10/6/12

El dilema Ivanovic

Querejeta medita la continuidad del técnico montenegrino tras cerrar el primer bienio del presente siglo sin conquistar títulos


Todo está sujeto a cambios este verano en el Caja Laboral. Y todo significa absolutamente todo. A pesar de que una docena de jugadores disponen de contrato en vigor, y de que al menos uno de los dos que no lo tienen parece llamado a seguir en Vitoria, resulta casi imposible poner la mano en el fuego por la continuidad de cualquiera de los componentes de un plantel que ha ofrecido una temporada tan decepcionante. Ni siquiera por el comandante en jefe de la tropa azulgrana, un Dusko Ivanovic que firmó por dos temporadas pero cuya figura se encuentra ahora mismo sometida a un debate interno en el seno del club vitoriano que podría incluso resolverse con un relevo en el banquillo que sorprendería lo justo a una afición que también se encuentra dividida en torno a este asunto.

Josean Querejeta, el principal valedor del técnico montenegrino, sopesa el incremento de las opiniones críticas -incluidas las que llegan desde dentro de la entidad de Zurbano- en un momento en el que no sólo se habla en clave de baloncesto, sino también de venta de entradas y de generación de ilusiones en una hinchada que ha padecido dos de las peores temporadas de la era reciente del baskonismo. Un equipo que había convertido en una rutina, cuando no ganarlos, al menos sí pelear por los títulos, ha cerrado un bienio desalentador en el que sólo ha disputado una final, la de la última edición de la Supercopa, y durante el cual parece haberse quedado algo rezagado con respecto a sus dos grandes y económicamente poderosos enemigos habituales, enzarzados ahora mismo en la lucha por el entorchado liguero.

Un escalón por debajo

Existen muchos argumentos para justificar el paso atrás que ha dado el combinado vitoriano en estas dos últimas campañas. Quizá el de mayor peso tiene que ver, lógicamente, con ese desequilibrio económico que siempre ha obligado al cuadro baskonista a rozar la perfección para poder tutear a rivales que en algunos casos hasta duplican su presupuesto. Pero a nadie se le escapa, y tampoco a Josean Querejeta, que el modelo de gestión de Ivanovic, el entrenador más importante y laureado en la historia del club, ha comenzado a generar cierto desencanto en un importante sector de la afición que pide un cambio, sin tener muy claro en qué sentido, para virar la dirección de la nave. La película, en todo caso, podría haber sido distinta -difícil saber hasta qué punto- de haberse logrado el pase a la final tras un play offen el que la grada logró por momentos reconciliarse con un equipo que había perdido el alma.

Es una cuestión de sensaciones. Querejeta ha confiado siempre, y lo sigue haciendo, en Ivanovic más que en cualquier otro técnico. Al montenegrino le ha tolerado actitudes y errores que a otros les han costado despedidas prematuras. Al dirigente lazkaotarra no le tembló el pulso cuando tuvo la ocasión de recuperar al sargento de hierro, que había salido trasquilado de su aventura en Barcelona. De nada valieron los méritos acumulados durante la temporada precedente por Neven Spahija. El técnico de Sibenik había sumado dos títulos -entre ellos la segunda ACB- y había cumplido con el objetivo de meter al equipo en la Final Four. Pero contra todo pronóstico, amparado en la presunta mano blanda del croata en la gestión de banquillo, Querejeta optó por hacer uso de la cláusula que permitía romper el contrato de dos temporadas que habían firmado al término de la primera. El máximo mandatario de la entidad de Zurbano quería recuperar a Dusko Ivanovic. Echaba en falta la jerarquía de un entrenador al que siempre ha concedido mando en plaza y le ha descargado de presión y preocupaciones. Por eso ahora, en un momento en el que muchos abogan por el cambio, se le plantea un dilema.

¿Existe el sustituto adecuado?

En realidad, la pregunta que se hace todo el mundo el Vitoria gira en torno a quién puede ser digno de asumir ya no el banquillo del Caja Laboral, sino la confianza plena de un Querejeta que el pasado año ya realizó un primer escrutinio del mercado en busca de un posible sustituto. Pero no acabó de dar el paso y realizó una apuesta que muchos consideraron entonces arriesgada y a la postre valoran como errónea: a falta de uno, conceder dos años más de contrato al montenegrino. Más allá de los muchos problemas que ha podido encontrarse en su camino por culpa de las lesiones, la inadaptación de piezas importantes u otros menesteres, lo cierto es que el Caja Laboral ha firmado dos temporadas decepcionantes, muy alejadas de lo que venía siendo costumbre desde que se instaló, por méritos propios y seguramente con gran parte de culpa del propio Ivanovic, en la aristocracia del baloncesto continental.

Tras la marcha a la NBA de Tiago Splitter, uno de los grandes iconos del club que cerró su excepcional periplo como baskonista con la consecución del tercer título liguero de la historia, el equipo de Ivanovic ha quedado sumido en un foso de mediocridad competitiva. No ha vuelto a ofrecer la sensación de poder competir de igual a igual con los grandes. El año pasado el cuadro azulgrana completó su primera temporada sin disputar una final del presente siglo. Este, la cosa no ha ido a mejor: al margen de lograr colarse en la final de la Supercopa y de la meritoria resurrección en el play off cuando Ivanovic pudo disponer por fin de una plantilla compensada, el curso 2011-2012 será recordado por representar el primero en el que el conjunto vitoriano no logra acceder al Top 16 y cae a las primeras de cambio en una Euroliga en la que había logrado erigirse en un equipo respetado y respetable. En conjunto, habría que echar la vista muy atrás para dar con un bienio tan pobre. Tanto como retornar a finales de la década de los noventa (1999-2000 y 2000-2001) para encontrar dos temporadas tan discretas.

