progresión se está viendo en cierto modo eclipsada por la dura competencia. La gran amenaza en la pintura la representa Nenad Krstic. El exjugador de Thunder y Celtics posee el mejor juego de pies de la Euroliga y su talento ofensivo quizá sólo pueda ser comparable cerca del aro al de Maciej Lampe. La diferencia estriba en que Krstic siempre cuenta con un guardaespaldas que se encarga del trabajo menos luminoso. Sasha Kaun, un portento físico que hace mucho daño en el rebote ofensivo, Sokolov o Erceg pueden asumir esta labor, aunque en numerosas ocasiones es el propio Khryapa quien ejerce como acompañante.
Los nombres, a simple vista, asustan. Pero también asustaban, y quizá más, el pasado año y el CSKA volvió a estrellarse y a quedarse sin un título que parecía tener adjudicado de antemano. Ganar en Moscú nunca es fácil, pero tampoco imposible. El Baskonia lo ha hecho, y este mismo curso otros dos equipos de la ACB, el Barça y el Unicaja, han sido capaces de dar la campanada. En la primera fase el equipo de Messina sólo cedió una derrota, pero en el Top 16 ha peleado hasta la última jornada por el primer puesto. Maciej Lampe y Andrés Nocioni marcaron el camino. La receta parece clara. Hay que pelear para conseguir un triunfo en el Universal Sports Hall y después rematar la serie en Vitoria, al abrigo del Buesa Arena. El CSKA es un gigante, pero este Baskonia, al menos en Europa, ha demostrado osadía incluso para pelear contra molinos.

20/6/11

La hora de Sada


Víctor Sada se ha destapado como uno de los principales argumentos con los que el Barça de Xavi Pascual ha cerrado los play off sin ceder una sola derrota. ¿Alguien piensa aún que no tiene sitio para el próximo Eurobasket en la selección de Scariolo?

Hoy me he levantado con ganas de romper una lanza en favor de un jugador al que he defendido durante años pero que jamás me había ofrecido tantos argumentos objetivos como ahora para dedicarle unas líneas y arrojárselas a la cara a los muchísimos detractores con los que he discutido sobre su valía. Ya os hablaré un día sobre mi (quizá excesiva) pasión por el baloncesto metalúrgico, por el físico y la defensa, porque jamás lo he ocultado. Pero hoy quiero centrarme exclusivamente en la figura de Víctor Sada, un jugador que se ha convertido en pieza clave en el que pasa por ser, probablemente, uno de los mejores equipos que he conocido. En pleno debate sobre la composición de la lista con la que Sergio Scariolo afrontará el próximo Eurobasket de Lituania (su primera versión se desvelará este martes), volver a toparme con quinielas en las que el base del Regal Barça queda descartado me despierta una sensación muy próxima a la indignación. Aunque en este mundo, y tratándose de la selección, podría decirse que estamos curados de espanto.

Ya contemplé como una tremenda injusticia el hecho de que Sada se perdiera el pasado Mundial, sobre todo tras la lesión de última hora de Calderón. Scariolo se decantó por Raúl López, un jugador en claro declive, por motivos prácticos. El base de Vic, eso es cierto, conocía los sistemas del preparador transalpino. Había jugado a sus órdenes en el Khimki, equipo con el que había comenzado la pretemporada, y se incorporó a la concentración sin excesivos traumas. Fue una de las apuestas de Scariolo. Una de las muchas que se revelaron fracasadas con el transcurso de un torneo en el que las decisiones poco atrevidas del italiano, sobre todo influidas por su respeto hacia los galones, condujeron al equipo a una muerte cruel, por la forma en la que se confirmó, pero esperada. Aunque no sé hasta qué punto la presencia de Sada hubiera podido cambiar esa dinámica, la selección se mostró como un equipo demasiado endeble en defensa. Nada que sorprenda en exceso si se tienen en cuenta las rotaciones de Scariolo, en las que jugadores como Fran Vázquez o Fernando San Emeterio -ambos determinantes en los dos equipos que habían copado todos los títulos la temporada precedente- apenas contaban, mientras veteranos bastante justos de piernas como Mumbrú o Garbajosa acumulaban muchos más minutos de lo aconsejable.

