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17/11/12

Consumido por la impotencia

EL BASKONIA DILAPIDA SUS ESCASAS OPCIONES DE ACCESO AL 'TOP 16' EN UN DUELO QUE QUISO PERO NUNCA PUDO GANAR



Josean Querejeta va a tener que empezar a explicar a los socios del Baskonia por qué el club incluye los duelos del Top 16 en las cuentas que saca para establecer el coste por partido de los abonos. El equipo azulgrana se encuentra muy cerca, esta vez sí, de certificar su defunción prematura en la Euroliga. Por segundo año consecutivo, salvo mediación divina que pasa más por creer en las opciones matemáticas que en su baloncesto, el conjunto vitoriano parece abocado a quedarse fuera de una élite a la que le había costado mucho sudor y sangre llegar.

El Caja Laboral se derritió como un azucarillo en el momento en el que se le pedía que exhibiera su verdadera medida. En un duelo que no admitía medias tintas ni titubeos, mostró unos niveles de ansiedad e impotencia que hacen de su más que posible eliminación continental una consecuencia lógica a los méritos contraídos desde que arrancó la competición. En la Euroliga te encuentras con muy pocos equipos débiles, con escasas pistas fáciles. Hoy en día, duela o no, este Caja Laboral se ha convertido en uno de los peores equipos del torneo. O al menos uno de los menos consistentes cuando llegan los momentos calientes. Y el Buesa Arena, los números hablan, es una cancha de la que todos los visitantes se han marchado por el momento con una victoria.

El equipo vive en un continuo querer y no poder. Muestra una debilidad mental que le hace besar la lona al más mínimo revés y parece desconcertado con una dirección desde el banquillo que ayuda lo justo a imponer la cordura. Ivanovic, a quien buena parte de la afición despidió con pitos, volvió a mostrar demasiadas dudas. No sólo con sus decisiones, sino también con un lenguaje gestual que situó a algunos jugadores en el punto de mira.

La cita exigía que el cuadro baskonista echara toda la carne en el asador y lo intentó mientras aguantaron la fe y la confianza en sus propias posibilidades. En un arranque de partido que invitaba a presagiar un desenlace bien diferente, se dejó llevar por la relevancia de la cita y el excepcional aspecto que presentaba el coliseo de Zurbano y amasó unas tímidas ventajas que no tardaron en irse por el sumidero. Como sucedió en la cita frente al Zalgiris, bastó con que el equipo heleno elevara la intensidad defensiva para que las costuras y las dudas del Caja Laboral comenzaran a aflorar.

Con un Spanoulis que manejó a su antojo el partido y tres interiores móviles e intensos como Hines, Powell y Printzesis, el vigente campeón continental no sólo logró adueñarse poco a poco del partido con unas rentas que manejaría con cierta comodidad hasta el epílogo, sino que también sacó a relucir sin demasiado esfuerzo la inconsistencia de un grupo de jugadores que en muchos casos cometieron errores impropios de este nivel.

La exigencia de los duelos trascendentales a los que ha tenido que hacer frente en un margen muy corto de tiempo ha cortado la progresión de un equipo que cuando no está bajo presión es sin embargo capaz de desarrollar un juego más que atractivo. Pero eso vale de poco cuando el objetivo es mirar a los ojos a los grandes clubes del continente y de menos aún cuando lo que viene por delante, porque mientras haya vida habrá esperanza, va a resultar de una exigencia aún más extrema que lo que ya está en los almanaques.

Al nuevo proyecto baskonista le ha tocado ser hombre sin casi haber tenido tiempo de disfrutar la adolescencia. Pero es lo que hay. Se encuentra al borde del abismo y lo peor de todo es que envía señales equívocas que invitan a pensar que en determinados partidos se desanda gran parte del camino recorrido. Grave se antoja también la evidente división que se apreció en el Buesa Arena entre gran parte de la grada y el equipo. O más concretamente su técnico.
Josean Querejeta tiene ahora muchas cosas en las que pensar. La derrota del Armani Milán ofrece un balón de oxígeno que convendría que no fuese sólo una prolongación de la agonía. El problema no son las cuentas, que pueden salir y otras veces lo han hecho. Es el juego.

