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8/5/13

La peor pareja de baile

Nocioni ha barrido a casi todos sus pares de la Liga Endesa esta temporada / El Chapu, aún pendiente de una oferta para la renovación, se confirma como el ‘tres’ mejor valorado de la competición



Sucedió con Prigioni, a quien muchos daban por casi retirado cuando retornó a Vitoria y ahora pelea como titular por meter a los Knicks en la final de la Conferencia Este de la NBA, y ha vuelto a ocurrir con Nocioni. La historia se repite con apenas unos meses de distancia. Otro argentino, otro de los símbolos del eterno carácter del Baskonia, ha tenido que ganarse a pulso el respeto del universo baloncestístico del Viejo Continente. Tras haber aterrizado algo oxidado en el tramo final del pasado curso, el Chapu está firmando una esplendorosa campaña en la que se ha convertido en el principal sostén de un meritorio Laboral Kutxa y se ha confirmado, casi sin género de dudas, como el mejor alero de la Liga Endesa.

Los números confirman la enorme hegemonía que ha lucido a lo largo de los últimos meses un jugador que apenas encuentra oponentes a su medida. Hay muy pocos treses capaces de plantar cara a un veterano que está demostrando muchos más arrestos que jugadores a los que la prensa nacional regala mucho más los oídos. Si para algunos no bastan las sensaciones, que resultan aplastantes por mucho que se quiera criticar el exceso de ansiedad que por momentos ha perjudicado al santafesino, deberían bastar los números.

Nocioni, por valoración, es el mejor alero de la Liga Endesa. Sólo dos jugadores exteriores –dos escoltas como Vasileiadis y Llull– le superan por unas décimas, pero en el cuerpo a cuerpo no tiene rival. Y ya no es sólo por su talento y por su capacidad atlética, algo mermada con respecto al enorme proyecto de jugador que dejó Vitoria en verano de 2004, sino sobre todo por el insaciable apetito de gloria que a unos meses de cumplir 34 años le obliga a pelear por cada bola como si fuera un junior.

Víctima de las reticencias

El argentino, pese a todo, sigue generando determinadas reticencias, ya no tanto en Vitoria como en otras latitudes. A pesar de haber dado el salto a la NBA con tantos méritos contraídos como el que más en la ACB –fue MVP–, de haberlo ganado todo con su selección –pilar básico en la generación dorada de la albiceleste–, de haber disfrutado de una carrera en la competición estadounidense más productiva y profesional que la de otros que regresan con el cartel de estrellas, parece obligado a ganarse el respeto en cada partido. Pero no parece importarle. Más bien al contrario. Va impreso en su código genético.

Las estadísticas, aun con su frialdad, reflejan la excepcional temporada que está firmando un jugador que, pese a todo, todavía aguarda a que la directiva de Josean Querejeta ponga sobre la mesa una oferta en firme para la renovación. A pesar de que requiere de mucho más trabajo de fisioterapia y de calentamiento que sus compañeros antes de saltar a la cancha y de que podría asirse al absentismo selectivo que otros practican habitualmente, se ha rebelado contra las desconexiones que por momentos ha sufrido el cuadro baskonista a lo largo de una temporada demasiado convulsa. Más allá de ser el tres mejor valorado, Nocioni figura entre los diez máximos anotadores de la Liga Endesa (13,5 puntos por partido), es el octavo jugador que más faltas recibe por partido (3,84), aparece entre los lanzadores más certeros desde la línea de tiros libres (76,1%), es undécimo en rebotes defensivos (3,97) y ostenta, casi desde que arrancó el curso, el mejor porcentaje de triples de la competición con un soberbio 46,3%.

Letal en el cuerpo a cuerpo

En todo caso, no son sus números globales lo que más asusta, sino la estadística de sus duelos individuales. Ahí es donde queda retratado su carácter competitivo y, por inercia, su enorme superioridad ante el resto de jugadores que ocupan su demarcación en la competición doméstica. Salvando un par de excepciones –los aleros del Manresa y un Vidal inspiradísimo le superaron con claridad–, el único que siempre da la talla en sus enfrentamientos individuales es Alex Mumbrú. Quedó claro la pasada semana en Miribilla, donde ambos protagonizaron un toma y daca precioso. Desde fuera dio la impresión incluso de que disfrutaron.

La estadística global asusta. Contando los 32 partidos de fase regular y los dos de Copa del Rey que ha disputado este ejercicio el Baskonia, la valoración de Nocioni está por encima del doble de la conseguida por los aleros a los que se ha tenido que emparejar. Aunque pueda resultar una estadística en cierto modo engañosa para medir el desenlace de un duelo directo en un solo partido, el panorama global refleja que mientras sus pares apenas acumulan 6,09 puntos de valoración, Nocioni llega a los 14,2.

El Chapu ha sido capaz de borrar del mapa a Carlos Suárez, que sufrió tres canastas suyas en los tres primeros minutos de partido y no volvió a pisar el césped o Mickeal, MVP de la Copa a pesar de que en la semifinal Nocioni (17 de valoración) le dejó en negativo (-1). El argentino se ha mostrado además como el último reducto de esperanza en los partidos en los que el Baskonia ha hincado la rodilla. Quitando la debacle del Carpena, donde se hundió hasta el -9, en el resto peleó, a veces incluso en solitario, para evitar lo inevitable.

