20/11/12
El día que murió Miliki
El día que murió Miliki no fue un día más. No porque muriera Miliki, que también, sino porque el baskonismo se quedó huérfano. Para bien o para mal, Dusko Ivanovic dirigió ante el Obradoiro su último partido como entrenador del Caja Laboral. El técnico más laureado de la historia del club abandonó la escena con una vulgaridad impropia para alguien que ha hecho tanto como el que más por situar al equipo de una capital de provincias en la aristocracia del baloncesto europeo. Solo, sin más compañía que la del jefe de prensa que solía escoltarlo en esa misma mesa después de cada partido, ocupó su silla para analizar un envite que no importaba, para dar unas explicaciones que aún no había tenido tiempo a meditar, para ofrecer respuesta a una decisión que todavía no había digerido. No es fácil asumir un despido. Cuesta aceptar que a uno ya no le quieren donde antes le veneraron. El día que murió Miliki, que partió rumbo a la eternidad en su barquito de cáscara de nuez, el sargento de hierro, el hombre que acuñó frases tan célebres como aquella de que "el cansancio es un estado mental", trató sin conseguirlo de mostrar una entereza que concitó una compasión que él no siempre supo conceder a los demás.
Yo estaba en la sala cuando Dusko se sentó en su silla para ofrecer una rueda de prensa apresurada y sin sentido. Carraspeó, como hacía siempre, antes de hablar. Esta vez tenía la garganta más seca que otras. También el alma. Han sido muchos años, muchos partidos, muchas comparecencias en ese mismo escenario. Pero ninguna como la del día en el que nos dejó Miliki, con la gallina Turuleca, esa que ha puesto un huevo, ha puesto dos y ha puesto tres. Ninguna en la que se pudiera apreciar con tanta humanidad a un entrenador que enseñó al baskonismo a creer en milagros. "Tenía muchas cosas buenas, pero con la que me quedo es con que era capaz de convencer al vestuario de que le podíamos ganar a cualquiera", me dijo ayer un jugador que estuvo a su cargo. En los tiempos en los que el TAU era una pesadilla para los grandes, cuando aún no se había acomodado y comenzaba a escribir una leyenda que ha languidecido en los últimos años, Ivanovic se convirtió en profeta, abrió un camino por el que se ha caminado con orgullo.
Por eso me sorprendió que el día en el que falleció Miliki, al que llorarán Susanita y su ratón, en la sala de prensa del Buesa Arena se oliera el vacío y se escuchara la soledad. En los tiempos que corren, está claro, resultaría ridículo sentir lástima por un entrenador que va a recibir una indemnización que le arreglaría la vida a tantos y tantos aficionados que han sufrido más que nadie la descomposición progresiva que ha ido padeciendo el equipo en los últimos tiempos. Puede que sea verdad. Que sea ridículo. Pero ver al borde del llanto a un tipo con el que todo el mundo ha hecho bromas sobre la dureza y que ha permitido que en ocasiones el personaje llegara a fagocitar a la persona fue muy duro -me atrevo a decir- para todos los que nos encontrábamos en una estancia en la acuñó gran parte de las letanías que lo acompañarán de por vida.
Hubo muchas ocasiones quizá más adecuadas para haber puesto fin a un matrimonio que ha alumbrado títulos y momentos gloriosos a lo largo de casi diez años. Es probable que no fuera una cuestión de tiempos, sino de modos. Seguramente se pudo haber hecho de otra manera. El caso es que las cosas sucedieron como se han escrito, como se han contado, y el día en el que murió Miliki quedará grabado en la historia como el día en el que Josean Querejeta decidió pasar por la guillotina a un técnico al que le ha aguantado lo que no le ha aguantado a muchos otros, decapitados en muchos casos por el mero hecho de no ser Dusko Ivanovic. Al final, y puede que contra su propia voluntad, el máximo dirigente del Baskonia ha convertido al profeta en mártir, ha permitido que aflorara ante las cámaras el lado humano, miserablemente real, de un técnico del que se podían escribir muchas cosas buenas pero del que también he oído muchas cosas horribles. Cada uno se quedará con su propia versión sobre la persona, incluso sobre el entrenador, pero no existe discusión posible sobre sus resultados.
"No me lo esperaba, pero respeto todas las decisiones", dijo Ivanovic en una rueda de prensa en la que su eterno afán por controlar incluso a los periodistas ofreció escenas casi ridículas. Llegó a decir que no quería hablar más sobre su despido, que se le preguntara por el partido. Un partido que no tuvo historia, un partido que consiguió apaciguar incluso a los aficionados que habían acudido con los cuchillos afilados al pabellón, que sirvió para rubricar el acta de defunción de un equipo física y mentalmente acabado. Ivanovic estaba afectado. Es humano. Por supuesto que no se lo esperaba. Como una parte de la parroquia azulgrana, él aún se consideraba el más adecuado para resucitar lo irresucitable. No voy a entrar en si la decisión de contratar a Zan Tabak como sustituto, como revulsivo, es o no acertada. Al menos no en esta ocasión. Pero creo que no hay duda acerca de la necesidad de buscar un cambio, un detonante que revirtiera una situación que se había gangrenado y en la que los jugadores, o algunos jugadores, deben asumir gran parte de culpa y hacer examen de conciencia.
El Baskonia ha llegado en gran medida hasta donde está por Dusko Ivanovic, por mucho que a muchos -entre los que me encuentro- nos sobrara esa renovación de contrato que Querejeta se empeñó en firmar y luego ha lamentado. Hubo antes otros momentos para echar de una forma más digna y menos traumática al entrenador más prolífico en cuanto a títulos que ha tenido y es probable que jamás tenga este club. Y otras maneras para hacerlo. Por eso me sorprendió que se permitiera que la situación llegara a este punto para acabar echándole como se le echó y cuando se le echó, justo el día en el que murió Miliki.
Un equipo sin norte
El Obradoiro precipita la destitución de Ivanovic con su primer triunfo en Vitoria ante un rival descompuesto
Podría haber encontrado un final mucho más ajustado a la grandeza con la que ha ejercido su labor en el Baskonia, pero el partido que pasará a la historia como el último de Dusko Ivanovic al frente del conjunto azulgrana tuvo muy poco de sus épocas más gloriosas y demasiado del suplicio que al final ha conducido a esta situación. El Blusens Monbus, el Obradoiro, ejerció el papel de verdugo que podría haberle tocado interpretar a cualquier otro rival y sacó a relucir las miserias de un equipo que ya vagaba sin norte. La primera victoria de los gallegos en Vitoria retrató la descomposición de un Caja Laboral que mucho tendrá que cambiar en cuestión de días si tiene previsto presentarse en Kaunas con la idea de sumar su segunda victoria en la Euroliga.
En una cita que se antojaba crucial para el destino del entrenador, nadie hizo nada por evitar el desastre. Como si todo estuviera ya visto para sentencia –algo que en realidad era así–, el conjunto azulgrana prolongó su estado de indolencia habitual y ofreció una nueva exhibición de impotencia que provocó que incluso la grada, que en gran parte había acudido al coliseo de Zurbano con los cuchillos afilados, se apiadara del equipo y de su eterno sargento de hierro. La hinchada azulgrana se vio obligada a ofrecer compasión ante la manifiesta demostración de impotencia que, esta vez ante un rival apañado pero de talla menor, volvió a presenciarse sobre el parqué del Buesa Arena.
