22/6/11

Laso en la silla eléctrica

Hoy es uno de esos días en los que el estío baloncestístico estalla y ofrece tantos temas para escribir como los que quizá puedan faltar en las próximas semanas. Ha sido una jornada agitada en muchos frentes. En Vitoria, por ejemplo, se ha presentado a Thomas Heurtel, un tipo que define su juego como "un poco loco", asegura que llega para "aprender y crecer" y dice haber oído "muchas cosas" sobre Dusko Ivanovic, pero que le vendrá bien como maestro. Pronto tendrá ocasión de certificar hasta qué punto eran ciertos esos rumores. Otro base joven y del que ya hemos hablado en este rincón de reflexiones, Ricky Rubio, ha sido recibido en loor de multitudes a su llegada a Minnesota, la tierra de los 10.000 lagos y de los inviernos de ocho meses. Scariolo ha ofrecido su primera versión de la lista con la que acudirá al Eurobasket de Lituania y hay pocas sorpresas. La mayor, sin duda, la inclusión de Xavi Rey. Totalmente merecida. Sada está. Pero de todos los acontecimientos que han salpimentado hoy el mundo del baloncesto, me quedo sin duda con uno que tiene como protagonista a un vitoriano, al último héroe vernácula del baskonismo. Pablo Laso se ha desvinculado del Lagun Aro y a partir de ahora se hará cargo de la dirección técnica del Real Madrid. Se sienta en un banquillo que en los últimos tiempos se ha convertido en una silla eléctrica.

Cuando he tenido constancia de la oficialidad de la noticia mi primer impulso ha sido frotarme los ojos. Me costaba creerlo, no lo voy a ocultar. Luego me ha asaltado una tremenda alegría por el éxito de un tipo que concedió muchos momentos de gloria a un todavía incipiente Baskonia y que, además, creo que había seguido hasta la fecha una impoluta y cuerda trayectoria como entrenador. No sé si este paso concuerda con el ritmo que ha seguido en sus primeros años como técnico. Me chirría ese salto mortal al que se ha lanzado. Es un caramelo realmente goloso. Si lo hace bien, su carrera recibirá un tremendo espaldarazo; si la cosa se tuerce, será carne de cañón, recibirá hasta en el carné de identidad. Lo peor es que no todo dependerá de su valía para ejercer su tarea. En el Madrid hacen falta otras muchas habilidades, algunas más diplomáticas que técnicas, pero casi siempre tácticas, para poder desempeñar sin turbulencias el trabajo de entrenador.

He seguido de cerca y paso a paso los movimientos que aparecían en la prensa nacional sobre la contratación del sustituto del sustituto de Ettore Messina. El interino Lele Molin fracasó porque tenía que fracasar. Quedó en una posición de debilidad, con un vestuario demasiado autónomo y plagado de jugadores con mando, y naufragó como estaba cantado. La primera incógnita que habrá que despejar sobre el futuro que le aguarda a Laso en el club blanco tiene que ver con la cuota real de poder que va a recibir, o en su defecto que va a ser capaz de adjudicarse cuando dé los primeros pasos por una casa que conoce de primera mano. Si los encargados del área de baloncesto (Herreros, el tipo del triple maldito, es buen amigo suyo) lo consolidan como una figura fuerte dentro de la entidad, tendrá mucho ganado. A partir de ahí, habrá que ver hasta dónde llega su mano en materia de fichajes.

El que me diga que Pablo Laso encaja con el perfil de entrenador que uno le imagina a Florentino me estará mintiendo. Messina encajaba. Pesic, a quien le está asfixiando el sambenito que se le ha colgado de maniático tras sus últimas salidas de tono en Valencia, encajaba. Incluso Repesa, con su perfil de técnico sobrio, hierático, y su dilatado bagaje, casaba más. Aunque día tras día leía y escuchaba a los compañeros insertar su nombre junto al de otros muchos entrenadores potenciales, jamás llegué a creerme que la línea decisoria que iba a pesar de las dos que estaban abiertas iba a ser la del técnico de perfil modesto, español, en la que se ha incluido a gente tan dispar como Pepu Hernández, Moncho López o Pedro Martínez. Laso, como digo, ha estado casi en todo momento incrustado en esas quinielas, que no eran nubes de humo para despistar, para ocultar la pista buena, que yo intuía la de un sujeto de perfil mucho más florentiniano.

¿Un modelo de gestión para el baloncesto merengue?