Nocioni sigue siendo una mala pareja de baile. La afición azulgrana confía en que los acordes de su tango sigan sonando el próximo año en el Buesa. Es una cuestión de dinero. Un tira y afloja en el que ambas partes, deseosas de renovar, están condenadas a entenderse.


ACB
Jornada 1 CAI
Rudez (1) / Nocioni (22)
Jornada 2 Cajasol
Holland (3) / Nocioni (20)
Jornada 3   Gran Canaria
Newley (5) / Nocioni (24)
Jornada 4 Joventut
Tomàs (3) / Nocioni (4)
Jornada 6   Barcelona
Ingles (2) / Nocioni (1)
Jornada 7  Valencia
Pietrus (-3) / Nocioni (26)
Jornada 8 Blusens
Dewar (2) / Nocioni (21)
Jornada 9 Unicaja
Simon (14) / Nocioni (8)
Jornada 10 Lagun Aro
Papamakarios (-2) / Nocioni (25)
Jornada 11  Murcia
Gatens (6) / Nocioni (16)
Jornada 12  Bilbao Basket
Mumbrú (15) / Nocioni (16)
Jornada 13 Valladolid
O’Leary (5) / Nocioni (11)
Jornada 14 CB Canarias
Rost (6) / Nocioni (8)
Jornada 15 Fuenlabrada
Vega (-3) / Nocioni (15)
Jornada 16 Estudiantes
Kirksay (11) / Nocioni (-3)
Jornada 17  Manresa
Hanga (18) / Nocioni (5)
Jornada 18 CAI
Rudez (9) / Nocioni (10)
Jornada 19  Cajasol
Holland (6) / Nocioni (22)
Jornada 20 Valencia
Pietrus (1) / Nocioni (28)
Jornada 21 Blusens
Corbacho (8) / Nocioni (6)
Jornada 22 Gran Canaria
Newley (7) / Nocioni (26)
Jornada 23  Barcelona
Mickeal (10) / Nocioni (9)
Jornada 24  Real Madrid
Suárez (-1) / Nocioni (16)
Jornada 25  Joventut
Tomàs (10) / Nocioni (11)
Jornada 26  Lagun Aro
Papamakarios (-7) / Nocioni (18)
Jornada 27  Unicaja
Vidal (33) / Nocioni (-9)
Jornada 28  Valladolid
Grimau (7) / Nocioni (10)
Jornada 29   Bilbao Basket
Mumbrú (11) / Nocioni (16)
Jornada 30  Manresa
Arco (20) / Nocioni (1)
Jornada 31 Fuenlabrada
Vega (-1) / Nocioni (20)
Jornada 32  Murcia
Jasen (-3) / Nocioni (29)

COPA DEL REY
Cuartos de final  CAI
Rudez (1) / Nocioni (20)
Semifinales  Barcelona
Mickeal (-1) / Nocioni (17)