Ivanovic, que había mantenido la víspera una reunión con sus jugadores, cambió en parte sus procedimientos habituales. Redujo su frenético ritmo de rotaciones, concedió la dirección de juego a Taylor Richestie por encima de un Carlos Cabezas que siguió relegado a un plano residual sin que parezca en absoluto lógico y quiso fiar su suerte al empuje de, sobre todo, los pesos pesados del equipo, de los veteranos. Pero fue en balde. En parte porque el grupo volvió a mostrarse carente de ideas en ataque y asfixiado en defensa y, sobre todo, porque todo esto daba la impresión de que llegaba demasiado tarde.
Cosas de la vida, un ex del equipo azulgrana, Andrés Rodríguez, se convirtió en el encargado de dar la puntilla a Ivanovic. Dominó el partido a su antojo, marcó el ritmo que convenía a su equipo y tomó decisiones tan acertadas como dolorosas para un Baskonia que hasta el descanso se pudo mantener en el partido gracias al excepcional acierto triplista de Nocioni. En el tercer cuarto ya no hubo maquillaje. Sólo un baño de dolorosa realidad y un Obradoiro que llegó a gustarse. El equipo acabó el partido muerto. Tan muerto como ha estado las últimas semanas. Ahora queda por ver si el relevo le devuelve las constantes vitales.
Caja Laboral (20+16+12+20): Rochestie (3), Oleson (7), Nocioni (21), Bjelica (4), Lampe (12) -cinco inicial-, Cabezas, Causeur (8), Pleiss (5), San Emeterio (5) y Heurtel (3).
Blusens Monbus (14+25+21+17): Rodríguez (5), Pumrpla (12), Dewar, Mejri (21), Kendall (13)-cinco inicial-, Hummel (12), Corbacho (11) y Bufford (3)
Árbitros: García González, Sánchez Montserrat, Fernández. Sin eliminados
Incidencias: Buesa Arena ante 10.097 espectadores.
Podría haber encontrado un final mucho más ajustado a la grandeza con la que ha ejercido su labor en el Baskonia, pero el partido que pasará a la historia como el último de Dusko Ivanovic al frente del conjunto azulgrana tuvo muy poco de sus épocas más gloriosas y demasiado del suplicio que al final ha conducido a esta situación. El Blusens Monbus, el Obradoiro, ejerció el papel de verdugo que podría haberle tocado interpretar a cualquier otro rival y sacó a relucir las miserias de un equipo que ya vagaba sin norte. La primera victoria de los gallegos en Vitoria retrató la descomposición de un Caja Laboral que mucho tendrá que cambiar en cuestión de días si tiene previsto presentarse en Kaunas con la idea de sumar su segunda victoria en la Euroliga.
En una cita que se antojaba crucial para el destino del entrenador, nadie hizo nada por evitar el desastre. Como si todo estuviera ya visto para sentencia –algo que en realidad era así–, el conjunto azulgrana prolongó su estado de indolencia habitual y ofreció una nueva exhibición de impotencia que provocó que incluso la grada, que en gran parte había acudido al coliseo de Zurbano con los cuchillos afilados, se apiadara del equipo y de su eterno sargento de hierro. La hinchada azulgrana se vio obligada a ofrecer compasión ante la manifiesta demostración de impotencia que, esta vez ante un rival apañado pero de talla menor, volvió a presenciarse sobre el parqué del Buesa Arena.
Ivanovic, que había mantenido la víspera una reunión con sus jugadores, cambió en parte sus procedimientos habituales. Redujo su frenético ritmo de rotaciones, concedió la dirección de juego a Taylor Richestie por encima de un Carlos Cabezas que siguió relegado a un plano residual sin que parezca en absoluto lógico y quiso fiar su suerte al empuje de, sobre todo, los pesos pesados del equipo, de los veteranos. Pero fue en balde. En parte porque el grupo volvió a mostrarse carente de ideas en ataque y asfixiado en defensa y, sobre todo, porque todo esto daba la impresión de que llegaba demasiado tarde.
Cosas de la vida, un ex del equipo azulgrana, Andrés Rodríguez, se convirtió en el encargado de dar la puntilla a Ivanovic. Dominó el partido a su antojo, marcó el ritmo que convenía a su equipo y tomó decisiones tan acertadas como dolorosas para un Baskonia que hasta el descanso se pudo mantener en el partido gracias al excepcional acierto triplista de Nocioni. En el tercer cuarto ya no hubo maquillaje. Sólo un baño de dolorosa realidad y un Obradoiro que llegó a gustarse. El equipo acabó el partido muerto. Tan muerto como ha estado las últimas semanas. Ahora queda por ver si el relevo le devuelve las constantes vitales.
Domingo, 18 de noviembre de 2012
68-77
Blusens Monbus (14+25+21+17): Rodríguez (5), Pumrpla (12), Dewar, Mejri (21), Kendall (13)-cinco inicial-, Hummel (12), Corbacho (11) y Bufford (3)
Árbitros: García González, Sánchez Montserrat, Fernández. Sin eliminados
Incidencias: Buesa Arena ante 10.097 espectadores.
Etiquetas:
ACB,
Andrés Nocioni,
Andrés Rodríguez,
Baskonia,
Blusens,
Caja Laboral,
Carlos Cabezas,
Dusko Ivanovic,
Josean Querejeta,
Maciej Lampe,
Obradoiro,
Taylor Rochestie
17/11/12
Consumido por la impotencia
EL BASKONIA DILAPIDA SUS ESCASAS OPCIONES DE ACCESO AL 'TOP 16' EN UN DUELO QUE QUISO PERO NUNCA PUDO GANAR
Josean Querejeta va a tener que empezar a explicar a los socios del Baskonia por qué el club incluye los duelos del Top 16 en las cuentas que saca para establecer el coste por partido de los abonos. El equipo azulgrana se encuentra muy cerca, esta vez sí, de certificar su defunción prematura en la Euroliga. Por segundo año consecutivo, salvo mediación divina que pasa más por creer en las opciones matemáticas que en su baloncesto, el conjunto vitoriano parece abocado a quedarse fuera de una élite a la que le había costado mucho sudor y sangre llegar.
El Caja Laboral se derritió como un azucarillo en el momento en el que se le pedía que exhibiera su verdadera medida. En un duelo que no admitía medias tintas ni titubeos, mostró unos niveles de ansiedad e impotencia que hacen de su más que posible eliminación continental una consecuencia lógica a los méritos contraídos desde que arrancó la competición. En la Euroliga te encuentras con muy pocos equipos débiles, con escasas pistas fáciles. Hoy en día, duela o no, este Caja Laboral se ha convertido en uno de los peores equipos del torneo. O al menos uno de los menos consistentes cuando llegan los momentos calientes. Y el Buesa Arena, los números hablan, es una cancha de la que todos los visitantes se han marchado por el momento con una victoria.
El equipo vive en un continuo querer y no poder. Muestra una debilidad mental que le hace besar la lona al más mínimo revés y parece desconcertado con una dirección desde el banquillo que ayuda lo justo a imponer la cordura. Ivanovic, a quien buena parte de la afición despidió con pitos, volvió a mostrar demasiadas dudas. No sólo con sus decisiones, sino también con un lenguaje gestual que situó a algunos jugadores en el punto de mira.
La cita exigía que el cuadro baskonista echara toda la carne en el asador y lo intentó mientras aguantaron la fe y la confianza en sus propias posibilidades. En un arranque de partido que invitaba a presagiar un desenlace bien diferente, se dejó llevar por la relevancia de la cita y el excepcional aspecto que presentaba el coliseo de Zurbano y amasó unas tímidas ventajas que no tardaron en irse por el sumidero. Como sucedió en la cita frente al Zalgiris, bastó con que el equipo heleno elevara la intensidad defensiva para que las costuras y las dudas del Caja Laboral comenzaran a aflorar.
