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1/6/13

Fracaso en el retrogusto


Aseguran los enólogos que uno de los factores más relevantes a la hora de valorar la calidad de un vino aparece a los pocos segundos de haber realizado la cata. Los sabores que perduran en el paladar, el poso que deja en las papilas gustativas el caldo, se conoce como retrogusto, y en muchos casos sirve para determinar si las esencias del vino se han estabilizado de forma adecuada. Un retrogusto prolongado y placentero suele ser signo de calidad, mientras que uno desagradable o desviado en matices puede arruinar por completo la degustación, por mucho que el caldo haya resultado de inicio delicioso en vista, olfato y boca.

La última temporada del Laboral Kutxa ha dejado un poso de amargura entre sus aficionados. A pesar de los altibajos que ha experimentado el equipo en uno de los cursos más decepcionantes y convulsos que se recuerdan, el bochornoso final que se escenificó el pasado martes en el Buesa Arena ha bastado para retratar la verdadera y escasa calidad del caldo de las viñas azulgranas. Son tres años ya sin títulos. Tres temporadas completas sin finales. Aunque lo peor es, de largo, la impresión de que el históricamente bravo equipo alavés se encuentra cada vez más distante de las gestas que lo hicieron grande.

Hubo más resignación que ira en las gradas del Buesa Arena cuando concluyó el tercer asalto de la serie ante el Gran Canaria. La reacción de los fieles resulta un indicador muy claro para establecer la nota que merece el equipo baskonista este curso. Ni la primera inspección ocular, una fase regular más solvente en cuanto a resultados que en imagen, ni su carácter sutil en nariz durante la Copa de Vitoria, donde como empieza a ser tradición quedó apeado en semifinales, han podido ocultar la realidad. Tampoco lo hicieron las sensaciones en boca, planas de inicio, potentes en evolución y agrias al final, que acumuló en la Euroliga. El retrogusto delató la cruda realidad de un equipo, o más bien de un puñado de jugadores, que jamás llegó a recuperar la capacidad de pelear por los títulos que buscaba la directiva.

De nuevo lejos de los títulos

El Baskonia ha vuelto a suspender. Y no tanto por los resultados (semifinalista copero, cuartofinalista en Euroliga y ACB), que no han sido tampoco pésimos, como por esa patente impotencia que remarca la brecha que lo separa de los equipos que se reparten los trofeos. Lo duro, y eso ha quedado reflejado en la actitud que ha adoptado el baskonismo tras el duro golpe ante el Herbalife, es que ese triste final representa con mayor fidelidad lo que ha sido este irregular Laboral Kutxa que los puntos álgidos que, por unos motivos más o menos accidentales, ha alcanzado durante el ejercicio.

Es muy probable, casi seguro, que las valoraciones se habrían suavizado notablemente de haber rematado el domingo su serie ante el conjunto insular. Si el equipo gasteiztarra hubiera logrado colarse en semifinales, independientemente del resultado que cosechara después ante el Barça, se habría dado por buena (siquiera sólo por clasificación) la campaña. Por eso es probable que este crudo desenlace haya resultado más beneficioso y menos engañoso.

Sin restar relevancia al atenuante que suponen la desventaja presupuestaria con la que Josean Querejeta y sus acólitos deben hacer frente a la confección de la plantilla, resulta difícil ocultar que el grado de acierto en los fichajes y en las tomas de decisiones en general ha descendido en estos últimos años. Y todo ello ha guiado al baskonismo hasta un punto en el que el nivel de exigencia también se ha rebajado, hasta el punto de que esa resignación que se apreció en el Buesa Arena, consecuencia no de una sino de tres campañas lejos de los títulos ha generado un clima de desánimo que la directiva, según ha prometido su máximo dirigente, combatirá el próximo ejercicio con una plantilla mucho más potente.
La presente ha sido una temporada marcada por la inestabilidad. En apenas ocho meses se han cambiado varios jugadores, el entrenador, el nombre del equipo y la indumentaria, pero se ha seguido sin encontrar la identidad perdida. El equipo se ha movido a ramalazos. Pero no se ha apreciado una dinámica que aportara cierta seguridad en sus posibilidades más allá de la que adoptó en las primeras semanas de Zan Tabak.

El estímulo de Tabak

La llegada del croata sirvió ante todo para resucitar a un equipo que vivía una situación dramática en la Euroliga. La afición habría acusado muy mal que el equipo cayera por segunda vez a las primeras de cambio en la máxima competición continental. Tabak rescató al equipo in extremis, con mucha fe y una pizca de suerte. El Baskonia se coló en la segunda fase continental pese a sumar 4 victorias en 10 partidos. En el Top 16, tras un buen inicio, hizo falta otro milagro. Y el cuadro azulgrana respondió, con 4 triunfos en los últimos 5 partidos. Sea como fuere, accedió a los cuartos de final, donde dio la cara ante el CSKA. Dar el máximo cuando todo parecía ya perdido no ha sido el principal problema de este plantel.

En la Copa del Rey el Laboral Kutxa se ajustó al guión. Teniendo en cuenta los precedentes de las competiciones domésticas de los últimos años, hizo lo que se esperaba. Nada menos, aunque tampoco nada más. Donde pinchó fue en la ACB, y al final. Tras una fase regular notable en resultados (25 victorias y 9 derrotas), aseguró la segunda plaza y la ventaja de campo en una hipotética semifinal ante el Barça. Pero entonces llegó el Gran Canaria y el equipo azulgrana caía por primera vez en una década a las primeras de cambio. La duda estriba en saber si el duelo ante el cuadro insular arruinó la nota final del curso o retrató la realidad. En cualquier caso, el retrogusto ha sembrado el descontento en los paladares de una afición que confía en que su presente cumpla la palabra dada.

30/5/13

El reto de recuperar la esencia perdida

Querejeta promete una profunda renovación para devolver la ilusión a la grada del Buesa / El desplome en cuartos ante el Gran Canaria supone el cénit de la espiral de pérdida de competitividad del cuadro azulgrana



Josean Querejeta afronta uno de los momentos más complejos de su mandato. El máximo dirigente del Baskonia es consciente del grado de desánimo que se ha instalado en las gradas del Buesa Arena tras la decepcionante eliminación liguera ante el Gran Canaria, que viene a representar la puntilla para un equipo que ha perdido nivel de competitividad estos últimos años.

“Es un absoluto fracaso. Todos hemos quedado en mal lugar. Tenemos que hacer lo posible para devolver la ilusión a nuestros aficionados”, manifestó Querejeta el martes, a los pocos minutos de concluir el tercer duelo de cuartos ante el combinado que dirige Pedro Martínez. En realidad, sus palabras no hacían más que refrendar la declaración de intenciones que había realizado unas semanas atrás, en la revista corporativa del club, en la que prometía que iba a diseñar “una de las mejores plantillas de la historia” de la entidad azulgrana para volver a pelear por los títulos.

Le hará falta. Jamás se había percibido tal grado de desunión entre plantilla y afición como se pudo ver en el coliseo de Zurbano durante el duelo que clausuraba un curso tan convulso como deprimente. Los más viejos del lugar no recuerdan un momento en la historia del Baskonia en la que la hinchada se mostrara menos apegada a los jugadores que defienden la camiseta azulgrana. Y es ahí donde reside el principal reto, que es a la vez problema, para Josean Querejeta. Debe recuperar la esencia para volver a enganchar a una afición que había llegado a asumir que el Laboral Kutxa se quedara por norma en la antesala del salón en el que se reparten los títulos pero que no puede soportar ni admitir que se le robe el derecho a sentirse orgullosa de su equipo.