Pero lo peor no son los resultados o la ausencia de títulos. El dilema de Querejeta con respecto a Ivanovic está más ligado a las sensaciones de la grada, al creciente desencanto de la afición. A la necesidad de volver a conectar al equipo con su parroquia para recuperar ese binomio que tantas noches mágicas ha reportado bajo el embrujado cobijo del Buesa Arena. En el club existe división. También la hay en la calle. Pero esta decisión no se llevará a referéndum. La tomará una sola persona. Todo está sujeto a cambios este verano en el Baskonia. Incluso esto. Cuando se resuelva este dilema se irán despejando el resto de las incógnitas.


El Baskonia en el Siglo XXI


2000-2001
Subcampeón de la ULEB ante el Kinder de Bolonia
2001-2002
Campeón de la ACB tras imponerse (0-3) al Unicaja en la final
Campeón de la Copa del Rey. Venció en la final (85- 83) al Barcelona
2002-2003
Subcampeón de la Copa del Rey tras caer en la final (84-78) ante el Barça
2003-2004
Campeón de la Copa del Rey tras imponerse en Sevilla en la final al DKV Joventut (81-77)
2004-2005
Subcampeón de la Euroliga ante el Maccabi.
Subcampeón de la ACB tras caer en la final ante el Real Madrid (2-3)
2005-2006
Final Four. Tercer puesto tras caer ante el Maccabi en semifinales y vencer al Barça en el tercer y cuarto puesto
Subcampeón de la ACB tras caer en la final (3-0) ante el Unicaja
Campeón de la Copa del Rey tras superar en la final al Pamesa Valencia (85-80)
Campeón de la Supercopa. Se impuso en la final al Granada (61-55)
2006-2007
Final Four. Cuarto puesto tras caer ante Panathinaikos en semifinales y Unicaja en tercer y cuarto puesto
Segundo título de Supercopa. Triunfo en la final ante el Unicaja (83-78)
2007-2008
Final Four. Cuarto puesto. Derrotas ante el CSKA en semifinales y el Montepaschi en tercer y cuarto puesto
Campeón de la ACB tras imponerse con brillantez (0-3) al Barcelona en la final
Subcampeón de la Copa del Rey tras caer en la final del Buesa Arena ante el DKV Joventut (82-80)
Campeón de la Supercopa ACB tras imponerse en el derbi que supuso la final ante el Iurbentia Bilbao Basket (85-73)
2008-2009
Subcampeón de la ACB tras perder en la final ante el Barcelona (1-3)
Campeón de la Copa del Rey tras vencer en una vibrante final al Unicaja (100-98)
Cuarto título consecutivo de Supercopa tras superar al CAI en una apretada final (86-85)
2009-2010
Campeón de la ACB tras imponerse en una brillantísima final y contra todo pronóstico (0-3) al Barça de Xavi Pascual, que había ganado la Euroliga
2010-2011
El Caja Laboral se quedó la pasada campaña sin disputar una sola final por primera vez en el presente siglo. Hacía un lustro que el equipo no cerraba un curso sin un título que echarse a la boca.
2011-2012
Subcampeón de la Supercopa. Cae en la final de Bilbao ante el Barça (73-82)
Cae por primera vez eliminado a las primeras de cambio en la Euroliga


Os dejo el link de la noticia, tal y como aparece publicada en la web de Diario de Noticias de Álava del domingo 10 de junio de 2012.

22/5/12

Nieve, verano, nostalgia y la sonrisa de Monchito

Aunque estamos inmersos en un play off en el que el Baskonia se ha propuesto escribir una nueva página dorada en su historia, tratando de reproducir el milagro que hace sólo dos años condujo al tercer título ACB, quiero compartir con vosotros una ventana al recuerdo que he rescatado por encargo de los responsables de la revista del club '5+11'. El director de comunicación del Caja Laboral, Nacho Goicoechea, me pidió que le remitiera unas líneas con algún momento que se me hubiera quedado grabado en la retina, y no tuve dudas: la Copa del Rey de 2004, que se celebró en Sevilla, pasa por ser el momento álgido, desde mi perspectiva, de la era dorada de un equipo que contaba por aquel entonces con un elenco de jugadores seguramente irrepetible. Echemos la vista atrás ocho años.


Nieve, verano, nostalgia y la sonrisa de Monchito


Sucedió en Sevilla, en un mes de febrero que fue verano. Y en Vitoria, donde febrero siempre es febrero pero aquel resultó especialmente gélido. Ni siquiera la nieve logró evitar que el baskonismo festejara el único título que pudo alzar la que, a mi juicio, ha sido la mejor plantilla que ha tenido el club azulgrana en toda su historia, la de la campaña 2003/2004. En el Municipal de San Pablo, en una ciudad anegada de baloncesto, los héroes que despertaron ese espíritu nostálgico tan propio de una afición que no acaba de pensar en clave de presente, que se aferra al recuerdo, se conjuntaron para crear un equipo que la NBA fue desmembrando con el paso de los años y conquistar el cuarto título copero en la historia del club gasteiztarra.

Sol y hielo. Norte y sur. Recuerdo que escapé de la nieve, no sin algún susto, cuando las máquinas casi ya no podían hacer nada por limpiar la autovía. El miércoles comenzaron los problemas. Era la antesala de aquellos dos días de caos en los que algunos conductores llegaron a quedar atrapados durante 17 horas entre Armiñón y Burgos y que a la larga acabaría con una histórica sentencia contra las empresas gestoras de la vía. En Sevilla, con temperaturas que llegaron a superar los 30 grados a lo largo de ese fin de semana, aquellos fríos polares que cubrieron con un manto blanco la Llanada parecían un sueño distante.

