26/3/12

El carácter del carácter

Nocioni, referente del espíritu azulgrana, regresa en un momento de máxima necesidad para aportar un punto de equilibrio y alma al Caja Laboral, a pesar de que su perfil no era en inicio el buscado



Se ha forjado a lo largo de su medio siglo de historia el Baskonia una leyenda de equipo irreductible, de espíritu inmune a la rendición, que en los últimos tiempos, sobre todo en estos dos últimos ejercicios, ha tenido más de mito que de realidad. El carácter que siempre se le ha presupuesto al combinado vitoriano, más todavía en las épocas en las que el sargento Ivanovic ha estado al mando de las operaciones, se marchó por el sumidero conforme desaparecían de su plantilla algunos de los grandes iconos que lo condujeron a la aristocracia durante la pasada década. Este ejercicio, tan marcado por las calamidades, no ha representado una excepción. Más bien al contrario. Ha supuesto la confirmación de que el cuadro azulgrana, aun manteniendo los jugadores de calidad y la ambición que siempre le han permitido elevar un punto sus objetivos, había extraviado en cierta medida ese espíritu que puede haberse recobrado justo a tiempo.

La llegada de Andrés Nocioni ha devuelto la fe a la siempre devota hinchada baskonista. El mero anuncio de la contratación del argentino, que regresa a casa con la intención de volver a sentirse jugador tras una oscura etapa en Philadelphia 76ers, ha tenido un tremendo efecto terapéutico entre los aficionados y ha invitado a los pronosticadores a replantearse las opciones del combo alavés de cara a la pelea por el último título que queda en liza dentro de un curso que se ha revelado amargo.

Andrés Nocioni, puro carácter, seguramente uno de los jugadores que mejor ha encarnado en la historia del Baskonia los valores de los que se presume en el Buesa Arena, llega con la misión de devolver el alma a un equipo desnortado y que había comenzado a perder la conexión con un segmento de la grada. Josean Querejeta ha recurrido para devolver el pulso a un hombre que lleva un año casi en blanco y que, por si fuera poco, no encaja con el perfil buscado. Pero no hay miedo.

Resulta obvio que en cualquier otro punto del globo terráqueo su contratación habría generado muchos interrogantes. En Vitoria no. En la capital alavesa ha generado toneladas de ilusión. Más allá de que su estado de forma pueda resultar una incógnita (en Philadelphia ha jugado 11 partidos este curso con una media de 5 minutos por cita) y de que en absoluto aparezca como el exterior anotador en función del que se rastreaba el mercado, el fichaje de Nocioni tiene tantos matices políticos y anímicos como deportivos. Quizá más.

El Cid Nocioni

Nada es casual cuando se trata del Baskonia. El Chapu, como El Cid en la batalla de Valencia, puede aportar sin bajarse del caballo. Su llegada a un grupo deprimido, inconsistente de espíritu, que ha firmado la primera campaña en la Euroliga sin Top 16 y ha alternado actuaciones decepcionantes con alguna sonada muestra de capacidad, ya constituye por sí sola una garantía de que el cuadro azulgrana va a recobrar ciertas dosis de orgullo.

Por supuesto, no estará solo. El cambiador del inquilino del Buesa Arena cuenta con algunos otros elementos que han dado sobradas muestras de ese carácter que transporta a tiempos pretéritos. Sigue en la plantilla el grueso de los componentes del equipo que dinamitó todos los pronósticos para doblegar con contundencia al Barça y conquistó el tercer título liguero. Aquella ya histórica final encumbró a San Emeterio, laureado un año después con el galardón como mejor jugador de la ACB, y en él estaban también Ribas, Oleson y Mirza Teletovic, el elegido para recoger el testigo de Tiago Splitter. El bosnio, jugador sobrado de facultades, con un prometedor futuro seguramente al otro lado del Atlántico, fracasó cuando llegó el momento de erigirse en el líder del equipo. Y, entre otras cosas, ese fue uno de los motivos que impulsaron al club, a pesar de la oposición, a recuperar a un Pablo Prigioni que ha tratado de tirar anímicamente del carro. El timonel de Río Tercero ha estado demasiado solo en esa tarea. Pero eso se ha acabado con la llegada de su compatriota.

A Nocioni, que busca el punto óptimo de forma para los Juegos de Londres y trata de buscar un último jugoso contrato, se le va a exigir más compromiso que baloncesto, más labor de líder que canastas, pero no es manco. Sigue siendo un jugador con capacidad para marcar diferencias fuera de la NBA, como demostró el pasado verano en el Preolímpico con Argentina. Y además, y no es cuestión baladí, ayudará a reconciliar al equipo con toda la grada. No es fácil llenar un recinto con 15.000 asientos.

Os dejo al link al artículo, que apareció en la edición del domingo 25 de marzo en Diario de Noticias de Álava.

21/3/12

Nocioni: "Si no tuviera contrato con Philadelphia, me vería en Vitoria"

Ahora que tanto se está hablando sobre la posible vuelta de Andrés Nocioni a Vitoria, me ha parecido conveniente recuperar este vídeo (los tres primeros minutos) en el que el alero argentino hablaba de Dusko Ivanovic, el técnico que hizo de él un jugador codiciado para los equipos de la NBA. El Chapu, que guarda un grato recuerdo y una excelente relación con el preparador montenegrino, se permitió la licencia de bromear sobre su dureza y sus métodos. A pesar de que reconoce la inflexibilidad de Ivanovic, con el que llegó a chocar en momentos puntuales merced a sus potentes caracteres, Nocioni refleja que los jugadores con un espíritu como el suyo pueden sobrellevar esa disciplina y aprovecharla para sacar lo mejor de sí mismos. En la entrevista de la CNN, que es de comienzos de noviembre, época de lockout, ya manifiesta sin ambages que le encantaría retornar a la entidad baskonista: "El Caja Laboral me ha dado mucho y me encantaría volver. Si no he vuelto es porque sigo con el contrato vigente de Philadelphia. Si no tuviera ese contrato, me vería en Caja Laboral seguro", aseguraba entonces. Sea o no lo que busca el Baskonia, que en principio rastreaba el mercado en pos de un escolta anotador, parece claro que jugadores como el santafesino podrían ejercer un rol determinante para devolver el carácter a un plantel con muy poca alma.