Viernes, 16 de noviembre de 2012
72-89

CAJA LABORAL: Nocioni (12), Causeur (6), Heurtel (11), M.Bjelica (3) y Lampe (9) -cinco inicial-, Oleson (13), Cabezas (2), Pleiss (4), San Emeterio (12) y Rochestie.
OLYMPIACOS: Mavroeidis, Spanoulis (14), Papanikolau (13), Mantzaris(1), Printezis (11) -cinco inicial-, Sloukas (7), Law (4), Antic (9), Hines (18), Perperoglou y Powell (12).
PARCIALES: 19-22, 21-25, 11-22 y 21-20.
ARBITROS: Ilija Belosevic (Serbia), Jakub Zamojski (Polonia), Luis Lopes (Portugal). Eliminado Nocioni (min.31). Técnicas a Antic y Nocioni.

23/10/12

¿La caraja del segundo cuarto?

La falta de relevo en el juego interior condena a un Caja Laboral que se ha habituado a iniciar de lujo los partidos pero que sufre cuando llegan las rotaciones



La sorpresa me asaltó mientras consultaba estadísticas para apoyar un artículo que escribía para el periódico sobre Maciej Lampe y su tremenda influencia en el juego de este Caja Laboral de comienzos de temporada (El termómetro). La nueva versión del equipo azulgrana lleva camino de reeditar lo que hace dos años se convirtió en un martirio. En las redes sociales dio lugar a muchas chanzas. El Baskonia se deshacía como un azucarillo en el tercer cuarto de los partidos. Surgió el concepto de la caraja, la caraja del tercer cuarto. Tenía su coña. Parecía divertido, pero lo cierto es que supuso muchos quebraderos de cabeza a un Dusko Ivanovic que no lograba dar con la clave para lograr que su equipo mantuviera la tensión competitiva tras el descanso. En esta ocasión los problemas llegan antes. Un equipo que ofrece una espectacular puesta en escena prácticamente en cada partido, que en algunos casos le ha permitido incluso resolver los duelos antes incluso de alcanzar el minuto diez de juego, se viene abajo cuando comienzan las rotaciones, sobre todo interiores. Y me surgió la pregunta. ¿Estamos ante una nueva caraja? ¿La caraja del segundo cuarto? ¿Será víctima el equipo vitoriano de una nueva maldición?

Antes de ofrecer mi respuesta a esta pregunta, me apetece compartir los datos, que parecen haberse convertido en patrón. El Caja Laboral ha disputado hasta la fecha seis partidos, y la trayectoria de prácticamente todos ellos ha resultado inquietantemente similar. Al menos en lo que se refiere a los dos primeros cuartos, que está siendo por regla general el periodo en el que se decide el ganador de estos envites. El cuadro azulgrana comienza como una moto, como un vendaval que arrolla al rival. La renta que obtiene suele resultar inversamente proporcional a la dureza del oponente, pero se ha repetido de manera invariable en todos los partidos menos en el debut liguero ante el CAI. Si se obvia el choque del Príncipe Felipe -excepción que confirma la regla-, en los otros cinco el modelo encaja. Incluidos los dos compromisos de Euroliga, tanto en Atenas como frente al Zalgiris. Si los partidos durasen diez minutos, el Baskonia no se encontraría ahora ante la amenaza de quedar por segunda vez en su historia, y además de manera consecutiva, eliminado a las primeras de cambio de la Euroliga. Pero las cosas son como son y el evidente descenso de nivel lo han colocado ante la obligación de tener que jugarse la vida este jueves en Milán.

El equipo azulgrana ha salido triunfal en los primeros cuartos de los cinco últimos partidos. Con un quinteto inicial que parece equilibrado en cuanto a la amenaza interior y exterior, ofrece sus mejores prestaciones. La historia se ha repetido ante el Cajasol (30-13), en El Pireo (18-23), en el CID (14-27), frente al Zalgiris (25-23 tras haber ido mandando incluso 14-6) y ante el Fiact Joventut (24-15 tras un parcial inicial de 12-0). Pero luego llega el envés. Y es que a pesar de la manifiesta superioridad exhibida en la puesta en escena, el cuadro baskonista ha sido incapaz de salir victorioso en el segundo parcial de cualquiera de estos encuentros. Cajasol (20-22), Gran Canaria (25-18), Joventut (23-23) y sobre todo Olympiacos (30-14) y Zalgiris (10-17) supieron sacar tajada de esta nueva fase de zozobra que están suponiendo los segundos actos para el conjunto vitoriano. En algunos casos, claro está, la cosa fue más grave que en otros. En la ACB, donde el Caja Laboral puede imponer su fondo de armario y la calidad de su plantilla, no ha encontrado castigo. Pero sí en Euroliga. En la máxima competición continental se toleran pocas bromas. Menos aún cuando enfrente hay un rival que dispone de una amplia rotación en todos los puestos.

