22/8/11

El mensajero magnicida

La tendencia de los medios a buscar héroes y dejar en un segundo la competición ha situado al deporte, asfixiado por la falta de ingresos y lisiado por la merma de emoción, al borde del abismo.


Asistimos a un momento crucial para el futuro del deporte español. No me refiero sólo al baloncesto. Hablamos de todas las disciplinas deportivas y de la repercusión, el volumen de ingresos y el espacio mediático del que gozarán en los próximos años. Hace algún tiempo que se quebraron los principios de la supuesta imparcialidad de los medios, vehículos de la emoción y el resultado. Esa equidad desapareció. En el mismo instante en el que las eliminatorias de Copa del Rey comenzaron a dividirse en varios días de una misma semana y las radios se decantaron por emitir los de un día –normalmente coincidían con los de los equipos más poderosos– y olvidarse de los que se jugaban otro se comenzó a gestar la crisis que azota ahora mismo al deporte en este país. La Liga Endesa, por supuesto, no se mantiene ajena a esta realidad. Entretanto, los dos gigantes, amamantados por la superestructura que les concede su condición de entidades balompédicas, comienzan a gozar de unas ventajas presupuestarias que amenazan con limitar la pelea por los títulos o, como poco, incrementar el nivel de dificultad para las clases menos pudientes. Los ricos siguen siendo ricos y los pobres, como en muchos otros órdenes de la vida, más pobres.

Los medios son (o somos) lo que son (o somos). No es cuestión de entrar a valorar el proceso de putrefacción que ha experimentado el periodismo, la comunicación de masas, pero resulta indudable que, en gran medida, lo que no tiene reflejo en las televisiones, radios y periódicos no existe, o al menos existe sólo para unos pocos. A pesar de la transformación que están suponiendo para la manera de acceder a la información las redes sociales, la trascendencia de casi todo se mide en función de su presencia en los mass media. En este presupuesto puede encuadrarse en cierta medida la crisis que afecta a un elevadísimo porcentaje de los deportes. Recuerdo que hace no demasiado tiempo, incluso en un escenario en el que existían muchos menos canales de difusión, había audiencia para disciplinas ahora en el olvido. Por citar, me viene a la memoria el balonmano, condenado al ostracismo tras haber vivido una época dorada a mediados de los noventa, el ciclismo, cada vez más maltratado, o el propio baloncesto, no sé hasta que punto víctima o responsable de su propia descomposición. La tendencia devoradora de la situación actual es tal, que incluso el fútbol, no me refiero al Madrid ni al Barça, sino al resto, incluidos la inmensa mayoría de los equipos de la máxima categoría, ha dejado de resultar rentable, atractivo, o ambas cosas al mismo tiempo.

Una pescadilla que se muerde la cola

En realidad se trata de una pescadilla que se muerde la cola, pero que está resultando tener unos efectos aterradores para la emoción de las competiciones. Cuanto menos aparece un equipo o un deporte en, sobre todo, las televisiones, menos interés despierta, desciende su rentabilidad para los propios operadores, que a su vez se afanan menos en darle salida y, de esta manera, pierde popularidad. Un bucle continuo y diabólico en el que hace algunos años ha entrado el baloncesto. Cae al vacío sin remisión mientras da la impresión de que la brecha que se abre entre los poderosos y el resto sigue creciendo. El periodismo deportivo en España ha creado héroes, vive de unos pocos elegidos. El resto malvive, mendiga espacio y protagonismo. Está atrapado por una maquinaria en la que ni siquiera importan ya tanto los resultados, la competición. Se trata de la imagen, de lo que vende y lo que no. Y lo peor de todo es que la ligereza e indiferencia con las que este proceso está pasando ante nuestros ojos pueden tener unos efectos devastadores en un futuro a medio y largo plazo.

Podrían incluso establecerse equivalencias con lo que sucede en el mundo de la información política de un estado que deriva peligrosamente hacia el bipartidismo. La concepción de este nuevo universo periodístico reduce, simplifica y divide. El caso más evidente trasciende las barreras del baloncesto, pero pisotea la frontera y amenaza la mera supervivencia de un deporte aquejado de una deshidratación financiera endémica, estructural. Ya ni siquiera se respeta el fútbol. Todo queda reducido a la mínima expresión. Madrid o Barça. Cristiano o Messi. Mourinho o Guardiola. No hay más para muchos. Y así nos van las cosas. No se habla de la NBA en términos de competición, sino que apenas se reflejan los números que firman cada madrugada los jugadores españoles que han saltado el charco. A quién le importa cómo marche el torneo... El tenis es Nadal. La Fórmula Uno copa titulares y docenas de horas de información anuales porque Fernando Alonso pelea por el título mundial. Me da en la nariz que cuando desaparezca el asturiano del mapa, si los poderes fácticos y económicos que manejan esa rueda se ven incapaces de hallar un héroe que lo sustituya, caerá en el olvido, o como poco se convertirá en un reclamo para aquellos que de verdad aprecian ese deporte. Ídolos. Es lo que se busca y se explota. ¿Y la ACB? ¿Y el baloncesto español? ¿Y la Euroliga? Casi mejor ni hablar del asunto. Los grandes medios nacionales le dan la espalda hasta límites insospechados. Como vende poco, sale poco. Como sale poco, cada vez vende menos. Así que, salvando al Madrid, más presente cuando gana que cuando pierde, pero la mayor parte de las veces de un modo testimonial, la referencia se busca en los héroes de la selección, grandes iconos, abanderados de una generación irrepetible, quizá una oportunidad arruinada para devolver este deporte al primer plano.

Lo que no aparece en los medios no es atractivo

La ecuación matemática para desvelar los efectos de esta política resulta sencilla: todo lo que no aparece en los medios, en términos de inversión, resulta poco atractivo. Por lo que, más allá de privar a las nuevas generaciones de la oportunidad de paladear y conocer los deportes que nosotros descubrimos de niños, para después elegir, están (estamos) acabando con ellos. La caída en picado de las inversiones en patrocinios no es sino una consecuencia lógica de esta peligrosa manera de entender el deporte, de esta sesgada forma de venderlo. El baloncesto es víctima de este proceso para el que me pregunto si existe un punto de retorno. Es sólo una víctima más, pero los que lo amamos sangramos esta descomposición progresiva de un juego que no merece algunos desprecios que está teniendo que soportar. Cada vez sorprenden menos. ¿Es normal que una cadena que se precia de acompañar a la selección española cada verano en la lucha por medallas en los torneos internacionales decida con total impunidad emitir un compromiso preparatorio del equipo de Scariolo en diferido? La mera formulación de esta cuestión duele. Más aún si echamos mano de una duda que planteó, no sin cierta picardia, el extécnico del Baskonia, ahora en Canarias, Pedro Martínez: "¿Pero La Sexta no tiene tres canales?". Si, los tiene. Además del generalista, dispone de uno que destina a emitir todo el día telenovelas y otro para películas.

En plena resaca del primer fin de semana que los de mi generación recordamos sin fútbol a raíz de una huelga,  la crudeza de este panorama se revela cruel al atender a las cifras de deuda que arrastran casi todos los clubes del Primera y Segunda División. Pero esto no es nada nuevo para el baloncesto, donde son mayoría los equipos que ejecutan malabarismos para poder pagar al día a sus jugadores y el éxodo de patrocinadores se ha convertido en una constante desde que la llegada de la crisis redujo las cuantías que las grandes marcas (y las no tan grandes) destinaban al marketing y la inversión en publicidad. Hemos sufrido a comienzos de este verano la angustiosa situación vivida por el Lucentum de Alicante, que flirteó con la liquidación y fue rescatado in extremis, cuando muchos habían perdido la fe. En la ACB no es el único caso de asfixia financiera. Salvando los dos grandes, e incluso el Barça anunció para su sección de la canasta una reducción presupuestaria que no sé si de verdad se ha llevado en práctica, todos los clubes de la nueva Liga Endesa (identidad alquilada) han salido al mercado con el cinturón bien apretado. Es lo que toca. En un contexto de crisis global, de escasez de mecenas, nadie quiere tirar el dinero por el retrete destinándolo a manchar unas camisetas que apenas tendrán reflejo en los medios mayoritarios.

Una política informativa muy dañina

No sé si, como solía decir Andrés Montes, "video kill the radio star", pero desde luego sí estoy convencido de que la política reduccionista en cuanto a contenidos que se ha adoptado como habitual y lógica está acabando con el deporte tal y como lo conocíamos. Lo que espero encarecidamente es que no se trate de algo intencionado. Un descuido en un bosque puede tenerlo cualquiera, pero jamás entenderé a los pirómanos. El otro día bromeaba en twitter (@dpeje) sobre un hecho tan curioso como deprimente: la rotonda de Valdebebas aparece en las televisiones nacionales en una semana más tiempo del que la camiseta de equipos de Primera como el Racing, Osasuna o Zaragoza puede aparecer en un año. ¿Cuántos recuerdan los patrocinadores que lucieron la pasada campaña los jugadores de estos equipos en el pecho? Pues eso. Si no aparece, no existe.

La presencia en los medios, reservada para unos pocos, representa unos ingresos muy importantes para los clubes, casi siempre los mismos. Anima a los sponsor a apoyar, porque a la larga cualquier inversión revierte tanto directamente, en ventas, como sobre todo desde un punto de vista indirecto, de imagen. ¿Cómo una marca de coches no va a regalar uno a cada componente de la plantilla del Madrid y convertirse en patrocinador del club si cada dos por tres, y sin ningún tipo de justificación informativa, van a gozar de una enorme presencia de branding en televisión y prensa escrita? He ahí el inicio de las desigualdades, de origen ya enormes, que van aumentando con el paso del tiempo. Ya no es sólo la desquiciante desproporcionalidad con la que en este país se reparte el pastel de los derechos televisivos, o de las abismales desigualdades de masa social entre los clubes de las metrópolis y las capitales provincianas. Hablo de la publicidad directa, que supone a la larga mucho dinero para los elegidos, para esos héroes que se han convertido en los únicos sujetos de una información que incluso en los deportes de equipo conjuga demasiadas veces los titulares en singular.