20/3/12

La margarita de Nocioni

La ilusión del baskonismo se dispara ante la mera posibilidad del regreso del alero argentino, cuyo fichaje depende de muchos factores, entre ellos el económico, que complican la operación


El nivel de ilusión del baskonismo, que ante la aridez del presente y la incertidumbre del futuro inmediato paladea todavía las glorias del pasado, se ha disparado estos últimos días al conocerse la noticia de que Andrés Nocioni estaba a un paso de convertirse en agente libre. Philadelphia 76ers decidía prescindir de un jugador al que el head coach, Doug Collins, jamás ha querido introducir en la rotación y la esperanza de los aficionados del conjunto azulgrana de volver a disponer de uno de sus iconos históricos ha estimulado en cierta medida el optimismo de una hinchada que se niega a asumir con resignación la medalla de bronce que parece tenerle reservada una ACB en la que el escalón con los dos clubes futboleros se ha elevado un poco más esta temporada. El Chapu podría volver a Vitoria, está claro. Jamás ha ocultado el sentimiento de pertenencia que le genera el club azulgrana, donde creció como jugador hasta convertirse en un elemento codiciado por las franquicias de la NBA. Pero también podría quedarse en la competición estadounidense e incluso recalar en algún otro equipo importante a este lado del charco. Varias son las claves que pueden definir los movimientos que en los próximos días determinen el destino de un hombre que –en esto no voy a tener problemas en mojarme– ha sido de largo el jugador que más he adorado de cuantos se han enfundado la elástica baskonista.

¿Y cuáles son esos factores que pueden permitir o no que se cumplan los sueños colectivos de la afición vitoriana? Por un lado estarán la voluntad del jugador, su manifiesto apego hacia la entidad baskonista, su deseo de encontrar un destino en el que poder ponerse a tono para disputar los Juegos de Londres con la selección argentina, el único equipo en el que de verdad ha ofrecido su verdadera medida estos últimos años, y la evidente conciencia en el seno del club de que la contratación del alero santafesino, más allá de lo que pueda aportar sobre la cancha, recuperaría para la causa a un sector de la afición que ha perdido la fe en una plantilla que ha sido incapaz de dar la talla en los tres primeros títulos que ha disputado en la primera parte del curso. Por otro lado, y no pueden obviarse, se encuentran el factor económico, porque Nocioni tratará de mantener hasta donde pueda el caché adquirido en la NBA y seguramente buscar un último contrato de larga duración, su veteranía y el estado de forma con el que se presentaría a estas alturas de temporada, tras haberse pasado casi en blanco, con sólo once encuentros disputados a una media de poco más de cinco minutos por cita. La balanza está en estos momentos bailando, buscando su equilibrio.

El factor sentimental

Si fuera una cuestión de mera voluntad, guiada exclusivamente por el sentimiento, no me cabe ninguna duda de que Nocioni se debatiría entre volver al Caja Laboral o disfrutar por fin de unos últimos años de baloncesto en su país natal, donde apenas tuvo ocasión de disputar un puñado de partidos durante el lockout. Es más, teniendo en cuenta que en el cuadro gasteiztarra contaría también con el atractivo de pelear por títulos, disputar la Euroliga y reencontrarse con una afición que lo adora, la apuesta del corazón lo devolvería a la capital alavesa.  Pero no es tan sencillo. Estamos hablando de un profesional del deporte, del tramo final de una carrera de poco más de una década, de la posibilidad para un jugador de 32 años (el 30 de noviembre cumplirá 33) de buscar un último contrato jugoso. Y eso pesará, como es lógico, en la decisión del jugador.

Su agente, con buen criterio, ya ha dejado abierta la puerta a la posibilidad de que El Chapu regrese a casa. En declaraciones a Diario de Noticias de Álava, Claudio Villanueva reconoció que “Andrés no tendría ningún problema en volver al Baskonia”. No quiere cerrarle puertas. Es más, quiere abrir todas las posibles. “Si Ivanovic considera que Andrés le puede echar una mano y la dirigencia del club cree que se puede llegar a un acuerdo económico, obviamente no tendría ningún problema en volver. Allí pasó parte de su carrera”, manifestó Villanueva, quien sin embargo matizó también en su conversación con Oscar San Martín que “la liberación del contrato con los Sixers puede ser una felicidad para Andrés, pero hay una ingeniería económica en la cual debe salir favorecido”. Dicho con menos artificio argentino: “Andrés no tendría ningún problema en venir al Baskonia, pero tiene que contar la parte deportiva y la económica”. O sea que, más allá del sentimiento y del atractivo que pueda ofrecerle un Baskonia que aún aspira a mitigar la distancia que lo separa ahora mismo de Barça y Real Madrid para optar al cuarto título liguero de su historia, hay que hablar en clave de billetes. Y en esa pelea, si surgen como parece más que posible otras novias, el club que preside Josean Querejeta tiene las de perder.

Los Juegos de Londres en el horizonte

Han surgido en las últimas horas rumores sobre un posible interés de algunas franquicias de la NBA –sobre todo Celtics y Bulls– por hacerse con sus servicios. Parece poco probable que suceda. Aun así, su agente cifraba en “el 50%” las opciones de que el argentino juegue lo que resta de campaña en Europa. Sobre lo que no deben de existir tantas dudas es en torno a que tiene que jugar. Nocioni quiere jugar en Londres. Salvo sorpresa monumental, los de la capital británica serán sus últimos Juegos Olímpicos, así que para llegar en la mejor forma posible no parece probable que opte por seguir inactivo estos próximos meses. Si no es Estados Unidos, jugará en Europa. La duda estriba en saber qué equipos podrían plegarse a sus expectativas salariales, a esa “ingeniería económica” de la que hablaba Villanueva, teniendo en cuenta que los ocho que optan al cetro de la Euroliga ya no pueden realizar incorporaciones para el torneo continental porque el plazo de fichajes ya está cerrado.

En esta tesitura entra en juego el factor de la edad, la lógica inquietud del argentino por hacerse con un último contrato, que obviamente tratará de que se prolongue, como poco, una temporada más. Está claro que Nocioni dispone de la opción de fichar por un club por lo que resta de campaña y después, en verano, volver a salir al mercado en busca de un nuevo destino. Pero se antoja arriesgado para un jugador que percibía este año 6,65 millones de dólares y tenía garantizados 7,5 millones para la próxima campaña. Si en estos meses no ofrece un rendimiento de estrella en el Viejo Continente, la imagen de jugador determinante que tras tanta inactividad muchos ponen ya en duda, su caché descendería dramáticamente. Ahora, en cambio, puede jugar la baza de un cartel que en ningún caso, claro está, le va a permitir aproximar su sueldo al que percibía en la capital de Pensilvania, pero que le garantiza la opción de negociar en una posición más ventajosa con los equipos –pocos– que están ahora mismo en disposición de lanzarse a la puja por una figura procedente de la mejor liga del mundo.

Línea abierta con Vitoria

El Caja Laboral ha mantenido siempre cierto contacto con un jugador que ya hace unos meses (El Chapu retrata a Ivanovic), en pleno lockout, se dejó querer, volvió a manifestar su amor hacia el Baskonia. Los rectores del club azulgrana no son ajenos a la ilusión que ha generado la mera opción de contratar al argentino. Y no desdeñan la oportunidad, aunque al igual que el representante tienen muy presente que el factor económico va a resultar determinante. En una temporada muy agitada en cuanto a la confección de la plantilla, sin los ingresos esperados que debería haber generado el ya rutinario acceso al Top 16 y con una parte de la afición inquieta ante la impresión de que en ciertas esferas parece ocupar más esfuerzos el ticketing del remozado Buesa Arena que el apartado deportivo, la posibilidad de recuperar a uno de los ídolos históricos del baskonismo ofrece tantos atractivos como quebraderos de cabeza.