VALORACION GLOBAL DE SUS PARES: 6,09
VALORACIÓN GLOBAL DE NOCIONI: 14,02

29/4/13

El pirómano apagafuegos


ZAN TABAK DA CON EL ROL IDÓNEO PARA UN THOMAS HEURTEL QUE SE MANEJA COMO PEZ EL AGUA EN LA URGENCIA Y LA ANARQUÍA

lo largo del presente curso, uno de los más convulsos que se recuerdan en la historia reciente del Baskonia, la posición de base ha sido de largo la que mayores quebraderos de cabeza ha regalado a directiva y técnicos. Hasta cinco timoneles distintos se han enfundado la elástica azulgrana desde el pasado verano sin que ninguno de ellos haya logrado siquiera hacer olvidar la dolorosa marcha de un Pablo Prigioni que el pasado curso gobernó con mano firme la nave baskonista. Taylor Rochestie, Carlos Cabezas, Omar Cook, Thomas Heurtel y Devon Van Oostrum han sido los jugadores con los que tanto Zan Tabak como Dusko Ivanovic han contado para ocupar una demarcación clave, pero no ha sido hasta estos días, cuando se alcanza el tramo final de la competición, cuando el preparador croata parece haber hallado la fórmula que mejor combina las características de sus bases.
Cook, cerebral y sobrio, se ha asentado como titular. Heurtel, anárquico, alocado, a veces temerario, ocupa al fin un papel que parece diseñado a su medida. El pirómano ha encontrado su sitio y ha brillado en un papel de apagafuegos que cumple a la perfección.
Tabak ha conseguido que poco a poco encajen todas las piezas del puzle. El equipo, de una manera casi imperceptible, se ha ensamblado para alcanzar el play off, en el que peleará por el único título al que aún puede aspirar, en un estado de forma ilusionante. Y Heurtel, como quedó claro el sábado en Fuenlabrada, como se vio en el cuarto partido de la serie ante el CSKA, parece asumir con gusto y demencial deleite el rol que le se le asigna en este nuevo reparto.
Amado u odiado
Heurtel tiene detractores y defensores a puñados. Desde que aterrizó en Vitoria, por su forma de entender el juego, por su aparente indisciplina táctica y los riesgos que corre en la gestión de las posesiones, apenas ha dejado a nadie indiferente. O se le quiere o se le detesta. Es capaz de levantar en una misma jugada a unos y otros de sus asientos. No son pocas las veces en las que uno arranca una protesta ante alguna de sus decisiones que acaba ahogada ante el acierto. Pero nadie puede negar que su esencia se ajusta como anillo al dedo al papel de kamikaze que se le ha encomendado en estas últimas semanas.
En Fuenlabrada, sin ir más lejos, el Laboral Kutxa no habría sumado la victoria si Tabak hubiese apostado por mantener sobre el parqué a un Omar Cook que cuajó, no obstante, una actuación más que aseada. El equipo requería de otra velocidad, necesitaba soltarse los corsés para cambiar la dinámica del choque y Heurtel, en eso, no tiene rival. Al igual que sucedió en el último duelo frente al CSKA, el timonel galo cuajó un último cuarto descomunal, al alcance de muy pocos jugadores. Y ante todo evidenció que se siente en su salsa cuando lo único que se le exige es que salga a divertirse. Entonces se olvidan sus frustrantes pérdidas, su caótica dirección, sus aparentes instantes de desconexión y sus discutibles decisiones. Y aparecen las asistencias y las jugadas imposibles.
Cuartos para enmarcar
Los dos últimos cuartos que ha protagonizado en esos partidos Heurtel han sido para enmarcar. Ante los rusos, aunque no sirvió a la postre de nada tras el lacerante arbitraje que condenó de manera definitiva las opciones de supervivencia baskonistas, firmó 17 puntos en esos diez minutos finales. En Fuenlabrada no llegó tan lejos, pero sí lo suficiente como para acabar con la brava resistencia del equipo madrileño. Heurtel anotó 13 puntos, repartió varias asistencias, ganó el partido y refrendó la impresión de que su papel debe ser precisamente ese, el de desatascador.
Queda por ver hasta dónde llega en la ACB este Laboral Kutxa con los bases de los que dispone. Será fundamental que Tabak consiga sacar el máximo jugo de Cook, pues parece destinado a asumir el peso principal de la dirección, pero al menos el croata ya sabe cómo puede hacer que Heurtel rinda. El francés se maneja mejor en un estado salvaje que sometido a las normas de la disciplina. Quedó claro en el Fernando Martín. En el segundo acto del encuentro, el propio Tabak tuvo que retirarlo a los pocos minutos de haberle dado entrada porque no dio una. Pero al final, cuando requirió de un valiente que saliera a la desesperada, el francés dio un paso al frente para sumar un triunfo valioso, por las dificultades que planteó el rival, y dejar claro cuál debe ser su papel en este equipo.

12/11/12

Carácter y dudas

El Caja Laboral se apoya en la fe y el corazón de los que quisieron creer y remonta un partido abocado al desastre


Mucho se ha hablado a lo largo de las últimas semanas sobre el carácter bipolar del nuevo Caja Laboral. El equipo azulgrana tiene dos caras que no sólo varían de un partido a otro, sino que pueden manifestarse incluso en las dos mitades de un mismo envite, como volvió a quedar patente ayer en Valencia. Los pupilos de Dusko Ivanovic escaparon victoriosos de La Fonteta, escenario propicio, tras remontar un encuentro que en la primera parte se había convertido en una prolongación del desastre perpetrado dos días antes en Zagreb. Tras haber marchado a remolque en el marcador durante media hora, con desventajas que llegaron a alcanzar los dieciséis puntos, conquistaron una victoria que, sin embargo, no puede silenciar las preocupantes señales que envía en determinados momentos un equipo que es al mismo tiempo capaz de caer en la más profunda de las depresiones y de rozar el cielo baloncestístico en cuestión de segundos.

En el duelo ante el Valencia Basket de Velimir Perasovic, el tercer rival de entidad consecutivo en la competición doméstica, el cuadro baskonista exhibió la versión más extrema de ambas facetas. Se mostró como un equipo abúlico, impotente e inconsistente de inicio y como un bloque voluntarioso, decidido y solidario en una segunda parte en la que destrozó sin piedad a un rival que acabó sobrepasado y preguntándose cómo un encuentro que parecía tener ganado se le acabó yendo de las manos de esa forma.

Si cualquier aficionado hubiera visto sólo la primera mitad del encuentro, con una bochornosa puesta en escena trufada de pérdidas de balón y defensas de mantequilla que prolongó hasta el 19-2 la inercia inicial de un Valencia que sí parecía estar por la labor, habría concluido que este Caja Laboral es un equipo de saldo con muchos problemas estructurales y evidentes deficiencias de motivación. Si en cambio hubiera visto sólo la segunda, que arrancó con un tercer cuarto demoledor (13-27) y se consolidó con un final en el que se tomaron correctas decisiones y se defendió con el alma, habría pensado que nos encontramos ante un candidato a ganar cualquier título que se le ponga a tiro.

En realidad este Caja Laboral no es ni una cosa ni la otra. Es las dos y ninguna al mismo tiempo. Parece claro que hay materia prima para edificar un proyecto con la suficiente solidez como para evitar las vergüenzas de los dos cursos precedentes y volver a mirar a los ojos a los grandes. Pero también que a Dusko Ivanovic le está costando demasiado darle forma e imprimirle un carácter que no parecen poseer todos sus pupilos.

Ayer algunos quedaron en entredicho. Mientras jugadores como Nocioni y San Emeterio, que más allá de que estén más o menos acertados siempre dan la cara, se echaron a las espaldas el equipo para buscar una remontada que bien entrado el segundo cuarto se antojaba más imposible por sensaciones que por resultado, otros presenciaron la voltereta del marcador desde el banquillo en una segunda mitad en la que no pisaron el parqué.