Una plantilla de ensueño

En aquel Baskonia no faltaba nadie. Dusko Ivanovic disponía de un plantel de ensueño: Prigioni, Calderón, Macijauskas, Vidal, Nocioni, Scola, Kornel David, Betts,Splitter...y Javi Buesa, a quien me encontré poco después de bajar del AVE (había dejado el coche en el parking de Atocha, que dos semanas después se teñiría de terror con los atentados del 11M). Estaba en el hall del hotel donde se hospedaban los equipos, muy cerca tanto de la estación como del pabellón de San Pablo. Le recogí unas declaraciones para el programa de mediodía, porque acudí a aquel torneo como enviado especial de Radio Álava. "Vamos a ganar seguro", me dijo cuando ya había apagado el minidisc. Y se le escapó una sonrisa tan sincera, tan pícara, tan tranquilizadora, que se me disipó cualquier duda. "Tengo que cuidarme la voz porque vamos a tener que estar cantando canastas hasta el domingo", recuerdo que pensé. A duras penas pude cumplirlo. Fueron días muy largos, noches muy intensas. Era la Copa. Y conforme avanzaban las jornadas la ciudad iba adquiriendo un mayor colorido azulgrana, a pesar de que las noticias que llegaban desde Vitoria resultaban cada vez más desalentadoras en cuanto a lo meteorológico. Todas las salidas estaban bloqueadas por una de las mayores nevadas de las últimas décadas. En Sevilla, lucía el sol. Sobraban las chaquetas aquella semana de finales de febrero.

El primero en caer fue el Estudiantes, que se cobraría la venganza en el cruce liguero de los play off, una dolorosa estocada para un equipo que debió haber sumado algún título más. Fue el viernes, en el segundo turno, y brilló un Nocioni al que le quedaban meses para hacer las maletas y marcharse en busca de gloria a la Ciudad del Viento. Los 24 puntos y 12 rebotes del santafesino, soberbio, arrebatador, arruinaron la excelente actuación de un Felipe Reyes (25/10) que aún no había consumado su traición al club del Ramiro. Al igual que Nocioni, cambiaría de colores el verano siguiente.

El sábado, en semifinales, tocó el anfitrión. Recuerdo el cariz surrealista que adquirían las retransmisiones. Mientras en Sevilla sudábamos la gota gorda, en los estudios centrales nuestros compañeros nos relataban los enormes problemas que estaban generando las nevadas. Vitoria estaba casi incomunicada. Pero el sábado había más bufandas azulgranas que el viernes. Y el domingo, en la final, habría aún más. El Caja San Fernando apenas fue rival para un equipo que ya apuntaba a campeón. El TAU se impuso por 25 puntos, con un Luis Scola descomunal que no concedió opción alguna a la sorpresa. La condición de favorito de aquel equipo conformado por los grandes iconos del baskonismo se agigantaba conforme pasaban los días. Sólo quedaba un escalón más.

La irrupción de Rudy Fernández

La última parada conducía al equipo de Ivanovic ante el DKV Joventut de un descarado Rudy Fernández, que se había cargado al Barça de Navarro y Varejao en semifinales. Cuando llegó la hora de la verdad, resultaba imposible saber cómo, pero Sevilla estaba ya atestada de aficionados baskonistas. Huyeron del invierno para convertir el pabellón de San Pablo en un infierno donde, por compasión, el resto de aficiones (y la mayor parte de la prensa nacional) se puso del lado de la Penya. No sirvió de nada.

Aquel era un Baskonia mayúsculo, histórico, inaccesible para el equipo verdinegro, que aún así recuerdo que llegó a vender muy cara la derrota, sobre todo por culpa de un Rudy que acabaría llevándose –de manera injusta, a mi modo de ver– el trofeo de MVP. Entonces el galardón lo concedíamos los periodistas. La prensa vitoriana dividió sus votos entre Nocioni y Scola, de nuevo los mejores en la final, y el resto buscaba iconos. En cualquier caso, el baskonismo estalló de júbilo en aquella noche veraniega de febrero, que volvió a ser larga, en unas calles de Sevilla en las que se entonó el Celedón con más de cinco meses de antelación. Todavía recuerdo los cánticos, junto a la salida del parking del Municipal de San Pablo, de centenares de hinchas vitorianos que aguardaron hasta que salieron los campeones. Abrazos, lágrimas, sudor, una unión entre jugadores y aficionados que quizá el tiempo ha debilitado. Y, cómo no, la imagen de Javi Buesa, sonrisa de Monchito, con su pequeña reproducción de la Copa. "Ya te lo dije", me guiñó mientras buscaba a su familia entre el gentío, que gritaba al son de la charanga. Como todos aquella noche que ahora se contempla inevitablemente con un halo de nostalgia.

Os dejo un vídeo que he encontrado en la web (no hay muchos, la verdad) en el que se ven los instantes finales de la final. El Baskonia afrontó los dos últimos minutos con un quinteto compuesto por Calderón, el mejor Macijauskas, Nocioni, Scola y Kornel David, que tuvo que dejar la cancha antes de tiempo por personales y su sitio lo ocupó Andrew Betts. En el banquillo, casi nada: Vidal, Splitter, Prigioni, Buesa... Repito, aunque está abierto a debate, a mi modo de ver la mejor plantilla de la que ha dispuesto el club vitoriano en su más de medio siglo de historia.





16/5/12

Pescar en río revuelto

Barcelona Regal y Real Madrid aparecen de nuevo como los dos grandes candidatos al título liguero, aunque las distancias con el resto, sobre todo con el Caja Laboral, parecen haber disminuido en el tramo definitivo del curso




En sólo unas horas arrancan las eliminatorias por el título de una de las temporadas en las que todo parece más abierto. Ocho equipos, algunos con más opciones que otros, se lanzan a por un trofeo que, por primera vez desde hace unos años (más allá de lo que sucediera finalmente), nadie considera que tenga un dueño asignado antes de que arranquen los play off. El todopoderoso Barça de Xavi Pascual ha mostrado sus puntos débiles ante el vertiginoso Real Madrid de Pablo Laso, que en la Copa del Palau Sant Jordi sacó a relucir las costuras del ogro culé y que, a estas altuas de curso, aparece como el principal aspirante en las predicciones de los entendidos. Sin embargo, el río baja revuelto, y hay pescadores, más o menos avezados, que se muestran tan dispuestos como capacitados para tratar de obtener su ganancia en esta situación de aparente vacío de poder.

