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30/5/13

El reto de recuperar la esencia perdida

Querejeta promete una profunda renovación para devolver la ilusión a la grada del Buesa / El desplome en cuartos ante el Gran Canaria supone el cénit de la espiral de pérdida de competitividad del cuadro azulgrana



Josean Querejeta afronta uno de los momentos más complejos de su mandato. El máximo dirigente del Baskonia es consciente del grado de desánimo que se ha instalado en las gradas del Buesa Arena tras la decepcionante eliminación liguera ante el Gran Canaria, que viene a representar la puntilla para un equipo que ha perdido nivel de competitividad estos últimos años.

“Es un absoluto fracaso. Todos hemos quedado en mal lugar. Tenemos que hacer lo posible para devolver la ilusión a nuestros aficionados”, manifestó Querejeta el martes, a los pocos minutos de concluir el tercer duelo de cuartos ante el combinado que dirige Pedro Martínez. En realidad, sus palabras no hacían más que refrendar la declaración de intenciones que había realizado unas semanas atrás, en la revista corporativa del club, en la que prometía que iba a diseñar “una de las mejores plantillas de la historia” de la entidad azulgrana para volver a pelear por los títulos.

Le hará falta. Jamás se había percibido tal grado de desunión entre plantilla y afición como se pudo ver en el coliseo de Zurbano durante el duelo que clausuraba un curso tan convulso como deprimente. Los más viejos del lugar no recuerdan un momento en la historia del Baskonia en la que la hinchada se mostrara menos apegada a los jugadores que defienden la camiseta azulgrana. Y es ahí donde reside el principal reto, que es a la vez problema, para Josean Querejeta. Debe recuperar la esencia para volver a enganchar a una afición que había llegado a asumir que el Laboral Kutxa se quedara por norma en la antesala del salón en el que se reparten los títulos pero que no puede soportar ni admitir que se le robe el derecho a sentirse orgullosa de su equipo.

Un equipo desdibujado y sin carácter

El carácter único al que tanto se ha hecho referencia se ha volatilizado y el plantel se ha desdibujado hasta límites insospechados, al tiempo que se ha vivido la peor racha de resultados de todos los tiempos. Sin embargo, no es ni siquiera el hecho de que el Baskonia no se haya presentado en una final en los tres últimos años lo que ha impulsado ese sentimiento de desapego que tanto inquieta a Querejeta, pues tiene que asegurar abonados para cuadrar las cuentas, sino la pérdida de hambre competitivo y orgullo que con el transcurso del tiempo ha experimentado el colectivo gasteiztarra.

Hace poco más de año se fraguó la primera catástrofe continental. Miribilla fue el escenario en el que el cuadro baskonista resultó por vez primera eliminado de la Euroliga a las primeras de cambio. Fue un primer aviso. Anteayer, tras nueve temporadas ininterrumpidas entre los cuatro mejores, también se quedó fuera de las semifinales de la ACB, además ante un rival menor, tanto en presupuesto como en potencial. Por el camino se había ido perdiendo esencia, ambición, competitividad. Se había instaurado la creencia de que bastaba con alcanzar las semifinales en ACB y Copa, algo en cierta medida lógico ante la brecha cada vez mayor en presupuesto con Real Madrid y Barcelona, pero el nivel de tolerancia tiene unos límites. Y la abulia con la que se ha manejado la plantilla, una plantilla además de mal confeccionada, mal remendada por el camino, ha acabado por colmar la paciencia de la hinchada.

Josean Querejeta habla de renovación, de limpia, cuando lo que en realidad exige el baskonismo es una revisión de los valores que rigen los designios de un equipo que desde el milagro del tercer título liguero. Más allá de nombres, se antoja necesario definir el perfil de jugador que se busca para regresar a esa esencia orgullosa y combativa que, por encima de éxitos o fracasos, logró que en la grada prestara con emoción un aliento que el martes sin duda faltó.