Ahora que se reabre el debate sobre la lista de doce (la FIBA ha reducido las plazas) con la que España tratará de volver a hacerse con el cetro continental, el seleccionador se ha encontrado con la noticia de que tanto Mumbrú como Garbajosa, dos de los jugadores que sirvieron de base a la generación más laureada del baloncesto español, se echan a un lado. Ambos han dado mucho al combinado estatal. Incluso su adiós anticipado, justo en un momento en el que el alero del Bilbao Basket parecía haber recuperado el tono, supone su último gran servicio a la causa. Despejan el camino a jugadores de otro perfil, más jóvenes, más potentes, que pueden servir de perfecto complemento a las perlas con la que Scariolo contará para volver a pelear por el oro. Y entre esa nueva hornada, en la que hombres como San Emeterio, Claver, Suárez, Ibaka o Mirotic deben ganar peso en los papeles de reparto, brilla con luz propia Sada, un jugador que ha resultado determinante en todos los títulos que el Barça de Xavi Pascual ha obtenido esta temporada.

Un animal de los intangibles

Como en todo, se podría recurrir a los números para reflejar su peso en los logros del equipo culé. Pero Sada aporta mucho más que estadísticas. El técnico del conjunto blaugrana ha caído rendido a la evidencia. En los pasados play off por el título, Sada desplazó a Ricky Rubio del cinco titular en los ocho partidos de las eliminatorias por el título que el Barça se adjudicó sin ceder una sola derrota. Sin embargo, el exjugador del Akasvayu, eternamente cuestionado, ha demostrado que puede asumir un rol secundario y resultar igualmente decisivo. Tanto en los duelos de semifinales contra el Baskonia como en los de la final ante los hombres de negro, su presencia en pista coincidió con todos los parciales positivos que acabaron resultando definitivos para los intereses de su equipo. Por contra, mientras buscaba oxígeno en el banquillo, casi siempre para ceder su puesto a Ricky, el Barça acumuló resultados siempre contrarios.

No es nada nuevo. Ya el pasado año, en el que los catalanes se adjudicaron todos los títulos salvo el de la regularidad, donde el Baskonia destrozó todos los pronósticos, los parciales más demoledores del combinado de Xavi Pascual llegaban cuando entraba en cancha la segunda unidad. Defensa y músculo para asfixiar a los rivales. En la pasada Copa del Rey celebrada en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid se quedó a un paso del MVP, que fue a parar, como casi siempre, a un jugador que brilló más en ataque pero que quizá no resultó tan determinante. Personalmente destiné mi voto a Sada, puro espectáculo, baloncesto en esencia, una bestia visto de cerca. Pero no resultó suficiente. Alan Anderson abandonó aquel pabellón con el título de mejor jugador del fin de semana.

La receta del éxito del combinado blaugrana se ha basado en su capacidad para limitar al máximo la producción ofensiva del rival. Muchos son los que han asegurado y escrito que el Barça se ha llevado el título en una de las peores finales de la ACB. Yo no lo veo así. El mero hecho de que el equipo catalán dejara al Bilbao Basket en 55 puntos en el tercer y definitivo compromiso, disputado además en Miribilla, refleja el tremendo poderío defensivo de un combinado que de los tres bases con los que contaba en nómina este curso siempre ha tenido claro que uno de ellos volverá a cambiarse en los vestuarios del Palau cuando arranque la próxima pretemporada. Con la marcha de Ricky (ya confirmada) y Lakovic en el mercado, Chichi Creus lleva tiempo trabajando en la configuración de una terna de directores de juego en la que Sada ha sido siempre fijo.

Mientras redactaba este post, leí en la web de la acb un análisis del amigo Dani Barranquero en el que hacía referencia precisamente a la trascendencia de la figura de Sada en el transcurso de la final de la ACB. Mientras el badalonés se ha mantenido sobre el parqué durante los tres envites que se ha prolongado la serie ante el Bilbao Basket, el Barça ha obtenido un resultado global tremendamente favorable, un balance de +31 (108-77). Mientras se tomaba un respiro y reposaba en el banquillo, su equipo se mostraba incapaz de superar al rival (56-56). No es nada nuevo en realidad. Recuerdo varios compromisos claves del pasado año en los que ofreció exhibiciones obscenas partiendo desde el banquillo.