Aunque la experiencia reciente invita a tomar con cautela cualquier vaticinio, toda vez que hace dos años ni el aficionado más optimista del Baskonia aventuraba el advenimiento del milagro que se convirtió en el tercer título liguero del club vitoriano, parece claro que los dos grandes clubes futboleros parten de nuevo con ventaja. Pero se me antoja una renta mucho más exigua de la que aparentemente gozaban en anteriores ejercicios, y no sé si es más por deseo que por convicción, aprecio que al menos otros dos de los otros seis equipos cuentan con opciones de materializar lo que sería una sorpresa, en mayor o menor medida según el hipotético campeón. Dejando a un lado –con todo el respeto y el reconocimiento del mundo a sus temporadas– tanto a Lucentum como a Lagun Aro, Valencia Basket y Banca Cívica, a los que considero desde el punto de vista competitivo, en este tipo de citas, un escalón por debajo, creo que tanto Caja Laboral como Bilbao Basket, a pesar de su aparente depresión, estrenan las eliminatorias por el título con ciertas cuotas de esperanza.

Las alternativas vascas

El conjunto baskonista, como ya señalé en mi anterior post (De miedos y euforias) tiene plantilla para superar a cualquier enemigo, pero a lo largo de esta histriónica temporada que ha dedicado a su afición ha demostrado también una irritante capacidad para hincar la rodilla ante el rival más inesperado. Llega en buen momento, a tenor de los últimos resultados y, más aún, de la esperanzadora imagen ofrecida por algunos de sus puntales, pero se estrena ante uno de los peores rivales que le podían tocar en cuartos. Habrá quien eche la vista atrás y se aferre al resultado del último partido de la fase regular (100-70) para justificar el favoritismo del cuadro azulgrana. Pero a esos bastaría con refrescarles los punzantes recuerdos que debió de dejarles la eliminación de la Euroliga. Los hombres de negro, colectivo veterano que habrá podido encontrar en estas dos semanas de parón competitivo el oxígeno que le faltaba, demostraron tanto en Miribilla como en el Iradier Arena que tienen capacidad, arrestos y sobre todo orgullo para competir ante el contrincante más poderoso. Y esta va a ser, a tenor de las declaraciones previas, una eliminatoria caliente.

Su rendimiento en la ACB ha resultado decepcionante... para todo aquel que no entendiera que su obsesión este año no era otra que la Euroliga, donde sólo el todopoderoso CSKA, con la obligación de emplearse de verdad en un cruce que muchos adivinaban de trámite, pudo tumbarlo.

Puede resultar una perogrullada, porque lo es, pero parece claro que las opciones del equipo bilbaíno crecerán de manera exponencial si supera esta primera eliminatoria, a la que es cierto, en cualquier caso, que no llega excesivamente bien. Me voy a explicar. Tal y como alcanzan alaveses y vizcaínos el derbi, aunque Ivanovic y sus hombres hayan tratado de quitarle hierro, parece evidente que el Caja Laboral parte como favorito. Tiene el factor cancha y se presenta en una clara línea ascendente, con hombres como Nocioni, Lampe o Nemanja Bjelica aproximándose a su mejor nivel. En cualquier caso, en la retina de todos queda el espectacular rendimiento del cuadro bilbaíno en los play off del pasado año, cuando alcanzó la final contra todo pronóstico tras cargarse a un Real Madrid que, salvo hecatombe, esperará en semifinales al superviviente de este duelo vasco.

El gran favorito y la encrucijada de las semifinales

El equipo que dirige el vitoriano Pablo Laso, reitero, aparece ahora mismo como el gran candidato ante las dudas de un Barcelona que va a depender demasiado del estado físico de un Navarro cuya lesión puede apartarlo de un nuevo título. Pero no lo tendrá fácil en semifinales, sea cual sea su rival. Ahí están los números y las sensaciones. El Caja Laboral crece, y ya le venció en su último enfrentamiento, en el partido que sirvió para reinaugurar el remozado Buesa Arena. Y el Gescrap ha demostrado a lo largo de la temporada que dispone de argumentos para plantarle cara y derrotarle. Así lo demuestra el dato que refleja que el combinado de Katsikaris se ha impuesto a los blancos en tres de los cuatro enfrentamientos que han tenido tanto en la Liga Endesa (dos victorias para el Bilbao Basket) como en la Euroliga, donde el conjunto vizcaíno acabó por dejar al Madrid fuera del Top 8 tras remontar el basket average de 16 puntos que había obtenido en el Palacio de los Deportes tras imponerse por 24 puntos en Miribilla. El Madrid parece claro aspirante al título, es verdad, pero en este río revuelto, pueden pasar muchas cosas en función de cómo vayan desarrollándose los cuartos y estableciéndose los emparejamientos.

¿Le interesa al equipo de Laso que el club que lo vio crecer como jugador supere la primera fase? Sólo el tiempo puede ofrecer una respuesta, pero desde luego todos aquellos que lo señalan como único aspirante a plantar cara en una hipotética final al Barça deberían detenerse en la dificultad que afrontará antes siquiera de alcanzar esa fase definitiva de la competición.

El Barça y el dilema de Navarro

En el otro lado del cuadro la situación de las aguas no parece más calmada. Resulta evidente que el Barça ostenta una entidad muy superior a la de los otros cuatro equipos, y que los astros se han alineado para que su primer cruce, ante un Lucentum que es el octavo clasificado y al que ha despachado con sendas palizas en todos los duelos que han mantenido esta temporada, parezca a priori más accesible a causa de las bajas que presentará el conjunto de Vidorreta. Me gustaría pensar que Lagun Aro o –más aún por lo que parecía que podía dar de sí su plantilla cuando arranco el curso– Valencia tengan alguna opción. Pero desde luego se me antojan ya no remotas, sino inexistentes en una competición que ha perdido la mística que hace no tantos años permitía que un equipo salido de la nada como el TDK protagonizara un cuento de hadas para, a costa del baskonismo, coronarse campeón.