La pregunta resulta obvia: ¿existe una caraja del segundo cuarto? Y la respuesta que puede refutar lo que parece haberse convertido en una norma se consigue despejando la x de la ecuación gracias a la única excepción de la regla. En el estreno liguero, frente al CAI, el conjunto azulgrana se comportó de manera diametralmente opuesta, y cayó derrotado. Perdió el primer cuarto, se impuso en el segundo y ofreció una imagen mucho más ajustada a su peor versión que a la más lustrosa. ¿Qué es lo que faltaba o sobraba? ¿Cuál es el elemento diferenciador? Existe uno: Maciej Lampe. El poste polaco, recién salido de una lesión, apenas pudo jugar dos minutos -y no como titular- en aquel choque. Lampe se ha convertido en la pieza clave del puzzle de Dusko Ivanovic. No sólo por su calidad, por el hecho de que en forma puede ser considerado quizá como uno de los tres interiores más talentosos de la ACB, sino porque no existe recambio para él. Con Tibor Pleiss fuera de combate sine die a causa de una mononucleosis, su presencia en cancha marca los vaivenes a los que hacía referencia.

El es jugador con mejor +/- del equipo en la ACB. Con él en cancha, el Baskonia ha obtenido durante los cuatro primeros partidos de la competición doméstica una ventaja global de +37. Sin él, sólo dos más (+39 es el total del equipo). Máximo anotador y jugador mejor valorado del plantel en la Euroliga, donde su concurso resulta aún más determinante, el caso comienza a generar muchas dudas en el seno del club. Con una plantilla un tanto descompensada, donde los Bjelica debían asumir los minutos en el puesto de cuatro sin llegar a convencer el uno por potencial y el otro porque quizá no es su puesto ideal, este Baskonia está sufriendo las carajas propias de un equipo corto de kilos en la pintura. El viernes ante el Zalgiris Ivanovic trató de enmendar el problema alargando un poco más la presencia del polaco en cancha. Pero jugó 13 minutos sin descanso y luego acabó pagando el esfuerzo, aún más gravoso para alguien que apenas tuvo pretemporada. A dos días de un partido que puede determinar sus opciones de supervivencia continental, el Baskonia puede respirar tranquilo. Está a salvo de carajas y maldiciones. Aunque no de sus limitaciones en el juego interior.




Primer Cuarto Segundo Cuarto Final
Baskonia-Cajasol
30-13

20-22

90-70
Olympiacos-Baskonia
18-23
30-14
85-81
Gran Canaria-Baskonia
14-27
25-18
64-80

Baskonia-Zalgiris
25-23

10-17

71-77

Baskonia-Joventut
24-15

23-23
92-76


12/10/12

Balas perdidas

El Baskonia deja escapar en su estreno continental una victoria que tuvo al alcance en el feudo del campeón



Existen algunas canchas en la Euroliga en las que salir con una derrota entra dentro de cualquier previsión lógica. Este adolescente Caja Laboral, que sigue buscando su identidad, estrenó ayer la competición continental con un revés que no es tal en una de ellas, que además es la del vigente campeón, en un duelo de sabor amargo pero de retrogusto esperanzador. En una fase embrionaria del curso en la que todo está aún por escribirse, el combinado azulgrana trazó sus primeros garabatos en el folio en blanco europeo con una mezcla de inmadurez y talento que, pese al resultado, invita a contemplar con optimismo el futuro. En una plaza donde se venera el sacrificio, la fe, el carácter, asistir a ejercicios de desidia como el que el pasado curso soportó la afición vitoriana supone la muerte en vida. Pero la cosa ha cambiado. Porque este equipo, para bien o para mal, tiene por ahora más alma que templanza, más ardor guerrero que orden, mucha más hambre que prudencia.