Hodge y Hamilton

En las oficinas del Buesa Arena hace tiempo que se trabaja en la confección de esa nueva e “ilusionante” plantilla. Y no sería de extrañar que en los próximos días se anunciara alguna incorporación que ayudara a paliar los ecos del descalabro liguero. Como ya avanzó este periódico, el acuerdo con Hodge se encontraba cerrado a falta de firma, aunque el jugador está en estos momentos inmerso en la final de la PKL polaca y quizá habría que esperar a que cogiera vacaciones. No sucede lo mismo con un Lamont Hamilton que el martes jugó en el Palau su último partido con la elástica del Bilbao Basket. Las negociaciones con el poste estadounidense están más que encauzadas.

Antes de las entradas, en todo caso, deberán llegar las salidas, renovaciones o ventas de los componentes de una plantilla que no ha dado la talla. Cook y Milko Bjelica acaban contrato y se marcharán. Nemanja tiene todas las papeletas para salir, bien rumbo a la NBA, bien rumbo a un grande europeo, aunque las apreturas económicas generalizadas dificultan esta segunda opción. La renovación de Nocioni llegará en breve, siempre que el argentino asuma la reducción salarial que le plantea el club. Y luego está el resto, sujeto al mercado y sus ofertas. Salvo en apariencia Pleiss, Causeur y Jelinek, con contratos largos, nadie tiene plaza fija. Ni siquiera Fernando San Emeterio, que como Lampe ocupa plaza de cupo y podría resultar atractivo para recaudar, al igual que un Heurtel que se ha revalorizado.

23/10/12

¿La caraja del segundo cuarto?

La falta de relevo en el juego interior condena a un Caja Laboral que se ha habituado a iniciar de lujo los partidos pero que sufre cuando llegan las rotaciones



La sorpresa me asaltó mientras consultaba estadísticas para apoyar un artículo que escribía para el periódico sobre Maciej Lampe y su tremenda influencia en el juego de este Caja Laboral de comienzos de temporada (El termómetro). La nueva versión del equipo azulgrana lleva camino de reeditar lo que hace dos años se convirtió en un martirio. En las redes sociales dio lugar a muchas chanzas. El Baskonia se deshacía como un azucarillo en el tercer cuarto de los partidos. Surgió el concepto de la caraja, la caraja del tercer cuarto. Tenía su coña. Parecía divertido, pero lo cierto es que supuso muchos quebraderos de cabeza a un Dusko Ivanovic que no lograba dar con la clave para lograr que su equipo mantuviera la tensión competitiva tras el descanso. En esta ocasión los problemas llegan antes. Un equipo que ofrece una espectacular puesta en escena prácticamente en cada partido, que en algunos casos le ha permitido incluso resolver los duelos antes incluso de alcanzar el minuto diez de juego, se viene abajo cuando comienzan las rotaciones, sobre todo interiores. Y me surgió la pregunta. ¿Estamos ante una nueva caraja? ¿La caraja del segundo cuarto? ¿Será víctima el equipo vitoriano de una nueva maldición?

Antes de ofrecer mi respuesta a esta pregunta, me apetece compartir los datos, que parecen haberse convertido en patrón. El Caja Laboral ha disputado hasta la fecha seis partidos, y la trayectoria de prácticamente todos ellos ha resultado inquietantemente similar. Al menos en lo que se refiere a los dos primeros cuartos, que está siendo por regla general el periodo en el que se decide el ganador de estos envites. El cuadro azulgrana comienza como una moto, como un vendaval que arrolla al rival. La renta que obtiene suele resultar inversamente proporcional a la dureza del oponente, pero se ha repetido de manera invariable en todos los partidos menos en el debut liguero ante el CAI. Si se obvia el choque del Príncipe Felipe -excepción que confirma la regla-, en los otros cinco el modelo encaja. Incluidos los dos compromisos de Euroliga, tanto en Atenas como frente al Zalgiris. Si los partidos durasen diez minutos, el Baskonia no se encontraría ahora ante la amenaza de quedar por segunda vez en su historia, y además de manera consecutiva, eliminado a las primeras de cambio de la Euroliga. Pero las cosas son como son y el evidente descenso de nivel lo han colocado ante la obligación de tener que jugarse la vida este jueves en Milán.