Da la impresión de que el Barça se enfrentará a sí mismo y a sus miedos en el trayecto hacia una final en la que su ausencia representaría la mayor campanada posible en estos play off. El equipo catalán ha firmado una campaña tan sólida en lo liguero como insípida en Copa y Euroliga. Su derrumbe tanto en la Final Four como en la Copa ante el Madrid evidencian que al equipo catalán pueden asaltarle las dudas, más aún si Navarro sigue renqueante, ante rivales que puedan acercarse a su nivel, cosa que Caja Laboral y Real Madrid han logrado en sus duelos directos a lo largo del curso.

La máquina blaugrana ha dejado de aparecer como una apisonadora en la competición doméstica. A partir de ahí, todo dependerá del estado físico de Navarro, que es el alma de una legión de robots, incluido el técnico, que pierden el norte y casi toda su capacidad de improvisación cuando se ausenta La Bomba. Con el escolta de Sant Feliu en buenas condiciones, el Barça será tan favorito como cualquier otro. Con su estrella tocada, se convierte en un rival mucho más anodino, al que el resto puede hincarle el diente.

15/5/12

De miedos y euforias


El entorno baskonista pasa del temor a que el Gescrap pudiera ser el primer rival en las eliminatorias por el título al optimismo desmedido y peligrosamente injustificado tras el último enfrentamiento liguero entre ambos, que se saldó con paliza



Parece que el entorno baskonista, paciente hasta la médula, transita en esta desconcertante temporada con la misma celeridad que la plantilla de un extremo al otro en cuanto a sensaciones y certezas. No hay términos medios cuando se habla de este Caja Laboral. Capaz de lo mejor, pero también de lo peor, como ha quedado patente a lo largo de los últimos meses, el combinado azulgrana se encamina al estreno del play off por el título con la moral parcheada tras la demostración de capacidad que ofreció ante el que será su rival a partir del jueves, al que volvió a superar además en la pachanga de la Euskal Kopa. Como todo es blanco o negro, el recelo se ha transformado en cuestión de semanas en un optimismo desaforado, peligroso, e injustificado si se tienen en cuenta los precedentes de un equipo que en algo más de siete meses de competición se ha revelado completamente incapaz de seguir una línea regular y uniforme de juego y solvencia.

El Baskonia tiene plantilla, a pesar de algunos puntos débiles que se han revelado evidentes, para plantar cara a cualquier rival en la ACB. A cualquiera. De eso no me cabe ninguna duda. Siempre y cuando, claro está, el comandante el jefe de la tropa alavesa, su sargento de hierro, sepa manejar con cierta cordura el elenco de excelentes jugadores de que dispone. En cualquier caso, no ha habido un año en el que el cuadro baskonista se mostrara tan endeble, tan vulgar, hasta el punto de despreciar su propia condición de aristócrata de la competición para firmar varios sonoros batacazos ante rivales inesperados. Y en este sentido, huelga recordarlo, tampoco convendría menospreciar el potencial del vecino, actual subcampeón del torneo y cuartofinalista de la Euroliga en su temporada de debut, por mucho que haya alcanzado con la lengua fuera el tramo final de la fase regular.

El deseo de evitar al vecino

En Vitoria, y esto no se puede ocultar, no eran pocos los que mostraban abiertamente sus preferencias sobre que el Gescrap no fuera el primer obstáculo hacia el título que podría cerrar con un idílico broche un ejercicio en el que casi todo ha sido malo. Ahora, tras el correctivo de la última jornada liguera, las tornas han girado hasta tal punto, que el miedo (o recelo) ha mutado en una confianza desmedida para la que tampoco debería existir justificación. Ni una cosa ni la otra. Es decir, ni era de recibo que la afición hablara en clave de título pero mostrara cierto temor ante la perspectiva de un cruce prematuro ante los vecinos del norte, ni lo es que por el resultado de un partido (ni siquiera tengo en cuenta la Euskal Kopa), y más teniendo en cuenta los precedentes de esta misma temporada, se lancen las campanas al vuelo y se proclamen victorias anticipadas antes de que la eliminatoria haya podido siquiera nacer.

No puede obviarse que las sensaciones que arrojan ambos equipos a las puertas del primer asalto del duelo favorecen el caldo de cultivo que se ha creado en la capital alavesa por la manera en la que se cerró el ejercicio y se conoció la composición definitiva de los cruces. El Bilbao Basket perdió de manera inexplicable la opción de sentenciar la cuarta plaza en la penúltima jornada, ante lo que era un equipo en plena descomposición como Unicaja, y después salió del Buesa Arena humillado. Los hombres de negro, como sus vecinos futboleros, han llegado a la fase decisiva del curso sin oxígeno, con la lengua fuera. Más que cualquier otra cosa, viéndolo con la perspectiva y la falta de información detallada que ofrecen sesenta kilómetros de distancia, da la impresión de que la principal fuente de problemas del cuadro bilbaíno, que ha firmado una temporada irregular en ACB pero notable en Euroliga, tiene que ver con el físico. Teniendo en cuenta el periodo de reposo que (inexplicablemente desde el punto de vista del espectador) se ha establecido antes del inicio de las eliminatorias por el título, el rival que se encontrará el combinado azulgrana el jueves no será, ni de lejos, el mismo que visitó la pista de Zurbano hace unos días.