Con un Spanoulis que manejó a su antojo el partido y tres interiores móviles e intensos como Hines, Powell y Printzesis, el vigente campeón continental no sólo logró adueñarse poco a poco del partido con unas rentas que manejaría con cierta comodidad hasta el epílogo, sino que también sacó a relucir sin demasiado esfuerzo la inconsistencia de un grupo de jugadores que en muchos casos cometieron errores impropios de este nivel.
La exigencia de los duelos trascendentales a los que ha tenido que hacer frente en un margen muy corto de tiempo ha cortado la progresión de un equipo que cuando no está bajo presión es sin embargo capaz de desarrollar un juego más que atractivo. Pero eso vale de poco cuando el objetivo es mirar a los ojos a los grandes clubes del continente y de menos aún cuando lo que viene por delante, porque mientras haya vida habrá esperanza, va a resultar de una exigencia aún más extrema que lo que ya está en los almanaques.
Al nuevo proyecto baskonista le ha tocado ser hombre sin casi haber tenido tiempo de disfrutar la adolescencia. Pero es lo que hay. Se encuentra al borde del abismo y lo peor de todo es que envía señales equívocas que invitan a pensar que en determinados partidos se desanda gran parte del camino recorrido. Grave se antoja también la evidente división que se apreció en el Buesa Arena entre gran parte de la grada y el equipo. O más concretamente su técnico.
Josean Querejeta tiene ahora muchas cosas en las que pensar. La derrota del Armani Milán ofrece un balón de oxígeno que convendría que no fuese sólo una prolongación de la agonía. El problema no son las cuentas, que pueden salir y otras veces lo han hecho. Es el juego.
CAJA LABORAL: Nocioni (12), Causeur (6), Heurtel (11), M.Bjelica (3) y Lampe (9) -cinco inicial-, Oleson (13), Cabezas (2), Pleiss (4), San Emeterio (12) y Rochestie.
OLYMPIACOS: Mavroeidis, Spanoulis (14), Papanikolau (13), Mantzaris(1), Printezis (11) -cinco inicial-, Sloukas (7), Law (4), Antic (9), Hines (18), Perperoglou y Powell (12).
PARCIALES: 19-22, 21-25, 11-22 y 21-20.
ARBITROS: Ilija Belosevic (Serbia), Jakub Zamojski (Polonia), Luis Lopes (Portugal). Eliminado Nocioni (min.31). Técnicas a Antic y Nocioni.
Josean Querejeta va a tener que empezar a explicar a los socios del Baskonia por qué el club incluye los duelos del Top 16 en las cuentas que saca para establecer el coste por partido de los abonos. El equipo azulgrana se encuentra muy cerca, esta vez sí, de certificar su defunción prematura en la Euroliga. Por segundo año consecutivo, salvo mediación divina que pasa más por creer en las opciones matemáticas que en su baloncesto, el conjunto vitoriano parece abocado a quedarse fuera de una élite a la que le había costado mucho sudor y sangre llegar.
El Caja Laboral se derritió como un azucarillo en el momento en el que se le pedía que exhibiera su verdadera medida. En un duelo que no admitía medias tintas ni titubeos, mostró unos niveles de ansiedad e impotencia que hacen de su más que posible eliminación continental una consecuencia lógica a los méritos contraídos desde que arrancó la competición. En la Euroliga te encuentras con muy pocos equipos débiles, con escasas pistas fáciles. Hoy en día, duela o no, este Caja Laboral se ha convertido en uno de los peores equipos del torneo. O al menos uno de los menos consistentes cuando llegan los momentos calientes. Y el Buesa Arena, los números hablan, es una cancha de la que todos los visitantes se han marchado por el momento con una victoria.
El equipo vive en un continuo querer y no poder. Muestra una debilidad mental que le hace besar la lona al más mínimo revés y parece desconcertado con una dirección desde el banquillo que ayuda lo justo a imponer la cordura. Ivanovic, a quien buena parte de la afición despidió con pitos, volvió a mostrar demasiadas dudas. No sólo con sus decisiones, sino también con un lenguaje gestual que situó a algunos jugadores en el punto de mira.
La cita exigía que el cuadro baskonista echara toda la carne en el asador y lo intentó mientras aguantaron la fe y la confianza en sus propias posibilidades. En un arranque de partido que invitaba a presagiar un desenlace bien diferente, se dejó llevar por la relevancia de la cita y el excepcional aspecto que presentaba el coliseo de Zurbano y amasó unas tímidas ventajas que no tardaron en irse por el sumidero. Como sucedió en la cita frente al Zalgiris, bastó con que el equipo heleno elevara la intensidad defensiva para que las costuras y las dudas del Caja Laboral comenzaran a aflorar.
Con un Spanoulis que manejó a su antojo el partido y tres interiores móviles e intensos como Hines, Powell y Printzesis, el vigente campeón continental no sólo logró adueñarse poco a poco del partido con unas rentas que manejaría con cierta comodidad hasta el epílogo, sino que también sacó a relucir sin demasiado esfuerzo la inconsistencia de un grupo de jugadores que en muchos casos cometieron errores impropios de este nivel.
La exigencia de los duelos trascendentales a los que ha tenido que hacer frente en un margen muy corto de tiempo ha cortado la progresión de un equipo que cuando no está bajo presión es sin embargo capaz de desarrollar un juego más que atractivo. Pero eso vale de poco cuando el objetivo es mirar a los ojos a los grandes clubes del continente y de menos aún cuando lo que viene por delante, porque mientras haya vida habrá esperanza, va a resultar de una exigencia aún más extrema que lo que ya está en los almanaques.
Al nuevo proyecto baskonista le ha tocado ser hombre sin casi haber tenido tiempo de disfrutar la adolescencia. Pero es lo que hay. Se encuentra al borde del abismo y lo peor de todo es que envía señales equívocas que invitan a pensar que en determinados partidos se desanda gran parte del camino recorrido. Grave se antoja también la evidente división que se apreció en el Buesa Arena entre gran parte de la grada y el equipo. O más concretamente su técnico.
Josean Querejeta tiene ahora muchas cosas en las que pensar. La derrota del Armani Milán ofrece un balón de oxígeno que convendría que no fuese sólo una prolongación de la agonía. El problema no son las cuentas, que pueden salir y otras veces lo han hecho. Es el juego.
Viernes, 16 de noviembre de 2012
72-89
OLYMPIACOS: Mavroeidis, Spanoulis (14), Papanikolau (13), Mantzaris(1), Printezis (11) -cinco inicial-, Sloukas (7), Law (4), Antic (9), Hines (18), Perperoglou y Powell (12).
PARCIALES: 19-22, 21-25, 11-22 y 21-20.
ARBITROS: Ilija Belosevic (Serbia), Jakub Zamojski (Polonia), Luis Lopes (Portugal). Eliminado Nocioni (min.31). Técnicas a Antic y Nocioni.