El equipo azulgrana ha salido triunfal en los primeros cuartos de los cinco últimos partidos. Con un quinteto inicial que parece equilibrado en cuanto a la amenaza interior y exterior, ofrece sus mejores prestaciones. La historia se ha repetido ante el Cajasol (30-13), en El Pireo (18-23), en el CID (14-27), frente al Zalgiris (25-23 tras haber ido mandando incluso 14-6) y ante el Fiact Joventut (24-15 tras un parcial inicial de 12-0). Pero luego llega el envés. Y es que a pesar de la manifiesta superioridad exhibida en la puesta en escena, el cuadro baskonista ha sido incapaz de salir victorioso en el segundo parcial de cualquiera de estos encuentros. Cajasol (20-22), Gran Canaria (25-18), Joventut (23-23) y sobre todo Olympiacos (30-14) y Zalgiris (10-17) supieron sacar tajada de esta nueva fase de zozobra que están suponiendo los segundos actos para el conjunto vitoriano. En algunos casos, claro está, la cosa fue más grave que en otros. En la ACB, donde el Caja Laboral puede imponer su fondo de armario y la calidad de su plantilla, no ha encontrado castigo. Pero sí en Euroliga. En la máxima competición continental se toleran pocas bromas. Menos aún cuando enfrente hay un rival que dispone de una amplia rotación en todos los puestos.

La pregunta resulta obvia: ¿existe una caraja del segundo cuarto? Y la respuesta que puede refutar lo que parece haberse convertido en una norma se consigue despejando la x de la ecuación gracias a la única excepción de la regla. En el estreno liguero, frente al CAI, el conjunto azulgrana se comportó de manera diametralmente opuesta, y cayó derrotado. Perdió el primer cuarto, se impuso en el segundo y ofreció una imagen mucho más ajustada a su peor versión que a la más lustrosa. ¿Qué es lo que faltaba o sobraba? ¿Cuál es el elemento diferenciador? Existe uno: Maciej Lampe. El poste polaco, recién salido de una lesión, apenas pudo jugar dos minutos -y no como titular- en aquel choque. Lampe se ha convertido en la pieza clave del puzzle de Dusko Ivanovic. No sólo por su calidad, por el hecho de que en forma puede ser considerado quizá como uno de los tres interiores más talentosos de la ACB, sino porque no existe recambio para él. Con Tibor Pleiss fuera de combate sine die a causa de una mononucleosis, su presencia en cancha marca los vaivenes a los que hacía referencia.

El es jugador con mejor +/- del equipo en la ACB. Con él en cancha, el Baskonia ha obtenido durante los cuatro primeros partidos de la competición doméstica una ventaja global de +37. Sin él, sólo dos más (+39 es el total del equipo). Máximo anotador y jugador mejor valorado del plantel en la Euroliga, donde su concurso resulta aún más determinante, el caso comienza a generar muchas dudas en el seno del club. Con una plantilla un tanto descompensada, donde los Bjelica debían asumir los minutos en el puesto de cuatro sin llegar a convencer el uno por potencial y el otro porque quizá no es su puesto ideal, este Baskonia está sufriendo las carajas propias de un equipo corto de kilos en la pintura. El viernes ante el Zalgiris Ivanovic trató de enmendar el problema alargando un poco más la presencia del polaco en cancha. Pero jugó 13 minutos sin descanso y luego acabó pagando el esfuerzo, aún más gravoso para alguien que apenas tuvo pretemporada. A dos días de un partido que puede determinar sus opciones de supervivencia continental, el Baskonia puede respirar tranquilo. Está a salvo de carajas y maldiciones. Aunque no de sus limitaciones en el juego interior.