Un Baskonia al alza

Por otro lado, el Baskonia también llega al alza. Tanto desde un punto de vista individual como colectivo. Al plantel que adiestra Ivanovic se le aventuraba un tremendo margen de mejora desde que todas sus piezas se unieron al puzle. Pero se ha demorado mucho más de lo esperado. Más allá de la peliaguda lesión de Fernando San Emeterio, que puede obligarle a perderse algún partido o a disputarlo sin encontrarse en condiciones óptimas, la impresión que ofrecen los puntales del equipo es de llegar al momento determinante de la temporada en su mejor momento de forma. Al menos en su mayoría, gente como Lampe, Prigioni o Andrés Nocioni, ya que el estado depresivo del capitán, un Mirza Teletovic que debe enderezar el rumbo en los compases finales de la que puede ser su última temporada con la elástica azulgrana, siembra algunas dudas. En cualquier caso, hay motivos para presagiar una eliminatoria igualada. No los hay, en cambio, ni para el miedo ni para las euforias desproporcionadas, por mucho que cualquier equipo que quiera aspirar al título, y el Baskonia ahora mismo lo codicia como el que más, deba verse capaz de superar a cualquier adversario.

El equipo vitoriano tiene en su mano la ocasión de enmendar el terrible y doloroso golpe que le endosó a las estadísticas y la tradición en vísperas de las vacaciones de Navidad. Fue entonces el mismo rival, el Gescrap, el que se encargó de empujarle al abismo que suponía quedar por primera vez fuera de la Euroliga a las primeras de cambio. Fue un golpe anímico y con repercusiones económicas que dolió a este lado de Altube. Ahora el cuadro bilbaíno se yergue de nuevo en el horizonte como el obstáculo a superar para mantener casi inmaculada la hoja de servicios de la tropa vitoriana en los cuartos de final de la ACB.
En el presente siglo, de hecho, sólo el Unicaja ha sido capaz de eliminar a los vitorianos en la primera ronda del play off. Sucedió en la campaña 2002-2003. Desde entonces, en los ocho ejercicios posteriores, el Baskonia accedió sin apenas angustia a las semifinales. Ha sido, de hecho, el único de los grandes que se ha asegurado su presencia en semifinales en estas temporadas.

Las estadísticas, tan frías y quebradizas como orientativas, le confieren al equipo azulgrana, que además dispone del factor cancha, el papel de favorito. Lo han constatado tanto los jugadores como el propio técnico del Gescrap. Resulta peligrosa esa condición. En Bilbao se sienten cómodos así. Los hombres de negro han forjado sus mayores conquistas remando a contracorriente y este Caja Laboral, pese a la mejora experimentada, es un grande idóneo para propiciar las sorpresas. Cualquier exceso de confianza puede desembocar en una tragedia. Pero el miedo tampoco es un consejero adecuado a estas alturas del curso ni un petate permitido para un equipo que, de puertas para afuera, asegura que va a pelear por su cuarto título liguero.

26/3/12

El carácter del carácter

Nocioni, referente del espíritu azulgrana, regresa en un momento de máxima necesidad para aportar un punto de equilibrio y alma al Caja Laboral, a pesar de que su perfil no era en inicio el buscado



Se ha forjado a lo largo de su medio siglo de historia el Baskonia una leyenda de equipo irreductible, de espíritu inmune a la rendición, que en los últimos tiempos, sobre todo en estos dos últimos ejercicios, ha tenido más de mito que de realidad. El carácter que siempre se le ha presupuesto al combinado vitoriano, más todavía en las épocas en las que el sargento Ivanovic ha estado al mando de las operaciones, se marchó por el sumidero conforme desaparecían de su plantilla algunos de los grandes iconos que lo condujeron a la aristocracia durante la pasada década. Este ejercicio, tan marcado por las calamidades, no ha representado una excepción. Más bien al contrario. Ha supuesto la confirmación de que el cuadro azulgrana, aun manteniendo los jugadores de calidad y la ambición que siempre le han permitido elevar un punto sus objetivos, había extraviado en cierta medida ese espíritu que puede haberse recobrado justo a tiempo.

La llegada de Andrés Nocioni ha devuelto la fe a la siempre devota hinchada baskonista. El mero anuncio de la contratación del argentino, que regresa a casa con la intención de volver a sentirse jugador tras una oscura etapa en Philadelphia 76ers, ha tenido un tremendo efecto terapéutico entre los aficionados y ha invitado a los pronosticadores a replantearse las opciones del combo alavés de cara a la pelea por el último título que queda en liza dentro de un curso que se ha revelado amargo.

Andrés Nocioni, puro carácter, seguramente uno de los jugadores que mejor ha encarnado en la historia del Baskonia los valores de los que se presume en el Buesa Arena, llega con la misión de devolver el alma a un equipo desnortado y que había comenzado a perder la conexión con un segmento de la grada. Josean Querejeta ha recurrido para devolver el pulso a un hombre que lleva un año casi en blanco y que, por si fuera poco, no encaja con el perfil buscado. Pero no hay miedo.

Resulta obvio que en cualquier otro punto del globo terráqueo su contratación habría generado muchos interrogantes. En Vitoria no. En la capital alavesa ha generado toneladas de ilusión. Más allá de que su estado de forma pueda resultar una incógnita (en Philadelphia ha jugado 11 partidos este curso con una media de 5 minutos por cita) y de que en absoluto aparezca como el exterior anotador en función del que se rastreaba el mercado, el fichaje de Nocioni tiene tantos matices políticos y anímicos como deportivos. Quizá más.

El Cid Nocioni

Nada es casual cuando se trata del Baskonia. El Chapu, como El Cid en la batalla de Valencia, puede aportar sin bajarse del caballo. Su llegada a un grupo deprimido, inconsistente de espíritu, que ha firmado la primera campaña en la Euroliga sin Top 16 y ha alternado actuaciones decepcionantes con alguna sonada muestra de capacidad, ya constituye por sí sola una garantía de que el cuadro azulgrana va a recobrar ciertas dosis de orgullo.