Nocioni, o un jugador de su perfil, no era de hecho lo que estaba buscando en el mercado un equipo que en mayor o menor medida parece tener bien cubierta la posición de tres con Fernando San Emeterio y Nemanja Bjelica. Pero tanto los directivos como el propio Dusko Ivanovic llevan toda la temporada asegurando que no se iba a fichar por fichar, que sólo se iba a lanzar el anzuelo si aparecía en el mercado un jugador que pudiera marcar las diferencias. Nocioni las marca. Pero no es gratis. Nocioni lleva demasiado tiempo sin ser importante en su club. Pero el pasado verano firmó una sensacional actuación para ayudar a su selección a hacerse con el título en el Preolímpico de Mar de Plata. Nocioni no es un escolta anotador, que es lo que se buscaba. Pero puede aportar una dosis tremenda de solidez y corazón a un grupo deprimido, inconsistente e irregular. Nocioni tiene 32 años. Pero su mera presencia puede devolver la fe a una afición que se debate entre la esperanza eterna y la resignación. Y eso, desde luego, ayuda a vender entradas para llenar un pabellón.

27/2/12

Bienvenidos al siglo XXIII

La NBA atraviesa un cambio neurálgico y mientras las estrellas que recuperaron el brillo de la liga comienzan a echarse a un lado, una nueva estirpe de jugadores descarados y ambiciosos amenaza con saltarse a una generación que, pese a su incuestionable talento, todavía no ha sabido reclamar su cuota de gloria



El concepto lo acuñó el maestro Montes, quizá en unos años de cierta oscuridad en la NBA, en un periodo en el que la competición estadounidense buscaba referentes, nuevos ídolos para abandonar el agujero en el que cayó tras la marcha definitiva de los últimos grandes genios del siglo XX. El baloncesto parecía algo menos poético cuando desaparecieron Magic Johnson, Michael Jordan, Larry Bird, Charles Barkley, Hakeem Olajuwon o Clyde Drexler. Hacía frío y se extendía la oscuridad. Hasta que apareció una nueva generación de estrellas que se resiste a ceder el cetro de la liga y que ahora sí definitivamente parece preparada para echarse a un lado.

"¡Bienvenidos al siglo XXI!", vociferaba en aquellas ya lejanas madrugadas Montes, en las que junto a Antoni Daimiel ayudó a que la NBA recuperara brilló a este lado del charco. Eran tiempos en los que comenzaba a despuntar Kevin Garnett, donde los Celtics estaban gobernados por Paul Pierce y el ahora caído en el olvido y la ruina Soldado Universal Antoine Walker. Se respiraba el comienzo de una nueva era, el advenimiento del reinado de jugadores como Dirk Nowitzki, Kobe Bryant o Tim Siglo XXI Duncan. Una era que se ha prolongado casi tres lustros y que, tras saltarse una generación de estrellas sin premio, parece por fin abocada a su final.

Puede resultar chocante que se hable de un cambio de ciclo en la NBA apenas unos meses después de que los Mavericks recogiesen el premio a los muchos méritos acumulados a lo largo de esta última etapa. El propio Nowitzki, Shawn Marion, Jason Terry o Jason Kidd, héroes sin gloria, recibieron una recompensa que otros célebres representantes de esta generación, como el otrora líder de este equipo Steve Nash, echarán en falta cuando tomen el camino de la jubilación. Cada vez quedan menos resquicios de esperanza para los estandartes de la estirpe que devolvió la grandeza a una NBA deprimida. Una nueva raza de jugadores ha llegado. Una nueva hornada de estrellas descaradas y hambrientas llama a la puerta. No piden permiso, si acaso perdón, mientras elevan la espada de Damocles sobre los pescuezos de otro grupo de jugadores que parecían llamados a colmarse de anillos pero que por ahora siguen esperando su turno, atrapados entre dos torbellinos de ambición. Los irreverentes representantes de la nueva estirpe han aterrizado en la competición con la idea clara de saltarse una generación. No hacen prisioneros. Se han conjurado para desafiar al tiempo, a la lógica, para arrebatar cualquier resquicio de esperanza a los estandartes de una generación que parecía llamada a marcar una época pero que casi una década después ha seguido instalada en la sombra de los clásicos.

La maldición del draft de 2003

Lebron James representa el rostro más reconocible de esa generación que no ha podido todavía desterrar a los viejos y corre el riesgo de verse fagocitada por los jóvenes. Los Nowitzki, Bryant, Pierce, Garnett, Kidd, Ginobili y Duncan morirán en la cama, abdicaran sin golpes de estado traumáticos. Lebron y sus coetáneos fueron incapaces de tumbarles mientras las fuerzas físicas y mentales ofrecían cierta impresión de equilibrio. Y ahora todo ha cambiado. Se abre una lucha por el poder en la que nadie atiende a conceptos como relevo natural o transición pacífica. Los nuevos tienen mucho hambre. Demasiado.



The Chosen One, gobernante sin reino por el momento, encabezó la que muchos han señalado como la mejor hornada de la década, la que parió el draft de 2003. Pero algo olía a podrido, y no fue el hecho de que Darko Milicic fuera escogido por los Pistons con el número dos en una de las decisiones más insostenibles que se recuerdan, pues Carmelo Anthony, tercero, Chris Bosh, cuarto, o Dwyane Wade, quinto, quedaron relegados por el serbio. Aquel ramillete de estrellas y sus contemporáneos, muchos de ellos de enorme talento, se exponían a una maldición que todavía pervive. Han quedado condenados a vagar por el desierto. Aunque es cierto que aún tienen tiempo para saldar su cuenta con los anillos, con su destino, no será fácil. Y la sensación que queda es que han perdido mucho tiempo.

De todos los jugadores llegados a la NBA con vitola de poder marcar una época que ahora mismo están entre los 27 y los 31 años, tan sólo Dwyane Wade ha probado las mieles del éxito, aunque su caso tiene que cogerse con todos los alfileres que aconseja el hecho de que para lograrlo tuvo que contar a su lado a uno de los grandes exponentes de la generación precedente, un Shaquille O’Neal todavía dominador en aquella gloriosa temporada de 2006 en la que Miami tocó el cielo de la mano del genial Pat Riley. El resto sigue esperando.

