21/5/11

El equipo bipolar


Le he dado muchas vueltas a la cabeza sobre lo que ayer sucedió en el Buesa Arena y he llegado a una conclusión: resulta difícil descifrar qué pudo ocurrir para que un Baskonia notablemente mejorado en algunos aspectos sufriera tanto para doblegar a un rival orgulloso pero inofensivo, un oponente a todas luces menor. Aun así, trataré de desgranar los motivos por los que, a mi juicio, un partido bien encauzado como el de ayer volvió a envenenarse hasta el punto de que no quedó resuelto antes de llegar al último minuto de juego. En realidad, los males endémicos que arrastra el plantel de Dusko Ivanovic, cuyos lastres se antojan más colectivos que individuales, por lo que algo habrá que achacarle al entrenador, volvieron a manifestarse como ya viene siendo algo habitual. Y el resultado fue el de siempre: un desvanecimiento fatal en el tercer periodo y el arranque del cuarto que a punto estuvo de costarle carísimo al combinado vitoriano.

Aunque Pedro Martínez, buen tipo y gran estratega, aseguró en la sala de prensa que la serie sigue viva, a mí me da la impresión de que murió con el bocinazo final del Buesa. Mucho tendría que cambiar el Gran Canaria para que, más allá de lo que suceda en La Roca (territorio vedado hasta para los más grandes), pudiera robar un triunfo en Vitoria en un hipotético tercer partido. Si tenía que darse una sorpresa en esta eliminatoria, tenía que darse ayer. Aunque habrá que ver hasta qué punto conviene ilusionarse con la posibilidad de que el Baskonia se asegure el acceso a la siguiente fase de los play off. Este equipo, capaz de lo mejor, pero sobre todo de lo peor este año, ha entrado de lleno en la pelea por el título cuando aún muchas de sus piezas no han encajado en el puzzle.

Este Baskonia titubeante y errático, desconocido, huérfano de la referencia interior que han representado en épocas recientes iconos como Tiago Splitter o Luis Scola, tiene dos caras tan diferentes entre sí que resultan aterradoras. Cuando funciona, ofrece un nivel que invita a soñar con todo. Así fue durante la primera mitad. Con un Mirza Teletovic intratable, que cerró el primer cuarto con 19 puntos y descerrajó la defensa del conjunto insular, la hinchada del Buesa Arena contempló a un equipo capaz de aguantar un intercambio de golpes con cualquiera. La intensidad defensiva, por momentos, permitió rememorar tiempos pasados, más espartanos, más de Ivanovic. El excelente trabajo de Oleson (inédito en labores ofensivas) y Ribas, que ya ha encontrado su sitio en este equipo, desactivó por completo a la principal (¿única?) amenaza del rival, el codiciado Jaycee Carroll. El duelo parecía controlado. Pero no lo estaba.



A pesar de que el escolta mormón acabó el partido desquiciado, buscándose situaciones de tiro forzadas y con apenas once puntos (4 de 13 en lanzamientos de campo), el Gran Canaria, un combinado limitado, sin grandes argumentos en el perímetro ni hombres de relativo peso en la pintura, se levantó de la lona y poco a poco fue cobrando conciencia de que podía llevarse el partido. Hace no demasiado, estos equipos de perfil bajo salían del Buesa Arena escaldados. Este año, sin embargo, muchos se marchan con la sensación de haber perdido una ocasión de oro para obtener un triunfo de prestigio.

Así las cosas, teniendo en cuenta esa cierta mejora en intensidad y rendimiento defensivo, el hecho de que Carroll quedara maniatado y que el Gran Canaria apenas contara con otras opciones para hacer daño, ¿por qué sufrió el Baskonia para ganar? Pues en primer lugar porque la obsesión por frenar a Carroll fue tal, que otros jugadores del equipo canario gozaron de numerosas situaciones de tiro tan cómodas (la defensa se desajustaba sin que el sistema de ayudas resultara mínimamente efectivo) que acabaron el partido con un 65% de acierto en triples (13 de 20). Casi nada. Aunque el resto de razones fueron las de casi siempre: excesivas pérdidas de balón, problemas para controlar el rebote defensivo y una deficiente interpretación (táctica colectiva e individual) de los ataques estáticos. Son los motivos que arrojaron al Baskonia a la cuarta posición de la fase regular, los que lo dejaron fuera de una Final Four que parecía más barata que otros años y que ahora amenazan con zanjar prematuramente su carrera hacia la reedición del título.

Las máculas en el expediente de un equipo sobrado de talento, con infinidad de recursos individuales, siguen presentes ya entrados en el play off. Aun así, como decía en el post inaugural de este rincón de reflexiones, el éxito o el fracaso quedará definido por la capacidad de Ivanovic para seguir reduciendo estas taras. Ayer, de hecho, hubo varias fases del partido en las que desaparecieron. La búsqueda de la continuidad se convierte por tanto en el principal objetivo para la tropa azulgrana. A pesar de los pesares, el Baskonia ha puesto ya un pie en las semifinales.