El Baskonia, que alcanzaba la cita con varias ausencias y algunas piezas aún muy lejos de su mejor estado de forma, pudo haber salido apaleado de Atenas. Es cierto. De hecho, esa es la impresión que arrojó el partido en los primeros compases, con los quintetos iniciales sobre el parqué. Pero también pudo haber inaugurado su andadura europea con un golpe sobre la mesa. Ninguno de los dos desenlaces habría extrañado en exceso, aunque es cierto que el conjunto heleno, mucho más hecho, supo manejarse con mayor solidez en los instantes en los que se separa la paja del trigo.

El Caja Laboral ofreció cierta apariencia de bipolaridad a lo largo del encuentro. Fue dos equipos, que en realidad es uno. Fue lo que es a estas alturas de año. No lo que puede llegar a ser, algo que sólo el tiempo determinará. El corazón lo sostuvo en un partido que comenzó muy mal y la falta de cabeza lo condenó a emprender la travesía hacia su inexcusable presencia en el Top 16 con prematuras deudas.

Ivanovic concedió otra vez la titularidad a Thomas Heurtel y el galo volvió a cuestionar la decisión con una puesta en escena desalentadora. Sin rumbo, endeble atrás, aparentemente pequeño, el primer rostro que ofreció el cuadro azulgrana en la cancha del campeón rescató la versión más pusilánime del colectivo que cometió la indecencia de manchar la historia del club con una caída a las primeras de cambio. Pero de un año a otro han cambiado cosas. Este Caja Laboral, que ha perdido a dos iconos, ha recobrado al jugador que seguramente mejor ha interpretado los códigos históricos de la entidad. Y a lomos de Nocioni, el interruptor, se subió a una montaña rusa.

El argentino se asoció con Carlos Cabezas, a quien Ivanovic inexplicablemente parece haber escogido para portar la cruz que cada año invariablemente concede a alguno de sus pupilos, y juntos reactivaron a un equipo que había salido con miedos para empujarlo a creer de nuevo en sus opciones. Con el malagueño al mando de las operaciones y un Causeur tremendamente activo, llegó un parcial de 0-12 que permitía soñar con romper incluso el partido. Pero entonces volvieron los cambios y la montaña rusa tomó de nuevo rumbo descendente para alcanzar el descanso con una inquietante ventaja para los griegos (48-37).

El equipo de Bartzokas, en una línea más regular, menos ciclotímica, aprovechó la aparente deserción de algunas piezas que deben ser importantes para su rival, como Oleson o Lampe, y encarriló un partido que, como se vería luego, aún tenía varios vaivenes que soportar. El escolta llegado del frío y el polaco, cuando casi nadie los esperaba, resucitaron. En un tercer cuarto que debe marcar el rumbo a seguir, un Lampe magistral (14 puntos en este periodo) tiranizó la pintura y situó al equipo (65-66) en una situación idónea para sacar tajada de la inercia con la que llegaba a los últimos diez minutos del choque.

Tenía al objetivo en el punto de mira. Pero careció de un instinto asesino que aún debe desarrollar. Tuvo varias balas para rematar al cuadro heleno y se perdieron. Le permitió salir vivo y levantarse. Y eso ante rivales de esta entidad, y más si Ivanovic se empeña en prescindir de su mejor base en los momentos calientes (llegó a jugar con Causeur de uno), se paga caro. Muy caro.

Olympiacos: Antic (9), Spanoulis (16), Papanikolaou (5), Mantzaris, Dorsey (7) -cinco inicial-, Sloukas (6), Acie (4), Mavroeidis (1), Hines (6), Gecevicius, Perperoglou (14) y Printezis (17).
Caja Laboral: San Emeterio (11), Heurtel (6), Oleson (13), Nemanja Bjelica (11), Lampe (18) -cinco inicial-, Cabezas(9), Causeur (2), Hernández-Sonseca, y Nocioni (11).
Parciales: 18-23, 30-14, 17-29 y 20-15.
Árbitros: Lamónica (ITA), Viator (FRA) y Rutesic (MON). Eliminaron a Nemanja Bjelica (min.40).
Pabellón: La Paz y la Amistad. 8.000 espectadores

29/6/11

Una tragedia griega

Dos de los clubes más poderosos del continente, Panathinaikos y Olympiacos, salen a la venta y descubren las vergüenzas de un deporte que hoy por hoy genera mucho menos de lo que gasta