Los que quisieron estar estuvieron. A la misión suicida del argentino y el cántabro se sumaron otros y al final Ivanovic, que sigue sin conseguir que este equipo despliegue un buen baloncesto, fió la su suerte a la voluntad de un grupo de chalados que quisieron creer en el milagro y acabaron por agarrarlo con los dientes.

El Caja Laboral no fue mejor que el Valencia Basket. Pero buscó la victoria con todas las ganas que le faltaron en Zagreb o en la segunda mitad del duelo ante el Efes. Con un Causeur celestial, tremendamente inspirado en ataque e intenso en defensa, y un Tibor Pleiss que evidenció ante los superados postes taronjas el ilusionante potencial de que dispone, el cuadro azulgrana supo disimular unas carencias que en algunos casos parecen más bien escasa claridad de ideas y en otros sólo falta de motivación.

Ivanovic sigue sin lanzarse a conceder galones a ninguno de sus bases a estas alturas del curso y se está pagando caro. Cabezas es por el momento el que mejor responde, pero juega bajo la lupa. Y eso en un equipo que carece de automatismos y que anda muy corto de ideas en ataque resulta casi suicida. Más allá del uno contra uno y de los movimientos para buscar el bloqueo y continuación hay muy poco.

Algunos partidos podrán salvarlos la fe, la entrega y el músculo. Pero eso tiene un límite. No se puede vivir eternamente de las exhibiciones de testosterona. Hay rivales ante los que no resulta suficiente. En la ACB hasta ahora ha bastado. Pero no en la Euroliga. El enfrentamiento ante tres de los grandes de la ACB se ha superado con nota, con dos victorias y una derrota en la prórroga, pero mal harían la directiva o los técnicos en dejarse llevar por el resultadismo y obviar los evidentes mensajes de alarma que envía el equipo y requieren de una solución inmediata.

Domingo, 11 de noviembre de 2012
75-79

Valencia Basket (20+27+13+15): San Miguel (4), Martínez (7), Pietrus, Dubljevic (8), Lishchuk (12) -cinco titular-, Markovic, Ribas (16), Faverani (4), Doellman (13) y Quinn (11).
Caja Laboral (14+20+27+18): Rochestie (2), Oleson (4), San Emeterio (15), Milko Bjelica (5), Lampe -cinco titular-, Heurtel, Cabezas (6) , Pleiss (9), Nocioni (16) y Causeur (22).
Árbitros: Redondo, Jiménez y Castillo. Eliminaron a los locales Markovic (m.38) y al visitante Bjelica (m.35).

20/1/12

La ACB ante el órdago de la Euroliga

El anuncio de los rectores de la máxima competición continental de pasar algunos partidos a los viernes y aumentar en ocho jornadas el Top 16 a partir de la próxima campaña pone en jaque a la ya arrinconada Liga Endesa


La pasada semana la Euroliga dio a conocer ciertas modificaciones en su sistema de competición que han quedado en un sorprendente segundo plano pese a la trascendencia que pueden llegar a tener. A partir de la próxima temporada, en apenas unos meses, los partidos de la máxima competición continental abandonarán su actual nicho semanal de los miércoles y los jueves para apoderarse también de los viernes, jornada libre en el calendario deportivo que Jordi Bertomeu y su equipo consideran óptima para que el torneo gane en protagonismo mediático y, entre otras cosas, esquive la feroz y desesperante competencia televisiva con la Liga de Campeones de fútbol. Hasta ahí, pueden entenderse las razones que han movido a los rectores de la Euroliga a dar este paso, pero se abren muchas incógnitas y ante todo surgen preguntas en torno a cómo puede afectar a las ligas nacionales, y entre ellas a una ACB que no acaba de salir de una para meterse en otra.

A Albert Agustí, el nuevo máximo dirigente de la ahora llamada Liga Endesa, le ha aparecido sobre el tapete el primer órdago importante de su mandato. La tradicional falta de sintonía entre Euroliga y liga doméstica, que ha ofrecido numerosos episodios de discordia -sobre todo relativos al número y al proceso de clasificación de la competición española para el torneo continental-, se aproxima hacia su batalla definitiva. No en vano, esta maniobra, a primera vista la antesala de lo que parece una evidente intención de programar los partidos europeos los fines de semana, apunta hacia la supervivencia de una ACB que sigue sin resolver su reto de convertirse en un producto atractivo para las audiencias televisivas y los anunciantes. Los datos de las últimas semanas reflejan una realidad aterradora: ningún partido en el que no estuviera implicado Barcelona o Real Madrid ha ofrecido registros de share dignos. Es más, incluso se ha dado el sonrojante caso de que los partidos de la NBA, muchas veces en horario de madrugada, registren mejores datos que los de la competición doméstica.

