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15/5/13
Berlín, Kaunas, San Petesburgo y Belgrado compiten con Vitoria por la Final Four 2014
La Euroliga, insatisfecha con la pasada cita del O2, inicia la búsqueda de una nueva sede / Querejeta ya presentó la pasada semana la candidatura de la capital alavesa, con la que cree que Bertomeu está en deuda
La Euroliga busca sede para la próxima edición de la Final Four y Vitoria se postula como candidata una vez más. Sin embargo, la capital alavesa tendrá que competir con otras ciudades que también se barajan como posibles alternativas a Londres, donde en primera instancia iba a volver a disputarse la cita en 2014. A pesar de que aún no se ha hecho oficial, algo que sucederá en cuestión de semanas, los rectores de la máxima competición del baloncesto continental han quedado insatisfechos con el resultado del torneo que acogió el pasado fin de semana el O2 londinense. El experimento inglés ha fracasado y Josean Querejeta, que la pasada semana la se postuló como alternativa, quiere aprovechar la coyuntura para saldar lo que considera una deuda histórica.
La Euroliga tendrá que ratificar en asamblea la decisión. El contrato firmado en su día con AEG, la empresa que gestiona el O2, contemplaba la organización de la reciente Final a Cuatro y la posibilidad de repetir en 2014, pero ambas partes disponen de una cláusula de rescisión que a todas luces se va a ejecutar. El plazo para hacerlo expira en junio. No obstante, son varias las filtraciones que en diferentes puntos de Europa permiten que se hable de alternativas. La de Vitoria, y esto no resulta una novedad, parece clara. El propio Querejeta, para quien esta posibilidad se ha convertido en un sueño obsesivo, lo dijo en la sala de prensa del Buesa Arena cuando compareció junto a representantes del Ayuntamiento de Vitoria, la Diputación de Álava y el Gobierno Vasco para sacar pecho por la excelente organización de la última Copa del Rey.
“Yo me quiero retirar pronto, y no me quiero retirar sin que el Buesa Arena acoja una Final Four”, aseguró el presidente del club azulgrana en una comparecencia en la que quedó reflejado el inmenso apoyo institucional que el Baskonia encontrará para la organización de cualquier evento. Y la ocasión ahora la pintan calva. El problema es que Vitoria no aparece como la única opción. Todo lo contrario. Hay otras ciudades interesadas, algunas de las cuales resultan mucho más atractivas para los rectores de Euroliga, que siempre ha obviado la capital alavesa, entre otras cosas, por la escasez de plazas hoteleras.
Belgrado, San Petesburgo, Kaunas y Berlín figuran en la nómina de principales alternativas. Ayer mismo salieron a la palestra esta ristra de opciones, que suponen una amenaza ante la fantástica oportunidad que se le presentaba a la capital alavesa de convertirse al fin en el escenario del torneo en el que se dilucida la identidad del campeón continental.
Las cuatro candidatas –a las que podría sumarse alguna otra en las próximas semanas– presentan un atractivo considerable que invita a tomar con mucha prudencia las opciones de Vitoria. Josean Querejeta, consciente de la realidad, prosigue con su labor de zapa. El lobby alavés, a pesar de la buena relación entre el máximo mandatario del Baskonia y el de la propia Euroliga, cuenta con una fuerza relativa en una organización que en estos últimos tiempos ha primado por encima de otros condicionantes la apertura de mercados. En ese contexto cabe entenderse la apuesta por Londres y, al mismo tiempo, comprender que varias de las ciudades que pujan por erigirse en la sede de la próximo escenario de la Final Four poseen más atractivo que la capital alavesa.
Berlín, la gran candidata
Berlín aparece de lejos como la principal amenaza. La capital germana dispone de una capacidad hotelera propia de una gran urbe, un aeropuerto de gran capacidad ubicado muy cerca del centro de la ciudad y cuenta además con un atractivo geográfico incuestionable. La Euroliga, no en vano, busca potenciar el atractivo del baloncesto en territorios estratégicamente tan relevantes en el Viejo Continente como Alemania, Francia y el Reino Unido, a pesar del fiasco que ha supuesto la experiencia de Londres, donde para llegar al sold out se llegaron a vender entradas por un precio hasta veinte veces inferior al estipulado de inicio. En Alemania, no obstante, el crecimiento del baloncesto difiere del ostracismo absoluto que padece en Inglaterra. Y esa es tan sólo uno de los muchos argumentos que fijan Berlín como la principal candidata.
Los clubes germanos crecen, sin prisa pero si pausa. Este curso, sin ir más lejos, dos equipos teutones (Alba Berlín y Brose Baskets) se han colado entre los 16 mejores de la Euroliga. Aunque en esa segunda fase apenas pudieron competir ante rivales mucho más poderosos, su clasificación para el Top 16 supuso un éxito para ellos y un balón de oxígeno para la entidad que preside Jordi Bertomeu. No sería en todo caso la primera vez que la capital de Alemania acogiera el evento. En 2009 ya lo hizo. Y es que al margen de todos los demas atractivos, dispone de pabellón imponente y moderno, otro O2 con 16.000 localidades, inaugurado en 2008 y gestionado por la misma firma, AEG, que regenta el de Londres y también el de Praga, donde se celebró la cita con presencia del TAU en 2006. La excelente relación entre la Euroliga y la multinacional norteamericana podría suponer otro elemento de peso en la decisión final, sobre todo si en la ruptura del actual compromiso para una segunda Final a Cuatro en Londres se quisiera negociar una contraprestación.
La de San Petesburgo resulta otra apuesta diferente. Rusia no ha acogido el torneo desde 2005, cuando el Baskonia apeó al CSKA de su final, y el peso del dinero que en los últimos años están invirtiendo los clubes en ese país puede tener su tirón. En todo caso, cuenta a primer vista con menos atractivos que la candidatura berlinesa.
Urbes de baloncesto
Las opciones de Vitoria convendría encuadrarlas en otra categoría, más romántica, en la que entrarían las también alternativas de Belgrado, Kaunas, e incluso otras que han sonado y que tampoco parecen contar con demasiadas opciones como Liubliana y Siena. Se trata de ciudades en las que el baloncesto se ha revelado como una religión, con clubes de tradición muy arraigada y donde la expectación se diluiría mucho menos. Juega en contra del Baskonia el hecho de que España sea el único país en el que la cita, desde que se instauró este modelo, se ha disputado tres veces (Madrid 2008 y Barcelona 2003 y 2011). Italia (Bolonia 2002) ha acogido una vez el torneo, por ninguna para los paises balcánicos, a pesar de formar parte de la historia viva de este deporte.
Josean Querejeta ya puso las cartas sobre la mesa la pasada semana. Juega la baza de la deuda histórica, que existe por aquella final de la Copa de Europa que debió acoger Vitoria y que se frustró a raíz de la escisión con la FIBA, pero aporta también elementos tangibles como para obligar a Bertomeu a tener en cuenta su posición. Más allá del número concreto de camas de las que dispongan los hoteles de la capital alavesa y de las limitaciones del aeropuerto de Foronda, se cuenta con la oferta de Bilbao y Loiu, a poco más de media hora de camino (menos de lo que hay que recorrer en otras grandes urbes para llegar a los pabellones), así como de un Buesa Arena que tras la remodelación ya reúne todas las condiciones para acoger una cita de esta magnitud. Otros factores, no obstante, entrarán en juego.
Ahora sólo resta que la Euroliga haga oficial su renuncia a repetir en Londres y comience el baile. Para Josean Querejeta la cuenta atrás ya ha comenzado. Va a retirarse dentro de no demasiado y no quiere hacerlo sin ver cumplido su sueño. La Final Four es una de las pocas cosas que se ha propuesto y no ha conseguido. Todavía.
Link a la noticia publicada en Diario de Noticias de Álava
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17/4/13
Un virtuoso en la pintura
NENAD KRSTIC, EL JUGADOR MEJOR PAGADO DEl viejo continente, ESTÁ HACIENDO MUCHO DAÑO AL BASKONIA
EN un equipo como el CSKA resulta difícil quedarse con una sola pieza, pero entre los numerosos talentos de los que dispone Ettore Messina hay uno que brilla con luz propia por su condición de rara avis. Ya no hay demasiados pívots como Nenad Krstic (Kraljevo, Serbia, 1983) en el baloncesto mundial. Se han extinguido los interiores con sus fundamentos en el poste bajo, su facilidad para anotar y su juego de pies. Por eso quizá no deba extrañar que el serbio, que ya evidenció su clase durante siete campañas en la NBA, se haya convertido en el jugador mejor pagado del Viejo Continente.
EN un equipo como el CSKA resulta difícil quedarse con una sola pieza, pero entre los numerosos talentos de los que dispone Ettore Messina hay uno que brilla con luz propia por su condición de rara avis. Ya no hay demasiados pívots como Nenad Krstic (Kraljevo, Serbia, 1983) en el baloncesto mundial. Se han extinguido los interiores con sus fundamentos en el poste bajo, su facilidad para anotar y su juego de pies. Por eso quizá no deba extrañar que el serbio, que ya evidenció su clase durante siete campañas en la NBA, se haya convertido en el jugador mejor pagado del Viejo Continente.
Messina puede permitirse el lujo de dosificar a un jugador que está haciendo mucho daño al Caja Laboral en la serie que esta tarde vivirá su tercer episodio en el Buesa Arena. En una plantilla sobrada de piezas en todas las posiciones, que cuenta hasta con cinco pívots internacionales más las ayudas puntuales de un Khryapa que suele actuar como cuatro, a Krstic se le permite bailar. Otros hacen el trabajo sucio, mientras que a él le toca dar el golpe de gracia al rival desgastado. Y en esta eliminatoria lo está haciendo.
Krstic ha preferido vivir su madurez en Europa a pesar de las ofertas que ha recibido de equipos de la NBA, donde ya llegó a brillar
Ante un Baskonia que padece sobremanera las limitaciones de un juego interior con deficiencias estructurales, el serbio apenas está sufriendo para lucir. Kaun y Erceg, los titulares en los dos primeros partidos, se encargan de la labor de zapa para que Krstic, que percibe cerca de cuatro millones de dólares por temporada, lidere a una segunda unidad que en cualquier otro equipo de Euroliga sería considerada un quinteto titular de lujo.
Sus números atestiguan la influencia que está teniendo en el devenir de la serie. Promedia 16 puntos, 3,5 rebotes y una valoración de 18,5 sin necesidad de tener que estar en cancha más de veinte minutos. Siempre bien escoltado, la presencia de un jugador por el que beben los vientos varios equipos de la NBA que malviven sin un cinco de garantías está desequilibrando un duelo que ya de por sí nació desequilibrado ante la desproporción presupuestaria que separa a ambos contendientes.
La endeblez de Milko Bjelica, el absentismo de Nemanja en los dos primeros partidos y la ternura de un Tibor Pleiss castigado en exceso por los árbitros ha dejado a Maciej Lampe solo ante la manada de poderosos interiores del CSKA. Sin embargo, apenas está habiendo oportunidades para gozar del ansiado duelo entre dos de los postes ofensivamente mejor dotados del continente. Otros se ocupan de picar y poner las banderillas al polaco antes de que Krstic tenga que verse las caras con él. El viernes, sin ir más lejos, en su primer encontronazo lo mandó al banquillo con tres faltas. El desnivel en la zona se está revelando determinante en la eliminatoria.
Hoy Krstic tratará de asestar la puntilla al equipo azulgrana. El jugador mejor pagado de Europa, incluido en el segundo mejor quinteto de novatos de la NBA en 2005, que hizo grandes números en los Nets, fue importante en los Thunder de Kevin Durant y apenas pudo hacerse un hueco en los Celtics de Rajon Rondo, Ray Allen, Paul Pierce y Kevin Garnett, querrá ofrecer lo mejor de su repertorio en la pista de baile del Buesa Arena. Si le dejan, resulta poco probable que el Baskonia pueda llegar vivo al viernes.
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5/4/13
De nuevo en su sitio
El Baskonia cumple ante el Montepaschi y regresa a los cuartos de final de la Euroliga, donde le espera el todopoderoso CSKA
El Caja Laboral de los altibajos, el equipo bipolar y ciclotímico que tantos disgustos ha regalado a su afición, sacó a relucir su orgullo en el momento de la verdad. Tal y como ha hecho en otras citas claves a lo largo de este curso demencial y desconcertante, emergió su mejor versión justo cuando la situación más lo requería. Sin brillo pero con altas dosis de entrega y sacrificio, cualidades que muchos desligan de la actual plantilla, se sacudió de encima la visita de un Montepaschi a la baja y aprovechó ayudas externas para culminar su objetivo de acceder al Top 8 de la máxima competición del baloncesto continental.