Primer Cuarto Segundo Cuarto Final
Baskonia-Cajasol
30-13

20-22

90-70
Olympiacos-Baskonia
18-23
30-14
85-81
Gran Canaria-Baskonia
14-27
25-18
64-80

Baskonia-Zalgiris
25-23

10-17

71-77

Baskonia-Joventut
24-15

23-23
92-76


14/10/12

La oruga ya es mariposa

El Caja Laboral suma su primera victoria a domicilio del curso tras firmar una convincente actuación en una pista difícil


La oruga ya es mariposa. O al menos comienza a mostrar el principio de lo que se adivinan como unas alas de vivo color. El adolescente Caja Laboral que tan buenas sensaciones y escasos resultados había ofrecido hasta la fecha sumó en el Centro Insular de Deportes de Las Palmas su primera victoria a domicilio con una actuación que viene a corroborar la impresión de que poco o nada tiene que ver este proyecto con el que naufragó con estrépito el pasado curso. El equipo de Dusko Ivanovic, solvente y autoritario como en sus mejores tiempos, resolvió con holgura la visita a una de las canchas más complicadas de la Liga Endesa y lo hizo, además, tras avasallar a un plantel que se ha reforzado muy bien y que no concederá demasiados regalos en sus dominios.

El Baskonia dio un paso adelante muy importante en su visita a La Roca. Se olvidó del cansancio acumulado tras el maratoniano cúmulo de viajes y trató de ser lo que algún día será. Y lo mejor de todo es que logró serlo. Por momentos, en realidad durante muchos minutos, la maquinaria azulgrana se reveló mucho más engrasada de lo que cabría esperar a estas alturas de curso. Y se vislumbraron muchos detalles para la esperanza.

Cuando la orquesta afina, cuando interpreta la novedosa partitura que ha compuesto Ivanovic para el nuevo proyecto, se escucha una sinfonía armoniosa, fresca, plena de ilusión. El técnico montenegrino se ha reinventado para reinventar. El nuevo Caja Laboral es mucho más divertido que su versión anterior. y aunque todavía se encuentra en fase embrionaria, ha dado con sus señas de identidad y parece sentirse cómodo en el papel.

Habrá que ver si la propuesta con la que encara el nuevo ejercicio el combinado gasteiztarra basta para de verdad plantar cara a los equipos a los que será necesario ganar para obtener los títulos. Pero resulta evidente que se aparece como una puerta abierta de par en par al talento. Y este vestuario anda sobrado de virtuosos, que cuando se asocian para jugar a baloncesto están capacitados para desarmar al enemigo más bravo.

Y así sucedió en la primera mitad de un partido que puede suponer una inyección anímica para un equipo que se mostró preparado para abandonar el diván. La fase del psicoanálisis, de los miedos y la continua búsqueda de identidad debería quedar aparcada. El patrón a seguir parece claro. El plan quedó retratado en el tercer cuarto del choque de Atenas y en la puesta en escena de ayer. Con un Andrés Nocioni imperial, capaz de contagiar su rabia al resto de la tropa, el cuadro azulgrana se lanzó a la yugular del adversario con un baloncesto alegre, directo, y un nivel de acierto espectacular.

En un abrir y cerrar de ojos, sin que a la afición que abarrotaba las gradas del CID le diera tiempo siquiera a sentarse, el conjunto vitoriano amasó una renta de quince puntos (10-25) que parecía suficiente como para destrozar el choque. Luego se vería que no, que al partido le quedaba mucha vida y al Gran Canaria le sobraba orgullo para seguir peleando por la victoria. Sin embargo, sí permitió a los pupilos de Ivanovic mandar durante todo el choque en un electrónico que sólo reflejó ventaja amarilla tras la canasta con la que Paulao Prestes inauguró la contienda.

El combinado insular tiró de casta para tratar de equilibrar un partido en el que una vez más el Caja Laboral fió su suerte a su tremenda pegada. Y por momentos llegó a acariciar el sueño de la remontada. Pero el equipo azulgrana no estaba ayer por la labor de dejarse llevar. Y a su excelencia ofensiva, con un Nemanja Bjelica colosal, unos bases más entonados que anteriores citas y un Lampe dominador cerca de los tableros, añadió por momentos una defensa asfixiante que acabó por estrangular a los pupilos de Pedro Martínez.