Las migajas para el resto

Estoy hablando de fútbol porque el resto de los deportes, incluido el baloncesto, vive a su sombra. Todo lo que queda por repartirse son las migajas. Lo más hiriente es que, más allá de la vertiente monetaria, todo esto tiene un efecto de arrastre, una tonada de seducción que anida en el subconsciente de los más pequeños. Los niños en España, y cada vez en mayor medida, están polarizados. ¿Quién va a querer ser del Levante o del Valladolid si puede convertirse en aficionado del Madrid o del Barça, los que salen en la tele, de los que hablan todos? ¿Para que ir al San Pablo a ver un partido del Cajasol si lo que de verdad mola es esperarse a verano y animar a la ÑBA? Al margen de los ingresos cada vez más inaccesibles, los clubes pequeños están perdiendo masa social. Intuyo que sólo la labor evangelizadora de los padres, el legado familiar, mantiene el interés que desde los medios se arrebata. 

Lo que me resulta realmente inquietante es que este apagón informativo no afecta sólo a lo que hace no tanto podríamos haber considerado como equipos humildes. Como sucede en esta sociedad en la que cada vez andamos más justos, está desapareciendo la burguesía. La clase media padece las angustias de esta delirante realidad. Sin ir más lejos, el Villarreal, uno de los cuatro mejores equipos de la llamada Liga de las estrellas, un plantel que está disputando la fase previa de la Liga de Campeones, ni siquiera resulta lo suficientemente atractivo para hallar un patrocinador de postín. Por primera vez en su historia, el conjunto castellonense afronta la temporada con la camiseta limpia. Mal agüero. Pero muchos de los que se echan las manos a la cabeza deberían realizar un ejercicio de introspección para saber cómo se ha llegado hasta este punto.

El Caja Laboral, y regreso al baloncesto porque soy plenamente consciente de que da la impresión de que me he apartado un tanto del camino habitual, también lo sufre en sus carnes. Orgulloso representante de la burguesía baloncestística, club hecho a sí mismo, se encuentra en una encrucijada. Mientras vemos que Barça y Madrid se rearman para pelear por los títulos con los restos de los mastodónticos presupuestos de sus equipos de fútbol, el resto trata de subsistir a esta crisis, que no es sólo financiera. El Baskonia, incógnita pura para muchos en un verano complicado, ha servido de enlace entre la clase media y la aristocracia mientras le ha sido materialmente posible. Y con materialmente quiero decir, no hay más misterio, económicamente. El cuento de hadas en el que ha vivido sumido el baskonismo desde que el equipo vitoriano se hizo un hueco en la élite, un club de origen modesto en la alta sociedad, se agotó hace algún tiempo. La pericia en los fichajes, la habilidad en el rastreo y captación de promesas ya no basta. La Liga Endesa, como la Liga BBVA, tiende al modelo escocés, tan criticado pero a la vez tan inconscientemente (quiero creer) perseguido.

Y todo esto lo digo con el riesgo que supone hablar de favoritismos antes incluso de que la competición eche andar. La esencia del deporte se revela en ocasiones ilógicamente maravillosa. Es lo que tiene. El dinero no garantiza nada, porque debe ir acompañado de una política de trabajo sensata. Pero a nadie se le escapa que lo facilita. Sé que hace apenas dos veranos se puso de moda cuando se hablaba de a ACB el concepto de liga bipolar. Daba la impresión, como ahora, de que catalanes y madrileños iban a repartirse todo el botín y que nadie podría hacer nada para evitarlo. Al final, la película halló un epílogo bien distinto. El celebérrimo dos más uno de San Emeterio y la fiesta del baskonismo por la consecución del tercer título liguero dinamitaron unos vaticinios que parecían ajustados a una lógica aplastante. La dinámica, sin embargo, parece empeñada en provocar el más difícil todavía. Algunos empujan (empujamos) al deporte a un precipicio que acabe por completo con la igualdad y la competitividad. Creo que los profesionales de la información deberían (deberíamos) reflexionar al respecto.

20/8/11

El teorema del dos

La segura marcha de David Logan y la más que probable salida de Brad Oleson deben dejar espacio para la gran figura que el Baskonia espera reclutar para la posición de escolta



Vitoria se encuentra sumida en un cierto estado de nerviosismo ante la aparente calma con la que Josean Querejeta y sus colaboradores se están tomando la tarea de rematar la plantilla para confeccionar un equipo competitivo de cara al curso venidero. La confidencialidad con la que los rectores del Caja Laboral están llevando las negociaciones para cerrar la contratación de los dos o (seguramente) tres jugadores que faltan está generando tanta incertidumbre que en los últimos días han comenzado a surgir rumores de lo más variopinto, algunos de ellos carentes de cualquier fundamento. Todo va a cambiar a partir de este fin de semana. Las cosas van a ganar ritmo. El máximo dirigente del club vitoriano ha regresado esta misma semana de vacaciones. Y en apenas unos días está a punto de cerrar el primero de los movimientos que desenquistarán la situación: el traspaso de David Logan al Panathinaikos. Es cuestión de sólo unas horas. Y cuando salga el escolta norteamericano con pasaporte polaco, algo que debe suceder antes de que arranque oficialmente la pretemporada, este lunes, se abrirá el hueco para la llegada de la figura con la que el cuadro azulgrana pretende dar el salto de calidad que ahora mismo muchos piensan que le falta.

Querejeta no es ajeno a los comentarios de la calle. Es consciente de que ha puesto en manos de Dusko Ivanovic un esqueleto sin vísceras, un maniquí un tanto desnudo. Y es precisamente en la posición de escolta donde debe llegar el hombre que marque las diferencias. Pero antes de que se produzca el tan esperado anuncio, la directiva baskonista debe resolver una ecuación complicada, el teorema del dos. La operación exige un planteamiento previo. Pau Ribas, por su perfil, su condición de jugador de formación y su rendimiento, es fijo. Pero, ¿con cuántos escoltas pretende contar el combinado azulgrana en su plantilla cuando arranque la competición? Si nos atenemos a la tradición, siempre dando por hecho que el catalán dejará de servir como parche para la dirección y actuará en su puesto natural, lo lógico es que sólo haya dos. El Baskonia de los últimos años se ha ajustado y ha sobrevivido en todo momento con diez jugadores de primer nivel y un undécimo, el pasado ejercicio Ander García, para ayudar en los entrenamientos y en el ajuste de los cupos. Así las cosas, tanto Logan, cuya marcha se hará oficial en cuanto cierre un acuerdo con el club para su rescisión, como Oleson lo tienen complicado para continuar en la capital alavesa. Si Ribas, por méritos propios, tiene una plaza asegurada y Querejeta está empeñado en reclutar a una figura, a un anotador de garantías, el futuro del escolta de Alaska se intuye más próximo al Turia que al Zadorra.

El gran vacío de Rakocevic

La idea de la directiva del Caja Laboral pasa por hallar de una vez por todas una figura que sea capaz de cubrir el enorme boquete que quedó en el equipo tras la marcha de Igor Rakocevic al Efes Pilsen. El serbio, uno de los nombres que ha sonado una y otra vez a lo largo del verano, se ha dejado querer. Jamás ha ocultado, y menos ahora que se encuentra aún sin equipo, que le encantaría regresar a Vitoria. En su contra juega el hecho de que ha cumplido 33 años. A su favor, la constancia de que desde su salida las tentativas de sus sustitutos se han contado por fracasos. A comienzos de verano llegó a existir contacto entre las partes, pero no parece que sea el elegido. Aunque tal y como se encuentra el mercado, con la precariedad económica que asfixia al club y dada la habitual capacidad de Querejeta para sorprendernos a todos, ya no me atrevo a descartar ninguna posibilidad.

En cualquier caso, para resolver la ecuación, como es sabido, primero hay que despejar las incógnitas. Y la primera es la de la salida de Logan. No existen dudas sobre su destino. No es ningún secreto que el jugador ha alcanzado ya un acuerdo con el Panathinaikos de Zeljko Obradovic, adonde llegará con la tarea de suplir a otro exterior norteamericano que tampoco triunfó en el Buesa Arena, Drew Nicholas, uno de los muchos argumentos con los que contará el próximo curso el Armani Jeans Milano de Sergio Scariolo. El problema se presenta a la hora de definir quién paga a quién y cuánto. El club griego rechaza abonar traspaso alguno para hacerse con los servicios de un jugador que ya no cuenta para Ivanovic. Querejeta, implacable negociador, se niega a dejar marchar por las buenas a un jugador que hace tan sólo un año estampó su firma en un contrato de larga duración con el equipo azulgrana. Es más, el máximo mandatario del Caja Laboral ha llegado a asegurar recientemente que el equipo técnico ni se plantea desprenderse de él y que lo esperan el lunes para que pase las pruebas médicas y se ponga en manos del fisio Oskar Bilbao para iniciar las duras jornadas de los primeros días de pretemporada. En mitad de estas dos posturas inmovilistas se halla actualmente el escolta con pasaporte polaco, que ha dejado muy clara su intención de no regresar a Vitoria y ahora se encuentra vendido.