Mucho se ha hablado de la capacidad de este equipo para desconectar, para sufrir cortocircuitos letales, y eso es algo que está ahí, no se puede negar y parece no tener arreglo. Pero también posee este colectivo cierto orgullo que sale a relucir cuando el panorama pinta más oscuro, cuando se ciernen negros nubarrones sobre su futuro. Y además mucho talento. Ayer era una noche idónea para la reivindicación, y algunos jugadores supieron captar el mensaje, asimilar la relevancia de la cita y ofrecer a un Buesa Arena engalanado para la ocasión lo que hacía falta para abreviar las angustias.
Sobre Nocioni, la honradez hecha carne, ni hubo ni hay ni habrá nunca dudas. Pero irrumpieron en escena también otros jugadores que, aun con sus desconexiones puntuales, suelen dar la cara cuando llegan las citas de alto voltaje. En un choque cuya energía acabó por desarbolar los planes y la rigidez táctica de Zan Tabak, el talento de Maciej Lampe y Nemanja Bjelica lo dinamitó todo, cambió el paso por completo.
Reacción devastadora
La irrupción en escena del poste polaco, que bailó sobre la tumba de los entregados interiores del Montepaschi, y más aún de Nemanja, genial en el pase e inteligente en cada acción, quebró la pésima dinámica con la que el cuadro baskonista había estrenado el partido. Tras haber anotado sólo dos puntos en los primeros cinco minutos (2-7), los cambios precipitaron la reacción del equipo de Tabak. Resultó furibunda, devastadora, definitiva. El parcial de 19-4 que se produjo tras la entrada de ambos en el partido supuso la defunción anticipada de un Montepaschi que, pese a que disponía de opciones de acceder a los cuartos de final, bajó los brazos y se resignó a sumar su quinta derrota consecutiva en la competición continental.
Quedaban muchos minutos, pero en el Buesa Arena se empezó a atender más los resultados ajenos que el propio. El último cuarto de hora, aun con las pinceladas de excelente juego que por momentos ofrecieron los pupilos de Tabak, la mente estaba fijada en los duelos del Palau y El Pireo. Llegaron momentos de zozobra, e incluso tras sonar el bocinazo final varios millares de aficionados se quedaron en la grada aguardando los finales en otras canchas. La hinchada azulgrana conservaba la fe. Tenía que ganar el Barça o el Olympiacos. Se hicieron de rogar, pero al final ganaron ambos y en el Buesa Arena se vivió una fiesta.
Los toreros volvieron a la cancha, la música volvió a sonar y la hinchada baskonista, huérfana de excesivas alegrías este curso, festejó que su equipo volvía a estar entre los mejores, en su lugar natural. Tabak ha obrado ya dos milagros. El CSKA espera ahora en cuartos. ¿Por qué no soñar con un tercero?
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17/11/12
Consumido por la impotencia
EL BASKONIA DILAPIDA SUS ESCASAS OPCIONES DE ACCESO AL 'TOP 16' EN UN DUELO QUE QUISO PERO NUNCA PUDO GANAR
Josean Querejeta va a tener que empezar a explicar a los socios del Baskonia por qué el club incluye los duelos del Top 16 en las cuentas que saca para establecer el coste por partido de los abonos. El equipo azulgrana se encuentra muy cerca, esta vez sí, de certificar su defunción prematura en la Euroliga. Por segundo año consecutivo, salvo mediación divina que pasa más por creer en las opciones matemáticas que en su baloncesto, el conjunto vitoriano parece abocado a quedarse fuera de una élite a la que le había costado mucho sudor y sangre llegar.
El Caja Laboral se derritió como un azucarillo en el momento en el que se le pedía que exhibiera su verdadera medida. En un duelo que no admitía medias tintas ni titubeos, mostró unos niveles de ansiedad e impotencia que hacen de su más que posible eliminación continental una consecuencia lógica a los méritos contraídos desde que arrancó la competición. En la Euroliga te encuentras con muy pocos equipos débiles, con escasas pistas fáciles. Hoy en día, duela o no, este Caja Laboral se ha convertido en uno de los peores equipos del torneo. O al menos uno de los menos consistentes cuando llegan los momentos calientes. Y el Buesa Arena, los números hablan, es una cancha de la que todos los visitantes se han marchado por el momento con una victoria.
El equipo vive en un continuo querer y no poder. Muestra una debilidad mental que le hace besar la lona al más mínimo revés y parece desconcertado con una dirección desde el banquillo que ayuda lo justo a imponer la cordura. Ivanovic, a quien buena parte de la afición despidió con pitos, volvió a mostrar demasiadas dudas. No sólo con sus decisiones, sino también con un lenguaje gestual que situó a algunos jugadores en el punto de mira.
La cita exigía que el cuadro baskonista echara toda la carne en el asador y lo intentó mientras aguantaron la fe y la confianza en sus propias posibilidades. En un arranque de partido que invitaba a presagiar un desenlace bien diferente, se dejó llevar por la relevancia de la cita y el excepcional aspecto que presentaba el coliseo de Zurbano y amasó unas tímidas ventajas que no tardaron en irse por el sumidero. Como sucedió en la cita frente al Zalgiris, bastó con que el equipo heleno elevara la intensidad defensiva para que las costuras y las dudas del Caja Laboral comenzaran a aflorar.
Con un Spanoulis que manejó a su antojo el partido y tres interiores móviles e intensos como Hines, Powell y Printzesis, el vigente campeón continental no sólo logró adueñarse poco a poco del partido con unas rentas que manejaría con cierta comodidad hasta el epílogo, sino que también sacó a relucir sin demasiado esfuerzo la inconsistencia de un grupo de jugadores que en muchos casos cometieron errores impropios de este nivel.
La exigencia de los duelos trascendentales a los que ha tenido que hacer frente en un margen muy corto de tiempo ha cortado la progresión de un equipo que cuando no está bajo presión es sin embargo capaz de desarrollar un juego más que atractivo. Pero eso vale de poco cuando el objetivo es mirar a los ojos a los grandes clubes del continente y de menos aún cuando lo que viene por delante, porque mientras haya vida habrá esperanza, va a resultar de una exigencia aún más extrema que lo que ya está en los almanaques.
Al nuevo proyecto baskonista le ha tocado ser hombre sin casi haber tenido tiempo de disfrutar la adolescencia. Pero es lo que hay. Se encuentra al borde del abismo y lo peor de todo es que envía señales equívocas que invitan a pensar que en determinados partidos se desanda gran parte del camino recorrido. Grave se antoja también la evidente división que se apreció en el Buesa Arena entre gran parte de la grada y el equipo. O más concretamente su técnico.
Josean Querejeta tiene ahora muchas cosas en las que pensar. La derrota del Armani Milán ofrece un balón de oxígeno que convendría que no fuese sólo una prolongación de la agonía. El problema no son las cuentas, que pueden salir y otras veces lo han hecho. Es el juego.
CAJA LABORAL: Nocioni (12), Causeur (6), Heurtel (11), M.Bjelica (3) y Lampe (9) -cinco inicial-, Oleson (13), Cabezas (2), Pleiss (4), San Emeterio (12) y Rochestie.
OLYMPIACOS: Mavroeidis, Spanoulis (14), Papanikolau (13), Mantzaris(1), Printezis (11) -cinco inicial-, Sloukas (7), Law (4), Antic (9), Hines (18), Perperoglou y Powell (12).
PARCIALES: 19-22, 21-25, 11-22 y 21-20.
ARBITROS: Ilija Belosevic (Serbia), Jakub Zamojski (Polonia), Luis Lopes (Portugal). Eliminado Nocioni (min.31). Técnicas a Antic y Nocioni.
Josean Querejeta va a tener que empezar a explicar a los socios del Baskonia por qué el club incluye los duelos del Top 16 en las cuentas que saca para establecer el coste por partido de los abonos. El equipo azulgrana se encuentra muy cerca, esta vez sí, de certificar su defunción prematura en la Euroliga. Por segundo año consecutivo, salvo mediación divina que pasa más por creer en las opciones matemáticas que en su baloncesto, el conjunto vitoriano parece abocado a quedarse fuera de una élite a la que le había costado mucho sudor y sangre llegar.
El Caja Laboral se derritió como un azucarillo en el momento en el que se le pedía que exhibiera su verdadera medida. En un duelo que no admitía medias tintas ni titubeos, mostró unos niveles de ansiedad e impotencia que hacen de su más que posible eliminación continental una consecuencia lógica a los méritos contraídos desde que arrancó la competición. En la Euroliga te encuentras con muy pocos equipos débiles, con escasas pistas fáciles. Hoy en día, duela o no, este Caja Laboral se ha convertido en uno de los peores equipos del torneo. O al menos uno de los menos consistentes cuando llegan los momentos calientes. Y el Buesa Arena, los números hablan, es una cancha de la que todos los visitantes se han marchado por el momento con una victoria.
El equipo vive en un continuo querer y no poder. Muestra una debilidad mental que le hace besar la lona al más mínimo revés y parece desconcertado con una dirección desde el banquillo que ayuda lo justo a imponer la cordura. Ivanovic, a quien buena parte de la afición despidió con pitos, volvió a mostrar demasiadas dudas. No sólo con sus decisiones, sino también con un lenguaje gestual que situó a algunos jugadores en el punto de mira.
La cita exigía que el cuadro baskonista echara toda la carne en el asador y lo intentó mientras aguantaron la fe y la confianza en sus propias posibilidades. En un arranque de partido que invitaba a presagiar un desenlace bien diferente, se dejó llevar por la relevancia de la cita y el excepcional aspecto que presentaba el coliseo de Zurbano y amasó unas tímidas ventajas que no tardaron en irse por el sumidero. Como sucedió en la cita frente al Zalgiris, bastó con que el equipo heleno elevara la intensidad defensiva para que las costuras y las dudas del Caja Laboral comenzaran a aflorar.
Con un Spanoulis que manejó a su antojo el partido y tres interiores móviles e intensos como Hines, Powell y Printzesis, el vigente campeón continental no sólo logró adueñarse poco a poco del partido con unas rentas que manejaría con cierta comodidad hasta el epílogo, sino que también sacó a relucir sin demasiado esfuerzo la inconsistencia de un grupo de jugadores que en muchos casos cometieron errores impropios de este nivel.
La exigencia de los duelos trascendentales a los que ha tenido que hacer frente en un margen muy corto de tiempo ha cortado la progresión de un equipo que cuando no está bajo presión es sin embargo capaz de desarrollar un juego más que atractivo. Pero eso vale de poco cuando el objetivo es mirar a los ojos a los grandes clubes del continente y de menos aún cuando lo que viene por delante, porque mientras haya vida habrá esperanza, va a resultar de una exigencia aún más extrema que lo que ya está en los almanaques.
Al nuevo proyecto baskonista le ha tocado ser hombre sin casi haber tenido tiempo de disfrutar la adolescencia. Pero es lo que hay. Se encuentra al borde del abismo y lo peor de todo es que envía señales equívocas que invitan a pensar que en determinados partidos se desanda gran parte del camino recorrido. Grave se antoja también la evidente división que se apreció en el Buesa Arena entre gran parte de la grada y el equipo. O más concretamente su técnico.
Josean Querejeta tiene ahora muchas cosas en las que pensar. La derrota del Armani Milán ofrece un balón de oxígeno que convendría que no fuese sólo una prolongación de la agonía. El problema no son las cuentas, que pueden salir y otras veces lo han hecho. Es el juego.
Viernes, 16 de noviembre de 2012
72-89
OLYMPIACOS: Mavroeidis, Spanoulis (14), Papanikolau (13), Mantzaris(1), Printezis (11) -cinco inicial-, Sloukas (7), Law (4), Antic (9), Hines (18), Perperoglou y Powell (12).
PARCIALES: 19-22, 21-25, 11-22 y 21-20.
ARBITROS: Ilija Belosevic (Serbia), Jakub Zamojski (Polonia), Luis Lopes (Portugal). Eliminado Nocioni (min.31). Técnicas a Antic y Nocioni.
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Thomas Heurtel
23/10/12
Tiritas para la autoestima
VARIOS JUGADORES AZULGRANAS APROVECHAN UN PARTIDO DEMASIADO CÓMODO PARA RECOBRAR LA CONFIANZA
Existe un abismo entre la Euroliga y la ACB. Con apenas dos días de margen, así ha quedado constatado en el Buesa Arena. El mismo Caja Laboral que sigue trabajando para alcanzar el nivel que le permita seguir vivo en la máxima competición continental se encuentra capacitado para despachar sin apenas quebranto envites del torneo doméstico como el que ayer le tocó disputar ante el Joventut. El equipo azulgrana aprovechó la visita del histórico conjunto verdinegro para darse un baño de autoestima y cargar las reservas de confianza de cara al fundamental partido del próximo jueves en el Medionalum Forum de Milán.