Un parcial de 0-22 entre el final del tercer cuarto y el comienzo del último, inaugurado con cinco triples consecutivos, enterró cualquier atisbo de esperanza para el Gran Canaria. El Caja Laboral empezó a ser lo que tendrá que ser para volver a ocupar su espacio en la élite. El futuro determinará hasta qué altura podrá volar la mariposa que ayer comenzó a romper el capullo de dudas que la apresaba.

Herbalife Gran Canaria (64) (14+25+14+11): Scheyer (3), Toolson (10), Nelson (17), Prestes (12) y Newley (9) -equipo inicial-, Beirán (3), Bellas (5), Báez (5) y Domínguez.
Caja Laboral (80) (27+18+13+22): Nocioni (24), Nemanja Bjelica (12), Heurtel (9), Oleson (12) y Lampe (12) -equipo inicial-, Milko Bjelica, Sonseca, Cabezas (5), San Emeterio (4) y Causeur (2).
Árbitros: Emilio Pérez Pizarro, Carlos Peruga y Sacristán. Sin eliminados
Pabellón: 4.825 espectadores en el Centro Insular de Deportes

Estadísticas completas en acb.com
Link a la crónica original publicada en Diario de Noticias de Álava

22/5/11

Un play off al mejor de dos


Son muchas las estupideces que a lo largo de las últimas semanas he escuchado en torno al sistema de competición que rige la ACB. Me duele que algunos aseguren que la fase regular no vale de nada, que planteen incluso la posibilidad de suprimir los play off para que los 34 partidos del primer tramo del torneo cobren más peso, ganen en emoción. No entiendo mucho estos planteamientos, que sospecho que proceden de gentes ajenas a este deporte, de los mismos que aseguran que sólo vale el último minuto de cada partido, de personas que, se haga lo que se haga, no sabrán ni podrán amar el baloncesto. A mi modo de ver, la llegada de los play off supone el culmen a muchos meses de puesta a punto, de un trayecto que vale, y mucho, para determinar el orden de partida en una pelea por el título que, un año más, se presenta apasionante. Lejos de tomar en consideración siquiera esa peregrina idea de acabar con los play off, que me parece de vodevil, se me plantea otra incógnita que toma el camino opuesto: ¿De verdad sale a cuenta mantener la primera fase, los cuartos de final, al mejor de tres partidos en lugar de ampliarlos a cinco como piden otros?

En pleno proceso de regeneración de la cúpula del baloncesto español, un camino sin retorno que pretende derrocar a Eduardo Portela y busca fórmulas que permitan conceder al baloncesto mayores vías de financiación y una explotación más eficiente de sus derechos de televisión, se nos han escapado entre las manos los cuartos de final del play off por el título. El que haya pestañeado se habrá perdido la primera ronda de estas eliminatorias, todas resueltas a las primeras de cambio, en sólo dos partidos. Barcelona, Real Madrid, Caja Laboral y Bizkaia Bilbao Basket se jugarán el pase a la final de un torneo que, eso no puede negarse, padece la abismal brecha que divide a la clase alta y al resto de los equipos de la competición.

Dejando a un lado la machada del Bilbao Basket, que ha dado la campanada apeando al que muchos señalaban como una clara alternativa al título, asumo que la diferencia de presupuesto, jugadores y potencial de los tres o cuatro grandes supondría una importante rebaja en la cuota de opciones de que se registren sorpresas en las eliminatorias si se ampliaran las series. Acabar con Barcelona, Real Madrid o Baskonia al mejor de cinco encuentros resultaría, desde luego, una utopía para la gran mayoría de los equipos de la clase media de la ACB. Ése el problema que no se afronta y que de verdad disminuye la captación de más aficionados, o al menos consumidores televisivos de baloncesto en España. Los grandes son cada vez más grandes y los pequeños cada vez los contemplan a más distancia. Es algo que se percibe en la Copa del Rey, otrora el torneo de la democracia. Cada año se reducen más las sorpresas. Cada vez se antoja más imposible que los cabezas de serie, como ahora en los play off, se vean sorprendidos. Pero el hecho de que la primera eliminatoria por el título arranque el jueves y quede finiquitada el domingo a mediodía a algunos les puede dejar con hambre.

