30/5/11

Ni muchos, ni machos


La frase se la escuché por primera vez a un amigo mexicano, hace algunos años en el festival de Benicassim. "No somos muchos pero somos machos", me dijo, entre risas, mientras hablábamos del que por entonces era entrenador de Osasuna, Javier Aguirre, y de su filosofía futbolística, que en Pamplona se resumía en un estilo de juego basado en la testosterona. Mientras presenciaba el segundo partido de la semifinal de la ACB entre el Barça y el Baskonia volvió a mi cabeza. El equipo catalán ha pasado por encima del Caja Laboral y se ha anotado un punto que puede resultar definitivo para la eliminatoria. Por mucho que la serie regrese a partir del miércoles a Vitoria, escenario donde se materializan todos los milagros baskonistas, la suerte parece echada. Porque en este Baskonia, ni parecen ser muchos machos, ni da la impresión de que sean excesivamente machos los que son. El desfallecimiento anímico que ha escenificado el equipo de Dusko Ivanovic en el segundo duelo despedía un premonitorio olor a fiambre.

Se podrían hacer lecturas mucho menos fúnebres acerca del futuro del Baskonia en esta serie, pero la lógica impone su peso. O mucho cambian las cosas, o estos dos equipos no volverán a verse las caras en el Palau esta temporada. El equipo vitoriano ha contraído méritos en estos dos últimos partidos como enterrar las toneladas de bienintencionada esperanza que arrastraba su afición tras la milagrosa experiencia del pasado año. Y lo peor no son las certezas que arrojan las estadísticas, fiel reflejo de la diferencia que existió sobre la cancha entre los dos equipos, sino los interrogantes que abre el agarrotamiento espiritual con el que los pupilos del montenegrino se dejaron atropellar. Un equipo que se muestra endeble en la pelea por el rebote, defiende poco, pierde excesivos balones y fía el éxito de sus ofensivas a la inspiración de sus sobresalientes figuras debe desenvolverse con mucha más avidez de la que está mostrando estos días el Baskonia si quiere conservar alguna opción de éxito.

El equipo gasteiztarra quedó completamente noqueado tras el primer asalto de la serie. En el segundo se tambaleaba por la cancha, pululaba con más miedos que presas sobre el parqué. Más allá de que, una vez más, no fueran muchos, tampoco fueron machos. Lo que está sucediendo, no obstante, es lo que habría pasado en la pasada final de no haber mediado el increíble parcial de cero a doce con el que se inauguró aquella eliminatoria y que sembró de miedos el alma de Xavi Pascual. Estamos asistiendo a una consecuencia lógica de los diferentes potenciales de las dos plantillas. El Barça es hoy por hoy un equipo muy por encima del resto de aspirantes al título de la ACB. Y el año pasado también lo era. Pero la inyección de confianza que recibió el conjunto baskonista tras robar la primera victoria en el Palau y el carro de dudas que invadieron el vestuario culé permitieron obrar el milagro que se tradujo en el tercer título ACB del hoy Caja Laboral.

En esta serie los vectores anímicos han virado de rumbo. El Barça marcó territorio desde el primer choque y en el segundo todas las dudas vestían de blanco. Mientras en el Baskonia un puñado de valientes trataba de mantener con vida el partido, en el Barcelona acabaron anotando los doce jugadores de la plantilla. El equipo de Xavi Pascual, que firmó uno de los mejores partidos de la temporada, exhibió su fondo de armario, el recurso que lo convierte en la mejor plantilla del continente mientras el rival constataba que algunos de sus hombres han menguado hasta desaparecer. Y con apenas cuatro soldados, que no son muchos y ya hemos quedado antes que tampoco machos, resulta imposible derrotar al ejército más poderoso de la ACB.

Sólo Barac, San Emeterio y un Marcelinho incomodísimo con la presencia de Sada dieron la cara en el intercambio de golpes de talento. El resto ofreció una imagen muy pobre de lo que es el vestuario del combinado vasco. A los 37 puntos aportados por los suplentes del Barça, los del Baskonia respondieron con sólo siete: dos de un decepcionante Batista, una canasta del amnistiado Logan y un triple de Pau Ribas, un jugador que inexplicablemente ha pasado de jugar veinticuatro minutos en el primer partido a hacerlo seis en el segundo. Lo del pívot charrúa comienza a resultar preocupante. Llegado con la vitola de gran refuerzo, con la creencia de que iba a aportar una mayor solidez al juego interior -algunos consideraban que incluso iba a discutirle el rol de center titular a Barac-, los compromisos que esta temporada han mantenido estos dos equipos lo han retratado como un jugador menor. Ivanovic le concedió catorce minutos y los cerró, con más pena que gloria, dos puntos y cero rebotes. Escaso bagaje para un jugador que debe ayudar a que el equipo tenga cierta impresión cuando el gigante croata busque oxígeno en el banco.

El Barça tiene todo de cara para rematar por la vía rápida al equipo azulgrana. El miércoles sí que sólo una mutación radical, sobre todo en espíritu, puede salvar al Baskonia de que le devuelvan la afrenta de hace doce meses. En el segundo partido de la serie el conjunto vitoriano volvió a exhibir, corregidas y aumentadas, todas las taras que han lastrado su rendimiento el presente curso. La falta de fluidez ofensiva y la escasa, por no decir nula, eficacia defensiva han dejado el pase a la final servido en bandeja de plata. A Ivanovic el tiempo se le ha echado encima. Llegó a los play off con una versión beta del colectivo y no ha sido posible rematar la definitiva antes de que se presentara una cita de esta exigencia.

Pese a todo, el técnico montenegrino se mostró torero en la sala de prensa del Palau. "Nos veremos de nuevo aquí en el quinto", se despidió de los periodistas catalanes. No creo que se lo crea, pero jugó la última baza que le queda: tratar de hacer ver a sus jugadores que en el Buesa todo será diferente, que el ambiente jugará a su favor y que ganando el tercero le pueden volver a meter el miedo en el cuerpo al Barça. Y es posible que exista alguna posibilidad para que se escenifique una remontada que en la historia de la ACB sólo se ha dado una vez (el Unicaja le remontó un 0-2 al Etosa en 2005). Pero para eso, para ganarle a este Barça, hay que ser muchos, a ser posible todos, y además muy machos. Y estudiando otros factores del juego es posible que ni con eso baste.