Etiquetas:
Andrés Nocioni,
Baskonia,
Buesa Arena,
Caja Laboral,
Carlos Cabezas,
Dusko Ivanovic,
Euroliga,
Josean Querejeta,
Kyle Hines,
Olympiacos,
Printzesis,
Spanoulis,
Thomas Heurtel
12/11/12
Carácter y dudas
El Caja Laboral se apoya en la fe y el corazón de los que quisieron creer y remonta un partido abocado al desastre
Mucho se ha hablado a lo largo de las últimas semanas sobre el carácter bipolar del nuevo Caja Laboral. El equipo azulgrana tiene dos caras que no sólo varían de un partido a otro, sino que pueden manifestarse incluso en las dos mitades de un mismo envite, como volvió a quedar patente ayer en Valencia. Los pupilos de Dusko Ivanovic escaparon victoriosos de La Fonteta, escenario propicio, tras remontar un encuentro que en la primera parte se había convertido en una prolongación del desastre perpetrado dos días antes en Zagreb. Tras haber marchado a remolque en el marcador durante media hora, con desventajas que llegaron a alcanzar los dieciséis puntos, conquistaron una victoria que, sin embargo, no puede silenciar las preocupantes señales que envía en determinados momentos un equipo que es al mismo tiempo capaz de caer en la más profunda de las depresiones y de rozar el cielo baloncestístico en cuestión de segundos.
En el duelo ante el Valencia Basket de Velimir Perasovic, el tercer rival de entidad consecutivo en la competición doméstica, el cuadro baskonista exhibió la versión más extrema de ambas facetas. Se mostró como un equipo abúlico, impotente e inconsistente de inicio y como un bloque voluntarioso, decidido y solidario en una segunda parte en la que destrozó sin piedad a un rival que acabó sobrepasado y preguntándose cómo un encuentro que parecía tener ganado se le acabó yendo de las manos de esa forma.
Si cualquier aficionado hubiera visto sólo la primera mitad del encuentro, con una bochornosa puesta en escena trufada de pérdidas de balón y defensas de mantequilla que prolongó hasta el 19-2 la inercia inicial de un Valencia que sí parecía estar por la labor, habría concluido que este Caja Laboral es un equipo de saldo con muchos problemas estructurales y evidentes deficiencias de motivación. Si en cambio hubiera visto sólo la segunda, que arrancó con un tercer cuarto demoledor (13-27) y se consolidó con un final en el que se tomaron correctas decisiones y se defendió con el alma, habría pensado que nos encontramos ante un candidato a ganar cualquier título que se le ponga a tiro.
En realidad este Caja Laboral no es ni una cosa ni la otra. Es las dos y ninguna al mismo tiempo. Parece claro que hay materia prima para edificar un proyecto con la suficiente solidez como para evitar las vergüenzas de los dos cursos precedentes y volver a mirar a los ojos a los grandes. Pero también que a Dusko Ivanovic le está costando demasiado darle forma e imprimirle un carácter que no parecen poseer todos sus pupilos.
Ayer algunos quedaron en entredicho. Mientras jugadores como Nocioni y San Emeterio, que más allá de que estén más o menos acertados siempre dan la cara, se echaron a las espaldas el equipo para buscar una remontada que bien entrado el segundo cuarto se antojaba más imposible por sensaciones que por resultado, otros presenciaron la voltereta del marcador desde el banquillo en una segunda mitad en la que no pisaron el parqué.
Los que quisieron estar estuvieron. A la misión suicida del argentino y el cántabro se sumaron otros y al final Ivanovic, que sigue sin conseguir que este equipo despliegue un buen baloncesto, fió la su suerte a la voluntad de un grupo de chalados que quisieron creer en el milagro y acabaron por agarrarlo con los dientes.
El Caja Laboral no fue mejor que el Valencia Basket. Pero buscó la victoria con todas las ganas que le faltaron en Zagreb o en la segunda mitad del duelo ante el Efes. Con un Causeur celestial, tremendamente inspirado en ataque e intenso en defensa, y un Tibor Pleiss que evidenció ante los superados postes taronjas el ilusionante potencial de que dispone, el cuadro azulgrana supo disimular unas carencias que en algunos casos parecen más bien escasa claridad de ideas y en otros sólo falta de motivación.
Ivanovic sigue sin lanzarse a conceder galones a ninguno de sus bases a estas alturas del curso y se está pagando caro. Cabezas es por el momento el que mejor responde, pero juega bajo la lupa. Y eso en un equipo que carece de automatismos y que anda muy corto de ideas en ataque resulta casi suicida. Más allá del uno contra uno y de los movimientos para buscar el bloqueo y continuación hay muy poco.
Algunos partidos podrán salvarlos la fe, la entrega y el músculo. Pero eso tiene un límite. No se puede vivir eternamente de las exhibiciones de testosterona. Hay rivales ante los que no resulta suficiente. En la ACB hasta ahora ha bastado. Pero no en la Euroliga. El enfrentamiento ante tres de los grandes de la ACB se ha superado con nota, con dos victorias y una derrota en la prórroga, pero mal harían la directiva o los técnicos en dejarse llevar por el resultadismo y obviar los evidentes mensajes de alarma que envía el equipo y requieren de una solución inmediata.
Valencia Basket (20+27+13+15): San Miguel (4), Martínez (7), Pietrus, Dubljevic (8), Lishchuk (12) -cinco titular-, Markovic, Ribas (16), Faverani (4), Doellman (13) y Quinn (11).
Caja Laboral (14+20+27+18): Rochestie (2), Oleson (4), San Emeterio (15), Milko Bjelica (5), Lampe -cinco titular-, Heurtel, Cabezas (6) , Pleiss (9), Nocioni (16) y Causeur (22).
Árbitros: Redondo, Jiménez y Castillo. Eliminaron a los locales Markovic (m.38) y al visitante Bjelica (m.35).
Mucho se ha hablado a lo largo de las últimas semanas sobre el carácter bipolar del nuevo Caja Laboral. El equipo azulgrana tiene dos caras que no sólo varían de un partido a otro, sino que pueden manifestarse incluso en las dos mitades de un mismo envite, como volvió a quedar patente ayer en Valencia. Los pupilos de Dusko Ivanovic escaparon victoriosos de La Fonteta, escenario propicio, tras remontar un encuentro que en la primera parte se había convertido en una prolongación del desastre perpetrado dos días antes en Zagreb. Tras haber marchado a remolque en el marcador durante media hora, con desventajas que llegaron a alcanzar los dieciséis puntos, conquistaron una victoria que, sin embargo, no puede silenciar las preocupantes señales que envía en determinados momentos un equipo que es al mismo tiempo capaz de caer en la más profunda de las depresiones y de rozar el cielo baloncestístico en cuestión de segundos.
En el duelo ante el Valencia Basket de Velimir Perasovic, el tercer rival de entidad consecutivo en la competición doméstica, el cuadro baskonista exhibió la versión más extrema de ambas facetas. Se mostró como un equipo abúlico, impotente e inconsistente de inicio y como un bloque voluntarioso, decidido y solidario en una segunda parte en la que destrozó sin piedad a un rival que acabó sobrepasado y preguntándose cómo un encuentro que parecía tener ganado se le acabó yendo de las manos de esa forma.
Si cualquier aficionado hubiera visto sólo la primera mitad del encuentro, con una bochornosa puesta en escena trufada de pérdidas de balón y defensas de mantequilla que prolongó hasta el 19-2 la inercia inicial de un Valencia que sí parecía estar por la labor, habría concluido que este Caja Laboral es un equipo de saldo con muchos problemas estructurales y evidentes deficiencias de motivación. Si en cambio hubiera visto sólo la segunda, que arrancó con un tercer cuarto demoledor (13-27) y se consolidó con un final en el que se tomaron correctas decisiones y se defendió con el alma, habría pensado que nos encontramos ante un candidato a ganar cualquier título que se le ponga a tiro.
En realidad este Caja Laboral no es ni una cosa ni la otra. Es las dos y ninguna al mismo tiempo. Parece claro que hay materia prima para edificar un proyecto con la suficiente solidez como para evitar las vergüenzas de los dos cursos precedentes y volver a mirar a los ojos a los grandes. Pero también que a Dusko Ivanovic le está costando demasiado darle forma e imprimirle un carácter que no parecen poseer todos sus pupilos.