La nómina de estos nobles sin tierras resulta llamativa, pues se nutre de muchos de los jugadores que, siquiera desde un punto de vista individual, han gobernado la competición en los últimos años. Empezando por el propio Lebron (1984 / 1ª elección del draft de 2003), la sucesión resulta dolorosamente brillante. Carmelo Anthony (1984 / 3ª 2003), Chris Bosh (1984 / 4ª 2003), Deron Williams (1984 / 3ª 2005), Dwight Howard (1985 / 1ª 2004), Rudy Gay (1986 / 8ª 2006), Yao Ming (1980 / 1ª 2002), Amar’e Stoudamire (1982 / 9ª 2002), David West (1980 / 18ª 2003), Josh Smith (1985 / 17ª 2004), Joe Johnson (1981 / 10ª 2001), Devin Harris (1983 / 5ª 2004), Andre Iguodala (1984 / 9ª 2004), Andrew Bogut (1984 / 1ª 2005), Chris Paul (1985 / 4ª 2005), Lamarcus Aldridge (1985 / 2ª 2006), Andrea Bargnani (1985 / 1ª 2006) o Brandon Roy (1984 / 6ª 2006) han pasado por o siguen en la liga sin haber tenido la ocasión de reivindicar el descomunal talento para el baloncesto que se les atribuye con la consecución de un título. De no ser por Wade, habría motivos para hablar de una generación perdida. Pero el presente y el futuro inmediato les ofrecen todavía una oportunidad para la redención. Y en esa batalla se encuentran inmersos, en una temporada atípicamente corta e intensa, donde parece poco probable que los viejos rockeros de la liga puedan protagonizar una sorpresa como la del pasado curso y, salvo hecatombe, los Heat de James, Wade y Bosh tendrán como grandes rivales a dos equipos marcados a fuego por el descaro juvenil de algunos de los principales exponentes de la nueva estirpe de jugadores, los Bulls de Derrick Rose y los Thunder de Kevin Durant.

Durantula interpreta en esta película el papel del héroe, la némesis de un Lebron que como medida desesperada optó por reunirse con otras dos grandes estrellas en los Heat y abandonar el equipo de su tierra, los Cavaliers, ante la dolorosa confirmación de que por sí solo no sería capaz de cambiar el orden natural de la competición. Muchos pensaron que El Elegido podría conducir a Cleveland al título. Seguramente él mismo estaba convencido. Pero al final dio su brazo a torcer y se embarcó en una aventura que, al margen de resultar un fracaso en su primer intento de asaltar el campeonato, le granjeó mayores cotas de impopularidad y el desprecio público de grandes iconos del baloncesto estadounidense como Larry Bird, Magic Johnson y Michael Jordan, que censuraron su decisión de reunirse con Wade y Bosh, sus compañeros de promoción, en la franquicia de Florida. Durant, menos egocéntrico, más hermético, menos dado a la teatralidad, encarna los valores de una nueva hornada donde el baloncesto puro y duro tiene mucho más peso que la notoriedad. Derrick Rose va en la misma línea. El All Star de Orlando ofreció una imagen tan fugaz como ilustrativa que refleja la diferente concepción del negocio que tienen los referentes de cada una de las generaciones que pelean ahora por ocupar el poder: cuando el speaker presentó el quinteto del Este y las figuras irrumpieron con música en el escenario que ocupaba la cancha del Amway, James, Howard y Carmelo Anthony ejecutaron entre risas un baile ridículo ante la respetuosa indiferencia de Wade y el rostro de reprobación manifiesta del base de los Bulls, quien por cierto ya el pasado año se apropió del MVP de la competición.

Habrá quien diga que los exponentes de esta generación del Siglo XXIII, que recién aterrizada en la liga quiere apropiarse del poder, disponen de menos glamour publicitario que sus incapaces predecesores. No lo voy a negar. Hay más de baloncesto y menos de vallas publicitarias entre los jugadores salidos de los drafts que vienen desde 2007, cuando Durant irrumpió como número dos (Oden fue en este caso el que le usurpó un merecidísimo número uno), al presente. Pero la lista incluye a grandísimos jugadores, algunos de los cuales van a poder pelear por el anillo sin haber llegado a cumplir los 24 años. Sin duda, Durant (1988 / 2ª elección del draft de 2007), Rose (1988 / 1ª 2008) y Blake Griffin (1989 / 1ª 2009) resultan las estrellas que más brillan en un firmamento que todavía está en parte por explorar. Pero puede elaborarse una nómina de estos jóvenes rebeldes y obtener una idea de la patente amenaza que se les presenta a sus mayores si no se ponen las pilas. John Wall (1990 / 1ª 2010), Russell Westbrook (1988 / 4ª 2008), Roy Hibbert (1986 / 17ª 2008), Paul George (1990 / 10ª 2010), James Harden (1989 / 3ª 2009), Kevin Love (1988 / 5ª 2008), Stephen Curry (1988 / 7ª 2009), Kyrie Irving (1992 / 1ª 2011) Kemba Walker (1990 / 9ª 2011) y Brandon Knight (1991 / 8ª 2011) están llamados a cargar con el peso del cambio de régimen. Algunos, incluso, parecen capacitados para convertir franquicias con escasa tradición u opciones de título en potenciales campeones, justo lo que se le reclamaba a Lebron y no pudo conseguir.

Desde que arrancó el nuevo milenio, ese siglo XXI del que hablaba Montes y que vio la luz con Tim Ducan como uno de los grandes exponentes de la nueva estirpe de jugadores, sólo seis equipos han tocado la gloria. Han sido, en su mayoría, franquicias con cierta tradición, como Lakers, Celtics, Spurs y Pistons, a las que se han sumado los Heat, en la ya citada temporada 2005/2006 y los Mavericks, que tras mucho buscarlo al fin hallaron el pasado año su recompensa. En cualquier caso, se ha mantenido un cierto status quo que esta nueva hornada de estrellas pretende quebrar.


Los Thunder de Oklahoma City, donde confluyen tres de los grandes exponentes de esta estirpe de futuros campeones (Durant, Westbrook y Harden), van a competir este mismo año por el anillo. Por el momento, gobiernan con puño de hierro la Conferencia Oeste, y no son pocos los periodistas especializados de Estados Unidos que les conceden opciones. Para ello, claro está, deberán librar la batalla definitiva por el poder, al margen de con los Bulls, con el equipo que ahora mismo mejor encarna esa necesidad de redención que se apodera de los grandes iconos de la generación del Siglo XXII, la que debería haber tomado el testigo.

Anillos seniles

Lebron y compañía tienen tiempo todavía para colmar sus dedos de anillos antes de la jubilación. De no haber irrumpido en escena estos irreverentes mocosos, seguramente no deberían tener ningún problema para lograrlo. En realidad, muchos de ellos están todavía en la edad de obtener su primer título de la NBA, una empresa que sólo unos pocos han podido gozar con extrema precocidad. Salvando a Kobe Bryant y Magic Johnson, que lograron el primero de sus cinco anillos con apenas 21 años, a Tim Duncan, que se aprovechó de la presencia del Almirante David Robinson para conquistar el primero de sus cuatro títulos con 23, y a leyendas como Larry Bird, que lo consiguió con 25 (lograría otros dos más), otras grandes figuras recientes del torneo estadounidense tuvieron que aguardar hasta la madurez baloncestísica para colmarse de gloria. Es más, King James puede consolarse con el hecho de que el aclamado mejor jugador de todos los tiempos, Michael Jordan, no pudo conducir a los Bulls al título hasta los 28 años que la estrella de los Heat no cumplirá hasta el próximo 30 de diciembre. Y no es el único caso. Ahí están, sin ir más lejos, Shaquille O'Neal, que se retiró con cuatro títulos pero no ganó el primero hasta que cumplió los 28, y otros grandes jugadores como Paul Pierce, Ray Allen y Kevin Garnett, que en 2008 se impusieron en las Finales a los Lakers con 31, 32 y 33 primaveras.