Vendido por el twitter

A Logan le ha perdido la boca, o más bien el twitter. Aunque en estos últimos días los ha borrado (seguramente aconsejado por sus nuevos agentes), deslizó en varios mensajes a través de su cuenta en esta red social que se encuentra deseoso de jugar en el PAO y evitar tener que verse las caras con Ivanovic o sus compañeros de vestuario. Anteayer mismo, cuestionado por un aficionado acerca de si se presentaría el lunes junto al resto de los miembros de la plantilla que no van a disputar el Eurobasket para comenzar los entrenamientos, se mostró tan claro como conciso: "Probably not" (Probablemente no). En realidad, fue sólo uno más de los tuits en los que evidenció la falta de sintonía con la que abandonó al equipo con el que aún tiene contrato para marcharse de vacaciones. Llegó a asegurar que estaba haciendo todo lo posible para que se cerrara el traspaso al conjunto griego y que no quería volver a Vitoria. Así de claro. Así de simple. Así de inconsciente. A pesar de que limita el acceso a sus mensajes, estas declaraciones llegaron a los medios. Solobasket se hizo eco de una postura que el escolta de Chicago podría haberse guardado para sus allegados. Y ahora le puede costar cara a la hora de negociar la ruptura del contrato con el Baskonia.

No es el primer berenjenal en el que se mete el jugador por una equivocada manera de entender el uso de las redes sociales. Hace unos meses la afición azulgrana asistió a un episodio un tanto inusual en el mundo del deporte cuando Logan criticó abiertamente al entrenador y el juego del equipo y su compañero Pau Ribas tuvo que salir a la palestra para darle un tirón de orejas. El club, obviamente, hizo lo propio, si bien aquel episodio no le salió tan caro como le puede resultar este último. Querejeta tiene la sartén por el mango. Por mucho que ya no entre en absoluto en los planes de Ivanovic, tiene contrato en vigor y está citado, como el resto, para iniciar la pretemporada. No vendrá, por supuesto. Tiene muchas más ganas de marcharse de las que parece mostrar el club por desprenderse de él. Y la llave que puede abrir la puerta de su salida descansa en el porcentaje de su salario que el Baskonia aún le adeuda a pesar de que debería habérselo abonado en julio. Tal y como sucedió un año atrás con Eliyahu, la condonación de esa deuda se convertirá finalmente en el peaje a pagar por un hombre que, ni de lejos, ha colmado las expectativas que la dirección deportiva y el propio Querejeta (apostó personalmente por su llegada) habían depositado en él.

No tengo muy claro si el asunto de los pagos atrasados afecta a toda la plantilla o sólo a algunos jugadores, pero lo cierto es que la otra incógnita de la ecuación, Brad Oleson, también aguarda desde julio una transferencia que no llega. Si nos atenemos a estos precedentes de los que hablo, quizá el jugador de Alaska y su agente deberían tener motivos para preocuparse. Aunque muchos aseguran que la situación de Oleson difiere notablemente de la de su compatriota, me permito dudarlo. Por un lado, ya he dicho antes que hace muchos años que el Baskonia no dispone de tres jugadores en ninguna de las posiciones de juego. Y todo el mundo espera la llegada de un killer para asumir un rol protagonista en el equipo. No creo, sinceramente, que el Caja Laboral emprenda el próximo ejercicio, en el que debe neutralizar el agridulce sabor de boca que dejó a su parroquia el pasado, con Ribas y Oleson como la pareja de escoltas. Así que blanco y en botella.

Hace algo más de un mes expresé mi sensación de que esa oferta de reducción de sueldo que le hizo la directiva me parecía una invitación directa a marcharse. Por el momento, ni el jugador ni su agente han respondido. Los 800.000 euros netos que percibe, contrato heredado del Real Madrid, no suponen a juicio de los mandatarios baskonistas un salario ajustado a los méritos contraídos sobre el parqué. ¿Tendrá un hueco en el proyecto si se aviene a aceptar la rebaja propuesta por el club? Ahí está el dilema. Le quedan tres años de contrato, más un cuarto opcional, es un exterior muy del gusto Ivanovic y, además, ocupa plaza de jugador de formación. Pero ni de lejos ha ejercido el papel de dos anotador que se le presuponía cuando llegó a Vitoria tras protagonizar un espectacular estreno en la ACB con el Fuenlabrada. Otro dato: varios clubes de primer nivel continental aseguran haber recibido llamadas en las que se les ofrecía al escolta. El Valencia Basket se encuentra a la expectativa. Paco Olmos siente debilidad por este jugador. Pero la opción del conjunto taronja también presenta problemas: los levantinos ni están dispuestos a abonar traspaso alguno ni disponen de un margen salarial demasiado amplio como para igualar sus emolumentos. Compañeros de la prensa valenciana aseguran que, como mucho, el exterior de Anchorage puede esperar una oferta que ronde los 500.000 euros anuales.

En busca de una cabeza de león

Así marcha el curso de la operación salida en una posición que Querejeta y su equipo quieren reforzar con un jugador de garantías para olvidar los fracasos de las apuestas recientes. Ni Logan ni Oleson han podido hacer olvidar a Rakocevic. Tampoco lo logró Carl English, anotador compulsivo en Canarias, brillante en el Joventut y que a buen seguro volverá a ofrecer números de primer espada en el Cajasol. En Vitoria hace falta algo más. Y el Baskonia ha caído en la cuenta de que no basta con cabezas de ratón que sean capaces de asumir el rol de colas de león. Se busca una cabeza de león. Hace falta. Aunque no es la única posición a reforzar para calmar el nerviosismo y vestir el maniquí de Ivanovic, desde que se abrió el mercado se busca un jugador de gran calidad para este puesto. Los encargados de cerrar la contratación están funcionando con un hermetismo y una discreción fuera de lo común. Y eso genera teorías, unas más plausibles que otras. Todos los días brotan nombres. Esta semana han surgido, además, algunos que resultan poco menos que sorprendentes, sobre todo porque se trata de jugadores afectados por el lockout que exigirían un elevadísimo sueldo y podrían destrozar toda la planificación de la temporada si se reiniciase finalmente la NBA.

Los últimos jugadores de los que se ha hablado en este sentido han sido Marcus Thornton, Daequan Cook y Marco Belinelli, tres escoltas más o menos contrastados, que hacen carrera en la competición estadounidense y a los que no veo en absoluto en el Baskonia. Si de algo estoy convencido es de que Querejeta no caerá en el error de comprometer su futuro proyecto contratando a alguien entre el ramillete de jugadores de la NBA que pretenden buscar más una aventura que una opción seria mientras esté bloqueado el campeonato. Sigo insistiendo en la opción de Keith Langford, el escolta del Khimki, un jugador que ha gustado siempre mucho y que, aunque ha renovado recientemente aparece como una opción en la que invertir parte del dinero recaudado con las ventas. En el Buesa Arena siempre ha gustado. En Rusia aseguraron a comienzos de verano que hubo contactos, y su hermano Kevin, recién fichado por el Grupo Iruña de Pamplona, pidió que le consiguieran un alojamiento con más espacio porque iba a recibir periódicamente visitas de un familiar que residiría en una ciudad vecina. ¿Podría ser la última incógnita de esta ecuación?

17/8/11

Prisa mata



Dicen los turistas que han cruzado el Estrecho y han destinado unos días a conocer Marruecos que existe una frase que podría sintetitzar la idiosincraia de un pueblo. "Prisa mata", suelen dirigirse al viajero. "Prisa mata, amigo", repiten cuando algún cliente alienta al empleado de un hotel o un camarero. Vitoria queda muy lejos de Rabat o Casablanca, desde luego. Pero la calma con la que los marroquíes afrontan su existencia parece haberse apoderado de los responsables de operaciones del Baskonia, que siguen sin perfilar la composición definitiva de la plantilla con la que Dusko Ivanovic encarará el próximo ejercicio.

Mientras el resto de rivales, tanto en el ámbito doméstico como los que se encontrará en su travesía por la Euroliga, hacen los deberes con puntualidad, el Caja Laboral mantiene varias incógnitas abiertas a falta de sólo unos días para el arranque oficial de la pretemporada, fijado para este próximo lunes. Con dos vacantes evidentes, una en el puesto de base y otra en la nómina de interiores, y varios asuntos pendientes en el puesto de dos, el nerviosismo ha comenzado a hacerse un hueco entre los aficionados baskonistas. ¿Será capaz Josean Querejeta de volver a armar un bloque sólido, competitivo, a pesar de las dificultades que muestra el mercado y de las operaciones de venta que ha acometido desde que acabo la temporada? Ahora mismo albergo las mismas dudas que el resto de los fieles que acuden puntualmente al Buesa Arena. Y mis miedos se acrecientan cuando echo un vistazo a los movimientos de los equipos que, se supone, se convertirán en los grandes rivales del conjunto azulgrana cuando la competición se ponga en marcha. Ahora bien, si en las oficinas del Baskonia, ahora en su exilio de Salburua, se muestran tranquilos, la historia aconseja conceder el beneficio de la duda y asumir este pausado modo de proceder. Ya se sabe, prisa mata.

Cuatro y el del tambor

Lo único claro a día de hoy es que el arranque de la pretemporada, como ya ha sucedido otros años, va a ofrecer una imagen casi cómica. A la vista de las plazas que quedan por cubrir y de los compromisos de buena parte de la plantilla con las selecciones nacionales, Ivanovic y los preparadores físicos apenas contarán con cuatro jugadores para realizar las temidas y poco gratificantes primeras jornadas de trabajo muscular y puesta a punto. Serían cinco de no ser porque Logan, que en breve debería ser confirmado como nuevo jugador del Panathinaikos, está haciendo lo imposible para evitarse estar de nuevo a las órdenes del preparador montenegrino, con quien -según sus declaraciones públicas a través del twitter- no debía de encontrarse demasiado a gusto. Es precisamente esta operación, la venta del escolta norteamericano con pasaporte polaco, la que está dilatando el resto de movimientos, que deberían ir encaminados a la contratación de un base titular, un segundo center y, tanto en el caso de que se marche Oleson (como todo apunta ahora mismo) como que se quede, un escolta anotador que desempeñe el papel que en las dos últimas campañas nadie ha sabido ejercer en el equipo vitoriano.

