Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Cabezas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Cabezas. Mostrar todas las entradas

29/4/13

El pirómano apagafuegos


ZAN TABAK DA CON EL ROL IDÓNEO PARA UN THOMAS HEURTEL QUE SE MANEJA COMO PEZ EL AGUA EN LA URGENCIA Y LA ANARQUÍA

A lo largo del presente curso, uno de los más convulsos que se recuerdan en la historia reciente del Baskonia, la posición de base ha sido de largo la que mayores quebraderos de cabeza ha regalado a directiva y técnicos. Hasta cinco timoneles distintos se han enfundado la elástica azulgrana desde el pasado verano sin que ninguno de ellos haya logrado siquiera hacer olvidar la dolorosa marcha de un Pablo Prigioni que el pasado curso gobernó con mano firme la nave baskonista. Taylor Rochestie, Carlos Cabezas, Omar Cook, Thomas Heurtel y Devon Van Oostrum han sido los jugadores con los que tanto Zan Tabak como Dusko Ivanovic han contado para ocupar una demarcación clave, pero no ha sido hasta estos días, cuando se alcanza el tramo final de la competición, cuando el preparador croata parece haber hallado la fórmula que mejor combina las características de sus bases.
Cook, cerebral y sobrio, se ha asentado como titular. Heurtel, anárquico, alocado, a veces temerario, ocupa al fin un papel que parece diseñado a su medida. El pirómano ha encontrado su sitio y ha brillado en un papel de apagafuegos que cumple a la perfección.
Tabak ha conseguido que poco a poco encajen todas las piezas del puzle. El equipo, de una manera casi imperceptible, se ha ensamblado para alcanzar el play off, en el que peleará por el único título al que aún puede aspirar, en un estado de forma ilusionante. Y Heurtel, como quedó claro el sábado en Fuenlabrada, como se vio en el cuarto partido de la serie ante el CSKA, parece asumir con gusto y demencial deleite el rol que le se le asigna en este nuevo reparto.
Amado u odiado
Heurtel tiene detractores y defensores a puñados. Desde que aterrizó en Vitoria, por su forma de entender el juego, por su aparente indisciplina táctica y los riesgos que corre en la gestión de las posesiones, apenas ha dejado a nadie indiferente. O se le quiere o se le detesta. Es capaz de levantar en una misma jugada a unos y otros de sus asientos. No son pocas las veces en las que uno arranca una protesta ante alguna de sus decisiones que acaba ahogada ante el acierto. Pero nadie puede negar que su esencia se ajusta como anillo al dedo al papel de kamikaze que se le ha encomendado en estas últimas semanas.
En Fuenlabrada, sin ir más lejos, el Laboral Kutxa no habría sumado la victoria si Tabak hubiese apostado por mantener sobre el parqué a un Omar Cook que cuajó, no obstante, una actuación más que aseada. El equipo requería de otra velocidad, necesitaba soltarse los corsés para cambiar la dinámica del choque y Heurtel, en eso, no tiene rival. Al igual que sucedió en el último duelo frente al CSKA, el timonel galo cuajó un último cuarto descomunal, al alcance de muy pocos jugadores. Y ante todo evidenció que se siente en su salsa cuando lo único que se le exige es que salga a divertirse. Entonces se olvidan sus frustrantes pérdidas, su caótica dirección, sus aparentes instantes de desconexión y sus discutibles decisiones. Y aparecen las asistencias y las jugadas imposibles.
Cuartos para enmarcar
Los dos últimos cuartos que ha protagonizado en esos partidos Heurtel han sido para enmarcar. Ante los rusos, aunque no sirvió a la postre de nada tras el lacerante arbitraje que condenó de manera definitiva las opciones de supervivencia baskonistas, firmó 17 puntos en esos diez minutos finales. En Fuenlabrada no llegó tan lejos, pero sí lo suficiente como para acabar con la brava resistencia del equipo madrileño. Heurtel anotó 13 puntos, repartió varias asistencias, ganó el partido y refrendó la impresión de que su papel debe ser precisamente ese, el de desatascador.
Queda por ver hasta dónde llega en la ACB este Laboral Kutxa con los bases de los que dispone. Será fundamental que Tabak consiga sacar el máximo jugo de Cook, pues parece destinado a asumir el peso principal de la dirección, pero al menos el croata ya sabe cómo puede hacer que Heurtel rinda. El francés se maneja mejor en un estado salvaje que sometido a las normas de la disciplina. Quedó claro en el Fernando Martín. En el segundo acto del encuentro, el propio Tabak tuvo que retirarlo a los pocos minutos de haberle dado entrada porque no dio una. Pero al final, cuando requirió de un valiente que saliera a la desesperada, el francés dio un paso al frente para sumar un triunfo valioso, por las dificultades que planteó el rival, y dejar claro cuál debe ser su papel en este equipo.

4/12/12

Orgullo de otra época

El corazón de Nocioni bombea sangre a un Caja Laboral adormilado que no mereció la victoria en un intenso derbi



Andrés Nocioni es pasado, presente y quiere ser futuro de un Caja Laboral en el que aporta el carácter que sólo los jugadores que han sentido orgullo al enfundarse la camiseta azulgrana pueden destilar. Y justo en el partido que culminaba una semana en la que habían surgido rumores en torno a la posibilidad de que el club pudiera usarlo como moneda de cambio para obtener liquidez, respondió sobre el parqué, que es donde mejor se expresa, con una proclama de baskonismo eterno.

Para el Chapu no existen encuentros amistosos, ni intrascendentes. Ni siquiera compromisos de trámite como parecía que algunos de sus compañeros se tomaron el derbi ante un Lagun Aro que llegaba hecho unos zorros y que sin embargo acabó saliendo de la cancha con la sensación de que había contraído méritos suficiente como para haberse apropiado de la victoria. Si no lo hizo fue precisamente por la irrupción de un Nocioni mayúsculo, que se echó al equipo a las espaldas y demostró que, hoy por hoy, sigue siendo uno de los jugadores más desequilibrantes de la ACB.

No es en citas como la de ayer donde el Caja Laboral tiene que ofrecer su verdadero potencial, pero al menos se le debe exigir cierta vergüenza torera y convicción para sacar adelante partidos que a la larga pueden resultar importantes de cara a tomar posiciones a final de curso. Como después reconoció Zan Tabak en la sala de prensa, da la impresión de que no todos los jugadores están preparados anímicamente para afrontar dos duelos de máxima exigencia cada semana. Ayer, en el San Sebastián Arena, varios de sus pupilos se presentaron con legañas, a verlas venir, y concedieron vida y esperanzas a un rival al que en otro tiempo y con otra mentalidad podrían haber ajusticiado por la vía rápida.

El combinado dirigido por Sito Alonso, que sólo ha sumado una victoria en las primeras diez jornadas de campeonato, temblaba como un flan ante la entidad de un Caja Laboral que parecía dispuesto a resolver sin dilación el partido. Un parcial de entrada demoledor para los intereses del cuadro guipuzcoano (1-11) invitaba a presagiar otro desenlace para un envite que se fue ajustando conforme la diferencia de actitud y hambre de unos y otros fue quedando reflejada en el electrónico. Tras prescindir Sito Alonso de Qyntel Woods, que parecía llamado a erigirse en la estrella del equipo pero en las últimas semanas se ha convertido más en un bulto sospechoso que en nada recuerda al jugador que fue, la intensidad con la que se desempeñaba el Lagun Aro permitió que el duelo no quedara roto en un primer acto pésimo en cuanto a calidad y espectáculo.

Todo cambió, sin embargo, a partir del segundo. Fue ahí cuando irrumpieron en escena los dos grandes protagonistas del encuentro. Por un lado, un Javi Salgado que se encargó de retratar las ya evidentes carencias del cuadro azulgrana en el puesto de base. Y por el otro, el Chapu, que parecía resistirse a que el equipo local se creciera hasta creer que podía llevarse la victoria. Al final, se encontró por momentos tan solo que no le resultó posible. De hecho, tras un segundo cuarto más generoso en cuanto a anotación, el cuadro donostiarra logró imponer su mayor ambición para encarar los últimos diez minutos con ventaja en el marcador.

Tabak, una vez más, demostró su pragmatismo. Se olvidó de las rotaciones y confió la suerte del equipo a los jugadores que habían demostrado más voluntad. Y a la cabeza de todos ellos, claro está, se encontraba Nocioni. Carlos Cabezas pudo atar más en corto a Javi Salgado, que se había divertido a costa de Rochestie y Heurtel, y el conjunto baskonista se puso las pilas para pelear por un triunfo que aun así peligró hasta el final.

Muy sólido en la pelea por el rebote, sobre todo gracias a los 14 que capturó el Chapu, el Caja Laboral gozó de segundas opciones para enmendar los numerosos errores en el lanzamiento exterior que desesperaron a su entrenador. Fue precisamente por ahí por donde llegó el remate definitivo de la victoria. Nemanja palmeó un balón que suponía el 69-71 definitivo, aunque aún tendrían los locales una última oportunidad que les habría reportado una victoria antidepresiva. Pero no la aprovecharon. Cuando todo el mundo, incluida la defensa del Baskonia, pensaba que el balón iría a un Salgado ayer tocado por los dioses del baloncesto –acabó con 27 puntos, 7 triples y 32 de valoración–, quien recibió fue Ibekwe. Su tiro, como el de Basile el viernes, voló sin encontrar la canasta. Y el Baskonia sumó una victoria que en algunos no quisieron y la mayoría no merecieron. Aunque este no es por supuesto el caso de Nocioni.