Ayer algunos quedaron en entredicho. Mientras jugadores como Nocioni y San Emeterio, que más allá de que estén más o menos acertados siempre dan la cara, se echaron a las espaldas el equipo para buscar una remontada que bien entrado el segundo cuarto se antojaba más imposible por sensaciones que por resultado, otros presenciaron la voltereta del marcador desde el banquillo en una segunda mitad en la que no pisaron el parqué.
Los que quisieron estar estuvieron. A la misión suicida del argentino y el cántabro se sumaron otros y al final Ivanovic, que sigue sin conseguir que este equipo despliegue un buen baloncesto, fió la su suerte a la voluntad de un grupo de chalados que quisieron creer en el milagro y acabaron por agarrarlo con los dientes.
El Caja Laboral no fue mejor que el Valencia Basket. Pero buscó la victoria con todas las ganas que le faltaron en Zagreb o en la segunda mitad del duelo ante el Efes. Con un Causeur celestial, tremendamente inspirado en ataque e intenso en defensa, y un Tibor Pleiss que evidenció ante los superados postes taronjas el ilusionante potencial de que dispone, el cuadro azulgrana supo disimular unas carencias que en algunos casos parecen más bien escasa claridad de ideas y en otros sólo falta de motivación.
Ivanovic sigue sin lanzarse a conceder galones a ninguno de sus bases a estas alturas del curso y se está pagando caro. Cabezas es por el momento el que mejor responde, pero juega bajo la lupa. Y eso en un equipo que carece de automatismos y que anda muy corto de ideas en ataque resulta casi suicida. Más allá del uno contra uno y de los movimientos para buscar el bloqueo y continuación hay muy poco.
Algunos partidos podrán salvarlos la fe, la entrega y el músculo. Pero eso tiene un límite. No se puede vivir eternamente de las exhibiciones de testosterona. Hay rivales ante los que no resulta suficiente. En la ACB hasta ahora ha bastado. Pero no en la Euroliga. El enfrentamiento ante tres de los grandes de la ACB se ha superado con nota, con dos victorias y una derrota en la prórroga, pero mal harían la directiva o los técnicos en dejarse llevar por el resultadismo y obviar los evidentes mensajes de alarma que envía el equipo y requieren de una solución inmediata.
Domingo, 11 de noviembre de 2012
75-79
Caja Laboral (14+20+27+18): Rochestie (2), Oleson (4), San Emeterio (15), Milko Bjelica (5), Lampe -cinco titular-, Heurtel, Cabezas (6) , Pleiss (9), Nocioni (16) y Causeur (22).
Árbitros: Redondo, Jiménez y Castillo. Eliminaron a los locales Markovic (m.38) y al visitante Bjelica (m.35).
Etiquetas:
ACB,
Andrés Nocioni,
Baskonia,
Caja Laboral,
Dusko Ivanovic,
Fabien Causeur,
Fernando San Emeterio,
Liga Endesa,
Maciej Lampe,
Nemanja Bjelica,
Pau Ribas,
Tibor Pleiss,
Valencia Basket,
Velimir Perasovic
Castigo a la desidia
UN BASKONIA APÁTICO HIPOTECA SUS YA REDUCIDAS OPCIONES DE TOP 16 Y METE EN LA PELEA AL CEDEVITA en un partido en el que rescató su versión más desesperante
Si había poco margen de error, ahora ya no queda ninguno. El Caja Laboral hipotecó ayer en Zagreb su andadura en una Euroliga que le está concediendo más oportunidades de las que merece y vuelve a sentir en la nuca el aliento del fantasma de la eliminación por la vía rápida que conoció el pasado año por vez primera. Se lo ganó a pulso. En un partido a vida o muerte, ante en teoría el rival más accesible de su complicado lote, el conjunto azulgrana se suicidó con un ejercicio de desidia colectiva que puede acabar costando el pase al Top 16 y que echa por tierra toda la ilusión que había sembrado entre sus aficionados tras la convincente victoria del domingo ante el Barça.
El Cedevita de Boza Maljkovic, que se había vestido la piel de cordero pero sabía que por el partido de ayer pasaban todas sus esperanzas de vida, se merendó por ganas, actitud y conceptos a un rival que fue netamente inferior de principio a fin. Los croatas, con las ideas bien claras, salieron a por una victoria que necesitaban y se la acabaron echando al zurrón. Los vitorianos, en cambio, pensaron que bastaba con presentarse para sumar la victoria y vieron como el cántaro de la lechera con el que hacían las cuentas para la clasificación saltaba en pedazos.
A citas como las de ayer no se puede acudir a verlas venir. Como los malos estudiantes, el equipo azulgrana vuelve a dejar los deberes para última hora. Sólo el tiempo y su capacidad para enderezar un rumbo que aún marcha a bandazos determinará si este colectivo, que ayer cuajó una actuación incluso más decepcionante que la de una semana atrás ante el Efes, está capacitado para obrar milagros.
El Cedevita mostró desde el inicio una mayor tensión y equilibró la diferencia de talento que se presuponía -aunque a la postre quedó en entredicho- con altas dosis de entrega que se tradujeron en un puñado de segundas opciones en ataque. Los postes baskonistas se mostraron demasiado blandos y el Caja Laboral volvió a desangrarse en el rebote sin remisión. Andric y Bilan hallaron muchas facilidades para producir y sacaron los colores a un equipo que durante los primeros veinte minutos ofreció su versión más desesperante.
La calidad de algunos jugadores permitió disimular la desidia con la que el cuadro azulgrana se presentó en el desangelado Drazen Petrovic de Zagreb. El primer acto se convirtió en un intercambio de golpes y ahí este Caja Laboral se siente muy cómodo. No defendía, pero anotaba. Los problemas surgieron cuando comenzaron las rotaciones y los pupilos de Boza Maljkovic apretaron los dientes atrás.
Tuvieron que pasar casi seis minutos del segundo cuarto para que el Caja Laboral volviera a anotar. Ahí comenzaron a encenderse las alarmas. Algo olía mal. Se percibía en las caras, en el lenguaje corporal. El autor de esa canasta que cortó un parcial de 7-0 fue un Rochestie que aparecía como tercera alternativa para una dirección de juego para la que ninguno de los bases supo dar la talla. Tampoco Ivanovic y su política de castigos.
Sin identidad
Si había poco margen de error, ahora ya no queda ninguno. El Caja Laboral hipotecó ayer en Zagreb su andadura en una Euroliga que le está concediendo más oportunidades de las que merece y vuelve a sentir en la nuca el aliento del fantasma de la eliminación por la vía rápida que conoció el pasado año por vez primera. Se lo ganó a pulso. En un partido a vida o muerte, ante en teoría el rival más accesible de su complicado lote, el conjunto azulgrana se suicidó con un ejercicio de desidia colectiva que puede acabar costando el pase al Top 16 y que echa por tierra toda la ilusión que había sembrado entre sus aficionados tras la convincente victoria del domingo ante el Barça.
El Cedevita de Boza Maljkovic, que se había vestido la piel de cordero pero sabía que por el partido de ayer pasaban todas sus esperanzas de vida, se merendó por ganas, actitud y conceptos a un rival que fue netamente inferior de principio a fin. Los croatas, con las ideas bien claras, salieron a por una victoria que necesitaban y se la acabaron echando al zurrón. Los vitorianos, en cambio, pensaron que bastaba con presentarse para sumar la victoria y vieron como el cántaro de la lechera con el que hacían las cuentas para la clasificación saltaba en pedazos.