La habitual discreción con la que se maneja la directiva del Caja Laboral se ha visto intensificada hasta límites extremos este verano. Y eso ha propiciado que se multiplicaran los rumores en torno a la identidad de los hombres que podrían recalar en Vitoria a lo largo de las próximas semanas. En realidad, muchos de estos rumores tenían fundamento. La dirección deportiva del Baskonia tiene por costumbre tantear la situación salarial y contractual de una elevada cantidad de candidatos antes de decantarse. Y esta vez, con tantas necesidades abiertas, la actividad ha resultado frenética. En cualquier caso, impera la calma, más tensa entre los aficionados que entre los encargados de realizar los fichajes.

Ya digo que el tema de Logan puede resultar capital. Querejeta ha tasado al jugador en 200.000 euros, una cantidad que, por el momento, el PAO se niega a desembolsar. En las conversaciones han surgido varias posibilidades de canje. Los hermanos Giannakopoulos, que quieren ajustar el presupuesto, pusieron sobre la mesa a Milenko Tepic, un exterior que puede actuar como base, escolta y alero, pero que no ha podido confirmar en Grecia las excelentes maneras que apuntaba en el Partizan. Habrá que ver hasta qué punto influido por su habitual dureza negociadora o porque el jugador en cuestión no convence, el Baskonia propuso otro nombre para el intercambio: Nick Calathes, un base muy completo, con mucho futuro, pero cuyo fichaje ahora mismo plantea demasiadas trabas, seguramente insalvables. Para empezar, el jugador estadounidense, que cuenta con pasaporte griego, sólo dispone de cláusula de rescisión para la NBA. Cualquier movimiento que implicase su salida con rumbo a un equipo europeo supondría tener que negociar con el Panathinaikos. Y no saldría barato. En primer lugar porque Zeljko Obradovic cuenta con él. Además, el club heleno ha incorporado esta temporada a la plantilla a su hermano Pat, por lo que resultaría cuanto menos curioso que el propio Calathes rehuyera la opción de poder compartir vestuario y vida junto a él en Atenas.

Una puerta entreabierta y últimos recursos

A partir de ahí, siempre sin prisa pero sin pausa, han surgido más candidatos a ocupar la plaza de director de juego que ha quedado libre tras la marcha definitiva de Marcelinho al Barça. Marko Popovic ha estado siempre bien colocado en esa carrera. El agente del jugador ha mantenido conversaciones con la directiva baskonsta, pero no han llegado a concretarse y en la prensa de croacia ya se habla de la posibilidad de que se marche al Zalgiris. Popovic, libre, no ha acabado de convencer. Pero las limitaciones del mercado, sobre todo en un puesto tan específico, de escasas opciones, ha obligado a los rectores baskonistas a mantener la puerta entreabierta. Lo mismo ha sucedido con un viejo conocido de la afición azulgrana. Pablo Prigioni, tan amado durante su militancia en el antiguo TAU como odiado por sus declaraciones al abandonar Vitoria, se ha dejado querer. Desde el club se ha insistido en que jamás ha sido una alternativa considerada, pero mientras siga sin equipo, teniendo en cuenta la comunión que mantuvo con Ivanovic, hay quien insiste en que puede convertirse en un último recurso.

La búsqueda del segundo cinco parece más condicionada al resto de movimientos. Cuando se resuelva la marcha de Logan, queda pendiente también la resolución del asunto del escolta que competirá por minutos con Pau Ribas. Y aquí también impera la calma, se sabe que la prisa mata. El gran objeto de deseo era el jugador del Khimkhi Keith Langford, pero las pretensiones económicas del conjunto moscovita han complicado en demasía la operación. Así que se abre una nueva ventana a la rumorología. El último en aparecer, en una web griega, ha sido el ganador del concurso de triples de la NBA de 2009, Daquean Cook, un gran tirador que, a priori, no parece encajar con el perfil de dos anotador y completo que se busca. Lo que resulta evidente es que, salvo sorpresa, el de un dos será el tercer fichaje que realizará este verano el equipo gasteiztarra. Más aún si, como todo apunta, Brad Oleson acaba marchándose. El Valencia está muy interesado en hacerse con sus servicios para completar un perímetro de gran nivel con Rafa Martínez, De Colo y Víctor Claver, aunque el equipo de Paco Olmos no parece por la labor de querer abonar un traspaso, así que de nuevo el marrón queda en manos del jugador, que pare seguir en Vitoria debería aceptar la notable rebaja en el sueldo que Josean Querejeta trasladó a su representante y a la cual aún no ha respondido.

Ya habrá tiempo de entrar más en detalle, porque los próximos días se presentan movidos y no quiero extenderme más. Los temores del baskonismo, que estos días sigue atento a las evoluciones de las obras de adaptación de la plaza de toros que servirá de cobijo temporal al equipo hasta enero, contrastan con la paciencia que impera en el seno del club. La prisa mata, ya lo dicen en Marruecos, pero también hemos oído mil veces eso de que a quien madruga Dios le ayuda. Y el resto ha hecho ya los deberes. Veremos hasta qué punto el talento del estudiante avispado le basta para equilibrar a última hora la previsión que otros han mostrado en estas semanas de estío. En un próximo post analizaremos las plantillas de los rivales. Algunas tienen muy buena pinta.

12/8/11

A toda velocidad

Sangre caliente
cuando juega al amor
 acostumbrado a querer
pasa de largo
si se tercia la ocasión
nadie sueña como él

Vive a toda velocidad
como un ciclón
sabe que si cae otra vez
vuelta a empezar

A toda velocidad
Barricada
No sé qué hacer contigo (1987)



Esta semana, el martes en concreto, se ha confirmado la noticia que todos llevábamos semanas esperando: Marcelinho Huertas, un tipo que siempre ha apurado el presente, lo ha exprimido hasta la última gota, ha cambiado los aires gélidos que llegan desde el Gorbea por las temperaturas más suaves del Mediterráneo. El último representante de la interminable y genial nómina de directores de juego que han convertido en grande al club de una pequeña capital de provincia seguirá vistiendo de azulgrana la próxima campaña, pero en su pecho no lucirá ya el escudo del Baskonia, con quien participó en el milagro de la tercera ACB, sino el del todopoderoso Barça. Huertas, que ha vivido siempre como ha jugado, a toda velocidad, sin atender al espejo retrovisor, regresa a una ciudad de la que se enamoró durante su estancia en el Joventut, donde se dio a conocer en Europa tras haber comenzado su carrera, muy precoz, cómo no, en el campeonato de su país.

Marcelinho se marcha de Vitoria por la puerta grande, quizá demasiado pronto, como siguiendo ese impulso a correr que siempre ha guiado tanto su manera de entender el baloncesto como los giros de su carrera. A pesar de que Josean Querejeta trató de cerrar un acuerdo con él para prolongar su vinculación contractual con el Caja Laboral hasta junio de 2015, su marcha estaba cantada desde hace meses. En un mercado yermo de bases, con el club asediado por la necesidad económica, no existía otra salida. La entidad del Buesa Arena estaba obligada a desprenderse de alguno de sus estandartes para cuadrar las cuentas. El primero fue Barac, a quien siempre se esperó pero nunca acabó de llegar, y el siguiente ha acabado siendo Marcelinho, por quien también pujaron el CSKA y el Anadolu Efes. Ninguna de las dos propuestas seducía en exceso al jugador paulista. La oportunidad de poder jugar en el Barça, de volver a una ciudad que llegó a reconocer en una entrevista, hace ahora tres años, que veía como una posible residencia de futuro, colmaba sus expectativas. Y así se lo hizo saber a la directiva baskonista, necesitada de liquidez pero siempre un hueso duro en las negociaciones. Al final, Huertas ofreció un último acto de servicio a la causa baskonista con su traspaso al equipo culé. Su rescisión ha arrojado algo más de 1,8 millones de euros a las famélicas arcas del Buesa Arena. Antes de correr, de seguir mirando al horizonte, tuvo tiempo para regalar una última sonrisa a la parroquia azulgrana, que ha acogido su marcha de buen grado, sin acritud.

Una despedida poco traumática

Mientras otros jugadores se han visto obligados a escenificar ante los medios su malestar, a realizar declaraciones que más tarde les pasarían factura, el jugador brasileño se ha despedido sin mácula de una plaza que conquistó tras un paso fugaz pero fructífero. Así es él, como reza la canción, como un ciclón. Y así ha transcurrido su vida en el baloncesto. Llegó, convenció y venció. Logró que la afición vitoriana olvidara la orfandad en la que había quedado el equipo tras la huida de Prigioni al Madrid en busca de esos títulos que jamás cató con el conjunto blanco. En la capital alavesa halló un cicerone de lujo: su mejor amigo, su hermano, Tiago Splitter, cuya complicidad dentro y fuera de las canchas le permitió exhibir su mejor versión, esa electricidad, a veces caótica, siempre apasionante, con la que condujo al Baskonia al título liguero en la temporada 2009/2010. Aquella ya celebérrima eliminatoria final frente a su futuro equipo consolidó la relación amorosa de Huertas con el club gasteiztarra. Y aunque, como muchos otros, en su fuero interno deseaba cambiar de aires, librarse de la siempre exigente figura de un entrenador que lo ha exprimido, en el momento de la despedida no pudo contener las lágrimas.

La estampa del Marcelo hundido sobre el parqué del Buesa Arena tras la derrota en el tercer partido de semifinales del último play off disparó los rumores, olía a despedida, abrió las mentes a la posibilidad de que pudiera cambiar de aires este verano. La directiva, enfrascada en la búsqueda de fórmulas para equilibrar los números, encontró una salida cuando el propio jugador tocó un par de puertas y manifestó su disposición a servir como moneda de cambio. Tras la marcha de Splitter el pick and roll, recurso de la casa, se diluyó como un azucarillo. Huertas ya no corría igual, porque le seguían menos, ya no disfrutaba tanto. Caía otra vez. Vuelta a empezar.