Un simple ramalazo de pasión le bastó al cuadro baskonista para destrozar el choque a las primeras de cambio. El parcial de 12-0 que se instaló en el marcador antes de llegar al ecuador del primer acto se convirtió en el epitafio de un duelo sin historia y en el que los músculos doloridos encontraron un bálsamo terapéutico. También hubo consuelo para las almas y cierta paz para las mentes, sumidas como estaban todavía en el recuerdo de la pifia del viernes y las consecuencias que puede tener en un futuro no muy lejano.
Las facilidades que ofreció el Joventut, equipo tierno y con muchas carencias en defensa, ahorraron angustias a la afición vitoriana. Salva Maldonado, consciente de la pésima puesta en escena de sus pupilos, no dudó a la hora de variar el rumbo del encuentro y sentar de una tacada al quinteto inicial por otros cinco jugadores del banquillo. El cambio, que buscaba cambiar el ritmo de un partido en el que el Caja Laboral había podido gozar jugando a campo abierto, por momentos dio la impresión de que podía llegar a tener su efecto. Pero se quedó en un mero espejismo. La Penya no tuvo en ningún momento nada que hacer en un encuentro en el que Ivanovic pudo permitirse incluso el lujo de conceder ciertas dosis de descanso a algunas de sus piezas más importantes.
El montenegrino, consciente de la trascedencia de la cita del jueves dosificó a jugadores como Nocioni, o Lampe, a pesar de que no pudo contar con Nemanja Bjelica –baja de última hora por unos problemas gástricos– y la rotación interior volvió a verse reducida a la mínima expresión. No importó demasiado. El argentino y el polaco se bastaron para sacar de la pintura a los endebles postes del Joventut en los minutos que le sirvieron al cuadro azulgrana para establecer la ventaja que le permitiría navegar con calma durante el resto del envite.
Bien dirigido por un Heurtel intermitente pero cada vez más asentado en su papel, con más confianza, el nuevo Caja Laboral aprovechó la coyuntura para seguir creciendo y conceder un espacio para el lucimiento a algunos jugadores que hasta la fecha seguían generando algunas dudas respecto a su papel en la película. Fabien Causeur y Carlos Cabezas supieron cazar al vuelo el guante que les lanzaban. El escolta galo, histérico en los primeros duelos oficiales, muy por debajo del nivel exhibido en los encuentros de preparación, entró en el quinteto inicial y presumió de piernas para rematar las transiciones, de manos para la defensa y sobre todo de intensidad. El malagueño, que no acababa de pillar el punto de lo que le pedía el técnico, cuajó su mejor partido con la elástica azulgrana.
Cabezas fue al fin Cabezas. O al menos una versión mucho más próxima al umbral de su talento de lo que se había visto hasta el momento. Dirigió, elevó las ventajas con una dirección que por momentos permitió detectar algo de fluidez en los ataques estáticos y, por encima de todo eso, reclamó su derecho a ser considerado como una de las posibles armas ofensivas del equipo con sus penetraciones y sus lanzamientos de larga distancia.
No fue el único que gozó de más crédito del habitual desde el banquillo. Ya con todo decidido (el último cuarto arrancó con un resultado de 72-54) Ivanovic decidió aprovechar el partido como banco de pruebas para testar la evolución de Milko Bjelica. El poste montenegrino progresa, pero sigue muy lejos de su mejor nivel. Y eso es un problema grave para un equipo que sigue desangrándose por su debilidad en el rebote y su falta de pívots.
Ante equipos de un nivel inferior no resulta tan traumático, pero en los duelos ante los grandes rivales, ante los gallos a los que se quiere mirara a los ojos, puede resultar dramático. Con tres días de margen para preparar un partido en el que se puede jugar gran parte de la temporada, el Caja Laboral puede olvidarse de la ACB, al menos hasta el fin de semana. El Joventut llegó cargado de tiritas a Vitoria. Las baterías de la autoestima se han recargado de cara al duelo de Milán.
Caja Laboral: (24+23+25+20): Heurtel (2), Causeur (13), San Emeterio (14), Nocioni (11), Lampe (14) -cinco inicial-, Cabezas (12), Oleson (14), Milko Bjelica (9) y Sonseca (3).
FIATC Joventut: (15+23+17+21): Fisher (7), Quezada (9), Tomàs (4), Llovet (9), Kuzmic (6) -cinco inicial-, Oliver (9), Savane (8), Gaffney (16), Ehambe (8) y Ventura.
Árbitros: Conde, Araña, Soto. Señalaron técnica a Nocioni (m.26). Eliminado Sonseca (m.34).
Incidencias: Cuarta jornada de la Liga Endesa disputada en el Buesa Arena de Vitoria ante 9.086 espectadores.
Existe un abismo entre la Euroliga y la ACB. Con apenas dos días de margen, así ha quedado constatado en el Buesa Arena. El mismo Caja Laboral que sigue trabajando para alcanzar el nivel que le permita seguir vivo en la máxima competición continental se encuentra capacitado para despachar sin apenas quebranto envites del torneo doméstico como el que ayer le tocó disputar ante el Joventut. El equipo azulgrana aprovechó la visita del histórico conjunto verdinegro para darse un baño de autoestima y cargar las reservas de confianza de cara al fundamental partido del próximo jueves en el Medionalum Forum de Milán.
Un simple ramalazo de pasión le bastó al cuadro baskonista para destrozar el choque a las primeras de cambio. El parcial de 12-0 que se instaló en el marcador antes de llegar al ecuador del primer acto se convirtió en el epitafio de un duelo sin historia y en el que los músculos doloridos encontraron un bálsamo terapéutico. También hubo consuelo para las almas y cierta paz para las mentes, sumidas como estaban todavía en el recuerdo de la pifia del viernes y las consecuencias que puede tener en un futuro no muy lejano.
Las facilidades que ofreció el Joventut, equipo tierno y con muchas carencias en defensa, ahorraron angustias a la afición vitoriana. Salva Maldonado, consciente de la pésima puesta en escena de sus pupilos, no dudó a la hora de variar el rumbo del encuentro y sentar de una tacada al quinteto inicial por otros cinco jugadores del banquillo. El cambio, que buscaba cambiar el ritmo de un partido en el que el Caja Laboral había podido gozar jugando a campo abierto, por momentos dio la impresión de que podía llegar a tener su efecto. Pero se quedó en un mero espejismo. La Penya no tuvo en ningún momento nada que hacer en un encuentro en el que Ivanovic pudo permitirse incluso el lujo de conceder ciertas dosis de descanso a algunas de sus piezas más importantes.
El montenegrino, consciente de la trascedencia de la cita del jueves dosificó a jugadores como Nocioni, o Lampe, a pesar de que no pudo contar con Nemanja Bjelica –baja de última hora por unos problemas gástricos– y la rotación interior volvió a verse reducida a la mínima expresión. No importó demasiado. El argentino y el polaco se bastaron para sacar de la pintura a los endebles postes del Joventut en los minutos que le sirvieron al cuadro azulgrana para establecer la ventaja que le permitiría navegar con calma durante el resto del envite.
Bien dirigido por un Heurtel intermitente pero cada vez más asentado en su papel, con más confianza, el nuevo Caja Laboral aprovechó la coyuntura para seguir creciendo y conceder un espacio para el lucimiento a algunos jugadores que hasta la fecha seguían generando algunas dudas respecto a su papel en la película. Fabien Causeur y Carlos Cabezas supieron cazar al vuelo el guante que les lanzaban. El escolta galo, histérico en los primeros duelos oficiales, muy por debajo del nivel exhibido en los encuentros de preparación, entró en el quinteto inicial y presumió de piernas para rematar las transiciones, de manos para la defensa y sobre todo de intensidad. El malagueño, que no acababa de pillar el punto de lo que le pedía el técnico, cuajó su mejor partido con la elástica azulgrana.
Cabezas fue al fin Cabezas. O al menos una versión mucho más próxima al umbral de su talento de lo que se había visto hasta el momento. Dirigió, elevó las ventajas con una dirección que por momentos permitió detectar algo de fluidez en los ataques estáticos y, por encima de todo eso, reclamó su derecho a ser considerado como una de las posibles armas ofensivas del equipo con sus penetraciones y sus lanzamientos de larga distancia.
No fue el único que gozó de más crédito del habitual desde el banquillo. Ya con todo decidido (el último cuarto arrancó con un resultado de 72-54) Ivanovic decidió aprovechar el partido como banco de pruebas para testar la evolución de Milko Bjelica. El poste montenegrino progresa, pero sigue muy lejos de su mejor nivel. Y eso es un problema grave para un equipo que sigue desangrándose por su debilidad en el rebote y su falta de pívots.
Ante equipos de un nivel inferior no resulta tan traumático, pero en los duelos ante los grandes rivales, ante los gallos a los que se quiere mirara a los ojos, puede resultar dramático. Con tres días de margen para preparar un partido en el que se puede jugar gran parte de la temporada, el Caja Laboral puede olvidarse de la ACB, al menos hasta el fin de semana. El Joventut llegó cargado de tiritas a Vitoria. Las baterías de la autoestima se han recargado de cara al duelo de Milán.
Domingo, 21 de octubre de 2012
92-76
FIATC Joventut: (15+23+17+21): Fisher (7), Quezada (9), Tomàs (4), Llovet (9), Kuzmic (6) -cinco inicial-, Oliver (9), Savane (8), Gaffney (16), Ehambe (8) y Ventura.
Árbitros: Conde, Araña, Soto. Señalaron técnica a Nocioni (m.26). Eliminado Sonseca (m.34).
Incidencias: Cuarta jornada de la Liga Endesa disputada en el Buesa Arena de Vitoria ante 9.086 espectadores.
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8/10/12
Bálsamo para la fe
El Caja Laboral se deshace de un rival muy endeble con una exhibición colectiva de potencial ofensivo
Caja Laboral 90 (30+20+17+23): Heurtel, Oleson (16), Nocioni (14), Bjelica (11), Lampe (14) -cinco inicial-, Cabezas (2), Rochestie (9), San Emeterio (12) y Causeur (12).
Cajasol 70 (13+19+17+21): Satoransky (12), Holland (8), Buckman (9), Asbury (9), Triguero (2),-cinco inicial-, Sastre (3), Tepic (4), Burjanadze (7), Bogdanovic (11) y Balvin (5).
Árbitros: Pérez, Guirao, Martínez. Eliminado Bjelica (min.36), Holland (min.38).
Pabellón: Fernando Buesa Arena. 9.412 espectadores.
El resultado y la placidez con la que se desarrolló el encuentro no pueden, sin embargo, ocultar las carencias y los puntos débiles de un colectivo que debe mejorar mucho en algunos aspectos para aspirar a ser aspirante. De pegada letal en ataque, aunque con evidentes síntomas de debilidad atrás y en el rebote, el Baskonia planteó de nuevo un intercambio de golpes en el que impuso su múltiple y contundente pegada. Hasta seis pupilos de Dusko Ivanovic (Nocioni, San Emeterio, Oleson, Lampe, Nemanja y Causeur) anotaron más de una decena de puntos en un duelo en el que, una vez más, los ataques superaron a las defensas.
El cuadro hispalense besó la lona a las primeras de cambio. El parcial de 15-0 con el que el equipo vitoriano deshizo el 4-4 inicial fijó una renta en el electrónico que resultó definitiva. Una losa para el Cajasol y sus jóvenes jugadores. Ahí se acabó el partido. Lo demás fue relleno. Un espacio para el lucimiento del que la mayor parte de los pupilos de Ivanovic supo sacar partido para recargar sus reservas anímicas.
El retorno de Maciej Lampe mitigó en cierta medida los problemas interiores. El polaco, que debe convertirse en uno de los grandes referentes, se mostró recuperado y entró en dinámica sin aparentes secuelas físicas, pero no resultó aval suficiente para impedir que el Cajasol se impusiera con insultante autoridad en la lucha por el rebote. Los pupilos de Aíto, pese a lo abultado del marcador, escaparon del Buesa Arena con un total de 16 rechaces ofensivos, una barbaridad que en otro contexto y ante un rival de mayor entidad puede convertirse en una condena definitiva.
Nemanja Bjelica y Andrés Nocioni trataron de parchear las ausencias en la pintura. El serbio, talento puro, sufre para frenar a pares más duros en el poste bajo. El argentino, cuyo espíritu granítico parece un homenaje a épocas gloriosas, volvió a ofrecer un demostración de carácter que puede resultar de un valor incalculable de cara a inocular una personalidad más férrea a un plantel que esta misma semana, con dos complicadas salidas a Atenas y Gran Canaria, volverá a someterse a exámenes quizá más fiables que el de la matinal de ayer.
