1/6/11

Hambre para cumplir los sueños


Cuando caigo en la cuenta de que el Bilbao Basket se encuentra a un paso de meterse en la final de la ACB, me vienen a la retina instantáneas de otra época. Recuerdo con cariño aquellos años en los que, trabajando por aquel entonces en Bilbao, asistí al nacimiento de un club que ha sabido abrirse hueco hasta llamar a las puertas de la aristocracia. Me asaltan las imágenes de los héroes que remaron contra corriente, en un territorio futbolístico y futbolero, para firmar ascensos con recursos muy limitados, en una época en la que el Bilbao Basket no era todavía el equipo del lehendakari. Seguramente porque Patxi López ni siquiera sabía de la existencia de los hombres de negro, que por aquel entonces lucían de blanco o rojo, según ocasiones. Fueron inicios duros para un club sin estructura, en el que los pocos que había hacían de casi todo. Y aparecen nombres: el eterno Javi Salgado, el primer gran capitán Patrik Sáenz de Ugarte, Txutxo Sanz, Txus Vidorreta, Alberto Ibeas, un imberbe Tiaglo Splitter, Lucho Fernández, Pedrote Rodríguez, el francotirador Mark Poag, Barona, Madina... Hasta me viene alguna imagen de un Fran Vázquez recién salido de la factoría del Siglo XXI jugando un play off de ascenso en León. Tiempos pasados, ni mejores ni peores. Los comienzos de un proyecto que, una década después, se ha consolidado.

Los hombres de negro están haciendo historia. Si se imponen el jueves al Real Madrid, pueden conseguir una plaza para disputar la Euroliga, un objetivo que ni los más optimistas se planteaban hace apenas unos años. Lo que antes parecía un sueño, ahora se manifiesta como una realidad más que tangible. El Bilbao Basket se ha mostrado mucho más entero que su rival en las tres primeras entregas de la serie. El Real Madrid está tocado. Vive sumido en un océano de dudas, de miedos. Con un técnico ninguneado al extremo, los jugadores haciendo la guerra por su cuenta y una actitud cuanto menos cuestionable, el equipo blanco resultó atropellado en el tercer duelo de la semifinal. El hambre del combinado que dirige Fotis Katsikaris, en el que militan varias piezas desechadas por defectuosas en la casa blanca, se tradujo en una victoria sin paliativos, contundente en el fondo y en las formas, ante una afición entregada que abarrotó las gradas del pabellón de Miribilla.

Mientras en el Palau Blaugrana y la Caja Mágica se estrenaron las series de semifinales con aforos que refrendan la impresión de que el baloncesto español atraviesa una amenazante crisis, en Bilbao una decena de miles de aficionados se congregaron en las gradas para sumarse a una fiesta que, si no cambian las cosas, puede encontrar el jueves su remate definitivo. El Bilbao Basket ha crecido, se ha hecho mayor, pero sigue mostrando la fe y la ambición de que quien no tiene nada que perder. Un equipo que jamás había sumado una victoria en un partido de play off a lo largo de su historia ha sido capaz de sumar ya cuatro, a pesar de que se ha topado en su camino con dos de los tres mejores equipos de la fase regular. Y aunque en Vitoria he detectado más lamentos que muestras de alegría por el éxito del vecino, lo cierto es que el cuento de hadas de los bilbaínos se me hace familiar, y me despierta cierta envidia. No hace mucho, podría decirse que hace bien poco, el Baskonia asumió el papel que hoy desempeñan los jugadores del cuadro vizcaíno.

Más allá de consideraciones técnicas o tácticas, dejando a un lado el hecho de que el BBB ha sido el equipo que mejor baloncesto colectivo ha desplegado desde que arrancaron los play off, sin duda la voracidad y la confianza que han adquirido los jugadores representa una parte fundamental en la receta de su éxito. Al margen del excelente planteamiento de Katsikaris y del trabajo coral, el descaro con el que han jugado varios de sus jugadores ha acabado con la confianza y la complacencia de un rival que se veía en la final antes de comenzar la serie. Al Madrid aún le queda una bala en la recámara. Una victoria en el choque del jueves, de nuevo ante la enfervorecida afición bilbaína, devolvería todo el favoritismo a un equipo que, aunque no lo parezca, es superior. Aunque para lograrla, deberá superar la presión ambiental y atar en corto a los irreverentes y ambiciosos puntales del equipo local.