Caídas y resurrecciones

No era el primer tropezón. Para alguien que vive al galope, es normal. El primer revés lo recibió en Badalona. Considerado por los técnicos de la Penya como un gran talento por pulir, su alocado baloncesto acabó por situarlo por detrás de otras joyas de la cantera del club verdinegro. Eran los tiempos de Aíto, técnico enamorado de los bases más cerebrales. Marcelinho, un crío, no lo era. Y aunque ha aprendido a levantarse, si bien con el tiempo ha acabado por quitarle razones al veterano preparador madrileño, tuvo que asumir que Mallet, un adolescente Ricky y su hoy amigo Pau Ribas le cerraban el sitio y buscarse las castañas en otros lares. Acabó cedido, primero en el Euro Roseto italiano y al año siguiente en el Bilbao Basket, por aquel entonces Iurbentia, un equipo en crecimiento, recién llegado a la ACB, un destino a priori menor. Pero se salió. De su mano, los bilbaínos subieron un escalón. Cayeron en la final de la Supercopa y en las semifinales de la Copa del Rey, en ambos casos frente al TAU Cerámica, y se colaron por primera vez en su historia en los play off. Además, logró la primera de sus dos inclusiones en el Quinteto Ideal de la ACB. Esta pasada campaña, pese al decepcionante rendimiento colectivo del Caja Laboral, ha vuelto a conseguirlo. Se marcha a Barcelona bautizado como el mejor base de la competición.

Más allá de esa capacidad para levantarse, de su ambición para enfrentarse a las adversidades y devorarlas, de su eterna prisa por llegar, Marcelinho se había consolidado en estas dos temporadas como uno de los mejores armadores (así se refieren a los jugadores que ocupan su puesto en Brasil) del continente. El Baskonia vuelve a saltar al vacío. Ya lo hizo antes, tras quedar huérfano por la pérdida de iconos de la talla de Pablo Laso, Bennett, Calderón o Prigioni. El problema estriba en saber hasta qué punto se hubiera producido esta salida de haber estado la situación económica de la entidad más equilibrada de lo que ha estado en los últimos meses. El Baskonia ha sido, es y será un club vendedor. De eso no hay duda. Pero a uno le queda la sensación de que el del base paulista es un caso excepcional, porque si algo se ha hecho siempre en Vitoria es sacar todo el partido a las joyas con las que se contaba antes de desprenderse de ellas.

Una deuda mutua tras un romance de dos años

Huertas se puede marchar más o menos aliviado con la oportunidad de librarse de Ivanovic. Pero lo cierto es que le debe bastante al preparador montenegrino. En realidad, le debe bastante a Vitoria. Y es consciente. Ha sido en el Buesa Arena donde ha protagonizado su último renacimiento. Tras su paso por Bilbao, recaló en un histórico del baloncesto italiano, la Fortitudo Bolonia, y se encontró sin pista para seguir corriendo. Firmó una temporada más que irregular, que además quedó tristemente rubricada con el descenso a Lega Due. A partir de ahí, la historia es bien conocida. Volvió a resucitar, volvió a empezar una vez más, y se rehizo. El mítico título de la temporada 2010 y los galardones individuales del pasado curso, donde se consolidó como uno de los pilares del cuadro baskonista, le han granjeado el cartel del que ahora goza y la ocasión de poder lucir los colores de un equipo en el que, según ha confesado, siempre soñó con jugar.

Algunos se han sorprendido por esas manifestaciones, las han tildado de demagógicas u oportunistas. Nada más lejos de la realidad. Apasionado del balompié, de la canarinha y del Corinthians, afloró en su corazón cierto sentimiento culé durante su estancia en la Ciudad Condal. Eran los tiempos de Frank Rijkaard, época de buen juego, títulos y la llegada de la segunda Copa de Europa para el cuadro catalán. Como acreditado amante de la velocidad, también le gusta la Fórmula Uno. En alguna entrevista ha confesado que su paisano Ayrton Senna, fallecido en el Gran Premio de San Marino cuando él apenas tenía once años, era uno de sus grandes ídolos. Su baloncesto, ese frenético ritmo que imprime al juego, debe de ser un homenaje al piloto paulista. Y si las leyes no fueran tan estrictas, también intentaría imitarlo por las carreteras con el cochazo que se compró hace no mucho, un espectacular Ford Mustang GT de color negro que siempre llamaba la atención en el aparcamiento del Buesa.

Un velocista presumido

Apartado del perfil de origen modesto que cualquiera pueda atribuirle a los deportistas brasileños que alcanzan la élite, es además un tipo muy familiar. Enganchado al baloncesto por la influencia de su hermano mayor, que apuntaba también maneras, se crió, con una hermana más, en un hogar próspero. Su padre, economista, y su madre, experta en arte, logran reunir a todos mucho menos de lo que a Marcelinho le gustaría. Con mucho éxito entre el sector femenino de la afición del Baskonia, sus compañeros, más en serio que en broma, le achacaban un extremo celo por su aspecto. Velocista presumido, Huertas se había convertido en uno de los elementos de peso del vestuario, donde además era uno de los que solía poner la nota de humor.

Así es Marcelo Tieppo Huertas (Sao Paulo, 25 de mayo de 1983), el último fichaje del Barça, el último gran base del Baskonia, a quien en breve Josean Querejeta y su equipo encontrarán un sustituto de garantías. Deben hacerlo. El chico que siempre tiene prisa, el conquistador, ha encontrado un nuevo destino, un nuevo reto. En Vitoria, incluso aquellos que no éramos a priori sus grandes defensores, hemos acabado rindiéndonos a la evidencia. Sólo debe quedar un poso de agradecimiento para un jugador que incluso con su marcha ha ayudado al club. Espero que siga viviendo a toda velocidad. Como un ciclón.


10/8/11

El último en salir

A tres semanas del arranque del Eurobasket la selección española, firme candidata al oro, debe realizar aún un descarte. A pesar del relativo peso que pueda tener en el equipo, se ha generado un encendido debate



Faltan aún tres semanas para que la selección española emprenda su camino hacia el oro en el Eurobasket de Lituania y, sin embargo, el debate que han generado las diversas teorías que he ido oyendo en torno a la identidad del último descarte de Sergio Scariolo para esta cita me han empujado a postergar (espero que sólo un día) el artículo que había empezado para agradecer los servicios prestados por Marcelinho Huertas al Baskonia. El preparador transalpino ha actuado con evidencia al recortar las dos primeras unidades del grupo de quince hombres con los que inició esta fase de preparación. No se la ha jugado. El rocoso Xavi Rey y Rafa Martínez, a quien otros jugadores han privado de una carrera seguramente brillante a nivel de selecciones, han sido los dos primeros en caer. Se esperaba en ambos casos. Ahora todo se centra en saber quién se convertirá en el último descarte. A pesar de que he escuchado y leído teorías de lo más variado en torno a este asunto, cinco son los nombres que suenan con más fuerza, aunque probablemente sólo tres de ellos se encuentran de verdad amenazados.

Sea quien sea el sacrificado, las opciones de éxito del combinado español serán las mismas. Y ahora mismo parecen todas. En un bloque tan consolidado, con referentes tan claros y un esquema de juego tan definido, los roles del undécimo y el duodécimo jugador serán en cierto modo residuales. Así fue en Turquía, el pasado año. Scariolo se maneja, sobre todo en los duelos cruciales, con rotaciones de diez jugadores; dos unidades completas. En determinadas situaciones, casi con nueve. Y esa estructura básica del equipo está definida. Así que, en cierto modo, se ha generado un debate estéril. ¿O no? En absoluto. La decisión que adopte Scariolo puede tener mucho más peso del que parece, siempre teniendo en cuenta que con jugadores como Navarro, Calderón y, sobre todo, Pau Gasol, todo puede resultar mucho más fácil. Y digo que tendrá peso por dos motivos: el primero táctico, ya que el perfil de los jugadores que se disputan esa última plaza es abismalmente diferente, y el segundo diplomático, puesto que tras la marcha de veteranos como Mumbrú, Berni o Garbajosa parece que el seleccionador puede hacerse con las riendas de un vestuario que ha estado regido por los galones de los pesos pesados.

Si echamos la vista atrás, puede resultar incluso ridícula la controversia que despierta la elección del último descarte. Los cinco jugadores que han aparecido en las quinielas (ya digo que no todos están en verdadero riesgo de perderse la cita báltica) son Víctor Sada, Sergio Llull, Fernando San Emeterio, Carlos Suárez y Víctor Claver. Cualquiera de ellos habría sido un fijo en España hace no demasiados años, como también el propio Rafa Martínez y algún otro que no ha entrado siquiera en la convocatoria. Pero así son las cosas ahora. La selección española, fruto de un excelente trabajo tanto de los clubes con más tradición de cantera como de la federación en categorías inferiores, disfruta de la época de mayor bonanza de su historia. Los junior de oro, la generación que abanderan Navarro, Reyes o Gasol, han abierto el camino a los que ahora les acompañan y a los que están por llegar pero que ya han empezado a coleccionar metales en torneos internacionales. Para cualquier entrenador supone un goloso problema configurar la lista con estos mimbres. Y ahora a Scariolo le toca lidiar con las opiniones de los aficionados a este deporte, que son variadas y muchas veces se encuentran contaminadas por el amor a unos colores, a un equipo determinado.