Domingo, 2 de diciembre de 2012
69-71

Lagun Aro: Neto, Papamakarios, Taylor (5), Woods (4), Doblas (4) -cinco inicial-, Kuksiks (2), Ibekwe (16), Salgado (27), Díez (3), Rubio (8), Olaizola y Motos.
Caja Laboral: Oleson (10), Lampe (4), Heurtel (5), Milko Bjelica (7), Nocioni (21) -cinco inicial-, Rochestie (2), Cabezas, San Emeterio, Pleiss (6), Calbarro, Causeur (9) y Nemanja Bjelica (7).
Árbitros: Pérez Pérez, Araña y Rial.
Parciales: 10-15; 36-37; 60-57; 69-71.
Pabellón: 6.400 aficionados en el San Sebastián Arena 2016.

26/11/12

Un soplo de aire fresco

UN BASKONIA CON MUCHO MARGEN DE MEJORA OFRECE DESTELLOS DE CALIDAD EN EL ESTRENO DE TABAK EN EL BUESA



Al Caja Laboral le queda mucho trecho por recorrer para convertirse en aspirante a cualquier cosa. Tras haber sufrido un proceso degenerativo que la directiva quiso atajar con un traumático relevo en el banquillo y haber padecido más de un correctivo sonrojante en la Euroliga, queda fuera de dudas el hecho de que se encuentra muy lejos de alcanzar el punto de madurez que permita apreciar en su plenitud todo su potencial. Pero incluso en ese estado depresivo, con cambio de técnico incluido, continúa enviando señales que invitan a conservar la fe. Más aún tras el relevo en el banquillo.

Zan Tabak disfrutó ayer ante Unicaja de su primera victoria como técnico del conjunto vitoriano. En un partido en el que todo salió rodado, sus pupilos sacaron a relucir la versión más brillante de un plantel que en la ACB se está manejando con mucha más solvencia que en la Euroliga. Sin la presión de saberse contra las cuerdas, como sucede en la competición continental, sumó su tercera victoria de prestigio, tras las cosechadas ante Barcelona y Valencia Basket, y dejó constancia de que, cuando entre en dinámica y quizá con un par de retoques, puede llegar a convertirse en lo que todo el mundo esperaba que volviera a ser.

Lo más positivo de una matinal demasiado plácida tuvo que ver más con las sensaciones que con el resultado. No porque la victoria no tenga su peso, sino porque tras la sonrojante humillación sufrida en el Zalgirio Arena apenas unas horas antes resultaba una incógnita saber cómo responderían los jugadores. No se escondieron. Al contrario, dieron un paso al frente y ofrecieron un punto de apoyo al preparador croata, que en Kaunas pudo comprobar hasta qué punto llegaba la descomposición del plantel del que había aceptado hacerse cargo.

El propio Tabak había advertido durante sus comparecencias previas de que en sólo unos días resulta imposible cambiar por completo la dinámica de un equipo sumido en esta profunda sima de juego y confianza. Ayer, sin embargo, quedó claro que el cambio de entrenador ha surtido al menos el efecto anímico inicial que se perseguía. Puede que sea verdad que el croata ha dispuesto de pocos entrenamientos para perfilar las líneas maestras de su rescate baloncestístico, pero ayer pudieron percibirse los esbozos de algunas de ellas en una matinal en la que en el Buesa Arena se respiraron aires renovados, se limpió el ambiente.

Es probable que la historia se hubiese escrito de otra manera de no haber sido por la convincente puesta en escena que ofreció el cuadro azulgrana ante un Unicaja que ya desde los primeros compases perdió cualquier opción de hacerse con la victoria. A pesar de su enorme arsenal, de la versatilidad y cantidad de piezas con las que podía jugar Rasmin Repesa, al cuadro costasoleño le faltó fe. No llegó a inquietar en ningún momento de manera real el triunfo de un Baskonia en el que algunos jugadores encarnaron la mutación que parece encaminado a seguir el equipo.

Tabak ha tenido tiempo ya de variar algunos detalles en el plano defensivo. Del cambio automático en los bloqueos se ha pasado alflash o ayuda larga, que exige mayor esfuerzo a los jugadores pero también proporciona mayor dinamismo y agilidad a la defensa. El croata no quiere jugar con pequeños. Al contrario de lo que hacía Ivanovic, no desea una pareja interior compuesta por Milko Bjelica y Nocioni. O Lampe o Pleiss estuvieron siempre en cancha, y en ocasiones los dos. Sin embargo, lo más importante tiene que ver con los roles, con la definición de jerarquías que ya en su segunda cita como técnico del cuadro azulgrana sentó las bases de cuál es la función de cada actor en la representación.

Bastó con nueve jugadores para lograr la victoria ante un Unicaja que tiró de orgullo y en el segundo cuarto volvió a sembrar algunas dudas en el coliseo de Zurbano. Taylor Rochestie, que en Lituania ni dio ni pareció querer dar ni una a derechas, quedó señalado. No llegó a pisar el parqué. Tabak tiró de Heurtel y Cabezas, dos jugadores muy diferentes pero complementarios, y el invento funcionó. Jugar con tres bases no resulta sencillo. Menos aún si ninguno de los tres sabe a qué atenerse y el reparto de minutos se realiza exclusivamente a raíz de errores puntuales. Algo que ayer no sucedió.

Heurtel, Oleson y Lampe, tres jugadores que habían bajado muchos enteros en su juego durante las últimas semanas de Ivanovic, fueron los que abrieron la primera brecha en el marcador. Por momentos dio la impresión de que el equipo se soltaba el corsé y se detectaron detalles que recordaban al equipo que brillaba a la carrera. Unicaja, en vista de que en el cuerpo a cuerpo tenía pocas esperanzas de gloria, sobre todo porque ayer sí los postes baskonistas dominaron el rebote y en cierto modo la pintura, lo intentó con la artillería. Marcus Williams, una delicia de jugador de playground, y Gist recortaron distancias en el tercer cuarto a base de triples. Pero los azulgrana replicaron con la misma medicina, aumentada y corregida, y aplacaron los escasos intentos serios del cuadro cajista de pelear por el partido.

El resultado era en cierto modo accesorio, pero el Baskonia sumó un nuevo triunfo que fortalece su posición de alternativa en la ACB. Lo que preocupaba era la imagen del equipo y la actitud de los jugadores, que ambos casos resultaron esperanzadoras. Habrá que ver hasta qué punto la fuerza de estos aires renovados de ilusión que acompañan a Tabak permiten sumar el jueves una victoria que resulta vital ante el Armani.

Domingo, 25 de noviembre de 2012
90-79

Caja Laboral (26+14+26+24): Heurtel (11), Oleson (14), Nocioni (8), Bjelica (10), Lampe (17) -cinco inicial-, San Emeterio (12), Pleiss (7), Cabezas (5) y Causeur (6)
Unicaja (14+21+25+): Calloway (6), Simon (16), Urtasun (2), Vázquez (11), Zoric (6)-cinco inicial-, Gist (10), Perovic (7), Williams (17), Dragic (2), Lima, Jiménez.
Árbitros: Pérez Pizarro, Perea y Manuel. Eliminado Zoric (m. 38).
Pabellón: Buesa Arena de Vitoria ante 9.236 espectadores

20/11/12

Un equipo sin norte

El Obradoiro precipita la destitución de Ivanovic con su primer triunfo en Vitoria ante un rival descompuesto



Podría haber encontrado un final mucho más ajustado a la grandeza con la que ha ejercido su labor en el Baskonia, pero el partido que pasará a la historia como el último de Dusko Ivanovic al frente del conjunto azulgrana tuvo muy poco de sus épocas más gloriosas y demasiado del suplicio que al final ha conducido a esta situación. El Blusens Monbus, el Obradoiro, ejerció el papel de verdugo que podría haberle tocado interpretar a cualquier otro rival y sacó a relucir las miserias de un equipo que ya vagaba sin norte. La primera victoria de los gallegos en Vitoria retrató la descomposición de un Caja Laboral que mucho tendrá que cambiar en cuestión de días si tiene previsto presentarse en Kaunas con la idea de sumar su segunda victoria en la Euroliga.

En una cita que se antojaba crucial para el destino del entrenador, nadie hizo nada por evitar el desastre. Como si todo estuviera ya visto para sentencia –algo que en realidad era así–, el conjunto azulgrana prolongó su estado de indolencia habitual y ofreció una nueva exhibición de impotencia que provocó que incluso la grada, que en gran parte había acudido al coliseo de Zurbano con los cuchillos afilados, se apiadara del equipo y de su eterno sargento de hierro. La hinchada azulgrana se vio obligada a ofrecer compasión ante la manifiesta demostración de impotencia que, esta vez ante un rival apañado pero de talla menor, volvió a presenciarse sobre el parqué del Buesa Arena.

Ivanovic, que había mantenido la víspera una reunión con sus jugadores, cambió en parte sus procedimientos habituales. Redujo su frenético ritmo de rotaciones, concedió la dirección de juego a Taylor Richestie por encima de un Carlos Cabezas que siguió relegado a un plano residual sin que parezca en absoluto lógico y quiso fiar su suerte al empuje de, sobre todo, los pesos pesados del equipo, de los veteranos. Pero fue en balde. En parte porque el grupo volvió a mostrarse carente de ideas en ataque y asfixiado en defensa y, sobre todo, porque todo esto daba la impresión de que llegaba demasiado tarde.

Cosas de la vida, un ex del equipo azulgrana, Andrés Rodríguez, se convirtió en el encargado de dar la puntilla a Ivanovic. Dominó el partido a su antojo, marcó el ritmo que convenía a su equipo y tomó decisiones tan acertadas como dolorosas para un Baskonia que hasta el descanso se pudo mantener en el partido gracias al excepcional acierto triplista de Nocioni. En el tercer cuarto ya no hubo maquillaje. Sólo un baño de dolorosa realidad y un Obradoiro que llegó a gustarse. El equipo acabó el partido muerto. Tan muerto como ha estado las últimas semanas. Ahora queda por ver si el relevo le devuelve las constantes vitales.