A citas como las de ayer no se puede acudir a verlas venir. Como los malos estudiantes, el equipo azulgrana vuelve a dejar los deberes para última hora. Sólo el tiempo y su capacidad para enderezar un rumbo que aún marcha a bandazos determinará si este colectivo, que ayer cuajó una actuación incluso más decepcionante que la de una semana atrás ante el Efes, está capacitado para obrar milagros.
El Cedevita mostró desde el inicio una mayor tensión y equilibró la diferencia de talento que se presuponía -aunque a la postre quedó en entredicho- con altas dosis de entrega que se tradujeron en un puñado de segundas opciones en ataque. Los postes baskonistas se mostraron demasiado blandos y el Caja Laboral volvió a desangrarse en el rebote sin remisión. Andric y Bilan hallaron muchas facilidades para producir y sacaron los colores a un equipo que durante los primeros veinte minutos ofreció su versión más desesperante.
La calidad de algunos jugadores permitió disimular la desidia con la que el cuadro azulgrana se presentó en el desangelado Drazen Petrovic de Zagreb. El primer acto se convirtió en un intercambio de golpes y ahí este Caja Laboral se siente muy cómodo. No defendía, pero anotaba. Los problemas surgieron cuando comenzaron las rotaciones y los pupilos de Boza Maljkovic apretaron los dientes atrás.
Tuvieron que pasar casi seis minutos del segundo cuarto para que el Caja Laboral volviera a anotar. Ahí comenzaron a encenderse las alarmas. Algo olía mal. Se percibía en las caras, en el lenguaje corporal. El autor de esa canasta que cortó un parcial de 7-0 fue un Rochestie que aparecía como tercera alternativa para una dirección de juego para la que ninguno de los bases supo dar la talla. Tampoco Ivanovic y su política de castigos.
Sin identidad
Heurtel volvió a salir de inicio para desaparecer por completo hasta el último cuarto. Cabezas fue más respuesta individual que líder y Rochestie evidenció que aún no está en condiciones de asumir el mando. Pero el hecho de que el entrenador mande señales tan equívocas desde el banco impide que cualquiera de ellos adquiera la confianza necesaria para imponer un estilo a un equipo bipolar y que por momentos da la impresión de no saber a qué juega.
Al equipo se le volvió a apagar la luz durante veinte minutos. Aunque en esta ocasión fue en el segundo y el tercer cuarto, en los que anotó 10 y 12 puntos respectivamente. Aun así, alcanzó el último acto con una desventaja asumible en otras circunstancias y en otros ambientes (58-46). Ivanovic apostó por un quinteto atípico, en el que detectaba más músculo o ganas, y se olvidó por completo del que quizá sea el mejor jugador de la plantilla. Nemanja Bjelica presenció ese cuarto final desde el banquillo. Vio, como el resto, a un equipo descabezado, en el que cada uno hacía la guerra por su cuenta y que naufragó pese a la fe que trató de inocular un Andrés Nocioni que sigue pasado de revoluciones.
Todo fue en balde. Ayer volvió a salir cruz. El Caja Laboral acabó cosechando la derrota que merecía y se complica más la clasificación. Se encienden las alarmas en el Buesa Arena ante la posibilidad de volver a dejar al abonado sin Top 16. Podría tomarse como un consuelo que el Baskonia dependa de sí mismo, de no ser porque es precisamente el propio Baskonia el que con su bipolaridad general las dudas. Además, con la victoria el Cedevita se mete en la pelea. Hay vida, y por tanto esperanza. La incógnita pasa por saber si hay equipo con los suficientes arrestos como para invitar a la devota hinchada azulgrana a seguir creyendo en milagros.
CEDEVITA ZAGREB: Green (6), Wright (14), Suput (12), Babic y Bilan (16) -cinco inicial-, Ilievski (3), Gelabale (11), Andric (8), Suton y Tomas (6).
CAJA LABORAL: Heurtel, San Emeterio (15), Nemanja Bjelica (7), Causeur (6), y Lampe (11) -cinco inicial-, Cabezas (6), Nocioni (12), M. Bjelica, Oleson (8), Rochestie (2) y Pleiss (2).
PARCIALES: 24-24, 15-10, 19-12, 18-23.
ÁRBITROS: Grzegorz Ziemblicki (POL), Roberto Chiari (ITA) y Tomas Trawicki (POL). Sin eliminados.
PABELLÓN: Sportova Zagreb.
Al equipo se le volvió a apagar la luz durante veinte minutos. Aunque en esta ocasión fue en el segundo y el tercer cuarto, en los que anotó 10 y 12 puntos respectivamente. Aun así, alcanzó el último acto con una desventaja asumible en otras circunstancias y en otros ambientes (58-46). Ivanovic apostó por un quinteto atípico, en el que detectaba más músculo o ganas, y se olvidó por completo del que quizá sea el mejor jugador de la plantilla. Nemanja Bjelica presenció ese cuarto final desde el banquillo. Vio, como el resto, a un equipo descabezado, en el que cada uno hacía la guerra por su cuenta y que naufragó pese a la fe que trató de inocular un Andrés Nocioni que sigue pasado de revoluciones.
Todo fue en balde. Ayer volvió a salir cruz. El Caja Laboral acabó cosechando la derrota que merecía y se complica más la clasificación. Se encienden las alarmas en el Buesa Arena ante la posibilidad de volver a dejar al abonado sin Top 16. Podría tomarse como un consuelo que el Baskonia dependa de sí mismo, de no ser porque es precisamente el propio Baskonia el que con su bipolaridad general las dudas. Además, con la victoria el Cedevita se mete en la pelea. Hay vida, y por tanto esperanza. La incógnita pasa por saber si hay equipo con los suficientes arrestos como para invitar a la devota hinchada azulgrana a seguir creyendo en milagros.
Viernes, 9 de noviembre de 2012
76-69
CAJA LABORAL: Heurtel, San Emeterio (15), Nemanja Bjelica (7), Causeur (6), y Lampe (11) -cinco inicial-, Cabezas (6), Nocioni (12), M. Bjelica, Oleson (8), Rochestie (2) y Pleiss (2).
PARCIALES: 24-24, 15-10, 19-12, 18-23.
ÁRBITROS: Grzegorz Ziemblicki (POL), Roberto Chiari (ITA) y Tomas Trawicki (POL). Sin eliminados.
PABELLÓN: Sportova Zagreb.
Etiquetas:
Andrés Nocioni,
Bozidar Maljkovic,
Cedevita,
Dusko Ivanovic,
Euroliga,
Fabien Causeur,
Fernando San Emeterio,
Maciej Lampe,
Nemanja Bjelica,
Pau Ribas,
Tibor Pleiss
5/11/12
Respuesta de aspirante
Se había levantado ayer Vitoria con el cielo plagado de interrogantes. La imagen bipolar que en cuestión de días había mostrado el Caja Laboral generaba muchas preguntas sobre el verdadero potencial de su plantilla y el futuro al que puede aspirar, que el equipo azulgrana zanjó de un plumazo. El combinado que dirige Dusko Ivanovic respondió con una exhibición de aspirante a la dura prueba que el calendario le deparaba tras la catástrofe del pasado jueves ante el Anadolu Efes. Tumbó al campeón liguero con una demostración de capacidad y evidenció que, como poco, merece crédito para que se respete una evolución que invita a soñar.