Así las cosas, dando por hecho que la brecha entre grandes y medianos seguirá abriéndose (la licencia permanente de Euroliga garantiza unos ingresos que así lo permitirán), no nos queda otra que asumir un inicio de play off descafeinado, a tres partidos, una especie de fase previa de los torneos de Grand Slam del tenis, en la que sólo el poderoso que se despiste, como le ha sucedido en esta ocasión al Power Electronics Valencia, se quedarán sin acceder a lo que de verdad cuenta, que arranca ya. En la posibilidad de erradicar los play off prefiero ni entrar. ¿En qué ganaría emoción una competición sin eliminatorias por el título? ¿Será tan 'apasionante' como la Liga de fútbol, un torneo en el que de partida sólo dos equipos aspiran al título y prácticamente se lo disputan en sus duelos directos?


En lo que se refiere a las eliminatorias, no me alargaré mucho. Pero tres de ellas ahondan en la sensación de que existe demasiada distancia entre unos equipos y otros como para que se puedan apretar. Madrid y Barça se han sacudido sin problemas al Fuenlabrada y el Unicaja, que puso el broche a otra convulsa temporada con una derrota por más de treinta puntos ante su afición. Volverá a ser un año movido en las oficinas del Martín Carpena. Habrá que ver si la directiva costasoleña entiende de una vez por todas la necesidad de edificar un proyecto a largo plazo, sólido, y se aparta del fracasado cortoplacismo que ha acompañado al equipo estas últimas temporadas. Los dos grandes han resuelto sus cruces sin apenas desgaste. Llegan fuertes al tramo final. Si se tratara de una Final Four se podría dudar de ellos, pero teniendo en cuenta que es la ACB, dudar de la capacidad de cualquiera de ellos por sus frustradas trayectorias en la Euroliga sería un error. El Barça ha recobrado la fe en su modelo, en el colectivo, en las dos velocidades. Los secundarios (Grimau, Morris, Sada...) han aparecido durante la serie frente a Unicaja. Por mucho que se haya dicho, sigo contemplando al conjunto catalán como el principal aspirante al título. Y el Madrid, irregular, descabezado, con los jugadores libres para lo bueno y para lo malo, dependerá de la capacidad de Molin para poner orden y fijar las jerarquías. A priori tiene todo de cara para acabar con el sueño del Bilbao Basket, que esta mañana disputaba el partido más importante de su historia y ha cumplido.

El Baskonia (cuya eliminatoria analizaré más en detalle) llega en una tónica ascendente, mostrando pequeñas mejoras cada partido. El problema para el equipo de Dusko Ivanovic es que ya no le queda tiempo para más ensayos. El duelo a cinco partidos ante un Barça con ganas de revancha, advertido ya, se presenta como un examen final que determinará el nivel del crecimiento del conjunto vitoriano.

21/5/11

El equipo bipolar


Le he dado muchas vueltas a la cabeza sobre lo que ayer sucedió en el Buesa Arena y he llegado a una conclusión: resulta difícil descifrar qué pudo ocurrir para que un Baskonia notablemente mejorado en algunos aspectos sufriera tanto para doblegar a un rival orgulloso pero inofensivo, un oponente a todas luces menor. Aun así, trataré de desgranar los motivos por los que, a mi juicio, un partido bien encauzado como el de ayer volvió a envenenarse hasta el punto de que no quedó resuelto antes de llegar al último minuto de juego. En realidad, los males endémicos que arrastra el plantel de Dusko Ivanovic, cuyos lastres se antojan más colectivos que individuales, por lo que algo habrá que achacarle al entrenador, volvieron a manifestarse como ya viene siendo algo habitual. Y el resultado fue el de siempre: un desvanecimiento fatal en el tercer periodo y el arranque del cuarto que a punto estuvo de costarle carísimo al combinado vitoriano.