Lebron y el resto de estrellas de su generación, por tanto, no deben preocuparse todavía, o al menos no en exceso, de lo que han hecho, de lo que queda atrás. Sus desvelos deberían centrarse en lo que les viene por delante, en esa nueva generación que no entiende de ciclos ni de respeto y que desde ya mismo les ha declarado la guerra. El siglo XXI ya es historia. El XXII podría serlo en breve. Y sí, todavía se puede escribir algo sobre la NBA sin hablar de Jeremy Lin.

31/1/12

Los murmullos de Nemanja


¿Ha perdido la afición de Vitoria la fe en Bjelica? ¿Se quedará también por el camino la gran esperanza futura del baskonismo? La expectación que se generaba en las gradas cada vez que entraba en contacto con el balón se ha esfumado

Los murmullos han cesado en las gradas. La expectación que colmaba el ambiente del Buesa Arena cada vez saltaba al parqué y recibía el balón ha cedido espacio a una indiferencia autoimpuesta, como forzada, lacerada tras demasiadas noches de vigilia en las que nada pasaba. En el Iradier se apagó ese maravilloso runrún que olía a incógnita. Se agotó la paciencia. Se apagó la esperanza, o parte de ella. Ya pocos esperan a Nemanja. Yo soy uno de ellos, pero cada vez cuesta más. Muchos de los que lo soñaron mágico, diferente, determinante, han cedido a lo que consideran demasiadas evidencias de lo que quisieron que fuera y entienden que nunca será. No me incluyo en ese vagón de los desilusionados, ya digo. Yo aún lo espero. No sé si es porque ceder a la decepción e ingresar en el batallón de los descreídos supondría también perder la fe en que este Caja Laboral tan plano puede explotar en algún momento por el punto menos imaginado, pero lo cierto es que murmullo, por dentro pero lo hago.

Tipo tímido, apocado, el serbio se hunde en un pozo de oscuridad e incomprensión. Una de las principales apuestas de la directiva en mucho tiempo, llamado a tomar el testigo de una ilustre saga de jugadores geniales que ahora parece cosa de un pasado muy lejano, apura su segunda temporada en Vitoria sin ofrecer siquiera unas pinceladas del talento que se vendió que tenía, que muchos imaginaron que tenía, que en determinados chispazos se percibe. No le resultó fácil la adaptación en su primer año en Vitoria. Pero ya no es un crío. Va camino de los 24 tacos (los cumplirá en mayo) y se aproxima un punto en el que se espera que un jugador alcance su madurez profesional.

En una temporada en que las miserias obligan a buscar culpables, de nuevo el asunto de Bjelica divide al baskonismo. ¿Es víctima el exjugador del Estrella Roja de la intransigencia de Ivanovic? ¿Merecía más confianza u oportunidades por parte del técnico? ¿Erró el tiro la directiva al apostar con un contrato de larga duración por un jugador que ahora no responde a las expectativas creadas? ¿Es un nuevo fracaso de una dirección deportiva que parece haber perdido la mágica capacidad para convertir en oro todo lo que reclutaba? Bjelica se derrite en los matices de las respuestas. Habrá tantas opiniones como aficionados. Pero los hechos, y no los números, justifican que el murmullo se haya apagado. Y lo peor de todo es que la situación actual del equipo, deprimido y carente de brillo, amenaza con extinguir por completo la estrella que lo iluminaba como a un jugador especial, único, mágico.

Un viaje con retorno a las profundidades del banquillo

Yo lo sigo esperando. Seguiré aguardando que reactive los susurros de la grada, esos cálidos murmullos, porque es de lo poco que se puede esperar. Está hecho de talento. Está en su código genético. En una temporada que huele a transición -aunque también desprendía este aroma la que acabó con el tercer título liguero del cuadro azulgrana y la pasada-, rescatarlo de las tinieblas y devolverle siquiera una pequeña cuota de la confianza que pareció dejarse olvidada en el trayecto entre Belgrado y Vitoria supondría una excelente noticia de cara al verano. En los últimos partidos el alero serbio se ha hundido en lo más profundo del banquillo. En Sevilla, de hecho, apenas jugó cuatro minutos. Los mismos que Walsh y Golubovic. Poco más que su amigo Musli, que cuenta aún menos. Ha salido del círculo de confianza de Ivanovic. El sargento de hierro lo ha reasignado a la reserva. Y algunos, que aprovechan la mínima para reabrir el debate sobre la figura del técnico, ya han aprovechado para descargar al jugador de una culpa que a veces incluso se le refleja en el rostro.

No sé si se puede culpar a Ivanovic también por esto. Los hay que lo señalan responsable hasta de que haga frío en Vitoria, pero también los que lo defenderían incluso si le da por sacar una recortada y empezar a disparar contra la grada. No hay término medio. En mi opinión el sargento de hierro del baskonismo ha mostrado con este jugador bastante más paciencia que con la mayoría. Y la mayoría de las veces la respuesta ha resultado tan decepcionante como vulgar. Bueno, qué narices, sí sé si se puede o no culpar al entrenador. Creo que Dusko no tiene la culpa. Probablemente tampoco los responsables del área deportiva, con Alfredo Salazar y Félix Fernández a la cabeza. Llegamos a un punto en el que puede dudarse incluso de que la tenga el propio jugador. Pero lo cierto es que los murmullos se apagan sin que Nemanja salga del envoltorio, se sacuda la presión de lo que todos decían que iba a ser, que tenía que ser, para ser lo que puede en realidad ser. Quién sabe si la realidad encaja con los deseos. No es un jugador de números, de estadísticas. Sin embargo, de un modo u otro, estoy convencido de que se trata de un excelente jugador, de un tipo bendecido para disfrutar y hacer disfrutar con una pelota naranja. Su despertar podría suponer la mejor noticia para un equipo demasiado justo de referentes. El problema es que cada vez surgen más dudas sobre su capacidad para cumplir con las expectativas creadas, para recuperar ese mágico murmullo de la grada del Buesa Arena.