Las mejores noticias que arrojó el encuentro tienen que ver con el paso adelante que dieron algunos jugadores, a los que se les debe exigir que ya no retrocedan. Sigue habiendo dudas en torno a la dirección, porque Ivanovic continúa empeñado en utilizar a Heurtel como obstáculo a salvar para los recién llegados. No parece que esta postura haga ningún favor a nadie. Ni siquiera al francés. Cabezas, sin llegar a alcanzar todavía ni mucho menos su mejor versión, se antoja como el más capacitado para imponer cierto orden a las maniobras ofensivas. Rochestie, un jugón en toda regla, anota más que dirige. Aunque cuando le sueltan cuerda hace cosas que invitan a soñar. Es un jugador diferente y con el tiempo puede aportar cosas muy interesantes al equipo.
También ofreció esa impresión Fabien Causeur, que vivió el debut soñado por cualquier jugador. El exterior galo arrancó algunas de las mayores ovaciones en un partido que con 30 minutos de relleno daba la impresión de estar dispuesto para que más soldados se alistaran a las tropas de Ivanovic. Muchos lo hicieron. Y es una gran noticia. La victoria supuso un bálsamo de fe para un equipo que, más allá de excusas y bajas, debe empezar cuanto antes a ofrecer esa imagen de colectivo serio que se le puede y se le debe exigir.
Caja Laboral 90 (30+20+17+23): Heurtel, Oleson (16), Nocioni (14), Bjelica (11), Lampe (14) -cinco inicial-, Cabezas (2), Rochestie (9), San Emeterio (12) y Causeur (12).
Cajasol 70 (13+19+17+21): Satoransky (12), Holland (8), Buckman (9), Asbury (9), Triguero (2),-cinco inicial-, Sastre (3), Tepic (4), Burjanadze (7), Bogdanovic (11) y Balvin (5).
Árbitros: Pérez, Guirao, Martínez. Eliminado Bjelica (min.36), Holland (min.38).
Pabellón: Fernando Buesa Arena. 9.412 espectadores.
Andaba el nuevo Caja Laboral en busca de un suceso que le devolviera la fe en sus propias posibilidades y lo encontró en su estreno liguero en el Buesa Arena. El cuadro azulgrana se aprovechó de la visita de un Cajasol paupérrimo, verde hasta el extremo, y se dio un festín necesario para recobrar la confianza y crecer sin lastres antes de afrontar citas de mayor exigencia. La victoria de ayer puede tener efectos balsámicos. Sin estridencias y con todos los atenuantes que exige el hecho de medirse a un rival demasiado endeble, con mucho margen de mejora pero de un nivel inaceptable hoy por hoy, los pupilos de Dusko Ivanovic encontraron motivos para creer y hacer creer a una afición que podía albergar muchas dudas tras la pésima puesta en escena de Zaragoza.
El resultado y la placidez con la que se desarrolló el encuentro no pueden, sin embargo, ocultar las carencias y los puntos débiles de un colectivo que debe mejorar mucho en algunos aspectos para aspirar a ser aspirante. De pegada letal en ataque, aunque con evidentes síntomas de debilidad atrás y en el rebote, el Baskonia planteó de nuevo un intercambio de golpes en el que impuso su múltiple y contundente pegada. Hasta seis pupilos de Dusko Ivanovic (Nocioni, San Emeterio, Oleson, Lampe, Nemanja y Causeur) anotaron más de una decena de puntos en un duelo en el que, una vez más, los ataques superaron a las defensas.
El cuadro hispalense besó la lona a las primeras de cambio. El parcial de 15-0 con el que el equipo vitoriano deshizo el 4-4 inicial fijó una renta en el electrónico que resultó definitiva. Una losa para el Cajasol y sus jóvenes jugadores. Ahí se acabó el partido. Lo demás fue relleno. Un espacio para el lucimiento del que la mayor parte de los pupilos de Ivanovic supo sacar partido para recargar sus reservas anímicas.
Problemas en defensa y el rebote
El retorno de Maciej Lampe mitigó en cierta medida los problemas interiores. El polaco, que debe convertirse en uno de los grandes referentes, se mostró recuperado y entró en dinámica sin aparentes secuelas físicas, pero no resultó aval suficiente para impedir que el Cajasol se impusiera con insultante autoridad en la lucha por el rebote. Los pupilos de Aíto, pese a lo abultado del marcador, escaparon del Buesa Arena con un total de 16 rechaces ofensivos, una barbaridad que en otro contexto y ante un rival de mayor entidad puede convertirse en una condena definitiva.
Nemanja Bjelica y Andrés Nocioni trataron de parchear las ausencias en la pintura. El serbio, talento puro, sufre para frenar a pares más duros en el poste bajo. El argentino, cuyo espíritu granítico parece un homenaje a épocas gloriosas, volvió a ofrecer un demostración de carácter que puede resultar de un valor incalculable de cara a inocular una personalidad más férrea a un plantel que esta misma semana, con dos complicadas salidas a Atenas y Gran Canaria, volverá a someterse a exámenes quizá más fiables que el de la matinal de ayer.
Las mejores noticias que arrojó el encuentro tienen que ver con el paso adelante que dieron algunos jugadores, a los que se les debe exigir que ya no retrocedan. Sigue habiendo dudas en torno a la dirección, porque Ivanovic continúa empeñado en utilizar a Heurtel como obstáculo a salvar para los recién llegados. No parece que esta postura haga ningún favor a nadie. Ni siquiera al francés. Cabezas, sin llegar a alcanzar todavía ni mucho menos su mejor versión, se antoja como el más capacitado para imponer cierto orden a las maniobras ofensivas. Rochestie, un jugón en toda regla, anota más que dirige. Aunque cuando le sueltan cuerda hace cosas que invitan a soñar. Es un jugador diferente y con el tiempo puede aportar cosas muy interesantes al equipo.
También ofreció esa impresión Fabien Causeur, que vivió el debut soñado por cualquier jugador. El exterior galo arrancó algunas de las mayores ovaciones en un partido que con 30 minutos de relleno daba la impresión de estar dispuesto para que más soldados se alistaran a las tropas de Ivanovic. Muchos lo hicieron. Y es una gran noticia. La victoria supuso un bálsamo de fe para un equipo que, más allá de excusas y bajas, debe empezar cuanto antes a ofrecer esa imagen de colectivo serio que se le puede y se le debe exigir.
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25/8/11
El blues del guerrero
El retorno de Pablo Prigioni al Baskonia ha generado mucha controversia por las enemistades que se ganó entre los aficionados vitorianos tras su salida al Madrid, pero su fichaje no debe valorarse en términos emocionales. ¿Resulta una operación acertada desde el punto de vista deportivo?
Y es que si una cosa tengo clara es que las numerosas reacciones de disgusto que ayer percibí en Vitoria con respecto al regreso del base de Río Tercero no vienen sólo motivadas por el mayor o menor desapego que ha podido adquirir cierto sector de la grada hacia él. El divorcio existe, es evidente, pero la afición del Baskonia es madura hasta el extremo, no enjuicia a ningún jugador que se enfunde la elástica azulgrana por unas declaraciones pretéritas ni por su asumido papel de enemigo número uno del Buesa Arena. Sería un error.
Amado y odiado
La reconciliación entre Prigioni, que en su día fue uno de los niños mimados de la parroquia baskonista, llegará. Intuyo que se escenificará con una disculpa, una matización o una confesión de amor incondicional a los colores, que no tiene en absoluto por qué ser falsa, pero estoy convencido de que quedará ratificada de manera definitiva sobre la cancha. Porque Prigioni puede ser muchas cosas, pero jamás se ha revelado como un cobarde, como un jugador proclive a esconderse en los momentos en los que hay que dar la cara. Por eso se le quiso tanto. Por eso dolió tanto su marcha. Por eso se le odió (¿odia?) tanto en la capital alavesa. Pertenece a esa clase de jugadores que amas cuando visten tus colores y odias cuando visten los del enemigo. Es como Reyes, como Navarro, como Salva Díez, como Djordjevic, como Hervelle... Con este tipo de jugadores no existe término medio.
No quiero decir con esto que justifique o defienda en absoluto los modos de proceder que escogió cuando quiso forzar su salida del equipo vitoriano ni sus desprecios hacia la afición del Buesa Arena, a la que llegó a tildar de "mediocre". Es algo indefendible. Lo que quiero decir es que estoy convencido de que de aquí a unos meses, en pleno frenesí competitivo, la gran mayoría de la afición habrá olvidado aquellos episodios y lo juzgará por el nivel de implicación que exhiba para con los colores que volverá a defender. Y sobre eso no tengo dudas. Queda escrito. Pero volveremos a hablar de ello cuando la temporada comience a madurar. Las dudas que me asaltan personalmente tienen más carácter deportivo que diplomático. ¿Está capacitado Prigioni, a sus 34 años, para soportar el peso de un equipo completamente renovado, en su enésima transición, con unas inquietantes dosis de juventud y riesgo en la apuesta? No lo veo nada claro.
Las dos temporadas que ha completado en el Real Madrid, adonde se fue en busca de títulos y regresa de vacío, han sacado a relucir la faceta menos lustrosa de un jugador que ha ido perdiendo brillo hasta el punto de que ahora su fichaje se considera con excesivas reticencias entre los aficionados del Baskonia. Puede analizarse en números, que son fríos pero orientativos. A las órdenes de Ettore Messina y Lele Molin su producción estadística se ha visto reducida notablemente. Su último ejercicio con la elástica del hoy Caja Laboral resultó soberbio. Lo cerró con unas medias de 9,2 puntos, 5 asistencias y más de 12 de valoración por cita. La última campaña, en la que medió una lesión y un cúmulo de circunstancias extradeportivas que incluyeron la espantada del laureado entrenador italiano, sus registros fueron mucho más discretos: 5,9 puntos, 3,8 asistencias y 9,36 de valoración. Sin embargo, ha convivido con demasiados condicionantes en el equipo blanco como para establecer una comparación a pelo. Eso es verdad, no puede negarse. Como tampoco que se marchó con 32 años, como un jugador muy maduro, con cierto recorrido aún, y regresa con 34, un contrato de un año y muchas incógnitas sobre su capacidad para sostener un peso tan grande como el que le aguarda sobre sus espaldas.
Trato de plasmar las dudas, los aspectos negativos y positivos de su vuelta, y me cuesta convencerme en uno u otro sentido. En definitiva, es lo que hay. La decisión está tomada. En apenas dos días Josean Querejeta ha despejado dos de las incógnitas que restaban para ponerle nombre y apellidos al proyecto con el que se pretende recobrar la competitividad que el pasado curso faltó. Lo que me queda claro es que, por un lado, el timonel argentino va a encontrar en su nuevo -que a la vez es antiguo- equipo todas las condiciones que requiere para ofrecer su mejor juego, las que no pudo encontrar en Madrid. Conoce el equipo, la ciudad, a algunos de sus compañeros y, sobre todo, a un entrenador que tiene confianza en él. Por otro lado, no puedo negarlo, me genera cierta incertidumbre el efecto que en un jugador de su edad hayan podido tener dos ejercicios tan extraños, en un equipo sumido en la convulsión y que ha sido capaz tanto de colarse en la Final Four de una Euroliga como de quedarse fuera de las dos últimas finales de la ACB, pese a su presupuesto.
Una apuesta arriesgada
El Pablo Prigioni que abandonó Vitoria en el verano de 2009 era, y entonces no había duda, el mejor base de la competición. Su inclusión en el quinteto ideal de la ACB le permitió al equipo vitoriano, en sus últimos coletazos como TAU, obtener jugosos beneficios por un tipo que tenía un excelente cartel. Ahora, lo recuerdo, llega gratis. Así que la operación, si rinde, puede considerarse como un nuevo éxito de gestión para los rectores baskonistas. Aunque en este el caso la apuesta brota de la necesidad. Prigioni no ha sido la primera opción para acompañar a Heurtel que ha manejado la dirección deportiva. Tampoco Reggie Williams, el francotirador de Virginia, lo era para el puesto de dos. Pero la crisis ha pesado mucho. Y el club de Zurbano se ha visto obligado a tratar de hacer de nuevo de la necesidad virtud. Salvo Heurtel, por el que el Baskonia ha tenido que pagar traspaso, el resto de las incorporaciones han llegado libres.
Prigioni, incombustible guerrero, pendenciero de parqué, se encuentra convocado con la selección argentina, sobrada de experiencia, para preparar el Preolímpico que se disputará en Mar de Plata. El club tiene unas semanas por delante para gestionar las reacciones, para canalizar las ansias que existían entre los aficionados por conocer la composición definitiva de la plantilla. A falta de la llegada del cuarto jugador interior y con la incógnita de Oleson, ya está todo el pescado vendido. Me deja cierta resaca triste el hecho de que el mismo día en el que se desvela la identidad del jugador que dirigirá las operaciones y el destino del futuro proyect9o baskonista se hayan escuchado tantas críticas y escenificado tantas muestras de desánimo.