Sobre la cuota de responsabilidad que le concedan pesará el verdadero puesto en las listas de apetecibles que ha ocupado el gasteiztarra desde que comenzó la carrera sucesoria. Me asalta la duda sobre si ha sido siempre la primera opción o un parche aceptable a la vista de que fracasaban otras operaciones. Si de verdad va a tener voz y voto a la hora de confeccionar la plantilla, a Laso se le presenta una ocasión envidiable. Pocos equipos disponen de un plantel con una estructura de jóvenes tan talentosos y prometedores (Tomic, Mirotic, Suárez, Llull...) y tanta capacidad económica para completar el roster como el conjunto merengue. Me da la impresión de que su poder en este aspecto estará limitado hasta cierto punto. Y esto tampoco supondría una mala señal. El Madrid necesita de una vez por todas fijar una línea de actuación que trascienda lo coyuntural. Modelos como el del Barça o el propio Baskonia sirven como camino a seguir. Si las piezas encajan y de verdad se ajustan los roles del entrenador y los responsables de la dirección deportiva -coordinarlos sería ya la leche-, Laso puede gozar de una oportunidad que relance de manera definitiva su carrera. Si se repiten errores pretéritos, la silla eléctrica se pondrá en marcha y lo pasará muy mal.

No sólo por su condición de vitoriano, sino también por la calidad humana que ha demostrado tanto en su época de jugador como, sobre todo, durante su etapa como técnico, le deseo lo mejor. El mero hecho de pronunciar o escribir su nombre me trae a la cabeza recuerdos imborrables. Laso era el ejemplo idóneo de que cualquiera podía llegar a jugar con los mejores. Corto de estatura pero sobradísimo de cerebro, fue un base antiguo en la antigüedad, uno de los últimos clásicos. Tomó el testigo de directores de juego de los que ya no hay, como Corbalán, Solozábal o Quim Costa, y hacía que este deporte pareciera tan fácil como en realidad debería ser. La primera vez que le vi jugar en vivo aún era un crío. Y me dejó helado con una asistencia inverosímil, mirando al tendido, a Larry Micheaux. Eran otros tiempos, otro baloncesto. Recuerdo que el Taugrés jugaba aquel día contra el Magia de Huesca de Brian Jackson y Granger Hall. En aquel equipo azulgrana jugaba otro fruto de la cantera baskonista como Alberto Ortega. Con Laso al frente, el Baskonia sumó su primer título importante, la Copa del Rey de 1995 en aquella inolvidable final ante el Amway Zaragoza.

Un técnico aún por madurar

Luego se marchó al Madrid. Y también tuvo sus momentos de gloria, entre los que destaca la conquista de una Recopa de Europa, antes de emprender una cuesta abajo bastante digna en clubes de perfil menor. Su carrera como entrenador, ya digo, ha estado marcada por una sensata escalada que ahora se ve truncada con este salto al vacío. Su excelente labor al frente del filial del Pamesa -el Cerámicas Leoni de Castellón- le abrió la puerta como interino en el equipo taronja. Suplía al de nuevo técnico del combinado levantino Paco Olmos y no acabó la temporada. Chechu Mulero ocupú su puesto al frente de una plantilla que no logró colarse siquiera en los play off. Pasó por Cantabria y de ahí, a San Sebastián, donde estos últimos años ha ofrecido pinceladas de su calidad como técnico pero también ha sembrado algunas dudas. Tras conseguir un brillante ascenso como segundo en su primer ejercicio al frente del club guipuzcoano y consumar su permanencia en la élite el siguiente curso (el GBC acabó fue duodécimo), en las dos campañas precedentes su equipo ha seguido trayectorias un tanto irregulares para la afición. Con dos primeras vueltas sensacionales, en las que se llegó a hablar de Copa del Rey, el equipo donostiarra se ha derrumbado sin remisión hasta acabar my cerca del abismo tras dejarse llevar en los últimos meses de competición.

La apuesta del Madrid, desde luego, es arriesgada. Van a colocar al frente de un plantel plagado de estrellas a un técnico en pleno proceso de maduración, que cuenta como mejor bagaje con trece victorias en la fase regular de la ACB. Pero Laso también se la juega, y siempre ha demostrado ser un tipo con mucha personalidad. Tras mucho darle vueltas, la decisión está tomada. El club blanco tiene que tomar otras muchas aún. Habrá que ver hasta qué punto la el vitoriano dispone de talento, astucia y, sobre todo, cuajo para manejarse en la silla eléctrica. Le deseo toda la suerte del mundo.

1 comentario:

Rubén Requena dijo...

Sera capaz de poner orden en esta casa de putas????
Fantastico David...
Rubén