El líder de la asfixiante segunda unidad

El gran secreto de Xavi Pascual fue y sigue siendo la segunda unidad. Con gente como Sada, Basile, Grimau o Morris en cancha es como el equipo catalán acababa por destrozar al Madrid de Messina el pasado año, cuando muchos hablaban de esa Liga bipolar que al final se quedó en las vitrinas del Buesa Arena. Me vienen a la cabeza dos cruces directos entre los dos grandes clubes futboleros en los que el Barça fue capaz de dejar al equipo merengue por debajo de los diez puntos en un cuarto para quebrar de manera irreversible los partidos. En esas ocasiones, por supuesto, el hijo del exjugador culé Adolfo Sada, cuyo abuelo nació muy cerca de mi ciudad natal, en Ablitas, pero se mudó a Badalona en busca de un trabajo como médico en la sanidad pública, asumía un protagonismo incuestionable.

Sada, en esencia, es puro intangible. Posee unas cualidades al alcance de muy pocos bases. Por un lado, su tremenda capacidad defensiva, capaz de desactivar en un mismo play off a los, seguramente, dos mejores point guards de la competición española -Marcelinho Huertas y Aaron Jackson- e incomodar la ejecución de los esquemas ofensivos de cualquier contrincante. Por otro, su exuberante físico le permite aportar a su equipo cosas que pocos unos pueden ofrecer. Culmina los contragolpes con tremenda violencia, gracias a su eléctrica potencia y a una capacidad de salto que le permite arrimar el hombro incluso en el rebote. Ha sido capaz de capturar once en un mismo partido. Un registro que ningún base ha alcanzado hasta la fecha en la ACB, y me permito aventurar que será una marca difícil de igualar. Es, como digo, maestro del intangible, un modelo de jugador codiciado cuando se detecta, que suele ser a toro pasado, pero no siempre tan apreciado ni valorado como merece.

Sus dos temporadas en Girona, donde coincidió con San Emeterio y su amigo Marc Gasol, terminaron por moldear lo que ya en sus etapas de formación se antojaba como un jugador del nuevo siglo. Un tipo que sabe mucho de baloncesto me aseguró durante aquellos años del pujante Akasvayu que estábamos asistiendo a la gestación del futuro base de la selección. Por el momento, se le ha cerrado el paso. Ya digo que hace un año asimilé con cierta decepción y amargura (más bien indignación) que se quedara fuera de la lista de Scariolo. Este martes no comprendería que se volviese a quedar sin sitio. Aunque todo dependerá de la valentía con la que Scariolo encare sus obligaciones como seleccionador.

El puesto de uno en el quinteto titular tiene dueño. José Manuel Calderón, tan añorado en Turquía, ocupará esta vez su puesto. A partir de ahí, se abre el debate sobre el estado de forma con el que ha cerrado la temporada Ricky Rubio. En el Barça, desde luego, a Xavi Pascual no le ha temblado el pulso a la hora de variar los roles y conceder mayor protagonismo al que se suponía era el reserva. ¿Hará lo mismo Scariolo? ¿Llevará tres bases? ¿Piensa en algún otro, como Sergio Rodríguez, Raúl López, San Miguel o Cabezas? La respuesta la conoceremos pronto. Lo que parece claro es que de esta primera preselección podrán extraerse muchas conclusiones sobre las intenciones del italiano. Si no está Sada, un servidor volverá a sentirse seriamente defraudado. En cualquier caso, con o sin Sada, la selección española cuenta con un plantel capacitado de sobra para defender el título conquistado hace dos años en Katowice. El retorno de Pau Gasol en el que puede suponer su penúltima participación en un gran torneo con el combinado estatal resulta una garantía de éxito por sí solo. Es difícil que Scariolo se equivoca tanto como para frustrar las opciones de oro de su equipo.

12/6/11

La dictadura de los especialistas


El Barça impone su modelo de basket colectivo y devora desde la defensa mientras sus rivales cierran el curso en plena búsqueda de identidad


Hemos asistido a lo largo de los últimos días al ejercicio de reflexión colectiva que generó en la prensa nacional la eliminación del Real Madrid a manos del Bilbao Basket en las semifinales de la ACB. En un país con tendencia al centralismo exacerbado, el enésimo descalabro del equipo blanco se convierte en una cuestión de estado. Y las comparaciones, sobre todo cuando se toma como referencia al eterno enemigo, pueden resultar odiosas y descorazonadoras. Muchos de los que celebraron como una consecuencia lógica a su potencial la clasificación del combinado merengue para la Final Four despellejan ahora a Molin, Messina, la plantilla o el modelo de gestión de la sección de la canasta en el club de Florentino Pérez. Desde la distancia resulta cómico asistir a exhibiciones de funambulismo dilaléctico sin parangón para justificar un cambio de discurso tan radical. Y sin embargo, la realidad se muestra tan clara ahora como cuando comenzó la temporada, incluso como esa semana en la que el Real Madrid superó los cuartos de final continentales y el Barça sucumbió ante un rival que, a la postre, acabaría llevándose el título en el Palau.