Se recibe en tono de blues a un hombre en el que Ivanovic (su decisión ha pesado mucho en el fichaje) tiene depositada plena confianza. Las dudas sobre su implicación las barrerá el tiempo. Prigioni ha arrimado el hombro, durante seis años, para hacer del Baskonia un equipo grande. EL Baskonia, a su vez, ha hecho de Prigioni lo que es. No deberían surgir temores en esa dirección. Las dudas sobre su rendimiento, así como sobre el éxito del bloque que ya estáprácticamente armado resultan inevitables. En su mano y en la del resto del plantel está ahora devolver la fe a una afición que siempre ha creído en los milagros. ¿Existen, no?
17/8/11
Prisa mata
Dicen los turistas que han cruzado el Estrecho y han destinado unos días a conocer Marruecos que existe una frase que podría sintetitzar la idiosincraia de un pueblo. "Prisa mata", suelen dirigirse al viajero. "Prisa mata, amigo", repiten cuando algún cliente alienta al empleado de un hotel o un camarero. Vitoria queda muy lejos de Rabat o Casablanca, desde luego. Pero la calma con la que los marroquíes afrontan su existencia parece haberse apoderado de los responsables de operaciones del Baskonia, que siguen sin perfilar la composición definitiva de la plantilla con la que Dusko Ivanovic encarará el próximo ejercicio.
Mientras el resto de rivales, tanto en el ámbito doméstico como los que se encontrará en su travesía por la Euroliga, hacen los deberes con puntualidad, el Caja Laboral mantiene varias incógnitas abiertas a falta de sólo unos días para el arranque oficial de la pretemporada, fijado para este próximo lunes. Con dos vacantes evidentes, una en el puesto de base y otra en la nómina de interiores, y varios asuntos pendientes en el puesto de dos, el nerviosismo ha comenzado a hacerse un hueco entre los aficionados baskonistas. ¿Será capaz Josean Querejeta de volver a armar un bloque sólido, competitivo, a pesar de las dificultades que muestra el mercado y de las operaciones de venta que ha acometido desde que acabo la temporada? Ahora mismo albergo las mismas dudas que el resto de los fieles que acuden puntualmente al Buesa Arena. Y mis miedos se acrecientan cuando echo un vistazo a los movimientos de los equipos que, se supone, se convertirán en los grandes rivales del conjunto azulgrana cuando la competición se ponga en marcha. Ahora bien, si en las oficinas del Baskonia, ahora en su exilio de Salburua, se muestran tranquilos, la historia aconseja conceder el beneficio de la duda y asumir este pausado modo de proceder. Ya se sabe, prisa mata.
Cuatro y el del tambor
Lo único claro a día de hoy es que el arranque de la pretemporada, como ya ha sucedido otros años, va a ofrecer una imagen casi cómica. A la vista de las plazas que quedan por cubrir y de los compromisos de buena parte de la plantilla con las selecciones nacionales, Ivanovic y los preparadores físicos apenas contarán con cuatro jugadores para realizar las temidas y poco gratificantes primeras jornadas de trabajo muscular y puesta a punto. Serían cinco de no ser porque Logan, que en breve debería ser confirmado como nuevo jugador del Panathinaikos, está haciendo lo imposible para evitarse estar de nuevo a las órdenes del preparador montenegrino, con quien -según sus declaraciones públicas a través del twitter- no debía de encontrarse demasiado a gusto. Es precisamente esta operación, la venta del escolta norteamericano con pasaporte polaco, la que está dilatando el resto de movimientos, que deberían ir encaminados a la contratación de un base titular, un segundo center y, tanto en el caso de que se marche Oleson (como todo apunta ahora mismo) como que se quede, un escolta anotador que desempeñe el papel que en las dos últimas campañas nadie ha sabido ejercer en el equipo vitoriano.
La habitual discreción con la que se maneja la directiva del Caja Laboral se ha visto intensificada hasta límites extremos este verano. Y eso ha propiciado que se multiplicaran los rumores en torno a la identidad de los hombres que podrían recalar en Vitoria a lo largo de las próximas semanas. En realidad, muchos de estos rumores tenían fundamento. La dirección deportiva del Baskonia tiene por costumbre tantear la situación salarial y contractual de una elevada cantidad de candidatos antes de decantarse. Y esta vez, con tantas necesidades abiertas, la actividad ha resultado frenética. En cualquier caso, impera la calma, más tensa entre los aficionados que entre los encargados de realizar los fichajes.
Ya digo que el tema de Logan puede resultar capital. Querejeta ha tasado al jugador en 200.000 euros, una cantidad que, por el momento, el PAO se niega a desembolsar. En las conversaciones han surgido varias posibilidades de canje. Los hermanos Giannakopoulos, que quieren ajustar el presupuesto, pusieron sobre la mesa a Milenko Tepic, un exterior que puede actuar como base, escolta y alero, pero que no ha podido confirmar en Grecia las excelentes maneras que apuntaba en el Partizan. Habrá que ver hasta qué punto influido por su habitual dureza negociadora o porque el jugador en cuestión no convence, el Baskonia propuso otro nombre para el intercambio: Nick Calathes, un base muy completo, con mucho futuro, pero cuyo fichaje ahora mismo plantea demasiadas trabas, seguramente insalvables. Para empezar, el jugador estadounidense, que cuenta con pasaporte griego, sólo dispone de cláusula de rescisión para la NBA. Cualquier movimiento que implicase su salida con rumbo a un equipo europeo supondría tener que negociar con el Panathinaikos. Y no saldría barato. En primer lugar porque Zeljko Obradovic cuenta con él. Además, el club heleno ha incorporado esta temporada a la plantilla a su hermano Pat, por lo que resultaría cuanto menos curioso que el propio Calathes rehuyera la opción de poder compartir vestuario y vida junto a él en Atenas.
Una puerta entreabierta y últimos recursos
A partir de ahí, siempre sin prisa pero sin pausa, han surgido más candidatos a ocupar la plaza de director de juego que ha quedado libre tras la marcha definitiva de Marcelinho al Barça. Marko Popovic ha estado siempre bien colocado en esa carrera. El agente del jugador ha mantenido conversaciones con la directiva baskonsta, pero no han llegado a concretarse y en la prensa de croacia ya se habla de la posibilidad de que se marche al Zalgiris. Popovic, libre, no ha acabado de convencer. Pero las limitaciones del mercado, sobre todo en un puesto tan específico, de escasas opciones, ha obligado a los rectores baskonistas a mantener la puerta entreabierta. Lo mismo ha sucedido con un viejo conocido de la afición azulgrana. Pablo Prigioni, tan amado durante su militancia en el antiguo TAU como odiado por sus declaraciones al abandonar Vitoria, se ha dejado querer. Desde el club se ha insistido en que jamás ha sido una alternativa considerada, pero mientras siga sin equipo, teniendo en cuenta la comunión que mantuvo con Ivanovic, hay quien insiste en que puede convertirse en un último recurso.
La búsqueda del segundo cinco parece más condicionada al resto de movimientos. Cuando se resuelva la marcha de Logan, queda pendiente también la resolución del asunto del escolta que competirá por minutos con Pau Ribas. Y aquí también impera la calma, se sabe que la prisa mata. El gran objeto de deseo era el jugador del Khimkhi Keith Langford, pero las pretensiones económicas del conjunto moscovita han complicado en demasía la operación. Así que se abre una nueva ventana a la rumorología. El último en aparecer, en una web griega, ha sido el ganador del concurso de triples de la NBA de 2009, Daquean Cook, un gran tirador que, a priori, no parece encajar con el perfil de dos anotador y completo que se busca. Lo que resulta evidente es que, salvo sorpresa, el de un dos será el tercer fichaje que realizará este verano el equipo gasteiztarra. Más aún si, como todo apunta, Brad Oleson acaba marchándose. El Valencia está muy interesado en hacerse con sus servicios para completar un perímetro de gran nivel con Rafa Martínez, De Colo y Víctor Claver, aunque el equipo de Paco Olmos no parece por la labor de querer abonar un traspaso, así que de nuevo el marrón queda en manos del jugador, que pare seguir en Vitoria debería aceptar la notable rebaja en el sueldo que Josean Querejeta trasladó a su representante y a la cual aún no ha respondido.
Ya habrá tiempo de entrar más en detalle, porque los próximos días se presentan movidos y no quiero extenderme más. Los temores del baskonismo, que estos días sigue atento a las evoluciones de las obras de adaptación de la plaza de toros que servirá de cobijo temporal al equipo hasta enero, contrastan con la paciencia que impera en el seno del club. La prisa mata, ya lo dicen en Marruecos, pero también hemos oído mil veces eso de que a quien madruga Dios le ayuda. Y el resto ha hecho ya los deberes. Veremos hasta qué punto el talento del estudiante avispado le basta para equilibrar a última hora la previsión que otros han mostrado en estas semanas de estío. En un próximo post analizaremos las plantillas de los rivales. Algunas tienen muy buena pinta.
Cuatro y el del tambor
Lo único claro a día de hoy es que el arranque de la pretemporada, como ya ha sucedido otros años, va a ofrecer una imagen casi cómica. A la vista de las plazas que quedan por cubrir y de los compromisos de buena parte de la plantilla con las selecciones nacionales, Ivanovic y los preparadores físicos apenas contarán con cuatro jugadores para realizar las temidas y poco gratificantes primeras jornadas de trabajo muscular y puesta a punto. Serían cinco de no ser porque Logan, que en breve debería ser confirmado como nuevo jugador del Panathinaikos, está haciendo lo imposible para evitarse estar de nuevo a las órdenes del preparador montenegrino, con quien -según sus declaraciones públicas a través del twitter- no debía de encontrarse demasiado a gusto. Es precisamente esta operación, la venta del escolta norteamericano con pasaporte polaco, la que está dilatando el resto de movimientos, que deberían ir encaminados a la contratación de un base titular, un segundo center y, tanto en el caso de que se marche Oleson (como todo apunta ahora mismo) como que se quede, un escolta anotador que desempeñe el papel que en las dos últimas campañas nadie ha sabido ejercer en el equipo vitoriano.
La habitual discreción con la que se maneja la directiva del Caja Laboral se ha visto intensificada hasta límites extremos este verano. Y eso ha propiciado que se multiplicaran los rumores en torno a la identidad de los hombres que podrían recalar en Vitoria a lo largo de las próximas semanas. En realidad, muchos de estos rumores tenían fundamento. La dirección deportiva del Baskonia tiene por costumbre tantear la situación salarial y contractual de una elevada cantidad de candidatos antes de decantarse. Y esta vez, con tantas necesidades abiertas, la actividad ha resultado frenética. En cualquier caso, impera la calma, más tensa entre los aficionados que entre los encargados de realizar los fichajes.
Ya digo que el tema de Logan puede resultar capital. Querejeta ha tasado al jugador en 200.000 euros, una cantidad que, por el momento, el PAO se niega a desembolsar. En las conversaciones han surgido varias posibilidades de canje. Los hermanos Giannakopoulos, que quieren ajustar el presupuesto, pusieron sobre la mesa a Milenko Tepic, un exterior que puede actuar como base, escolta y alero, pero que no ha podido confirmar en Grecia las excelentes maneras que apuntaba en el Partizan. Habrá que ver hasta qué punto influido por su habitual dureza negociadora o porque el jugador en cuestión no convence, el Baskonia propuso otro nombre para el intercambio: Nick Calathes, un base muy completo, con mucho futuro, pero cuyo fichaje ahora mismo plantea demasiadas trabas, seguramente insalvables. Para empezar, el jugador estadounidense, que cuenta con pasaporte griego, sólo dispone de cláusula de rescisión para la NBA. Cualquier movimiento que implicase su salida con rumbo a un equipo europeo supondría tener que negociar con el Panathinaikos. Y no saldría barato. En primer lugar porque Zeljko Obradovic cuenta con él. Además, el club heleno ha incorporado esta temporada a la plantilla a su hermano Pat, por lo que resultaría cuanto menos curioso que el propio Calathes rehuyera la opción de poder compartir vestuario y vida junto a él en Atenas.
Una puerta entreabierta y últimos recursos
A partir de ahí, siempre sin prisa pero sin pausa, han surgido más candidatos a ocupar la plaza de director de juego que ha quedado libre tras la marcha definitiva de Marcelinho al Barça. Marko Popovic ha estado siempre bien colocado en esa carrera. El agente del jugador ha mantenido conversaciones con la directiva baskonsta, pero no han llegado a concretarse y en la prensa de croacia ya se habla de la posibilidad de que se marche al Zalgiris. Popovic, libre, no ha acabado de convencer. Pero las limitaciones del mercado, sobre todo en un puesto tan específico, de escasas opciones, ha obligado a los rectores baskonistas a mantener la puerta entreabierta. Lo mismo ha sucedido con un viejo conocido de la afición azulgrana. Pablo Prigioni, tan amado durante su militancia en el antiguo TAU como odiado por sus declaraciones al abandonar Vitoria, se ha dejado querer. Desde el club se ha insistido en que jamás ha sido una alternativa considerada, pero mientras siga sin equipo, teniendo en cuenta la comunión que mantuvo con Ivanovic, hay quien insiste en que puede convertirse en un último recurso.