Aunque Pedro Martínez, buen tipo y gran estratega, aseguró en la sala de prensa que la serie sigue viva, a mí me da la impresión de que murió con el bocinazo final del Buesa. Mucho tendría que cambiar el Gran Canaria para que, más allá de lo que suceda en La Roca (territorio vedado hasta para los más grandes), pudiera robar un triunfo en Vitoria en un hipotético tercer partido. Si tenía que darse una sorpresa en esta eliminatoria, tenía que darse ayer. Aunque habrá que ver hasta qué punto conviene ilusionarse con la posibilidad de que el Baskonia se asegure el acceso a la siguiente fase de los play off. Este equipo, capaz de lo mejor, pero sobre todo de lo peor este año, ha entrado de lleno en la pelea por el título cuando aún muchas de sus piezas no han encajado en el puzzle.

Este Baskonia titubeante y errático, desconocido, huérfano de la referencia interior que han representado en épocas recientes iconos como Tiago Splitter o Luis Scola, tiene dos caras tan diferentes entre sí que resultan aterradoras. Cuando funciona, ofrece un nivel que invita a soñar con todo. Así fue durante la primera mitad. Con un Mirza Teletovic intratable, que cerró el primer cuarto con 19 puntos y descerrajó la defensa del conjunto insular, la hinchada del Buesa Arena contempló a un equipo capaz de aguantar un intercambio de golpes con cualquiera. La intensidad defensiva, por momentos, permitió rememorar tiempos pasados, más espartanos, más de Ivanovic. El excelente trabajo de Oleson (inédito en labores ofensivas) y Ribas, que ya ha encontrado su sitio en este equipo, desactivó por completo a la principal (¿única?) amenaza del rival, el codiciado Jaycee Carroll. El duelo parecía controlado. Pero no lo estaba.



A pesar de que el escolta mormón acabó el partido desquiciado, buscándose situaciones de tiro forzadas y con apenas once puntos (4 de 13 en lanzamientos de campo), el Gran Canaria, un combinado limitado, sin grandes argumentos en el perímetro ni hombres de relativo peso en la pintura, se levantó de la lona y poco a poco fue cobrando conciencia de que podía llevarse el partido. Hace no demasiado, estos equipos de perfil bajo salían del Buesa Arena escaldados. Este año, sin embargo, muchos se marchan con la sensación de haber perdido una ocasión de oro para obtener un triunfo de prestigio.

Así las cosas, teniendo en cuenta esa cierta mejora en intensidad y rendimiento defensivo, el hecho de que Carroll quedara maniatado y que el Gran Canaria apenas contara con otras opciones para hacer daño, ¿por qué sufrió el Baskonia para ganar? Pues en primer lugar porque la obsesión por frenar a Carroll fue tal, que otros jugadores del equipo canario gozaron de numerosas situaciones de tiro tan cómodas (la defensa se desajustaba sin que el sistema de ayudas resultara mínimamente efectivo) que acabaron el partido con un 65% de acierto en triples (13 de 20). Casi nada. Aunque el resto de razones fueron las de casi siempre: excesivas pérdidas de balón, problemas para controlar el rebote defensivo y una deficiente interpretación (táctica colectiva e individual) de los ataques estáticos. Son los motivos que arrojaron al Baskonia a la cuarta posición de la fase regular, los que lo dejaron fuera de una Final Four que parecía más barata que otros años y que ahora amenazan con zanjar prematuramente su carrera hacia la reedición del título.

Las máculas en el expediente de un equipo sobrado de talento, con infinidad de recursos individuales, siguen presentes ya entrados en el play off. Aun así, como decía en el post inaugural de este rincón de reflexiones, el éxito o el fracaso quedará definido por la capacidad de Ivanovic para seguir reduciendo estas taras. Ayer, de hecho, hubo varias fases del partido en las que desaparecieron. La búsqueda de la continuidad se convierte por tanto en el principal objetivo para la tropa azulgrana. A pesar de los pesares, el Baskonia ha puesto ya un pie en las semifinales.