Un equipo que puede rescatar al baloncesto

El técnico lombardo ostenta un cargo complejo, en el que no basta con escoger bien a los jugadores que compondrán su equipo y exhibir dotes de dirección táctica. Se encuentra al frente de un equipo que puede (o al menos debería) devolver al primer plano en audiencias e ilusión al deprimido baloncesto de este país, un plantel obligado a obtener el oro. Cualquier otro resultado supondría para la mayoría una decepción. Ese es el nivel de exigencia que han fijado los éxitos recientes, de los que él no tomó parte. Y se la juega, después del rotundo fracaso del pasado Mundobasket, donde el demoledor triple de Teodosic representó el hachazo definitivo al gaznate de un equipo que en ningún caso contrajo méritos durante la competición para aspirar a nada. He ahí otro agumento para entender la delicadeza con la que deberá manejarse incluso para escoger al duodécimo elemento del combinado estatal.

Una vez depurada (con todo el respeto) la selección de jugadores veteranos que aportaban ya poco sobre la cancha y mandaban demasiado fuera de ella, Scariolo debe definir con la elección de sus jugadores el juego que pretende desplegar en el torneo de Lituania. Ayer, en el primer partido de preparación ante una Francia sobrada de músculo pero carente de intensidad competitiva, pudimos contemplar algunas pinceladas. Fue un partido soporífero, sin historia desde la primera mitad, y eso, pese a la euforia con la que algunos han reaccionado, no es bueno para una fase de preparación. Más bien al contrario. Impide que el equipo trabaje algunas situaciones del juego, con más tensión y dificultad en la toma de decisiones, que resultarán definitivas durante el campeonato. No debe preocupar a nadie. Se trataba sólo de un primer partido y España, al menos en lo que se refiere a su estructura principal, juega de memoria, mantiene una base que se conoce a la perfección. En cualquier caso, quedó claro que Rudy Fernández actuará como alero titular, por lo que parece que no existe esa obsesión por contar con un tres alto que algunos echaron tanto en falta hace un año.

Los cinco candidatos

Esa apuesta por el quinteto habitual, en el que parece que Pau asumirá el papel de cuatro para jugar un poco más abierto, de cara a canasta (puede hacerlo), sitúa el debate sobre el último descarte en unos parámetros muy limitados: Llull, a quien muchos consideraban de antemano el tercer escolta, tendrá una plaza segura, porque es el recambio natural de Navarro, salvo en las ocasiones en las que Scariolo opte por introducir más presencia física y sitúe a Rudy como dos junto a un alero más poderoso físicamente. Y esta opción también va a tener espacio. El jugador del Real Madrid, ciclotímico, alocado, eléctrico, imprevisible, carga en sus pecados con la penitencia. Aporta velocidad y dinamismo a un equipo que, como se vio ante los galos, dispone de quintetos que pueden hacer mucho daño en transición.

Otra de las cabezas que se encuentran temerosas de caer en la postrera guillotina es la de Víctor Sada. No voy a volver a glosar todas las virtudes de este jugador, ni a descubrir lo mucho que me gusta. Se puede defender su presencia en el equipo desde muchísimas perspectivas y con sobrados argumentos de peso, incluido el del miedo. Y me explico: después de lo que sucedió en vísperas del Eurobasket de Turquía, cuando Calderón cayó lesionado y Scariolo tuvo que recurrir de urgencia a Raúl López, me da la impresión de que España acudirá a la cita con tres unos. Hay quien arguye que Llull puede asumir esta función, la de tercer base. ¿Seguro? Si sufre una lesión Ricky o Calderón, sobre todo éste, ¿de verdad se sentirían seguros contando con el balear como segundo director de juego? Supongo que no demasiado. No es lo mismo ejercer en momentos puntuales como base que entrar en la rotación de un equipo que aspira a lograr el oro en un Europeo con esta responsabilidad. Pero no es ésta la única razón por la que considero que Sada debería (y creo que así será) acudir al torneo. Ha sido decisivo en los títulos que consiguió el Barça la temporada pasada. En la Copa acarició el MVP con la yema de los dedos y en los play off de la ACB, en toda la competición en realidad, brilló incluso por encima de su compañero Ricky Rubio. Si se queda fuera, se produciría una injusticia de brutales proporciones, y ya digo que ni siquiera estoy entrando a valorar las enormes posibilidades que ofrece, sobre todo desde el punto de vista físico, defensivo, para cambiar la dinámica de partidos complicados o sujetar a los grandes bases de los otros combinados favoritos.

Lo mire por donde lo mire, me da la impresión de que el último en salir será uno de los treses que ayer comenzaron el duelo ante Francia en el banquillo. Si Rudy va a ser titular y a asumir muchos minutos, si sobra alguien, sobra precisamente en esa posición. Fernando San Emeterio debe aún ganarse el puesto. De lo que suceda en los amistosos de preparación, aunque nos duela a algunos, puede depender su presencia en el torneo que arranca el próximo 31 de agosto. El icono beatificado del baskonismo merece una plaza en el equipo. Y apostaría a que Scariolo se la va a conceder. Está en deuda con él. El cántabro llegó en un excelente estado de forma al Mundial, tras haber concedido el título al Caja Laboral con aquel dos más uno inolvidable, y lo relegó incomprensiblemente a un tercer plano, a la sombra de un Mumbrú que casi todos veíamos varios escalones por debajo. Pesaron los galones. Los que lo sitúan como el siguiente sacrificado aducen que España necesita un alero alto para defender a rivales más corpulentos en esa posición, como Luol Deng, Turkoglu, Kirilenko o el propio Nemanja Bjelica, pero al seleccionador le resultaría difícil explicar por qué deja fuera de la lista al MVP de la fase regular de la ACB.

Los rivales de España tratarán de sacar ventajas en el poste bajo con sus aleros. Eso no lo niego. Ayer mismo fue uno de los recursos a los que Francia se aferró durante los primeros minutos del choque, cuando Rudy se emparejaba con Batum o Gelabale. No es nada nuevo. Sucede desde el Mundial de Japón de 2006, cuando Jiménez desaparecía del parqué. Es un riesgo que corre un equipo que juega la mayor parte del tiempo con dos exteriores con más talento que presencia física y que me da la impresión que Scariolo, como Pepu en su día, asume gustoso. Así que, aunque muchos entienden que este argumento concede más opciones de quedarse a Carlos Suárez, considero que no acabará siendo determinante en la elección definitiva. España debe definir más la estrategia de sus rivales que viceversa. Y aun así, el técnico italiano dispone de otro hombre capaz de asumir ese rol de alero alto, como es Víctor Claver. El capitán del Valencia Basket cuenta con otro arma que esgrimir para justificar su continuidad: es también el quinto pívot, un recurso para completar la rotación interior en caso de ausencias por lesión.

De entre estos tres últimos, a mi modo de ver, saldrá el último descarte. Ahora mismo Suárez aparece como el peor colocado, y desconozco si el entrenador tendrá en su fuero interno la decisión ya tomada. Claver, siquiera por esa condición de comodín, debería tener sitio, aunque en ningún caso contará, salvo urgencia indeseada, con demasiada presencia en las rotaciones. Llull es fijo. Así que todo apunta a que en la terna entrarán sólo el propio Suárez, el señalado, junto a Sada, cuya salida podría depender exclusivamente de factores estratégicos aunque por lo exhibido ayer ha llegado al verano con la misma excepcional forma con la que cerró el pasado curso, y San Emeterio, que debería hacerlo muy mal para perder una plaza que se ha ido ganando con el paso de los meses, de las temporadas en realidad. El principal enemigo del exterior del Caja Laboral estribará sin duda en la intermitencia con la que aparecerá en cancha. No es un microondas, un tipo eléctrico que revolucione los partidos entrando desde el banco, sino un jugador que requiere de minutos y, sobre todo, confianza para sacar a relucir sus virtudes, para aportar. Tiene en su mano esquivar la caída definitiva de la guillotina, ser el último en salir. Sea quien sea la víctima, como digo, importará poco. Scariolo cuenta con un elenco de jugadores capacitados para ganar el oro, obligados a hacerlo.

3/8/11

Las piernas del pionero



Llevaba semanas tratando de sacar tiempo para dedicar un pequeño tributo al que fue, seguramente, el principal culpable de que de niño albergase el estúpido sueño de jugar algún día en la NBA. Fue, a mi juicio, el jugador europeo que mejor supo adaptarse a la competición estadounidense, un talento cuya carrera quedó algo ensombrecida por la excelente generación a la que perteneció y porque sus piernas, que le hicieron grande, perdieron la batalla contra las lesiones y cercenaron una carrera que aún podría haber sido más fructífera. Estoy hablando de Sarunas Marciulionis, componente de la mejor selección europea de la historia, integrante de los inclasificables Golden State Warriors del Run T-M-C de Don Nelson y prócer del baloncesto en su país natal, Lituania, donde lo ha sido casi todo y aún hoy sigue siendo venerado a la altura de otro referente ineludible como Arvydas Sabonis.

Suele decirse que nos acordamos de dónde nos encontrábamos cuando se produce algún suceso que puede cambiar de alguna manera el rumbo de la historia. Estoy convencido de que muchos recuerdan dónde siguieron el escalofriante atentado contra las torres gemelas, las explosiones de los trenes de Atocha o la confirmación del asesinato de Miguel Ángel Blanco. Por supuesto, recuerdo cómo y en qué lugar viví todos esos acontecimientos. Pero también me vienen a la cabeza con nitidez las circunstancias en las que seguí el que aún hoy me parece como uno de los mejores partidos que ha arrojado la historia del baloncesto, la final de los Juegos Olímpicos de Seúl entre la URSS y Yugoslavia, dos países que ya no existen, dos escuelas de eterno legado. Apenas tenía nueve años el día en el que caí rendido a los pies de Marciulionis. Como tantos otros, disfrutaba junto a mi familia de unas vacaciones en la playa. Aquel verano de 1988 tocaba Gandía y tuve la suerte de que el apartamento que alquilamos tuviera un pequeño televisor. Antes no todos lo tenían. Era pequeño y en blanco y negro, pero bastaba. Por la diferencia horaria con Corea, me despertaba muy temprano para poder seguir los partidos de baloncesto de aquel torneo en el que España, con un ilusionante plantel (Epi, Villacampa, Antonio Martín, Montero, Biriukov, Solozábal, Quique Andreu, Fernando Arcega, Ferrán, Joe Llorente y Margall) perdió en cuartos, y ante Australia, cualquier esperanza de defensa del por entonces histórico metal que había conquistado cuatro años atrás en Los Ángeles.