Domingo, 18 de noviembre de 2012
68-77

Caja Laboral (20+16+12+20): Rochestie (3), Oleson (7), Nocioni (21), Bjelica (4), Lampe (12) -cinco inicial-, Cabezas, Causeur (8), Pleiss (5), San Emeterio (5) y Heurtel (3).
Blusens Monbus (14+25+21+17): Rodríguez (5), Pumrpla (12), Dewar, Mejri (21), Kendall (13)-cinco inicial-, Hummel (12), Corbacho (11) y Bufford (3)
Árbitros: García González, Sánchez Montserrat, Fernández. Sin eliminados
Incidencias: Buesa Arena ante 10.097 espectadores.

17/11/12

Consumido por la impotencia

EL BASKONIA DILAPIDA SUS ESCASAS OPCIONES DE ACCESO AL 'TOP 16' EN UN DUELO QUE QUISO PERO NUNCA PUDO GANAR



Josean Querejeta va a tener que empezar a explicar a los socios del Baskonia por qué el club incluye los duelos del Top 16 en las cuentas que saca para establecer el coste por partido de los abonos. El equipo azulgrana se encuentra muy cerca, esta vez sí, de certificar su defunción prematura en la Euroliga. Por segundo año consecutivo, salvo mediación divina que pasa más por creer en las opciones matemáticas que en su baloncesto, el conjunto vitoriano parece abocado a quedarse fuera de una élite a la que le había costado mucho sudor y sangre llegar.

El Caja Laboral se derritió como un azucarillo en el momento en el que se le pedía que exhibiera su verdadera medida. En un duelo que no admitía medias tintas ni titubeos, mostró unos niveles de ansiedad e impotencia que hacen de su más que posible eliminación continental una consecuencia lógica a los méritos contraídos desde que arrancó la competición. En la Euroliga te encuentras con muy pocos equipos débiles, con escasas pistas fáciles. Hoy en día, duela o no, este Caja Laboral se ha convertido en uno de los peores equipos del torneo. O al menos uno de los menos consistentes cuando llegan los momentos calientes. Y el Buesa Arena, los números hablan, es una cancha de la que todos los visitantes se han marchado por el momento con una victoria.

El equipo vive en un continuo querer y no poder. Muestra una debilidad mental que le hace besar la lona al más mínimo revés y parece desconcertado con una dirección desde el banquillo que ayuda lo justo a imponer la cordura. Ivanovic, a quien buena parte de la afición despidió con pitos, volvió a mostrar demasiadas dudas. No sólo con sus decisiones, sino también con un lenguaje gestual que situó a algunos jugadores en el punto de mira.

La cita exigía que el cuadro baskonista echara toda la carne en el asador y lo intentó mientras aguantaron la fe y la confianza en sus propias posibilidades. En un arranque de partido que invitaba a presagiar un desenlace bien diferente, se dejó llevar por la relevancia de la cita y el excepcional aspecto que presentaba el coliseo de Zurbano y amasó unas tímidas ventajas que no tardaron en irse por el sumidero. Como sucedió en la cita frente al Zalgiris, bastó con que el equipo heleno elevara la intensidad defensiva para que las costuras y las dudas del Caja Laboral comenzaran a aflorar.

Con un Spanoulis que manejó a su antojo el partido y tres interiores móviles e intensos como Hines, Powell y Printzesis, el vigente campeón continental no sólo logró adueñarse poco a poco del partido con unas rentas que manejaría con cierta comodidad hasta el epílogo, sino que también sacó a relucir sin demasiado esfuerzo la inconsistencia de un grupo de jugadores que en muchos casos cometieron errores impropios de este nivel.

La exigencia de los duelos trascendentales a los que ha tenido que hacer frente en un margen muy corto de tiempo ha cortado la progresión de un equipo que cuando no está bajo presión es sin embargo capaz de desarrollar un juego más que atractivo. Pero eso vale de poco cuando el objetivo es mirar a los ojos a los grandes clubes del continente y de menos aún cuando lo que viene por delante, porque mientras haya vida habrá esperanza, va a resultar de una exigencia aún más extrema que lo que ya está en los almanaques.

Al nuevo proyecto baskonista le ha tocado ser hombre sin casi haber tenido tiempo de disfrutar la adolescencia. Pero es lo que hay. Se encuentra al borde del abismo y lo peor de todo es que envía señales equívocas que invitan a pensar que en determinados partidos se desanda gran parte del camino recorrido. Grave se antoja también la evidente división que se apreció en el Buesa Arena entre gran parte de la grada y el equipo. O más concretamente su técnico.
Josean Querejeta tiene ahora muchas cosas en las que pensar. La derrota del Armani Milán ofrece un balón de oxígeno que convendría que no fuese sólo una prolongación de la agonía. El problema no son las cuentas, que pueden salir y otras veces lo han hecho. Es el juego.

Viernes, 16 de noviembre de 2012
72-89

CAJA LABORAL: Nocioni (12), Causeur (6), Heurtel (11), M.Bjelica (3) y Lampe (9) -cinco inicial-, Oleson (13), Cabezas (2), Pleiss (4), San Emeterio (12) y Rochestie.
OLYMPIACOS: Mavroeidis, Spanoulis (14), Papanikolau (13), Mantzaris(1), Printezis (11) -cinco inicial-, Sloukas (7), Law (4), Antic (9), Hines (18), Perperoglou y Powell (12).
PARCIALES: 19-22, 21-25, 11-22 y 21-20.
ARBITROS: Ilija Belosevic (Serbia), Jakub Zamojski (Polonia), Luis Lopes (Portugal). Eliminado Nocioni (min.31). Técnicas a Antic y Nocioni.

5/11/12

Respuesta de aspirante

EL CAJA LABORAL SE LEVANTA TRAS EL DURO GOLPE DEL JUEVES Y TUMBA AL CAMPEÓN CON UNA ACTUACIÓN MUY SÓLIDA



Se había levantado ayer Vitoria con el cielo plagado de interrogantes. La imagen bipolar que en cuestión de días había mostrado el Caja Laboral generaba muchas preguntas sobre el verdadero potencial de su plantilla y el futuro al que puede aspirar, que el equipo azulgrana zanjó de un plumazo. El combinado que dirige Dusko Ivanovic respondió con una exhibición de aspirante a la dura prueba que el calendario le deparaba tras la catástrofe del pasado jueves ante el Anadolu Efes. Tumbó al campeón liguero con una demostración de capacidad y evidenció que, como poco, merece crédito para que se respete una evolución que invita a soñar.

Tras las brillantes demostraciones de espíritu de Milán y Madrid, que por encima de los resultados dibujaron el carácter de un bloque cada vez más próximo a su potencial, cabía esperar algún paso atrás. Llegó en el peor momento y de la forma más dolorosa posible, con una derrota que amenaza de nuevo la supervivencia en la Euroliga. Pero también parecía cuestión de tiempo que el equipo retornara a la senda del crecimiento, lento pero progresivo, que viene siguiendo desde que se levantó el telón del presente curso. Y lo hizo ante otro rival de postín.

La victoria ante este Barça que, todo hay que decirlo, carece de alma ha vuelto a rellenar los depósitos de la confianza. Los externos y los internos. Los propios y los ajenos. En un partido que comenzó con pésimos presagios, con un Baskonia desnortado y sumido en el caos y un Barça tremendamente sólido y dañino desde la larga distancia, Ivanovic supo cambiarle el paso al duelo y, una vez más, ganarle la partida a su pupilo Xavi Pascual.

El técnico montenegrino, que por primera vez esta temporada dispuso de todos sus efectivos, pulsó el interruptor al dar entrada a Cabezas y San Emeterio en lugar de un revolucionado Nocioni y de un Heurtel que ya no volvió a pisar el parqué. Lo que era precipitación y caos se transformó de repente en buenas decisiones y paciencia, esa virtud tan reclamada por el preparador balcánico. El equipo azulgrana, que había quedado petrificado tras el 4-13 con el que el Barça había castigado sus dudas iniciales, recobró la apostura. Comenzó a correr sin prisas, llevó el partido al ritmo que más le convenía y poco a poco fue desactivando al campeón hasta, por momentos, convertirlo en un equipo vulgar y sin ideas, sobre todo a raíz de la excelente defensa que tanto Oleson como San Emeterio le regalaron a un Juan Carlos Navarro que acabó difuminándose junto al resto de sus compañeros.

La renta de nueve puntos que el Barça amasó con su fulminante arranque de partido se fue por el sumidero conforme el Baskonia ajustaba la defensa. Desactivado Navarro, era Erazem Lorbek, un jugador celestial, quien mantenía a su equipo en el duelo. El poste esloveno le creó muchos problemas a un Maciej Lampe que fue de menos a más. Pero también para eso encontró antídoto un Ivanovic que supo usar cada pieza de su banquillo para lo que sirve. Tibor Pleiss confirmó en el segundo cuarto las enormes posibilidades que le puede conceder a un equipo que lleva años echando en falta la presencia de un cinco de garantías. El germano se asoció con San Emeterio y Cabezas para guiar el duelo hacia un marcador que al descanso resultaba mucho más alentador (44-35).

Visto lo que sucedió el jueves, es probable que la afición que abarrotaba las gradas del Buesa Arena prefiriera conservar su escepticismo. Pero esta vez el equipo no se vino abajo. A pesar del enérgico arreón del equipo culé, que por momentos llegó a acariciar la remontada, el Caja Laboral exhibió la fortaleza de carácter que se vio en Milán y Madrid para aguantar el resultado.

Apoyado en una sólida defensa, con un Nemanja soberbio en las tareas más oscuras, y en la inercia a la que se sumaron otras piezas para sumar en ataque, el cuadro azulgrana superó los momentos críticos para apuntillar sin piedad a un rival con el que quizá deba verse las caras con algo serio en juego. Ayer, en el primer duelo entre los dos equipos que se han repartido los últimos cinco duelos de la ACB, la nueva versión del Caja Laboral sumó una victoria que debe conceder al menos el derecho a soñar con que el trabajo que se viene haciendo puede dar sus frutos. Con sus limitaciones, y a pesar del doloroso accidente del jueves, el cuadro azulgrana debía responder ayer a muchas preguntas. Y la respuesta fue la de un equipo que quiere ser de nuevo aspirante a los títulos.