Justo en un momento en el que los clubes españoles viven sumidos en la búsqueda de soluciones para rescatar al baloncesto del pozo en el que cae sin remisión, en pleno debate sobre la gestión de los derechos televisivos, los patrocinios y el marco de contratación, hemos asistido a la confirmación de que las inversiones en este deporte resultan de todo menos rentables. No es un problema de la ACB, ni de este país es concreto. La crisis del baloncesto, como la económica, trasciende fronteras. Asistimos a un problema global que se ha revelado con especial crudeza al hacerse públicas las intenciones de venta de los propietarios de los dos clubes más pujantes de los últimos años, los griegos Olympiacos y Panathinaikos. Las dos parejas de hermanos que gobiernan los dos principales equipos del basket heleno, adalides del derroche exacerbado, capaces de situar los salarios de algunos jugadores a la altura de los suelos de nivel medio de la NBA, han tirado la toalla. Corren malos tiempos para el baloncesto. Y si no se reacciona a tiempo, esperan aún peores en un horizonte no tan lejano.

Ni siquiera el estómago atiborrado de títulos ha bastado para convencer a Pavlos y Thanasis Giannakopoulos, brillantes comandantes de un lustroso imperio farmacéutico, para que sigan al frente del club del trébol. El último campeón de la Euroliga, con Zeljko Obradovic, su pléyade de estrellas, el OAKA, sus animadoras, ha salido a la venta. Se lo llevará el mejor postor. Un equipo que dispone del técnico más laureado del continente, que ha ganado seis de los últimos quince títulos europeos y se ha paseado con insultante tiranía por la competición doméstica, no resulta un producto económicamente viable. No es una inversión atractiva para los Giannakopoulos, que lo sacan a la venta y ya se rumorea sobre la existencia de un posible comprador. En cualquier caso, se trata de una compañía especializada en la consultoría financiera, con experiencia en la compraventa de sociedades deportivas a ambos lados del Atlántico y que, de hecho, ya ha participado en el rescate de varias franquicias de la NBA en peligro. Si finalmente se consuma la transacción, lo que parece claro es que el PAO, clásico entre los clásicos, perderá buena parte de su legendaria esencia y, quizá también, osadía económica para seguir reclutando a base de talonario a los mejores jugadores de Europa.



El caso del Olympiacos, aunque similar, puede entenderse desde otra perspectiva: la del eterno perdedor. En las oficinas del Pireo se han hartado de coleccionar desengaños. Los hermanos Angelopoulos, los empresarios navales Panayiotis y Giorgios, disponen al menos de esta coartada para justificar su deseo de desprenderse de sus acciones. En cualquier caso, detrás del hastío propio de quien se confirma incapaz de convertir cualquier proyecto, por millonario que sea, en un producto exitoso, se esconden también los números, fríos, cabales, rojos como el color de la camiseta que han vestido tantas y tantas estrellas durante los últimos años. Los Angelopoulos lo han intentado todo para tratar de devolver al equipo ese espíritu ganador que lo condujo a único título continental, el cosechado en aquella final de 1997, triste recuerdo para el barcelonismo, en la que David Rivers volvió a dejar a Aíto García Reneses con la miel en los labios.

Todas las estrellas del Pireo

Por el Pireo han pasado durante el mandato de los navieros jugadores de la talla de Nikola Vujcic, Tyus Edney, el ex tirador del Basoknia Arvydas Macijauskas, Sofoklis Schortsanitis, Linas Kleiza, Teo Papaloukas o Josh Childress, jugador con el que el club griego dinamitó todos los preceptos establecidos sobre salarios y le firmó un escandaloso (e injustificado) contrato de 20 millones de euros en tres temporadas. Tampoco sirvió de nada. Fue el penúltimo experimento fracasado de los hermanos Angelopoulos, que entre los motivos que esgrimieron para sostener su decisión de vender el club (hecha pública a través de la web oficial) también aludieron a la pésima calidad de los arbitrajes y a la incontenible e histórica violencia que rodea al baloncesto griego. Sin embargo, a nadie se le escapan las razones reales de su hartazgo. En primer lugar, pesa el hecho de que no han catado un título realmente jugoso (Liga o Euroliga) desde que se hicieron con el control total de la entidad, hace más de siete años. Pero resulta evidente que la escasa rentabilidad del negocio ha tenido también su peso.