Fueron dos hechos puntuales. Es obvio que el Madrid puede imponerse en una eliminatoria a cinco partidos al equipo taronja. Y el Barça, aunque pasa por ser el mejor plantel que algunos hemos visto en muchos años, tampoco es infalible, como reflejó el Panathinaikos en la Euroliga o el Baskonia en la final de la pasada campaña. Sin embargo, aun con su condición humana, el combinado que dirige Xavi Pascual se encuentra a años luz de sus rivales, sobre todo en la competición doméstica. Su victoria en el segundo partido de la final ante el Bilbao Basket deja el título prácticamente sentenciado. A pesar de que al conjunto catalán le aguardan dos sesiones de infierno en Miribilla, donde el Bilbao Basket va a darle la réplica de orgullo que el Baskonia no fue capaz de ofrecer en la eliminatoria previa, el equipo de Xavi Pascual lleva camino de cerrar otra temporada para enmarcar. Salvando ese traspiés en la Euroliga, donde cayó justamente y ante un oponente tremendamente sólido y trabajado, el Barça se ha apoderado de todos los trofeos por los que ha peleado (Supercopa, Copa y, si logra un triunfo más, ACB). Lo peor de todo es que nadie ha sido capaz de plantear verdadera batalla y que, si no cambian mucho las cosas, esta situación puede perpetuarse en el futuro inmediato.

El éxito de este Barça es el éxito de la cordura, de la consecuencia. Hablamos de la consolidación de un modelo de gestión que sitúa el bloque muy por encima de los nombres. Joan Creus ha creado una máquina sin fisuras, un equipo cerebral, un ejército de robots en el que cada pieza desempeña un papel muy determinado pero enfocado hacia el bien del conjunto. Mientras en la capital se han centrado todos los focos en la seducción de figuras, en la recolección de jugadores que han brillado en otros destinos, en Barcelona se ha rastreado el mercado con las ideas muy claras. Los últimos veranos se han buscado jugadores específicos  para realizar labores muy concretas. Y de esta manera se ha gestado un colectivo imponente, una orquesta que casi siempre suena afinada.

El otro día discutía sobre este asunto con un buen amigo y llegamos a la conclusión de que, salvando a Navarro, ningún otro elemento del roster azulgrana podría actuar como principal estrella en alguno de los ocho mejores equipos del continente. El escolta catalán ejerce de alma dentro de este universo de androides, aporta el punto imprevisible de un equipo que se guía por la rutina, que aplasta a los rivales con el ritmo que le proporciona una rotación en la que sus doce componentes suman siempre. Y no sólo en ataque, donde el conjunto de Xavi Pascual dispone de muchísimas alternativas, sino sobre todo en defensa. Es ahí donde de verdad marca las diferencias. El cuadro blaugrana ha ofrecido auténticas exhibiciones defensivas en las citas cruciales a lo largo de los dos últimos años. Aplasta sin piedad a sus oponentes cuando cambia de marcha. Recuerdo muchos partidos, varios precisamente contra el Madrid y el Caja Laboral, en los que ha firmado cuartos donde sus rivales apenas han alcanzado la decena de puntos. Creus ha puesto en manos de Xavi Pascual un plantel que combina dos virtudes determinantes para la suerte de este juego. Si el baloncesto es un deporte de equipo y los partidos se empiezan a ganar desde la defensa, la exquisita planificación de la dirección deportiva ha configurado un bloque destinado al éxito con una receta tan sencilla como difícil de ejecutar.