Domingo, 4 de noviembre de 2012
80-69

CAJA LABORAL: Heurtel, Oleson (12), Nocioni (4), M.Bjelica (2), Lampe (15) -cinco inicial-, Cabezas (10), San Emeterio (15), M.Bjelica (6), Causeur (4), Rochestie (4) y Pleiss (8).
BARCELONA REGAL: M.Huertas (7), Navarro (14), Ingles (4), Lorbek (17), Tomic (10) - cinco inicial-, Sada (4), Jasikevicius (2), Todorovic, Wallace (3), Jawai (8), Abrines y Rabaseda.
PARCIALES: 17-20, 27-15, 16-19 y 20-15.
ÁRBITROS: Arteaga, Bulto y Planells. Sin eliminados.
PABELLÓN: Buesa Arena. 13.184 espectadores.

3/11/12

Cuando se apaga la luz

EL CAJA LABORAL QUEDA DE NUEVO CONTRA LAS CUERDAS TRAS CEDER SU SEGUNDA DERROTA EN CASA EN UN DUELO QUE TENÍA CONTROLADO




El Caja Laboral vuelve a vivir al borde del precipicio continental. Todo lo que ganó en Milán lo perdió ayer en el Buesa Arena. El equipo de Dusko Ivanovic hincó la rodilla ante un Anadolu Efes tremendamente sólido que sacó a relucir el carácter provisional de muchas de las soluciones de urgencia con las que el cuadro baskonista insinuó su potencial en los exigentes duelos de la pasada semana.

En una nueva final, otro encuentro en el que sólo valía la victoria, se vio que hay muchas cosas sujetas todavía con cinta aislante. El Baskonia tuvo la victoria amarrada. Hizo lo más difícil, llegar al descanso con una renta que parecía a todas luces definitiva, y luego se deshizo como un azucarillo. Llegó un momento en el que se apagó la luz y ya no volvió a encenderse.

Una derrota ante el Efes, incluso en Vitoria, podía entrar dentro de los pronósticos lógicos. Con lo que nadie contaba era con que llegara como llegó. El mismo equipo que en los dos primeros actos del encuentro desplegó las virtudes que tan atractivo lo hacen para el espectador se vino abajo tras el descanso de manera incomprensible. De anotar 48 puntos en una primera parte primorosa pasó a sumar sólo 16 (7 y 9) en una segunda mitad en la que quedó constancia que todavía queda camino por recorrer.

Lo de ayer podría ser tomado como un borrón sin demasiada trascendencia en el expediente de un equipo que sigue creciendo, de no ser por la imagen de debilidad anímica que por momentos mostró el colectivo -y algunas de sus piezas en concreto- cuando el partido se empinó. El Caja Laboral recuperó algunos de los vicios que tan endeble lo hicieron en las dos campañas precedentes. El Efes subió la intensidad defensiva, frenó la velocidad del juego azulgrana y provocó que afloraran sus problemas en ataque estático. El lanzamiento de tres, en muchas ocasiones sin demasiado criterio, se convirtió en la única alternativa. Pero no funcionó.

Al final del partido resultaba muy difícil de creer lo que había pasado. El equipo azulgrana, que lo hace ya por rutina, ofreció de nuevo una excelente puesta en escena. Guiado por la intensidad con la que se presentó a una cita que sabía crucial para su futuro continental, arrolló de salida a un Efes que tenía otro plan para el partido. Aguardaba su momento. Los pupilos de Ivanovic dominaban el rebote y sacaban una enorme rentabilidad a las opciones adicionales que les concedía el rival para ir amasando las primeras ventajas. Un triple de Tibor Pleiss, que al parecer va a gozar de la misma licencia de la que disponen el resto de interiores para amenazar desde el perímetro, fijó una renta de ocho puntos (15-7) que despertó de manera definitiva al cuadro otomano.

Oktay Mahmuti dispone de un arsenal. Tiene mucho de todo y para todo. Y era lógico que el encuentro, que para los turcos suponía la opción de apartar a un rival de la pelea por el primer puesto, elevara el nivel de exigencia. Fue Jordan Farmar quien irrumpió en escena para mostrar la ruta alternativa, mucho más espinosa, que debería recorrer el Caja Laboral para alcanzar un triunfo tan balsámico como obligado. El antiguo base de los Lakers, uno de los mejores jugadores del torneo, tomó el mando de las operaciones y el Efes reaccionó para comenzar a generar ciertas dudas entre los pupilos de Ivanovic.

El apagón

El Baskonia aguantó el primer envite. Bien conducido por un Cabezas que sigue cogiendo el tono y se reveló como una opción más que válida para desatascar, volvió a estirar la renta y alcanzó el descanso con una diferencia que invitaba a presagiar otro desenlace. Pero entonces, tras el paso por los vestuarios, se apagó la luz.

El conjunto otomano comenzó a funcionar y el Caja Laboral empezó a derretirse. La renta se le escapaba entre los dedos como la arena a un Ivanovic que no daba con un remedio en el banquillo. Para cuando se quisieron dar cuenta, los jugadores baskonistas se vieron con una desventaja próxima a la decena y sin tiempo para la reacción. Algunos jugadores trataron de hacer la guerra por su cuenta, pero era tarde. Otros, lo que de verdad resulta preocupante, bajaron de antemano los brazos. El equipo, que sigue creciendo, podía sufrir un bajón. Se esperaba. Pero llegó en el peor momento. Sigue sin ganar en casa en esta Euroliga y deberá remar contra la corriente de nuevo para recuperar sus opciones de clasificación. La amenaza de un segundo año sin Top 16 vuelve a estar presente.

Jueves, 1 de noviembre de 2012
64-76

CAJA LABORAL: San Emeterio (2), Heurtel (2), Oleson (10), N.Bjelica (8), Lampe (5) -cinco inicial-, Cabezas (12), Causeur (7), M.Bjelica (2), Pleiss (5) y Nocioni (11).
ANADOLU EFES: Farmar (18), Erden (9), Savanovic (7), Guler (2) y Lucas (6) -cinco inicial-, Gonlum (10), Tunceri (2), Vujacic (7), Batista (9) y Shipp (6).
ÁRBITROS: Guerrino Cerebuch (ITA), Milivoje Jovcic (SRB) y Joseph Bissang (FRA). Sine eliminados.
PABELLÓN: Fernando Buesa Arena. 11.119 espectadores

26/10/12

Vuelve el Baskonia

EL CAJA LABORAL SE SOBREPONE A TODOS LOS INCONVENIENTES Y CONQUISTA UNA VICTORIA ÉPICA Y CATÁRTICA que lo mantiene con vida en la euroliga




Hay partidos que se pueden analizar en función de los números, de las estadísticas. El que ayer tuvo lugar en el Mediolanum Forum de Milán debe interpretarse desde el plano anímico, espiritual. El Caja Laboral salvó el primer match ball de la temporada con una exhibición de orgullo y fe que permitió acariciar sabores de tiempos pretéritos. En una cita árida, muy complicada y que se fue complicando aún más conforme pasaban los minutos, el cuadro azulgrana tiró de épica y dio un paso al frente que puede marcar un antes y un después en su evolución.

El Caja Laboral, que apenas había regalado gestas de esta magnitud desde el mazazo sobre la mesa que supuso la victoria en la final liguera ante el Barcelona, volvió atrás en el tiempo para recuperar las señas de identidad que han forjado la leyenda de este club. Ayer en Milán volvió a verse al Baskonia de siempre. Un equipo que ha escrito su historia a base de exhibiciones de coraje e ilusión reapareció para acabar arrasando a su paso a un Armani Jeans Milán que inició la contienda con la ventaja anímica que suponía el hecho de recibir a un equipo muy necesitado pero que al final salió trasquilado.

Resulta complicado descifrar hasta qué punto puede influir el encuentro en el crecimiento colectivo de la plantilla baskonista. Pero da la impresión de que necesitaba una catarsis de este nivel para soltarse los grilletes y dejarse llevar. Hasta la fecha, sobre todo en la Euroliga, el cuadro azulgrana había arrojado mejores sensaciones que resultados. En Milán borró de un plumazo cualquier premisa. Explotó las virtudes que lo han convertido en un conjunto muy atractivo para su afición, creció en los aspectos en los que aún se detectan ciertas carencias y dio un paso al frente para superar las adversidades y situarse en un punto que no da la impresión de que tenga retorno.

Una acción desafortunada, una más, sirvió como interruptor para despertar del letargo al que el conjunto italiano había conducido el partido. Andrés Nocioni, pura esencia del baskonismo, se transformó en el Cid. Tras haber tirado del carro durante los dos primeros cuartos y el arranque del tercero, una colisión con mala caída lo dejó fuera de combate. Ya antes, en el primer minuto, un resbalón lo había mandado al banquillo. Pero el Chapu sabía que la de ayer no era noche para deserciones. Había que situarse en primera línea del frente y dar la cara. Nadie como él para darla.

Nocioni ganó el partido desde el hospital. Contemplar al tipo más duro que se ha enfundado jamás la camiseta azulgrana asustado en el suelo, inmovilizado por las asistencias médicas y saliendo en camilla de la pista generó mucha incertidumbre en jugadores y cuerpo técnico. El partido estaba igualado (55-50) y daba la impresión de que la marcha del argentino supondría la estocada final para un equipo que está soportando lo insoportable en una temporada en la que ya sólo falta que se venga abajo el Buesa Arena. Quedaban dos salidas: rendirse o lanzarse a la desesperada a por una victoria que resultaba obligada, mortal de necesidad. Y nadie dudó qué dirección escoger.