El viejo anhelo de una NBA a la europea

Peliagudo panorama se le presenta a la Liga Endesa, un torneo que padece las consecuencias de un deterioro innegable, que flirtea con la amenaza de su extinción. Sin apenas tiempo para reaccionar, ahora que había aparecido un patrocinador aparentemente sólido, que se negocia el cambio de operador de televisión y se comienzan a dar pasos hacia la salvación, se vuelven a cernir oscuros nubarrones sobre su panorama futuro. La Euroliga, en defensa de sus intereses, no se ha detenido a reflexionar sobre el efecto pernicioso que sus estrategias pueden arrojar a las competiciones nacionales del continente, la mayoría ya condenadas a la subsistencia más anodina, y a la larga al baloncesto en general. Y si lo ha hecho, desde luego, poco parecen importarle estas consecuencias. Al fin y al cabo, los rectores de los clubes con peso en esta competición jamás han ocultado su anhelo de crear una estructura similar a la de la NBA pero a la europea. El problema es que se practica una política de pan para hoy y hambre para mañana en la que nadie, ninguno de los responsables de velar por la salud de este deporte, parece reparar.

No pretendo realizar un ejercicio maniqueo en torno a este asunto. Aquí no hay ni buenos ni malos. Cada uno vela por sus intereses. El problema es que el pastel es muy pequeño y en lugar de buscar un concilio para darle más cuerpo, todos se han abalanzado sobre él para repartirse las migajas. Y en mitad de esta pelea, más desguarnecida que en posición de hacer valer su peso histórico, se encuentra una ACB que echa en falta mucho mayor apoyo por parte de los responsables federativos y en muchos casos de los medios de comunicación. Al fin y al cabo, todo esto no viene sino a ser un reflejo lógico de la división histórica que ha marcado la trayectoria en la gestión del baloncesto en este país.

La decisión de comenzar a disputar partidos los viernes (los responsables de algunos clubes españoles sostienen que la mayoría seguirán jugándose en jueves) no es la única modificación presentada y adoptada motu proprio, sin contar con el consenso de otras competiciones que pudieran solaparse, por los dirigentes de la máxima competición continental. Además se va a producir otro cambio muy importante: la segunda fase del torneo (tras la calificación y la fase regular) cambiará de formato. En lugar de cuatro grupos con cuatro equipos cada uno, el Top 16 pasará a disputarse con dos grupos de ocho equipos, de los que saldrán los cuartofinalistas. ¿Qué supone esto? Básicamente que la Euroliga ganará ocho jornadas de competición. O sea que se aumenta el número de semanas del torneo hasta el punto de que podrían disputarse partidos incluso en fechas protegidas por el convenio laboral de los jugadores (aunque sólo en competición doméstica) como Navidad o Año Nuevo.

Más taquillas para los grandes

Esta decisión responde al interés obvio de los grandes clubes de obtener mayores réditos por su participación en un torneo que aspira a convertirse en el referente (¿único?) del baloncesto continental. Salvo hecatombes como la que este año padece el Caja Laboral o el pasado sufrió el CSKA, la mayor parte de los principales equipos europeos se asegurarán con este cambio cuatro taquillas más, al margen de la posibilidad de que se den mayor número de duelos atractivos, entre los gallitos, en el transcurso de la segunda fase del torneo. Es la dirección que sigue el deporte en busca de una estabilidad económica que cada vez parece más utópica. La fórmula viene a copiar lo que se hizo en fútbol al instaurar la Liga de Campeones sobre una Copa de Europa que apenas permitía dirigir los cruces y corría el riesgo de quedarse por el camino hacia la final con varios de los equipos más atractivos, y una ampliación más lucrativa del actual sistema de la Euroliga, donde desde hace años el sistema de licencias ha garantizado unos ingresos mínimos muy importantes a un determinado y selecto ramillete de clubes que han podido permitirse inversiones que sujetos a la incertidumbre de una clasificación en función de los resultados en sus respectivas ligas habría resultado excesivamente arriesgada.

El drama puede apreciarse ante la tesitura que se le presenta a la ACB con este nuevo panorama. Justo en el momento en el que se atisbaban vientos de cambio, con el relevo en la cúpula y las ideas que empezaban a brotar, llega este órdago para una competición que se encuentra atrapada entre varios frentes. Ya digo que no es cuestión de establecer valoraciones morales, más allá de preguntarse qué repercusión podría llegar a tener para el baloncesto el nacimiento de una NBA a la europea y la gangrena progresiva de una Liga Endesa en la que muchos de sus clubes ya sufren en estos tiempos de supuesto primer plano las angustias propias de un deporte que no resulta suficientemente atractivo para anunciantes y televisiones. Intuyo que a la larga no resultará en absoluto beneficioso. Dejando a un lado a las ciudades que podrían mantener su representación en la competición continental, y que ahora mismo serían Vitoria, Málaga, Barcelona y Madrid, para el resto de plazas, algunas de tradición histórica, podría resultar un palo definitivo. Y no ya sólo en el hipotético caso de que se consolidara este viejo anhelo de la Euroliga de conformarse como una competición cerrada, sino incluso desde el punto de vista de que sus partidos pasen a los viernes y los clubes de la ACB implicados en el torneo opten por trasladar sus choques ligueros a los lunes. ¿Qué consecuencias podría tener desde la perspectiva de las audiencias televisivas? ¿No acabaría por completo con los desplazamientos de las aficiones para seguir en vivo a sus equipos?