Victorias desde los despachos

Tal y como se ha revelado de complicado el mercado los dos últimos veranos, el Barça comenzó a ganar los títulos en los despachos. Ha fijado un modelo muy claro de plantilla y ha realizado cada uno de sus movimientos con la intención de ajustarse al guión. Entretanto, sus principales rivales -y me refiero más a equipos como Madrid o Unicaja que al Caja Laboral- han naufragado por carecer precisamente de rumbo fijo. Ya he comentado en anteriores artículos los problemas que le han acarreado al Baskonia los fracasos de algunas de sus principales apuestas de futuro. Carente de la pujanza económica de los dos clubes futboleros, el margen de error del club vitoriano resulta mucho más exiguo. Está obligado a hilar muy fino, a acertar en cada una de sus decisiones para poder aspirar a los títulos.

Los tres principales equipos del baloncesto español han confrontado tres modelos diferentes a lo largo de las últimas temporadas. Y uno ha resultado mucho más fructífero que el resto. El del Baskonia resultó válido mientras las piezas que caían en manos de Dusko Ivanovic encajaban con el perfil del técnico, pero este año se ha desmoronado. El del Madrid, donde ni siquiera la contratación de un ganador nato como Messina bastó para conjuntar a un elenco de grandes jugadores que nunca han llegado a formar equipo, exige una nueva revisión. El del Barça, como he dicho, ha girado en torno a un plan bien definido, a la generación de un bloque sin fisuras en el que -me atrevo a decir- da igual incluso la identidad del técnico que lleve los mandos. Xavi Pascual tiene ya un lustroso currículo, pero en los dos sonados fracasos que ha acumulado el equipo culé en estos dos últimos cursos ha sido más culpable que víctima. Cuando los partidos o las eliminatorias se ajustan al guión previsto, maneja bien las piezas. Pero si los planes se tuercen, denota una tremenda carencia de cintura táctica. Sé que puede sonar estúpida una apreciación de este calibre cuando se está hablando del entrenador de un equipo que en cierto modo está marcando época. Pero los hechos así lo reflejan.

Las responsabilidades psicológicas de Xavi Pascual

El trabajo del catalán, un entrenador de perfil bajo, de la casa, pupilo de Ivanovic, resulta tremendamente cómodo. Dicen que su mayor virtud reside en su talento para mantener el buen ambiente y el hambre en el vestuario de un equipo plagado de estrellas. ¿De estrellas? Puede que no haya tantas, ni egos desmedidos. El perfil de gran figura, de jugador determinante, quizá sólo lo compartan Navarro y el lesionado Pete Mickeal, el americano más que cualquier otro. Luego está Ricky, que es muy joven y atraviesa una crisis de identidad preocupante. Hay mucho currela y poca vedette.Y eso es otro tanto que habría que apuntar a la dirección deportiva. Lo que sí hay en este equipo es un sinfín de especialistas que se han reunido para conformar un bloque granítico, que en los siete partidos que ha disputado hasta la fecha en los play off ha dejado a todos sus rivales en unos guarismos ridículos. Sólo el Baskonia, en el primer partido de las semifinales, logró superar la barrera de los setenta puntos (hizo 71). Y cuando un equipo que dispone de jugadores tan resolutivos se compromete con tanta generosidad en la retaguardia, hay poco que hacer.

La esencia del Barça la destilan jugadores que quizá otros equipos no se habrían matado por fichar pero que ahora se contemplan como fundamentales en el éxito del conjunto catalán. Me quedo especialmente con Víctor Sada, un tipo al que Scariolo debería premiar este verano con una citación para el Eurobasket. Denostado por muchos, se ha convertido en una pieza definitiva para el juego que despliega el Barça. Hasta el punto de que ha adelantado a Ricky en las rotaciones. Su capacidad para secar a bases de la talla de Marcelinho o Aaron Jackson -seguramente los dos mejores de la ACB- ha servido el título en bandeja al Barcelona. Pero no es el único. Dejando a un lado al siempre genial Navarro y a un Anderson que fue rescatado de las ligas de desarrollo y ha suplido con buena nota a Mickeal, conviene alabar el trabajo de piezas secundarias como Roger Grimau, en su día Basile, o Joe Ingles o Jaka Lakovic para meterle un punto más de intensidad a los partidos cuando saltan desde el banquillo. Y todo esto sin entrar en el juego interior, que es donde de verdad marca diferencias, sobre todo en canasta propia, el equipo azulgrana.