Un equipo desdibujado y sin carácter

El carácter único al que tanto se ha hecho referencia se ha volatilizado y el plantel se ha desdibujado hasta límites insospechados, al tiempo que se ha vivido la peor racha de resultados de todos los tiempos. Sin embargo, no es ni siquiera el hecho de que el Baskonia no se haya presentado en una final en los tres últimos años lo que ha impulsado ese sentimiento de desapego que tanto inquieta a Querejeta, pues tiene que asegurar abonados para cuadrar las cuentas, sino la pérdida de hambre competitivo y orgullo que con el transcurso del tiempo ha experimentado el colectivo gasteiztarra.

Hace poco más de año se fraguó la primera catástrofe continental. Miribilla fue el escenario en el que el cuadro baskonista resultó por vez primera eliminado de la Euroliga a las primeras de cambio. Fue un primer aviso. Anteayer, tras nueve temporadas ininterrumpidas entre los cuatro mejores, también se quedó fuera de las semifinales de la ACB, además ante un rival menor, tanto en presupuesto como en potencial. Por el camino se había ido perdiendo esencia, ambición, competitividad. Se había instaurado la creencia de que bastaba con alcanzar las semifinales en ACB y Copa, algo en cierta medida lógico ante la brecha cada vez mayor en presupuesto con Real Madrid y Barcelona, pero el nivel de tolerancia tiene unos límites. Y la abulia con la que se ha manejado la plantilla, una plantilla además de mal confeccionada, mal remendada por el camino, ha acabado por colmar la paciencia de la hinchada.

Josean Querejeta habla de renovación, de limpia, cuando lo que en realidad exige el baskonismo es una revisión de los valores que rigen los designios de un equipo que desde el milagro del tercer título liguero. Más allá de nombres, se antoja necesario definir el perfil de jugador que se busca para regresar a esa esencia orgullosa y combativa que, por encima de éxitos o fracasos, logró que en la grada prestara con emoción un aliento que el martes sin duda faltó.

Hodge y Hamilton

En las oficinas del Buesa Arena hace tiempo que se trabaja en la confección de esa nueva e “ilusionante” plantilla. Y no sería de extrañar que en los próximos días se anunciara alguna incorporación que ayudara a paliar los ecos del descalabro liguero. Como ya avanzó este periódico, el acuerdo con Hodge se encontraba cerrado a falta de firma, aunque el jugador está en estos momentos inmerso en la final de la PKL polaca y quizá habría que esperar a que cogiera vacaciones. No sucede lo mismo con un Lamont Hamilton que el martes jugó en el Palau su último partido con la elástica del Bilbao Basket. Las negociaciones con el poste estadounidense están más que encauzadas.

Antes de las entradas, en todo caso, deberán llegar las salidas, renovaciones o ventas de los componentes de una plantilla que no ha dado la talla. Cook y Milko Bjelica acaban contrato y se marcharán. Nemanja tiene todas las papeletas para salir, bien rumbo a la NBA, bien rumbo a un grande europeo, aunque las apreturas económicas generalizadas dificultan esta segunda opción. La renovación de Nocioni llegará en breve, siempre que el argentino asuma la reducción salarial que le plantea el club. Y luego está el resto, sujeto al mercado y sus ofertas. Salvo en apariencia Pleiss, Causeur y Jelinek, con contratos largos, nadie tiene plaza fija. Ni siquiera Fernando San Emeterio, que como Lampe ocupa plaza de cupo y podría resultar atractivo para recaudar, al igual que un Heurtel que se ha revalorizado.

29/4/13

El pirómano apagafuegos


ZAN TABAK DA CON EL ROL IDÓNEO PARA UN THOMAS HEURTEL QUE SE MANEJA COMO PEZ EL AGUA EN LA URGENCIA Y LA ANARQUÍA

A lo largo del presente curso, uno de los más convulsos que se recuerdan en la historia reciente del Baskonia, la posición de base ha sido de largo la que mayores quebraderos de cabeza ha regalado a directiva y técnicos. Hasta cinco timoneles distintos se han enfundado la elástica azulgrana desde el pasado verano sin que ninguno de ellos haya logrado siquiera hacer olvidar la dolorosa marcha de un Pablo Prigioni que el pasado curso gobernó con mano firme la nave baskonista. Taylor Rochestie, Carlos Cabezas, Omar Cook, Thomas Heurtel y Devon Van Oostrum han sido los jugadores con los que tanto Zan Tabak como Dusko Ivanovic han contado para ocupar una demarcación clave, pero no ha sido hasta estos días, cuando se alcanza el tramo final de la competición, cuando el preparador croata parece haber hallado la fórmula que mejor combina las características de sus bases.
Cook, cerebral y sobrio, se ha asentado como titular. Heurtel, anárquico, alocado, a veces temerario, ocupa al fin un papel que parece diseñado a su medida. El pirómano ha encontrado su sitio y ha brillado en un papel de apagafuegos que cumple a la perfección.
Tabak ha conseguido que poco a poco encajen todas las piezas del puzle. El equipo, de una manera casi imperceptible, se ha ensamblado para alcanzar el play off, en el que peleará por el único título al que aún puede aspirar, en un estado de forma ilusionante. Y Heurtel, como quedó claro el sábado en Fuenlabrada, como se vio en el cuarto partido de la serie ante el CSKA, parece asumir con gusto y demencial deleite el rol que le se le asigna en este nuevo reparto.
Amado u odiado
Heurtel tiene detractores y defensores a puñados. Desde que aterrizó en Vitoria, por su forma de entender el juego, por su aparente indisciplina táctica y los riesgos que corre en la gestión de las posesiones, apenas ha dejado a nadie indiferente. O se le quiere o se le detesta. Es capaz de levantar en una misma jugada a unos y otros de sus asientos. No son pocas las veces en las que uno arranca una protesta ante alguna de sus decisiones que acaba ahogada ante el acierto. Pero nadie puede negar que su esencia se ajusta como anillo al dedo al papel de kamikaze que se le ha encomendado en estas últimas semanas.
En Fuenlabrada, sin ir más lejos, el Laboral Kutxa no habría sumado la victoria si Tabak hubiese apostado por mantener sobre el parqué a un Omar Cook que cuajó, no obstante, una actuación más que aseada. El equipo requería de otra velocidad, necesitaba soltarse los corsés para cambiar la dinámica del choque y Heurtel, en eso, no tiene rival. Al igual que sucedió en el último duelo frente al CSKA, el timonel galo cuajó un último cuarto descomunal, al alcance de muy pocos jugadores. Y ante todo evidenció que se siente en su salsa cuando lo único que se le exige es que salga a divertirse. Entonces se olvidan sus frustrantes pérdidas, su caótica dirección, sus aparentes instantes de desconexión y sus discutibles decisiones. Y aparecen las asistencias y las jugadas imposibles.
Cuartos para enmarcar
Los dos últimos cuartos que ha protagonizado en esos partidos Heurtel han sido para enmarcar. Ante los rusos, aunque no sirvió a la postre de nada tras el lacerante arbitraje que condenó de manera definitiva las opciones de supervivencia baskonistas, firmó 17 puntos en esos diez minutos finales. En Fuenlabrada no llegó tan lejos, pero sí lo suficiente como para acabar con la brava resistencia del equipo madrileño. Heurtel anotó 13 puntos, repartió varias asistencias, ganó el partido y refrendó la impresión de que su papel debe ser precisamente ese, el de desatascador.
Queda por ver hasta dónde llega en la ACB este Laboral Kutxa con los bases de los que dispone. Será fundamental que Tabak consiga sacar el máximo jugo de Cook, pues parece destinado a asumir el peso principal de la dirección, pero al menos el croata ya sabe cómo puede hacer que Heurtel rinda. El francés se maneja mejor en un estado salvaje que sometido a las normas de la disciplina. Quedó claro en el Fernando Martín. En el segundo acto del encuentro, el propio Tabak tuvo que retirarlo a los pocos minutos de haberle dado entrada porque no dio una. Pero al final, cuando requirió de un valiente que saliera a la desesperada, el francés dio un paso al frente para sumar un triunfo valioso, por las dificultades que planteó el rival, y dejar claro cuál debe ser su papel en este equipo.