22/1/12

Laso devuelve la sonrisa al Madrid

El equipo blanco, que despliega un baloncesto veloz, atractivo y efectivo, renace tras la oscura etapa de Ettore Messina, en la que quedó relegado a un segundo plano por Barça y Baskonia



Kobe Bryant gana la posición en el poste bajo. Su defensor trata de cerrar la línea de pase, pero ya es demasiado tarde. La estrella de los Lakers recibe el balón de Steve Blake desde el lateral, pivota sobre el pie de apoyo, finta, el contrario pica, cae sobre él y desde el suelo, casi de reojo, escucha el silbato de uno de los árbitros y contempla el movimiento de la red. La mamba negra irá a la línea de tiros libres, aunque antes irrumpen en escena las cheer leaders y atruena la megafonía. Tiempo muerto. Los jugadores del conjunto angelino se acercan al banquillo. Los suplentes se levantan para ceder sus sillas al quinteto en pista. Mike Brown toma la pizarra y aguarda a que se forme el corro. Entonces las cámaras de la televisión americana enfocan de refilón un rostro conocido, un perfil de senador romano, una cara angulosa e inconfundible.

Ettore Messina sigue las evoluciones del encuentro en la segunda fila de sillas del Staples Center. El italiano, uno de los mejores entrenadores en la historia del baloncesto europeo, emprendió el pasado verano una nueva aventura como asistente en los Lakers de Pau Gasol. Mike Brown, el tipo que toma el envenenado encargo de cubrir la marcha de Phil Jackson, lo reclamó como colaborador tras aterrizar en Los Ángeles. Incapaz de ganar un anillo con Lebron durante sus cinco años como responsable de los Cavaliers, quiso contar con un compañero al que conoció en 2007, cuando viajó a Moscú para conocer de primera mano las fórmulas de trabajo del italiano en el CSKA. El ahora head coach de los Lakers, un enamorado del baloncesto defensivo, quedó prendado por el carisma de Messina, y en cuanto se dieron las circunstancias reclamó a su lado al transalpino, un técnico que lo ha ganado todo –4 títulos de Euroliga (2 con la Virtus y 2 con el CSKA), una Copa Saporta, una VTB, 8 entorchados ligueros (entre Rusia e Italia) 7 títulos de Copa (entre Rusia e Italia) y tres medallas como seleccionador–, pero que abandonó Europa con un borrón en su expediente.

Casi cinco años en blanco para los blancos

Messina fracasó en Madrid. Florentino Pérez lo escogió, como a Mourinho, para abanderar un proyecto imperial que jamás llegó a cuajar, a pesar del talonario. El blanco fue un equipo gris, un tanto deprimido, que quedó a la sombra del Caja Laboral (ganador de la ACB en 2010) y sobre todo de un Barça que se convirtió en una pesadilla para el preparador siciliano, uno de los sueños imposibles de Josean Querejeta. Al final, Messina optó por la dimisión. Dejó al mando de la nave a su segundo, Lele Molin, que curiosamente logró el mayor éxito de la sección de baloncesto del club en el último lustro, la clasificación para la Final Four de Barcelona. Sin embargo, el Madrid seguía sumido en las tinieblas. Urgía un cambio. Y el club realizó una apuesta que muchos dieron por fracasada de antemano.

Pablo Laso, un técnico sin experiencia en un grande más allá de su etapa como interino en Valencia, ha dinamitado todos los pronósticos en apenas unos meses. El técnico vitoriano, leyenda viva del baskonismo, le ha devuelto la color al equipo blanco. El Madrid vuelve a sonreír, el equipo despliega un juego fresco, dinámico, alegre, que ha devuelto la fe a la afición y ha recuperado para la causa a algunos jugadores que parecían perdidos. “A todo jugador le gusta correr y meter muchos puntos”, aseguraba Ante Tomic en una entrevista que publicaba Diario de Noticias de Álava. Y gusta más aún cuando acompañan los resultados. La metamorfosis que ha aplicado Laso al Madrid ha servido también para romper con el pasado. Los blancos se impusieron en el primer combate liguero al Barça y caminan con paso firme en un Top 16 de la Euroliga que el pasado jueves estrenaron con una victoria a domicilio en el Martín Carpena. Con la Copa del Rey a la vuelta de la esquina, no son pocos los que piensan que puede caer algún título. Supondría un enorme éxito para un club necesitado de gloria. El Madrid no cata trofeo desde la ACB que ganó con Joan Plaza hace ya cinco años.

Un cambio de roles

Laso, que se ha ganado el respeto de muchos de los que lo cuestionaban cuando arrancó el curso, se quita importancia, relativiza el impacto de su llegada al banquillo. “Sólo aplico mi filosofía. Creo que se podía sacar más rendimiento al equipo cambiando algunos roles. Cambio hay, pero no tanto de jugadores como de incidencia de los propios jugadores”, expone el técnico vitoriano, que ha confiado el rumbo y la vertiginosa velocidad de crucero a dos bases eléctricos como el renacido Sergio Rodríguez y Sergio Llull, ha incrementado las situaciones para que Carlos Suárez tome ventajas en el poste bajo y ha reinsertado a Begic, que está respondiendo, en la rotación de interiores.

No son pocos los jugadores que han deslizado su satisfacción tras el cambio, para disgusto de un Messina que lo sigue desde la distancia. “Siempre el que está ahora es mejor que el que estaba antes. Me parece normal”, aseguró el entrenador transalpino en una entrevista concedida a Radio Marca. “Son situaciones distintas, equipos distintos, entrenador distinto. Lo importante es que se lo pasen bien, que ganen y que estén disfrutando”, añadió el italiano con la boca pequeña. Las comparaciones generalmente escuecen.

Ante todo, este Madrid divierte y se divierte sobre el parqué. Laso, aun así, prefiere conservar la prudencia, consciente de que aún no ha ganado nada. “Me parece muy bien que a la gente le guste el estilo de juego que practicamos, pero al final es algo que va mucho con el tipo de jugadores que tienes. Como entrenador, he tenido diferentes equipos y al final buscas lo que puede ser más efectivo en cada caso. Yo tenía claro que tenía unos jugadores para sacar ventaja en campo abierto, poder correr, rápidos en transición y eso hace que intentemos aprovechar esas situaciones. Si a la gente le parece atractivo, mejor que mejor, pero para mí lo importante es que el equipo sea capaz de tener su propio estilo y ganar partidos”, sentencia.

Tras haber vivido una situación excepcional como consecuencia de un lockout que le permitió contar de manera temporal con dos figuras como Rudy Fernández y Serge Ibaka, el preparador vitoriano ha sabido recomponer el equipo según su plan original. Y aparentemente no presenta fisuras. Más bien al contrario. Este Madrid se muestra como un equipo sólido y con las ideas muy claras, tan claras como las de un técnico que jamás sintió miedo ante el colosal reto que se le planteó y la consideración de silla eléctrica que durante los últimos años, sobre todo desde un punto de vista de presión mediática, ha tenido el banquillo blanco. “A mí me habría preocupado que el que tuviera dudas fuera yo. Entonces sí estaría preocupado. Las dudas que pueda tener la gente de fuera no las puedo controlar. A un entrenador le puede pasar como a los jugadores. El jugador que duda, falla. El que tiene mucha confianza, suele salir beneficiado. Yo esas dudas nunca las he tenido. He sentido siempre mucha responsabilidad, pero dudas nunca”.