Un genio y dos locos inspirados

Kostas Vasileiadis, Janis Blums y Aaron Jackson se encuentran varios metros sobre nivel del parqué. La fe con la que se han dedicado a jugar a baloncesto, así sin más, a meter canastas o a hacer que las metan sus compañeros, me ha vuelto a trasladar a tiempos donde la táctica quedaba supeditada al talento individual. Bien es cierto que la defensa de los blancos ha puesto su grano de arena. Pero no lo es menos que cuando un equipo se centra en explotar las virtudes ofensivas de sus mejores jugadores, cuando les da balones y les concede licencia para matar, el baloncesto se transforma en un juego muy divertido.

El base americano se ha convertido en una de las grandes sensaciones del torneo. Seguramente es el jugador más determinante de la semifinal. Los otros dos son capaces de lo mejor y de lo peor. Blums no ha firmado una temporada brillante y el griego resulta un paradigma de la irregularidad, pero aparece en los momentos determinantes, como se vio en la Copa, cuando estuvo a punto de cargarse él solo al Caja Laboral. Sin embargo, si se conjugan y ambos tienen el día inspirado, hacen mucho daño. Por supuesto, como digo, el Bilbao Basket es mucho más. Aun sin Hernández Sonseca, el equipo vizcaíno se ha hecho fuerte bajo los tableros, gana la batalla del rebote y está aplicando una defensa letal que está ahogando al Madrid. Los blancos, de hecho, firmaron en Miribilla el peor registro anotador del club desde que se creó la ACB (sólo 51 puntos). Además, cuenta con su afición, que no exige nada pero festeja cualquier conquista, porque todo es ya un regalo inesperado.

El Buesa Arena acogerá también en sólo unas horas un duelo a vida o muerte. El Baskonia más irregular y menos fiable de los últimos años se expone a tomar las vacaciones con demasiada antelación. El Barça tiene todo de cara para zanjar la eliminatoria por la vía rápida. Ha sido muy superior en los dos primeros partidos y se enfrenta a un rival que ha quedado anímicamente tocado por la impotencia que ha experimentado al sentirse maniatado por el todopoderoso equipo culé. Parece que las esperanzas son escasas, pero si algo ha demostrado el equipo vitoriano a lo largo de su historia es su capacidad para convertir en rutina lo imposible. El Buesa Arena, el escenario de los milagros del baskonismo, se prepara de nuevo para vivir una de esas citas en las que el público se convierte en un elemento activo más de los partidos. De la comunión entre el colectivo y la afición dependerá en gran medida el éxito -traducido en supervivencia- del Caja Laboral. Estoy convencido de que la grada responderá, apenas quedan ya entradas. Pero tengo más dudas en torno al equipo, que llega justo de efectivos, de gasolina y de autoestima. Está muy bien acomodarse en la élite del baloncesto continental, resulta muy satisfactorio codearse con los mejores. A veces, no obstante, conviene recuperar la humildad, los valores y el hambre que tan útiles resultaron en el trayecto hacia la cima, para recobrar el orgullo sobre el que cimentar una nueva gesta.

1 comentario:

Joseba. dijo...

¿Estas seguro que si se meten en la final juegan la Euroliga? Yo creo que no, que para jugarla, tienen que ganar la final. Creo que la juegan los cuatro licencias A, el campeón de liga y el campeón ULEB, con un máximo de 5. Si son segundos, se quedan sin ella... Aunque puedo estar equivocado...

Todo esto no quita para felicitrles por el magnífico trabajo que están haciendo.

Zorionak!