14/4/13

Basket de dos velocidades

El Caja Laboral recibe un severo correctivo y se muestra impotente ante un CSKA muy superior


Podrían hacerse miles de lecturas de lo que ayer ocurrió sobre el parqué del Universal Sports Hall de Moscú. Habrá quien hable de falta de compromiso, de mala dirección desde el banquillo o de desatino a la hora de tomar las decisiones tanto en defensa como en ataque. Pero existe una versión que no admite ningún tipo de debate: la que responde a la abismal diferencia de nivel que ahora mismo separa a las plantillas de ambos equipos.

El Caja Laboral recibió un nuevo correctivo en la pista de un CSKA todopoderoso, casi intocable y que parece decidido a cerrar la eliminatoria por la vía rápida. A pesar del patente crecimiento anímico que en cuestión de horas parecía haber experimentado el equipo, que saltó a la cancha con apetito de revancha y mucha más confianza en sus posibilidades, la realidad acabó por situar a cada uno en su lugar. El combinado baskonista, que ofreció un primer cuarto que invitaba a soñar con gestas pretéritas, terminó estrellándose contra un muro y sumando una segunda derrota que, más que nada por las formas, empuja incluso a pensar que, si no cambian mucho las cosas, el miércoles se dará por cerrada la meritoria andadura del conjunto de Tabak en la Euroliga.

El técnico croata deberá revisar en el baúl de sus recursos para encontrar algún revulsivo que varíe el guión de una batalla en la que Ettore Messina se está manejando con mucha comodidad. Lo de siempre ya ha quedado claro que no basta. Y apenas se apreciaron correcciones tácticas entre el primer y el segundo partido. El CSKA explotó sus bazas, sacó enormes réditos a su superioridad física y al fondo de armario sin que se viera que en el banquillo visitante fueran a ofrecerse recetas originales para tratar de modificar los parámetros que regían un duelo en el que el conjunto vitoriano volvió a despeñarse por un precipicio.

Sí funcionaron, al menos de inicio, las artes de psicólogo que tanta falta le hacían a la plantilla azulgrana tras el baño de realidad del miércoles. Tabak supo aprovechar el tiempo para recuperar anímicamente a sus pupilos, que encararon los primeros minutos con sangre en los ojos y una aparente obsesión por devolver el golpe recibido. Con un quinteto en el que Causeur suplió en el puesto de escolta al capitán San Emeterio, bien dirigido por Cook y con Lampe como gran amenaza interior, el Baskonia encontró cierto equilibrio y logró incluso marcar el ritmo de juego en los compases iniciales.

La amenaza del poste polaco en la pintura obligaba al CSKA a cerrar la defensa y eso generaba espacios y tiros abiertos que el Baskonia ayer sí supo aprovechar. Hasta cuatro triples logró anotar en este primer acto el equipo azulgrana, cuya actividad defensiva impedía que el cuadro ruso anotara con sencillez. Cook, con dos, Nocioni y Lampe abrieron brecha desde el perímetro. Una canasta del osado Causeur estableció la máxima renta (12-21) justo antes de que todo el invento se viniera abajo.

Tabak arriesgó en exceso y lo pagó. Mantuvo a Lampe en pista con dos faltas y Messina supo leerlo. Dio entrada a Nenad Krstic y en su primer baile bajo canasta logró forzar la tercera del polaco y además anotar. Quedaba más de media hora de partido y el conjunto vitoriano se quedaba sin su principal argumento ofensivo. Aun así, supo mantener el tirón y cerrar con la cabeza alta un primer cuarto que marcaba el rumbo a seguir para aspirar a llevarse el partido (20-26).

Apagón

A partir de ahí se apagaron las luces. El Caja Laboral se desmoronó por completó. Se derritió como un cubito de hielo al sol ante la potente rotación del CSKA. Papaloukas, Micov y Jackson mantenían el nivel mientras la entrada en pista de Heurtel coincidía con el desplome absoluto. Con Lampe reservado y Nemanja Bjelica desaparecido en combate por segundo partido consecutivo, irrumpió la oscuridad. El Baskonia sudaba sangre para producir en ataque, pero San Emeterio, tan obstinado como valiente, trataba de mantener las constantes vitales del equipo y el partido se mantenía abierto al descanso (44-37).

Quedaba por ver si el equipo azulgrana dispondría de la fortaleza mental para dar la respuesta que exigía la cita. Y una vez más quedó claro que no la tiene. El CSKA adquirió velocidad de crucero y el Baskonia deambuló por la pista como un boxeador sonado, sufriendo un doloroso castigo que por momentos llegó a rozar la treintena de puntos.

El equipo de Messina se apunta el segundo punto y deja la elkminatoria vista para sentencia. No da la impresión de que Tabak pueda esta vez ejercer su asombrosa capacidad para obrar milagros. Pero la serie vuela ahora hacia Vitoria. A eso se agarra el baskonismo. Habrá que ver si el abrigo de la hinchada azulgrana basta para reducir las insondables distancias que hoy por hoy se aprecian entre ambos equipos.

9/4/13

Tabak mantiene la exigencia


El hambre de gloria del técnico croata sostiene las esperanzas de un equipo que afronta un reto mayúsculo en los cuartos de final de la Euroliga



Zan Tabak se consagró ayer como icono baskonista. En un gesto que quizá haya podido pasar un tanto desapercibido ante todo lo que se está hablando en torno al duelo entre Caja Laboral y CSKA en los cuartos de final de la Euroliga, el técnico croata se encargó de fijar el listón de la exigencia en parámetros que no deberían rebajarse bajo ningún concepto. Un compañero preguntó en la sala de prensa del Buesa Arena sobre la diferente óptica con la que en teoría encaran la serie ambos equipos. En la pregunta parecía ir implícita la constatación de que el equipo azulgrana ya ha cumplido porl el mero hecho de colarse en el Top 8 y fue el propio Tabak quien reaccionó para recordar las señas de identidad de un club que ha forjado su grandeza a base de superar obstáculos que de antemano parecían insalvables.