En el deporte de élite no existen recetas mágicas. Y son pocos los que aguantan cuando los gastos superan con holgura los ingresos y encima se conceden tan escasas alegrías a la afición. Los Angelopoulos lo intentaron hasta el final. Tras fenecer ahogados junto a la orilla en la Final Four de París del pasado año, volvieron a levantarse y a realizar una potente apuesta que, a la larga, ha resultado tan baldía como las anteriores. A un equipo que ya disponía del genial Milos Teodosic, el eterno Papaloukas y actores principales tan interesantes como Bourousis o Halperin, le añadieron a un ex NBA como Nesterovic y a una de las promesas que tan excelentes sensaciones arrojó durante el último Mundial con Serbia, Mario Keselj. No son pocos los que en Vitoria creyeron a finales del verano pasado, mientras seguían las evoluciones del torneo celebrado en Turquía, que el Caja Laboral se había equivocado de promesa al fichar a Bjelica. Pero ésa es otra historia. Para rematar el pastel, se fueron en busca de una fruta prohibida, de una guinda que debía suponer algo más que la contratación de un excelente jugador. Los Angelopoulos cruzaron Atenas, se internaron en territorio enemigo y sacaron la chequera para hacer daño al eterno rival con el fichaje de Spanoulis, un golpe de estado en toda regla que tampoco sirvió para abandonar la vereda del fracaso. La Liga helena, es más, volvió a quedarse en el OAKA. Con un añadido hiriente: el Panathinaikos se adjudicó, esta vez contra pronóstico, el título continental.

Los resultados deportivos han supuesto la gota que colma el vaso de la paciencia de los propietarios del conjunto del Pireo. Pero detrás de estos movimientos de escapismo se oculta una realidad tan evidente como amenazadora para el baloncesto. La crisis, en cualquier caso, no es exclusiva del deporte de la canasta. Y menos en Grecia, un país sumido en la desesperación, que sufre ahora mismo los efectos de tres jornadas consecutivas de huelga general. En ese panorama, que como digo en Grecia se exhibe más crudo pero que traspasa fronteras, el baloncesto deberá ofrecer mucho más de lo que ofrece a los valientes inversores que se planteen siquiera la opción de afrontar el reto.

¿Una oportunidad de oro o las barbas del vecino en remojo?

En términos prácticos, la inminente espantada de los dueños de dos de los equipos más pudientes del continente puede interpretarse como una excelente ocasión para sus principales rivales de hacerse con algunas de sus figuras. Se podría entender que el Barça, que navega con criterio deportivo y económico y aspira a poder pescar a Teodosic en estas revueltas aguas, el Madrid, el CSKA o los combinados turcos saldrán beneficiados. Pero sería un tremendo error pensar en esos términos. El baloncesto acaba de padecer un nuevo golpe, que es más síntoma precoz que causa de muerte y como tal debería entenderse.

Si los clubes captan el mensaje, duela a quien duela, es posible que poco a poco el baloncesto ajuste los números. Hoy por hoy no resultan asumibles para casi nadie los sueldos que se firman, sobre todo en un contexto en el que muchos equipos sudan sangre para encontrar patrocinadores y no son pocos los cubes que se ven amenazados por la desaparición. Ahí está el caso del Lucentum, que en los dos próximos días debe salvar la operación financiera a vida o muerte que mantiene desde hace semanas.

Ahora que la ACB asiste a una metamorfosis que debe definir el cuaderno de ruta para los próximos años, para una etapa que marcará de manera definitiva su destino, no estaría de más que se tomase en cuenta el hecho de que ni los más poderosos pueden asumir modelos de negocio tan surrealistas como los que han imperado. En España se ha estandarizado la convivencia con las deudas millonarias. No son pocos los clubes de fútbol que con la ley en la mano deberían desaparecer o, como poco, perder varias categorías. El baloncesto no puede permitirse ese lujo. Sea por la gestión mejor o peor que se ha llevado en los últimos años, porque no interesa tanto al gran público como algunos creemos o por cualquier otro motivo, no genera ni de lejos los mismos ingresos que el fútbol. En todos esos debates de las cabezas pensantes que tratan de reinventar este deporte quizá vaya siendo hora de que se piense en clave realista. En Grecia, aunque sean los mismos que reventaron el tema, se toma un nuevo camino Y no es tan grave. La verdadera tragedia griega está en las calles. La representan el rescate de la Unión Europea, el paro y toda esa gente que sigue confiando en el sistema.