Tras las brillantes demostraciones de espíritu de Milán y Madrid, que por encima de los resultados dibujaron el carácter de un bloque cada vez más próximo a su potencial, cabía esperar algún paso atrás. Llegó en el peor momento y de la forma más dolorosa posible, con una derrota que amenaza de nuevo la supervivencia en la Euroliga. Pero también parecía cuestión de tiempo que el equipo retornara a la senda del crecimiento, lento pero progresivo, que viene siguiendo desde que se levantó el telón del presente curso. Y lo hizo ante otro rival de postín.
La victoria ante este Barça que, todo hay que decirlo, carece de alma ha vuelto a rellenar los depósitos de la confianza. Los externos y los internos. Los propios y los ajenos. En un partido que comenzó con pésimos presagios, con un Baskonia desnortado y sumido en el caos y un Barça tremendamente sólido y dañino desde la larga distancia, Ivanovic supo cambiarle el paso al duelo y, una vez más, ganarle la partida a su pupilo Xavi Pascual.
El técnico montenegrino, que por primera vez esta temporada dispuso de todos sus efectivos, pulsó el interruptor al dar entrada a Cabezas y San Emeterio en lugar de un revolucionado Nocioni y de un Heurtel que ya no volvió a pisar el parqué. Lo que era precipitación y caos se transformó de repente en buenas decisiones y paciencia, esa virtud tan reclamada por el preparador balcánico. El equipo azulgrana, que había quedado petrificado tras el 4-13 con el que el Barça había castigado sus dudas iniciales, recobró la apostura. Comenzó a correr sin prisas, llevó el partido al ritmo que más le convenía y poco a poco fue desactivando al campeón hasta, por momentos, convertirlo en un equipo vulgar y sin ideas, sobre todo a raíz de la excelente defensa que tanto Oleson como San Emeterio le regalaron a un Juan Carlos Navarro que acabó difuminándose junto al resto de sus compañeros.
La renta de nueve puntos que el Barça amasó con su fulminante arranque de partido se fue por el sumidero conforme el Baskonia ajustaba la defensa. Desactivado Navarro, era Erazem Lorbek, un jugador celestial, quien mantenía a su equipo en el duelo. El poste esloveno le creó muchos problemas a un Maciej Lampe que fue de menos a más. Pero también para eso encontró antídoto un Ivanovic que supo usar cada pieza de su banquillo para lo que sirve. Tibor Pleiss confirmó en el segundo cuarto las enormes posibilidades que le puede conceder a un equipo que lleva años echando en falta la presencia de un cinco de garantías. El germano se asoció con San Emeterio y Cabezas para guiar el duelo hacia un marcador que al descanso resultaba mucho más alentador (44-35).
Visto lo que sucedió el jueves, es probable que la afición que abarrotaba las gradas del Buesa Arena prefiriera conservar su escepticismo. Pero esta vez el equipo no se vino abajo. A pesar del enérgico arreón del equipo culé, que por momentos llegó a acariciar la remontada, el Caja Laboral exhibió la fortaleza de carácter que se vio en Milán y Madrid para aguantar el resultado.
Apoyado en una sólida defensa, con un Nemanja soberbio en las tareas más oscuras, y en la inercia a la que se sumaron otras piezas para sumar en ataque, el cuadro azulgrana superó los momentos críticos para apuntillar sin piedad a un rival con el que quizá deba verse las caras con algo serio en juego. Ayer, en el primer duelo entre los dos equipos que se han repartido los últimos cinco duelos de la ACB, la nueva versión del Caja Laboral sumó una victoria que debe conceder al menos el derecho a soñar con que el trabajo que se viene haciendo puede dar sus frutos. Con sus limitaciones, y a pesar del doloroso accidente del jueves, el cuadro azulgrana debía responder ayer a muchas preguntas. Y la respuesta fue la de un equipo que quiere ser de nuevo aspirante a los títulos.
Domingo, 4 de noviembre de 2012
80-69
BARCELONA REGAL: M.Huertas (7), Navarro (14), Ingles (4), Lorbek (17), Tomic (10) - cinco inicial-, Sada (4), Jasikevicius (2), Todorovic, Wallace (3), Jawai (8), Abrines y Rabaseda.
PARCIALES: 17-20, 27-15, 16-19 y 20-15.
ÁRBITROS: Arteaga, Bulto y Planells. Sin eliminados.
PABELLÓN: Buesa Arena. 13.184 espectadores.
Etiquetas:
Barcelona,
Baskonia,
Caja Laboral,
Carlos Cabezas,
Dusko Ivanovic,
Juan Carlos Navarro,
Maciej Lampe,
Marcelinho Huertas,
Nathan Jawai,
Nemanja Bjelica,
Regal,
Taylor Rochestie,
Tibor Pleiss,
Xavi Pascual
3/11/12
Cuando se apaga la luz
EL CAJA LABORAL QUEDA DE NUEVO CONTRA LAS CUERDAS TRAS CEDER SU SEGUNDA DERROTA EN CASA EN UN DUELO QUE TENÍA CONTROLADO
El Caja Laboral vuelve a vivir al borde del precipicio continental. Todo lo que ganó en Milán lo perdió ayer en el Buesa Arena. El equipo de Dusko Ivanovic hincó la rodilla ante un Anadolu Efes tremendamente sólido que sacó a relucir el carácter provisional de muchas de las soluciones de urgencia con las que el cuadro baskonista insinuó su potencial en los exigentes duelos de la pasada semana.
En una nueva final, otro encuentro en el que sólo valía la victoria, se vio que hay muchas cosas sujetas todavía con cinta aislante. El Baskonia tuvo la victoria amarrada. Hizo lo más difícil, llegar al descanso con una renta que parecía a todas luces definitiva, y luego se deshizo como un azucarillo. Llegó un momento en el que se apagó la luz y ya no volvió a encenderse.
Una derrota ante el Efes, incluso en Vitoria, podía entrar dentro de los pronósticos lógicos. Con lo que nadie contaba era con que llegara como llegó. El mismo equipo que en los dos primeros actos del encuentro desplegó las virtudes que tan atractivo lo hacen para el espectador se vino abajo tras el descanso de manera incomprensible. De anotar 48 puntos en una primera parte primorosa pasó a sumar sólo 16 (7 y 9) en una segunda mitad en la que quedó constancia que todavía queda camino por recorrer.
Lo de ayer podría ser tomado como un borrón sin demasiada trascendencia en el expediente de un equipo que sigue creciendo, de no ser por la imagen de debilidad anímica que por momentos mostró el colectivo -y algunas de sus piezas en concreto- cuando el partido se empinó. El Caja Laboral recuperó algunos de los vicios que tan endeble lo hicieron en las dos campañas precedentes. El Efes subió la intensidad defensiva, frenó la velocidad del juego azulgrana y provocó que afloraran sus problemas en ataque estático. El lanzamiento de tres, en muchas ocasiones sin demasiado criterio, se convirtió en la única alternativa. Pero no funcionó.
Al final del partido resultaba muy difícil de creer lo que había pasado. El equipo azulgrana, que lo hace ya por rutina, ofreció de nuevo una excelente puesta en escena. Guiado por la intensidad con la que se presentó a una cita que sabía crucial para su futuro continental, arrolló de salida a un Efes que tenía otro plan para el partido. Aguardaba su momento. Los pupilos de Ivanovic dominaban el rebote y sacaban una enorme rentabilidad a las opciones adicionales que les concedía el rival para ir amasando las primeras ventajas. Un triple de Tibor Pleiss, que al parecer va a gozar de la misma licencia de la que disponen el resto de interiores para amenazar desde el perímetro, fijó una renta de ocho puntos (15-7) que despertó de manera definitiva al cuadro otomano.