La postura de la FEB

No he escuchado ni leído todavía qué postura adopta con respecto a este asunto la Federación Española de Baloncesto. Pero me gustaría. El histórico distanciamiento entre el ente federativo y los responsables de la ACB a veces ofrece la ridícula sensación de que cada cual está haciendo la guerra por su cuenta, cuando lo que se está debatiendo desde hace unos años es precisamente la supervivencia del baloncesto, un interés común. La FEB celebra ufana los resultados de las selecciones nacionales, tanto de los combinados de formación como de los absolutos. Y no es para menos. De un tiempo a esta parte son espectaculares. Pero uno empieza a estar ya cansado de que unos y otros traten de sacar pecho por unos méritos que deberían ser compartidos. Nadie duda del excelente trabajo que desde la dirección deportiva de la federación se lleva a cabo para que los jugadores se integren, formen equipo y acaben peleando por medalla en casi cada torneo al que acuden. Pero los buenos jugadores no brotan de las piedras ni se clonan en el despacho de José Luis Sáez. Resulta fundamental la labor de cantera de los clubes (casi todos de la ACB) y sin ellos todo se esfumaría en el aire.

El paso adelante que ha dado la Euroliga, como digo defendiendo de manera lícita sus intereses, presenta esa amenaza. Una debilitación de la Liga Endesa seguramente llevaría aparejadas consecuencias calamitosas en el baloncesto de formación, cuyo nivel decrecería de manera proporcional. Y a la larga, si no se gestiona de manera adecuada, volveríamos a encontrarnos con una situación de alto riesgo para un deporte que de por sí ya atraviesa una época complicada. Por eso me resulta curioso que haya pasado tan de puntillas por la mayor parte de los medios esta decisión de la Euroliga, una competición que por otro lado muchos gozamos casi por encima de cualquier otra. La ACB tiene un órdago sobre la mesa. Teniendo en cuenta que es una de las pocas competiciones nacionales que conserva cierto pedigrí, su respuesta puede determinar la del resto. El futuro del baloncesto se decide en los despachos. Habrá que ver si todas las mentes pensantes reman en una misma dirección o si al final, como en el chiste, se acaba tirando la puta al río.

22/8/11

El mensajero magnicida

La tendencia de los medios a buscar héroes y dejar en un segundo la competición ha situado al deporte, asfixiado por la falta de ingresos y lisiado por la merma de emoción, al borde del abismo.


Asistimos a un momento crucial para el futuro del deporte español. No me refiero sólo al baloncesto. Hablamos de todas las disciplinas deportivas y de la repercusión, el volumen de ingresos y el espacio mediático del que gozarán en los próximos años. Hace algún tiempo que se quebraron los principios de la supuesta imparcialidad de los medios, vehículos de la emoción y el resultado. Esa equidad desapareció. En el mismo instante en el que las eliminatorias de Copa del Rey comenzaron a dividirse en varios días de una misma semana y las radios se decantaron por emitir los de un día –normalmente coincidían con los de los equipos más poderosos– y olvidarse de los que se jugaban otro se comenzó a gestar la crisis que azota ahora mismo al deporte en este país. La Liga Endesa, por supuesto, no se mantiene ajena a esta realidad. Entretanto, los dos gigantes, amamantados por la superestructura que les concede su condición de entidades balompédicas, comienzan a gozar de unas ventajas presupuestarias que amenazan con limitar la pelea por los títulos o, como poco, incrementar el nivel de dificultad para las clases menos pudientes. Los ricos siguen siendo ricos y los pobres, como en muchos otros órdenes de la vida, más pobres.

Los medios son (o somos) lo que son (o somos). No es cuestión de entrar a valorar el proceso de putrefacción que ha experimentado el periodismo, la comunicación de masas, pero resulta indudable que, en gran medida, lo que no tiene reflejo en las televisiones, radios y periódicos no existe, o al menos existe sólo para unos pocos. A pesar de la transformación que están suponiendo para la manera de acceder a la información las redes sociales, la trascendencia de casi todo se mide en función de su presencia en los mass media. En este presupuesto puede encuadrarse en cierta medida la crisis que afecta a un elevadísimo porcentaje de los deportes. Recuerdo que hace no demasiado tiempo, incluso en un escenario en el que existían muchos menos canales de difusión, había audiencia para disciplinas ahora en el olvido. Por citar, me viene a la memoria el balonmano, condenado al ostracismo tras haber vivido una época dorada a mediados de los noventa, el ciclismo, cada vez más maltratado, o el propio baloncesto, no sé hasta que punto víctima o responsable de su propia descomposición. La tendencia devoradora de la situación actual es tal, que incluso el fútbol, no me refiero al Madrid ni al Barça, sino al resto, incluidos la inmensa mayoría de los equipos de la máxima categoría, ha dejado de resultar rentable, atractivo, o ambas cosas al mismo tiempo.

Una pescadilla que se muerde la cola

En realidad se trata de una pescadilla que se muerde la cola, pero que está resultando tener unos efectos aterradores para la emoción de las competiciones. Cuanto menos aparece un equipo o un deporte en, sobre todo, las televisiones, menos interés despierta, desciende su rentabilidad para los propios operadores, que a su vez se afanan menos en darle salida y, de esta manera, pierde popularidad. Un bucle continuo y diabólico en el que hace algunos años ha entrado el baloncesto. Cae al vacío sin remisión mientras da la impresión de que la brecha que se abre entre los poderosos y el resto sigue creciendo. El periodismo deportivo en España ha creado héroes, vive de unos pocos elegidos. El resto malvive, mendiga espacio y protagonismo. Está atrapado por una maquinaria en la que ni siquiera importan ya tanto los resultados, la competición. Se trata de la imagen, de lo que vende y lo que no. Y lo peor de todo es que la ligereza e indiferencia con las que este proceso está pasando ante nuestros ojos pueden tener unos efectos devastadores en un futuro a medio y largo plazo.