“No podemos acudir nunca a un partido pensando que no pasa nada si perdemos. El Baskonia no es así”, terció el preparador balcánico. “Cuando me dieron este trabajo acepté el reto de ser entrenador del Baskonia y creo que el Baskonia nunca puede entrar en una cancha diciendo que no tenemos nada que perder. No somos un club así. Sin importancia de la plantilla que tengamos, no podemos ir a un partido pensando que no pasa nada si perdemos. Hay un nombre por detrás y una historia que cuando saltas a una cancha debes proteger. Por eso no puedo aceptar este tipo de actitudes”, añadió.

Estoy convencido de que sus palabras supusieron un bálsamo para el baskonismo, desde las altas instancias del Buesa Arena a los aficionados de a pie. Este equipo no puede permitirse perder la exigencia, que ha sido seña de identidad y motor. A nadie se le escapa que la dificultad aumenta cada temporada. La brecha económica con los principales presupuestos, entre los que el CSKA figura a la cabeza, está ahí. Pero esto es deporte y los rusos no van a jugar con siete. Jugarán con cinco. La empresa se presenta muy difícil, pero no es imposible, ni como mínimo inabordable.

Mucho se ha escrito y hablado sobre el nivel y la capacidad para desconectar de la actual plantilla. Es probable que, a simple vista, el colectivo azulgrana no parezca tan deslumbrante como versiones anteriores. Sin embargo, ¿cuántas de las gestas escritas con letras de oro en las páginas del baskonismo llegaron en situaciones de aparente inferioridad? Yo diría que la mayoría. Y en todas ellas la exigencia sirvió como motor, vehiculó la ambición de un equipo que jamás ponía excusas ante la aversidad. Tabak tampoco quiere hacerlo. Todo lo contrario. En lugar de cobijarse en las limitaciones que puede presentar su plantilla, huérfana de un base contrastado, quizá algo coja en la pintura, se exige y exige.

Hacerse un nombre en Europa

Ayer tuve oportunidad de charlar un rato con Maciej Lampe y su discurso reflejaba que, contra lo que parece un descenso generalizado de la exigencia en el entorno, en el vestuario se tienen las cosas claras. Luego es posible que la calidad no dé, que falten gasolina y mimbres para alcanzar la gloria, pero al menos los jugadores conservan el hambre. El polaco tiene claro que el cuadro baskonista se encuentra ante una oportunidad única. “Podemos hacer algo muy grande, tanto para cada jugador individualmente como para el equipo. Tenemos un equipo muy joven. Es el primer año con toda esta gente. Estoy seguro de que cada uno de nosotros querrá hacerse un nombre en Europa y este es el momento en el que podemos lograrlo”, afirmaba.

Lampe tenía mucha razón. En la actual plantilla del Caja Laboral no hay un solo jugador que haya disputado una Final Four. Tampoco lo había en la plantilla que en 2005 se presentó en Moscú para disputar la primera en la historia del club. Muchas de las figuras que lucen en el retablo de la capilla azulgrana se forjaron su leyenda a base de superar imposibles. No quiero decir con esto que la calidad del equipo no haya bajado. Sólo digo que las esperanzas de la parroquia baskonista sólo pueden sostenerse en un nivel de exigencia externo como el que se ha tenido siempre y en el apetito de gloria los propios jugadores. Causeur, Heurtel, Pleiss o Nemanja son jugadores jóvenes que, como dice Lampe, tienen en su mano la opción de forjarse un nombre. Y no sólo los jugadores. Conviene tener presente que el propio Tabak es un entrenador novato. También se juega su futuro, su prestigio. Su ilusión ha resultado un ingrediente fundamental en la resurrección de un equipo que parecía muerto. Me alivia ver que su nivel de exigencia se mantiene intacto pese a sus pequeñas conquistas. Rebajarlo desde el exterior no ayuda en absoluto al equipo.

5/4/13

De nuevo en su sitio

El Baskonia cumple ante el Montepaschi y regresa a los cuartos de final de la Euroliga, donde le espera el todopoderoso CSKA



Es probable que dentro de muchos años, cuando el baskonismo eche la vista atrás, quizá se incluya la noche de ayer en la nómina de citas inolvidables que han ido forjando la historia de un club que regresa orgulloso al lugar que le corresponde. El Baskonia volverá a disputar los cuartos de final de la Euroliga. Zan Tabak ha obrado su segundo milagro continental. Con mucho más esfuerzo del que exigía antaño, porque el paso del tiempo no ha sido benigno, el conjunto azulgrana vuelve a colarse entre los ocho mejores equipos del continente. Lo hizo sobre la bocina, sudando sangre y sin la suficiencia de otros tiempos, pero al mismo tiempo con la sensación de haber alcanzando un logro que antes se antojaba sólo un escalón intermedio y ahora un gran éxito.

El Caja Laboral de los altibajos, el equipo bipolar y ciclotímico que tantos disgustos ha regalado a su afición, sacó a relucir su orgullo en el momento de la verdad. Tal y como ha hecho en otras citas claves a lo largo de este curso demencial y desconcertante, emergió su mejor versión justo cuando la situación más lo requería. Sin brillo pero con altas dosis de entrega y sacrificio, cualidades que muchos desligan de la actual plantilla, se sacudió de encima la visita de un Montepaschi a la baja y aprovechó ayudas externas para culminar su objetivo de acceder al Top 8 de la máxima competición del baloncesto continental.

Mucho se ha hablado de la capacidad de este equipo para desconectar, para sufrir cortocircuitos letales, y eso es algo que está ahí, no se puede negar y parece no tener arreglo. Pero también posee este colectivo cierto orgullo que sale a relucir cuando el panorama pinta más oscuro, cuando se ciernen negros nubarrones sobre su futuro. Y además mucho talento. Ayer era una noche idónea para la reivindicación, y algunos jugadores supieron captar el mensaje, asimilar la relevancia de la cita y ofrecer a un Buesa Arena engalanado para la ocasión lo que hacía falta para abreviar las angustias.

Sobre Nocioni, la honradez hecha carne, ni hubo ni hay ni habrá nunca dudas. Pero irrumpieron en escena también otros jugadores que, aun con sus desconexiones puntuales, suelen dar la cara cuando llegan las citas de alto voltaje. En un choque cuya energía acabó por desarbolar los planes y la rigidez táctica de Zan Tabak, el talento de Maciej Lampe y Nemanja Bjelica lo dinamitó todo, cambió el paso por completo.

Reacción devastadora

La irrupción en escena del poste polaco, que bailó sobre la tumba de los entregados interiores del Montepaschi, y más aún de Nemanja, genial en el pase e inteligente en cada acción, quebró la pésima dinámica con la que el cuadro baskonista había estrenado el partido. Tras haber anotado sólo dos puntos en los primeros cinco minutos (2-7), los cambios precipitaron la reacción del equipo de Tabak. Resultó furibunda, devastadora, definitiva. El parcial de 19-4 que se produjo tras la entrada de ambos en el partido supuso la defunción anticipada de un Montepaschi que, pese a que disponía de opciones de acceder a los cuartos de final, bajó los brazos y se resignó a sumar su quinta derrota consecutiva en la competición continental.

Quedaban muchos minutos, pero en el Buesa Arena se empezó a atender más los resultados ajenos que el propio. El último cuarto de hora, aun con las pinceladas de excelente juego que por momentos ofrecieron los pupilos de Tabak, la mente estaba fijada en los duelos del Palau y El Pireo. Llegaron momentos de zozobra, e incluso tras sonar el bocinazo final varios millares de aficionados se quedaron en la grada aguardando los finales en otras canchas. La hinchada azulgrana conservaba la fe. Tenía que ganar el Barça o el Olympiacos. Se hicieron de rogar, pero al final ganaron ambos y en el Buesa Arena se vivió una fiesta.