Por supuesto, no estará solo. El cambiador del inquilino del Buesa Arena cuenta con algunos otros elementos que han dado sobradas muestras de ese carácter que transporta a tiempos pretéritos. Sigue en la plantilla el grueso de los componentes del equipo que dinamitó todos los pronósticos para doblegar con contundencia al Barça y conquistó el tercer título liguero. Aquella ya histórica final encumbró a San Emeterio, laureado un año después con el galardón como mejor jugador de la ACB, y en él estaban también Ribas, Oleson y Mirza Teletovic, el elegido para recoger el testigo de Tiago Splitter. El bosnio, jugador sobrado de facultades, con un prometedor futuro seguramente al otro lado del Atlántico, fracasó cuando llegó el momento de erigirse en el líder del equipo. Y, entre otras cosas, ese fue uno de los motivos que impulsaron al club, a pesar de la oposición, a recuperar a un Pablo Prigioni que ha tratado de tirar anímicamente del carro. El timonel de Río Tercero ha estado demasiado solo en esa tarea. Pero eso se ha acabado con la llegada de su compatriota.

A Nocioni, que busca el punto óptimo de forma para los Juegos de Londres y trata de buscar un último jugoso contrato, se le va a exigir más compromiso que baloncesto, más labor de líder que canastas, pero no es manco. Sigue siendo un jugador con capacidad para marcar diferencias fuera de la NBA, como demostró el pasado verano en el Preolímpico con Argentina. Y además, y no es cuestión baladí, ayudará a reconciliar al equipo con toda la grada. No es fácil llenar un recinto con 15.000 asientos.

Os dejo al link al artículo, que apareció en la edición del domingo 25 de marzo en Diario de Noticias de Álava.

21/3/12

Nocioni: "Si no tuviera contrato con Philadelphia, me vería en Vitoria"

Ahora que tanto se está hablando sobre la posible vuelta de Andrés Nocioni a Vitoria, me ha parecido conveniente recuperar este vídeo (los tres primeros minutos) en el que el alero argentino hablaba de Dusko Ivanovic, el técnico que hizo de él un jugador codiciado para los equipos de la NBA. El Chapu, que guarda un grato recuerdo y una excelente relación con el preparador montenegrino, se permitió la licencia de bromear sobre su dureza y sus métodos. A pesar de que reconoce la inflexibilidad de Ivanovic, con el que llegó a chocar en momentos puntuales merced a sus potentes caracteres, Nocioni refleja que los jugadores con un espíritu como el suyo pueden sobrellevar esa disciplina y aprovecharla para sacar lo mejor de sí mismos. En la entrevista de la CNN, que es de comienzos de noviembre, época de lockout, ya manifiesta sin ambages que le encantaría retornar a la entidad baskonista: "El Caja Laboral me ha dado mucho y me encantaría volver. Si no he vuelto es porque sigo con el contrato vigente de Philadelphia. Si no tuviera ese contrato, me vería en Caja Laboral seguro", aseguraba entonces. Sea o no lo que busca el Baskonia, que en principio rastreaba el mercado en pos de un escolta anotador, parece claro que jugadores como el santafesino podrían ejercer un rol determinante para devolver el carácter a un plantel con muy poca alma.


20/3/12

La margarita de Nocioni

La ilusión del baskonismo se dispara ante la mera posibilidad del regreso del alero argentino, cuyo fichaje depende de muchos factores, entre ellos el económico, que complican la operación


El nivel de ilusión del baskonismo, que ante la aridez del presente y la incertidumbre del futuro inmediato paladea todavía las glorias del pasado, se ha disparado estos últimos días al conocerse la noticia de que Andrés Nocioni estaba a un paso de convertirse en agente libre. Philadelphia 76ers decidía prescindir de un jugador al que el head coach, Doug Collins, jamás ha querido introducir en la rotación y la esperanza de los aficionados del conjunto azulgrana de volver a disponer de uno de sus iconos históricos ha estimulado en cierta medida el optimismo de una hinchada que se niega a asumir con resignación la medalla de bronce que parece tenerle reservada una ACB en la que el escalón con los dos clubes futboleros se ha elevado un poco más esta temporada. El Chapu podría volver a Vitoria, está claro. Jamás ha ocultado el sentimiento de pertenencia que le genera el club azulgrana, donde creció como jugador hasta convertirse en un elemento codiciado por las franquicias de la NBA. Pero también podría quedarse en la competición estadounidense e incluso recalar en algún otro equipo importante a este lado del charco. Varias son las claves que pueden definir los movimientos que en los próximos días determinen el destino de un hombre que –en esto no voy a tener problemas en mojarme– ha sido de largo el jugador que más he adorado de cuantos se han enfundado la elástica baskonista.

¿Y cuáles son esos factores que pueden permitir o no que se cumplan los sueños colectivos de la afición vitoriana? Por un lado estarán la voluntad del jugador, su manifiesto apego hacia la entidad baskonista, su deseo de encontrar un destino en el que poder ponerse a tono para disputar los Juegos de Londres con la selección argentina, el único equipo en el que de verdad ha ofrecido su verdadera medida estos últimos años, y la evidente conciencia en el seno del club de que la contratación del alero santafesino, más allá de lo que pueda aportar sobre la cancha, recuperaría para la causa a un sector de la afición que ha perdido la fe en una plantilla que ha sido incapaz de dar la talla en los tres primeros títulos que ha disputado en la primera parte del curso. Por otro lado, y no pueden obviarse, se encuentran el factor económico, porque Nocioni tratará de mantener hasta donde pueda el caché adquirido en la NBA y seguramente buscar un último contrato de larga duración, su veteranía y el estado de forma con el que se presentaría a estas alturas de temporada, tras haberse pasado casi en blanco, con sólo once encuentros disputados a una media de poco más de cinco minutos por cita. La balanza está en estos momentos bailando, buscando su equilibrio.