Podrían incluso establecerse equivalencias con lo que sucede en el mundo de la información política de un estado que deriva peligrosamente hacia el bipartidismo. La concepción de este nuevo universo periodístico reduce, simplifica y divide. El caso más evidente trasciende las barreras del baloncesto, pero pisotea la frontera y amenaza la mera supervivencia de un deporte aquejado de una deshidratación financiera endémica, estructural. Ya ni siquiera se respeta el fútbol. Todo queda reducido a la mínima expresión. Madrid o Barça. Cristiano o Messi. Mourinho o Guardiola. No hay más para muchos. Y así nos van las cosas. No se habla de la NBA en términos de competición, sino que apenas se reflejan los números que firman cada madrugada los jugadores españoles que han saltado el charco. A quién le importa cómo marche el torneo... El tenis es Nadal. La Fórmula Uno copa titulares y docenas de horas de información anuales porque Fernando Alonso pelea por el título mundial. Me da en la nariz que cuando desaparezca el asturiano del mapa, si los poderes fácticos y económicos que manejan esa rueda se ven incapaces de hallar un héroe que lo sustituya, caerá en el olvido, o como poco se convertirá en un reclamo para aquellos que de verdad aprecian ese deporte. Ídolos. Es lo que se busca y se explota. ¿Y la ACB? ¿Y el baloncesto español? ¿Y la Euroliga? Casi mejor ni hablar del asunto. Los grandes medios nacionales le dan la espalda hasta límites insospechados. Como vende poco, sale poco. Como sale poco, cada vez vende menos. Así que, salvando al Madrid, más presente cuando gana que cuando pierde, pero la mayor parte de las veces de un modo testimonial, la referencia se busca en los héroes de la selección, grandes iconos, abanderados de una generación irrepetible, quizá una oportunidad arruinada para devolver este deporte al primer plano.

Lo que no aparece en los medios no es atractivo

La ecuación matemática para desvelar los efectos de esta política resulta sencilla: todo lo que no aparece en los medios, en términos de inversión, resulta poco atractivo. Por lo que, más allá de privar a las nuevas generaciones de la oportunidad de paladear y conocer los deportes que nosotros descubrimos de niños, para después elegir, están (estamos) acabando con ellos. La caída en picado de las inversiones en patrocinios no es sino una consecuencia lógica de esta peligrosa manera de entender el deporte, de esta sesgada forma de venderlo. El baloncesto es víctima de este proceso para el que me pregunto si existe un punto de retorno. Es sólo una víctima más, pero los que lo amamos sangramos esta descomposición progresiva de un juego que no merece algunos desprecios que está teniendo que soportar. Cada vez sorprenden menos. ¿Es normal que una cadena que se precia de acompañar a la selección española cada verano en la lucha por medallas en los torneos internacionales decida con total impunidad emitir un compromiso preparatorio del equipo de Scariolo en diferido? La mera formulación de esta cuestión duele. Más aún si echamos mano de una duda que planteó, no sin cierta picardia, el extécnico del Baskonia, ahora en Canarias, Pedro Martínez: "¿Pero La Sexta no tiene tres canales?". Si, los tiene. Además del generalista, dispone de uno que destina a emitir todo el día telenovelas y otro para películas.

En plena resaca del primer fin de semana que los de mi generación recordamos sin fútbol a raíz de una huelga,  la crudeza de este panorama se revela cruel al atender a las cifras de deuda que arrastran casi todos los clubes del Primera y Segunda División. Pero esto no es nada nuevo para el baloncesto, donde son mayoría los equipos que ejecutan malabarismos para poder pagar al día a sus jugadores y el éxodo de patrocinadores se ha convertido en una constante desde que la llegada de la crisis redujo las cuantías que las grandes marcas (y las no tan grandes) destinaban al marketing y la inversión en publicidad. Hemos sufrido a comienzos de este verano la angustiosa situación vivida por el Lucentum de Alicante, que flirteó con la liquidación y fue rescatado in extremis, cuando muchos habían perdido la fe. En la ACB no es el único caso de asfixia financiera. Salvando los dos grandes, e incluso el Barça anunció para su sección de la canasta una reducción presupuestaria que no sé si de verdad se ha llevado en práctica, todos los clubes de la nueva Liga Endesa (identidad alquilada) han salido al mercado con el cinturón bien apretado. Es lo que toca. En un contexto de crisis global, de escasez de mecenas, nadie quiere tirar el dinero por el retrete destinándolo a manchar unas camisetas que apenas tendrán reflejo en los medios mayoritarios.

Una política informativa muy dañina

No sé si, como solía decir Andrés Montes, "video kill the radio star", pero desde luego sí estoy convencido de que la política reduccionista en cuanto a contenidos que se ha adoptado como habitual y lógica está acabando con el deporte tal y como lo conocíamos. Lo que espero encarecidamente es que no se trate de algo intencionado. Un descuido en un bosque puede tenerlo cualquiera, pero jamás entenderé a los pirómanos. El otro día bromeaba en twitter (@dpeje) sobre un hecho tan curioso como deprimente: la rotonda de Valdebebas aparece en las televisiones nacionales en una semana más tiempo del que la camiseta de equipos de Primera como el Racing, Osasuna o Zaragoza puede aparecer en un año. ¿Cuántos recuerdan los patrocinadores que lucieron la pasada campaña los jugadores de estos equipos en el pecho? Pues eso. Si no aparece, no existe.