Los toreros volvieron a la cancha, la música volvió a sonar y la hinchada baskonista, huérfana de excesivas alegrías este curso, festejó que su equipo volvía a estar entre los mejores, en su lugar natural. Tabak ha obrado ya dos milagros. El CSKA espera ahora en cuartos. ¿Por qué no soñar con un tercero?

25/3/13

Fiabilidad alemana

TIBOR PLEISS OPONE SU EXTREMA SERIEDAD Y CONCENTRACIÓN A LAS DUDAS QUE GENERA LA ACTITUD DEL EQUIPO / El germano permite que el resto de interiores brillen cuando coinciden con él en cancha




Los anuncios de automóviles, sector que padece con crudeza la crisis, se esmeran en estos tiempos oscuros en destacar la fabricación nacional como reclamo. Ahora se concibe como un valor añadido el hecho de que el vehículo de turno se haya fabricado en España, como recordatorio de que sus factorías, tal y como sucede en Vitoria, sostienen en cierto modo la economía de muchas capitales de provincia. No siempre fue así. Más bien al contrario. Durante muchos años lo que vestía era el diseño, la sobriedad y sobre todo la fiabilidad alemana de los coches. Siempre se ha concedido unos valores de seriedad y rigor a todo lo procedente del país germano. Tibor Pleiss parece empeñado en ratificar esta impresión.

El poste teutón se está confirmando como una garantía en estas últimas semanas. A las dudas que genera la actitud colectiva de este Caja Laboral bipolar, Pleiss responde con un rigor y una máxima concentración que Tabak agradece y premia. Tras haber permanecido en un discreto segundo plano durante buena parte de la temporada, ha relevado a Lampe en el quinteto titular en varios partidos y ha evidenciado que es el único interior del plantel azulgrana con verdadera capacidad de intimidación y dotes defensivas. Más allá de lo que puede aportar en ataque, gracias en gran medida a su providencial habilidad para tiranizar el rebote ofensivo, su presencia en la pintura garantiza el calvario para los valientes que se aventuran a buscar el aro.

El pasado sábado, en el derbi frente al Lagun Aro, Pleiss firmó su primer doble-doble con la elástica baskonista. En realidad no hizo más que refrendar las buenas sensaciones que estaba enviando en los últimos partidos, incluso en algunos de los que el equipo vitoriano ha estado lejos de dar la talla. En todo caso, su incidencia en el juego del equipo no suele quedar reflejada en la planilla de la estadística. Pleiss es más que números, es el boceto de lo que sin duda alguna va a ser un pívot espectacular al que a buen seguro le aguarda una carrera más que prometedora al otro lado del Atlántico.

Futuro NBA

El pasado verano ya tuvo la ocasión de probar suerte en la NBA. Los Thunder de Oklahoma City, el equipo que posee sus derechos, le trasladaron la posibilidad de sumarse al plantel con el que disputaría las competiciones estivales en las que muchos jugadores acaban ganándose un contrato. A pesar de su extrema juventud (cumplió 23 años en noviembre), Pleiss demostró la sorprendente madurez con la que se maneja fuera de la pista. "Me gustaría jugar en la NBA, es mi sueño, pero creo que la mejor opción para crecer como jugador era venir aquí", manifestó en declaraciones a Diario de Noticias de Álava una semana antes de arrancar la ACB. El poste germano, con contrato hasta junio de 2016, tenía muy presente el trampolín que el Baskonia ha representado para otros muchos grandes jugadores del baloncesto europeo que a la larga se han hecho importantes en la NBA. No tenía prisa y consideraba que Dusko Ivanovic podía ejercer el mismo influjo en él.

La salida del montenegrino no supuso un revés importante para sus planes. Su sustituto, un antiguo pívot con una excelente trayectoria profesional como Zan Tabak, mostró desde su llegada un especial interés en mejorar el juego interior del equipo. El preparador croata insistió desde el primer día en la necesidad de trabajar la pelea por el rebote, hasta ese momento punto débil de un equipo carente de músculo y agresividad en la pintura, y Pleiss supo recoger el guante. La anormal configuración del equipo lo ha convertido en una pieza muy importante, sobre todo desde el punto de vista de los intangibles. En una batería de pívots donde hay mucho talento pero escaso trabajo, su presencia en cancha resulta de un valor incalculable. No sólo por lo que hace, sino también por lo que supone para sus compañeros.

Zan Tabak carece de tipos duros. Lampe y los Bjelica son jugadores de gran calidad, pero hay mucho bailarín para poca pista. Milko, renovado contra pronóstico el pasado verano, se queda a medio camino. A pesar de que en los últimos partidos está exhibiendo un gran estado de forma, sobre todo desde el punto de vista físico, no representa el perfil de jugador que tanto Lampe como Nemanja necesitarían a su lado para brillar. Pleiss sí dispone de esas cualidades. Exige pocos balones, aunque su juego en el uno contra uno es más que aceptable, y aporta muchas segundas opciones con sus rebotes ofensivos y más aún en defensa con su capacidad intimidadora.

Equilibrio muscular

Su crecimiento en los últimos compromisos del conjunto azulgrana representa una excepcional noticia de cara a afrontar la fase decisiva de la competición. Ante el evidente desequilibrio estructural del juego interior, el germano puede llegar a convertirse en el currela que tanto se echaba en falta. Queda por ver si Tabak, como sí hizo en ocasiones puntuales Ivanovic, se anima en algún momento a permitir que comparta pista con Lampe, el jugador que más agradecería de su compañía sobre el parqué. El técnico montenegrino utilizó esta fórmula para castigar al Real Madrid de Pablo Laso en el duelo liguero que se disputó en la quinta jornada en el Palacio de los Deportes. Lampe asumió el puesto de cuatro, con Pleiss de cinco y Nemanja de tres. El alemán, recién salido de su mononucleosis, hizo su papel. El resultado fueron los 22 puntos del polaco y los 25 del combo serbio en un duelo que se decidió en la prórroga y en el que el Baskonia tuvo un último tiro para ganar.

Pura fiabilidad alemana. Pleiss es lo que se ve y lo que no se ve. Y será aún más, porque todavía le resta mucho camino por recorrer. Es muy joven, debe ganarse el respeto de los árbitros, que le castigan en exceso en los contactos, y tiene que mejorar en muchos apartados. Pero tiene cabeza, disposición y talento para lograrlo. A pesar de su bisoñez, por su papel en este equipo, puede llegar a convertirse en un arma determinante ahora que llega el momento de decidir si este curso se resuelve como un éxito o como un fracaso en el intento del Baskonia de volver a pelear por los títulos.

30/11/12

El milagro de la vida

EL CAJA LABORAL REMONTA A FALTA DE SEGUNDOS UN PARTIDO DEMENCIAL Y CONSERVA SUS OPCIONES DE 'TOP 16'



Hay momentos que pueden cambiar la vida de un jugador, resultados capaces de alterar el rumbo de un equipo y victorias que acaban por modificar el destino de una temporada. Resulta complicado determinar qué efectos tendrá a corto y medio plazo la canasta con la que Thomas Heurtel le regaló ayer al baskonismo la primera victoria de la temporada en el Buesa Arena. El base galo, capaz de lo mejor y lo peor, que pudo haber tirado por la borda todo el trabajo realizado por el equipo para remontar un partido que parecía abocado al desastre, acabó erigiéndose en el héroe de un triunfo fundamental.