La búsqueda del segundo cinco parece más condicionada al resto de movimientos. Cuando se resuelva la marcha de Logan, queda pendiente también la resolución del asunto del escolta que competirá por minutos con Pau Ribas. Y aquí también impera la calma, se sabe que la prisa mata. El gran objeto de deseo era el jugador del Khimkhi Keith Langford, pero las pretensiones económicas del conjunto moscovita han complicado en demasía la operación. Así que se abre una nueva ventana a la rumorología. El último en aparecer, en una web griega, ha sido el ganador del concurso de triples de la NBA de 2009, Daquean Cook, un gran tirador que, a priori, no parece encajar con el perfil de dos anotador y completo que se busca. Lo que resulta evidente es que, salvo sorpresa, el de un dos será el tercer fichaje que realizará este verano el equipo gasteiztarra. Más aún si, como todo apunta, Brad Oleson acaba marchándose. El Valencia está muy interesado en hacerse con sus servicios para completar un perímetro de gran nivel con Rafa Martínez, De Colo y Víctor Claver, aunque el equipo de Paco Olmos no parece por la labor de querer abonar un traspaso, así que de nuevo el marrón queda en manos del jugador, que pare seguir en Vitoria debería aceptar la notable rebaja en el sueldo que Josean Querejeta trasladó a su representante y a la cual aún no ha respondido.
Ya habrá tiempo de entrar más en detalle, porque los próximos días se presentan movidos y no quiero extenderme más. Los temores del baskonismo, que estos días sigue atento a las evoluciones de las obras de adaptación de la plaza de toros que servirá de cobijo temporal al equipo hasta enero, contrastan con la paciencia que impera en el seno del club. La prisa mata, ya lo dicen en Marruecos, pero también hemos oído mil veces eso de que a quien madruga Dios le ayuda. Y el resto ha hecho ya los deberes. Veremos hasta qué punto el talento del estudiante avispado le basta para equilibrar a última hora la previsión que otros han mostrado en estas semanas de estío. En un próximo post analizaremos las plantillas de los rivales. Algunas tienen muy buena pinta.
14/7/11
Baloncesto de dos velocidades
He asistido en los últimos días, en un inicio de vacaciones en el que he desconectado menos de lo debido, a un de nuevo enardecido debate en torno a la transformación que va a sufrir -o debería- la ACB tras el golpe de estado impulsado por los clubes para dar un giro de timón que rescate al baloncesto español de lo que parece una muerte segura. Y me duele reiterar que pocos son participantes de este foro abierto, en redes sociales y prensa, que se centran en los numerosos aspectos que deben cambiar para que este deporte recobre el interés que por unos u otros aspectos ha perdido con los años. Insisto en que el tema de los cupos, el marco de contratación, debe entenderse como un aspecto residual dentro del amplio catálogo de reformas pendientes. Se trata, ante todo, de dotar de atractivo a una competición que ha caído en el olvido para el gran público, de apostar de una vez por todas por el torneo, algo que, me temo, queda en un segundo plano para algunos de los padres de la rebelión. La noticia de que la Supercopa puede volver a celebrarse en Vitoria por segundo año consecutivo, una decisión que parece encaminada a garantizar la participación de un Caja Laboral que perdió sobre las canchas esta posibilidad, me ha llenado de perplejidad y, de algún modo, también de cierta preocupación.
Es evidente que como vitoriano y baskonista, aún más como periodista que cubre la información del conjunto alavés, acojo la noticia con un complacido egoísmo, pero al mismo tiempo como una triste confirmación de que algo falla en el sistema de competición y en la manera de aplicarlo para que al final siempre sean los mismos los que gozan de todas las opciones de título. Recuerdo el post que escribí cuando el cuadro azulgrana (que el próximo año volverá a lucir sus colores en la nueva camiseta) cayó eliminado en las semifinales de la ACB (Maneras de morir). Le he echado un ojo y he constatado dos cosas: que no me equivocaba al señalar que el Baskonia se desprendería de algunas piezas importantes durante el presente verano y que todos dábamos por hecho que se quedaría sin disputar la Supercopa por primera vez desde que se creó el torneo. Así se escribió en prensa, se dijo en radios y teles y se asumió en la calle. Sin embargo, ahora todo apunta a que Vitoria, a pesar de las obras de remodelación que mantendrán al equipo de Dusko Ivanovic en el exilio del multiusos de la plaza de toros hasta enero, será la sede por segundo año consecutivo. Algo inédito e inaudito, porque jamás se ha repetido sede y por el hecho de que, aunque vaya contra mis propios intereses, arroja la sospecha de que los grandes acaban siempre hallando resquicios legales a sus propias normas para acabar repartiéndose los trofeos.
La Supercopa nunca ha repetido sede
¿Por qué dimos todos por hecho que el monarca de la Supercopa se iba a quedar fuera del torneo? Porque con la normativa de la competición en la mano no existía más que una opción para que lo disputara. La única que quedaba al margen de los estrictos parámetros derivados de los resultados deportivos pasaba por que Vitoria acogiese el torneo y el Baskonia entrara en el mismo como anfitrión. Pero convergían dos circunstancias que invitaban a dar por descartada esta opción. Por un lado, la habitual rotación de los escenarios en los que se celebra el torneo, que como he dicho antes jamás ha tenido lugar dos veces seguidas en una misma ciudad. Desde que se estrenó la Supercopa, en 2004, seis ciudades han servido como sede. el Martín Carpena, primer escenario, acogió también la edición de 2006. Al margen de Málaga, también Granada (2005), Bilbao (2007), Zaragoza (2008), Las Palmas (2009) y Vitoria, el pasado año, han albergado una competición que sólo ha conocido dos campeones, Barça y Baskonia, y en la que el conjunto vitoriano se ha revelado como el gran dominador, puesto que fue capaz de adjudicársela en cuatro ocasiones consecutivas. Ha sido, además, el único equipo que jamás ha faltado a la cita. Y por lo que parece, mantendrá esta condición, a pesar de que todos los factores apuntaban todo lo contrario.
Y es que no es sólo el hecho de que la ACB parecía dispuesta a evitar la repetición de escenario el único motivo que invitaba a preconizar que la competición oficial comenzaría para los pupilos de Dusko Ivanovic más tarde de lo acostumbrado. Existe otro factor de peso. El Buesa Arena se encuentra ahora mismo patas arriba. El pabellón de Zurbano está en pleno proceso de ampliación, en una faraónica intervención que transformará sus 9.800 localidades en 15.000, y son muchas las dudas que ha generado en la capital alavesa el recinto escogido para cobijar al cuadro azulgrana durante los todavía seis meses de exilio que le quedan por delante. El Baskonia disputará sus partidos en la moderna plaza de toros que, bajo el mandato del popular Alfonso Alonso y en el marco de una operación urbanística bastante cuestionada, se erigió como multiusos (el único uso que se le da es acoger las corridas que celebran durante las fiestas de La Blanca, en agosto) en una céntrica zona de la ciudad. Se trata de un recinto provisional, parcheado, en el que las instituciones están invirtiendo contrarreloj para que cumpla las mínimas condiciones exigidas para la celebración de partidos de baloncesto. Un proyecto que, por cierto, se ha tardado más de la cuenta en acometer y ahora, valga la paradoja, algunos piensan que les puede pillar el toro.
En este contexto, con la confluencia de dos factores a priori con tanto peso, resulta cuanto menos extraño que el Baskonia vaya a disputar la Supercopa. Pero si tuviera que poner dinero, y aunque aún no hay nada oficial, apostaría a que lo hará. Y eso me deja un extraño sabor de boca. Agridulce, como digo, porque me satisfaría que pudiera tener opciones de hacerse con el primer título de la temporada venidera pero también porque me arroja la sensación de que la concentración de poder que rige los designios del baloncesto español, y que debe definir el futuro próximo de este deporte, puede ser al mismo tiempo uno de sus principales puntos de desequilibrio.
Un baloncesto de dos (o tres) velocidades
El baloncesto español se ha convertido en un baloncesto de dos velocidades, o como mucho tres, donde los ricos son más ricos y los pobres cada vez más pobres. Y eso no es bueno. Sigo escuchando a muchos decir eso de que la ACB es la mejor liga del mundo por detrás de la NBA, y seguramente lo será, porque las demás tampoco hacen demasiado por evitarlo, pero ha perdido mucho atractivo, demasiado, en los últimos años. Echo mucho de menos la frescura de otras épocas, no tan lejanas, en las que había seis o siete equipos capaces de pelear por los trofeos. En aquellos años en los que un Taugrés con aires de grandeza peleaba por hacerse con un hueco en la élite, Madrid y Barça tenían más rivales. Hace no tanto, y en Vitoria se sufrió en primera persona, un modesto como el TDK fue capaz de hacerse con el título. La Penya y el Estu, dos históricos caídos en desgracia, aparecían como alternativas de poder y los burgueses de la clase media-alta, como en Unicaja y el Pamesa, merodeaban los títulos y las finales, los andaluces siempre con más suerte que los levantinos. Cada vez más todo eso parece un espejismo, un sueño distante, a pesar de que hay quien esgrime la clasificación del Bilbao Basket para la pasada final como una evidencia de que sucede todo lo contrario.
El éxito del conjunto vizcaíno, a mis ojos, fue más una casualidad -basada en un excelente rendimiento y en la culminación de un proyecto cocinado a fuego lento- que una muestra de la competitividad real de un torneo que, como el resto de las ligas nacionales europeas, comienza a verse tiranizada por las oligarquías. Por eso, aun celebrándolo, choca que cuando uno de los grandes puede perderse un torneo, milagrosamente los astros decidan conjugarse para hacerle un hueco, para brindarle una ocasión de ser aún mayor. Porque es ahí donde radican gran parte de los problemas de la ACB que ahora todo el mundo se empeña en resucitar, y que desde luego no revivirá porque jueguen tres o trece españoles en cada equipo.
Con invenciones como las licencias A de la Euroliga, los trienios u otros elementos que a algunos equipos les garantizan disputar cada año la Euroliga, lo que equivale a asegurarles notables ingresos por taquillas y publicidad, la brecha se hace cada vez mayor. Las dos velocidades quedan más a la luz. No podemos engañarnos al respecto. Hay unas normas para unos y otras para el resto. Y ya digo que en esta distribución de la tarta, cómo no, el club que preside Josean Querejeta queda siempre beneficiado, porque ya se sabe que el que parte y reparte rara vez sale perdiendo. El gran anhelo del máximo mandatario del Baskonia ha sido siempre la creación de una competición cerrada, un modelo similar al de la NBA, pero a la europea. A muchos quizá no les guste, y habrá quien ponga el grito en el cielo por el mero hecho de que se plantee, porque acabaría con la ACB, pero es posible que este malherido deporte, con torneos que registran sonrojantes datos de audiencias, tenga que buscar esa salida para subsistir. Si no es así, lo que no se entienden son las fórmulas mixtas, que haya equipos que sudan sangre para encontrar patrocinadores y otros que aunque quedasen fuera de los play off por el título saben que el año siguiente volverán a disputar la Euroliga y tendrán los ingresos asegurados. Es el momento de replantearse muchas cosas. Ahora mismo no todos juegan con las mismas reglas.
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30/6/11
El efecto mariposa
Existe un concepto dentro de la teoría del caos conocido como efecto mariposa y que entraña que cualquier pequeña variación que pueda producirse, como el aleteo de un insecto, en un sistema más o menos ordenado puede desencadenar una vorágine de movimientos que modifiquen de una manera brutal el entorno, en un principio estable y pacífico. Así se encuentra ahora mismo el Baskonia. En los alrededores del Buesa Arena, cerrado por obras, se percibe la brisa de las mariposas. Se respira una calma tensa que debe preceder a lo que parece una profunda remodelación de la plantilla. Pendiente de demasiadas cosas, Josean Querejeta aguarda la resolución de varios frentes abiertos que pueden resultar fundamentales para la suerte del equipo vitoriano. En función de que lo que suceda con el lockout, la pelea entre Barça y CSKA por hacerse con los servicios de Teodosic y los límites que el equipo ruso y los turcos del Efes Pilsen estén dispuestos a alcanzar para amarrar a algunas de las piezas más codiciadas del cuadro azulgrana, sabremos hasta dónde llegan las consecuencias de este efecto mariposa.