Pascual tiene de todo y todo bueno para configurar una pareja de pívots de garantías en función de la marcha de los encuentros. Ya contaba con Ndong y Vázquez para garantizar altas dosis de intimidación en la pintura, pero Creus le añadió a un Perovic que aún está por explotar. Hay quien dice que el Barça lo fichó más para evitar que sus rivales se hicieran con un cinco, tan codiciados y escasos el pasado verano, que porque realmente hiciera falta. Y a estos tres hay que sumarles a dos jugadores de lujo pero que hacen muy poco ruido, en la línea de este equipo. Lorbek y Morris condensan y se reparten todas las cualidades que requiere un cuatro en el baloncesto moderno. Pero todo lo que tienen lo entregan por el bien de un equipo que hace a todos un poco más anónimos pero que al mismo tiempo saca lo mejor de cada uno.

Parecen demasiados argumentos como para que otros soporten las comparaciones a pelo que he ido leyendo y escuchando. Si Baskonia y Real Madrid desean recortar las distancias, que a día de hoy se me antojan siderales, deben definir sus planes de actuación y ejecutarlos sin fallo. En Vitoria, toda vez que Ivanovic parece destinado a seguir al menos un año más, la directiva debe reconsiderar sus parámetros de rastreo del mercado y retornar al proyecto que no hace tanto ha aportado jugosos réditos a la entidad. El Madrid, por su parte, debe decidir de una vez por todas a qué quiere jugar. Sería un buen primer paso.

1/6/11

Hambre para cumplir los sueños


Cuando caigo en la cuenta de que el Bilbao Basket se encuentra a un paso de meterse en la final de la ACB, me vienen a la retina instantáneas de otra época. Recuerdo con cariño aquellos años en los que, trabajando por aquel entonces en Bilbao, asistí al nacimiento de un club que ha sabido abrirse hueco hasta llamar a las puertas de la aristocracia. Me asaltan las imágenes de los héroes que remaron contra corriente, en un territorio futbolístico y futbolero, para firmar ascensos con recursos muy limitados, en una época en la que el Bilbao Basket no era todavía el equipo del lehendakari. Seguramente porque Patxi López ni siquiera sabía de la existencia de los hombres de negro, que por aquel entonces lucían de blanco o rojo, según ocasiones. Fueron inicios duros para un club sin estructura, en el que los pocos que había hacían de casi todo. Y aparecen nombres: el eterno Javi Salgado, el primer gran capitán Patrik Sáenz de Ugarte, Txutxo Sanz, Txus Vidorreta, Alberto Ibeas, un imberbe Tiaglo Splitter, Lucho Fernández, Pedrote Rodríguez, el francotirador Mark Poag, Barona, Madina... Hasta me viene alguna imagen de un Fran Vázquez recién salido de la factoría del Siglo XXI jugando un play off de ascenso en León. Tiempos pasados, ni mejores ni peores. Los comienzos de un proyecto que, una década después, se ha consolidado.

Los hombres de negro están haciendo historia. Si se imponen el jueves al Real Madrid, pueden conseguir una plaza para disputar la Euroliga, un objetivo que ni los más optimistas se planteaban hace apenas unos años. Lo que antes parecía un sueño, ahora se manifiesta como una realidad más que tangible. El Bilbao Basket se ha mostrado mucho más entero que su rival en las tres primeras entregas de la serie. El Real Madrid está tocado. Vive sumido en un océano de dudas, de miedos. Con un técnico ninguneado al extremo, los jugadores haciendo la guerra por su cuenta y una actitud cuanto menos cuestionable, el equipo blanco resultó atropellado en el tercer duelo de la semifinal. El hambre del combinado que dirige Fotis Katsikaris, en el que militan varias piezas desechadas por defectuosas en la casa blanca, se tradujo en una victoria sin paliativos, contundente en el fondo y en las formas, ante una afición entregada que abarrotó las gradas del pabellón de Miribilla.

Mientras en el Palau Blaugrana y la Caja Mágica se estrenaron las series de semifinales con aforos que refrendan la impresión de que el baloncesto español atraviesa una amenazante crisis, en Bilbao una decena de miles de aficionados se congregaron en las gradas para sumarse a una fiesta que, si no cambian las cosas, puede encontrar el jueves su remate definitivo. El Bilbao Basket ha crecido, se ha hecho mayor, pero sigue mostrando la fe y la ambición de que quien no tiene nada que perder. Un equipo que jamás había sumado una victoria en un partido de play off a lo largo de su historia ha sido capaz de sumar ya cuatro, a pesar de que se ha topado en su camino con dos de los tres mejores equipos de la fase regular. Y aunque en Vitoria he detectado más lamentos que muestras de alegría por el éxito del vecino, lo cierto es que el cuento de hadas de los bilbaínos se me hace familiar, y me despierta cierta envidia. No hace mucho, podría decirse que hace bien poco, el Baskonia asumió el papel que hoy desempeñan los jugadores del cuadro vizcaíno.