Habrá que comprobar el valor efectivo de la acción con la que un jugador demente resolvía un duelo demencial. Por el momento, la penetración con la que Heurtel fijó a falta de cuatro segundos un marcador que ya no se movería permite conservar la esperanza de clasificación para un Top 16 que se está dejando querer como una amante libertina. El Baskonia tiene aún en su mano el pase. Aunque, salvo que gane los dos compromisos que restan para concluir la primera fase, continuará dependiendo de terceros, justa penitencia a sus recurrentes pecados continentales. Sin embargo, ayer pudo al menos lograr que los más de 10.000 espectadores que rugieron durante la remontada en las gradas del coliseo azulgrana –y a buen seguro también los miles que lo siguieron en la distancia– pudieran acostarse orgullosos del espíritu irreductible y la fe que exhibió un equipo que hasta la fecha les había obsequiado con más argumentos para esconder la cabeza que para sacar pecho.

Como en las grandes noches, es probable que hubiera más testosterona que baloncesto en el arranque de carácter que desmontó por piezas todos los cimientos que había asentado en la primera mitad (28-42) el equipo de Sergio Scariolo. El Baskonia de Tabak se sacudió los complejos del pasado y creyó en un futuro sobre el que se cernían negros nubarrones ante la desmoralizadora evidencia de que el cuadro azulgrana seguía sin soltarse a ofrecer su mejor cara en Euroliga.

Tabak se dejó de inventos raros. No era una cita para delirios de entrenador ni para experimentos con gaseosa. Apostó por la cordura, concedió la responsabilidad a los pesos pesados del vestuario, a los jugadores con más arrestos y horas de vuelo, y conquistó una victoria que, quién sabe, puede suponer un punto de inflexión en el trayecto de un equipo que necesitaba una inyección de confianza.

El técnico croata aplicó su código baloncestístico a rajatabla. Ya lo dijo en su presentación: a la gloria se accede desde la defensa. Y ese fue el atajo que tomó el equipo azulgrana para sortear sus deficiencias para producir en ataque, su escaso acierto en el lanzamiento exterior y los muchos problemas que jugadores como Langford o Bourousis había generado en los dos primeros cuartos. El cuadro baskonista apretó los dientes en defensa, tiró de testosterona y apagó las luces a un rival que en los dos últimos cuartos (11 y 9) apenas pudo sumar una veintena de puntos.

Fernando San Emeterio, eterno capitán, fue quien encendió la mecha de la fe. Sostuvo al equipo cuando venían mal dadas. Era un todo o nada, un duelo a vida o muerte, y el alero cántabro supo echarse a las espaldas todo el peso de lo que parecía un equipo muerto. Su compromiso encontró adeptos tras el descanso. Andrés Nocioni, peleado de nuevo con los árbitros y castigado por las faltas, se dejó el alma y empujó a los virtuosos Nemanja y Lampe a vestirse el mono azul en la lucha por un rebote que en los dos últimos cuartos sólo tuvo un color.

A la gloria, no obstante, no se llega por una autopista enmoquetada con terciopelo rojo. Se accede por un camino embarrado y plagado de baches, que ayer por momentos parecieron minas. La defensa y el rebote, en definitiva el carácter, comprimieron el marcador, pero aún restaba rematar. Cuando ya parecía posible, Cook anotó un triple que no logró sentar en su asiento a ningún aficionado azulgrana. Ayer se volvió a creer. Entonces apareció San Emeterio para igualar a 62 y llegó la bandeja de Heurtel, que fue el final pero puede acabar convirtiéndose en el principio.

Viernes, 29 de noviembre de 2012
64-62

Caja Laboral (14+14+17+19): Heurtel (11), Oleson (6), Nocioni (8), M. Bjelica (4), Lampe (14) -cinco inicial-, Cabezas (2), San Emeterio (17), Pleiss, Causeur, N.Bjelica (2).
Armani Milan (19+23+11+9): Cook (14), Hairston (8), Langford (16), Fotsis (5), Bourousis (11) -cinco inicial-, Hendrix, Stipcevic (3), Melli, Chiotti, Basile (5).
Árbitros: Pukl (SLO), Latisevs (LET), Silva (POR). Señalaron técnica a Nocioni (m.19). Eliminado Nocioni (m.37).
Incidencias: Buesa Arena ante 10.214 espectadores.

26/11/12

Un soplo de aire fresco

UN BASKONIA CON MUCHO MARGEN DE MEJORA OFRECE DESTELLOS DE CALIDAD EN EL ESTRENO DE TABAK EN EL BUESA



Al Caja Laboral le queda mucho trecho por recorrer para convertirse en aspirante a cualquier cosa. Tras haber sufrido un proceso degenerativo que la directiva quiso atajar con un traumático relevo en el banquillo y haber padecido más de un correctivo sonrojante en la Euroliga, queda fuera de dudas el hecho de que se encuentra muy lejos de alcanzar el punto de madurez que permita apreciar en su plenitud todo su potencial. Pero incluso en ese estado depresivo, con cambio de técnico incluido, continúa enviando señales que invitan a conservar la fe. Más aún tras el relevo en el banquillo.

Zan Tabak disfrutó ayer ante Unicaja de su primera victoria como técnico del conjunto vitoriano. En un partido en el que todo salió rodado, sus pupilos sacaron a relucir la versión más brillante de un plantel que en la ACB se está manejando con mucha más solvencia que en la Euroliga. Sin la presión de saberse contra las cuerdas, como sucede en la competición continental, sumó su tercera victoria de prestigio, tras las cosechadas ante Barcelona y Valencia Basket, y dejó constancia de que, cuando entre en dinámica y quizá con un par de retoques, puede llegar a convertirse en lo que todo el mundo esperaba que volviera a ser.

Lo más positivo de una matinal demasiado plácida tuvo que ver más con las sensaciones que con el resultado. No porque la victoria no tenga su peso, sino porque tras la sonrojante humillación sufrida en el Zalgirio Arena apenas unas horas antes resultaba una incógnita saber cómo responderían los jugadores. No se escondieron. Al contrario, dieron un paso al frente y ofrecieron un punto de apoyo al preparador croata, que en Kaunas pudo comprobar hasta qué punto llegaba la descomposición del plantel del que había aceptado hacerse cargo.

El propio Tabak había advertido durante sus comparecencias previas de que en sólo unos días resulta imposible cambiar por completo la dinámica de un equipo sumido en esta profunda sima de juego y confianza. Ayer, sin embargo, quedó claro que el cambio de entrenador ha surtido al menos el efecto anímico inicial que se perseguía. Puede que sea verdad que el croata ha dispuesto de pocos entrenamientos para perfilar las líneas maestras de su rescate baloncestístico, pero ayer pudieron percibirse los esbozos de algunas de ellas en una matinal en la que en el Buesa Arena se respiraron aires renovados, se limpió el ambiente.

Es probable que la historia se hubiese escrito de otra manera de no haber sido por la convincente puesta en escena que ofreció el cuadro azulgrana ante un Unicaja que ya desde los primeros compases perdió cualquier opción de hacerse con la victoria. A pesar de su enorme arsenal, de la versatilidad y cantidad de piezas con las que podía jugar Rasmin Repesa, al cuadro costasoleño le faltó fe. No llegó a inquietar en ningún momento de manera real el triunfo de un Baskonia en el que algunos jugadores encarnaron la mutación que parece encaminado a seguir el equipo.