Ahora mismo ningún jugador se encuentra a salvo. A excepción de Thomas Heurtel, recién contratado, el resto ha salido al mercado. Así se han expresado siempre los rectores del Baskonia. Pero esta vez no es parte de una pose existencial, sino una declaración de intenciones. Lo he escrito ya varias veces: toda vez que se ha renunciado a cambiar de técnico, la situación exige una renovación exhaustiva del vestuario. Querejeta y sus colaboradores han visto lo que ha visto todo el mundo. No han sido ajenos a la realidad de un relativo fracaso que, ante todo, ha llegado por la falta de sintonía entre el espíritu de su entrenador y lo que le ofrecían sus pupilos. Y la dirección deportiva se ha puesto manos a la obra en la búsqueda de un perfil de jugadores que, bien por su carácter, bien por su juventud y posible hambre de crecimiento profesional, puedan responder a las exigencias de Dusko Ivanovic.
Muchos son los que van a salir y más o menos los mismos los que llegarán. Contra lo que muchos pensaban y ya aseguré en este pequeño rincón de reflexiones (Una reconstrucción necesaria), los referentes del equipo baskonista se encuentran tan expuestos como el resto a la venta. O incluso más. Ante la precariedad económica que afecta ahora a las arcas del Caja Laboral, es necesario ingresar antes de gastar. Y muchos de los movimientos, los aleteos de la mariposa que precipitarán la catarata de contrataciones y ventas tienen que ver con referentes baskonistas de la talla de Marcelinho Huertas, Stanko Barac y Mirza Teletovic.
Si tuviera que mojarme, ahora mismo apostaría a que apenas cinco o seis de los jugadores que este año han vestido la elástica azulgrana la defenderán cuando arranque el curso venidero. Si se queda Ivanovic, se quedará Ribas. Y es casi seguro que también San Emeterio. A pesar del excelente cartel que llegó a lucir el cántabro, a quien Chichi Creus tanteó hace unos meses, su renovación acalló cualquier rumor sobre una posible salida con rumbo a la Ciudad Condal, donde la llegada de Chuck Eidson y la renovación de Pete Mickeal cierran las puertas de acceso. Además, la modificación del sistema de cupos parece que rebajará en cierta medida su atractivo de cara a los dos grandes mastodontes de la ACB.
Batista y el pánico al vacío
Batista y el pánico al vacío
A partir de ahí, difícil será que exista cualquier movimiento que incluya a Esteban Batista. El poste charrúa, adquirido en enero, ha generado más incógnitas que certezas desde que se instaló en Vitoria. Sólo tiene margen para mejorar, porque quedar tan por debajo de las expectativas como lo ha hecho hasta ahora parece imposible. El problema es que cuando el Baskonia se hizo con sus servicios se incluía dentro de una operación a gran escala que lo señalaba como el sustituto de Stanko Barac, pretendido y cortejado ya entonces por los Pacers. El problema llega justo ahora, cuando Barac enfila el camino de salida y las oficinas del Buesa Arena se inundan de dudas ante lo que el uruguayo puede o no puede aportar. Creo que son legión ya los que consideran que no bastará con él para cubrir un hueco gigantesco en la pintura. Un agujero que tiene el molde de leyendas del baskonismo como Luis Scola o Tiago Splitter.
En cualquier caso, y salvo sorpresa monumental -y timo de por medio-, Batista seguirá en Vitoria y Barac se marchará. Ahora sólo queda por saber dónde. En unas horas se sabrá qué sucede finalmente con el lockout. Los Pacers han manifestado sin tapujos su interés por hacerse con sus servicios de inmediato, y el jugador corresponde ese amor. Pero con un cierre patronal resulta inviable que la franquicia de Indiana y el jugador orquesten una fórmula que permita abonar a la entidad gasteiztarra los 1,5 millones que fija su contrato como cláusula de salida a la NBA. Ahora ha surgido de la nada el Efes Pilsen, perpetuo crematorio de grandes figuras. Los turcos andan sobrados de dinero, quizá no tanto como para sufragar la rescisión pero sí para negociar, y se han metido en la puja. En el Baskonia siempre se ha tenido claro que la de Barac era la primera opción para hacer dinero, algo necesario, principalmente porque su carácter y su falta de sintonía con Ivanovic han defraudado a casi todo el mundo durante las tres campañas que ha militado en el equipo. Ahora bien, se prefería (y prefiere) que salga con destino a la NBA antes de que acabe reforzando a un rival directo en la Euroliga. En unas horas se resolverá la incógnita. Barac ya ha manifestado que prefiere cruzar el charco, pero el Efes Pilsen, con la posibilidad de que la próxima Final Four se celebre en Estambul, ha echado el resto y el acuerdo entre las tres partes parece muy próximo.
No son pocos los que me han dicho que el Baskonia cometería un error si acaba desprendiéndose de Barac o Marcelinho, precisamente otro jugador codiciado y que ahora mismo se encuentra en el punto de mira de alguno de los talonarios más rebosantes -y no hay muchos así- del continente. En el club son conscientes de la escasez que existe en el mercado de bases y cincos de garantías. Pero repito que hace falta dinero. Me resisto a pensar que en un mismo verano la entidad vitoriana vaya a desprenderse del poste croata y el base paulista, pero la amenaza sobrevuela el Buesa Arena. El brasileño ha recibido varias llamadas del Barça. Y el propio Josean Querejeta, que trata de cerrar cuanto antes su renovación hasta 2015, reconoció que también el CSKA había trasladado una oferta. Catalanes y moscovitas, dos de los equipos más solventes ahora mismo, buscan base. La pelea se ha fijado en primer término en torno a Teodosic, y parece que los rusos van a acabar llevándose el gato al agua y aprovechando las miserias de Olympiacos para arrebatarle a una de sus mayores joyas. Si se confirma, Huertas aparece como solución alternativa para el conjunto blaugrana.
El capitán del equipo, Mirza Teletovic, tampoco tiene garantizado el puesto para la próxima temporada. Fue otro de los jugadores por los que el CSKA realizó en su día una oferta, pero Querejeta, sobre todo si acepta la salida de Barac, no piensa envolverlo en papel de regalo. Tiene que llegar una suculenta propuesta para que se marche. Pero si llega, y el mercado ofrece alternativas de garantías, también podría abandonar Vitoria, una ciudad a la que se ha adaptado y donde siempre ha dicho que quería quedarse muchos años.
¿Camino de ida y vuelta para Logan?
Otro que se irá, y pronto además, es David Logan. El presidente del Baskonia ya tildó de "decepcionante" la temporada que ha firmado. No sorprendió a nadie que tenga ojos. Huérfano de un papel protagonista, de veinte balones para jugarse cada partido, ha rendido a un nivel muy inferior al que ofreció en Polonia. Además, apuesta personal de la directiva, jamás ha llegado a entenderse con Ivanovic. El escolta nacido en Chicago ya ha manifestado que está más que abierto a renunciar al contrato de larga duración que firmó para busca acomodo en otro escenario más propicio para sus características. Parece que el Asseco Prokom, su anterior equipo, está deseando su regreso. Ahora resta por saber si Querejeta, habitualmente habilidoso en este tipo de situaciones, puede llegar incluso a sacar tajada económica de su salida.
Los tres últimos jugadores con contrato en vigor son Brad Oleson, Nemanja Bjelica y Dejan Musli. Veo a cada uno de ellos en una situación bien distinta. Dejando a un lado a Musli, un jugador cuyo carácter ha llegado a irritar al técnico montenegrino y al que se le busca un destino como cedido, las intenciones del club para con el americano y el serbio parecen diametralmente opuestas. La directiva se ha puesto en contacto con el agente del escolta de Alaska para plantearle la posibilidad de que rebaje su ficha. Su representante ha reconocido que está incluso estudiando la opción de aceptar esta propuesta, que a mí me da en la nariz que encubre una sutil invitación a buscar equipo. La dirección deportiva busca un escolta que ocupe definitivamente el rol de dos titular, que no han asumido esta temporada ni Oleson ni Logan. Con Ribas asentado en un papel de especialista de rotación, me surge la duda de saber si se volverá a emprender la temporada con tres jugadores para ese puesto en la plantilla. Yo diría que no.
El tema de Bjelica es diferente. Aunque tampoco ha colmado las expectativas, sigue siendo una de las apuestas estratégicas del club, por lo que todo indica que continuará, salvo que los aleteos de las mariposas, que en unas horas van a comenzar a ofrecer los primeros cambios en el entorno baskonista, provoquen efectos aún más devastadores de lo que se espera en el vestuario del Caja Laboral. Todo está a punto de precipitarse. Aunque éste va a ser un verano muy largo, los primeros movimientos desencadenarán el resto.
El capitán del equipo, Mirza Teletovic, tampoco tiene garantizado el puesto para la próxima temporada. Fue otro de los jugadores por los que el CSKA realizó en su día una oferta, pero Querejeta, sobre todo si acepta la salida de Barac, no piensa envolverlo en papel de regalo. Tiene que llegar una suculenta propuesta para que se marche. Pero si llega, y el mercado ofrece alternativas de garantías, también podría abandonar Vitoria, una ciudad a la que se ha adaptado y donde siempre ha dicho que quería quedarse muchos años.
¿Camino de ida y vuelta para Logan?
Otro que se irá, y pronto además, es David Logan. El presidente del Baskonia ya tildó de "decepcionante" la temporada que ha firmado. No sorprendió a nadie que tenga ojos. Huérfano de un papel protagonista, de veinte balones para jugarse cada partido, ha rendido a un nivel muy inferior al que ofreció en Polonia. Además, apuesta personal de la directiva, jamás ha llegado a entenderse con Ivanovic. El escolta nacido en Chicago ya ha manifestado que está más que abierto a renunciar al contrato de larga duración que firmó para busca acomodo en otro escenario más propicio para sus características. Parece que el Asseco Prokom, su anterior equipo, está deseando su regreso. Ahora resta por saber si Querejeta, habitualmente habilidoso en este tipo de situaciones, puede llegar incluso a sacar tajada económica de su salida.
Los tres últimos jugadores con contrato en vigor son Brad Oleson, Nemanja Bjelica y Dejan Musli. Veo a cada uno de ellos en una situación bien distinta. Dejando a un lado a Musli, un jugador cuyo carácter ha llegado a irritar al técnico montenegrino y al que se le busca un destino como cedido, las intenciones del club para con el americano y el serbio parecen diametralmente opuestas. La directiva se ha puesto en contacto con el agente del escolta de Alaska para plantearle la posibilidad de que rebaje su ficha. Su representante ha reconocido que está incluso estudiando la opción de aceptar esta propuesta, que a mí me da en la nariz que encubre una sutil invitación a buscar equipo. La dirección deportiva busca un escolta que ocupe definitivamente el rol de dos titular, que no han asumido esta temporada ni Oleson ni Logan. Con Ribas asentado en un papel de especialista de rotación, me surge la duda de saber si se volverá a emprender la temporada con tres jugadores para ese puesto en la plantilla. Yo diría que no.
El tema de Bjelica es diferente. Aunque tampoco ha colmado las expectativas, sigue siendo una de las apuestas estratégicas del club, por lo que todo indica que continuará, salvo que los aleteos de las mariposas, que en unas horas van a comenzar a ofrecer los primeros cambios en el entorno baskonista, provoquen efectos aún más devastadores de lo que se espera en el vestuario del Caja Laboral. Todo está a punto de precipitarse. Aunque éste va a ser un verano muy largo, los primeros movimientos desencadenarán el resto.
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Stanko Barac
23/6/11
Barac tiene la llave
La salida del poste croata puede resolver los problemas económicos del Baskonia y facilitar otros movimientos de cara a recomponer la plantilla para que se ajuste a las necesidades de Ivanovic
Los próximos pasos del Caja Laboral en la configuración de la plantilla con la que afrontará la temporada de la redención van a estar marcados por decisiones que, en cierto modo, deben tomarse fuera de las oficinas del Buesa Arena. No diré que las tomarán otros, porque resulta evidente el peso específico de Josean Querejeta en todo lo referente al nuevo marco de contratación que se adoptará en la ACB, ni que son ajenas, porque de las negociaciones que están manteniendo la patronal y el sindicato de jugadores de la competición estadounidense depende gran parte de la planificación. Sin embargo, representan dos parámetros que determinarán el rumbo a seguir por parte de la dirección deportiva del club vitoriano, que como ya dije en su día (Una recomposición necesaria) se mantiene maniatada, aunque trabajando en varios frentes, a la espera de que se resuelvan estos dos temas. De uno de ellos, lo que suceda finalmente con la amenaza de lockout en la NBA, pende la continuidad en Vitoria de un jugador como Stanko Barac, señalado como la mejor opción para recuperar la solvencia económica.