Más allá de consideraciones técnicas o tácticas, dejando a un lado el hecho de que el BBB ha sido el equipo que mejor baloncesto colectivo ha desplegado desde que arrancaron los play off, sin duda la voracidad y la confianza que han adquirido los jugadores representa una parte fundamental en la receta de su éxito. Al margen del excelente planteamiento de Katsikaris y del trabajo coral, el descaro con el que han jugado varios de sus jugadores ha acabado con la confianza y la complacencia de un rival que se veía en la final antes de comenzar la serie. Al Madrid aún le queda una bala en la recámara. Una victoria en el choque del jueves, de nuevo ante la enfervorecida afición bilbaína, devolvería todo el favoritismo a un equipo que, aunque no lo parezca, es superior. Aunque para lograrla, deberá superar la presión ambiental y atar en corto a los irreverentes y ambiciosos puntales del equipo local.

Un genio y dos locos inspirados

Kostas Vasileiadis, Janis Blums y Aaron Jackson se encuentran varios metros sobre nivel del parqué. La fe con la que se han dedicado a jugar a baloncesto, así sin más, a meter canastas o a hacer que las metan sus compañeros, me ha vuelto a trasladar a tiempos donde la táctica quedaba supeditada al talento individual. Bien es cierto que la defensa de los blancos ha puesto su grano de arena. Pero no lo es menos que cuando un equipo se centra en explotar las virtudes ofensivas de sus mejores jugadores, cuando les da balones y les concede licencia para matar, el baloncesto se transforma en un juego muy divertido.

El base americano se ha convertido en una de las grandes sensaciones del torneo. Seguramente es el jugador más determinante de la semifinal. Los otros dos son capaces de lo mejor y de lo peor. Blums no ha firmado una temporada brillante y el griego resulta un paradigma de la irregularidad, pero aparece en los momentos determinantes, como se vio en la Copa, cuando estuvo a punto de cargarse él solo al Caja Laboral. Sin embargo, si se conjugan y ambos tienen el día inspirado, hacen mucho daño. Por supuesto, como digo, el Bilbao Basket es mucho más. Aun sin Hernández Sonseca, el equipo vizcaíno se ha hecho fuerte bajo los tableros, gana la batalla del rebote y está aplicando una defensa letal que está ahogando al Madrid. Los blancos, de hecho, firmaron en Miribilla el peor registro anotador del club desde que se creó la ACB (sólo 51 puntos). Además, cuenta con su afición, que no exige nada pero festeja cualquier conquista, porque todo es ya un regalo inesperado.

El Buesa Arena acogerá también en sólo unas horas un duelo a vida o muerte. El Baskonia más irregular y menos fiable de los últimos años se expone a tomar las vacaciones con demasiada antelación. El Barça tiene todo de cara para zanjar la eliminatoria por la vía rápida. Ha sido muy superior en los dos primeros partidos y se enfrenta a un rival que ha quedado anímicamente tocado por la impotencia que ha experimentado al sentirse maniatado por el todopoderoso equipo culé. Parece que las esperanzas son escasas, pero si algo ha demostrado el equipo vitoriano a lo largo de su historia es su capacidad para convertir en rutina lo imposible. El Buesa Arena, el escenario de los milagros del baskonismo, se prepara de nuevo para vivir una de esas citas en las que el público se convierte en un elemento activo más de los partidos. De la comunión entre el colectivo y la afición dependerá en gran medida el éxito -traducido en supervivencia- del Caja Laboral. Estoy convencido de que la grada responderá, apenas quedan ya entradas. Pero tengo más dudas en torno al equipo, que llega justo de efectivos, de gasolina y de autoestima. Está muy bien acomodarse en la élite del baloncesto continental, resulta muy satisfactorio codearse con los mejores. A veces, no obstante, conviene recuperar la humildad, los valores y el hambre que tan útiles resultaron en el trayecto hacia la cima, para recobrar el orgullo sobre el que cimentar una nueva gesta.