Eliminado el cuadro de Díaz Miguel, quedaba deleitarse con la pelea por el oro que iban a mantener tres selecciones de ensueño. Estados Unidos, liderada por el Almirante David Robinson, partía como gran favorita. Pero se dio de bruces con la nueva realidad que imponían sus dos principales rivales. La Unión Soviética y Yugoslavia se nutrían de un ramillete de jugadores que poco después quebrarían de manera definitiva esa barrera invisible (y sobre todo física) que distanciaba a años luz el baloncesto europeo del estadounidense. Con dos puntas de lanza como Sabonis y Drazen Petrovic, pero con otros muchos que saltarían el charco para firmar carreras interesantes en la NBA, los combinados del Este propinaron un sonado sopapo a los yankees, que en este torneo variarían su política con respecto a las competiciones internacionales. De aquel fracaso nacería el romántico proyecto del Dream Team que maravilló en Barcelona y sus sucedáneos posteriores, algunos más dignos que otros. Pero voy a tratar de no desviarme del tema. Volvamos a Marciulionis y aquella madrugada de julio en la que pude disfrutar de un duelo irrepetible y que marcó para siempre mi relación con este deporte.

La amenaza de un diabólico Petrovic

Aunque la URSS había derrotado a los americanos en el cruce de semifinales, los balcánicos alcanzaban la cita como principales aspirantes al oro. Habían resuelto con mucha más holgura que su rival los compromisos previos y contaban con el jugador más brillante del torneo, un Petrovic diabólico, eléctrico, imparable y que se había mofado de sus rivales tras la victoria cosechada en la primera fase. Existían cuentas pendientes. Y se saldaron. En gran parte gracias a Marciulionis, que un año antes ya había sido escogido en la sexta ronda (un ridículo puesto 127 global) del draft por los Warriors pero que hasta 1989 permaneció en el equipo de la capital de su país, Vilnius, donde hoy todavía reside pese a haber nacido en Kaunas, el 13 de julio de 1964.

Aunque el partido se puso feo de inicio, con una Yugoslavia tremendamente acertada que explotaba el juego en transición para esquivar la determinante presencia de Sabonis en la pintura, el equipo del Zorro Gomelski, maestro de maestros, se sobrepuso. Fueron las piernas de Marciulionis, su capacidad para romper la defensa zonal del cuadro balcánico, lo que comenzó a equilibrar un marcador que poco a poco fue sonriendo al equipo soviético. No voy a extenderme demasiado en el desarrollo del partido, que fue precioso y recientemente volví a disfrutarlo, porque al final del artículo os voy a dejar un vídeo que lo resume en poco más de nueve minutos. Sólo voy a detenerme en las sensaciones que me asaltaron aquel amanecer en el que descubrí al hombre que poco después se convertiría en el primer europeo plenamente consolidado en una franquicia de la NBA.

Un Sabonis imperial (acabó con 20 puntos, 11 rebotes y 3 tapones), la eficacia de Tarakanov, Homicius y Kurtinaitis desde el perímetro y la explosividad de otro jugador que también adoré durante mi adolescencia y que se hizo un hueco en los Hawks de Dominique Wilkins, Alexander Volkov, tuvieron parte de culpa en la rotunda victoria (63-76) de la URSS. Sin embargo, la convicción de Marciulionis, su capacidad para leer la defensa, para penetrar y dividir, para asistir, fue lo que entonces me maravilló y lo que aún hoy me convence de que resultó definitivo.

El antiguo compañero de Chris Mullin, Tim Hardaway o Mitch Richmond, al que se enfrentó precisamente en las semifinales de Seúl, cerró el choque ante los yugoslavos con unos números de escándalo para aquel baloncesto y para el de hoy en día: 21 puntos (4/5, 3/6 y 4/4), 6 asistencias y 3 rebotes. Aunque la fría estadística apenas refleja su influencia en un partido en el que, salvo Petrovic (máximo anotador con 24 puntos), las geniales figuras del equipo balcánico acabaron por diluirse. Y no hablamos precisamente de mancos. En aquella legendaria Yugoslavia, todavía unida, convivían otras futuras estrellas de la NBA como Vlade Divac, Dino Radja, Toni Kukoc y Zarko Paspalj, así como Zoran Cutura, el exjugador de Estudiantes Danko Cvjeticanin o el ahora laureado entrenador de Panathinaikos Zeljko Obradovic.

Un primer paso imparable

Era su primer paso, muy poderoso, y su velocidad y potencia en las penetraciones lo que lo convertían en un jugador especial, diferente. Aunque andaba también sobrado de acierto en el lanzamiento exterior. Lo tenía todo. Era muy completo, como demostró cuando se puso a las órdenes de Don Nelson en el equipo de Oakland. Aunque había recibido numerosas ofertas para cambiar de aires, Marciulionis, cuya fidelidad a su primer equipo, el Styaba Vilnius, y a su país definieron su carrera, jamás quiso cambiar de aires hasta que vio la ocasión de hacerse con un hueco en la mejor ligar del planeta. Llegó con 25 años, en plena madurez, y tardó muy poco en exhibir su talento. En su primer año se consolidó como uno de los mejores novatos del torneo. Era también uno de los suplentes más cotizados. Nelson, que siempre mostró plena confianza en su juego, lo confirmó como el líder de la segunda unidad. Acabó el curso de su estreno con unos porcentajes impropios para un jugador europeo: más de 12 puntos y 3 rebotes por cita, con unos porcentajes de tiro que superaban el 51 por ciento.

Permaneció cuatro fructíferas temporadas en el combinado californiano. Aunque el segundo apenas pudo jugar medio centenar de partidos por las lesiones, la gran cruz de su carrera, mantuvo sus números (casi 11 puntos y 2,4 rebotes). Sin embargo, sería el tercero su mejor año en la NBA. Mientras otros jugadores del Viejo Continente trataban de consolidarse sin demasiada suerte en la competición americana, Marciulionis se salió. Se estabilizó como un suplente de lujo en unos Golden State Warriors en el mejor momento de su historia. Acabó promediando 18,9 puntos, 3,4 asistencias y 2,9 rebotes por cita. Unos números escalofriantes para un jugador nacido fuera de los Estados Unidos y que invitaban a presagiarle un futuro esplendoroso.

Pero la desgracia se cruzó en su camino. Aunque arrancó la temporada 1992/93 en la misma línea, una gravísima lesión de rodilla acabó con su carrera. Tras disputar sólo una treintena de partidos, los Warriors lo incluyeron en un traspaso que no todos los aficionados acogieron de buen grado. Su calidad humana conquistó a la hinchada. Sobre todo cuando se implicó de lleno en las labores de rescate del devastador terremoto que afectó a la ciudad en 1989 y en el que se produjeron 67 muertos. Acabó en Seattle, donde nada ya sería lo mismo y apenas permanecería una temporada. Sacramento y Denver, dos franquicias en decadencia, lo acogieron los dos siguientes años. En los Nuggets, tras reproducirse sus problemas de rodilla, decidió poner punto final a su carrera. Sus portentosas piernas habían dicho basta. La estrella de aquella célebre final de Seúl aún no había cumplido los 33 años.

Compromiso con su país

Marciulionis, en cualquier caso, será recordado también por su firme compromiso con su país. A pesar de haber defendido durante muchos años los colores de la URSS, tras la independencia de las Repúblicas Báticas, a comienzos de los 90, se convirtió en el principal valedor de la selección lituana. Se implicó hasta las cejas. Fue el impulsor de la creación del equipo nacional, se encargó de la búsqueda de patrocinadores y fue él quien personalmente veló para que ninguna de sus figuras faltara a los torneos internacionales. Su esfuerzo encontró recompensa. Lituania logró un hito histórico en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Con Marciulionis como líder, el combinado báltico se alzó con la medalla de bronce en la primera competición internacional en la que tomaba parte, un resultado que se repetiría cuatro años más tarde, en Atlanta, donde la mejor generación del baloncesto lituano se reunió por última vez.

Un año antes, y ya en su declive, Sarunas logró convencer a Sabonis, Homicius y Kurtinaitis para que acudieran al Eurobasket de Atenas, donde se encontraron con la también excelente nueva generación. Jugadores por entonces muy jóvenes como Jasikivecius, Karnisovas o los históricos excomponentes del Baskonia Stombegas y Timinskas pusieron su granito de arena para permitir que Marciulionis pudiera abandonar el baloncesto con la satisfacción de haber visto a su país en lo más alto del podio. Sólo una Serbia imperial, liderada en la final por un Djordjevic intratable (41 puntos), se interpuso en ese sueño.

Ya retirado, volvió a exhibir su implicación con el baloncesto de su país al impulsar la creación de la Liga lituana de baloncesto, de la que llegó a ser presidente, y a finales del pasado siglo se zambulló en el proyecto de una competición supranacional, la Liga de Baloncesto del Norte, germen de la actual Liga Báltica. Genio y figura, así es Marciulionis, un tipo que me invitó a soñar, que abrió camino con sus piernas portentosas y su baloncesto académico. A veces, casi siempre en realidad, da gusto echar la vista atrás.

Para los que aún tengan fuerzas o ganas, os recomiendo que echéis una ojeada a este vídeo que colgaron en youtube los amigos de baloncestoyugoslavo.com. Merece la pena pasar nueve minutos recordando.