Ivanovic decidió soltar algo de cuerda y confiar en las escasas piezas disponibles de las que disponía, más aún después de que Oleson tuviera que marcharse por faltas. El montenegrino fió la suerte de su equipo al talento, al compromiso. Y la plantilla respondió con una exhibición de carácter espectacular.
Liderado por su capitán, un San Emeterio que ayer dio la medida que lo elevó a los altares del baskonismo para la eternidad, el Caja Laboral fue agigantándose hasta reducir a la mínima expresión a su rival. El equipo de Scariolo, sólido durante todo el partido, se vio desbordado por un torbellino azulgrana mientras el marcador, que había marchado parejo durante todo el envite, acariciaba la que cada vez quedaba más claro que iba a ser la primera victoria azulgrana de este curso en la Euroliga.

Para cuando Scariolo quiso reaccionar y devolver a cancha a sus titulares, incluido un Bourousis que retrató los problemas que sufre el cuadro vitoriano ante los grandes pívots, era ya demasiado tarde. El Caja Laboral se había transformado en el Baskonia. En el Baskonia de siempre. En el TAU de toda la vida, el de las noches mágicas. Había recobrado la esencia que nunca debió perder.

Hubo tiempo incluso para que algunos jugadores que nadaban en la intermitencia dieran un nuevo paso al frente dentro de la evolución de un equipo que requería de una dosis como esta de autoestima para empezar a acompañar de resultados las agradables sensaciones que venía ofreciendo. Todavía habrá pasos atrás y dudas, pero dentro de unos meses nos acordaremos de la noche de Milán. Del día en el que se ganó por el Chapu. De la noche en la que el Caja Laboral volvió al fin a ser el Baskonia.


Jueves, 25 de octubre de 2012
85-95


EA7 EMPORIO ARMANI: Cook (3), Langford (13), Hairston (19), Fotsis (3) y Boroussis (22) -quinteto inicial-, Gentile (10), Basile, Stipcevic (3), Melli (7), Hendrix (4) y Chiotti (1).
CAJA LABORAL: Heurtel (5), Oleson (7), Nocioni (12), Lampe (12) y Nemanja Bjelica (20) -quinteto inicial-, Cabezas (11), San Emeterio (18), Causeur (2), Milko Bjelica (6) y Sonseca (2).
PARCIALES: 19-18, 25-25, 22-22 y 19-30.
ÁRBITROS: Jungebrand (FIN), Boltauzer (SLO) y Mogulkoc (TUR). Eliminaron por faltas personales a Oleson (Caja Laboral).
PABELLÓN: Mediolanum Forum. 2.900 espectadores

23/10/12

Tiritas para la autoestima

VARIOS JUGADORES AZULGRANAS APROVECHAN UN PARTIDO DEMASIADO CÓMODO PARA RECOBRAR LA CONFIANZA



Existe un abismo entre la Euroliga y la ACB. Con apenas dos días de margen, así ha quedado constatado en el Buesa Arena. El mismo Caja Laboral que sigue trabajando para alcanzar el nivel que le permita seguir vivo en la máxima competición continental se encuentra capacitado para despachar sin apenas quebranto envites del torneo doméstico como el que ayer le tocó disputar ante el Joventut. El equipo azulgrana aprovechó la visita del histórico conjunto verdinegro para darse un baño de autoestima y cargar las reservas de confianza de cara al fundamental partido del próximo jueves en el Medionalum Forum de Milán.

Un simple ramalazo de pasión le bastó al cuadro baskonista para destrozar el choque a las primeras de cambio. El parcial de 12-0 que se instaló en el marcador antes de llegar al ecuador del primer acto se convirtió en el epitafio de un duelo sin historia y en el que los músculos doloridos encontraron un bálsamo terapéutico. También hubo consuelo para las almas y cierta paz para las mentes, sumidas como estaban todavía en el recuerdo de la pifia del viernes y las consecuencias que puede tener en un futuro no muy lejano.

Las facilidades que ofreció el Joventut, equipo tierno y con muchas carencias en defensa, ahorraron angustias a la afición vitoriana. Salva Maldonado, consciente de la pésima puesta en escena de sus pupilos, no dudó a la hora de variar el rumbo del encuentro y sentar de una tacada al quinteto inicial por otros cinco jugadores del banquillo. El cambio, que buscaba cambiar el ritmo de un partido en el que el Caja Laboral había podido gozar jugando a campo abierto, por momentos dio la impresión de que podía llegar a tener su efecto. Pero se quedó en un mero espejismo. La Penya no tuvo en ningún momento nada que hacer en un encuentro en el que Ivanovic pudo permitirse incluso el lujo de conceder ciertas dosis de descanso a algunas de sus piezas más importantes.

El montenegrino, consciente de la trascedencia de la cita del jueves dosificó a jugadores como Nocioni, o Lampe, a pesar de que no pudo contar con Nemanja Bjelica –baja de última hora por unos problemas gástricos– y la rotación interior volvió a verse reducida a la mínima expresión. No importó demasiado. El argentino y el polaco se bastaron para sacar de la pintura a los endebles postes del Joventut en los minutos que le sirvieron al cuadro azulgrana para establecer la ventaja que le permitiría navegar con calma durante el resto del envite.

Bien dirigido por un Heurtel intermitente pero cada vez más asentado en su papel, con más confianza, el nuevo Caja Laboral aprovechó la coyuntura para seguir creciendo y conceder un espacio para el lucimiento a algunos jugadores que hasta la fecha seguían generando algunas dudas respecto a su papel en la película. Fabien Causeur y Carlos Cabezas supieron cazar al vuelo el guante que les lanzaban. El escolta galo, histérico en los primeros duelos oficiales, muy por debajo del nivel exhibido en los encuentros de preparación, entró en el quinteto inicial y presumió de piernas para rematar las transiciones, de manos para la defensa y sobre todo de intensidad. El malagueño, que no acababa de pillar el punto de lo que le pedía el técnico, cuajó su mejor partido con la elástica azulgrana.

Cabezas fue al fin Cabezas. O al menos una versión mucho más próxima al umbral de su talento de lo que se había visto hasta el momento. Dirigió, elevó las ventajas con una dirección que por momentos permitió detectar algo de fluidez en los ataques estáticos y, por encima de todo eso, reclamó su derecho a ser considerado como una de las posibles armas ofensivas del equipo con sus penetraciones y sus lanzamientos de larga distancia.

No fue el único que gozó de más crédito del habitual desde el banquillo. Ya con todo decidido (el último cuarto arrancó con un resultado de 72-54) Ivanovic decidió aprovechar el partido como banco de pruebas para testar la evolución de Milko Bjelica. El poste montenegrino progresa, pero sigue muy lejos de su mejor nivel. Y eso es un problema grave para un equipo que sigue desangrándose por su debilidad en el rebote y su falta de pívots.

Ante equipos de un nivel inferior no resulta tan traumático, pero en los duelos ante los grandes rivales, ante los gallos a los que se quiere mirara a los ojos, puede resultar dramático. Con tres días de margen para preparar un partido en el que se puede jugar gran parte de la temporada, el Caja Laboral puede olvidarse de la ACB, al menos hasta el fin de semana. El Joventut llegó cargado de tiritas a Vitoria. Las baterías de la autoestima se han recargado de cara al duelo de Milán.


Domingo, 21 de octubre de 2012
92-76


Caja Laboral: (24+23+25+20): Heurtel (2), Causeur (13), San Emeterio (14), Nocioni (11), Lampe (14) -cinco inicial-, Cabezas (12), Oleson (14), Milko Bjelica (9) y Sonseca (3).
FIATC Joventut: (15+23+17+21): Fisher (7), Quezada (9), Tomàs (4), Llovet (9), Kuzmic (6) -cinco inicial-, Oliver (9), Savane (8), Gaffney (16), Ehambe (8) y Ventura.
Árbitros: Conde, Araña, Soto. Señalaron técnica a Nocioni (m.26). Eliminado Sonseca (m.34).
Incidencias: Cuarta jornada de la Liga Endesa disputada en el Buesa Arena de Vitoria ante 9.086 espectadores.

20/10/12

Sin oxígeno para la épica

EL BASKONIA SE AFERRA AL CARÁCTER PARA INTENTAR REMONTAR UN PARTIDO EN EL QUE FUE INFERIOR Y COMPLICA SU FUTURO EUROPEO



Hay derrotas que saben a victoria y triunfos que destilan cierto aroma a fracaso, aunque los menos. La derrota que ayer sumó el Caja Laboral no puede tener excesivas lecturas positivas desde el punto de vista del resultado. Y menos aún si se tiene en cuenta la peliaguda situación en la que deja al equipo azulgrana de cara al duelo que deberá disputar la próxima semana en Milán y del que no podrá salir sin estrenar su ca sillero de victorias para ahorrarse otro el ridículo continental. Y sin embargo, se vieron detalles en el Buesa que por momentos permitieron restablecer el matrimonio del equipo con una grada que lo que siempre exige, por encima de títulos, es que sus jugadores sangren hasta el bocinazo final.

La fe no supone un argumento suficiente en citas de postín. Y a pesar de que por un momento dio la impresión de que podía suceder, la ola de carácter a la que se subió el conjunto azulgrana no bastó para dar la vuelta a un encuentro en el que, salvando el arranque (17-10), fue netamente inferior a su rival. Faltaron piernas, oxígeno y quizá una pizca de suerte para que el Zalgiris dejara escapar la renta que había ido amasando durante el encuentro. Pero hubo momentos en los que la grada llegó a creer en el milagro y la llama del orgullo volvió a brillar en el coliseo de Zurbano.

El pase al Top 16 vuelve a complicarse para un Baskonia que no pudo siquiera celebrar el estreno del Buesa Arena de los 15.500 asientos en Euroliga con un triunfo que espantara las dudas. Tendrá que remar contracorriente lo que queda de la primera fase y confiar en que ese proceso de construcción en el que está inmerso le permita mostrarse más maduro y mucho más entero en futuras finales.