"Me hace gracia que alguien pueda dudar de Dusko"

Laso debutó con el Baskonia (todavía Caja de Álava) sin haber cumplido los 17 años. Jugó once temporadas en el equipo de su ciudad natal, donde lo fue casi todo y ayudó a su consolidación en la élite del baloncesto estatal. Ha dado muchas vueltas desde aquel verano de 1995 en el que hizo las maletas y tomó la N-I en dirección a Madrid. Pero siempre ha reservado un espacio en su corazón para el equipo azulgrana, a quien como todos está viendo atravesar un momento difícil en una temporada que se ha complicado mucho desde los albores, con ese cúmulo de inconvenientes que han impedido por el momento a Dusko Ivanovic disponer de una plantilla compensada.

“Está siendo una temporada difícil. Desde el comienzo han tenido muchas lesiones, jugadores nuevos, entrada y salida de algunos de ellos, el cambio de pabellón, que tampoco es fácil... Son muchas cosas”, concede Laso, quien sin embargo incide en el hecho de que, salvando la decepción continental, el cuadro azulgrana sigue dando guerra pese a los problemas. “En una temporada en la que todo el mundo dice, y yo el primero, que está siendo complicada, está compitiendo al más alto nivel y su único borrón importante ha sido quedarse el último día fuera del Top 16. Para mí esa es la esencia del Baskonia, un equipo que vive para levantarse. Así lo considero, lo he vivido desde muy pequeño, sé lo que significa y en las temporadas complicadas es en las que hay que analizar más, pensar, crecer. Es una temporada complicada, pero también están haciendo cosas bien”.

El Caja Laboral está dando la cara, de eso no hay duda, pero el juego del equipo no acaba de convencer a cierto sector de una afición que ha llegado a dedicar pitos a Dusko Ivanovic. Laso, más por convicción personal que por corporativismo, sale en defensa del montenegrino. “Dudar de Dusko es algo que no lo puedo entender. Es una persona que le ha dado muchísimo al Baskonia, muchísimo, pienso que el club tiene mucho que agradecerle. Creo que la temporada está siendo complicada por todas esas circunstancias, y para mí Dusko sigue siendo tan buen entrenador, si no mejor, como el primer año que llegó a Vitoria. Me hace gracia que la gente pueda tener dudas respecto a él”, se manifiesta.

"¿Entrenar al Baskonia? Lo que tenga que ser en un futuro será"

El técnico del conjunto merengue, que ha ido quemando etapas con una tremenda sensatez hasta dar este salto al vacío que por el momento está resultando tan exitoso, se sorprende ante la pregunta de si algún día se ve ocupando el puesto que ahora tiene Ivanovic. Como si nunca hubiera llegado a planteárselo, quizá guiado por el respeto. “No lo sé. Dentro de una carrera deportiva nunca sabes muy bien dónde puedes estar mañana. Cuando yo empecé a jugar, cuando debuté con 16 años en el Baskonia, aquello fue un sueño. Cuando jugaba en San Viator con 9 o 10 años jamás podía imaginar que pudiera cumplirse. Luego eso se hace realidad, vas cumpliendo otros objetivos, otras metas... El Baskonia es el club en el que he crecido, pero no pienso mucho en el futuro, pienso más en el día a día. Soy el entrenador de un gran equipo, estoy encantado y lo que tenga que ser en un futuro pues será. Pero obviamente Vitoria es mi casa, creo que la gente me tiene cariño porque me ven como alguien normal, cercano, y mi cariño hacia el club es muy grande”.

Os dejo los links de los dos artículos, publicados en Diario de Noticias de Álava en su edición del 22/01/2012.
Laso devuelve la sonrisa al Madrid
"Me hace gracia que alguien pueda tener dudas sobre Dusko"

20/1/12

La ACB ante el órdago de la Euroliga

El anuncio de los rectores de la máxima competición continental de pasar algunos partidos a los viernes y aumentar en ocho jornadas el Top 16 a partir de la próxima campaña pone en jaque a la ya arrinconada Liga Endesa


La pasada semana la Euroliga dio a conocer ciertas modificaciones en su sistema de competición que han quedado en un sorprendente segundo plano pese a la trascendencia que pueden llegar a tener. A partir de la próxima temporada, en apenas unos meses, los partidos de la máxima competición continental abandonarán su actual nicho semanal de los miércoles y los jueves para apoderarse también de los viernes, jornada libre en el calendario deportivo que Jordi Bertomeu y su equipo consideran óptima para que el torneo gane en protagonismo mediático y, entre otras cosas, esquive la feroz y desesperante competencia televisiva con la Liga de Campeones de fútbol. Hasta ahí, pueden entenderse las razones que han movido a los rectores de la Euroliga a dar este paso, pero se abren muchas incógnitas y ante todo surgen preguntas en torno a cómo puede afectar a las ligas nacionales, y entre ellas a una ACB que no acaba de salir de una para meterse en otra.

A Albert Agustí, el nuevo máximo dirigente de la ahora llamada Liga Endesa, le ha aparecido sobre el tapete el primer órdago importante de su mandato. La tradicional falta de sintonía entre Euroliga y liga doméstica, que ha ofrecido numerosos episodios de discordia -sobre todo relativos al número y al proceso de clasificación de la competición española para el torneo continental-, se aproxima hacia su batalla definitiva. No en vano, esta maniobra, a primera vista la antesala de lo que parece una evidente intención de programar los partidos europeos los fines de semana, apunta hacia la supervivencia de una ACB que sigue sin resolver su reto de convertirse en un producto atractivo para las audiencias televisivas y los anunciantes. Los datos de las últimas semanas reflejan una realidad aterradora: ningún partido en el que no estuviera implicado Barcelona o Real Madrid ha ofrecido registros de share dignos. Es más, incluso se ha dado el sonrojante caso de que los partidos de la NBA, muchas veces en horario de madrugada, registren mejores datos que los de la competición doméstica.

El viejo anhelo de una NBA a la europea

Peliagudo panorama se le presenta a la Liga Endesa, un torneo que padece las consecuencias de un deterioro innegable, que flirtea con la amenaza de su extinción. Sin apenas tiempo para reaccionar, ahora que había aparecido un patrocinador aparentemente sólido, que se negocia el cambio de operador de televisión y se comienzan a dar pasos hacia la salvación, se vuelven a cernir oscuros nubarrones sobre su panorama futuro. La Euroliga, en defensa de sus intereses, no se ha detenido a reflexionar sobre el efecto pernicioso que sus estrategias pueden arrojar a las competiciones nacionales del continente, la mayoría ya condenadas a la subsistencia más anodina, y a la larga al baloncesto en general. Y si lo ha hecho, desde luego, poco parecen importarle estas consecuencias. Al fin y al cabo, los rectores de los clubes con peso en esta competición jamás han ocultado su anhelo de crear una estructura similar a la de la NBA pero a la europea. El problema es que se practica una política de pan para hoy y hambre para mañana en la que nadie, ninguno de los responsables de velar por la salud de este deporte, parece reparar.