2/8/11

La fórmula de la Coca Cola

El Baskonia afronta una complicada recomposición de la plantilla tras verse obligado a desprenderse de piezas clave ante las apreturas económicas


El paso de las semanas ha venido a confirmar lo que ya se percibía con nitidez cuando concluyó el pasado ejercicio y algunos advertimos en el instante en el que se confirmó la continuidad de Dusko Ivanovic al frente de la nave azulgrana. Aunque algunos parecían resistirse a la posibilidad de que varias de las perlas más rutilantes del Caja Laboral fuera a cambiar de aires a lo largo del presente verano, la realidad está confirmando lo que muchos considerábamos ineludible. Si se mantenía al mismo técnico, guste más o menos esta decisión, la única salida viable para recobrar la autoestima extraviada pasaba por efectuar un profundo lavado de cara al plantel. Y así se está llevando a cabo. Hasta siete de los hombres que lucían la elástica baskonista durante el cruce de semifinales frente al Barça podrían cambiar de aires o lo han hecho ya a estas alturas de estío.

La renovación del preparador montenegrino para las dos próximas temporadas no resulta, sin embargo, el único argumento de peso en varios de los movimientos que la entidad que preside Josean Querejeta ha venido realizando durante estas semanas de frenética actividad. Ha existido un factor de extrema relevancia que ha invitado a los rectores baskonistas a desprenderse de algunos de los jugadores con mejor cartel. Las arcas del club estaban vacías. Así de claro. Con telarañas. Y hacía falta inyectar liquidez antes de lanzarse a buscar mimbres con los que elaborar un nuevo cesto que sustituyera al que el ejercicio pretérito se reveló defectuoso. En ese marco, en el que confluyen ambas variables, deben fijarse las salidas de dos pilares maestros de la estructura baskonista, Marcelinho Huertas (se confirmará de manera definitiva a lo largo de las próximas horas) y Stanko Barac, así como el desprendimiento tan poco habitual en este club con el que se permitió marchar a Esteban Batista dejando la rotación interior cogida con alfileres.

Los que no cuentan y alguno que contaba

Lo repetí varias veces a lo largo de los artículos que sucedieron a la eliminación liguera del Caja Laboral: van a salir los que no cuentan y varios de los que cuentan. Y así ha sido. Teletovic, Barac y Marcelinho partían como los reclamos más lustrosos con los que acudir al mercado en busca de liquidez. Dos de ellos tenían que marcharse para que cuadraran las cuentas y pudiera afrontarse una nueva reconstrucción, la enésima. El Baskonia ha nadado tradicionalmente con brillantez en la indefinición, ha salido airoso de muchos saltos al vacío. Pero -ojalá me equivoque- cada vez resulta más difícil conseguir duros a cuatro pesetas, redescubrir la fórmula de la Coca Cola. Y en esas se encuentran ahora mismo las mentes pensantes del conjunto del Buesa Arena, cada vez más conscientes de que en un contexto de crisis como el actual, en un mercado reducido como el que manejan y con el resto de los equipos espabilando, hay que hilar muy fino para mantenerse en la élite del baloncesto continental.

En posteriores artículos, ahora que las vacaciones me dan una tregua y puedo saciar mi sed de blog, hablaremos de la identidad de los que están por llegar, de los rumores que han surgido en torno a viejos iconos del baskonismo (Prigioni o Rakocevic, entre otros) y de las necesidades, pero basta echar un ojo al elenco de jugadores con los que ahora mismo cuenta en nómina el equipo vitoriano para asumir que el plantel del año entrante va a tener muy poco que ver con el del pasado. La tradicional habilidad rastreadora de los responsables de la dirección deportiva se antoja este verano mucho más necesaria que nunca. En un contexto en el que los rivales aumentan la apuesta (por mucho que se haya hablado de recortes presupuestarios) el Baskonia se encuentra en la obligación de confeccionar un roster de garantías, y no sólo sobre el papel. Tras cerrar la pasada campaña en blanco, algo que no sucedía desde hace ocho años, a Querejeta se le plantea la ardua tarea de elaborar una plantilla que, como poco, pelee por los títulos, algo que no hizo, circunstancia anómala para este club, durante el pasado ejercicio.

Obligado a recobrar su capacidad de competir

La situación se vuelve cobra mayores tintes de urgencia si se tiene en cuenta que la próxima será la temporada del estreno del nuevo Buesa Arena, un nuevo salto cualitativo para la entidad, que dispondrá de un pabellón con capacidad para 15.000 espectadores a los que habrá que ofrecer algo más. De lo contrario, sobrará grada. Los dos grandes rivales deportivos, Madrid y Barça, están haciendo las cosas bien. Avasallados por la pujanza económica de, sobre todo, los combinados turcos, han apuntalado lo bueno que tienen, sus estructuras, una más de presente y la otra con mucho futuro. El Bilbao Basket, principal rival geográfico (y éste le preocupa a Querejeta por la vertiente económica), está inmerso en un proyecto veterano y cortoplacista que, pese a  todo, le augura cierta capacidad para mantenerse entre los grandes de la competición doméstica y acometer con prudentes garantías el año más exigente de su todavía escueta historia. ¿Y el Caja Laboral? Por el momento esboza sobre un lienzo al que aún le queda cobrar una forma definitiva. Deben llegar aún dos (quizá tres) piezas importantes, siempre con el inconveniente de la precariedad económica.

Las salidas de Barac y Huertas deberían haber bastado para equilibrar unos números que quedaron manchados de rojo de manera definitiva a comienzos de año, cuando se acometió la contratación de quien el club consideraba como el relevo ideal para cubrir la asumida marcha de Barac. El fracaso del experimento Batista ha supuesto mayores quebraderos para los contables que para los técnicos. Pero al quedar constancia de que al sustituto del sustituto le venía muy grande el proyecto se han multiplicado las dudas. La rotación interior del equipo gasteiztarra se presenta hoy por hoy insuficiente como para considerarlo como un aspirante a nada. Y con la marcha de Marcelinho, que se cerrará definitivamente entre hoy y mañana, también se produce un tremendo problema en la dirección. El Baskonia está de nuevo obligado a rastrear, a reinventarse, a hallar la fórmula mágica que, con menos recursos, le ha permitido incrustarse entre los equipos más solventes del continente.

Por el momento se han marchado Palacio, Barac, Batista y Dragicevic, a quien incluso se barajó retener pero cuya plaza queda cubierta por un jugador de características similares como es el otro Bjelica. Lo de Huertas, ya digo, es cuestión de horas. Y quedan pendientes las situaciones de David Logan y Brad Oleson. El escolta de Chicago tiene pie y medio fuera. Lo del jugador de Alaska, en vista de los movimientos, se presenta ahora más complicado. Cuando se cerró el curso y se conoció la oferta del club para que se rebajara el sueldo no me cabía ninguna duda de que se trataba de una invitación encubierta para que abandonara Vitoria. En estos momentos, sin embargo, ya no lo tengo tan claro. Ocupa plaza de nacional (canterano, cupo o como tengamos que llamarlo ahora) y su perfil, siempre y cuando recupere su mejor nivel, puede encajar con Dusko, si bien se asemeja demasiado al de Pau Ribas, el único dos que parece contar con plaza fija para comenzar la pretemporada el próximo día 22.

Dando por hecho que Oleson queda sujeto a la capacidad del club para hallar un escolta anotador del gusto del técnico, que lo de Huertas y el Barça está prácticamente hecho y que Musli, con Ivanovic, jamás tendrá un sitio en el vestuario del Buesa, ahora mismo el Baskonia dispone sólo de siete jugadores en disposición de dar por seguros como fijos para el inicio del curso entrante. Para empezar, sólo hay un base. Thomas Heurtel, joven, prometedor, pero demasiado inexperto, no parece el candidato idóneo para asumir de partida la responsabilidad que exige manejar la nave baskonista. Llegará otro. ¿El renegado Prigioni? Ya digo que tendremos un post dedicado exclusivamente a la identidad de los posibles refuerzos pendientes, pero yo me decanto por el fichaje de un director de juego americano, con experiencia en Europa y no tan maduro.

Un cinco más físico

A partir de ahí, la otra figura que se echa en falta es la de un cinco con cierto poderío físico para acompañar a Lampe (veremos cómo encaja su talento y su desidia defensiva con Dusko) y los dos cuatros que hay en plantilla (Milko Bjelica y Teletovic). Es precisamente esta posición, la de ala-pívot, la única que parece cubierta con garantías junto a la de alero. San Emeterio volverá a ser básico, sobre todo si Nemanja Bjelica sigue sin ofrecer ni una pizca del talento que se le presuponía. Sus problemas físicos (ahora en la muñeca) y su sospechoso estado de forma preocupan, y mucho, en el club. La tercera incorporación pendiente, y en esta se han centrado aún sin éxito muchos esfuerzos, debería llegar para el puesto de dos. Y ahí el Caja Laboral depende del mercado y de su capacidad para sacar tajada en la venta de Logan y quién sabe si Oleson. No sería descabellado que el equipo azulgrana volviera a emprender la temporada con tres escoltas. En una plantilla con once jugadores podría doblar todas las posiciones y triplicar ésta. Pero también, y reitero que en esto la situación de las arcas marcará el comportamiento del club, es posible que se recurra a un equipo de diez unidades y un jugador de relleno, en el papel que este último curso ha ejercido Ander García.

Sea como fuere, lo que parece claro es que quedan muchísimas incógnitas por despejar. Hay mucho trabajo pendiente en las oficinas del Buesa Arena. Y es un trabajo complicado. De la habilidad que muestren Querejeta y sus colaboradores en las próximas semanas dependerá que el Baskonia vuelva a deambular por el limbo o que recobre ese carácter competitivo que siempre lo ha caracterizado.