El Zalgiris asfixió al equipo azulgrana con una defensa espectacular, tácticamente exquisita. Plaza le ganó la batalla táctica a Ivanovic y logró imponer el ritmo que más convenía a su equipo. Los lituanos metieron cloroformo al partido, lo enfangaron, y el Caja Laboral quedó petrificado, como una estatua de sal. Cuando corre, como hizo en el arranque, esta nueva versión del conjunto baskonista es capaz de brillar. En slow motion, sin embargo, se aprecian las costuras, aún con hilvanes, de un colectivo que ayer no pudo ocultar sus debilidades más evidentes. Y algunas resultan preocupantes.

El martirio de los rebotes no es nuevo. Viene heredado de la temporada pasada. No se trata de una cuestión achacable a la actitud o a la intensidad. Es pura lógica. Un equipo sin cincos puros -más allá del enfermo Pleiss- y que combina falsos cuatros, no demasiado duros, para ayudar a Lampe sufre cuando tiene enfrente a un equipo armado con kilos y centímetros. Ivanovic quiso tirar de Milko Bjelica para reducir las distancias físicas, y en cierta medida el poste montenegrino, todavía lejos de su ritmo óptimo, respondió con todo el corazón de un equipo en construcción pero cuya esencia, su fe, merece el crédito de su afición.

El Baskonia ha recuperado ciertas dosis de la esencia que lo hizo grande. De alguna manera, que habrá que descubrir hasta qué punto resulta suficiente, se ha desembarazado de la imagen de espíritu errante que lo acompañaba las dos últimas campañas y ha recobrado las señas de identidad de un equipo al que se le puede exigir que dé la cara cuando las cosas vienen mal dadas. Ayer vinieron y lo intentó. Pero se quedó corto. Faltó oxígeno.

Con una reacción visceral, propia de otros tiempos más prósperos, el Caja Laboral trató de escapar de la tela de araña en la que lo había atrapado Plaza. Los doce puntos de ventaja con los que el Zalgiris dominaba el choque en los estertores del tercer cuarto parecían inamovibles. Pero no lo eran. El equipo báltico, apoyado en el enorme acierto de Darden y Kaukenas y en la solidez de sus interiores, llegó a temer por momentos por su victoria.

Ivanovic renunció a la lógica y apeló a las pasiones. El Baskonia olvidó los esquemas y trató de obviar las limitaciones estructurales que aún muestra en varios apartados del juego para acariciar una remontada que habría sido tan irreal como vital de cara al futuro. Al final, y tras llegar a reducir a dos puntos la desventaja, el apasionado equipo azulgrana se ahogó en la orilla. La Euroliga, torneo corto, exigente y que no espera a nadie, amenaza con volver a prescindir a las primeras de cambio de uno de sus clásicos.


Viernes, 19 de octubre de 2012
71-77


Caja Laboral: Heurtel (8), Oleson (13), Nocioni (13), Nemanja Bjelica (6) y Lampe (12) -quinteto inicial-, Cabezas (4), San Emeterio (9), Causeur y Milko Bjelica (6).
Zalgiris: Lafayette (12), Darden (17), Jankunas (7), Kaukenas (15) y D.Lavrinovic (10) -quinteto inicial-, Kuzminskas (2), Juskevicius (3), Delas, Popovic (11) y Ksistof Lavrinovic.
Parciales: 25-23, 10-17, 16-17, 20-20.
Árbitros: Ottermoser (ALE), Sahin (ITA), Mattioli (ITA). Sin eliminados.
Pabellón: Buesa Arena. 10.616 espectadores.

14/10/12

La oruga ya es mariposa

El Caja Laboral suma su primera victoria a domicilio del curso tras firmar una convincente actuación en una pista difícil


La oruga ya es mariposa. O al menos comienza a mostrar el principio de lo que se adivinan como unas alas de vivo color. El adolescente Caja Laboral que tan buenas sensaciones y escasos resultados había ofrecido hasta la fecha sumó en el Centro Insular de Deportes de Las Palmas su primera victoria a domicilio con una actuación que viene a corroborar la impresión de que poco o nada tiene que ver este proyecto con el que naufragó con estrépito el pasado curso. El equipo de Dusko Ivanovic, solvente y autoritario como en sus mejores tiempos, resolvió con holgura la visita a una de las canchas más complicadas de la Liga Endesa y lo hizo, además, tras avasallar a un plantel que se ha reforzado muy bien y que no concederá demasiados regalos en sus dominios.

El Baskonia dio un paso adelante muy importante en su visita a La Roca. Se olvidó del cansancio acumulado tras el maratoniano cúmulo de viajes y trató de ser lo que algún día será. Y lo mejor de todo es que logró serlo. Por momentos, en realidad durante muchos minutos, la maquinaria azulgrana se reveló mucho más engrasada de lo que cabría esperar a estas alturas de curso. Y se vislumbraron muchos detalles para la esperanza.

Cuando la orquesta afina, cuando interpreta la novedosa partitura que ha compuesto Ivanovic para el nuevo proyecto, se escucha una sinfonía armoniosa, fresca, plena de ilusión. El técnico montenegrino se ha reinventado para reinventar. El nuevo Caja Laboral es mucho más divertido que su versión anterior. y aunque todavía se encuentra en fase embrionaria, ha dado con sus señas de identidad y parece sentirse cómodo en el papel.

Habrá que ver si la propuesta con la que encara el nuevo ejercicio el combinado gasteiztarra basta para de verdad plantar cara a los equipos a los que será necesario ganar para obtener los títulos. Pero resulta evidente que se aparece como una puerta abierta de par en par al talento. Y este vestuario anda sobrado de virtuosos, que cuando se asocian para jugar a baloncesto están capacitados para desarmar al enemigo más bravo.

Y así sucedió en la primera mitad de un partido que puede suponer una inyección anímica para un equipo que se mostró preparado para abandonar el diván. La fase del psicoanálisis, de los miedos y la continua búsqueda de identidad debería quedar aparcada. El patrón a seguir parece claro. El plan quedó retratado en el tercer cuarto del choque de Atenas y en la puesta en escena de ayer. Con un Andrés Nocioni imperial, capaz de contagiar su rabia al resto de la tropa, el cuadro azulgrana se lanzó a la yugular del adversario con un baloncesto alegre, directo, y un nivel de acierto espectacular.

En un abrir y cerrar de ojos, sin que a la afición que abarrotaba las gradas del CID le diera tiempo siquiera a sentarse, el conjunto vitoriano amasó una renta de quince puntos (10-25) que parecía suficiente como para destrozar el choque. Luego se vería que no, que al partido le quedaba mucha vida y al Gran Canaria le sobraba orgullo para seguir peleando por la victoria. Sin embargo, sí permitió a los pupilos de Ivanovic mandar durante todo el choque en un electrónico que sólo reflejó ventaja amarilla tras la canasta con la que Paulao Prestes inauguró la contienda.

El combinado insular tiró de casta para tratar de equilibrar un partido en el que una vez más el Caja Laboral fió su suerte a su tremenda pegada. Y por momentos llegó a acariciar el sueño de la remontada. Pero el equipo azulgrana no estaba ayer por la labor de dejarse llevar. Y a su excelencia ofensiva, con un Nemanja Bjelica colosal, unos bases más entonados que anteriores citas y un Lampe dominador cerca de los tableros, añadió por momentos una defensa asfixiante que acabó por estrangular a los pupilos de Pedro Martínez.

Un parcial de 0-22 entre el final del tercer cuarto y el comienzo del último, inaugurado con cinco triples consecutivos, enterró cualquier atisbo de esperanza para el Gran Canaria. El Caja Laboral empezó a ser lo que tendrá que ser para volver a ocupar su espacio en la élite. El futuro determinará hasta qué altura podrá volar la mariposa que ayer comenzó a romper el capullo de dudas que la apresaba.

Herbalife Gran Canaria (64) (14+25+14+11): Scheyer (3), Toolson (10), Nelson (17), Prestes (12) y Newley (9) -equipo inicial-, Beirán (3), Bellas (5), Báez (5) y Domínguez.
Caja Laboral (80) (27+18+13+22): Nocioni (24), Nemanja Bjelica (12), Heurtel (9), Oleson (12) y Lampe (12) -equipo inicial-, Milko Bjelica, Sonseca, Cabezas (5), San Emeterio (4) y Causeur (2).
Árbitros: Emilio Pérez Pizarro, Carlos Peruga y Sacristán. Sin eliminados
Pabellón: 4.825 espectadores en el Centro Insular de Deportes

Estadísticas completas en acb.com
Link a la crónica original publicada en Diario de Noticias de Álava

12/10/12

Balas perdidas

El Baskonia deja escapar en su estreno continental una victoria que tuvo al alcance en el feudo del campeón



Existen algunas canchas en la Euroliga en las que salir con una derrota entra dentro de cualquier previsión lógica. Este adolescente Caja Laboral, que sigue buscando su identidad, estrenó ayer la competición continental con un revés que no es tal en una de ellas, que además es la del vigente campeón, en un duelo de sabor amargo pero de retrogusto esperanzador. En una fase embrionaria del curso en la que todo está aún por escribirse, el combinado azulgrana trazó sus primeros garabatos en el folio en blanco europeo con una mezcla de inmadurez y talento que, pese al resultado, invita a contemplar con optimismo el futuro. En una plaza donde se venera el sacrificio, la fe, el carácter, asistir a ejercicios de desidia como el que el pasado curso soportó la afición vitoriana supone la muerte en vida. Pero la cosa ha cambiado. Porque este equipo, para bien o para mal, tiene por ahora más alma que templanza, más ardor guerrero que orden, mucha más hambre que prudencia.