El factor sentimental

Si fuera una cuestión de mera voluntad, guiada exclusivamente por el sentimiento, no me cabe ninguna duda de que Nocioni se debatiría entre volver al Caja Laboral o disfrutar por fin de unos últimos años de baloncesto en su país natal, donde apenas tuvo ocasión de disputar un puñado de partidos durante el lockout. Es más, teniendo en cuenta que en el cuadro gasteiztarra contaría también con el atractivo de pelear por títulos, disputar la Euroliga y reencontrarse con una afición que lo adora, la apuesta del corazón lo devolvería a la capital alavesa.  Pero no es tan sencillo. Estamos hablando de un profesional del deporte, del tramo final de una carrera de poco más de una década, de la posibilidad para un jugador de 32 años (el 30 de noviembre cumplirá 33) de buscar un último contrato jugoso. Y eso pesará, como es lógico, en la decisión del jugador.

Su agente, con buen criterio, ya ha dejado abierta la puerta a la posibilidad de que El Chapu regrese a casa. En declaraciones a Diario de Noticias de Álava, Claudio Villanueva reconoció que “Andrés no tendría ningún problema en volver al Baskonia”. No quiere cerrarle puertas. Es más, quiere abrir todas las posibles. “Si Ivanovic considera que Andrés le puede echar una mano y la dirigencia del club cree que se puede llegar a un acuerdo económico, obviamente no tendría ningún problema en volver. Allí pasó parte de su carrera”, manifestó Villanueva, quien sin embargo matizó también en su conversación con Oscar San Martín que “la liberación del contrato con los Sixers puede ser una felicidad para Andrés, pero hay una ingeniería económica en la cual debe salir favorecido”. Dicho con menos artificio argentino: “Andrés no tendría ningún problema en venir al Baskonia, pero tiene que contar la parte deportiva y la económica”. O sea que, más allá del sentimiento y del atractivo que pueda ofrecerle un Baskonia que aún aspira a mitigar la distancia que lo separa ahora mismo de Barça y Real Madrid para optar al cuarto título liguero de su historia, hay que hablar en clave de billetes. Y en esa pelea, si surgen como parece más que posible otras novias, el club que preside Josean Querejeta tiene las de perder.

Los Juegos de Londres en el horizonte

Han surgido en las últimas horas rumores sobre un posible interés de algunas franquicias de la NBA –sobre todo Celtics y Bulls– por hacerse con sus servicios. Parece poco probable que suceda. Aun así, su agente cifraba en “el 50%” las opciones de que el argentino juegue lo que resta de campaña en Europa. Sobre lo que no deben de existir tantas dudas es en torno a que tiene que jugar. Nocioni quiere jugar en Londres. Salvo sorpresa monumental, los de la capital británica serán sus últimos Juegos Olímpicos, así que para llegar en la mejor forma posible no parece probable que opte por seguir inactivo estos próximos meses. Si no es Estados Unidos, jugará en Europa. La duda estriba en saber qué equipos podrían plegarse a sus expectativas salariales, a esa “ingeniería económica” de la que hablaba Villanueva, teniendo en cuenta que los ocho que optan al cetro de la Euroliga ya no pueden realizar incorporaciones para el torneo continental porque el plazo de fichajes ya está cerrado.

En esta tesitura entra en juego el factor de la edad, la lógica inquietud del argentino por hacerse con un último contrato, que obviamente tratará de que se prolongue, como poco, una temporada más. Está claro que Nocioni dispone de la opción de fichar por un club por lo que resta de campaña y después, en verano, volver a salir al mercado en busca de un nuevo destino. Pero se antoja arriesgado para un jugador que percibía este año 6,65 millones de dólares y tenía garantizados 7,5 millones para la próxima campaña. Si en estos meses no ofrece un rendimiento de estrella en el Viejo Continente, la imagen de jugador determinante que tras tanta inactividad muchos ponen ya en duda, su caché descendería dramáticamente. Ahora, en cambio, puede jugar la baza de un cartel que en ningún caso, claro está, le va a permitir aproximar su sueldo al que percibía en la capital de Pensilvania, pero que le garantiza la opción de negociar en una posición más ventajosa con los equipos –pocos– que están ahora mismo en disposición de lanzarse a la puja por una figura procedente de la mejor liga del mundo.

Línea abierta con Vitoria

El Caja Laboral ha mantenido siempre cierto contacto con un jugador que ya hace unos meses (El Chapu retrata a Ivanovic), en pleno lockout, se dejó querer, volvió a manifestar su amor hacia el Baskonia. Los rectores del club azulgrana no son ajenos a la ilusión que ha generado la mera opción de contratar al argentino. Y no desdeñan la oportunidad, aunque al igual que el representante tienen muy presente que el factor económico va a resultar determinante. En una temporada muy agitada en cuanto a la confección de la plantilla, sin los ingresos esperados que debería haber generado el ya rutinario acceso al Top 16 y con una parte de la afición inquieta ante la impresión de que en ciertas esferas parece ocupar más esfuerzos el ticketing del remozado Buesa Arena que el apartado deportivo, la posibilidad de recuperar a uno de los ídolos históricos del baskonismo ofrece tantos atractivos como quebraderos de cabeza.

Nocioni, o un jugador de su perfil, no era de hecho lo que estaba buscando en el mercado un equipo que en mayor o menor medida parece tener bien cubierta la posición de tres con Fernando San Emeterio y Nemanja Bjelica. Pero tanto los directivos como el propio Dusko Ivanovic llevan toda la temporada asegurando que no se iba a fichar por fichar, que sólo se iba a lanzar el anzuelo si aparecía en el mercado un jugador que pudiera marcar las diferencias. Nocioni las marca. Pero no es gratis. Nocioni lleva demasiado tiempo sin ser importante en su club. Pero el pasado verano firmó una sensacional actuación para ayudar a su selección a hacerse con el título en el Preolímpico de Mar de Plata. Nocioni no es un escolta anotador, que es lo que se buscaba. Pero puede aportar una dosis tremenda de solidez y corazón a un grupo deprimido, inconsistente e irregular. Nocioni tiene 32 años. Pero su mera presencia puede devolver la fe a una afición que se debate entre la esperanza eterna y la resignación. Y eso, desde luego, ayuda a vender entradas para llenar un pabellón.