La presencia en los medios, reservada para unos pocos, representa unos ingresos muy importantes para los clubes, casi siempre los mismos. Anima a los sponsor a apoyar, porque a la larga cualquier inversión revierte tanto directamente, en ventas, como sobre todo desde un punto de vista indirecto, de imagen. ¿Cómo una marca de coches no va a regalar uno a cada componente de la plantilla del Madrid y convertirse en patrocinador del club si cada dos por tres, y sin ningún tipo de justificación informativa, van a gozar de una enorme presencia de branding en televisión y prensa escrita? He ahí el inicio de las desigualdades, de origen ya enormes, que van aumentando con el paso del tiempo. Ya no es sólo la desquiciante desproporcionalidad con la que en este país se reparte el pastel de los derechos televisivos, o de las abismales desigualdades de masa social entre los clubes de las metrópolis y las capitales provincianas. Hablo de la publicidad directa, que supone a la larga mucho dinero para los elegidos, para esos héroes que se han convertido en los únicos sujetos de una información que incluso en los deportes de equipo conjuga demasiadas veces los titulares en singular.

Las migajas para el resto

Estoy hablando de fútbol porque el resto de los deportes, incluido el baloncesto, vive a su sombra. Todo lo que queda por repartirse son las migajas. Lo más hiriente es que, más allá de la vertiente monetaria, todo esto tiene un efecto de arrastre, una tonada de seducción que anida en el subconsciente de los más pequeños. Los niños en España, y cada vez en mayor medida, están polarizados. ¿Quién va a querer ser del Levante o del Valladolid si puede convertirse en aficionado del Madrid o del Barça, los que salen en la tele, de los que hablan todos? ¿Para que ir al San Pablo a ver un partido del Cajasol si lo que de verdad mola es esperarse a verano y animar a la ÑBA? Al margen de los ingresos cada vez más inaccesibles, los clubes pequeños están perdiendo masa social. Intuyo que sólo la labor evangelizadora de los padres, el legado familiar, mantiene el interés que desde los medios se arrebata. 

Lo que me resulta realmente inquietante es que este apagón informativo no afecta sólo a lo que hace no tanto podríamos haber considerado como equipos humildes. Como sucede en esta sociedad en la que cada vez andamos más justos, está desapareciendo la burguesía. La clase media padece las angustias de esta delirante realidad. Sin ir más lejos, el Villarreal, uno de los cuatro mejores equipos de la llamada Liga de las estrellas, un plantel que está disputando la fase previa de la Liga de Campeones, ni siquiera resulta lo suficientemente atractivo para hallar un patrocinador de postín. Por primera vez en su historia, el conjunto castellonense afronta la temporada con la camiseta limpia. Mal agüero. Pero muchos de los que se echan las manos a la cabeza deberían realizar un ejercicio de introspección para saber cómo se ha llegado hasta este punto.

El Caja Laboral, y regreso al baloncesto porque soy plenamente consciente de que da la impresión de que me he apartado un tanto del camino habitual, también lo sufre en sus carnes. Orgulloso representante de la burguesía baloncestística, club hecho a sí mismo, se encuentra en una encrucijada. Mientras vemos que Barça y Madrid se rearman para pelear por los títulos con los restos de los mastodónticos presupuestos de sus equipos de fútbol, el resto trata de subsistir a esta crisis, que no es sólo financiera. El Baskonia, incógnita pura para muchos en un verano complicado, ha servido de enlace entre la clase media y la aristocracia mientras le ha sido materialmente posible. Y con materialmente quiero decir, no hay más misterio, económicamente. El cuento de hadas en el que ha vivido sumido el baskonismo desde que el equipo vitoriano se hizo un hueco en la élite, un club de origen modesto en la alta sociedad, se agotó hace algún tiempo. La pericia en los fichajes, la habilidad en el rastreo y captación de promesas ya no basta. La Liga Endesa, como la Liga BBVA, tiende al modelo escocés, tan criticado pero a la vez tan inconscientemente (quiero creer) perseguido.

Y todo esto lo digo con el riesgo que supone hablar de favoritismos antes incluso de que la competición eche andar. La esencia del deporte se revela en ocasiones ilógicamente maravillosa. Es lo que tiene. El dinero no garantiza nada, porque debe ir acompañado de una política de trabajo sensata. Pero a nadie se le escapa que lo facilita. Sé que hace apenas dos veranos se puso de moda cuando se hablaba de a ACB el concepto de liga bipolar. Daba la impresión, como ahora, de que catalanes y madrileños iban a repartirse todo el botín y que nadie podría hacer nada para evitarlo. Al final, la película halló un epílogo bien distinto. El celebérrimo dos más uno de San Emeterio y la fiesta del baskonismo por la consecución del tercer título liguero dinamitaron unos vaticinios que parecían ajustados a una lógica aplastante. La dinámica, sin embargo, parece empeñada en provocar el más difícil todavía. Algunos empujan (empujamos) al deporte a un precipicio que acabe por completo con la igualdad y la competitividad. Creo que los profesionales de la información deberían (deberíamos) reflexionar al respecto.