El Baskonia, que alcanzaba la cita con varias ausencias y algunas piezas aún muy lejos de su mejor estado de forma, pudo haber salido apaleado de Atenas. Es cierto. De hecho, esa es la impresión que arrojó el partido en los primeros compases, con los quintetos iniciales sobre el parqué. Pero también pudo haber inaugurado su andadura europea con un golpe sobre la mesa. Ninguno de los dos desenlaces habría extrañado en exceso, aunque es cierto que el conjunto heleno, mucho más hecho, supo manejarse con mayor solidez en los instantes en los que se separa la paja del trigo.

El Caja Laboral ofreció cierta apariencia de bipolaridad a lo largo del encuentro. Fue dos equipos, que en realidad es uno. Fue lo que es a estas alturas de año. No lo que puede llegar a ser, algo que sólo el tiempo determinará. El corazón lo sostuvo en un partido que comenzó muy mal y la falta de cabeza lo condenó a emprender la travesía hacia su inexcusable presencia en el Top 16 con prematuras deudas.

Ivanovic concedió otra vez la titularidad a Thomas Heurtel y el galo volvió a cuestionar la decisión con una puesta en escena desalentadora. Sin rumbo, endeble atrás, aparentemente pequeño, el primer rostro que ofreció el cuadro azulgrana en la cancha del campeón rescató la versión más pusilánime del colectivo que cometió la indecencia de manchar la historia del club con una caída a las primeras de cambio. Pero de un año a otro han cambiado cosas. Este Caja Laboral, que ha perdido a dos iconos, ha recobrado al jugador que seguramente mejor ha interpretado los códigos históricos de la entidad. Y a lomos de Nocioni, el interruptor, se subió a una montaña rusa.

El argentino se asoció con Carlos Cabezas, a quien Ivanovic inexplicablemente parece haber escogido para portar la cruz que cada año invariablemente concede a alguno de sus pupilos, y juntos reactivaron a un equipo que había salido con miedos para empujarlo a creer de nuevo en sus opciones. Con el malagueño al mando de las operaciones y un Causeur tremendamente activo, llegó un parcial de 0-12 que permitía soñar con romper incluso el partido. Pero entonces volvieron los cambios y la montaña rusa tomó de nuevo rumbo descendente para alcanzar el descanso con una inquietante ventaja para los griegos (48-37).

El equipo de Bartzokas, en una línea más regular, menos ciclotímica, aprovechó la aparente deserción de algunas piezas que deben ser importantes para su rival, como Oleson o Lampe, y encarriló un partido que, como se vería luego, aún tenía varios vaivenes que soportar. El escolta llegado del frío y el polaco, cuando casi nadie los esperaba, resucitaron. En un tercer cuarto que debe marcar el rumbo a seguir, un Lampe magistral (14 puntos en este periodo) tiranizó la pintura y situó al equipo (65-66) en una situación idónea para sacar tajada de la inercia con la que llegaba a los últimos diez minutos del choque.

Tenía al objetivo en el punto de mira. Pero careció de un instinto asesino que aún debe desarrollar. Tuvo varias balas para rematar al cuadro heleno y se perdieron. Le permitió salir vivo y levantarse. Y eso ante rivales de esta entidad, y más si Ivanovic se empeña en prescindir de su mejor base en los momentos calientes (llegó a jugar con Causeur de uno), se paga caro. Muy caro.

Olympiacos: Antic (9), Spanoulis (16), Papanikolaou (5), Mantzaris, Dorsey (7) -cinco inicial-, Sloukas (6), Acie (4), Mavroeidis (1), Hines (6), Gecevicius, Perperoglou (14) y Printezis (17).
Caja Laboral: San Emeterio (11), Heurtel (6), Oleson (13), Nemanja Bjelica (11), Lampe (18) -cinco inicial-, Cabezas(9), Causeur (2), Hernández-Sonseca, y Nocioni (11).
Parciales: 18-23, 30-14, 17-29 y 20-15.
Árbitros: Lamónica (ITA), Viator (FRA) y Rutesic (MON). Eliminaron a Nemanja Bjelica (min.40).
Pabellón: La Paz y la Amistad. 8.000 espectadores

8/10/12

Bálsamo para la fe

El Caja Laboral se deshace de un rival muy endeble con una exhibición colectiva de potencial ofensivo




Caja Laboral 90 (30+20+17+23): Heurtel, Oleson (16), Nocioni (14), Bjelica (11), Lampe (14) -cinco inicial-, Cabezas (2), Rochestie (9), San Emeterio (12) y Causeur (12).
Cajasol 70 (13+19+17+21): Satoransky (12), Holland (8), Buckman (9), Asbury (9), Triguero (2),-cinco inicial-, Sastre (3), Tepic (4), Burjanadze (7), Bogdanovic (11) y Balvin (5).
Árbitros: Pérez, Guirao, Martínez. Eliminado Bjelica (min.36), Holland (min.38).
Pabellón: Fernando Buesa Arena. 9.412 espectadores.

Andaba el nuevo Caja Laboral en busca de un suceso que le devolviera la fe en sus propias posibilidades y lo encontró en su estreno liguero en el Buesa Arena. El cuadro azulgrana se aprovechó de la visita de un Cajasol paupérrimo, verde hasta el extremo, y se dio un festín necesario para recobrar la confianza y crecer sin lastres antes de afrontar citas de mayor exigencia. La victoria de ayer puede tener efectos balsámicos. Sin estridencias y con todos los atenuantes que exige el hecho de medirse a un rival demasiado endeble, con mucho margen de mejora pero de un nivel inaceptable hoy por hoy, los pupilos de Dusko Ivanovic encontraron motivos para creer y hacer creer a una afición que podía albergar muchas dudas tras la pésima puesta en escena de Zaragoza.

El resultado y la placidez con la que se desarrolló el encuentro no pueden, sin embargo, ocultar las carencias y los puntos débiles de un colectivo que debe mejorar mucho en algunos aspectos para aspirar a ser aspirante. De pegada letal en ataque, aunque con evidentes síntomas de debilidad atrás y en el rebote, el Baskonia planteó de nuevo un intercambio de golpes en el que impuso su múltiple y contundente pegada. Hasta seis pupilos de Dusko Ivanovic (Nocioni, San Emeterio, Oleson, Lampe, Nemanja y Causeur) anotaron más de una decena de puntos en un duelo en el que, una vez más, los ataques superaron a las defensas.

El cuadro hispalense besó la lona a las primeras de cambio. El parcial de 15-0 con el que el equipo vitoriano deshizo el 4-4 inicial fijó una renta en el electrónico que resultó definitiva. Una losa para el Cajasol y sus jóvenes jugadores. Ahí se acabó el partido. Lo demás fue relleno. Un espacio para el lucimiento del que la mayor parte de los pupilos de Ivanovic supo sacar partido para recargar sus reservas anímicas.

Problemas en defensa y el rebote

El retorno de Maciej Lampe mitigó en cierta medida los problemas interiores. El polaco, que debe convertirse en uno de los grandes referentes, se mostró recuperado y entró en dinámica sin aparentes secuelas físicas, pero no resultó aval suficiente para impedir que el Cajasol se impusiera con insultante autoridad en la lucha por el rebote. Los pupilos de Aíto, pese a lo abultado del marcador, escaparon del Buesa Arena con un total de 16 rechaces ofensivos, una barbaridad que en otro contexto y ante un rival de mayor entidad puede convertirse en una condena definitiva.

Nemanja Bjelica y Andrés Nocioni trataron de parchear las ausencias en la pintura. El serbio, talento puro, sufre para frenar a pares más duros en el poste bajo. El argentino, cuyo espíritu granítico parece un homenaje a épocas gloriosas, volvió a ofrecer un demostración de carácter que puede resultar de un valor incalculable de cara a inocular una personalidad más férrea a un plantel que esta misma semana, con dos complicadas salidas a Atenas y Gran Canaria, volverá a someterse a exámenes quizá más fiables que el de la matinal de ayer.

Las mejores noticias que arrojó el encuentro tienen que ver con el paso adelante que dieron algunos jugadores, a los que se les debe exigir que ya no retrocedan. Sigue habiendo dudas en torno a la dirección, porque Ivanovic continúa empeñado en utilizar a Heurtel como obstáculo a salvar para los recién llegados. No parece que esta postura haga ningún favor a nadie. Ni siquiera al francés. Cabezas, sin llegar a alcanzar todavía ni mucho menos su mejor versión, se antoja como el más capacitado para imponer cierto orden a las maniobras ofensivas. Rochestie, un jugón en toda regla, anota más que dirige. Aunque cuando le sueltan cuerda hace cosas que invitan a soñar. Es un jugador diferente y con el tiempo puede aportar cosas muy interesantes al equipo.

También ofreció esa impresión Fabien Causeur, que vivió el debut soñado por cualquier jugador. El exterior galo arrancó algunas de las mayores ovaciones en un partido que con 30 minutos de relleno daba la impresión de estar dispuesto para que más soldados se alistaran a las tropas de Ivanovic. Muchos lo hicieron. Y es una gran noticia. La victoria supuso un bálsamo de fe para un equipo que, más allá de excusas y bajas, debe empezar cuanto antes a ofrecer esa imagen de colectivo serio que se le puede y se le debe exigir.

1/10/12

Poca sangre argentina

UN CAJA LABORAL EN EL QUE SÓLO NOCIONI OFRECIÓ MUESTRAS DE ORGULLO Y FE SUCUMBE CON ESTRÉPITO EN SU ESTRENO LIGUERO




CAI Zaragoza: Van Rossom (8), Roll (8), Aguilar (10), Rudez (11) y Norel (16) -cinco inicial- Llompart (15), Stefansson (11), Toppert (3) y Jones (6).
Caja Laboral: Heurtel (2), Oleson (6), Nocioni (20), Bjelica (5) y Pleiss (6) - cinco inicial- Cabezas (5), San Emeterio (6), Lampe, Rochestie (17) y Hernández-Sonseca (8).
Árbitros: García Ortiz, Cortés y Munar. Eliminados: Pleiss.
Pabellón: Príncipe Felipe. Ante 6.100 espectadores.