Tabak ha tenido tiempo ya de variar algunos detalles en el plano defensivo. Del cambio automático en los bloqueos se ha pasado alflash o ayuda larga, que exige mayor esfuerzo a los jugadores pero también proporciona mayor dinamismo y agilidad a la defensa. El croata no quiere jugar con pequeños. Al contrario de lo que hacía Ivanovic, no desea una pareja interior compuesta por Milko Bjelica y Nocioni. O Lampe o Pleiss estuvieron siempre en cancha, y en ocasiones los dos. Sin embargo, lo más importante tiene que ver con los roles, con la definición de jerarquías que ya en su segunda cita como técnico del cuadro azulgrana sentó las bases de cuál es la función de cada actor en la representación.

Bastó con nueve jugadores para lograr la victoria ante un Unicaja que tiró de orgullo y en el segundo cuarto volvió a sembrar algunas dudas en el coliseo de Zurbano. Taylor Rochestie, que en Lituania ni dio ni pareció querer dar ni una a derechas, quedó señalado. No llegó a pisar el parqué. Tabak tiró de Heurtel y Cabezas, dos jugadores muy diferentes pero complementarios, y el invento funcionó. Jugar con tres bases no resulta sencillo. Menos aún si ninguno de los tres sabe a qué atenerse y el reparto de minutos se realiza exclusivamente a raíz de errores puntuales. Algo que ayer no sucedió.

Heurtel, Oleson y Lampe, tres jugadores que habían bajado muchos enteros en su juego durante las últimas semanas de Ivanovic, fueron los que abrieron la primera brecha en el marcador. Por momentos dio la impresión de que el equipo se soltaba el corsé y se detectaron detalles que recordaban al equipo que brillaba a la carrera. Unicaja, en vista de que en el cuerpo a cuerpo tenía pocas esperanzas de gloria, sobre todo porque ayer sí los postes baskonistas dominaron el rebote y en cierto modo la pintura, lo intentó con la artillería. Marcus Williams, una delicia de jugador de playground, y Gist recortaron distancias en el tercer cuarto a base de triples. Pero los azulgrana replicaron con la misma medicina, aumentada y corregida, y aplacaron los escasos intentos serios del cuadro cajista de pelear por el partido.

El resultado era en cierto modo accesorio, pero el Baskonia sumó un nuevo triunfo que fortalece su posición de alternativa en la ACB. Lo que preocupaba era la imagen del equipo y la actitud de los jugadores, que ambos casos resultaron esperanzadoras. Habrá que ver hasta qué punto la fuerza de estos aires renovados de ilusión que acompañan a Tabak permiten sumar el jueves una victoria que resulta vital ante el Armani.

Domingo, 25 de noviembre de 2012
90-79

Caja Laboral (26+14+26+24): Heurtel (11), Oleson (14), Nocioni (8), Bjelica (10), Lampe (17) -cinco inicial-, San Emeterio (12), Pleiss (7), Cabezas (5) y Causeur (6)
Unicaja (14+21+25+): Calloway (6), Simon (16), Urtasun (2), Vázquez (11), Zoric (6)-cinco inicial-, Gist (10), Perovic (7), Williams (17), Dragic (2), Lima, Jiménez.
Árbitros: Pérez Pizarro, Perea y Manuel. Eliminado Zoric (m. 38).
Pabellón: Buesa Arena de Vitoria ante 9.236 espectadores

El Baskonia toca fondo

EL EQUIPO AZULGRANA OFRECE UNA ACTUACIÓN INDIGNA EN EL ESTRENO DE ZAN TABAK


Resulta muy difícil dar en la hemeroteca con un espectáculo tan bochornoso como el que ayer ofreció el Caja Laboral en Kaunas. El equipo azulgrana se inmoló en el Zalgirio Arena. El encuentro que debía recordarse por ser el primero de Zan Tabak en el banquillo baskonista quedará recogido en los libros como seguramente el peor que ha disputado el combinado vitoriano en su historia en la Euroliga. Lo peor del lamentable ejercicio de impotencia y desidia con el que se prolongó la caída libre que Josean Querejeta pretendió zanjar con el relevo en el banquillo es, sin embargo, que hoy por hoy no puede afirmarse que no vaya a repetirse algo similar en un futuro más o menos próximo. El equipo, como quedó claro ante el Obradoiro, como se vio ante el Efes o el Olympiacos, como destapó el Cedevita, está muerto, física y mentalmente agotado. Y desde luego está demostrando que, sin que esa pueda ser la respuesta a todos sus males, no puede vivir sin Nemanja Bjelica.

Zan Tabak va a tener que perder muchas horas de sueño para convertir este amasijo de jugadores desmoralizados, inapetentes y superados por la situación en un colectivo sólido y capaz de dar la cara en los partidos. Tal y como está ahora, resulta aterradora la visita de mañana del Unicaja o cualquier otra cita de mínima exigencia. Al técnico croata se le pueden achacar pocas responsabilidades por el desastre perpetrado en la cancha lituana. Si acaso, que es lo que sí se esperaba, que no hubiera siquiera conseguido alterar mínimamente el estado depresivo de un equipo que se viene abajo a las primeras de cambio, que se desploma sobre la lona ante el primer revés.

Las dudas y los nervios con los que el cuadro baskonista saltó a la cancha propiciaron que ese primer golpe a la mandíbula no tardara en llegar. Un equipo que acudía a una cita trascendental demasiado corto de efectivos, sobre todo en la pintura, tuvo que soportar que dos piezas en principio fundamentales como Maciej Lampe y Brad Oleson se borraran del partido al cometer dos faltas que los llevaron al banco.

Tabak, como en su día Ivanovic, tuvo que recurrir a Nocioni como cuatro y Joan Plaza supo ganarle la partida de ajedrez haciendo gala del sensacional fondo de armario del que dispone el Zalgiris. El maestro humilló a su discípulo en su bautismo en la Euroliga. Aunque jugaba con mucha ventaja, con una excepcional batería de pívots que ante la ausencia de Lampe, la incapacidad de un Milko Bjelica que cada día que pasa genera más dudas y la ternura de Pleiss, terminaron de decantar el partido en la pelea por el rebote. Los números lo decían todo al final del partido. Ningún equipo pueda aspirar a ganar un partido en la máxima competición del baloncesto continental si regala 23 capturas ofensivas al rival. El bagaje global en la pelea bajo los tableros (49-23) no retrata ya sólo la brutal tiranía que el Zalgiris impuso cerca de los aros, sino también la abulia con la que una vez más el equipo encaró una cita que se presumía vital para conservar las opciones de clasificación para el Top 16.

Al Baskonia no le queda ya margen de error. Tampoco argumentos para que su afición siga soñando. La realidad marca que este equipo, al que sólo un milagro y quizá la injusticia divina colarían en la siguiente fase del torneo, no lo merece ni por asomo. Mucho tendrán que cambiar las cosas con Tabak, al que se le debe conceder tiempo para enmendar el desaguisado con el que se ha topado, para que el proyecto resulte competitivo en cualquier competición. A buen seguro hará falta que se muevan más fichas en los despachos para enmendar una plantilla que cada vez está quedando más claro que no da la talla, más allá de que se haya jugado el recurso del revulsivo con Tabak.