Oktay Mahmuti dispone de un arsenal. Tiene mucho de todo y para todo. Y era lógico que el encuentro, que para los turcos suponía la opción de apartar a un rival de la pelea por el primer puesto, elevara el nivel de exigencia. Fue Jordan Farmar quien irrumpió en escena para mostrar la ruta alternativa, mucho más espinosa, que debería recorrer el Caja Laboral para alcanzar un triunfo tan balsámico como obligado. El antiguo base de los Lakers, uno de los mejores jugadores del torneo, tomó el mando de las operaciones y el Efes reaccionó para comenzar a generar ciertas dudas entre los pupilos de Ivanovic.
El apagón
CAJA LABORAL: San Emeterio (2), Heurtel (2), Oleson (10), N.Bjelica (8), Lampe (5) -cinco inicial-, Cabezas (12), Causeur (7), M.Bjelica (2), Pleiss (5) y Nocioni (11).
ANADOLU EFES: Farmar (18), Erden (9), Savanovic (7), Guler (2) y Lucas (6) -cinco inicial-, Gonlum (10), Tunceri (2), Vujacic (7), Batista (9) y Shipp (6).
ÁRBITROS: Guerrino Cerebuch (ITA), Milivoje Jovcic (SRB) y Joseph Bissang (FRA). Sine eliminados.
PABELLÓN: Fernando Buesa Arena. 11.119 espectadores
El Caja Laboral vuelve a vivir al borde del precipicio continental. Todo lo que ganó en Milán lo perdió ayer en el Buesa Arena. El equipo de Dusko Ivanovic hincó la rodilla ante un Anadolu Efes tremendamente sólido que sacó a relucir el carácter provisional de muchas de las soluciones de urgencia con las que el cuadro baskonista insinuó su potencial en los exigentes duelos de la pasada semana.
En una nueva final, otro encuentro en el que sólo valía la victoria, se vio que hay muchas cosas sujetas todavía con cinta aislante. El Baskonia tuvo la victoria amarrada. Hizo lo más difícil, llegar al descanso con una renta que parecía a todas luces definitiva, y luego se deshizo como un azucarillo. Llegó un momento en el que se apagó la luz y ya no volvió a encenderse.
Una derrota ante el Efes, incluso en Vitoria, podía entrar dentro de los pronósticos lógicos. Con lo que nadie contaba era con que llegara como llegó. El mismo equipo que en los dos primeros actos del encuentro desplegó las virtudes que tan atractivo lo hacen para el espectador se vino abajo tras el descanso de manera incomprensible. De anotar 48 puntos en una primera parte primorosa pasó a sumar sólo 16 (7 y 9) en una segunda mitad en la que quedó constancia que todavía queda camino por recorrer.
Lo de ayer podría ser tomado como un borrón sin demasiada trascendencia en el expediente de un equipo que sigue creciendo, de no ser por la imagen de debilidad anímica que por momentos mostró el colectivo -y algunas de sus piezas en concreto- cuando el partido se empinó. El Caja Laboral recuperó algunos de los vicios que tan endeble lo hicieron en las dos campañas precedentes. El Efes subió la intensidad defensiva, frenó la velocidad del juego azulgrana y provocó que afloraran sus problemas en ataque estático. El lanzamiento de tres, en muchas ocasiones sin demasiado criterio, se convirtió en la única alternativa. Pero no funcionó.
Al final del partido resultaba muy difícil de creer lo que había pasado. El equipo azulgrana, que lo hace ya por rutina, ofreció de nuevo una excelente puesta en escena. Guiado por la intensidad con la que se presentó a una cita que sabía crucial para su futuro continental, arrolló de salida a un Efes que tenía otro plan para el partido. Aguardaba su momento. Los pupilos de Ivanovic dominaban el rebote y sacaban una enorme rentabilidad a las opciones adicionales que les concedía el rival para ir amasando las primeras ventajas. Un triple de Tibor Pleiss, que al parecer va a gozar de la misma licencia de la que disponen el resto de interiores para amenazar desde el perímetro, fijó una renta de ocho puntos (15-7) que despertó de manera definitiva al cuadro otomano.
Oktay Mahmuti dispone de un arsenal. Tiene mucho de todo y para todo. Y era lógico que el encuentro, que para los turcos suponía la opción de apartar a un rival de la pelea por el primer puesto, elevara el nivel de exigencia. Fue Jordan Farmar quien irrumpió en escena para mostrar la ruta alternativa, mucho más espinosa, que debería recorrer el Caja Laboral para alcanzar un triunfo tan balsámico como obligado. El antiguo base de los Lakers, uno de los mejores jugadores del torneo, tomó el mando de las operaciones y el Efes reaccionó para comenzar a generar ciertas dudas entre los pupilos de Ivanovic.
El apagón
El Baskonia aguantó el primer envite. Bien conducido por un Cabezas que sigue cogiendo el tono y se reveló como una opción más que válida para desatascar, volvió a estirar la renta y alcanzó el descanso con una diferencia que invitaba a presagiar otro desenlace. Pero entonces, tras el paso por los vestuarios, se apagó la luz.
El conjunto otomano comenzó a funcionar y el Caja Laboral empezó a derretirse. La renta se le escapaba entre los dedos como la arena a un Ivanovic que no daba con un remedio en el banquillo. Para cuando se quisieron dar cuenta, los jugadores baskonistas se vieron con una desventaja próxima a la decena y sin tiempo para la reacción. Algunos jugadores trataron de hacer la guerra por su cuenta, pero era tarde. Otros, lo que de verdad resulta preocupante, bajaron de antemano los brazos. El equipo, que sigue creciendo, podía sufrir un bajón. Se esperaba. Pero llegó en el peor momento. Sigue sin ganar en casa en esta Euroliga y deberá remar contra la corriente de nuevo para recuperar sus opciones de clasificación. La amenaza de un segundo año sin Top 16 vuelve a estar presente.
El conjunto otomano comenzó a funcionar y el Caja Laboral empezó a derretirse. La renta se le escapaba entre los dedos como la arena a un Ivanovic que no daba con un remedio en el banquillo. Para cuando se quisieron dar cuenta, los jugadores baskonistas se vieron con una desventaja próxima a la decena y sin tiempo para la reacción. Algunos jugadores trataron de hacer la guerra por su cuenta, pero era tarde. Otros, lo que de verdad resulta preocupante, bajaron de antemano los brazos. El equipo, que sigue creciendo, podía sufrir un bajón. Se esperaba. Pero llegó en el peor momento. Sigue sin ganar en casa en esta Euroliga y deberá remar contra la corriente de nuevo para recuperar sus opciones de clasificación. La amenaza de un segundo año sin Top 16 vuelve a estar presente.
Jueves, 1 de noviembre de 2012
64-76
ANADOLU EFES: Farmar (18), Erden (9), Savanovic (7), Guler (2) y Lucas (6) -cinco inicial-, Gonlum (10), Tunceri (2), Vujacic (7), Batista (9) y Shipp (6).
ÁRBITROS: Guerrino Cerebuch (ITA), Milivoje Jovcic (SRB) y Joseph Bissang (FRA). Sine eliminados.
PABELLÓN: Fernando Buesa Arena. 11.119 espectadores
Etiquetas:
Anadolu Efes,
Baskonia,
Caja Laboral,
Carlos Cabezas,
Dusko Ivanovic,
Euroliga,
Fernando San Emeterio,
Jordan Farmar,
Maciej Lampe,
Nemanja Bjelica,
Top 16
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