Los directivos de los Pacers llevan meses insistiendo en que les encantaría contar con los servicios del poste con pasaporte croata –de quien poseen los derechos– la próxima temporada. Y el jugador está loco por la música. El Baskonia contemplaba esta opción cuando a comienzos de año se lanzó a recomponer su juego interior con la llegada de Batista, una solución que se ha revelado fracasada pero que se precipitó por los problemas que había generado la espantada de Haislip, el frustrado fichaje de Mensah-Bonsu y la sucesión de temporeros que fueron desfilando por la capital alavesa sin que ninguno convenciera del todo a Ivanovic. Teniendo en cuenta las apreturas económicas que padece el club vitoriano, se ha considerado siempre como la mejor solución. Debía y debe ser el punto de partida para esa reconfiguración que requiere el equipo.
La operación arrojaría jugosos dividendos a las maltrechas arcas del club. En concreto, en torno al millón y medio de euros, una cantidad que permitiría afrontar con menos urgencias el resto de operaciones. Si bien no se cierra la puerta a la salida de ninguno de los puntales del equipo (me refiero a Marcelinho, Teletovic y San Emeterio), Barac tiene la llave que puede desbloquearlo todo. El jugador ya ha transmitido a los rectores baskonistas su ilusión por afrontar un reto para el que muchos piensan que, por su melifluo carácter, no está del todo capacitado. A mí me da la impresión de que lo está de sobra. Dispone de recursos y talento para brillar en la mejor liga del mundo, donde su cotización ha subido como la espuma en los dos últimos años ante la alarmante carencia de cincos. Cuando se afrontaron los contactos para zanjar su renovación, hace ahora poco más de medio año, la idea de que éste fuera el verano del salto definitivo ya planeaba sobre la mesa de negociaciones.
Los Pacers lo esperan con los brazos abiertos
El general manager de los Pacers, David Morway, ha vuelto a mostrar su interés por reclutar al jugador del Caja Laboral. No es la primera vez que lo hace en público. Aunque el momento escogido para manifestarse de nuevo invita a pensar que se está encargando de abonar el terreno para su aterrizaje en la tierra de Larry Bird, en la franquicia del legendario Reggie Miller. Los analistas americanos consideran que Barac puede ocupar un interesante papel como jugador de reparto, aunque el nombre del center titular, Roy Hibbert, ha aparecido en las últimas semanas en varios rumores de traspaso. Todo depende de la resolución definitiva de la batalla entre patronal y sindicatos, del manido lockout. Todo apunta a que en una semana, el próximo día 30, se puede resolver un asunto que, pese al pesimismo generalizado inicial, parece que lleva camino de quedar en agua de borrajas. Ahora mismo hay más opciones de que no se produzca el lockout que de que tenga lugar. Y eso supone que hay un porcentaje muy elevado de probabilidades de que Barac acabe vistiendo la camiseta de los Pacers cuando arranque el próximo curso.
Me ha sorprendido comprobar hasta qué punto la gente en Vitoria sigue elaborando teorías sobre futuras composiciones de plantilla que pasan por mantener las bases del equipo del pasado año. Resulta curioso, porque si algo ha quedado claro es que el actual plantel ha arrojado una evidente falta de capacidad competitiva, o al menos de adaptarse a las necesidades o el molde que fija un técnico como Dusko Ivanovic. Una vez resuelta la incógnita sobre la continuidad del preparador montenegrino, sólo cabe una salida: rediseñar el equipo. Habrá cambios, bastantes. Repito que tienen que salir varios jugadores, alguno incluso de esos que parecen intocables. Si el Baskonia nadara en la abundancia, si pudiera competir en igualdad presupuestaria con sus máximos rivales de la ACB o la Euroliga, todo sería más fácil, es evidente. Pero en un club de ciudad pequeña, con recursos limitados, el ingenio y la metamorfosis permanente se han convertido en virtudes.
En el baloncesto actual es cierto que escasean los bases de calidad y los center determinantes. Por eso a muchos les duele la posibilidad de que Barac, que por otro lado ha sido incapaz de cubrir el insondable vacío dejado por Tiago Splitter, pueda marcharse. Se teme una nueva situación de orfandad. Pero ha habido muchas otras antes y de todas se ha salido con más o menos holgura. Más miedo me da la posibilidad de que Marcelinho, y no Mirza Teletovic, pueda convertirse en otro de los descartes forzados por la necesidad. El Barça lo mantiene en su agenda como uno de los posibles recambios para Ricky Rubio. Pero de eso hablaremos en un futuro próximo. Lo único claro es que el baskonismo debe estar preparado para afrontar un profundo y acusado cambio de look. Es lo que toca.
Os dejo el enlace a la información sobre las declaraciones de los dirigentes de los Pacers sobre Barac que ha publicado David Ortega en Diario de Noticias de Álava.
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15/6/11
15 de junio, San Emeterio
Hace ahora un año, el 15 de junio de 2010, las calles del Casco Viejo de Vitoria, desde donde escribo estas líneas, bullían tras la consecución de lo que puede considerarse como una de las mayores gestas en la historia del Baskonia, un club empeñado en convertir la persecución de imposibles en rutina vital. Fue una jornada larga en la redacción del periódico, una de esas que no se olvidan. Pero también de las que uno se arrepiente de no vivir. El Caja Laboral acababa de conquistar su tercer título liguero. Había tumbado por la vía rápida al mejor equipo del continente. Y acababa de consumarse el nacimiento de un nuevo mito para el baskonismo: Fernando San Emeterio. La canasta más adicional del alero cántabro, plena de fuerza y confianza, sobrada de fe, ha pasado ya a la historia, tiene asegurado un resquicio en la memoria colectiva del baskonismo, que desde aquel día no ha vuelto a ver a su equipo en una final ni, por supuesto, ha podido catar título. Pero que cuenta asimismo con una nueva fecha en su santoral: el 15 de junio, día de San Emeterio.
Pocas veces he asistido a una celebración tan espontánea, tan desenfrenada como aquella. Vitoria entera invadió las calles aquella noche de martes para gozar de una gesta que, por inesperada, supo como pocas de las firmadas anteriormente por el conjunto azulgrana. Ese sentimiento se detecta en las caras, en los abrazos, en los cánticos. Y ese espíritu, a pesar de la asepsia con la que han transcurrido los últimos 365 días, permanece vivo. Recuerdo que abandoné la redacción más allá de la una de la madrugada. Para entonces algunos ya llevaban muchas horas tratando de hacerse a la idea de lo que había sucedido. Y no sólo en el último partido, con esa acción que cambió el destino en apenas unos segundos, sino también en aquella eliminatoria. Pero resultaba muy complicado controlar las emociones, que sudaban, chocaban, gritaban y se perdían para romper la quietud de un barrio que aquella noche concilió el sueño al compás de las charangas.
Permanece fresca en mi memoria la pila de páginas que publicamos aquel mágico día. Fue un trabajo agotador, con el añadido de que había que realizar muchos cambios en el planillo del periódico en función del resultado, de si se trataba definitivamente de la conquista del tercer entorchado liguero o simplemente de una derrota que prolongaba la serie, como mínimo, un partido más. Una incertidumbre que, como es de sobra conocido, se mantuvo hasta el último instante de un encuentro que sirvió para incrementar la leyenda del embrujo del Buesa Arena. La carga de adrenalina que se derrocha en esas jornadas de cierres al límite le deja a uno reventado, como anestesiado cuando se apagan los ordenadores y todo el esfuerzo se traslada a las rotativas. Así abandoné el periódico aquella célebre noche, hace ahora justo un año: destrozado pero satisfecho. Agotado pero con la plácida quietud de quien busca la cama después de haber asistido a un acontecimiento histórico, uno de esos momentos por los que merece la pena ganarse el pan ejerciendo una profesión tan vilipendiada como el periodismo.
Cuando llegué a la zona de bares, que es también la de mi casa, me vi envuelto en una vorágine de entusiasmo difícil de describir con palabras. Me sentí embebido por el orgullo de una afición que ha hecho de un club de ciudad pequeña como el Baskonia uno de los ocho mejores equipos de Europa. Y, por supuesto, me dejé llevar por la corriente baskonista y por esa euforia tan distante de la que detecté en la celebración del Barça cuando cerró la presente final ACB este martes en Miribilla. Cuando ganar el título es una obligación, quedarse a las puertas supone un trago amargo. Lo triste es que conseguirlo, como ha hecho este año el equipo de Xavi Pascual, se traduce más en liberación, en alivio, que en otra cosa. El Caja Laboral experimentó la pasada campaña el camino opuesto. Cuando nadie daba un duro por el equipo vitoriano, dinamitó todos los pronósticos con una demostración de espíritu incomparable. Y como tal se acogió aquella victoria, que no fue alivio, sino éxtasis, que no supuso liberación, sino un ejercicio mayúsculo de reivindicación.
Echando la vista atrás, y para enlazar este flashback con la actualidad baskonista, me vienen a la cabeza los detalles que hicieron posible que se produjera aquel milagroso desenlace en una eliminatoria para la que nadie contaba con el cuadro gasteiztarra. El 15 de junio se convirtió en el día de San Emeterio por aquella demostración de pasión con la que el cántabro buscó la victoria cuando el partido parecía acabado, pero aquel equipo ganó el título por otros muchos factores. Ganó porque contaba en sus filas con el mejor jugador de aquella ACB, Tiago Splitter, porque apareció en el momento preciso la mejor versión de Marcelinho Huertas y porque el plantel había ido mostrando signos evidentes de crecimiento durante todo el play off. Pero sobre todo obró el milagro por la capacidad de un técnico como Dusko Ivanovic, el hombre sobre el que Josean Querejeta ha vuelto a depositar su confianza para los dos próximos años, para darle una última lección a su discípulo, Xavi Pascual, y hacer creer a sus hombres y a los rivales que el Baskonia podía llevarse el título.
Un equipo forjado a hierro por Ivanovic
Comprendo a muchos de los que han acogido con cierta desilusión la noticia de que el montenegrino continuará al frente de la nave azulgrana las dos próximas temporadas, porque alegan que la temporada recién concluida ha resultado un tanto decepcionante y aguardaban con ilusión vientos de cambio. Pero sería injusto olvidar que Ivanovic aparece, de largo, como el entrenador con mejor historial en la historia de un equipo que, salvando estos últimos doce meses, se ajusta como anillo al dedo a su filosofía baloncestística. Fue Ivanovic quien comenzó a ganar aquella final, quien le comió la moral al técnico del Barça con un planteamiento que abrió un parcial demoledor (0-12) en el primer encuentro de la serie y provocó un cortocircuito en la máquina culé. Fue él quien acabó con el cuento de la competición bipolar al evitar que el lustroso Madrid de Ettore Messina pudiera acceder a la final. Y, sobre todo, fue el preparador balcánico quien inoculó la fe con la que se desenvolvieron sus pupilos en esos tres partidos de glorioso recuerdo para la afición vitoriana. El alma con la que Ivanovic dotó a aquella plantilla, y no ha podido hacer con la actual, guió a San Emeterio mientras atravesaba la cancha, encaraba a Terence Morris y se lanzaba en busca del milagro.
El otro día tuve la oportunidad de compartir una cerveza con San Emeterio, uno de los pocos jugadores del cuadro vitoriano que aún conservan la esencia de aquella mágica noche. Charlando con él sobre la selección, su premio de MVP de la ACB, la personalidad del equipo y otros muchos asuntos, me asaltaron los recuerdos de aquella noche, que sinceramente ahora me parece mucho más lejana en el tiempo. Irrumpe en mi retina el rebote que capturó tras el fallo en el tiro libre de Basile, la imagen de Teletovic pidiendo con ansiedad el balón, cómo dudo por un segundo pero encaró a Basile y se marchó por la izquierda, la tibieza de Morris y ese aro pasado inverosímil. San Emeterio acababa de empatar el duelo, el tercer encuentro de la final, con apenas medio segundo por disputarse en el marcador. Recuerdo el rugido de la grada del Buesa Arena y, con más nitidez que cualquier otro detalle, los ojos inyectados en sangre del alero formado en la cantera del Valladolid mientras pedía calma con los brazos a sus compañeros, que se lanzaban a su cuello. Aún le quedaba una bala en el cargador para rematar a la bestia. El tiro libre con el que consumaría definitivamente el milagro. A partir de ahí, la fiesta, los cánticos por las angostas calles del Casco Medieval, la música y el sudor de aquella calurosa noche de junio. Me acuerdo que un camarero me sirvió una primera caña; luego la acompañarían otras muchas. Y ya no recuerdo nada más. Bueno, sí, la resaca del día siguiente cuando volví a la redacción.
Os dejo el vídeo de aquel irrepetible último minuto, unas imágenes que son pasado pero que pueden inspirar el futuro. ¡Feliz día de San Emeterio!
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