No pretendo realizar un ejercicio maniqueo en torno a este asunto. Aquí no hay ni buenos ni malos. Cada uno vela por sus intereses. El problema es que el pastel es muy pequeño y en lugar de buscar un concilio para darle más cuerpo, todos se han abalanzado sobre él para repartirse las migajas. Y en mitad de esta pelea, más desguarnecida que en posición de hacer valer su peso histórico, se encuentra una ACB que echa en falta mucho mayor apoyo por parte de los responsables federativos y en muchos casos de los medios de comunicación. Al fin y al cabo, todo esto no viene sino a ser un reflejo lógico de la división histórica que ha marcado la trayectoria en la gestión del baloncesto en este país.

La decisión de comenzar a disputar partidos los viernes (los responsables de algunos clubes españoles sostienen que la mayoría seguirán jugándose en jueves) no es la única modificación presentada y adoptada motu proprio, sin contar con el consenso de otras competiciones que pudieran solaparse, por los dirigentes de la máxima competición continental. Además se va a producir otro cambio muy importante: la segunda fase del torneo (tras la calificación y la fase regular) cambiará de formato. En lugar de cuatro grupos con cuatro equipos cada uno, el Top 16 pasará a disputarse con dos grupos de ocho equipos, de los que saldrán los cuartofinalistas. ¿Qué supone esto? Básicamente que la Euroliga ganará ocho jornadas de competición. O sea que se aumenta el número de semanas del torneo hasta el punto de que podrían disputarse partidos incluso en fechas protegidas por el convenio laboral de los jugadores (aunque sólo en competición doméstica) como Navidad o Año Nuevo.

Más taquillas para los grandes

Esta decisión responde al interés obvio de los grandes clubes de obtener mayores réditos por su participación en un torneo que aspira a convertirse en el referente (¿único?) del baloncesto continental. Salvo hecatombes como la que este año padece el Caja Laboral o el pasado sufrió el CSKA, la mayor parte de los principales equipos europeos se asegurarán con este cambio cuatro taquillas más, al margen de la posibilidad de que se den mayor número de duelos atractivos, entre los gallitos, en el transcurso de la segunda fase del torneo. Es la dirección que sigue el deporte en busca de una estabilidad económica que cada vez parece más utópica. La fórmula viene a copiar lo que se hizo en fútbol al instaurar la Liga de Campeones sobre una Copa de Europa que apenas permitía dirigir los cruces y corría el riesgo de quedarse por el camino hacia la final con varios de los equipos más atractivos, y una ampliación más lucrativa del actual sistema de la Euroliga, donde desde hace años el sistema de licencias ha garantizado unos ingresos mínimos muy importantes a un determinado y selecto ramillete de clubes que han podido permitirse inversiones que sujetos a la incertidumbre de una clasificación en función de los resultados en sus respectivas ligas habría resultado excesivamente arriesgada.

El drama puede apreciarse ante la tesitura que se le presenta a la ACB con este nuevo panorama. Justo en el momento en el que se atisbaban vientos de cambio, con el relevo en la cúpula y las ideas que empezaban a brotar, llega este órdago para una competición que se encuentra atrapada entre varios frentes. Ya digo que no es cuestión de establecer valoraciones morales, más allá de preguntarse qué repercusión podría llegar a tener para el baloncesto el nacimiento de una NBA a la europea y la gangrena progresiva de una Liga Endesa en la que muchos de sus clubes ya sufren en estos tiempos de supuesto primer plano las angustias propias de un deporte que no resulta suficientemente atractivo para anunciantes y televisiones. Intuyo que a la larga no resultará en absoluto beneficioso. Dejando a un lado a las ciudades que podrían mantener su representación en la competición continental, y que ahora mismo serían Vitoria, Málaga, Barcelona y Madrid, para el resto de plazas, algunas de tradición histórica, podría resultar un palo definitivo. Y no ya sólo en el hipotético caso de que se consolidara este viejo anhelo de la Euroliga de conformarse como una competición cerrada, sino incluso desde el punto de vista de que sus partidos pasen a los viernes y los clubes de la ACB implicados en el torneo opten por trasladar sus choques ligueros a los lunes. ¿Qué consecuencias podría tener desde la perspectiva de las audiencias televisivas? ¿No acabaría por completo con los desplazamientos de las aficiones para seguir en vivo a sus equipos?

La postura de la FEB

No he escuchado ni leído todavía qué postura adopta con respecto a este asunto la Federación Española de Baloncesto. Pero me gustaría. El histórico distanciamiento entre el ente federativo y los responsables de la ACB a veces ofrece la ridícula sensación de que cada cual está haciendo la guerra por su cuenta, cuando lo que se está debatiendo desde hace unos años es precisamente la supervivencia del baloncesto, un interés común. La FEB celebra ufana los resultados de las selecciones nacionales, tanto de los combinados de formación como de los absolutos. Y no es para menos. De un tiempo a esta parte son espectaculares. Pero uno empieza a estar ya cansado de que unos y otros traten de sacar pecho por unos méritos que deberían ser compartidos. Nadie duda del excelente trabajo que desde la dirección deportiva de la federación se lleva a cabo para que los jugadores se integren, formen equipo y acaben peleando por medalla en casi cada torneo al que acuden. Pero los buenos jugadores no brotan de las piedras ni se clonan en el despacho de José Luis Sáez. Resulta fundamental la labor de cantera de los clubes (casi todos de la ACB) y sin ellos todo se esfumaría en el aire.

El paso adelante que ha dado la Euroliga, como digo defendiendo de manera lícita sus intereses, presenta esa amenaza. Una debilitación de la Liga Endesa seguramente llevaría aparejadas consecuencias calamitosas en el baloncesto de formación, cuyo nivel decrecería de manera proporcional. Y a la larga, si no se gestiona de manera adecuada, volveríamos a encontrarnos con una situación de alto riesgo para un deporte que de por sí ya atraviesa una época complicada. Por eso me resulta curioso que haya pasado tan de puntillas por la mayor parte de los medios esta decisión de la Euroliga, una competición que por otro lado muchos gozamos casi por encima de cualquier otra. La ACB tiene un órdago sobre la mesa. Teniendo en cuenta que es una de las pocas competiciones nacionales que conserva cierto pedigrí, su respuesta puede determinar la del resto. El futuro del baloncesto se decide en los despachos. Habrá que ver si todas las mentes pensantes reman en una misma dirección o si al final, como en el chiste, se acaba tirando la puta al río.