ZARAGOZA. El nuevo proyecto del Caja Laboral encalló a su paso por el Ebro en su primera aventura liguera del curso. El cuadro azulgrana sucumbió con estrépito en una plaza en la que la derrota abultada comienza a convertirse en hábito y donde quedó constancia, una vez más, del largo trecho que le queda por recorrer a este equipo para ser lo que puede llegar a ser.
El CAI ganó básicamente porque en el vestuario baskonista sólo hay un Andrés Nocioni, último reducto de la honorable y orgullosa estirpe de argentinos que han defendido la camiseta azulgrana y con los que parece que puede marcharse buena parte del celebrado carácter del club. De haber habido dos sobre el parqué del Príncipe Felipe, la historia se podría haber escrito con tinta de otro color. Sin embargo, hoy por hoy baja más agua por el Ebro que sangre albiceleste por las venas de los pupilos de Dusko Ivanovic. Y en un duelo en el que dos equipos todavía en rodaje retrataron las miserias de dos defensas de mantequilla, pésimas a ambos lados de la cancha, la victoria sólo podía caer del lado de la tropa que encarara la batalla con más hambre. Y esa fue la zaragozana.
Dusko Ivanovic volvió a evidenciar muchas dudas a la hora de distribuir los roles entre sus directores de juego. Y eso el equipo lo acusa. Un tanto perdido, como si no supiera aún qué papel pretende confiar a cada uno de sus pupilos, el preparador balcánico abusó de los cambios y ofreció desde el banquillo la misma imagen de impotencia y desconcierto que durante algunas fases del encuentro arrojó un equipo que tiene un enorme potencial pero también mucho trabajo por delante.
El técnico montenegrino confió una vez más la titularidad a un Thomas Heurtel que parece empeñado en dejarle en mal lugar. El francés no dirige. No es capaz de sostener las riendas del equipo, por mucho que a Ivanovic le apetezca utilizarlo como argumento para incrementar la exigencia a los otros dos bases. Tanto Cabezas, que sin brillar parece más capaz de oponer criterio al caos, como Rochestie, que en Zaragoza comenzó a ofrecer destellos de su enorme calidad individual, aportan más solidez a un equipo en el que el técnico no castiga con igual severidad los errores de unos y otros.
Lampe, que volvía tras su lesión de espalda, puede dar fe. Apenas tuvo dos minutos para certificar que se encuentra falto de ritmo. De haber llegado el polaco en mejores condiciones a la cita, el duelo podría haber marchado por otros derroteros. Pero Ivanovic, que reconoció después haberse equivocado al creer que podía jugar, prefirió confiar el destino de su equipo a un temporero como Edu Hernández-Sonseca cuando la terca realidad retrató de nuevo la tremenda tendencia de Pleiss a cargarse de faltas. Y lo peor de todo es que por momentos resultó más eficaz que la mayoría de los que se quedarán toda la temporada para pelear por los títulos. En una primera parte que transcurrió con pequeñas ventajas en el marcador para los locales, Sonseca, que protagonizó algunos errores sonrojantes para un profesional, llegó al descanso como el baskonista mejor valorado. Desde luego, no era un síntoma halagüeño para los intereses de un equipo que, salvando el 0-2 y el 3-4, no mandó en el marcador hasta el tercer acto, cuando Nocioni se conjuró para devolver la cordura a un partido que parecía abocado a una capitulación pacífica. El argentino no lo permitió.
El Chapu, ojos inyectados en sangre, elevó la temperatura defensiva, contagió a algunos compañeros y logró instalar el miedo en las gradas del Príncipe Felipe. Un triple de Nemanja Bjelica, otro de los que pagó en exceso con banquillo su escasa valentía para hacerse importante en el primer cuarto, situó al equipo vitoriano en ventaja y generó muchas dudas en el bando rival.
Fue sólo una ilusión, un mero espejismo. Incapaz de mantener el rigor defensivo, el conjunto azulgrana volvió a claudicar ante las facilidades que el CAI hallaba para producir en ataque. Sin apenas argumentos en la pintura, aferrado únicamente a la fe de Nocioni y a la inspiración de un Rochestie que exhibió su facilidad para anotar como escolta, el Caja Laboral sumó su primera derrota de una temporada que, como se vio, le ha pillado aún cogido con alfileres.

Estadísticas completas (acb.com)

25/9/12

Jugador de chica


EL BASKONIA CAE CON ROTUNDIDAD EN MIRIBILLA EN SU ENSAYO GENERAL ANTES DEL DEBUT LIGUERO
La inconsistencia azulgrana bajo los aros y el acierto del Gescrap en el triple acaban con un equipo demasiado caótico

GESCRAP Raül López (6), Vasileiadis (7), Mumbrú (3), Moerman (18), Rakovic (12) -cinco inicial-, Pilepic (6), Hamilton (7), Zisis (7), Samb (2) y Grimau (10).
CAJA LABORAL Cabezas (2), Oleson (7), San Emeterio (10), Nemanja (13), Pleiss (8) -cinco inicial-, Heurtel (13), Rochestie (3), Nocioni (18) y Hernández Sonseca.
Parciales 19-21, 38-33; 62-49, 78-74.
Árbitros García, Sacristán y Manuel. Eliminado San Emeterio (min.39).
Pabellón Miribilla. Unos 6.143 espectadores.
Suele decirse en el mus que el jugador que persigue las piedras de chica acaba perdiendo la partida. El baloncesto tiene poco que ver con ese juego de naipes, pero es un deporte en el que, salvo gloriosas excepciones, suelen ganar los tipos grandes. El Caja Laboral recibió ayer su primera señal de alarma en Miribilla. El Gescrap disputará la final de la presente edición de la Euskal Kopa tras pasar por encima de un rival al que sólo la calidad individual de algunos de sus puntales y un arreón de orgullo final ahorraron un correctivo sonrojante. En su ensayo general, la última prueba antes del arranque de la competición oficial, quedó patente que el nuevo proyecto azulgrana se encuentra demasiado atado a las limitaciones estructurales con las que se ha decidido armar la plantilla. Las bajas de Maciej Lampe y Milko Bjelica, que salvo sorpresa se perderán también el primer compromiso liguero en Zaragoza, arrojan un plantel superpoblado de exteriores pero demasiado inconsistente en la pintura como para hacer frente a un rival de cierta enjundia.
Podría decirse que el partido de ayer fue tan sólo otra prueba de la que deberían sacarse pocas conclusiones. Pero sería faltar a la verdad. Para bien o para mal, el plantel con el que se presentó el Caja Laboral en Miribilla será prácticamente el mismo con el que deberá afrontar su primera cita liguera. Salvo milagro inesperado, Ivanovic no tendrá más ingredientes interiores que añadir a la mezcla, lo que resulta preocupante porque Pleiss, un jugador muy válido pero tierno, sigue sin completar un partido en el que no sufra el peaje de la acumulación de faltas.
El Gescrap se encuentra también en fase de rodaje. El equipo de Katsikaris ha cambiado en esencia con la marcha de un Aaron Jackson que marcaba el ritmo. Ha perdido electricidad y se ha convertido en un colectivo mucho más sedentario, con más kilos y cierta tendencia a abusar del triple. Pero eso le bastó en la primera mitad para mandar en el marcador. Moerman, Vasileiadis y Raül López retrataron los desajustes de una defensa que siempre iba un paso por detrás para alcanzar en ventaja (38-33) el ecuador de un partido en el que el Caja Laboral sólo dio la cara en el primer acto.
Ivanovic se empeña en democratizar el puesto de base. El técnico montenegrino, fiel a su filosofía de ponerles las cosas difíciles a los nuevos, tiene a sus directores de juego nadando en un mar de dudas. Thomas Heurtel, que el pasado año no estaba a su juicio preparado más que para ofrecer cinco minutos de oxígeno a Prigioni, parece ahora el predilecto del balcánico, mientras Cabezas y Rochestie -todavía demasiado perdido- carecen de la continuidad necesaria para hacerse importantes y asumir los galones.
SIN TORRES El nuevo proyecto baskonista, tan corto de efectivos interiores, se tambaleará cada vez que alguno de los tres interiores puros con los que cuenta ahora estornude. Y con dos lesionados, como es el caso, no debe extrañar que protagonice ejercicios de impotencia como el de ayer. Tanto Nocioni como Nemanja están en condiciones de ejercer de improvisados interiores. Pero al final da más la impresión de que se desperdicia el potencial de dos de los mejores treses de la ACB que de que de verdad están en condiciones de dar réplica a sus pares en defensa. Ayer, sin ir más lejos, un recién llegado como Moerman se bautizó en los derbis vecinales con una actuación para enmarcar. Bien ayudado por Rakovic y Hamilton, el Bilbao Basket controló el rebote, fue superior bajo los aros y encima remató al visitante con un terrible acierto desde la línea de tres (11 de 25, el 44%).
El Baskonia, que llegó a disponer de una jugada con dos tiros libres y posesión para forzar la prórroga en manos de Nocioni, fía su destino a la inspiración de sus estrellas. Sin un referente claro en la dirección, sus ataques se desarrollan en un caos que en el mejor de los casos se resuelve merced a la calidad de jugadores como Nocioni, San Emeterio o Nemanja, los tres únicos jugadores que se han mantenido en la línea de fiabilidad en esta pretemporada. Ante la baja de Causeur, que no jugó por precaución, Oleson volvió a mostrar su lado más oscuro, más cobarde, y sujeto a sus tres puntales y al anárquico paso al frente de Heurtel en el epílogo, el cuadro azulgrana trató de apelar a la épica para enmendar lo que ayer no era enmendable pero que en un futuro puede y debe solucionarse. Tiempo hay para ello.