El Zalgiris, un gran equipo, sacó a relucir todas las carencias, que son muchas, de un Caja Laboral que jamás estuvo en el partido. Ni una sola vez llegó a ponerse por delante en el marcador. Jamás llegó a ofrecer la impresión de que podía pelear por la victoria. Si el objetivo para este curso, más que los títulos, era recobrar la capacidad para competir, a este equipo le queda un largo camino para acercarse. Y habrá que ver si alguna vez lo consigue. Por de pronto, ayer ofreció a su desconsolada hinchada una humillación que no merecía y no le resultará fácil de olvidar.

Viernes, 23 de noviembre de 2012
82-45

Zalgiris Kaunas (22+21+16+23): Jaaber (12), Darden (2), Popovic (19), Jankunas (5) D. Lavrinovic (13)-cinco inicial-, Kuzminskas (13), Lafayette (7), K. Lavrinovic (1), Kaukenas (2), Foote (8), Lipkevicius y Delas.
Caja Laboral (15+9+9+12): Heurtel (2), Oleson (2), Nocioni (10), M.Bjelica (4), Lampe (5) -cinco inicial-, Rochestie (1), San Emeterio (3), Pleiss (6), Causeur (10) y Cabezas (2).
Árbitros: Lamonica (ITA), Ankarali (TUR). Kowalski (POL). Técnica a Nocioni (min.35). Eliminado Nocioni (min.35).
Pabellón: 15.310 espectadores en el Zalgirio Arena de Kaunas.

20/11/12

El día que murió Miliki



El día que murió Miliki no fue un día más. No porque muriera Miliki, que también, sino porque el baskonismo se quedó huérfano. Para bien o para mal, Dusko Ivanovic dirigió ante el Obradoiro su último partido como entrenador del Caja Laboral. El técnico más laureado de la historia del club abandonó la escena con una vulgaridad impropia para alguien que ha hecho tanto como el que más por situar al equipo de una capital de provincias en la aristocracia del baloncesto europeo. Solo, sin más compañía que la del jefe de prensa que solía escoltarlo en esa misma mesa después de cada partido, ocupó su silla para analizar un envite que no importaba, para dar unas explicaciones que aún no había tenido tiempo a meditar, para ofrecer respuesta a una decisión que todavía no había digerido. No es fácil asumir un despido. Cuesta aceptar que a uno ya no le quieren donde antes le veneraron. El día que murió Miliki, que partió rumbo a la eternidad en su barquito de cáscara de nuez, el sargento de hierro, el hombre que acuñó frases tan célebres como aquella de que "el cansancio es un estado mental", trató sin conseguirlo de mostrar una entereza que concitó una compasión que él no siempre supo conceder a los demás.

Yo estaba en la sala cuando Dusko se sentó en su silla para ofrecer una rueda de prensa apresurada y sin sentido. Carraspeó, como hacía siempre, antes de hablar. Esta vez tenía la garganta más seca que otras. También el alma. Han sido muchos años, muchos partidos, muchas comparecencias en ese mismo escenario. Pero ninguna como la del día en el que nos dejó Miliki, con la gallina Turuleca, esa que ha puesto un huevo, ha puesto dos y ha puesto tres. Ninguna en la que se pudiera apreciar con tanta humanidad a un entrenador que enseñó al baskonismo a creer en milagros. "Tenía muchas cosas buenas, pero con la que me quedo es con que era capaz de convencer al vestuario de que le podíamos ganar a cualquiera", me dijo ayer un jugador que estuvo a su cargo. En los tiempos en los que el TAU era una pesadilla para los grandes, cuando aún no se había acomodado y comenzaba a escribir una leyenda que ha languidecido en los últimos años, Ivanovic se convirtió en profeta, abrió un camino por el que se ha caminado con orgullo.

Por eso me sorprendió que el día en el que falleció Miliki, al que llorarán Susanita y su ratón, en la sala de prensa del Buesa Arena se oliera el vacío y se escuchara la soledad. En los tiempos que corren, está claro, resultaría ridículo sentir lástima por un entrenador que va a recibir una indemnización que le arreglaría la vida a tantos y tantos aficionados que han sufrido más que nadie la descomposición progresiva que ha ido padeciendo el equipo en los últimos tiempos. Puede que sea verdad. Que sea ridículo. Pero ver al borde del llanto a un tipo con el que todo el mundo ha hecho bromas sobre la dureza y que ha permitido que en ocasiones el personaje llegara a fagocitar a la persona fue muy duro -me atrevo a decir- para todos los que nos encontrábamos en una estancia en la acuñó gran parte de las letanías que lo acompañarán de por vida.

Hubo muchas ocasiones quizá más adecuadas para haber puesto fin a un matrimonio que ha alumbrado títulos y momentos gloriosos a lo largo de casi diez años. Es probable que no fuera una cuestión de tiempos, sino de modos. Seguramente se pudo haber hecho de otra manera. El caso es que las cosas sucedieron como se han escrito, como se han contado, y el día en el que murió Miliki quedará grabado en la historia como el día en el que Josean Querejeta decidió pasar por la guillotina a un técnico al que le ha aguantado lo que no le ha aguantado a muchos otros, decapitados en muchos casos por el mero hecho de no ser Dusko Ivanovic. Al final, y puede que contra su propia voluntad, el máximo dirigente del Baskonia ha convertido al profeta en mártir, ha permitido que aflorara ante las cámaras el lado humano, miserablemente real, de un técnico del que se podían escribir muchas cosas buenas pero del que también he oído muchas cosas horribles. Cada uno se quedará con su propia versión sobre la persona, incluso sobre el entrenador, pero no existe discusión posible sobre sus resultados.

"No me lo esperaba, pero respeto todas las decisiones", dijo Ivanovic en una rueda de prensa en la que su eterno afán por controlar incluso a los periodistas ofreció escenas casi ridículas. Llegó a decir que no quería hablar más sobre su despido, que se le preguntara por el partido. Un partido que no tuvo historia, un partido que consiguió apaciguar incluso a los aficionados que habían acudido con los cuchillos afilados al pabellón, que sirvió para rubricar el acta de defunción de un equipo física y mentalmente acabado. Ivanovic estaba afectado. Es humano. Por supuesto que no se lo esperaba. Como una parte de la parroquia azulgrana, él aún se consideraba el más adecuado para resucitar lo irresucitable. No voy a entrar en si la decisión de contratar a Zan Tabak como sustituto, como revulsivo, es o no acertada. Al menos no en esta ocasión. Pero creo que no hay duda acerca de la necesidad de buscar un cambio, un detonante que revirtiera una situación que se había gangrenado y en la que los jugadores, o algunos jugadores, deben asumir gran parte de culpa y hacer examen de conciencia.

El Baskonia ha llegado en gran medida hasta donde está por Dusko Ivanovic, por mucho que a muchos -entre los que me encuentro- nos sobrara esa renovación de contrato que Querejeta se empeñó en firmar y luego ha lamentado. Hubo antes otros momentos para echar de una forma más digna y menos traumática al entrenador más prolífico en cuanto a títulos que ha tenido y es probable que jamás tenga este club. Y otras maneras para hacerlo. Por eso me sorprendió que se permitiera que la situación llegara a este punto para acabar echándole como se le echó y cuando se le echó, justo el día en el que murió Miliki.